El salvador cine 3D
El uso del 3D no es novedad y viene funcionando, desde los 50, como salvavidas de la industria cada vez que pierde público. El autor de estas líneas propone una ecología de la imagen cinematográfica.
Por: Ariel Magnus
El cine 3D parece un comodín que Hollywood pone en juego cada vez que siente que está perdiendo público. Lo usó en los años 50, cuando la tele le restaba espectadores a las salas de cine, y volvió a impulsarlo a fines del siglo pasado, cuando el video amenazó de nuevo con vencer a la pantalla grande. Viví en Berlín cerca de una de estas salas y jamás la habría pisado si un amigo no me hubiera insistido que lo acompañara con terquedad casi infantil. Infantil me parecía el plan de ir a ver cualquier cosa sólo porque estaba en tres dimensiones y más infantil me sentí al ponerme los anteojos, que no eran los cartoncitos de colores que traía la revista Billiken sino unas brutas antiparras que se activaban de forma inalámbrica. Todo muy Disneylandia, ese lugar que, acaso porque nunca me llevaron, siempre me pareció el colmo del tedio. Cual no sería mi sorpresa, pues, cuando de pronto me vi sobre una playa, a orillas de un mar que por poco me mojaba los pies, y al fondo un cohete empezó a despegar y la arena voló hacia mí con tal fuerza que me obligó a cubrirme la cara del susto. ¡Guachiguau! ¡Eso era tridimensional en serio! Con mi amigo habíamos elegido un documental sobre el espacio, calculando que esa sería la forma más verosímil de vivir una experiencia que nunca conoceríamos en tres dimensiones reales, y lo cierto es que el Imax valió cada euro de la abultada entrada que habíamos tenido que pagar para sentirla.
Pero ni siquiera después de este excitante viaje al tipo de diversión que mis padres me negaron de niño creí que esa tecnología fuera a prosperar para el cine en serio (lo mismo que la de las butacas que tiemblan y tiran olor, cosa que me consta que funciona tan bien como el 3D). Entretenido por el dolby sourround y la nueva tecnología digital, pero sobre todo tras comprobar que el VHS no lo había ultimado, el cine pareció olvidar el 3D. Hasta que, ya en nuestro siglo, Hollywood volvió a sentirse amenazado, ahora por el dvd trucho y por Internet. Imaginativa como sus producciones, la paranoica fábrica de los sueños recurrió de nuevo a su más antigua arma. Con una novedad adicional: esta vez el regreso fue con más gloria de la que jamás hubieran imaginado.
Un solo detalle empañó el triunfo taquillero de Avatar, su mala performance en la entrega de los Oscar. Aunque eso no parece haber molestado demasiado a sus productores (el Oscar, como el Nobel, es un gran premio para despreciar... cuando no es uno el que lo gana), el traspié no es menor, y acaso sirva como anuncio de que el 3D (si se vende por el 3D mismo) está condenado una vez más al fracaso. Porque, si bien resulta comprensible que sea difícil no nominar a una de las películas más vistas de la historia, no menos sensata se mostró la Academia al no premiarla más que por sus "efectos visuales" y otras menudencias técnicas. En efecto, Avatar es una película para niños, y aun en ese rubro bastante insulsa, donde el cine se ve reducido a un mero "efecto visual". Ni montado a uno de esos bichos que vuelan y vuelan sobre acantilados y más acantilados se le hubiese caído a Cameron una sola idea interesante para justificar al menos media de las casi tres horas de su bodrio indigenista.
No vi Avatar en 3D ni aun en el cine tradicional, sino en una copia que me prestaron por Internet un montón de amigos que no conozco (y sólo hasta que me quedé dormido). ¡Pero entonces no viste nada!, se ofuscan los que se pusieron los anteojitos para ver ese espectáculo de playstation, donde los personajes no parecen tener peso (ni físico ni de ningún otro tipo). Justamente: si para ver algo hay que dejarse marear por unos anteojitos o asustar por unos parlantes a muy alto volumen, entonces es fuerte la sospecha de que en el fondo no hay nada para ver.
Tampoco con la Alicia de Tim Burton haré una excepción, y no sólo porque en los cines 3D la dan doblada al castellano (significativa elección). Ya bastante me molesta escuchar hasta el ruido de masticación de cada persona sentada a la mesa (¿los técnicos de sonido no entienden la diferencia entre realismo y autoparodia?) como para someterme al vértigo de la narración tridimensionalizada. Yo no me quiero caer con Alicia en el pozo. En todo caso quiero que Alicia me muestre con un gesto cómo es esa caída, y me haga sentir empatía con su situación.
Leo que ya están filmando la primera porno en 3D. Leo también que están saliendo los primeros televisores 3D. Aleluya por ambos. Para experimentar vicariamente una orgía o un partido me parece una tecnología casi tan confiable como para viajar al espacio. Pero al cine no lo va a salvar, ni siquiera al cine de Hollywood. El 3D sólo puede ser beneficioso si se lo consume con moderación, como al alcohol para que la fiesta esté divertida. Personalmente espero que siga rigiendo una ley seca por exceso de costos y que la plata se invierta en buenos guiones y mejores actores, como esos que siguen emocionándonos en blanco y negro, mal iluminados y entre grumos de sonido pastoso.
Como si fuera un debate cíclico, que se repite cada vez que los malos tiempos asolan a la industria cinematográfica (y ahora es uno de esos momentos), surge la pregunta de si la muerte del cine está cerca. Y como cada vez que ha sucedido, que una enorme tormenta ha convulsionado a las grandes productoras y los espectadores han dejado de acudir a las salas (desmotivados o atraídos por propuestas alternativas), el cine se ha reinventado. Casi siempre de la mano de la tecnología, la industria cinematográfica ha ofrecido nuevos caminos con los que reconquistar al espectador y volver a convertirse en el atractivo espectáculo que a finales del siglo XIX nació.
