ARGENTINA: CASI UN MUERTO POR HORA
ACCIDENTES DE TRÁNSITO:
TRAGEDIAS COTIDIANAS QUE PUEDEN EVITARSE
ACCIDENTES DE TRÁNSITO:
TRAGEDIAS COTIDIANAS QUE PUEDEN EVITARSE
* Las cifras del presente son proyección de los datos habidos hasta el presente, aplicados al nuevo lapso, e incluyendo fallecidos en el hecho o como consecuencia de él, hasta dentro de los 30 días posteriores, según el criterio internacional más generalizado. Las cifras utilizadas son las últimas disponibles (oficiales, de origen policial o municipal, la mayoría), actualizadas. Como la gran mayoría de las cifras originales sólo computan los muertos en el momento del accidente, las mismas también han sido corregidas según índices internacionalmentes aceptados, a fin de permitir una apreciación, estudio y comparación seria de la mortalidad en la accidentología vial argentina.
Los accidentes de tránsito en Argentina conforman en su conjunto una de las causales de mayor índice en la tasa de mortalidad de la población.
Cada hora muere una persona y otras 22 sufren lesiones. En la escala de accidentes producidos en la Argentina, los de tránsito ocupan el 35,2% del porcentaje global, instalándose en los primeros lugares de las estadísticas mundiales. Con un saldo de 9.000 víctimas fatales y 100 mil lesionados, los accidentes de tránsito superan las causas de muerte por cáncer, Sida u otras enfermedades.
Además de las pérdidas humanas, el Estado pierde anualmente 5.000 millones de dólares, y el aporte recibido para el mantenimiento de caminos y la construcción de nuevas rutas es sólo de 1.100 millones, lo que determina un déficit importante.
Toda la sociedad está, de alguna manera, involucrada en este problema, por lo tanto, el gobierno, las fuerzas vivas y los argentinos en su conjunto deberán resolverlo
Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes de tránsito.
22 personas mueren por día; hay 7579 víctimas fatales por año (1998) y unos 120 mil heridos de distinto grado y miles de discapacitados. Las pérdidas económicas del tránsito caótico y accidentes de tránsito superan los U$S 10.000 millones anuales.
Pero no se trata de números, sino de vidas humanas. De hombres, mujeres, jóvenes y niños, que vieron truncadas sus vidas a causa de un accidente de tránsito.
Son proyectos, sueños, ilusiones y esperanzas muertas. Familias destrozadas. Luchar para transformar esta realidad es el objetivo de Luchemos por la Vida.
Es como si un avión de pasajeros cayera todas las semanas muriendo 140 personas cada vez. Y si así ocurriera, seguramente, no estaríamos tan tranquilos. Las autoridades tomarían graves y urgentísimas medidas de seguridad.
No sucede lo mismo con los accidentes de tránsito. Tal vez, porque las muertes se producen de a una, de a dos, o de a tres. Los muertos en accidentes de tránsito no nos "llegan" tanto. Se los considera lejanos, creyendo que son cosas que les ocurren "a otros". Difícilmente se cree que cualquiera puede sufrir uno en el momento menos pensado. Nadie al subir a un automóvil experimenta el miedo que muchas veces se siente al despegar dentro de un avión.
Sin embargo, los accidentes de tránsito en la Argentina, son la primera causa de muerte en menores de 35 años, y la tercera sobre la totalidad de los argentinos.
Las cifras de muertos son elevadísimas, comparadas con las de otros países (ver cuadro), llegando a tener 8 o 10 veces más víctimas fatales que en la mayoría de los países desarrollados, en relación al número de vehículos circulantes.
Al momento de los hechos, se dan muchas explicaciones (algunas reales, otras no tanto) pero que suelen poner siempre el acento -la culpa- del accidente en "los otros". Rara vez se analiza la conducta en el tránsito en primera persona.
Hablando de causas... no corra
¿Cuántos choferes frustrados de Fórmula 1 habrá entre las calles y rutas de la Argentina?. A juzgar por los comportamientos, muchos. Pero no se trata de grandes motores preparados para tal ocasión, sino de autos, camiones, colectivos y camionetas que circulan junto a iguales, por calles y rutas, con y sin baches, y no por pistas profesionales.
