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Las profecías de Nostradamus.

Info•2/26/2010


MICHEL DE NOSTRADAMUS






Michel de Nostradamus, el vidente más renombrado y famoso de cuantos han sabido interpretar los astros, nació en Saint Rémy de Provence, sur de Francia, el año de gracia de 1503, un jueves 14 de diciembre, hacia el mediodía. Su padre fue Jaime de Nostredame, notario de aquel lugar; su madre fue Renée de Saint Rémy, sus abuelos paternos y maternos eran profundos conocedores de las ciencias matemáticas y de la medicina. Como médicos habían vivido el uno en la Corte de René que, además de Conde de Provenza, era Rey de Jerusalén y de Sicilia; y el otro, en la Corte de Juan, Duque de Calabria a hijo del antedicho René.

Es necesario demostrar la inexactitud de ciertas versiones sobre los orígenes del gran vidente, formuladas por envidiosos de su celebridad o por quienes desconocen la realidad.

La familia de Nostradamus, según algunos, era de origen judío, de la tribu de Isacar, convertidos al cristianismo. Y de ahí que atestigüe nuestro autor haber recibido directamente de sus abuelos el conocimiento de las ciencias matemáticas; y en el prólogo de sus Centurias él mismo afirma que ellos le transmitieron el don de predecir el futuro.

Después de la muerte de su bisabuelo materno, que le había infundido, casi como juego, el gusto por las ciencias de los astros, Nostradamus fue enviado a Aviñón para cursar letras y formarse en humanidades.

Desde Aviñón el joven estudiante pasó a Montpellier, donde frecuentó la célebre universidad estudiando en sus aulas medicina, hasta que una grave pestilencia, declarada en las regiones de Narbona, Tolosa y Burdeos, le dio ocasión de poner al servicio de los apestados el fruto de cuanto había aprendido durante sus estudios. Tenía entonces 22 años.

Después de haber ejercido la medicina durante cuatro años en aquellas regiones, le pareció oportuno volver a Montpellier para conseguir el título de doctor, que obtuvo al poco tiempo con la admiración y el aplauso de todos.

Pasando por Tolosa, llegó a Agen, ciudad situada a orillas del Garona, donde Julio César Scaliger le retuvo junto a sí. Era este hombre un personaje muy erudito y un verdadero mecenas. Nostradamus tuvo con él una extraordinaria amistad que más tarde se tornó en oposición, discordia y divergencia, como suele suceder entre hombres sabios, según atestiguan muchos escritos.
En ese período se casó con una joven de la alta sociedad, de la que tuvo dos hijos, un niño y una niña. Murieron los tres y Nostradamus tomó la decisión de instalarse definitivamente en Provenza, su tierra natal.
De vuelta a Marsella, se instaló en Aix en Provence, parlamento de la región, donde ejerció durante tres años un cargo público ciudadano. Fue entonces, en 1546, cuando la peste azotó terriblemente aquella zona, según describe el señor de Launay en su Teatro del mundo sirviéndose de los relatos que le fueron hechos por el propio vidente. Estos hechos han sido confirmados por la investigación histórica de aquella época.
Desde Aix en Provence llegó a Salonde Crau, pequeña ciudad que dista de Aix una jornada de camino hasta Aviñón y media jornada hasta Marsella. Contrajo segundas nupcias; y fue aquí, en este lugar, donde, previendo los grandes cambios y las trágicas convulsiones que perturbaron luego y revolvieron a toda Europa, las sangrientas luchas civiles y los desgraciados acontecimientos que iban a precipitarse sobre Francia, comenzó, lleno de una exaltada inspiración a invadido de un frenesí irresistible, la redacción de las Centurias.
Centurias y presagios que él guardó por mucho tiempo en secreto, creyendo que la naturaleza insólita del argumento le acarrearía calumnias, envidias y ataques muy ofensivos, tal como luego sucedió.

Vencido, al fin, por el deseo de que los hombres sacasen algún provecho de sus predicciones, las dio conocer. El rumor que suscitaron inmediatamente fue grande y corrió su fama de boca en boca, no sólo entre nosotros, sino también entre los extranjeros que sintieron por el vidente y por su obra una extraordinaria admiración. Esta fama impresionó tanto al poderoso Enrique II, Rey de Francia, que éste, en el año de gracia de 1556, mandó llamar al vidente a la Corte. Después de que revelara un cierto número de acontecimientos importantes que habían de suceder, recibió numerosos presentes y se volvió a su Provenza natal. Algunos años más tarde, concretamente en 1564, visitando Carlos IX las provincias y habiendo concedido la paz a las ciudades que contra él se habían rebelado, vino a Salon y no quiso dejar de visitar al profeta e insigne héroe, mostrándose para con él tan generoso, que lo honró con el cargo de consejero y le nombró médico suyo en la Corte.

Resultaría una tarea excesivamente prolija escribir todo cuanto él predijo, ya en general, ya en particular,y sería superfluo dar el nombre de todos los grandes señores, de los insignes sabios y otros muchos que vinieron de toda la región y de toda Francia para consultarle como oráculo. Lo que San Jerónimo decía de Tito Livio yo puedo decirlo del gran vidente: cuantos venían a Francia desde fuera no se proponían otro objetivo que ir a visitarle.



