La primera guerra mundial fue una guerra de artillería: en todas las batallas se utilizaron enormes cantidades de piezas de campaña y, en ocasiones fue la artillería pesada la que, en última instancia, obtuvo la victoria. En efecto, solo este tipo de artillería tenia la potencia necesaria para destruir las defensas protegidas, con tierra o cemento, en las que confiaban ambos contendientes para su propia supervivencia en la línea del frente.
En 1914 la mayoría de las potencias europeas disponían de grandes parques de artillería que incluían piezas de calibre y potencia crecientes, considerados indispensables para destruir las líneas fortificadas edificadas por las mayores potencias a lo largo de sus fronteras. Incluso después de que las fortificaciones fueran alcanzadas y rebasadas durante el primer año de guerra, la artillería pesada demostró su utilidad en las particulares condiciones del frente occidental, donde las líneas de trincheras impusieron un tipo especial de guerra.

La “Gran Guerra” señalo el máximo esplendor de la artillería pesada. En las condiciones de absoluta estabilidad que dominaba todo el frente occidental, una vez emplazados los cañones y las obuses, la única preocupación posterior era la de asegurar el continuo y rápido aprovisionamiento de los grandes proyectiles. De hecho, existió una gran variedad de objetivos para ese tipo de armas, porque los combatientes optaron por enterrarse lo mas profundamente posible para sobrevivir al autentico huracán de fuego que se abatía cada día sobre sus cabezas; solo las granadas mas potentes lograban penetrar en el interior de las defensas y únicamente la artillería pesada podía disparar proyectiles tan potentes.
A continuación se citaran algunos de los modelos mas distintivos y poderosos, no solo por su poder de fuego sino también, por la magnifica construcción de la pieza de artillería.
Obús de 280mm
A finales del siglo XIX, la armada alemana disponía de una pieza, conocida como Küstenhaubitze (obús costero) 28cm, que no era otra cosa que un obús de 280mm del ejercito (el Haubitze L/12 28cm) adaptado oportunamente; estas dos armas, proyectadas principalmente para actuar desde posiciones fijas, se construyeron en las prolíficas fabricas de armas de Krupp en Essen, en la región del Ruhr. La corta y achatada boca de fuego del obús estaba montada sobre una cureña grande y pesada, instalada a su vez sobre una plataforma giratoria unida a una maciza plataforma enterrada. Ambos tipos de obuses estaban dotados con una grúa utilizada para trasladar las pesadas granadas hasta la altura de la recamara; la mayor parte de la energía del retroceso era absorbida por el movimiento hacia atrás de la boca de fuego y de la cuna que se deslizaba sobre cortos raíles, mientras que la parte residual era consumida por la masa y el peso de la cureña.
Los obuses de 280mm estaban ya anticuados incluso respecto a los tipos normalizados de 1914: su peso y volumen los hacían prácticamente inamovibles; su alcance, relativamente cortó, los convertía en antieconómicos en términos de mano de obra empleada y de los medios necesarios para los hipotéticos desplazamientos. Por otra parte, cada obús necesitaba tres o cuatro días para su emplazamiento en posición, otros tantos para su traslado y resultaba enormemente difícil cambiar de situación. Para su transporte los obuses se repartían en cargas distintas: estas eran cuatro para la versión del ejercito mientras que la versión costera tenia que ser prácticamente desmantelada y después montada de nuevo cada vez. La característica mas insólitas de estas piezas era el empleo de cargas de proyección alojadas en saquetes de tela; durante muchos años, los proyectiles alemanes se mantuvieron fieles a munición semifija de casquillo y proyectil con obturador y cierre de desplazamiento vertical pero el obús de 280 mm utilizaba, por el contrario, cargas de proyección en saquetes y sistemas de cierre de tornillo con obturador por compresión.

Durante la primera guerra mundial estos obuses fueron remolcados avanzando y retrocediendo a lo largo de las líneas alemanas en el frente occidental, cada vez que se observaron objetivos dignos de su potencia. Los dos tipos, tanto en la versión de costa como en la del Ejercito, se utilizaron en Verdún y en el curso de muchos de los duelos de artillería mas importantes; bastantes sobrevivieron a la guerra y fueron cuidadosamente almacenados en depósitos secretos. Ambos modelos, por ello, estuvieron inmediatamente disponibles cuando en 1939 estallo la segunda guerra mundial y, una vez mas, entraron rápidamente en acción, aunque algo modificado para adecuarlos a la tracción mecánica. En 1942 participaron en el asedio de Sebastopol y, dos años mas tarde, en 1944, en el curso del poderoso contraataque sobre la insurrección de Varsovia.