En efecto, la velocidad es una de las causas principales de muerte por accidentes de tránsito. Muchos argentinos consideran que no van rápido a 120 Km/h, cuando a más de 90 Km/h un vehículo es cada vez menos gobernable, aumentando así el peligro de muerte de sus ocupantes. Tal vez, muchos estarían vivos de haberse percatado antes de este detalle. A mayor velocidad, mayor es la distancia que se necesita para detener el vehículo; más graves serán las consecuencias ante cualquier falla mecánica., el reventón de un neumático, una mala maniobra del conductor o cualquier imprevisto que se presente en el camino.
La noche, la lluvia y la niebla son causas fundamentales para que deba disminuirse, aún más, la velocidad. Muchos apurados, nunca llegaron a destino.
Muchos brindan por su muerte
Otra causa fundamental de mortalidad en accidentes de tránsito es atribuible a las bebidas alcohólicas. Los impedidos para manejar no sólo son los "borrachos": un sólo vaso de vino, cerveza o whisky, limita la capacidad de conducción, ya que produce una alteración de los reflejos para conducir.
Bastaría con recordar la parada de Dolores, en la ruta 2, camino a Mar del Plata. Cuántos almuerzan en forma abundante y beben alcohol para después retomar el camino.
Las bebidas alcohólicas hacen que las respuestas y las maniobras, ante cualquier eventualidad de la ruta, o la calle, sean torpes y lentas. Embota los sentidos disminuyendo la capacidad de atención normal; genera una falsa sensación de seguridad que predispone a excesos de velocidad y a todo tipo de violaciones a las normas de seguridad en el tránsito. Y es falso suponer que el café o cualquier otro estimulante, anulan sus efectos nocivos. Por lo menos en 1 de cada dos muertos en accidentes de tránsito en el mundo, está presente el alcohol.
Mejor conducir de día
Es ya un clásico -sobre todo en tiempo de vacaciones- conducir de noche. Las causas invocadas son múltiples: para llegar de día y aprovecharlo, porque de noche hay menos tránsito, porque no hace tanto calor. Cuando en realidad, al viajar de noche, se triplica el riesgo de muerte.
El sueño es inevitable y, en el mejor de los casos, disminuye grandemente los reflejos y la capacidad de reacción. El ritmo biológico normal de cada persona, hace que ésta esté acostumbrada a dormir de noche. El conductor ideal, capacitado para conducir de noche con menos riesgo de quedarse dormido o dormitar, sería aquél que normalmente durmiera de día y condujera de noche. Se agrava mucho más si no hubo descanso, o si se trabajó durante todo el día. Pero peor aún si la persona cenó abundantemente y bebió alcohol.
Y, además, lo lógico: la monotonía del paisaje, la menor visibilidad, sólo en blanco y negro; la posibilidad de encontrar en la ruta un animal que se cruza, autos sin luces reglamentarias, y los encandilamientos. Mejor, conducir de día.
Ajústese a la vida
La seguridad pasiva es tan importante como el respeto a las normas de tránsito. Y el mejor seguro de vida dentro del vehículo es el Cinturón de Seguridad, que impide ser lanzados contra el parabrisas, o fuera del vehículo hacia una muerte segura, en caso de accidente. Con lo que su uso generalizado, disminuiría en un 60 por ciento aproximadamente la muerte de los ocupantes de los vehículos accidentados. Inclusive en la ciudad, a poca velocidad, evita la muerte o lesiones graves.
Dele la espalda a sus hijos
Qué difícil es mantener quietos a los más pequeños de la familia, dentro del auto, sobre todo en los viajes largos. Sin embargo, es un acto de amor la observancia de ciertas normas: no es mala educación darles la espalda dentro del automóvil. Al contrario, se les estará resguardando la vida. Muchos chicos mueren en accidentes de tránsito, cerca de sus casas, en brazos de quienes más los quieren. Por eso, la mejor manera de demostrarles amor es no llevarlos en los asientos delanteros, ni en los brazos del acompañante, y mucho menos en los del conductor. Los niños siempre deben ir en los asientos traseros, ajustados con el cinturón de seguridad y en sus sillas especiales si son pequeños.
Habrá que evitar, además, llevar objetos o juguetes pesados o punzantes que puedan dañar a cualquiera de los ocupantes en caso de accidente.