Cuando vino a verle Carlos IX, Nostradamus, que había sobrepasado los 60 años, estaba muy envejecido y se hallaba gravemente debilitado por las dolencias que le atormentaban desde hacía mucho tiempo, especialmente una artritis y la gota minaban constantemente su salud. Murió el día 2 de julio del año 1566, poco antes de salir el sol, después de una crisis que le duró ocho días y que le causó un acceso de hidropesía consecutivo a un ataque agudo de artritis.
Conoció anticipadamente el día de su tránsito y la hora exacta pues él había escrito, de su puño y letra, en las Efemérides de Jean Stadius, estas palabras en latín: Hic prope morn est, es decir: «Mi muerte está próxima».

Sobre su sepulcro se esculpieron las palabras de un epitafio, compuesto a imitación del de Tito Livio, historiador romano; epitafio que hoy puede todavía verse en la Iglesia de los Cordeleros de Salon, en la que, con grandes honores, fue enterrado el cuerpo de Nostradamus. La inscripción está en latín; traducida dice lo siguiente:

«Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel de Nostradamus, el único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo.»

Murió en Salon de Crau, en Provenza, el 2 de julio del año de gracia de 1566, a la edad de sesenta y dos años, seis meses y diecisiete días.





¿QUE SON LAS CENTURIAS?




En su obra profética, conocida por todo el mundo con el nombre de Centurias, Nostradamus quiso recoger los acontecimientos relacionados con el futuro de la Humanidad, desde los días en que él empezó a escribir hasta el fin de los tiempos.

Qué son las Centurias puede decirse en pocas palabras. Así como un libro está dividido en capítulos y un poema en cantos, de la misma manera las profecías del vidente de Salon están divididas en Centurias, cada una de las cuales contiene un número variable de cuartetas (originariamente habían de ser cien por Centuria) en las que se da siempre una rima, forzada algunas veces, y en las que, en la mayor parte de los casos, no puede decirse que haya un nexo lógico de tiempo y de lugar y, sobre todo, una claridad de interpretación que las haga fácilmente inteligibles y nos dé a conocer exactamente el tiempo en que se realizarán los acontecimientos vaticinados.

Se dice hoy que son doce las Centurias, pero sólo las diez primeras son, sin lugar a dudas, de Nostradamus. La primera edición de estas diez Centurias vio la luz en 1555, por obra de un editor de Lyon.

Después, las sucesivas ediciones que han aparecido en diversas épocas han presentado, añadidas a las diez Centurias, un cierto número de nuevas cuartetas proféticas y, concretamente, cuatro cuartetas añadidas a la Centuria VII, seis a la Centuria VIII y una a la Centuria X. Sólo dos cuartetas han formado la Centuria XI y once la Centuria XII.

No se sabe con certeza cuál es el origen de estas cuartetas, posteriormente insertas en la obra profética del mago de Salon.

En esta cuestión, sólo podemos aventurar hipótesis. Así, algunos investigadores afirman que, al morir Nostradamus, se hallaron entre sus papeles un cierto número de profecías, escritas ciertámente por él y que, por tanto, podrán añadirse a las suyas propias. Otros, por el contrario, las han atribuido a quienes nada tenían que ver con el vidente y las consideran, por consiguiente, apócrifas.





GRANDES PROFECIAS:




"El asesinato del papa"





Antes de que estalle la tercera guerra mundial y caiga el telón de acero (tal podría ser el significado de «el gran muro» que traen algunas ediciones) Italia será invadida y el Papa asesinado. De este modo la nave de Pedro, huérfana de guía, quedará a merced de los dramáticos acontecimientos que seguirán a esta muerte, no excluida la posibilidad de un cisma; entonces el clero, simbólica tripulación de la simbólica nave, la abandonará, echándose al mar como único medio para salvar la vida.
Junto al río (que podría ser el Tíber, si se toma Roma como sede del papado), la tierra se teñirá de sangre.

Esta profecía se completaría con la contenida en la cuarteta noventa y nueve, de la Centuria VIII:



Por el poder de los tres Reyes temporales,
A otro lugar será transferida la Santa Sede,
Donde la sustancia del espíritu corpóreo,
Sera repuesta y recibida por verdadera sede.



La guerra que se desencadenará entre tres grandes potencias afectará igualmente al jefe de la cristiandad y el pontífice que habrá sucedido al Papa muerto correrá a su vez un peligro may grave, no sólo en su incolumidad personal, sino también por la estabilidad de su propio apostolado: la Santa Sede, es decir, la cátedra de San Pedro será trasladada a otro lugar y sólo al final del conflicto podrá el Santo Padre volver a Roma, la verdadera sede destinada a albergar al representante del Señor en la Tierra.

Y la profecía continúa en la cuarteta ochenta y tres de la Centuria V:




Los que tengan em resa subvertir,
Inigualable reino, fúerte a invencible:
Obrarán, con fraude, noches tres advertir,
Cuando el mayor en la mesa lea la Biblia.




Quienes se habían propuesto la obra de subversión y destrucción de la Iglesia recurrirán al fraude y al engaño y a cualquier otro medio para poder sorprender al Papa. Lo cual sucederá en cierta ocasión estando el Papa sentado en la mesa leyendo la Biblia. Tres serán los encargados de capturar al Papa, mediante un engaño.

Sigue, a continuación, la Centuria IV, cuarteta treinta y tres, que explica quiénes serán los que tiendan la trampa al Papa y por consiguiente a la misma Iglesia:



Júpiter unido más a Venus que a la Luna
Apareciendo de plenitud blanca:
Venus escondida bajo la blancura de Neptuno,
Por Marte golpeada con la grande rama.



