La Mesa de Escrache Popular nace como una iniciativa de H.I.J.O.S. entre los años 1998 y 1999, organización abierta que convoca a otras agrupaciones a participar de los mismos. En aquél entonces con esta modalidad sólo se "perseguía" a los militares acusados de participar de la dictadura militar de 1976, pero en los útimos años también se escracho a funcionarios, empresarios, curas que tuvieron participación en aquella sanguinaria época.
H.I.J.O.S. van a los barrios donde viven estos cuentan a los vecinos que el señor de la puerta de al lado secuestró, robó, torturó, violó, mató o robó chicos.[2]
A continuación transcribo un panfleto que repartió H.I.J.O.S. en una charla que brindaron, quizás les parezca un poco largo, pero está bueno

1. Los escraches desbordan las formas tradicionales de la política: son una práctica novedosa que afirma un nuevo sentido de la política y de la militancia.
En este sentido es fundamentar poder desmenuzarlo y sacar sus implicancias. Como la experiencia zapatista, la del MST y tantas otras, funda una nueva subjetividad revolucionaria. Pensar la especificidad que implica el escrache, las características reales que lo constituyen, es la única forma de impedir que sea reinterpretado desde fórmulas que hoy no nos ayudan. Este es el objetivo de este encuentro
2. Los escarches son, en primer lugar, un llamado a la lucha, una confirmación práctica de que la acción transformadora es ahora, o no es. Son lo opuesto a la melancolía del que espera (sentado) un mundo mejor. El escrache nos demuestra que la lucha no depende de la idea de un mañana luminoso, de ninguna estrategia científicamente demostrada, ni de ningún salvador que nos libere.
Por eso el eschache funda la idea de otro tiempo, diferente a la que nos ofrece el capitalismo.
Para este último el pasado ya fue, sólo existe como memoria pasiva, como Nunca Más. El futuro lo vivimos como una promesa lejana e imprecisa, que no depende de nosotros. Por eso nuestro presente es débil, triste: estamos solos, y esperando un milagro.
En el escrache por el contrario, el pasado actúa con fuerza, los desaparecidos viven como proyecto actual, es un pasado que afirma: es pasado del presente. Por otra parte el futuro ya llegó, porque no es otro que el que vamos construyendo, el que depende de nosotros: es el futuro del presente. Así el escrache funda un presente lleno de potencialidades, decisivo.
El escrache es una práctica que no puede esperar ni conformarse. Surge hoy y es para ahora.
3. Esto es así porque le escrache se organiza sólo para dar respuesta a la exigencia que lo funda: justicia. Es esta necesidad la que se afirma en la práctica. Y es una exigencia que no necesita ninguna justificación. No necesita programa acabado, ni siquera adhesiones individuales: no depende del “consenso”.
Es una verdad independiente de la complejidad de la coyuntura, de las razones de Estado, de las relaciones de fuerzas, no se agota en ningún resarcimiento puntual. Por eso el escrache se niega a ser simplemente la representación de las víctimas; por eso no busca en el Poder la solución. El escrache produce un compromiso militante que está más acá, que no depende del poder. Es un nuevo sentido del compromiso.
4. El escrache crea otra idea y otra práctica de la justicia, que es opuesta y antagónica a la justicia formal. Y con ella funda una nueva práctica y un nuevo concepto de la Democracia.
En primer lugar “si no hay Justicia hay Escrache”. O sea, la justicia no depende de una institución que la encarne, sino de la acción que la produce. No es la institución, ni la norma, ni siquiera el derecho (humano) el que funda lo justo, sino el acto y la práctica concreta de la justicia.
En segundo lugar, el más importante, esta búsqueda de justicia no se agota, ni siquiera se expresa, en la pena carcelaria, ni puede contenerse en las burocracias judiciales. La lucha que el escrache expresa va más allá del Estado de Derecho, no puede ser reabsorbida por éste. Si hoy fueran presos uno, dos, o diez militares genocidas, los escraches no cesarían.
El escrache concretamente inventa una nueva noción de justicia, fundada en la capacidad popular de producir verdades que el poder no puede desarmar cooptándolas. Es esta la vía por la que el campo popular se convierte en sujeto autónomo.
5. El escrache, entonces, es una nueva situación que compone e implementa una práctica alternativa. O sea, que contiene indicios de una nueva sociedad. Estos indicios se manifiestan, actúan, independientemente de las consignas o las palabras que elegimos para explicarlos. Incluso a veces elegimos consignas contrarias a la práctica que llevamos adelante. Un ejemplo de esto sucede cuando le pedimos justicia al Estado, en el mismo momento en que negamos esa justicia y fundamos otra. Esto sucede casi siempre, y nos muestra algo fundamental: que el sujeto de la política es la situación de la que participamos, la acción colectiva con que nos comprometemos; y no los individuos aislados y la idea que nos hacemos.