Peligro en dos ruedas
Luces, elementos reflectantes, casco protector. Tres elementos importantes que no deben faltar al subirse a una bicicleta. Los dos primeros hacen que de noche los ciclistas sean vistos en la ruta o calle; la ausencia de los mismos, puede ser causa de muerte. Muchos de ellos circulan por las calles de contramano con la excusa de que ellos ven mejor a los autos, sin tener en cuenta la dificultad de verlos a ellos, y así más de uno terminó arrollado por un vehículo. En los países desarrollados existen sendas para ciclistas. Sería auspicioso que en la Argentina también las hubiera.
La utilización del casco protector para ciclistas y motociclistas, tal vez, evitaría más de la mitad de las muertes.
Motociclistas y ciclomotoristas constituyen otro espectro de riesgo en las calles y rutas.
El Exceso de velocidad, la falta de uso del casco protector (la mayoría de las veces se los lleva colgando del brazo), la falta de respeto a las señales de tránsito (semáforos, contramano) y las "proezas" que demuestran sus conductores (wheellies, zig zag entre los vehículos) son la sumatoria de una lista de muertes y accidentes sobre 2 ruedas. Y no hay que olvidarse que afecta, principalmente, a adolescentes y jóvenes.
Apunten al peatón
Los peatones son la víctima codiciada por colectiveros y taxistas ansiosos. No se les otorga prioridad de paso ni en esquinas ni sendas peatonales. Y ellos mismos, son la causa de su propia muerte al no respetar las reglas básicas de tránsito, como por ejemplo, cruzar por las esquinas con la señal del semáforo a favor. Se trata de respetar y hacer respetar los propios derechos, sin olvidar que todos, en algún momento, se convierten en peatones. Inclusive los colectiveros y taxistas. Por eso, aún en las esquinas y sendas sin semáforos, los peatones tiene prioridad de paso.
Trabajar para transformar
Es cierto que el estado y las autoridades tienen en todas estas muertes, gran responsabilidad: Que muchas rutas y calles no están en buen estado, ni bien señalizadas. Tenemos vigente una nueva ley de tránsito y seguridad vial, ley 24.449, pero su vigencia es en gran parte teórica, y debe tener vigencia real en calles y rutas. Los controles son escasos y poco efectivos. La mayoría de la población no conoce ni los test de alcoholemia, ni controles de velocidad o uso de Cinturones de Seguridad o Cascos.
También es cierto que el otorgamiento de las licencias para conducir no se hace con responsabilidad, ni con la suficiente preparación. Que todavía no funcionan los controles generalizados sobre el estado de seguridad de los vehículos. Y que no se brinda Educación Vial en las escuelas argentinas (salvo el esfuerzo, entre otros, que realiza Luchemos por la Vida, a través del Programa Nacional de Educación Vial, Equipos Móviles de Educación Vial.)
Luchemos por la Vida brega por cambiar estas realidades. Cada uno, a diario, sale (y entra) en la selva del tránsito, como muchos que hoy no están, o quedaron discapacitados, o padecen muchos sufrimientos. La realidad, podía haber sido diferente, simplemente, abrochándose el cinturón de seguridad, haber sacado el pie del acelerador a tiempo, no haber bebido alcohol antes de manejar, haberse puesto un casco protector a algún elemento reflectante, o haber cruzado la calle por la senda peatonal.
Por Alí Mustafá, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Buenos Aires, Argentina.

Cuando comienza el verano, es común ver en las rutas argentinas los operativos de control de tránsito. Las autoridades nacionales y provinciales procuran que los veraneantes tengan unas felices vacaciones sin tener que lamentar víctimas. La preocupación se debe a que el resultado de las investigaciones, tanto oficiales como privadas, arrojan datos que vislumbran una realidad trágica. Pero a diferencia de lo que comúnmente se cree, el índice de accidentes producido en las rutas es el más bajo de todos.
Las estadísticas presentadas por la Asociación Civil "Luchemos por la Vida" informan que en la ciudad de Buenos Aires, en 1997, murieron 423 personas en accidentes de tránsito. Un análisis similar, que realizó el Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), indica que en la Capital Federal, donde vive el 10% de la población Argentina, se produce un tercio de los accidentes de tránsito de todo el país. De hecho, los números se vuelven aún más escalofriantes cuando se hace el relevamiento del total de muertes. En 1996, las cifras definitivas arrojaron un saldo de 7.864. Con respecto a 1995 se pudo observar un leve decrecimiento del 3 %, pero en el 97, el número ascendió a 8.205 víctimas fatales, lo que significó un 4% más respecto al año anterior. En lo que va del 98, se estima que se perdieron 4.300 vidas. Casi una por hora.