El lenguaje es completamente metafórico: Nostradamus dice que cuando Júpiter aparezca con plenitud blanca y esté más próximo a Venus que a la Luna, y Venus se esconda bajo la blancura de Neptuno, entonces Marte la golpeará con la blanca rama.

Procuremos explicar el simbolismo: cuando el pontífice aparezca más indinado o decidido a fijar su atención más en las naciones protestantes que en las católicas y se esfuerce en poner en práctica el precepto de la caridad, entonces los protestantes serán maltratados y perseguidos (juntamente con el pontífice) por una muchedumbre de enemigos (que en este caso quizá podemos identificar con los comunistas).

Dice la Centuria IX, en la noventa y nueve cuarteta:



Viento Aquilón hará partir la sede,
Por muros echar cenizas, cal y polvo:
Por lluvia luego que les causará más daño,
Último socorro llegar desde su frontera.



El viento de Aquilón, es decir, el que obligará al pontífice, inmediatamente después de su elección, a dejar Roma, vendrá del Norte. Los habitantes de Roma defenderán su ciudad, echando desde las murallas sustancias agresivas (podría evidentemente tratarse de nuevas sustancias químicas, empleadas como armas defensivas), pero de poco servirán sus esfuerzos, porque el atacante, a su vez, los acometerá con una verdadera lluvia de bombas que les causarán mucho más daño que el anteriormente experimentado.
Siguen unas cuartetas que explican y declaran el desconcierto general que se producirá según vayan desarrollándose los hechos.
Un personaje de gran lustre, destinado a ser muy pronto emperador, fingirá someterse al pontífice para simular así su apoyo en el cisma que habrá tenido lugar en el seno de la Iglesia y ayudar a algunos países del Este en su lucha contra la opresión comunista. Pero luego, la rebelión de este simulador y falsario causará gravísimo daño a la Iglesia y provocará enconadas luchas entre sus seguidores.

Los rojos, que podemos identificar como fuerzas enemigas del papado y de la cristiandad, se echarán sobre Roma so pretexto de que van a restablecer el pontificado (la gran Capa), esclavo de la anarquía y sometida al cisma. Entonces el estrago, la carnicería y la venganza serán tales que prácticamente no habrá familia que no llore la muerte de alguno de sus miembros, y los rojos asesinarán a un purpurado (probablemente uno de los papas cismáticos). En esta coyuntura, desde la ciudad de Roma se transmitirá un falso mensaje para comunicar otra elección papal, también falsa. Los cristianos perderán totalmente la esperanza de ver volver al verdadero Papa y aceptarán como auténtica la versión de quienes dicen que ha muerto; se cometerá un delito en una capilla y el anti papa superviviente triunfará y coronará a su autor como jefe supremo.

«La gran estrella arderá durante siete días»: esta frase puede interpretarse en el sentido de que una nueva arma vendrá a sembrar la destrucción y la ruina entre los hombres; y de esta nueva tempestad (que bien podría ser una guerra) nacerán dos nuevos personajes de gran prestigio.
Y cuando un gran pontífice logre extender sus dominios sobre nuevos territorios, entonces los pueblos del Oriente Medio reaccionarán violentamente.

Después de la victoria de la predicación de un engañamundos, estallará otra revuelta en Alemania; dos ejércitos se unirán en uno solo y el jefe y su hijo serán asesinados, en tanto que sobre algunas regiones italianas se abatirán la violencia y el terror como represalia.







"Profecía del Holocausto nuclear"





Dicen las cuartetas sexta y séptima de la Centuria III:



En el templo cerrado el rayo penetrará,
Los ciudadanos extenuados en sus fuertes:
Caballos, bueyes, hombres la onda los, tocará
Con hambre, sed los más débiles armados.
Sobre las picas de los fugitivos fuego del cielo,
Conflicto próximo de los cuervos jugueteando,
Desde tierra se implora ayuda socorro del cielo,
Cuando junto a los muros estarán los combatientes.



Creemos que se trata de un arma tan extraordinariamente mortífera que podría pulverizar cualquier edificio por sólido que fuese (hoy construye ya el hombre refugios antiatómicos que podrían asegurarle la supervivencia en caso de ataques con armas nucleares) y la palabra «templos» puede entenderse en sentido estrictamente religioso, o en sentido metafórico. Además, el infernal mecanismo profetizado por Nostradamus podría destruir seguramente las armas de los enemigos en fuga; lo cual produciría una trágica oleada de muerte, a la que seguiría una igualmente trágica carestía: ésta será, dice el profeta, la única miserable arma que va a quedar a los más débiles que sobrevivan.

La nación de la hoz creerá haber eliminado toda resistencia contra ella, pero en realidad la satisfacción por la victoria obtenida contra todo el mundo durará poco. Precisamente cuando se crea que todo está perdido, entonces, «in extremis», las naciones de Occidente se tomarán el más completo desquite. Un sabio inventor descubrirá y pondrá a punto una novísima arma terriblé, cuyos efectos producirán indefectiblemente gran consternación y luto entre los hombres. La potencia y el radio de acción de este «dardo del cielo» serán tales que abarcarán una vastísima extensión de nuestro planeta y, por consiguiente, no habrá para los enemigos ninguna posibilidad de salvarse.

Estando reunidos los jefes para hallar un remedio y una solución para prevenir o alejar el grave eligro que les amenaza, se abatirá sore ellos la nueva arma y los destruirá. En consecuencia, las tropas, sin sus adalides y caudillos, huirán a la desbandada y el caos político y militar desbarajustará el orden anterior de la nación de la hoz. Será como si se hubiese llevado a cabo una masiva ejecución de los jerifaltes enemigos.

