Buendia es una colecion de relatos goticos espero que les gusten lo son mio pero lo quise compartir con vos
EL PASILLO
RUBÉN DARÍO
Al caminar por aquellas desoladas calles, sin vida, sin ningún tipo de ruidos, comencé a sentir diferentes sensaciones dentro de mi cuerpo, comencé a sentirme inseguro, comencé a tener miedo, por lo que miraba para atrás a cada rato, a cada momento, como si alguién o algo estaba detrás de mí, pero no había nadie, no había nada, sólo yo y mi oscura sombra, que para mí ya comenzaba a adquirir formas tenebrosas por lo que ni siquiera me atrevía a mirarla porque hasta ella me causaba miedo, era una estupidez, pero de verdad me estaba empezando a asustar, sentía la sensación de que mientras mas rápido caminaba mas rápido me seguían, aquella sensación me trajo recuerdos de mi infancia en donde en mi antigua casa, cuando caminaba por su pasillo en la oscuridad, el pasillo era largo y angosto, se sentían como crujían sus maderos por todos lados, pero también se podía escuchar claramente los pasos de alguién que venía detrás de mí, maldito pasillo por qué tiene que venir a mi mente ahora. Esos pasos los escuché tantas veces que me acostumbré pero nunca dejaron de asustarme, los escalofríos no dejaban de recorrer mi cuerpo cada vez que los sentía, sacaba fuerzas para contrarrestar ese miedo, pero era inevitable. Cuando llegaba al final del pasillo donde se encontraba el baño, me encerraba dentro de él con pestillo, pero ni así me sentía seguro, sabía que aquella presencia estaba ahí detrás de la puerta esperando, esperando por mí. Muchas delas veces no fui capaz de soportar el terror y me lanzaba a correr como desesperado por aquel largo corredor, pero a medida que corría más rápido, más cerca y fuerte sentía a aquella presencia, como queriéndome sujetar por la espalda, pero jamás lo hizo, como si quisiera divertirse conmigo, algunas veces y ya que en aquella casa había una escalera muy vieja, cada vez que yo la bajaba sentía como esta presencia trataba de empujarme por lo que yo bajaba corriendo y desesperado, es más, una vez que bajé corriendo, algo me empujo y rode por las escaleras hasta el fondo y me quebré una pierna, en realidad no sé si algo me tocó, pero no puedo decir que me caí por estúpido. En mi casa pensaron que fue una caída accidental, claro que yo no le iba a contar a nadie lo que me sucedía, me iban a tratar de maricón, cobarde y retardado, así que todo siguió igual. En el tiempo que tuve el pie lesionado no sentí nada, ni un solo ruido, como si aquel ente extraño estubiera esperando mi recuperación para continuar con aquel jueguito, y así fue, tan pronto como me sacaron el yeso todo comenzó de nuevo, empecé a sentir nuevamente las persecuciones, aquellos pasos demoniacos que me torturaban hasta lo más profundo de mis sentidos, aquel miedo que recorría mi cuerpo de pies a cabeza a travez de mis venas, pero fui un cobarde, jamás me dio el corazón para darme media vuelta y enfrentar a aquella presencia o enfrentar la realidad, aquella realidad que me decía que todo era invento de mi mente, de mi siquis de niño, susceptible y afectada por los filmes de terror calse B que inundan las pantallas de nuestra televisión. Esto duró por todo el tiempo que vivimos en esa casa y jamás, pero jamás dejó de asustarme en ninguna oportunidad, por más acostumbrado que estaba a esta sensación, los pelos se me paraban e incrustaban en la piel una y otra vez.