Por su parte, el Ministerio de Justicia de la Nación, a través de la Dirección de Política Criminal, tomó las riendas del asunto y preparó un informe detallando los aspectos psicológicos y sociales del problema. "Accidentarse puede ser una manera de intentar resolver los momentos críticos en que hay que asumir una situación nueva y con agresividad destructiva ante las ansiedades generadas en el dilema de cambio. Esto puede conducir a realizar el cambio o a resolverse por un no cambio", explica el doctor Julio Granel, del Centro de Investigaciones Psicológicas para el Estudio y Prevención de los Accidentes. Mientras que el ministro de Justicia asegura que los accidentes no se producen por impericia de los conductores sino por el exceso de velocidad y la fuerte tensión provocada por el estrés.
En 1987, la cifra de casos fatales era de 170, y diez años después, de 423; el aumento de accidentes, a más del 100 % en sólo una década, puede deberse a diversos factores como, por ejemplo, la falta de una campaña comprometida de educación vial; pero el motivo que agravó la situación en los últimos años fue el incremento de venta, a raíz de los créditos de las compañías automotrices.
Según datos proporcionados por la Asociación de Fabricantes de Automóviles, la producción y venta de autos para el mercado interno fue, de enero a agosto de 1996, de 235 mil unidades, y en el mismo lapso, en 1997, fue de 275 mil.
El ejemplo más claro de este crecimiento lo encontramos entre 1993 y 1994, cuando el parque automotor creció en 900 mil unidades y las muertes por accidentes de tránsito aumentaron en un 50 %.
Una gran parte de estas unidades se concentran en las capitales de las provincias y, obviamente, en la ciudad de Buenos Aires que, a simple vista, muestra que no está infraestructuralmente preparada para albergar tanto tránsito.
Educación Vial y penas más duras
Los especialistas coinciden en que la solución no está en disminuir la cantidad de automóviles, o mejorar los caminos, sino en encarar con conciencia y responsabilidad; una campaña de educación vial intensiva y permanente.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar, y el 8 de abril el presidente Menem anunció el Programa Federal de Educación Vial y la creación de la Subsecretaría de Educación Vial, dentro del ámbito de la Secretaría del Interior. El proyecto convoca y compromete bajo el lema "todos somos protagonistas de la Educación Vial" a la Unesco, ONGs, Automóvil Club Argentino, la Federación Argentina de Municipios, la Organización "Luchemos por la Vida" y algunas empresas privadas.
La iniciativa apunta a generar tareas escolares y comunitarias para la formación de chicos y jóvenes en lo que respecta a las normas de tránsito y su aplicación, la seguridad y el cuidado de la vida. Estas actividades se realizarán desde las escuelas y estarán articuladas con la comunidad y se ofrecerá apoyo a los docentes. Lo cierto es que el trabajo será arduo debido a que es difícil revertir una situación que no tiene contención y se agrava día a día.
Se dice que las comparaciones son odiosas, pero, en este caso, necesarias, debido a que se puede sacar provecho de otras experiencias. La cantidad de muertes por accidentes de tránsito en Argentina supera en un 300 % a la mayoría de los países europeos y a los Estados Unidos, donde hay educación vial obligatoria en las escuelas, altísimas penas para los infractores y rigurosos exámenes para obtener la licencia de conducir.
En este sentido, los ejemplos que se destacan son: en Inglaterra, los conductores principiantes no obtienen la licencia definitiva hasta pasados dos años de circular en la vía pública con chapas de colores en sus autos que van renovando cada seis meses y que advierten a los conductores veteranos en qué etapa se encuentra el novato. En España, por ejemplo, es obligatorio pasar por un curso de manejo de 500 dólares antes de sacar el registro. Y en Francia, el carné de conducir va provisto de unos cupones que la policía arranca toda vez que se comete una falta grave. Agotados los cupones, se retiene el registro.
FAVAT es la sigla de los familiares de las víctimas de los accidentes de tránsito. Un grupo con representación legal que reclama penas más duras para los infractores.
