“6,7,8 AYUDA A PENSAR QUE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACION NO SOLAMENTE PERSIGUEN EL INTERES DE LA GENTE SINO QUE A VECES PERSIGUEN OTROS INTERESES.”
Por Julia Mengolini
Fotos: Gianni Buono
dijo:Si bien Lucho Galende lleva años en los medios, pareciera ser este el momento más interesante de su carrera. Conduce 6,7,8 un programa (¿Periodístico? ¿Político?), entretenido e inteligente que desenmascara el discurso hegemónico de los grandes medios de comunicación. Un programa que mágicamente, con un rating por lo menos magro, todo el mundo comenta al otro día. (¡Qué linda risa tiene Lucho!)
- ¿Cómo venís con la conducción del 6,7,8?
- Fue como natural. Estoy viendo cuáles son los huecos para opinar. Pero bueno, estoy en otra función también.
- Trascendió por ahí que María Julia Oliván se fue para no quedar pegada al kirchnerismo, más allá de que sea cierto esto o no (no estamos en Radiolandia), ¿vos tenés algún temor similar?
- Tengo un temor lógico que es justamente ver que hay una confrontación importante de intereses y en esa confrontación obviamente se generan odios y rencores. Sí puedo decir que para mí no es una cuestión de comodidad, el ambiente de los medios necesitaba un espacio crítico. Los debates sobre las tetas de la Ritó pueden ser disfrazados de disputa intensa, pero no estamos acostumbrados a debatir sobre temas que tengan mayor trascendencia para la realidad del país ni sobre cuáles son los intereses por los cuales se está diciendo tal o cual cosa. Hoy los medios son empresas que diversificaron sus intereses económicos. Ahí se produce una tensión y la sospecha de que son intereses distintos al interés general. A partir de eso yo creo que tiene que existir un espacio crítico por más que pueda ser incómodo y hostil. No sentir que los medios son un espacio unívoco.
- ¿Pensás que esa discusión va a trascender al kirchnerismo?
-Sí, yo creo que ya lo trascendió, hoy sería un error pensar que esta discusión pasa por el enfrentamiento Clarín-Gobierno. Pasa por la necesidad de discutir un trabajo público como es el periodismo, por discutir qué es lo que decimos, por qué se dice lo que se dice, en qué contexto, cuál es el nivel de lo que se dice, si lo que se está diciendo es una cosa con determinada elaboración o si estás moviendo vientito delante de los labios. Pasa por tratar de discernir que el saber empieza a ocupar un espacio también en la cosa pública. Creo que estamos en un capítulo muy importante que es discutir, quienes trabajamos en los medios de comunicación, qué es lo que estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. Y esto es muy importante porque la dimensión ética de la profesión no tenía una aparición importante, estaba minimizada.
- Esa discusión parece muy patente entre los comunicadores, ¿vos crees que la masa de la gente se empezó a dar cuenta también?
- Sí. Claramente. Pero ¿por qué empieza a pasar ahora? En Argentina desde hace varios años había una connivencia, una negociación permanente entre los políticos y los sectores hegemónicos de los medios de comunicación. Este gobierno, por distintas razones, decidió que eso se tiene que modificar y el primer paso fue la Ley de Radiodifusión más allá del combo de cosas que están dando vueltas en la atmósfera.
- ¿Le tenés fe a la implementación de la Ley?
- Yo creo que sí. Es una ley que votaron los diputados, que votaron los senadores, no hay forma de entrarle a la ilegitimidad de esta ley. Sería ridículo. Cuando una empresa ve que una medida la afecta, va a buscar las alternativas para defenderse. Lo importante es ver que es así, no dramatizarlo y no volverlo nada terrible y a partir de eso entender desde dónde hablan, desde qué lugar se emite la opinión.
- Pero más allá de estos cuestionamientos formales, ¿irá a abrirse la comunicación para todos?