Ahora no sé por qué razón estoy sintiéndola de nuevo, han pasado más de diez años quizás de la última vez, en todo ese tiempo aquella sensación la había olvidado, la había borrado de mi mente hasta este momento, ahora vuelvo a sentir aquel miedo desgraciado que me costó antes tanto poder controlar, siento como el miedo se incrusta poco a poco en mi cuerpo a travez de mis venas, como la misma sangre que circula por ellas se reparte a todos los rincones de mi ser, apoderándose de mis pensamientos y mis reacciones, cuánto daría por ver a alguien en esta calle y no sentirme tan solo, ni siquiera un maldito perro en todo el camino, y esos pasos, esos malditos pasos que siguen tras de mí, ahora que sé lo que es no me atrevo a mirar para atrás, no soy capaz de enfrentar mi trauma de la infancia, camino mas rápido, pero al igual que antes siento cada vez más cerca a aquella presencia como si caminara pisándome los talones, pero no puedo dejar que el miedo controle mi mente, tengo que hacerle frente, pero no soy capaz de darme vuelta y mirar para atrás, mientras que cada vez siento los pasos más cerca y el miedo cada vez penetra más en mi cuerpo, hasta el punto de sentir que me voy a mear en los pantalones, pienso en rezar mientras camino, pero de qué me sirve, no soy cristiano, ni conozco ningún tipo de rezo. De pronto los pasos los siento encima mío y ya no aguanto más, tengo que enfrentarlo, cierro los ojos, apreto los dientes y me doy media vuelta, siento como algo frío y caliente a la vez se me hunde en el estómago seguido de un dolor terrible y espantoso, abro los ojos pero no veo nada, todo lo veo negro, caigo de rodillas al suelo y me llevo las manos al estómago, siento como la sangre corre por ellas y empapa toda mi ropa, luego esa misma sangre comienza a salir de mi boca y caigo de costado ya sabiendo que mi vida se escapa y dando mis últimos suspiros. Antes de perder el conocimiento total escucho una voz, una voz que dice "¡por qué tuviste que darte vuelta de repente, yo sólo quería tu chaqueta, conchadetumadre, por qué lo hiciste, por la misma mierda!" seguido de unos pasos que salen corriendo y se alejan con rapidez, esos pasos, esos malditos pasos, no eran más que los pasos de un vulgar e insignificante ladrón, y yo tan estúpido que fui, siempre fui un estúpido, creí en aquel maldito pasillo, ese pasillo…
EL TRATO
MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER
Una amplia región del mundo que había al otro lado del espejo estaba ocupada por una estirpe de monstruos reptantes de cuerpo gelatinoso. Habitaban raras ciudades, ya que un extraño ciclo evolutivo los había dotado de inteligencia. Desde tiempos inmemoriales combatían contra los monstruos del subsuelo, que habían bajado de las nubes. No obstante, desde que surgió el problema que ahora los tenía ocupados, que era mucho más acuciante que la batalla, los dos bandos habían acordado una tregua, ya que concernía a ambos: hacía cinco millones de ciclos el Sol se había puesto, y desde entonces se había negado a salir otra vez. Los reptiles gelatinosos temían la extinción de su especie ya que, aunque eran muy longevos, podían morir si cada determinado espacio de tiempo no devoraban una porción de Sol. De hecho, varios reptiles habían experimentado ya la terrible Mutación, que para ellos significaba la muerte: su cuerpo comenzaba a resplandecer, transformándose en una esfera de luz errante sin conciencia de sí misma.
Cuando la desesperación les ganó, recurrieron al último recurso que les quedaba: invocar a la Reina.
La Reina era un ser todopoderoso que provenía del Otro Lado y que había llegado de una extraña manera. Era un ser cruel, y se decía que sólo podría dominarla aquel que conociese su auténtico nombre. Ellos no lo conocían, y temían la repercusión que pudiese tener dicha invocación.
La invocación fue un proceso largo. No obstante, a su término apareció la Reina del Espejo en todo su esplendor.
-¿Por qué me habéis llamado? -preguntó, con su atronadora voz.
-Señora -dijo una de las bestias gelatinosas-, necesitamos el Sol, pero se niega a salir. Necesitamos -su voz temblaba- que Su Majestad lo traiga.
Sorprendentemente, la Reina condescendió en traerlo, pero con una condición: uno de ellos debería salir al Exterior y traer un alma humana. Una vez lo hubieran hecho, ella cumpliría su parte del trato.
Los reptiles estuvieron de acuerdo; para traer un alma sólo deberían matar a su poseedor.
La Reina, con su poder, abrió una Puerta de Cristal, que comunicaba con el Otro Lado.
-Elegid a uno de vosotros -ordenó la Reina.
Aquello no hizo falta: una de las bestias se ofreció voluntaria. Coreado por los rugidos de sus congéneres y por los lamentos guturales -únicos sonidos que sabían hacer- de los monstruos del subsuelo (cuyas características les impedían cruzar dicha Puerta), la bestia salió al Exterior.
Justo antes de que la Puerta se cerrara, pudieron ver cómo la apariencia gelatinosa del reptil desaparecía: se había transformado en piedra.
La Reina rió cruelmente.
-Cuando llegue el momento, podrá moverse. -Yse esfumó con un destello.
Alrededor de la bestia petrificada crecía una jungla exuberante que con el paso del tiempo lo cubrió de hojas y ramas pútridas. Muchos ciclos después, una expedición de seres de aquel mundo -que, irónicamente, estaban buscando nuevas especies animales- tropezó literalmente con él.
El monstruo tuvo consciencia de ser alzado en vilo -de alguna manera desconocida para él- y sacado del lugar donde había estado esperando tanto tiempo.
EL GUARDIÁN
MIGUEL CALLEJÓN BERENGUE
"The grim spirit was called Grendel, known as a rover of the borders, one who held the moors, fen and fastness."
Beowulf
-Me he perdido -le dijo a los árboles.