M-Gerät (o Gran Berta)
Con anterioridad a 1914 Krupp había producido una larga serie de cañones y de obuses superpesazos, pero se necesitaba algo verdaderamente especial contra las defensas belgas. Tras varios experimentos efectuados con piezas de gran calibre, la firma constructora de armas alemanas emprendió la fabricación de un obús de 420mm conocido como Gamma, un monstruo prodigioso que resulto capaz de disparar con gran precisión un proyectil tan potente que podía destruir cualquier tipo de fortificación existente por aquel entonces. Sin embargo, este Gamma era un arma de emplazamiento fijo y el proyecto preveía su desmontaje para el transporte por ferrocarril y el posterior ensamblaje pieza a pieza. El estado mayor alemán, aunque apreciaba la gran potencia de la pieza, deseaba un arma que pudiese desplazarse por carretera. Krupp encontró la solución en una cureña sobre ruedas, destinada inicialmente a un obús de 305mm que, modificada, dio origen al M-Gerät (Gerät significa material).
Todo este proceso tuvo lugar en los días inmediatamente anteriores a la guerra, así que fue solo en el mes de agosto cuando el enorme obús partió hacia el frente. Muy pronto fue bautizado por sus servidores (pertenecientes a una unidad especial conocida como “Kurz Marine Kanone 3”) como “Dicke Berta”, que literalmente significa la “Gorda Berta”, pero más comúnmente traducido por “Gran Berta”, apodo que ha permanecido a lo largo de los años.
Inicialmente entraron en acción contra las defensas belgas solo dos obuses de este tipo; se transfirieron vía ordinaria, divididos cada uno de ellos en una serie de componentes remolcadas por tractores (cinco por cada obús). Las cureñas se proyectaron de forma que permitían el ensamblaje de los obuses con un empleo mínimo de mano de obra y tiempo. La munición estaba compuesta, además de por los habituales proyectiles de alto explosivo, por proyectiles perforantes especiales.
El impacto que tuvieron estos enormes obuses pertenece ya a la historia: en el espacio de pocos días los potentes fuertes de Lieja fueron reducidos a escombros y obligados a capitular; igual suerte corrieron después los fuertes de Namur. Las granadas de 420mm penetraban profundamente en las poderosas estructuras fortificadas antes de explosionar, originando ondas de choque que sacudían las defensas desde sus cimientos; además, al efecto destructivo se añadía un impacto moral impresionante: después de pocos días de bombardeo ininterrumpido, los defensores de los fuertes quedaron reducidos a un estado de autentico colapso psíquico.
Tras las operaciones en Bélgica, los obuses pasaron al frente oriental, donde repitieron su actuación; a ellos se unieron pronto otras piezas, también producidas por Krupp y algunos fueron utilizados todavía sobre el frente occidental. Sin embargo, no debía pasar mucho tiempo antes que surgiese un notable inconveniente: la precisión del tiro disminuía progresivamente a medida que la boca de fuego sufría la presión provocada incluso por un empleo limitado y, en consecuencia, se reducía sensiblemente la eficacia del tiro. El “Gran Berta”, aunque disponía de un alcance máximo de 9300m, conseguía la máxima precisión disparando a una distancia de 8680m.
El “Gran Berta” obtuvo sus resultados mas brillantes contra los fuertes belgas. A partir de ese momento, su importancia fue gradualmente disminuyendo; una prueba de ello esta en el hecho de que, a pesar de que fue ampliamente utilizado durante la batalla de Verdún, los informes franceses de la época prácticamente no hacen ninguna mención de él, señal evidente de que el arma había perdido su eficacia. De hecho, no permanecieron en servicio después de 1918, mientras que los obuses Gamma, los mismos que sirvieron de base para el desarrollo del “Gran Berta” remolcado continuaron operando. Uno de ellos entro en acción en 1942 durante el asedio de Sebastopol.