Ahora, en plena crisis mundial, cuando la piratería en Internet es una amenaza más grave de lo que se pensaba y, sobre todo, el cambio de mentalidad y la aparición de un nuevo espectador (más cómodo, con enorme facilidad de acceso a los contenidos de entretenimiento) ha provocado que el cine digital en tres dimensiones se postule, o más bien, se esté consagrando como el nuevo camino para mantener vigente y renovado el espectáculo del séptimo arte.
Sin querer profundizar en espesas disquisiciones, pero sin obviar que es una realidad que se está expandiendo, es necesario abrir los ojos al nuevo salvavidas del cine que es el 3D digital. La prueba más próxima y exitosa que evidencia la apuesta de las grandes majors por esta tecnología la tenemos en ‘Monstruos contra alienígenas’. Una película de animación en 3D que se ha estrenado este pasado fin de semana en Estados Unidos y que llegará a nuestras salas el próximo viernes. Film producido por Dreamworks que se ha gestado desde su planteamiento enteramente en 3D con el claro objetivo de ir allanando este camino y preparando al espectador para lo que se avecina.
Si miramos las cifras de la película en cuestión, apreciamos que ha recaudado más (aunque sólo ligeramente) en las salas donde se ha visto en 3D que en el resto. Y se reafirma que esta opción es rentable y ofrece un espectáculo distinto que atrae a numeroso público que resulta satisfecho, por lo general, y que repetirá.
Como sucediera en los años cincuenta, con la amenaza de la televisión y la huida de espectadores que buscaba la comodidad del salón en su casa, el cine, actualque malvive comprobando como Internet está transformando drásticamente las conductas, tiene que ofrecer algo nuevo para seguir siendo atractivo. Es más, añadiría que con el avance tecnológico de hoy, ver una película en un televisor de alta definición, muchas pulgadas y con un sonido digno, es una competencia mucho más dura de lo que fue entonces. Y más cuando el espectador se ha acomodado y accede a los contenidos de forma sencilla y sin moverse de la silla.
También, en una cuestión económica, el precio del cine se ha encarecido sin ofrecer nada mejor. Hoy día ver una película engloba el desplazamiento (casi todas las salas están en centros comerciales), aparcamiento, consumo de bebidas y palomitas y la entrada a una sala que no siempre resulta lo suficientemente buena. Para luchar contra ello, o mejor, para reconquistar al público, hay que ofrecer un plus, algo extra que no tenga competencia y con lo que no se pueda comparar. Y eso es el cine digital en tres dimensiones.
Así lo ven los más ávidos productores y cineastas de la talla de Peter Jackson, Steven Spielberg o, sin ir más lejos, a James Cameron que planea con su ‘Avatar’ sentar las bases de un nuevo concepto de cine en 3D de verdad y abrir, definitivamente, los ojos de los que aún recelan de ello. En el fondo es más que ofrecer una película con una imagen y un sonido magníficos, es en realidad ofrecer una experiencia espectacular, que hipnotice al espectador y que sea una sensación que difícilmente puede vivirse en el sofá de casa o en la pantalla del ordenador.
El paso ya está dado. Muchas son las producciones que ya nos llegan en este formato (y en el minoritario IMAX 3D) y más las que nos van a llegar en el futuro inmediato. El perfeccionamiento tecnológico está posibilitando que el cine en 3D poco o nada se parezca a experiencias de décadas anteriores y sea, de verdad, algo más que un mero anzuelo para captar espectadores.
El escollo principal con el que se topa el 3D es la reconversión de las salas para el nuevo sistema digital en este formato. Una inversión muy alta que los exhibidores no se pueden permitir en corto plazo con lo que está lloviendo en la economía mundial, pero que tendrán que plantearse cuando vean que las viejas salas se quedan cada vez más vacías.
Ya lo pregonó Jeffrey Katzenberg, copropietario de Dreamworks precisamente, afirmando que el cine en 3D es la nueva oportunidad para cambiar la experiencia de ir al cine desde la llegada del color. Y la mejor prueba de que al público le atrae y es muy rentable la tenemos en la citada ‘Monstruos contra alienígenas’, Pero que pronto podremos comprobar en la nueva adaptación a este formato de ‘Toy Story’ que Pixar ya ha anunciado. Y Disney no se queda atrás y además de ofrecer en el futuro nuevas producciones en 3D, también se apunta al carro de reestrenar grandes éxitos pasados en cine digital tridimensional con ‘La Bella y la Bestia’.
Los datos de 2008 ya demostraron que las películas en 3D generaron más ingresos en su fin de semana de estreno que otros de proyección convencional y todo apunta a que 2009 va a ser el despegue definitivo. Y el 3D llegará, no sólo al cine de animación o de ciencia ficción (géneros habituales de este tipo de cine), sino a todos los géneros.
El cine 3D es el nuevo camino. Sin duda. Ya no se trata de ponerse unas incómodas gafas de cartón, sino de una tecnología que permite concebir historias para ser exhibidas en este formato, ofreciendo un impresionante visionado, que los que lo prueban reconocen que no hay nada comparable.
Hay que estar atentos a los que nos viene: Tim Burton le está poniendo 3D a ‘Alicia en el País de las Maravillas’, Robert Zemeckis prepara el clásico de Dickens ‘Cuento de Navidad’ en 3D, el Tintín de Jackson/Spielberg, ‘Up’ y la nueva entrega de ‘Shrek’ y de ‘Ice Age’,...