La fría brisa del atardecer acariciaba sus mejillas, mientras se preguntaba como demonios podía haberse perdido a pesar de llevar un plano de ese gigantesco bosque, y una brújula en la mano.
Pateó el suelo con rabia, y gritó:
-¡Nunca debí haber venido! ¡Mierda! -y se sentó en el tocón de un árbol, intentando tranquilizarse.
En un principio, la idea de pasar la noche en el bosque no le había parecido mala, todo lo contrario: dos días y una noche de tranquila soledad para leer o para escuchar las aves, simplemente. Y allí estaba ahora: con la mochila y la tienda de campaña a la espalda, en algún lugar de aquel bosque. Un lugar desconocido, por cierto.
Se levantó y echó a andar, resignado. Tenía que encontrar un claro para acampar, de lo contrario tendría que dormir a la intemperie. Al menos tengo el saco, pensó.
Entonces fue cuando llegó al sendero: vio el Cielo abierto, y echó a correr por él: al poco tiempo comenzó a divisar una gran mole gris entre los troncos de los árboles; el camino dio un par de revueltas más y llegó a un gran claro en medio del cual se erguía un gran caserón -casi un castillo, a juzgar por su aire regio-. Parecía habitado, y sin más se acercó, subió unos escalones hasta llegar a la puerta y la golpeó un par de veces con la aldaba. Pudo oír los ecos de los golpes en el interior de la casa a pesar del grosor de la puerta, y antes de que aquéllos se hubiesen apagado, ésta se abrió.
-¿Quién es usted? -preguntó un mayordomo, con cierto tono despectivo.
-Soy un excursionista. Me he perdido y quería preguntar si... -vaciló un instante- si podría pasar la noche en esta casa. -El Sol había desaparecido bajo la línea del horizonte, y el cielo se oscurecía por momentos.
-Un momento -cerró la puerta.
Cinco minutos después, la puerta continuaba cerrada. Sentado en los escalones, mantenía la mirada fija en aquel claro. ¿Y si montase la tienda ahí?, se estaba preguntando, cuando algo chirrió tras él. Se volvió, y vio que la puerta -por fin- se abría.
-Pase -le dijo-. Mi señor le permite la estancia, por esta noche.
Entró en la casa. Por dentro era aún más majestuosa que por fuera. Gruesos tapices donde se recogían, dibujadas, antiguas y legendarias batallas, cubrían las paredes; del techo colgaban grandes lámparas de araña.
-Sígame. -Y subieron al piso superior que sugerían una antigüedad incognoscible. Incluso el mayordomo la sugería, pensó, a pesar de que su rostro no mostraba más rasgos de vejez que los de un hombre de cuarenta, cincuenta años a lo sumo.
Le siguió por un laberinto de pasillos.
Su habitación era grande, con un pequeño y anticuado cuarto de baño. Aquí no había tapices, sino cuadros de extraños dioses, que le hicieron pensar en alguna mitología antigua.
El mayordomo salió, y el invitado se sentó en la cama, tan antigua como todo lo demás.
-Bonita noche al aire libre -murmuraba, mientras se quitaba las botas-. Esta es la última vez. ¡La última!
Toc, toc. La puerta se abrió y el mayordomo entró, sosteniendo una bandeja con comida.
-Su cena -dijo, mientras el otro miraba sorprendido.
-No hacía falta, yo llevaba... -el mayordomo se marchó, sin dejarle terminar y sin despedirse siquiera.
Se quitó la otra bota, y, descalzo, se aproximó a la mesa.Bon apettit, pensó. Sonrió y empezó a comer.
Cuando hubo terminado, se acercó a la puerta para salir, pero no pudo abrirla.
Frunció el ceño. ¿Por qué no se abre?
Probó dos veces más, hasta que le fue evidente que el mayordomo le había encerrado.
-¡Eh! ¿¡Qué pasa aquí!? -gritó, y golpeó la puerta- ¡eh!Quizá no quieran que ronde por la casa.
Se encogió de hombros; se desvistió y se metió en la cama.
Mañana será otro día, pensó cuando cerró los ojos.
****************
Se despertó sobresaltado. Aún era de noche. Le había parecido escuchar algo en la puerta.
Esperó, pero no oyó nada más.
-Lo habré soñado -murmuró, para tranquilizarse, mientras cerraba los ojos
¡otra vez ese sonido!
Se sentó en la cama; sus pies rozando el suelo y su corazón a punto de estallar.Parece como si arañaran la puerta, pensó. ¿Será el mayordomo, que intenta gastarme una broma? Seguro de ésto último, dijo en voz alta:
-¿Oiga? ¿Qué sucede?
Entonces oyó un gañido y el trote de un animal que se alejaba. Tragó saliva y, cubierto de sudor frío, se volvió a meter entre las sábanas.
