Orígenes de la violencia armada en Argentina
La historia del Movimiento Tacuara es revisada en una investigación que repasa las luchas políticas de los años 60 y 70
Una investigación sobre el Movimiento Nacional Tacuara, abordada por el periodista Daniel Gutman, indaga en el accionar de este grupo configurado a finales de la década del 50 que va generando en su interior fuerzas contrapuestas -desde la derecha a la izquierda- "en un proceso anticipatorio en diez años de la violencia armada que se iba a vivir en la Argentina".
El autor de "Tacuara" reconstruye la historia del grupo a partir de entrevistas a personajes que tuvieron un rol protagónico en ese entonces, a datos obtenidos en expedientes judiciales que se derivan del asalto al Policlínico Bancario -la primera acción armada encaminada a recaudar fondos para la lucha armada- y el registro de colecciones de diarios y revistas de la época.
-¿Cómo te vinculaste con el tema?
-Me atrajo básicamente haber leído, como una cosa apenas mencionada, que Tacuara era el lugar donde habían militado desde gente muy importante de los grupos guerrilleros, de Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) hasta sectores de la derecha peronista e incluso agentes de inteligencia del Batallón 601.
-¿Cómo era Tacuara en sus comienzos?
-A finales de los 50 se forma una organización muy homogénea, sobre todo integrada por hijos de familias muy tradicionales de la Argentina, que vienen de la línea del nacionalismo de la época de (José Felix) Uriburu. Pero con la incorporación de cientos de miles de jóvenes, ya no de familias patricias, Tacuara se convierte en una expresión de rebeldía contra el sistema. El grupo deja de ser lo que era, se atomiza y se transforma.
-¿Cuáles son los motivos que explican este pasaje?
-Una de las cosas es que lo que vivió la Argentina desde 1955 hasta bien entrados los años 70: el intento de construir una democracia sin el peronismo, lo que degeneró y envenenó toda la política y empujó a la radicalización a millones de personas.
Era algo que se tomaba como normal en aquel momento pero era una locura total construir una democracia sin las mayorías. Así se deslegitimó la democracia. El que más hablaba de democracia era (Pedro Eugenio) Aramburu, cuando nadie lo había elegido y estaba marginado el movimiento más popular. Así nos fue. Eso costó muchos años y muchas vidas.
También tuvo que ver lo que en ese entonces pasaba en el mundo: la revolución cubana, Argelia, la locura de la guerra fría, donde los militares y los conservadores en la Argentina veían comunistas en todos lados. Su obsesión era frenar el peronismo y frenar la transición al marxismo de muchos peronistas.
-¿Cuándo se percibe la división adentro de Tacuara?
-Con la proscripción del peronismo, un proceso liderado por John William Cooke y al cual se sumaron muchos integrantes de Tacuara, de los que participaron en el asalto del Policlínico Bancario (el 29 de agosto de 1963). Un tiempo en que aparecen figuras como Gustavo Rearte, Andrés Framini, la gente que se nuclea alrededor de la revista Compañero.
Al producirse la división, ese grupo decide seguir llamándose Tacuara aunque agrega el adjetivo revolucionario. Ahora, un tema que todavía queda abierto y la investigación no lo cierra es saber cómo en el primer grupo guerrillero urbano argentino, un grupo cuyos principios básicos fueron el antisemitismo, surge la admiración a la Falange española.
-Sobre este tema, vos hacés hincapié en las declaraciones de José Luis Nell, lo que figura en los expedientes judiciales.
-Cuando declara en la causa del Policlínico Bancario, Nell habla sobre la historia de Tacuara. Le preguntan que fue lo que pasó para pasar del fascismo a esa cosa revolucionaria marxista. Pero él hace hincapié en las diferencias de métodos. Había un grupo que creía que había que tomar las armas ya, influido por la teoría maoísta de que la chispa puede incendiar la pradera. Nell dice que se separan porque quieren tomar las armas y no porque crean que hay un problema ideológico. Siguen reivindicando un montón de valores de Tacuara: el nacionalismo, el rosismo, una actitud que tiene que ver con lo que representaba la izquierda... Para muchos jóvenes era una opción más válida Tacuara que el socialismo o el comunismo.
-¿Qué otra figura te parece importante en la historia de Tacuara?
-Joe Baxter me parece un personaje central, que simboliza todo ese proceso. De adolescente fue un admirador de los nazis y en el libro yo incluyo un poema donde reivindica los colaboracionistas nazis de todas las partes del mundo. Algo bastante grotesco. Y con esta cosa muy fuerte del antisistema.
La negación de la democracia creo que tenía que ver con esto del lugar que se le asignaba en aquella época, completamente distinto al que se le da hoy. Y un poco esa cosa de rebeldía, de luchar contra ese orden del mundo impuesto en la Segunda Guerra Mundial, eso era lo que originaba su dirección hacia los nazis.