Desde 1994 se aprobó penar muchos delitos, entre ellos los homicidios por accidente con la "probation". Tal es el caso de una joven de 20 años que atropelló a un adolescente de 14 y lo abandonó en la vía pública, la condenaron a tres años de trabajos administrativos y de asistencia en una clínica de la Capital Federal.
En estas circunstancias, los integrantes de FAVAT exigen a las autoridades legislativas y a la Justicia que las penas sean mucho más rigurosas. Gregorio Dalbon, abogado de la Asociación, dice que la cantidad de muertes en accidentes de tránsito supera varias veces las bajas en la guerra de Malvinas. El número de muertos en el conflicto del Atlántico Sur fue de un millar.
A propósito de ello, el Ministerio de Justicia presentó un proyecto de ley que cuenta con el aval del presidente Menem y contempla el aumento de penas para los conductores que atropellan a una persona y la dejan abandonada en la calle. El proyecto sugiere elevar a cinco años de prisión la pena máxima por este delito. Ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados.
El 70%del os muertos en accidentes son peatones. El 38% la causan los colectivos.
Alberto Silveira, presidente de "Luchemos por la Vida", dice que por cada 42 muertes que ocurren en zonas rurales, en las ciudades mueren 58 personas.
El desinterés por la vida ajena y las características psicológicas de algunas personas que creen que por conducir un auto pueden manejar el mundo llevan a un aumento en la cantidad de accidentes de tránsito en la ciudad.
Lo que lleva a los jóvenes a exceder los límites de velocidad y a violar las normas de tránsito es una sobreestimación de la propia capacidad. Ellos sienten que lo pueden todo y no tienen precaución. En los adultos suele ocurrir lo mismo, los hombres sobreestiman su habilidad y no tienen conciencia de los riesgos.
Los jóvenes son más propensos al exceso de velocidad, pues no dominan bien sus impulsos.
El 59 % de los conductores accidentados tiene entre 17 y 30 años según el ISEV. El 60 % de los accidentes viales que se producen en nuestro país se debe al consumo de alcohol, según un informe del Ministerio de Salud de la Nación.
En la capital, por año, mueren atropelladas 170 personas. La mitad de las víctimas son mayores de 65 años. El 38 % de las muertes las causan los colectivos -el informe pertenece al Ministerio de Justicia, Dirección de Política Criminal-, lo que implica que el 67% de las muertes en accidentes de tránsito se debe a atropellamientos.
Según un informe del Ministerio de Salud, el 60% de los accidentes viales se debe al consumo de bebidas alcohólicas. Los jóvenes son más propensos a la velocidad, tienen más probabilidades de descontrolarse, pues no dominan bien sus impulsos. OEI.
Pero no se trata de números, sino de vidas humanas. De hombres, mujeres, jóvenes y niños, que vieron truncadas sus vidas a causa de un accidente de tránsito.
Son proyectos, sueños, ilusiones y esperanzas muertas. Familias destrozadas. Luchar para transformar esta realidad es el objetivo de Luchemos por la Vida.
Es como si un avión de pasajeros cayera todas las semanas muriendo unas 130 personas cada vez. Y si así ocurriera, seguramente, no estaríamos tan tranquilos. Las autoridades tomarían graves y urgentísimas medidas de seguridad.
No sucede lo mismo con los accidentes de tránsito. Tal vez, porque las muertes se producen de a una, de a dos, o de a tres. Los muertos en accidentes de tránsito no nos "llegan" tanto. Se los considera lejanos, creyendo que son cosas que les ocurren "a otros". Difícilmente se cree que cualquiera puede sufrir uno en el momento menos pensado. Nadie al subir a un automóvil experimenta el miedo que muchas veces se siente al despegar dentro de un avión.
Sin embargo, los accidentes de tránsito en la Argentina, son la primera causa de muerte en menores de 35 años, y la tercera sobre la totalidad de los argentinos.
Las cifras de muertos son elevadísimas, comparadas con las de otros países (ver cuadro), llegando a tener 8 o 10 veces más víctimas fatales que en la mayoría de los países desarrollados, en relación al número de vehículos circulantes.
Al momento de los hechos, se dan muchas explicaciones (algunas reales, otras no tanto) pero que suelen poner siempre el acento -la culpa- del accidente en "los otros". Rara vez se analiza la conducta en el tránsito en primera persona.