Agradeció a Dios que la puerta estuviese cerrada con llave.
A pesar de ello, apenas pudo conciliar el sueño el resto noche.
****************
El resplandor del Sol se colaba por entre las cortinas.
Miró su reloj. Eran las siete de la mañana.
Se levantó, se vistió y se lavó la cara. Al mirarse en el espejo comprobó que éste deformaba el reflejo cómicamente.
Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas. El Sol naciente entró en todo su esplendor. Miró hacia el bosque y se percató de que aquella era la zona de la cual él había salido, aunque ahora tuvo ese sentimiento de antigüedad que la noche anterior tuvo al subir las escaleras. Se preguntó cuál sería la edad de aquellos árboles. ¿Cientos, miles de años, quizá? Le pareció que estaban ahí desde épocas inmemoriales.
La puerta principal se abrió de un portazo, y el chico miró hacia abajo:
de la casa salía un lobo del tamaño de un caballo con una persona entre sus fauces.
Se separó de la ventana, aterrorizado. Recordó la noche anterior, y se lanzó a la puerta: para su alivio, seguía cerrada con llave. Aquella monstruosidad no podría alcanzarle.
Escuchó un alarido y el chasquido de huesos rompiéndose.
Se acercó a la ventana y volvió a mirar.
Abajo, el lobo se relamía las fauces. Debajo de él sólo quedaban unos despojos.¿A quién se habrá comido? El miedo le había aturdido. No podía dejar de mirar por la ventana. ¿A quién?
Entonces vio unos jirones de ropa entre los restos.
La ropa del mayordomo.
Cayó desmayado.
****************
Se despertó, notando la cama bajo él. Se sentía completamente en calma, y durante aquel momento de lasitud no movió un sólo músculo.
Entonces recordó, y se levantó de un salto: la puerta estaba destrozada. Asustado, se asomó por la ventana.
Allí estaba el lobo, devorando otra presa.
-¡No ha sido un sueño! ¡¡NO HA SIDO UN SUEÑO!! -gritaba, aterrorizado, lo que en el fondo de su corazón ya sabía. Se dio la vuelta para huir, pero se quedó clavado en el suelo
porque el mayordomo estaba de pie en la puerta.
-¡USTED! -gritó con todas sus fuerzas- ¡¡USTED ESTÁ MUERTO!! -retrocedió un paso.
-No intente escapar.
-¿QUÉÉÉ?
-No intente escapar -repitió-. Aun si tuviera un cuerpo le resultaría difícil. Sin él no lo intente. No podrá.
-¡Usted está muerto! ¡Yo le vi morir! -retrocedió y miró por la ventana. El gigantesco lobo se adentraba en la espesura. De pronto todo le pareció irreal, y temió haberse vuelto loco.
-Sí -dijo el mayordomo, ante la sorpresa del otro-. Morí en mil novecientos ochenta, de una pulmonía. En el ochenta y cinco, un cáncer me mató; y volví a morir ocho años más tarde asesinado por una de las gárgolas del tejado, que cobran vida a media noche.
-¿Quééé?
-La última vez que morí fue esta mañana, devorado por el lobo.
-¡Usted está loco! -gritó, exasperado, convencido de haber sido objeto de una broma pesada.- Todo ésto tiene que ser un montaje.
El mayordomo entró en la habitación.
-Vendí hace años mi alma al dios Hom'Sthotath, el Soberano de lo Muerto. ¿Sabe algo sobre Él? ¿No? No importa. Ahora sirvo al Guardián de la Puerta hasta el glorioso día en el que Él pase a nuestro plano de existencia y reine sobre la Tierra.
-Todo esto es un montaje -repitió, esperando un "sí" que no llegó.
-En cuanto al lobo... -continuó-, él es el Guardián. Ayer no me permitió que le diera cobijo a usted, pero le desobedecí, y él, al ver esta puerta cerrada y percibir el olor a ser humano, advirtió esta desobediencia y me mató; no obstante mi cuerpo inmortal resucitó de nuevo.
-¿Por qué lo hizo?
-Necesitaba compañía.
-¡No me quedaré! Dios mío... ésto no puede ser real.
-Si mira al suelo, verá sangre.
Obedeció; a sus pies había un charco de sangre.
-Si me acompaña, sabrá de quién es -el mayordomo salió de la habitación, y el chico fue tras él.
Bajaron las escaleras. El mayordomo abrió la puerta principal y dijo
-Dígame, ¿qué es lo que ve? -el aludido miró al exterior.
-Oh Dios... restos humanos.
-Fíjese bien.
Obedeció, y vio entre el fango unas botas y ropa de abrigo, hecha jirones.
-Ahora eres un alma en pena; permanecerás atado a esta casa hasta el final de los tiempos.
El chico le miró.