- No sé. Ya está pasando que la realidad mediática difiere mucho de la realidad de la gente. El tópico sería: si no puedo consumir realidad en los medios de comunicación, la voy a consumir de todas maneras de alguna forma. Si no está en el noticiero estará en la charla con el vecino. Lo que sí es muy importante es entender que esa noción de que la realidad transmitida era la realidad, es una cosa que empieza a alterarse y hacer sospechada porque la gente de alguna manera empezó a entender que el proceso de construcción de esa información no responde al interés de lo real sino probablemente a un interés que no es del todo claro, que es más económico, más ideológico, etcétera. Es un proceso que se da naturalmente en la medida en que exista desde el poder político la necesidad de modificar las condiciones del acuerdo tácito entre los medios y la política. Es una cuestión de ganar espacios políticos como para que eso se pueda modificar. Podemos decir que en un año y medio de esa confrontación del gobierno con los medios hegemónicos, sin duda que generó hacia el gobierno un conflicto pero también la posibilidad de insertar esta idea en la sociedad.
- Por un lado 6,7,8 tiene bajo rating y por el otro todo el mundo lo ve y habla del programa. No entiendo…
- El rating es un gran acuerdo, un poco falaz, te diría que una variable económica que hoy por hoy atenta mucho contra la construcción de contenidos. Pero es como que todos están de acuerdo en que el montaje de los medios de comunicación sea una mentira. Eso es lo que a mí me parece sorprendente. Ahí encuentra la explicación de por qué un programa como 6,7,8 tiene la llegada que tiene aunque desde ese supuesto índice de audiencia. Por otro lado está la cuestión de cómo escuchas lo que escuchas. Hay una cosa medio brutal que pasó en los últimos años que es una televisión que no dice mucho y que empieza a ocupar un lugar en la vida cotidiana que es como un blanco que está en el living, como dice Charly García. Siempre me gustó mucho esa imagen. Es algo que está ahí sin ninguna entidad, sin ninguna presencia más que la luminosa. Quiero decir con esto que nos acostumbramos a que es solamente un lugar banal. Es el lugar de Ricardo Fort. Y cuando vos pones un contenido que se está necesitando en el sentido común, el contenido entra de otra manera, entra mucho más fuerte, está después replicado en conversaciones, en comentarios y tiene un modo de reproducción distinto al de los productos habituales. ¿Por qué se produce ese modo de reproducción? Yo encuentro que es casi como secreto, cuando ofreces un producto que está por fuera de la línea del diseño del mercado, tiene un ingreso mucho más importante. La primera vez que yo vi este fenómeno fue con Capusotto. Uno se preguntaba cómo podía ser semejante circulación con dos puntos de rating. Lo que ocurre es más o menos eso, cuando algo se clava de una manera distinta tiene otro espesor, otra intensidad.
- ¿Cuál es el aporte de 6,7,8?
Yo creo que aporta la idea de una sospecha. Te ayuda a pensar que los medios masivos de comunicación no solamente persiguen el interés de la gente sino que a veces persiguen otros intereses, a veces están solamente porque están, a veces sacan cuatro días seguidos accidentes de camiones que se caen de los puentes. Era muy impresionante esa relación entre lo real y lo transmitido. Eso es una cuestión de foco. En teoría de la comunicación se sabe que sobre determinado paisaje se focaliza en determinado lugar y ese foco lo que hace es iluminar mucho más la presencia de ciertos hechos en el mapa de lo real. Lo que yo encuentro ahora es que no sólo se focaliza sino que se imponen cosas. Ésa es la mentira, la construcción de algo. Para mí esa es la alteración que tiene el periodismo ahora, que no edita sino que hace, genera. Y esa impunidad tenemos que pensarla, criticarla, tratar de saber qué es lo que está pasando.
- ¿Qué te llevó a ser periodista?
- El Vientito, nada en particular. Hay una naturaleza que es la curiosidad y es la que puede definir cierta cosa con el periodismo. Eso sí lo sé, soy un tipo curioso. Si no hay curiosidad no hay posibilidad de ser periodista.
- ¿Cómo ves a tus colegas en general?
- Hay un replanteo sobre la profesión, sobre la función. Todo lo que nosotros hacemos en bambalinas hoy empieza a vibrar un poco más. Esa discusión empieza a tener un espesor un poco más importante.
- ¿Esa discusión está en las bambalinas de Clarín?