Hablando de causas... no corra
¿Cuántos choferes frustrados de Fórmula 1 habrá entre las calles y rutas de la Argentina?. A juzgar por los comportamientos, muchos. Pero no se trata de grandes motores preparados para tal ocasión, sino de autos, camiones, colectivos y camionetas que circulan junto a iguales, por calles y rutas, con y sin baches, y no por pistas profesionales.
En efecto, la velocidad es una de las causas principales de muerte por accidentes de tránsito. Muchos argentinos consideran que no van rápido a 120 Km/h, cuando a más de 90 Km/h un vehículo es cada vez menos gobernable, aumentando así el peligro de muerte de sus ocupantes. Tal vez, muchos estarían vivos de haberse percatado antes de este detalle. A mayor velocidad, mayor es la distancia que se necesita para detener el vehículo; más graves serán las consecuencias ante cualquier falla mecánica., el reventón de un neumático, una mala maniobra del conductor o cualquier imprevisto que se presente en el camino.
La noche, la lluvia y la niebla son causas fundamentales para que deba disminuirse, aún más, la velocidad. Muchos apurados, nunca llegaron a destino.
Muchos brindan por su muerte
Otra causa fundamental de mortalidad en accidentes de tránsito es atribuible a las bebidas alcohólicas. Los impedidos para manejar no sólo son los "borrachos": un sólo vaso de vino, cerveza o whisky, limita la capacidad de conducción, ya que produce una alteración de los reflejos para conducir.
Bastaría con recordar la parada de Dolores, en la ruta 2, camino a Mar del Plata. Cuántos almuerzan en forma abundante y beben alcohol para después retomar el camino.
Las bebidas alcohólicas hacen que las respuestas y las maniobras, ante cualquier eventualidad de la ruta, o la calle, sean torpes y lentas. Embota los sentidos disminuyendo la capacidad de atención normal; genera una falsa sensación de seguridad que predispone a excesos de velocidad y a todo tipo de violaciones a las normas de seguridad en el tránsito. Y es falso suponer que el café o cualquier otro estimulante, anulan sus efectos nocivos. Por lo menos en 1 de cada dos muertos en accidentes de tránsito en el mundo, está presente el alcohol.
Mejor conducir de día
Es ya un clásico -sobre todo en tiempo de vacaciones- conducir de noche. Las causas invocadas son múltiples: para llegar de día y aprovecharlo, porque de noche hay menos tránsito, porque no hace tanto calor. Cuando en realidad, al viajar de noche, se triplica el riesgo de muerte.
El sueño es inevitable y, en el mejor de los casos, disminuye grandemente los reflejos y la capacidad de reacción. El ritmo biológico normal de cada persona, hace que ésta esté acostumbrada a dormir de noche. El conductor ideal, capacitado para conducir de noche con menos riesgo de quedarse dormido o dormitar, sería aquél que normalmente durmiera de día y condujera de noche. Se agrava mucho más si no hubo descanso, o si se trabajó durante todo el día. Pero peor aún si la persona cenó abundantemente y bebió alcohol.
Y, además, lo lógico: la monotonía del paisaje, la menor visibilidad, sólo en blanco y negro; la posibilidad de encontrar en la ruta un animal que se cruza, autos sin luces reglamentarias, y los encandilamientos. Mejor, conducir de día.
Ajústese a la vida
La seguridad pasiva es tan importante como el respeto a las normas de tránsito. Y el mejor seguro de vida dentro del vehículo es el Cinturón de Seguridad, que impide ser lanzados contra el parabrisas, o fuera del vehículo hacia una muerte segura, en caso de accidente. Con lo que su uso generalizado, disminuiría en un 60 por ciento aproximadamente la muerte de los ocupantes de los vehículos accidentados. Inclusive en la ciudad, a poca velocidad, evita la muerte o lesiones graves.
Dele la espalda a sus hijos
Qué difícil es mantener quietos a los más pequeños de la familia, dentro del auto, sobre todo en los viajes largos. Sin embargo, es un acto de amor la observancia de ciertas normas: no es mala educación darles la espalda dentro del automóvil. Al contrario, se les estará resguardando la vida. Muchos chicos mueren en accidentes de tránsito, cerca de sus casas, en brazos de quienes más los quieren. Por eso, la mejor manera de demostrarles amor es no llevarlos en los asientos delanteros, ni en los brazos del acompañante, y mucho menos en los del conductor. Los niños siempre deben ir en los asientos traseros, ajustados con el cinturón de seguridad y en sus sillas especiales si son pequeños.
