NUESTRAS MALVINAS

Malvinas es un lugar de dolor por los soldados muertos y un denominador común que debe ayudar a cohesionar a toda la comunidad nacional. Malvinas no es de nadie en particular. Es un emblema nuestro, de todos. En un punto de unión y hay que extirparlo de la pelea del chiquitaje y la politiquería barata. Todos los dirigentes tienen la responsabilidad de preservar algo tan sagrado como es nuestra soberanía. La oposición no debe poner palos en la rueda con cualquier especulación de cuarta. Y el gobierno debe evitar la tentación de envolverse en esa bandera patriótica para agitarla todo el tiempo con el mezquino objetivo de ocultar los problemas internos. Sería el colmo que las vanidades y la codicia partidaria ensuciara el tema. Por ahora se viene manejando muy bien. Fue un éxito diplomático que toda América Latina se alineara de nuestro lado para condenar a Gran Bretaña y su obstinada actitud colonial que encima se quiere robar de nuestro suelo los recursos no renovables que cada día son mas valiosos en el mundo. Hay que ponerle freno a esa prepotencia del Reino Unido. Dentro de la ley, pacíficamente y en todos los foros hay que levantar una trinchera contra el avasallamiento inglés. Que sepan que no somos guerreristas pero que no aceptamos la violación de las disposiciones de Naciones Unidas. Que sepan que no vamos a cometer locuras bélicas pero que defendemos nuestros derechos. Fue muy clara la presidenta Cristina cuando dijo que los países poderosos hacen justicia por mano propia y son capaces de invadir militarmente o intervenir políticamente a quien declaran enemigo. El eufemismo diplomático llama a esa prepotencia “actuar en forma unilateral”. Mientras tanto los países medianos y chicos deben respetar todas las disposiciones de Naciones Unidas. Es muy bueno que 32 países hayan respaldado nuestros reclamos. Es esperanzador que Chile hoy sea el encargado de plantear el tema Malvinas todos los años en el Comité de Descolonización como una forma de diferenciarse de aquella dictadura pinochetista que fue cómplice de Inglaterra . Es preocupante que tanto la cancillería británica como Hugo Chavez hayan utilizado un lenguaje agresivo que no se privó de menear el fantasma de la guerra. Responsabilidad y firmeza es lo que se necesita en este caso. Racionalidad, coraje y unidad nacional para ponerle límites a los que nos roban lo que es nuestro. El agua, la tierra, el petróleo, las islas son nuestras, de todos los argentinos. Más allá de toda camiseta partidaria.