Después Baxter va evolucionando y se convierte en uno de los fundadores del ERP, un fanático del marxismo leninismo que acusa a (Mario) Santucho de burócrata, de derechista, que pasó por China, por Vietnam, que vivió en el Chile de (Salvador) Allende. Creía que la vía del socialismo por los votos y por la democracia no era válida, que lo único legítimo era la revolución. Me parece un personaje que sintetiza las ideas de esa época.
-Vos afirmás que el proceso seguido por Tacuara anticipa en diez años la violencia que se iba a vivir en la Argentina.
-De un lado tenemos un grupo que hace el asalto al Policlínico Bancario, que es una operación que si la viéramos en los años 70 sería de lo más común para recaudar dinero y financiar una guerrilla. Por otro lado tenemos el grupo que afirma su identidad anticomunista, elige a un joven de 32 años, judío y comunista (Raúl Alterman), y lo mata en la puerta de su casa. Eso en los años 70 también sería común de parte de los grupos de ultraderecha como la Triple A, pero cuando lo hace Tacuara resulta novedoso.
Muchos de los que se enfrentaron en los años 70 estuvieron juntos en los 60, en un proceso de radicalización que parte de una Argentina y un mundo muy distinto al de hoy.
Una rosa roja en un casquillo de obús chino disparado en Vietnam
"Fue en 1964. Yo era un gurí de 14 años cuando unos muchachos argentinos se alojaron en la casa de mi mamá, en Montevideo. Después me enteré que andaban prófugos de la policía. Eran militantes del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara y habían asaltado un banco en Buenos Aires. Entre ellos se encontraba Joe Baxter, a quien traté casi hasta el último día de su vida".
Quien así habla se llama Alberto Pérez Iriarte y es un uruguayo de 55 años naturalizado suizo. Desde 1978 vive en Ginebra, donde es vicepresidente del Partido Socialista local y edil (consejero municipal) por la comuna de Lancy, en el cantón de Ginebra.
El 11 de julio de 2003 se cumplieron tres décadas de la muerte de José Baxter en un accidente aéreo en el aeropuerto francés de Orly. Los recuerdos de adolescencia y juventud de Pérez Iriarte trazan un retrato de ese argentino polémico con un itinerario político también polémico: se inició en el nacionalismo católico, se convirtió al peronismo combativo, pasó al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y terminó en la Fracción Roja, perteneciente a la Cuarta Internacional (trotskista).
Entre su fuga de Argentina luego del atraco al Policlínico Bancario en agosto de 1963 –la primera acción de guerrilla urbana en Argentina– y sus últimos días, José Baxter se entrevistó en España con el ex presidente Juan Domingo Perón, en Egipto con el mandatario Gamal Abdel Nasser y en Argelia con el estadista Ben Bella. En Madrid tuvo un breve amorío con la actriz norteamericana Ava Gardner. También se entrenó militarmente en Cuba y en China, participó de un combate en Vietnam –donde fue condecorado por Ho Chi Minh– y vivió exiliado en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular encabezada por Salvador Allende. En esos diez años de vivir en la cuerda floja, usó tres o cuatro identidades diferentes.
Para muchos, Baxter fue un "aventurero" o –para expresarlo de modo rioplatense– un "chanta". Algunos dicen, sin aportar pruebas, que era "agente de algún servicio de inteligencia". Pérez Iriarte, en cambio, tiene otra imagen de este hombre que pareció encarnar la consigna "vivere pericolosamente", expresada por Nietzche y retomada por Benito Mussolini: "Contra lo que opinan muchos, para mí el gordo sigue siendo un personaje legendario, casi como Lawrence de Arabia o André Malraux".
Pérez Iriarte usa lentes de aro redondo, exhibe bigotes "a la francesa" con las puntas hacia arriba, tiene aspecto bonachón y parece un próspero petit burgueois parisino del siglo XIX. Pero las apariencias, como se verá más adelante, engañan. En su juventud, recibió entrenamiento guerrillero para unirse a las fuerzas del "Che" Guevara. El representante socialdemócrata utiliza bastón, a causa de una leve renguera: en 1969, cuando tenía 21 años, la policía uruguaya le pegó un balazo en una pierna. Y en los años siguientes logró esquivar muchos tiros más.
A continuación, el testimonio de Pérez Iriarte (se eliminaron las preguntas para dar continuidad al relato):
Dos balazos en la puerta de calle
"Mi madre, que era viuda con dos hijos, tenía una gran amiga argentina, Elvira Campos, la esposa de Alberto Campos, el representante de Perón en Uruguay. Campos viajaba casi todos los meses a ver a Perón en Madrid, donde estaba exiliado, y a Ginebra, porque allí estaban las fuentes financieras de la Resistencia Peronista. En aquella época residían en Montevideo muchos perseguidos peronistas, políticos y sindicalistas.