- Seguramente. Te diría que uno de los errores que se comete hoy en este análisis sobre qué es lo que está ocurriendo en los medios, es cierta tendencia a ser peyorativo con lo que está ocurriendo en espacios que no son afines a lo que uno piensa. Y no juzgar a los actores sino a los artífices. Cuando vos estás en un medio laburando, tenés un montón de necesidades atentando contra esas formas de libertad de pensamiento. Te diría que hoy existe ese ánimo de discutir lo que uno hace. A diferencia de otro momento donde pasaba más desapercibido.
- ¿Te hacen devolución en la calle sobre tus opiniones?
- Sí, mucho, me devuelven mucho. Por lo general muy bien. Si tengo una pretensión en la profesión es la de poder decir algo y si eso incómoda bienvenido sea. La calle está muy intensa y me parece algo maravilloso, un interesante dato de lo que está pasando. La discusión política está en todos lados, a cualquier hora. Y te diría que es transgeneracional la cosa, no es un tema de una franja etaria. Es un tema de todos.
- ¿No es entonces que la juventud “está perdida”?
- No, por supuesto que no. Yo creo que la empelotudecimos. Hay hace muchos años una necesidad de poner tonta a la gente. Es más fácil aplicar los dispositivos de control y de sometimiento si la gente está tonta. Para los patrones es mucho más complejo tener gente formada, preparada, con sentido crítico.
- ¿Cómo ves los próximos dos años del kirchnerismo?
- Difíciles pero si hay algo interesante que caracteriza a este gobierno es que reactualizó la discusión entre los sectores medios y la autoridad y cómo esa discusión se vuelve a valer del mismo elemento. Determinado sector político -que siempre imaginó un país para ellos mismos- hace una utilización permanente de los sectores medios, que son muy vulnerables, apelando a la intolerancia argentina. Eso es lo que yo creo que se vuelve a repetir. Pasó en el 44, en el 55, en los 70’s, en los 80’s también, siempre estuvo. Los intereses de empresas se montan sobre la intolerancia de otros sectores y pareciera que ese es el rasgo convocante. Nunca convoca el bien, sino que convoca la queja, el odio. Eso se vuelve hoy el tema más conflictivo probablemente por la extracción social de la pareja presidencial. No hay más nada que las carteras y la plata que se roban pero, ¿por qué ahora lo dicen si antes su amigo se había hecho una pista de aterrizaje en la puerta de su casa y nadie lo dijo nada?
- En los noventa no se escuchaban palabras como “oligarca” o “gorila”.
- Por suerte. A mí me parece que hoy la Argentina necesitaba esa discusión. Lo sectores medios que disfrutamos tanto de las mieles del neoliberalismo, necesitamos esa discusión.
- ¿Y para qué? ¿A dónde vamos?
- Yo creo que por lo menos a separar la paja del trigo. Creo que vamos en el camino de la búsqueda de la verdad. Entonces, en función de eso vos te insertás como sujeto social en el espacio que vos consideras adecuado a tus condiciones. Me parece que ese sujeto social estaba como disuelto, como navegando en las mieles del liberalismo. Y hoy encuentra convicciones. Eso es lo que me parece que está ocurriendo, que la gente empieza a tomar una posición. Cuando trabaja en Mañanas Informales me decían por la calle “¡eh, mañanas informales!”. Y ahora la gente se acerca a hablar.
- ¿Te acordás de alguna anécdota callejera que valga la pena contar?
- Hay muchas… Encontré algunas conciencias dormidas de gente que de pronto despertaba sobre determinados temas. Y eso es muy placentero porque si algún granito de arena pude poner en este mapa, es ese. Yo no me quiero llevar guita. Para mí ese es un punto muy importante: si querés llenarte la boca de plata o de ideas. Es como una diferencia muy elemental que hoy mide el ambiente porque establece toda la dimensión ética de la profesión.
- ¿A qué le decís Ni a palos?
- Al hígado con cebolla. El resto va todo, puedo comer con el enemigo que me va a interesar. Creo que una de las condiciones periodísticas es estar curioso y eso te puede llevar a hablar con gente con la que uno no está de acuerdo. Una vez con Pinochet sentí la naturaleza de la profesión. Me lo encontré accidentalmente y le pedí conversar con él. Yo sabía perfectamente quién era, pero lo mismo me había interesado conversar con él. Otra persona aprovecha y lo putea.
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