En fin, contra las sectas de los rojos, es decir, contra los varios gobiernos de régimen comunista, se alinearán todas las demás naciones que se esforzarán en devolver la paz y la tranquilidad al mundo tan duramente probado a través de tantas y tan terribles guerras. Después de haber barrido el mundo con un huracán de hierro y de fuego, no habrá salvación posible para los supervivientes, de forma que muchos morirán por juicios sumarísimos y cuantos maquinaron contra la verdadera libertad morirán despiadadamente, a excepción de uno escribe el gran profeta , que más que cualquier otro causará al mundo lutos, desolación y ruinas.
Esta precisión tiene caracteres de especial importancia, porque permite determinar una lógica sucesión cronológica entre las cuartetas que se refieren a futuros acontecimientos, estableciendo una fundamental distinción entre las predicciones que dicen relación con el próximo conflicto (la tercera guerra mundial, de la que hemos ya hablado) y las concretan los sucesos que señalarán el fin de los tiempos.

Este temido Anticristo, a quien se cita muchas veces en las cuartetas de Nostradamus y asimismo en predicciones de otros varios videntes que vivieron en distintas épocas, escapará al merecido castigoy saltará de nuevo a la escena del mundo sólo cuando suene la tremenda hora del fin, preludio del segundo advenimiento de Cristo sobre la Tierra.
Veamos ahora los acontecimientos que seguirán a la definitiva derrota de los «Bárbaros», reconstruyéndolos a través de algunas cuartetas que transcribimos:



Cuanto más esté el grande en falso sueño
La inquietud vendrá a tomar reposo:
Levantad falange de oro, de azul y rojo,
Subyugar África, roerla hasta los huesos.
(CENTURIA V, CUARTETA LXIX)



Selín monarca pacificador Italia,
Reinos unidos, rey cristiano del mundo,
Muriendo querrá reposar en Tierra Santa,
Después de haber barrido del mar a los piratas.
(CENTURIA IV, CUARTETA LXXVII)






"Profecía de las naciones que caerán"





Pero los dulces y tranquilos años de paz verán pronto su fin, si hemos de dar crédito a lo que se dice en la cuarteta cuarenta y seis de la Centuria II.

El primer verso dice con claridad que, después de una gran discordia entre los hombres, se aproxima otra mucho mayor todavía. Del cielo caerán bombas tan abundantes como gotas de lluvia que esparcirán mucha sangre inocente, y otra vez la Humanidad será azotada por crueles desventuras que causarán lutos, dolores y pestilencias irreprimibles, incluso por parte de la más avanzada ciencia médica. Esto acontecerá, precisa Nostradamus, cuando en el cielo, por enésima vez, aparezcan las estelas luminosas de los misiles.

Algunos comentaristas han interpretado esta cuarteta como si fuese una profecía cumplida ya en la Segunda Guerra Mundial, cuando la V1 y la V2 alemanas surcaron el cielo de Europa y sembraron, a su paso, desolación, muerte y ruina. Pero si bien no faltaron durante aquella contienda violentísimos episodios que afectaron a muchos inocentes y a muchos pueblos indefensos, es preciso tener en cuenta las palabras que se refieren al gran motor que renueva los siglos y la alusión que se hace a la epidemia, que en realidad no se declaró durante el anterior conflicto. La alusión al fin del mundo, la referencia al ciclo histórico en el que actualmente vivimos hace posible afirmar que este martirio de la Humanidad, aún no ha sucedido. Al término de la predicción, el mundo, dividido en facciones y lacerado por graves cismas, se hallará inmerso en el más negro y trágico caos.
Las mayores capitales del mundo serán destruidas.
La ciudad que se indica en la cuarteta ochenta y cuatro de la Centuria III, es, indudablemente, París, cuya destrucción ha sido también vaticinada por otros videntes, entre los cuales está San Juan Bosco, quien en una carta dirigida al entonces Papa Pío IX, dice: «El Creador se dará a conocer y visitará París tres veces con la vara de su enojo». Después de haber exhortado a los parisienses a que no desprecien sus consejos, concluye el Santo de esta manera a propósito del destino que les aguarda:



«Caerás, durante la tercera visita, en manos extranjeras y tus enemigos mirarán desde lejos cómo arden tus palacios, reducidas tus moradas a un montón de ruinas y rociadas con la sangre de tus prohombres que ya no existen...».



Como puede verse, concuerdan los vaticinios, puesto que Nostradamus afirma que la ciudad de París quedará completamente desolada y sólo podrán habitarla contados supervivientes.
Se derrumbarán los edificios y la población será exterminada con hierro y fuego y nadie se apiadará de los inermes y de los pequeños; hasta los templos serán violados por la furia demoledora que implacablemente se abatirá sobre ellos. Y quienes se libren de las armas, morirán víctimas de la epidemia que caerá sobre la desgraciada metrópoli.

Por lo que respecta a Londres, capital de la nación que poseyó en su día el más vasto de los imperios coloniales, Nostradamus predice trescientos años de dominio absoluto y de próspero comercio marítimo que disgustará a los portugueses. Éstos habrán de ceder a Albión el predominio y la supremacía de las Indias.

Y llegamos por fin a la profecía que se refiere, seguramente, a la ciudad de Nueva York, la «gran ciudad nueva» que sera atacada por un incendio que podría estar localizado en la zona de 40° de latitud. Esta súbita llama envolverá totalmente la ciudad que saltará por el aire, hecha añicos; lo cual sucederá cuando se piense someter a dura prueba a la gente del norte de Europa, probablemente los alemanes. Hoy conocida y afirmada profecía que data del 11 de Septiembre de 2001 en el cual el Atentado a las Torres Gemelas es un hecho histórico de gran pérdida humana.