"Mamá alquilaba una o dos habitaciones de nuestra casa, a veces por solidaridad y otras directamente por complicidad. Es decir, sin declarar que tenía "huéspedes". La policía llevaba un control diario, llamado "Formulario de población flotante", para los archivos del servicio de migraciones. Los hoteles y casas de pensión debían llenar ese formulario una vez registrados los turistas.
"Mi abuela materna, que era italiana, tenía una casa grande y también rentaba habitaciones. La mayoría de los cuartos se alquilaba a los peronistas asilados. Esa casa, en la calle Río Branco 1394, había sido de Baltasar Brum en su época de presidente del Uruguay. Cuando Gabriel Terra dio el golpe de Estado de 1933, fue ahí a pedir la rendición de Brum, con la casa rodeada desde la Avenida 18 de Julio hasta la calle Colonia por policías, bomberos y periodistas. Brum, que era un gran demócrata, colorado y francmasón, salió con dos pistolas y se suicidó en la puerta de calle delante de todo el mundo.
"Nosotros vivimos en la Rambla República del Perú, a 50 metros del Rambla Hotel. Luego nos mudamos a la otra punta de Pocitos, a 26 de Marzo y Buxareo. Y fue entonces cuando empezaron a llegar "los porteños". Venían Héctor "Pajarito" Villalón; Fernando Torres, el abogado de la CGT; el salteño "Chango" Mena, un guerrillero "uturunco"; el sindicalista textil Andrés Framini, todos amigos de Alberto Campos. Unos paraban en la casa de mi abuela y otros en la de mamá.
"Hasta que un día, Campos y el "Chango" Mena, tuvieron una conversación con mi madre. Esa noche, ella nos habló a mi hermana y a mí, y nos dijo que iban a venir unos argentinos, pero que no debíamos hacerles preguntas. El asunto nos intrigó mucho, pero entendimos. Ya estábamos con mi hermana empezando a militar en la Asociación de Estudiantes del Liceo Joaquín Suárez, de Pocitos. Y yo había ocupado el Liceo en la primera lucha por el boleto estudiantil en los transportes.
En esa época fui cofundador de la Federación de Estudiantes de Secundaria de Montevideo, que luego se convirtió en la CESU (Confederación de Estudiantes de Secundaria del Uruguay).
Los muchachos peronistas
"Los primeros muchachos argentinos que llegaron a casa fueron cuatro. Recién muchos años después supe sus verdaderos nombres. Pero hoy que ya es de conocimiento público y varios libros los han citado, puedo decirlo: se trataba de Carlos Arbelos, Jorge Cataldo, Alfredo Roca y Rubén Rodríguez. Nos ayudaban a preparar los exámenes para el liceo y salían a caminar de noche conmigo y mis amigos por la Rambla de Pocitos. Pero no hablábamos de política.
"En aquellos días de 1964, mi madre y Elvira Campos tenían conversaciones con otras mujeres amigas. Así fue que, de confidencia en confidencia, llegó a mis oídos que los muchachos que estaban en casa semi "enterrados" eran "revolucionarios". ¡Habían asaltado un banco para juntar dinero! También supe que había algunos "peronistas de izquierda" en lo de mi abuela. A veces los veía en algún café de Pocitos conversando con otros que yo no conocía.
"Después llegó Joe Baxter y más tarde José Luis Nell. Y comenzó a haber un cierto movimiento de los muchachos entre la casa de mi abuela y la mía.
"También había otros peronistas exiliados que vivían en apartamentos de la calle Chucarro y la calle Charrúa. Se reunían en un lugar llamado el Boliche del Cahamadoira, donde almorzaban a mediodía. Luego Alberto Campos pasaba a fin de mes y pagaba la comida de todos. También había una parrillada argentina detrás del Parque Rodó, donde se hacían asados y se cantaba la Marcha Peronista. Nos invitaban a esas reuniones y a veces la homenajeaban o le agradecían a mi vieja al final de la cena. La querían mucho a doña Gladys, que en aquella época tenía 40 años.
"Pero estos argentinos no eran como los que estaban escondidos en casa. La de 26 de Marzo y Buxareo era una casa "de confianza", a la que venían los ilegales, los clandestinos, los que tenían documentos "yutos". Los muchachos que estaban en casa eran "diferentes". Eran del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara. La imagen de Tacuara en Uruguay era la de la primera Tacuara, un grupo nacionalista católico con algunos rasgos antisemitas.