Por esto el escrache funciona como una máquina. No es decisivo cuanta gente participa de él, ni cómo fue organizado. Cuando se pone en acto funciona, transmite un sentido de impresionante radicalidad, conmociona al barrio, incorpora gente espontáneamente.
6. El aporte y la importancia del escrache es singular, específico. Es la búsqueda de la justicia, y nada más. Por eso mismo (y no a pesar de eso) es que es tan potente. Por eso mismo es que es universal, por esa singularidad es que todos nos sentimos parte, en esta singularidad nos sentimos expresados.
Es seguro que los HIJOS se equivocarían si mañana opinaran sobre qué deben hacer los trabajadores, o sobre qué estrategia deben seguir los asentamientos, o sobre cómo debe investigar un científico. No; si los HIJOS son un grupo de vanguardia hoy, es porque hacen los escarches. Y no al revés.
El escrache demuestra que las vanguardias hoy se definen por sus prácticas concretas y no por sus opiniones sobre las prácticas. Y además, ponen de manifiesto que toda práctica política de vanguardia, alternativa o revolucionaria es singular, en situación.
7. Lo que dijimos antes, la singularidad del escrache, se confirma por otro lado. Por el hecho de que muchas veces se asume el escrache abstrayéndose de su significación profunda; cuando esto sucede el escrache carece de radicalidad política.
Esto ha pasado con sindicatos, partidos políticos, agrupaciones universitarias que realizan escarches pidiendo aumento salarial, aumento de presupuestos, o cualquier petición al poder de turno –sea estatal o no. En estas ocasiones se pierde la esencia del escrache, y queda entrampado en la lógica de la negociación.
Es evidente que el significado político del escrache, su universalidad pasa por otro lado que la simple imitación.
8. HIJOS es un movimiento social que se organiza por la exigencia de justicia. Y en el compromiso con esta exigencia de justicia. Y en el compromiso con esta exigencia concreta inventa el escrache, práctica que funda una nueva forma de entender la justicia. El escrache, por esto, es político. La política, entonces, no es otra cosa que la puesta en acto de nuevas formas de hacer y entender la vida social.
Esto es lo contrario de entender la política como algo diferente de la lucha social, es decir, como la lucha por magníficas abstracciones, por “la libertad”, “la revolución” o “el bien de la humanidad”, abstracciones que sólo se realizarán (quizás) cuando tomemos el poder.
La política es la realización de proyectos transformadores y no la elaboración de sesudos y autorizados programas. HIJOS hace los escarches mientras los partidos de izquierda intentan capitalizarlos para su “importante” estrategia. Por eso HIJOS repele a los partidos de izquierda. HIJOS es una organización política porque no es ni pretende ser un partido.
9. El escrache es entonces una referencia visible de una nueva práctica de transformación. Pero visto así podemos encontrar miles de experiencias que comparten la misma búsqueda, quizás menos espectaculares, menos difundidas o referenciadas, pero igualmente importantes. Situaciones de resistencia y creación de nuevas formas de existencia, donde se producen y ejercitan concepciones autónomas a las del poder, en cada uno de los ámbitos de la vida.
En la profundización y el desarrollo de estas experiencias, y en la capacidad que ellas tengan de articularse para fortalecerse mutuamente, es donde transcurre hoy la política revolucionaria.
Escrache a Videla en el 2006
Escrache a Hugo Mario Moyano en el 2008
Escrache a Bisordi en el 2007
Escrache a Bermelo en 2007
Escrache a San Fachón en 2006
Escrache a Sola en 2009 (era el gobernador de Bs. As. cuando desapareció Julio López, tiene que ver con la temática del post)
Escrache a Mariano Grondona
Escrache a Hugo Mario Moyano en el 2008
Escrache a Bisordi en el 2007
Escrache a Bermelo en 2007
Escrache a San Fachón en 2006
Escrache a Sola en 2009 (era el gobernador de Bs. As. cuando desapareció Julio López, tiene que ver con la temática del post)
Escrache a Mariano Grondona
Dijo esto sobre los escraches (en general, no sobre el que "sufrió" él)
El escrache es el hostigamiento público de uno o varios ciudadanos, a cargo de una patota. No cualquier patota puede convertirse en la autora de un escrache, empero, sino solamente aquellas a las que mueve una “consigna política” que generalmente les viene de arriba, ya que muchas veces los “escrachadores” ni siquiera conocen a sus víctimas.

[3]
Conocían muuuy bien su historia, sus dichos y a quién apoyo los flacos que lo fueron a escrachar.
Fuente 1:
Fuente 2:
Fuente 3: http://www.periodismodeverdad.com.ar/2010/04/28/%C2%BFquien-esta-detras-de-los-escraches-por-mariano-grondona
Bueno, espero que les haya agradado el post.
Saludos.