-¿Qué?
-Has sido devorado por el Guardián
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EL PASILLO
RUBÉN DARÍO
Al caminar por aquellas desoladas calles, sin vida, sin ningún tipo de ruidos, comencé a sentir diferentes sensaciones dentro de mi cuerpo, comencé a sentirme inseguro, comencé a tener miedo, por lo que miraba para atrás a cada rato, a cada momento, como si alguién o algo estaba detrás de mí, pero no había nadie, no había nada, sólo yo y mi oscura sombra, que para mí ya comenzaba a adquirir formas tenebrosas por lo que ni siquiera me atrevía a mirarla porque hasta ella me causaba miedo, era una estupidez, pero de verdad me estaba empezando a asustar, sentía la sensación de que mientras mas rápido caminaba mas rápido me seguían, aquella sensación me trajo recuerdos de mi infancia en donde en mi antigua casa, cuando caminaba por su pasillo en la oscuridad, el pasillo era largo y angosto, se sentían como crujían sus maderos por todos lados, pero también se podía escuchar claramente los pasos de alguién que venía detrás de mí, maldito pasillo por qué tiene que venir a mi mente ahora. Esos pasos los escuché tantas veces que me acostumbré pero nunca dejaron de asustarme, los escalofríos no dejaban de recorrer mi cuerpo cada vez que los sentía, sacaba fuerzas para contrarrestar ese miedo, pero era inevitable. Cuando llegaba al final del pasillo donde se encontraba el baño, me encerraba dentro de él con pestillo, pero ni así me sentía seguro, sabía que aquella presencia estaba ahí detrás de la puerta esperando, esperando por mí. Muchas delas veces no fui capaz de soportar el terror y me lanzaba a correr como desesperado por aquel largo corredor, pero a medida que corría más rápido, más cerca y fuerte sentía a aquella presencia, como queriéndome sujetar por la espalda, pero jamás lo hizo, como si quisiera divertirse conmigo, algunas veces y ya que en aquella casa había una escalera muy vieja, cada vez que yo la bajaba sentía como esta presencia trataba de empujarme por lo que yo bajaba corriendo y desesperado, es más, una vez que bajé corriendo, algo me empujo y rode por las escaleras hasta el fondo y me quebré una pierna, en realidad no sé si algo me tocó, pero no puedo decir que me caí por estúpido. En mi casa pensaron que fue una caída accidental, claro que yo no le iba a contar a nadie lo que me sucedía, me iban a tratar de maricón, cobarde y retardado, así que todo siguió igual. En el tiempo que tuve el pie lesionado no sentí nada, ni un solo ruido, como si aquel ente extraño estubiera esperando mi recuperación para continuar con aquel jueguito, y así fue, tan pronto como me sacaron el yeso todo comenzó de nuevo, empecé a sentir nuevamente las persecuciones, aquellos pasos demoniacos que me torturaban hasta lo más profundo de mis sentidos, aquel miedo que recorría mi cuerpo de pies a cabeza a travez de mis venas, pero fui un cobarde, jamás me dio el corazón para darme media vuelta y enfrentar a aquella presencia o enfrentar la realidad, aquella realidad que me decía que todo era invento de mi mente, de mi siquis de niño, susceptible y afectada por los filmes de terror calse B que inundan las pantallas de nuestra televisión. Esto duró por todo el tiempo que vivimos en esa casa y jamás, pero jamás dejó de asustarme en ninguna oportunidad, por más acostumbrado que estaba a esta sensación, los pelos se me paraban e incrustaban en la piel una y otra vez.