También Roma, la ciudad eterna, se incluye entre las ciudades que van a ser destruidas. Leemos en la cuarteta cien de la VI Centuria:








Hija de la Aurora, asilo del malsano,
Donde hasta el cielo se ve el anfiteatro:
Prodigio visto, tu mal está muy próximo,
Serás cautiva y veces más de cuatro.



Esta profecía, en la que el vidente llama a Roma «hija de la Aurora», ciudad que levanta hacia el cielo el anfiteatro del coliseo, aconseja tener en cuenta los próximos desgraciados acontecimientos que se avecinan: la ciudad será asediada más de cuatro veces.

Para Roma, pues, el destino no es el mismo que el reservado a otras grandes ciudades: no los hombres, sino las fuerzas de la Naturaleza, darán cuenta de ella y de su perversidad que consistirá muy especialmente en haber violado las mismas leyes naturales.

Desde Sicilia, es decir, desde aquel mismo lugar donde Jasón hizo construir sus naves, vendrá un espantoso y súbito diluvio del que nadie podrá escapar. El terrible cataclismo hinchará hasta tal exceso las alborotadas aguas del mar que éstas llegarán a sumergir toda la parte meridional de la península italiana y la furia de los desatados elementos sólo se detendrá al pie de las colinas donde están los restos del teatro romano de Fiesole, en Toscana.

En este punto, la profecía de Nostradamus sobre el futuro que nos aguarda parece decir que el mal triunfará inconteniblemente sobre la tierra; por fortuna no será así porque será de escasa duración su apoteosis. Se vislumbra ya la última y definitiva lucha entre los hijos de las tinieblas, mandados por el Anticristo y los hijos de la Luz, guiados por el Mesías.





PROFECIAS DEL SIGLO XX





Guerra y Paz




Desde que terminó la primera guerra mundial hasta que estalló la segunda, o sea, desde 1917 18 hasta 1939, los principales acontecimientos que caracterizan este período (período de tanta importancia para nosotros que puede aseverarse que vivimos todavia hoy sus consecuencas) fueron descritos por Nostradamus con absoluta precisión y, a menudo, con particularidades y detalles que excluyen cualquier posibilidad de error en la interpretación de cuanto nos legó el gran vidente.

Dice la cuarteta sesenta y tres de la I Centuria:



Los azotes pasados disminuido el mundo,
Largo tiempo la paz, tierras deshabitadas,
Hermana caminará por cielo, tierra, mar y onda,
Después de nuevo las guerras suscitadas.



Cuando los azotes de la primera guerra mundial terminen, el número de habitantes del mundo habrá disminuido: tal es el significado del primer verso; y reparemos que el profeta habla de azotes en plural, por lo cual podemos pensar que se refiere no sólo a la guerra ue estalló en Europa, sino también a la revolución rusa y a la terrible y violenta epidemia que se declaró en España y se extendió por otras naciones europeas, causando entre la población incontables víctimas. En cuanto a las tierras deshabitadas, no es preciso esforzarse demasiado para entender que son las tierras que con el paso de la guerra quedaron estériles y desoladas, como fueron, por ejemplo, muchas regiones de Franca, de Rusia y de Polonia, calcinadas por completo.
En este punto especifica Nostradamus que durante el período de paz que seguirá a tanta desventura, una «hermana» irá por el cielo, tierra y onda.

A quién se refiere el apelativo «hermana» consta claramente en otra cuarteta, la cuarta de la IV Centuria:



El impotente Principe enojado, lamentos y querellas
De rapiñas y saqueos por galos y por líbicos:
Grande es por tierra, en mar infinitas velas.
Hermana Italia será echando a los célticos.



Se describe aquí, en una rápida visión, el período de la historia italiana que va aproximadamente desde 1860 a 1870, y que culminó con la ocupación de Roma, que estaba defendida por los zuavos, franceses o libios. El impotente Príncipe es Francisco II de Borbón, el «Grande» por la tierra es Napoleón III y las infinitas velas son las flotas borbónicas, francesa a inglesa, como asimismo la italiana y la austríaca, que surcaron, durante aquellos años, el Mediterráneo. «Hermana Italia» es, pues, la frase escogida para indicar que se trata de esta nación; y he aquí ue por aquel entonces Italia irá or cielo, por mar, por tierra y sore la onda, que en este caso es el éter, dominado por la prodigiosa invención de la radio.

Y luego, otra vez, las guerras que vendrán a turbar el equilibrio de Europa tan difícilmente conseguido y tan precariamente consolidado. Por otra parte, el Oriente de Europa habrá conocido, durante aquellos mismos años, una convulsión apocalíptica:



Al gran Imperio llegará otro muy distinto
Bondad distante más de felicidad:
Regido por uno salido no lejos de la plebe,
Corromper reinos gran infelicidad.
(CENTURIA VI, CUARTETA LXVII)



¿Qué otra nación fuera de Rusia estaba entonces regida por la forma imperial? Este gran imperio estará regido, pues, por un jefe bien distinto, ya por censo, ya por sangre, casi plebeyo que se comportará tan cruelmente como aquel a quien ha derribado y se seguirá de ahí una gran tragedia para todas aquellas naciones que, siguiendo las huellas de este gran imperio, se corromperán por la nueva doctrina.
Es extraordinariamente interesante proseguir el examen de las cuartetas que se refieren también a este acontecimiento:



Los dos malignos de Escorpión conjuntos,
El gran Señor asesinado dentro de la sala:
Peste a la Iglesia por el nuevo Rey agregado,
La Europa baja y la septentrional.
(CENTURIA I, CUARTETA LII)



Recordemos la historia: el 15 de marzo de 1917 abdicaba el Zar Nicolás II y luego era detenido y deportado con toda su familia a Ekaterinenburg, en Siberia; allí fue asesinado el 16 de julio de 1918, en la sala del pabellón, corriendo también la misma suerte todos sus allegados.
Ahora bien, la cuarteta dice que el asesinato se cometerá bajo la enseña de los dos malignos unidos por Escorpión, es decir, de Saturno y de Marte, cuyos símbolos son la hoz y el martillo, enlazados para formar la figura de Escorpión que, a su vez, simboliza el error que emponzoña a los pueblos con doctrina y métodos insidiosos y fraudulentos.
La cuarteta añade, además, que esto acarreará igualmente a la Iglesia grave daño y en especial el nuevo cabecilla que cambiará la faz de Rusia; sus acólitos perseguirán a la religión en la Europa meridional y septentrional, como realmente ocurrió en todo el territorio ruso, en no pocos países situados al otro lado del telón de acero y, durante el tiempo de la guerra civil, en España.
El cuadro de la revolución rusa se completa con los versos de la cuarteta cincuenta y nueve de la III Centuria, que dice:



Bárbaro imperio por el tercero usurpado
La mayor parte de su sangre condenar a muerte,
Por muerte senil, por él, el cuarto atacado,
Por temor de que sangre por otra sangre sea muerta.



Si a primera vista parece algo confuso el sentido, es suficiente etenernos brevemente en cada una de las palabras para desentrañar su significado. El gran imperio, después de la usurpación del tercer estado, o sea, la burguesía, es llamado bárbaro, porque, efectivamente, a los dirigentes de la época zarista les sucedió una clase de baja y mediana burguesía que dio en seguida pruebas de crueldad y de barbarie, llevando a cabo muchas sangrientas depuraciones en el seno de sus propios adeptos; por lo cual, transponiendo la frase, conseguiríamos una mayor coherencia de cuanto se dice. La interpretación podría ser ésta: el tercer estado condenará a muerte a una buena parte de los de su propia sangre; y a muchos de los del cuarto estado, es decir, obreros, campesinos y desheredados de la fortuna, serán por él perseguidos y condenados mediante muerte senil (que es el hambre), indigencia y trabajos forzados, y ello por temor de que la sangre derramada se vuelva contra ellos y provoque otra sangre, o dicho con otras palabras más claras, para que no estalle una reacción y una abierta rebelión contra los jerifaltes que tanta sangre derramaron ya con el fin de reafirmar el nuevo régimen ruso.

Los principales acontecimientos de nuestro siglo son claramente mencionados en los versos del vidente. Veámoslo:

La cuarteta cincuenta y cuatro de la Centuria dice con claridad que a la plaga de dos revoluciones seguirá la explosión nacional socialista de la Alemania hitleriana. Leemos a este propósito:



Dos revoluciones hechas por el malvado hocero,
De reino y siglos hace mutación,
El móvil signo en su lugar se insiere,
A los dos iguales y de inclinación.





Cuando el malvado hocero, es decir Saturno, que es símbolo de la perversidad y se identifica con la hoz, habrá llevado a cabo dos revoluciones, la francesa y la rusa, cambiarán, como consecuencia, tiempos y naciones. Aparecerá entonces otro partido revolucionario cuyo símbolo será la señal movible (la cruz gamada) y, sustituyendo al comunista, será semejante a él en sus objetivos y en sus métodos: la opresión y la muerte para cuantos a él se opongan.

La cuarteta cuarenta y siete de la I Centuria se refiere a la Sociedad de las Naciones. Dice:



Del lago Leman los discursos enojarán
Los días serán reducidos a semanas,
Luego meses, luego años, luego todos desfallecerán,
Los Magistrados serán condenados por leyes vanas.



La cuarteta es un juicio nada halagüeño y más bien severo de la labor llevada a cabo por los ministros reunidos en Ginebra, como representantes de las naciones del mundo: los discursos que se pronunciarán a orillas del lago Leman, dice, cansarán a todos y serán causa de desunión y de fastidio; los días serán como semanas, después como meses, como años; todos abandonarán la lucha y al final las propias leyes que, por falta de un espíritu superior, se convertirán en letra muerta, condenarán a los mismos magistrados que las elaboraron.

La cuarteta sexta de la V Centuria es una clara referencia a la proclamación de Víctor Manuel III como emperador:



Al Rey augur la mano imponer sobre el jefe,
Vendrá a rogar por la paz itálica:
A la mano izquierda cambiará el cetro,
De Rey llegará a ser Emperador pacífico.



Es asimismo muy importante el anuncio en la cuarteta ochenta y nueve de la II Centuria, de dos personajes destinados a gobernar Europa totalitariamente. La transcribimos para nuestros lectores:



Un día se repartirán el mundo los dos grandes maestros,
Su gran poder se verá aumentado:
La tierra nueva estará en sus poderosas, manos,
Los días del sanguinario están contados.



