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Estrategias de Manipulación Mediática

Info10/18/2010


CHOMSKY Y LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA


El lingüista estadounidense Noam Chomsky, célebre por su militancia política progresista, elaboró una lista de las “10 estrategias de manipulación” a través de los medios. Prescindiendo de las consideraciones ideológicas que Chomsky agrega, las fórmulas de manipulación que sintetiza son, en líneas generales,en forma alternativa y a veces simultánea.


1- La estrategia de la distracción.


El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.


Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


3- La estrategia de la gradualidad.


Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.


4- La estrategia de diferir.


Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.


5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.


La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.


Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…


7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.


Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.


Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…


9- Reforzar la autoculpabilidad.


Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!


10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.


En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.



Algo muy importante para el cada vez más poderoso grupo de piratas que controla los medios masivos de comunicación es poder mantener al pueblo adormecido. Hace algunas décadas los miembros de las elites de todo el globo se percataron de que a partir de las posibilidades que abrieron los cambios tecnológicos podían controlar el flujo de información, la materia prima del pensamiento, y de esa forma atacar de raíz las reivindicaciones sociales que atentaban contra sus intereses empresariales. Aquel pueblo y sobre todo aquella juventud que otrora cuestionaba la legitimidad del orden social y de las estructuras de poder vigentes hoy se encuentra en gran parte desactivada. Y el actual estado de cosas, el hecho de que hoy la mayoría de los jóvenes afirmen que la política no les interesa, que es aburrida, y que su más complejo comentario político consista en señalar que los funcionarios públicos delinquen, no es casual sino una política programada. Donde antes era necesario desplegar un costoso aparato coercitivo para doblegar voluntades, ya no lo es.

Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano (PCI), consideraba que el poder que ejercen las clases dominantes no podría mantenerse en el tiempo si este dependiera del aparato coercitivo. Si esto fuese así las bases de su dominación serían endebles, bastaría con que el proletariado reúna una fuerza militar superior para derrocarla. El hecho de que una minoría de la población mundial tenga la propiedad de la mayor parte de los recursos y el resto acepte pasivamente su situación de desposesión sólo puede entenderse por el accionar de la hegemonía cultural.

Hace más de 2100 años Julio Cesar creó el primer diario de la historia, el Acta Diurna, en donde las noticias mostraban un mundo que se adaptaba a los intereses políticos de sus editores. Hoy, esa herramienta de dominación ha evolucionado y se ha convertido en la forma más eficaz de control social que la humanidad haya conocido jamás.

La familia, el sistema educativo y la religión son instituciones que en las últimas décadas fueron perdiendo protagonismo como formadores de valores y creencias. En la Argentina, los ciudadanos pasan en promedio seis horas por día frente al televisor. ¿Cuánto tiempo dialogando con su familia? ¿cuánto en la escuela?
Esas respuestas deberían hacernos reflexionar sobre un hecho importante: lo que pasa por la televisión, aún en su habitual escenario estúpido y circense, define las temáticas sobre las que se basará la comunicación social. Las implicancias sociológicas que tiene la continua exposición mediática del apologista del derroche y multimillonario Ricardo Fort (un personaje absolutamente menor que, esperemos, próximamente sea condenado al ostracismo mediático como suele suceder con los de su talla) son de una gravedad muy profunda y difícil de contrarrestar.

Joseph Goebbels, responsable del Ministerio de Educación Popular y Propaganda nazi, dijo alguna vez que “si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Y esa es la estrategia que la derecha hoy ha tomado. Hace algunas décadas los voceros de la derecha argumentaban, esgrimían ideas. Existía un debate. Ya no, ahora son simples amanuenses de consignas vulgares, facilistas y retrógradas que repiten calcadamente. Lo que se oye es un discurso único cuyo objetivo es moldear un “sentido común” reaccionario, y cuyo principal esfuerzo es el de impedir que toda noción de comunidad atreva a convertirse en pensamiento.

La cotidiana construcción y perpetuación de la ruina cultural es la prioridad de toda elite que desee mantener intactos sus privilegios. En ese sentido, sería ingenuo suponer azaroso que el discurso político derechista y monocorde que emana de los medios tenga como principales protagonistas a vedettes, humoristas de cuarta categoría y periodistas cuasi-analfabetos. Existen determinados sectores con mucho dinero y poder que se benefician enormemente del desconocimiento generalizado.

Tampoco es azaroso que en la Argentina la posibilidad de acceder a un canal de televisión por parte de empresas privadas haya nacido gracias al decreto militar 15.460 del 25 de noviembre de 1957, durante el mandato de Pedro Eugenio Aramburu. Sólo un gobierno dictatorial puede concebir que la comunicación social deba ser manejada autoritariamente por un puñado de millonarios.

Mientra la estrategia de las elites sea financiar las fábricas de la ignorancia, la subjetividad de la sociedad permanecera alienada.

Fuentes:
Cubadebate
Comunicacion popular
Attac Madrid

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