Ahora no sé por qué razón estoy sintiéndola de nuevo, han pasado más de diez años quizás de la última vez, en todo ese tiempo aquella sensación la había olvidado, la había borrado de mi mente hasta este momento, ahora vuelvo a sentir aquel miedo desgraciado que me costó antes tanto poder controlar, siento como el miedo se incrusta poco a poco en mi cuerpo a travez de mis venas, como la misma sangre que circula por ellas se reparte a todos los rincones de mi ser, apoderándose de mis pensamientos y mis reacciones, cuánto daría por ver a alguien en esta calle y no sentirme tan solo, ni siquiera un maldito perro en todo el camino, y esos pasos, esos malditos pasos que siguen tras de mí, ahora que sé lo que es no me atrevo a mirar para atrás, no soy capaz de enfrentar mi trauma de la infancia, camino mas rápido, pero al igual que antes siento cada vez más cerca a aquella presencia como si caminara pisándome los talones, pero no puedo dejar que el miedo controle mi mente, tengo que hacerle frente, pero no soy capaz de darme vuelta y mirar para atrás, mientras que cada vez siento los pasos más cerca y el miedo cada vez penetra más en mi cuerpo, hasta el punto de sentir que me voy a mear en los pantalones, pienso en rezar mientras camino, pero de qué me sirve, no soy cristiano, ni conozco ningún tipo de rezo. De pronto los pasos los siento encima mío y ya no aguanto más, tengo que enfrentarlo, cierro los ojos, apreto los dientes y me doy media vuelta, siento como algo frío y caliente a la vez se me hunde en el estómago seguido de un dolor terrible y espantoso, abro los ojos pero no veo nada, todo lo veo negro, caigo de rodillas al suelo y me llevo las manos al estómago, siento como la sangre corre por ellas y empapa toda mi ropa, luego esa misma sangre comienza a salir de mi boca y caigo de costado ya sabiendo que mi vida se escapa y dando mis últimos suspiros. Antes de perder el conocimiento total escucho una voz, una voz que dice "¡por qué tuviste que darte vuelta de repente, yo sólo quería tu chaqueta, conchadetumadre, por qué lo hiciste, por la misma mierda!" seguido de unos pasos que salen corriendo y se alejan con rapidez, esos pasos, esos malditos pasos, no eran más que los pasos de un vulgar e insignificante ladrón, y yo tan estúpido que fui, siempre fui un estúpido, creí en aquel maldito pasillo, ese pasillo…
EL TRATO
MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER
Una amplia región del mundo que había al otro lado del espejo estaba ocupada por una estirpe de monstruos reptantes de cuerpo gelatinoso. Habitaban raras ciudades, ya que un extraño ciclo evolutivo los había dotado de inteligencia. Desde tiempos inmemoriales combatían contra los monstruos del subsuelo, que habían bajado de las nubes. No obstante, desde que surgió el problema que ahora los tenía ocupados, que era mucho más acuciante que la batalla, los dos bandos habían acordado una tregua, ya que concernía a ambos: hacía cinco millones de ciclos el Sol se había puesto, y desde entonces se había negado a salir otra vez. Los reptiles gelatinosos temían la extinción de su especie ya que, aunque eran muy longevos, podían morir si cada determinado espacio de tiempo no devoraban una porción de Sol. De hecho, varios reptiles habían experimentado ya la terrible Mutación, que para ellos significaba la muerte: su cuerpo comenzaba a resplandecer, transformándose en una esfera de luz errante sin conciencia de sí misma.
Cuando la desesperación les ganó, recurrieron al último recurso que les quedaba: invocar a la Reina.
La Reina era un ser todopoderoso que provenía del Otro Lado y que había llegado de una extraña manera. Era un ser cruel, y se decía que sólo podría dominarla aquel que conociese su auténtico nombre. Ellos no lo conocían, y temían la repercusión que pudiese tener dicha invocación.
La invocación fue un proceso largo. No obstante, a su término apareció la Reina del Espejo en todo su esplendor.
-¿Por qué me habéis llamado? -preguntó, con su atronadora voz.
-Señora -dijo una de las bestias gelatinosas-, necesitamos el Sol, pero se niega a salir. Necesitamos -su voz temblaba- que Su Majestad lo traiga.
Sorprendentemente, la Reina condescendió en traerlo, pero con una condición: uno de ellos debería salir al Exterior y traer un alma humana. Una vez lo hubieran hecho, ella cumpliría su parte del trato.
Los reptiles estuvieron de acuerdo; para traer un alma sólo deberían matar a su poseedor.
La Reina, con su poder, abrió una Puerta de Cristal, que comunicaba con el Otro Lado.
-Elegid a uno de vosotros -ordenó la Reina.
Aquello no hizo falta: una de las bestias se ofreció voluntaria. Coreado por los rugidos de sus congéneres y por los lamentos guturales -únicos sonidos que sabían hacer- de los monstruos del subsuelo (cuyas características les impedían cruzar dicha Puerta), la bestia salió al Exterior.
Justo antes de que la Puerta se cerrara, pudieron ver cómo la apariencia gelatinosa del reptil desaparecía: se había transformado en piedra.
La Reina rió cruelmente.
-Cuando llegue el momento, podrá moverse. -Yse esfumó con un destello.
Alrededor de la bestia petrificada crecía una jungla exuberante que con el paso del tiempo lo cubrió de hojas y ramas pútridas. Muchos ciclos después, una expedición de seres de aquel mundo -que, irónicamente, estaban buscando nuevas especies animales- tropezó literalmente con él.
El monstruo tuvo consciencia de ser alzado en vilo -de alguna manera desconocida para él- y sacado del lugar donde había estado esperando tanto tiempo.
EL GUARDIÁN
MIGUEL CALLEJÓN BERENGUE
"The grim spirit was called Grendel, known as a rover of the borders, one who held the moors, fen and fastness."
Beowulf
-Me he perdido -le dijo a los árboles.