Dos grandes maestros subirán al poder del Estado, es decir, serán coronados de autoridad, como se hace con una pieza en el juego de damas; su influencia política aumentará considerablemente.
Es clara la alusión a Hitler y Mussolini, maestros de escuela ambos mientras que la Tierra Nueva, América del Norte, alarmada ante el predominio de los dos jefes sobre el resto de Europa y de la peligrosa extensión de sus doctrinas, vigilarán el número siempre creciente de sus adeptos y seguidores.

Sigamos viendo el desarrollo de los sucesos bélicos de los años 1941 1945, a través de una serie de cuartetas que vaticinan los principales hechos (Centuria III, cuarteta LXXI; Centuria II, cuarteta V; Centuria IV, cuarteta LXVIII).

Algunos versos no necesitan explicación por su claridad. Cuando los habitantes de las islas, después de un largo asedio, hayan recobrado fuerza y vigor, los sitiadores de fuera serán derrotados, y sufrirán de nuevo y más que nunca.

En cuanto a las tentativas de negociar la paz, recordemos que en mayo de 1941 Rudolf Hess, enviado especial de Hitler, partió en avión para Inglaterra con el encargo de entablar negociaciones de Paz y lograr posiblemente una alianza contra la Rusia Soviética. Con el mismo fin, parece que también había comunicación apistolar secreta entre diplomáticos italianos y japoneses con los aliados; tentativas que no dieron resultado positivo, por lo cual, como dice el vidente, «muchos desearán parlamentar con los grandes señores que llevaron la guerra a sus hogares, pero nadie absolutamente querrá oírlos. ¡Ay, si Dios no envía paz a la Tierra!». En esta exclamación parece encerrarse todo el horror de quien, con cuatro siglos de antelación sobre la realidad de los hechos, veía la espantosa carnicería que iba a seguir a estos vanos esfuerzos de paz entre los hombres.

El dolor por las desventuras que van a caer sobre la humanidad es nuevamente vaticinado por los versos en los que Nostradamus dice que nunca se vio una tal alianza y amistad entre lobos que correrán famélicos a arremeter y despedazar la codiciada presa.
Y hace una clara alusión aquí a la guerra que se endurecerá más y más, empleando armas especiales y nuevos inventos cada vez más perfectos para lograr la victoria sobre Ios respecuvos adversarios. En pleno siglo XVI era de todo punto imposible imaginar un «pez de hierro»; frase en la que podemos ver una imagen de los submarinos, cuya torrecilla se abrey se cierra como se abría en la época de Nostradamus una carta cerrada con un sello lacre.

En el año en que los habitantes de Saturno (o sea, las naciones más ricas), y los de Marte (que podemos identificar con las naciones belicistas) se habrán enzarzado en una terrible guerra y estará el mundo encendido en furia devastadora, el aire estará entonces seco (y de hecho el verano de 1944 fue particularmente duro para los pueblos envueltos en la contienda) y se emplearán fuegos secretos, es decir, armas desconocidas, a propulsión especial, que describirán una larga trayectoria y provocarán incendios, especialmente en una gran ciudad. Vemos en todo ello el devastador incendio de Londres, provocado por los alemanes con sus famosas V1 y V2, las terribles armas que destruyeron la capital inglesa, dando lugar a grandes torbellinos y desplazamientos de aire (viento) a incendios (calor).


Un año después, en 1945, un año más distante todavía de Venus que significa más alejado del bienestar y del amor entre los pueblos los dos grandes de África y de Asia que no pueden ser otros que Inglaterra (que poseía grandes colonias en África) y Rusia, invadirán todos los territorios comprendidos entre el Rhin y el Danubio, como asimismo las tierras comprendidas entre Malta y la Liguria. Las gentes, al principio, aplaudirán y enaltecerán la hazaña, pero luego habrá dolores, lutos y lágrimas, primero en Malta y después en toda Italia.
Además, el jefe supremo de los sitiados (la suerte se ha trocado y la situación, cada día peor, ha convertido a los sitiadores en sitiados) es el dictador alemán; y contra él y su loco proyecto de lucha a ultranza se ha tramado una conjuración que, sin llegar a conseguir plenamente su objetivo, ha sembrado el pánico entre los altos mandos alemanes, fieles al Führer.

Finalmente, el cuadro conclusivo de la retirada germánica en Francia: las fuerzas anglo americanas, después de haber desembarcado en las costas francesas y de haber ocupado la famosa empalizada atlántica y toda la Bretaña, se dividieron en tres columnas y se dirigieron hacia el corazón de Francia, hacia las fronteras de Bélgica y de Alemania y hacia Italia.

Al mismo tiempo, otras tropas desembarcaban en Marsella con el claro objetivo de encerrar entre dos fuegos a las fuerzas alemanas, completamente dislocadas, y deshechas en el Sur de Francia. Los alemanes abandonaron Marsella (y a los soldados germanos les sustituyeron inmediatamente los aliados) y se dirigieron a marchas forzadas, en precipitada fuga, hacia Lyon, donde se encontraron con los ejércitos que procedían del Norte (Bordelés y Alto Garona).

En esta trágica retirada, ciudades como Toulouse y Narbona sufrieron gravísimas pérdidas, y los mismos alemanes perdieron, entre muertos y prisioneros, casi un millón de hombres.
Siguen otras cuartetas de extraordinaria importancia, porque contienen la descripción de los hechos que determinaron la caída del fascismo, la lucha de los partisanos y los sucesos que acontecieron después.