Habrá que evitar, además, llevar objetos o juguetes pesados o punzantes que puedan dañar a cualquiera de los ocupantes en caso de accidente.
Peligro en dos ruedas
Luces, elementos reflectantes, casco protector. Tres elementos importantes que no deben faltar al subirse a una bicicleta. Los dos primeros hacen que de noche los ciclistas sean vistos en la ruta o calle; la ausencia de los mismos, puede ser causa de muerte. Muchos de ellos circulan por las calles de contramano con la excusa de que ellos ven mejor a los autos, sin tener en cuenta la dificultad de verlos a ellos, y así más de uno terminó arrollado por un vehículo. En los países desarrollados existen sendas para ciclistas. Sería auspicioso que en la Argentina también las hubiera.
La utilización del casco protector para ciclistas y motociclistas, tal vez, evitaría más de la mitad de las muertes.
Motociclistas y ciclomotoristas constituyen otro espectro de riesgo en las calles y rutas.
El Exceso de velocidad, la falta de uso del casco protector (la mayoría de las veces se los lleva colgando del brazo), la falta de respeto a las señales de tránsito (semáforos, contramano) y las "proezas" que demuestran sus conductores (wheellies, zig zag entre los vehículos) son la sumatoria de una lista de muertes y accidentes sobre 2 ruedas. Y no hay que olvidarse que afecta, principalmente, a adolescentes y jóvenes.
Apunten al peatón
Los peatones son la víctima codiciada por colectiveros y taxistas ansiosos. No se les otorga prioridad de paso ni en esquinas ni sendas peatonales. Y ellos mismos, son la causa de su propia muerte al no respetar las reglas básicas de tránsito, como por ejemplo, cruzar por las esquinas con la señal del semáforo a favor. Se trata de respetar y hacer respetar los propios derechos, sin olvidar que todos, en algún momento, se convierten en peatones. Inclusive los colectiveros y taxistas. Por eso, aún en las esquinas y sendas sin semáforos, los peatones tiene prioridad de paso.
Trabajar para transformar
Es cierto que el estado y las autoridades tienen en todas estas muertes, gran responsabilidad: Que muchas rutas y calles no están en buen estado, ni bien señalizadas. Tenemos vigente una nueva ley de tránsito y seguridad vial, ley 24.449, pero su vigencia es en gran parte teórica, y debe tener vigencia real en calles y rutas. Los controles son escasos y poco efectivos. La mayoría de la población no conoce ni los test de alcoholemia, ni controles de velocidad o uso de Cinturones de Seguridad o Cascos.
También es cierto que el otorgamiento de las licencias para conducir no se hace con responsabilidad, ni con la suficiente preparación. Que todavía no funcionan los controles generalizados sobre el estado de seguridad de los vehículos. Y que no se brinda Educación Vial en las escuelas argentinas (salvo el esfuerzo, entre otros, que realiza Luchemos por la Vida, a través del Programa Nacional de Educación Vial, Equipos Móviles de Educación Vial.)
Luchemos por la Vida brega por cambiar estas realidades. Cada uno, a diario, sale (y entra) en la selva del tránsito, como muchos que hoy no están, o quedaron discapacitados, o padecen muchos sufrimientos. La realidad, podía haber sido diferente, simplemente, abrochándose el cinturón de seguridad, haber sacado el pie del acelerador a tiempo, no haber bebido alcohol antes de manejar, haberse puesto un casco protector a algún elemento reflectante, o haber cruzado la calle por la senda peatonal.


Esto es todo por ahora, hay mucho más lamentablemente. Este post lo hice para aportar un granito más de arena a la educación vial para la prevenció de accidentes de tránsito.
LA VIDA ES UNA SOLA, CUIDALA !!!!
Funtes: * http://www.luchemos.org.ar/es
*
* http://www.oei.org.co/sii/entrega3/art01.htm
*
*
* http://transitoenargentina.blogspot.com/
* http://www.youtube.com/results?search_query=tac&aq=f
* http://www.youtube.com/user/LxlVArgentina#p/u