La fría brisa del atardecer acariciaba sus mejillas, mientras se preguntaba como demonios podía haberse perdido a pesar de llevar un plano de ese gigantesco bosque, y una brújula en la mano.
Pateó el suelo con rabia, y gritó:
-¡Nunca debí haber venido! ¡Mierda! -y se sentó en el tocón de un árbol, intentando tranquilizarse.
En un principio, la idea de pasar la noche en el bosque no le había parecido mala, todo lo contrario: dos días y una noche de tranquila soledad para leer o para escuchar las aves, simplemente. Y allí estaba ahora: con la mochila y la tienda de campaña a la espalda, en algún lugar de aquel bosque. Un lugar desconocido, por cierto.
Se levantó y echó a andar, resignado. Tenía que encontrar un claro para acampar, de lo contrario tendría que dormir a la intemperie. Al menos tengo el saco, pensó.
Entonces fue cuando llegó al sendero: vio el Cielo abierto, y echó a correr por él: al poco tiempo comenzó a divisar una gran mole gris entre los troncos de los árboles; el camino dio un par de revueltas más y llegó a un gran claro en medio del cual se erguía un gran caserón -casi un castillo, a juzgar por su aire regio-. Parecía habitado, y sin más se acercó, subió unos escalones hasta llegar a la puerta y la golpeó un par de veces con la aldaba. Pudo oír los ecos de los golpes en el interior de la casa a pesar del grosor de la puerta, y antes de que aquéllos se hubiesen apagado, ésta se abrió.
-¿Quién es usted? -preguntó un mayordomo, con cierto tono despectivo.
-Soy un excursionista. Me he perdido y quería preguntar si... -vaciló un instante- si podría pasar la noche en esta casa. -El Sol había desaparecido bajo la línea del horizonte, y el cielo se oscurecía por momentos.
-Un momento -cerró la puerta.
Cinco minutos después, la puerta continuaba cerrada. Sentado en los escalones, mantenía la mirada fija en aquel claro. ¿Y si montase la tienda ahí?, se estaba preguntando, cuando algo chirrió tras él. Se volvió, y vio que la puerta -por fin- se abría.
-Pase -le dijo-. Mi señor le permite la estancia, por esta noche.
Entró en la casa. Por dentro era aún más majestuosa que por fuera. Gruesos tapices donde se recogían, dibujadas, antiguas y legendarias batallas, cubrían las paredes; del techo colgaban grandes lámparas de araña.
-Sígame. -Y subieron al piso superior que sugerían una antigüedad incognoscible. Incluso el mayordomo la sugería, pensó, a pesar de que su rostro no mostraba más rasgos de vejez que los de un hombre de cuarenta, cincuenta años a lo sumo.
Le siguió por un laberinto de pasillos.
Su habitación era grande, con un pequeño y anticuado cuarto de baño. Aquí no había tapices, sino cuadros de extraños dioses, que le hicieron pensar en alguna mitología antigua.
El mayordomo salió, y el invitado se sentó en la cama, tan antigua como todo lo demás.
-Bonita noche al aire libre -murmuraba, mientras se quitaba las botas-. Esta es la última vez. ¡La última!
Toc, toc. La puerta se abrió y el mayordomo entró, sosteniendo una bandeja con comida.
-Su cena -dijo, mientras el otro miraba sorprendido.
-No hacía falta, yo llevaba... -el mayordomo se marchó, sin dejarle terminar y sin despedirse siquiera.
Se quitó la otra bota, y, descalzo, se aproximó a la mesa.Bon apettit, pensó. Sonrió y empezó a comer.
Cuando hubo terminado, se acercó a la puerta para salir, pero no pudo abrirla.
Frunció el ceño. ¿Por qué no se abre?
Probó dos veces más, hasta que le fue evidente que el mayordomo le había encerrado.
-¡Eh! ¿¡Qué pasa aquí!? -gritó, y golpeó la puerta- ¡eh!Quizá no quieran que ronde por la casa.
Se encogió de hombros; se desvistió y se metió en la cama.
Mañana será otro día, pensó cuando cerró los ojos.
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Se despertó sobresaltado. Aún era de noche. Le había parecido escuchar algo en la puerta.
Esperó, pero no oyó nada más.
-Lo habré soñado -murmuró, para tranquilizarse, mientras cerraba los ojos
¡otra vez ese sonido!
Se sentó en la cama; sus pies rozando el suelo y su corazón a punto de estallar.Parece como si arañaran la puerta, pensó. ¿Será el mayordomo, que intenta gastarme una broma? Seguro de ésto último, dijo en voz alta:
-¿Oiga? ¿Qué sucede?
Entonces oyó un gañido y el trote de un animal que se alejaba. Tragó saliva y, cubierto de sudor frío, se volvió a meter entre las sábanas.
Agradeció a Dios que la puerta estuviese cerrada con llave.