En esta época a situación de la guerra en Italia era tal como la describe Nostradamus: desembarcos de los aliados en Sicilia que habían determinado la fuga y el abandono de las zonas costeras de la isla por parte de la población para dirigirse al interior y hacia el continente; desembarcos en Córcega, Cerdeña, Napoles y Salerno con ocupación de toda la Italia meridional, en tanto que la población huía en gran parte hacia el norte; gran carestía de alimentos y hambre en todas estas localidades, agravada por una epidemia de tifus (peste) y por las inevitables tragedias ue siguen a una ocupación por parte qe una fuerza bárbara (no olvidemos que con los ingleses y americanos había también marroquíes y tropas de color), sin olvidar os efectos derivados de la falta de higiene.

Un nieto ocupará el trono por la decisión de dos cosas bastardas; será él quien doble la enseña del fascio lictorio a causa de las envenenadas saetas disparadas contra el mismo fascio. Éstos son, en resumen, los acontecimientos que determinaron la caída del gobierno de Mussolini el 25 de julio de 1943. En cuanto al nieto, Víctor Manuel III, que subió al trono en 1900 cuando el anarquista Bresci (de origen desconocido) mató a Humberto I, a él, dice Nostradamus, corresponderá la misión de derribar al fascismo. Seguiría aquí, seguramente, la cuarteta ochenta y tres de la VII Centuria, de la que hablan muchos intérpretes y comentaristas, pero se ha perdido el texto original.

Decía que en una noche de aire cálido, en Consejo, sería atacado sin armas; y que habría, algún tiempo después, otras lágrimas y otros lamentos, al trocarse el epitalamio.
Y pasemos ya a los últimos días de la guerra en Italia.
La descripción de los hechos empieza en la Centuria VIII, cuarteta sesenta y cuatro:




En las islas los niños serán transportados,
Los dos de siete caerán en desesperación:
Los del continente serán soportados,
Nombre de pala, conquistados por las ligas abandonada toda esperanza.



Se recordará muy bien que cuando comenzaron sobre Inglaterra los bombardeos masivos con las nuevas armas germanas (que tenían como objetivo especial Londres y las regiones meridionales de la isla), se deadió poner a salvo al mayor número posible de niños.

Los dos de los siete no son otros que Alemania y Japón, habida cuenta de que las naciones beligerantes en aquel entonces eran exactamente siete: Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Rusia a Italia. Ésta se había pasado ya de campo y su nueva posición no le hacía temer grandes peligros; mientras tanto, sus antiguos aliados continuaban sufriendo los asaltos de la coalición. Los del continente son los alemanes, mientras que con «nombre de pala» el vidente pretende significar Ancona. La conquista de esta ciudad or parte de los anglo americanos al principio del año 1945 significó el principio de la derrota germánica, primero en Italia y luego en el resto de Europa, sin nin una esperanza de reacción por parte de los alemanes (Centuria VII, cuarteta XXVII).

Si añadimos a esta cuarteta otras dos, tendremos completo el cuadro de la marcha de las operaciones aliadas en Italia, durante el período 1944 1945 (Centuria II, cuarteta XVI y Centuria V, cuarteta XCIX).
Mientras que la ocupación de las islas y de la Italia meridional había tenido lugar con cierta facilidad y rapidez, la invasión de las demás regiones de la península había sido mucho más lenta; los aliados emplearon para completarla dieciocho meses.

Así, Nostradamus dice que la gran masa de la caballería, es decir, las tropas acorazadas, de los auto vehículos y de las fuerzas aéreas que procedentes de Sicilia habían llegado en muy breve tiempo hasta Vasto en los Abruzzos, tendrán que esforzarse mucho y fatigarse para alcanzar Ferrara, como si se viesen impedidos or una enorme cantidad de bagaje (y por bagaje puede asimismo entenderse, además de los muchos obstáculos interpuestos por la metódica y lenta retirada de los alemanes, el triste peso de las incontables pérdidas humanas). Pero llegado el ejército anglo americano a las proximidades de Ferrara, desaparecerán los obstáculos y podrán extenderse fácilmente por toda la Italia septentrional. Entonces, en aquella coyuntura, se celebrarán grandes fiestas en Turín por la inminente llegada de los libertadores. Y aquellos mismos que festejarán el acontecimiento darán caza a sus enemigos (alemanes y soldados de la República de Saló) y sacarán de la cárcel de la ciudad a los rehenes, que los mismos habían capturado, para fusilarlos.

Los ejércitos aliados, de los que formaban parte tropas de diversas nacionalidades, ocuparán Italia, y la liberación de este país será acogida con grandes festejos, a pesar de la espantosa hecatombe de vidas humanas que habrá costado.

Lombardía, Piamonte, Véneto, Emilia y Pulla (las ciudades ocupan aquí, en esta cuarteta, el lugar de las regiones) se contarán entre las más devastadas y destruidas por gentes célticas, es decir, por soldados ingleses y sus aliados de habla inglesa, y por una falange aguilada, es decir, por un ejército que tendrá un águila como especial símbolo distintivo (los germánicos tenían precisamente un águila como distintivo).

Todo esto acontecerá, dice el vidente, cuando Italia (significada por Roma, su capital) esté bajo la autoridad y el control de un anaano jefe británico, que podemos identificar con el almirante Stone, el cual dominó la situación hasta el final de la ocupación de Italia por los aliados.
Los hechos, también en este punto, confirman lo que predijo Nostradamus: el Rey de Italia perdería, a causa de la guerra, su corona y sus partidarios serían perseguidos y muertos cruelmente en los dolorosos sucesos de aquellos trágicos días.

Por tanto, los diferentes acontecimientos que jalonaron las dos guerras mundiales fueron predichos por Nostradamus con escalofriante exactitud.




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