A las 7.30 horas de la mañana del 23 de marzo de 1918, se produjo en la zona del Quai de Seine, en la región nororiental de Paris, una explosión de la que no fue posible encontrar la causa. Unos veinte minutos mas tarde se produjo otra similar en el alborotado Boulevard de Strasbourg, que provoco ocho muertos y trece heridos. Tampoco en esta ocasión estuvo clara la causa de la explosión y por ello, cuando se encontraron fragmentos de acero se pensó en una bomba lanzada desde un avión. Sin embargo, nadie recordaba haber visto u oído sobrevolar la ciudad. El hecho se repitió cuando una tercera explosión destruyo parte de un edificio situado en la Rue de Chateau-Landon. ¿Qué había provocado las explosiones? Las investigaciones basadas en los escasos indicios disponibles, apenas habían comenzado cuando se produjo una cuarta explosión, esta vez en Rue Charles-Cinq en la que resulto muerta otra persona.
No paso mucho tiempo antes de que los fragmentos de acero hallados en los lugares de las explosiones sugirieran una respuesta al extraño fenómeno: se trataban de fragmentos de proyectiles de artillería. Pero, ¿Dónde se encontraba el cañón de donde se habían lanzado dichos proyectiles? Entre tanto, los misteriosos proyectiles continuaban cayendo sobre Paris por lo que se dio la alarma general y la población corrió a refugiarse donde podía. Cuando se produjo la octava explosión, los investigadores ya habían llegado a la conclusión de que los disparos tenían que proceder de un cañón de 208mm de calibre y habían lanzado una hipótesis sobre su emplazamiento: según sus cálculos, el cañón debía encontrarse en la región de Crépy que, sin embargo, ¡distaba más de 120km de Paris!
Era evidente que los alemanes disponían de un tipo de cañón de gran alcance, algo que hasta entonces solo podía imaginarse. En los días siguientes, los proyectiles continuaron cayendo de forma esporádica, provocando daños limitados y algunas perdidas, pero lo peor estaba por llegar. El viernes de Pascua, el 29 de marzo, un proyectil penetro en el interior de la iglesia de St. Gervais, en la Lle-de-France, en pleno centro de la ciudad: 82 muertos y 68 heridos, el tributo más grande de sangre que había provocado hasta aquel momento en misterioso cañón. ¿Pero que supercañón podía causar aquella sorprendente carnicería?
La respuesta a este interrogante se encontraba en los experimentos balísticos efectuados por los alemanes, en el que los proyectiles disparados alcanzaban, sorprendentemente, un alcance muy superior al previsto. La causa del fenómeno, se atribuía al hecho de que, una vez que los proyectiles abandonaban el estrato más espeso de la atmósfera terrestre: al disminuir considerablemente la resistencia del aire, las distancias recorridas eran superiores. Para aprovechar las ventajas de este particular fenómeno, se proyecto un cañón especial: una boca de fuego de una pieza naval de 380mm fue dotada interiormente con una nueva caña bastante mas larga (unos 40m en total) y para la que se estudiaron cargas de proyección y proyectiles especiales. El nuevo cañón con su largísimo tubo que sobresalía gran parte fuera del cañón naval original, represento una verdadera excentricidad. Pesaba no menos de 142 toneladas, tenia un alcance de 132km y podía funcionar regularmente, aunque era necesario observar una precaución: cada vez que el cañón disparaba un proyectil, este producía tal presión sobre las paredes internas en su recorrido a lo largo de la boca de fuego que prácticamente hacia aumentar el calibre, por lo que las granadas cargadas posteriormente debían tener un mayor diámetro respecto al proyectil disparado antes.
La larga boca de fuego tendía a curvarse gradualmente bajo su propio peso y por ello, era necesario proceder a un sistema externo de refuerzo.
Como siempre, el cerebro que estaba detrás de esta tecnología balística de vanguardia era el de un proyectista de la firma Krupp, en realidad el mismo al que correspondía el merito de la “Gran Berta” de 420mm. El proyecto completo absorbió gran parte de los recursos de la compañía Krupp, pero estaba justificado por una causa valida. A comienzos de 1918, el Estado Mayor Alemán proyectaba lanzar una serie de ataques a lo largo del Sena con los que confiaba ganar la guerra: el nuevo cañón de gran alcance tendría la misión de crear la confusión en la zona de Paris y, en general, en la retaguardia enemiga. Este es el origen del nombre popular –cañón de Paris- dado al que, oficialmente, fue designado “lange Kanone in Schiessgerüst 21 cm. (cañón largo de 210mmsobre plataforma de tiro). Versiones posteriores utilizaron el calibre base de 232mm, después de que se desgastara el ánima de la boca de fuego original. Como ya se ha mencionado, cada proyectil que se disparaba, provocaba el aumento del calibre de la boca de fuego y, por consiguiente, el viento entre el proyectil y el ánima, de ahí la exigencia de una cuidadosa fabricación y selección de los proyectiles que se disparaban a intervalos fijos.