A pesar de ello, apenas pudo conciliar el sueño el resto noche.
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El resplandor del Sol se colaba por entre las cortinas.
Miró su reloj. Eran las siete de la mañana.
Se levantó, se vistió y se lavó la cara. Al mirarse en el espejo comprobó que éste deformaba el reflejo cómicamente.
Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas. El Sol naciente entró en todo su esplendor. Miró hacia el bosque y se percató de que aquella era la zona de la cual él había salido, aunque ahora tuvo ese sentimiento de antigüedad que la noche anterior tuvo al subir las escaleras. Se preguntó cuál sería la edad de aquellos árboles. ¿Cientos, miles de años, quizá? Le pareció que estaban ahí desde épocas inmemoriales.
La puerta principal se abrió de un portazo, y el chico miró hacia abajo:
de la casa salía un lobo del tamaño de un caballo con una persona entre sus fauces.
Se separó de la ventana, aterrorizado. Recordó la noche anterior, y se lanzó a la puerta: para su alivio, seguía cerrada con llave. Aquella monstruosidad no podría alcanzarle.
Escuchó un alarido y el chasquido de huesos rompiéndose.
Se acercó a la ventana y volvió a mirar.
Abajo, el lobo se relamía las fauces. Debajo de él sólo quedaban unos despojos.¿A quién se habrá comido? El miedo le había aturdido. No podía dejar de mirar por la ventana. ¿A quién?
Entonces vio unos jirones de ropa entre los restos.
La ropa del mayordomo.
Cayó desmayado.
****************
Se despertó, notando la cama bajo él. Se sentía completamente en calma, y durante aquel momento de lasitud no movió un sólo músculo.
Entonces recordó, y se levantó de un salto: la puerta estaba destrozada. Asustado, se asomó por la ventana.
Allí estaba el lobo, devorando otra presa.
-¡No ha sido un sueño! ¡¡NO HA SIDO UN SUEÑO!! -gritaba, aterrorizado, lo que en el fondo de su corazón ya sabía. Se dio la vuelta para huir, pero se quedó clavado en el suelo
porque el mayordomo estaba de pie en la puerta.
-¡USTED! -gritó con todas sus fuerzas- ¡¡USTED ESTÁ MUERTO!! -retrocedió un paso.
-No intente escapar.
-¿QUÉÉÉ?
-No intente escapar -repitió-. Aun si tuviera un cuerpo le resultaría difícil. Sin él no lo intente. No podrá.
-¡Usted está muerto! ¡Yo le vi morir! -retrocedió y miró por la ventana. El gigantesco lobo se adentraba en la espesura. De pronto todo le pareció irreal, y temió haberse vuelto loco.
-Sí -dijo el mayordomo, ante la sorpresa del otro-. Morí en mil novecientos ochenta, de una pulmonía. En el ochenta y cinco, un cáncer me mató; y volví a morir ocho años más tarde asesinado por una de las gárgolas del tejado, que cobran vida a media noche.
-¿Quééé?
-La última vez que morí fue esta mañana, devorado por el lobo.
-¡Usted está loco! -gritó, exasperado, convencido de haber sido objeto de una broma pesada.- Todo ésto tiene que ser un montaje.
El mayordomo entró en la habitación.
-Vendí hace años mi alma al dios Hom'Sthotath, el Soberano de lo Muerto. ¿Sabe algo sobre Él? ¿No? No importa. Ahora sirvo al Guardián de la Puerta hasta el glorioso día en el que Él pase a nuestro plano de existencia y reine sobre la Tierra.
-Todo esto es un montaje -repitió, esperando un "sí" que no llegó.
-En cuanto al lobo... -continuó-, él es el Guardián. Ayer no me permitió que le diera cobijo a usted, pero le desobedecí, y él, al ver esta puerta cerrada y percibir el olor a ser humano, advirtió esta desobediencia y me mató; no obstante mi cuerpo inmortal resucitó de nuevo.
-¿Por qué lo hizo?
-Necesitaba compañía.
-¡No me quedaré! Dios mío... ésto no puede ser real.
-Si mira al suelo, verá sangre.
Obedeció; a sus pies había un charco de sangre.
-Si me acompaña, sabrá de quién es -el mayordomo salió de la habitación, y el chico fue tras él.
Bajaron las escaleras. El mayordomo abrió la puerta principal y dijo
-Dígame, ¿qué es lo que ve? -el aludido miró al exterior.
-Oh Dios... restos humanos.
-Fíjese bien.
Obedeció, y vio entre el fango unas botas y ropa de abrigo, hecha jirones.
-Ahora eres un alma en pena; permanecerás atado a esta casa hasta el final de los tiempos.
El chico le miró.
-¿Qué?
-Has sido devorado por el Guardián
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