Plaga histórica de oficinas, un personaje muy hábil para ascender a costa de los demás. Guía practica para detectarlos a tiempo.
Hay dos tipos de ambiciones. Una, la que cotiza en baja, que persigue la excelencia a través del esfuerzo; la otra, la ambición mezquina, que, en el caso que nos convoca, se refiere al deseo de ascender profesionalmente sin reparar en los medios para alcanzar el objetivo. En el trabajo, el perfil que mejor encarna este concepto es el del trepador: hablamos del compañero dispuesto a todo con tal de convertirse en jefe. El parásito mediocre y sin escrúpulos que basa sus acciones sobre una única meta: su beneficio personal.
Y que a nadie se le ocurra decir que son especímenes de estos tiempos. El sujeto es una constante de la historia de las oficinas; si no, preguntale a tu viejo. Ahora bien, es cierto que, en función de los contextos, este intrigador ha ido adquiriendo habilidades camaleónicas y ha perfeccionado sus estrategias. "Ya casi no quedan ejemplares como el inofensivo Smithers; ahora, son premeditadamente estratégicos", sostiene Guillermo Occhipinti, director de la consultora DUX Personas y Gestión. De ahí, entonces, que sea necesario hacer una clasificación para identificarlos y para mantenernos alejados de sus artimañas.
• El trepador por excelencia es el adulador servil y desesperado por agradar a aquellos de quienes desea obtener un beneficio. Es el que finge ser un esclavo del jefe para aprovechar cualquier debilidad y traicionarlo, y así convertirse en un despótico sucesor.
• Uno de los ejemplares más peligrosos de esta raza es aquel que se apropia de lo bueno de los demás. Nuestro especialista asegura que "es un conspirador vigilante dispuesto a atentar contra todo aquel que pueda hacerle sombra. Eclipsa a los demás, mientras que él queda siempre sobre un pedestal".
• Otros de los especímenes de la clasificación son los trabajadores que aplican el síndrome de Münchausen a sus afanes individualistas. En medicina, este síndrome se define como una condición que se caracteriza por simular enfermedades para llamar la atención. Apropiado por oficinistas sin escrúpulos, la estrategia es autocrear problemas falsos para ser ellos los únicos capaces de resolverlos y, así, convertirse en imprescindibles. En este sentido, Occhinti señala que "el uso de la tecnología constituye uno de los pilares a la hora de sacar ventaja". Por ejemplo, pueden provocar la pérdida de documentos en la red informática y decir: "De esto me encargo yo", para quedar como héroes salvadores.
• Los nacidos después de los 80, la generación Millennium, presentan características especiales. Se insertan en el mercado laboral con valores nuevos, distintos de los de las generaciones anteriores. Según el experto en consultoría corporativa, "la premisa es el crecimiento personal, y aunque valoren las relaciones sociales, su lealtad no es con la empresa, sino consigo mismos. Su gran fortaleza es que son excelentes manejando cuestiones tecnológicas porque forman parte de su mundo vital". El problema es que, cuando la independencia es el valor para preservar, el resto deja de ser importante, y es entonces cuando hay que mantener la guardia alta.
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Salu2