La plataforma de tiro del “cañón de Paris” era de origen naval, con un basamento giratorio dispuesto bajo el extremo delantero y grúas deslizables sobre raíles en el otro extremo. El cañón fue emplazado en las cercanías de Crepy, sobre un sólido maderamen, en una posición cuidadosamente elegida y camuflada en el centro de un bosque.
Mientras continuaba el goteo de granadas sobre Paris, los franceses adoptaron contramedidas: transportaron a la zona más próxima a Crepy pesados cañones móviles sobre ruedas y comenzaron a batir la zona en la que sospechaban pudiese estar emplazado el cañón alemán. Esto sucedía en un momento en que, entre otras cosas, el desgaste del ánima había alcanzado tales grados que la precisión de tiro era cada vez más irregular y el alcance progresivamente menor. Los alemanes sabían desde un principio que la duración de la boca de fuego era del orden de los 60 disparos, y la sustituyeron con otra, emplazada en la misma posición en el bosque de Crepy.
Simultáneamente, más al norte, los ejércitos alemanes avanzaban victoriosamente después de haber aniquilado prácticamente un ejército británico completo; el 30 de marzo alcanzaron la localidad de Montdidier. Por aquellas fechas, ya se había decidido emplazar el “cañón de Paris” en el Bois de Corbie, todavía mas próximo a la capital francesa que el de Crepy. Entonces el gran cañón inicio un segundo bombardeo de Paris, que resulto más preciso que el primero, porque los artilleros no tenían que utilizar la pieza en los límites extremos de su alcance. Las bocas de fuego eran reemplazadas a un ritmo y en un número siempre mayor, pero también la nueva posición fue pronto localizada por el reconocimiento aéreo francés y se convirtió en el blanco preferido de los cañones franceses.
Con objeto de eludir las excesivas y precisas actuaciones de estos últimos, el “cañón de Paris” fue finalmente emplazado en una nueva posición en Beaumont y, desde esta localidad, se inicio el tercer bombardeo de Paris. Esta era una posición preparada muy cuidadosamente, con un basamento de acero para la plataforma giratoria de la cureña y con una excepcional abundancia de dispositivos sobre ruedas para el transporte de las municiones (también las anteriores posiciones habían contado con similares dispositivos, pero no en la medida del emplazamiento de Beaumont). En este momento, el cañón se encontraba en las condiciones ideales de empleo, pero ya comenzaba a perder importancia y a tener muchos efectos.
La gran batalla terrestre que se estaba desarrollando al norte, había alcanzado la fase en la que, detenido por los aliados el esfuerzo principal, los alemanes veían como se desvanecían sus esperanzas de obtener un éxito decisivo antes de la llegada de las fuerzas norteamericanas. El cañón de Paris bien poco podía hacer para influir en la situación, solo continuar con su acción de confusión. El cambio de situación de la batalla hizo necesario un nuevo emplazamiento del cañón en un lugar del Bois de Bruyeres, desde donde el 5 de julio volvió, una vez mas, a bombardear Paris. Pero todo resulto inútil: en agosto los aliados se lanzaron a la contraofensiva.
Lo que sucedió con exactitud con los cañones de Paris en la posguerra es un misterio todavía hoy. Es cierto que ninguno de ellos cayo en manos aliadas, pero se encontraron algunas plataformas de tiro que fueron cuidadosamente conservadas para la historia. Una de las piezas alemanas, el Kanone (Eisenbahn) 21cm, o cañón móvil sobre ruedas de 210mm, pareció tener su origen en esta enorme pieza.
Pero, a pesar de sus brillantes resultados técnicos el “cañón de Paris” fue, militarmente hablando, un gran fracaso. Previsto para convertir la capital francesa en una ciudad muerta e imposibilitar sus empleos como centro industrial y de comunicaciones aliado, solo consiguió sus objetivos durante la fase inicial. Paris es ya una ciudad demasiado extensa para que un goteo de proyectiles, aun constante, tuviese sobre ella algo mas que efectos parciales y, una vez que el avance aliado alejo de ella la pieza, el “cañón de Paris” difícilmente podía haber encontrado otras aplicaciones.
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