"En Uruguay, como en Argentina, el nombre de Tacuara está asociado hasta hoy erróneamente al conservadurismo católico más que a la de izquierda revolucionaria. En Montevideo no se sabia que había distintas tendencias. El sector de Alfredo Ossorio era el ala más próxima a la tendencia impulsada por Joe Baxter, pero la que entró en la historia política fue la Tacuara "nacionalista de izquierda" fundada por Joe Baxter, José Luis Nell, Jorge Caffatti, Carlos Arbelos y otros. Cuando el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT) se desarticuló, sus militantes fueron cofundadores de la gran mayoría de las nuevas organizaciones revolucionarias de Argentina y de Uruguay.
Un "hermano mayor"
"Joe Baxter llega a mi casa el Primero de Mayo de 1964, día de paro general festivo y día en que se comen tortelines en casa. Lo recuerdo como si fuera hoy. Los muchachos nos presentan a "Salvador Ballesteros". Pero el ambiente está muy tenso. Yo intuyo que se trata del jefe del grupo. Tiempo más tarde supe que había estado escondido en las islas del Paraná o del Río Uruguay.
"Es un tipo grande, con un gran bigote, pecoso. Tiene una conversación rápida, graciosa, con ironías porteñas. Es amable y muy respetuoso. Nada se escapa a su mirada. Yo quedo muy impresionado con ese personaje que tiene bajo el brazo "Times" y "Le Monde Diplomatique". Al otro día se va para la casa de mi abuela. Luego lo veo allí. Después comienza a venir seguido a la casa de Pocitos. Me pide que vaya hasta el semanario "Marcha" y retire un ejemplar que está a nombre de "Ballesteros". Yo voy, y ese gesto se convierte en un rito que repetiré durante meses. Me envía al diario "Época", llevo sobres y paquetes, traigo periódicos y libros. Una tarde me invita a tomar un café en el bar Bahía, en la rambla de Pocitos. Hablamos de mi situación estudiantil y familiar.
"Un día, los muchachos de Tacuara se van de casa y Joe viene a instalarse. Como mi madre había alquilado una habitación a otro argentino, comparto con Joe mi habitación. Charlamos mucho y jugamos al ajedrez. Un día le cuento que tengo una presentación sobre Grecia en mi curso de historia. Me dice: "Yo te ayudo". Le cuento que el profe es reaccionario, hijo o nieto de Zorrilla de San Martín. Joe me dice: "OK, Atenas contra Esparta". Y me ayuda a armar una exposición oral genial sobre Esparta y sobre los esclavos en la "democracia" ateniense.
"Otro día me dice quién es, me habla de su juventud y su familia, de la lucha continental. Yo siento que he ganado un hermano mayor. Más tarde, su familia y la mía se hacen amigas. Mi madre ayuda a su madre a venir a Montevideo. Mary, su hermana es mi amiga y un poco, también, como una hermana más. "Ñata", su mamá, me adora. Yo viajo a Buenos Aires, me hospedo en su casa y duermo en la habitación de Joe. Y leo los artículos de los diarios, guardados por la familia Baxter, sobre el gordo. Veo las fotos en las revistas, leo sus discursos y declaraciones a la prensa.
"Traigo cosas de Argentina para Joe. Luego él viaja a Europa y lo acompaño al aeropuerto de Carrasco. Me deja varios encargos, paquetes para entregar en Montevideo. Y dos transmisores de radio. También debo esconder en casa un sobre con documentos. Abro uno, que dice: "Comando estratégico de Fronteras - Movimiento Revolucionario Peronista".
"Joe regresa de su viaje y me cuenta: fue a ver a Perón a Madrid, Nasser lo invitó a El Cairo, estuvo en Argelia con Ben Bella. En España, tuvo un amorío pasajero con la actriz Ava Gardner. Ahora debe reunirse en Punta Carretas con el ex presidente del Brasil, Joao Goulart, exiliado, en Montevideo. Yo voy con Joe, para dar cobertura en ese encuentro. Son la ocho de la mañana de un día frío y ventoso. Un VW escarabajo, blanco, está estacionado en el extremo de Punta Carretas. Baja un tipo, cebando mate con un termo bajo el brazo. Joe me presenta y le habla de mí con elogios. Luego me voy, con la consigna de recorrer el perímetro y advertir si hay gente con aspecto de "tiras".
"Luego Joe y los muchachos se van de Uruguay. Tiempo después supe estuvieron recibiendo entrenamiento militar en China. Unos meses después, regresan y vuelven a irse, menos Joe y Rubén. Pero Joe viaja mucho y nunca me dice a dónde. Un día, me trae un regalo: es la cápsula vacía de un proyectil de mortero chino disparado en Vietnam. Años más tarde, en Cuba, me enteraré que estuvo en Vietnam, que entró disfrazado de militar al Club de Oficiales del ejército norteamericano en Saigón, que participó del copamiento de ese lugar durante la ofensiva del Thet y que Ho Chi Minh le entregó una medalla por su valor.
"En esa época, también vienen a casa muchos uruguayos, que –luego supe– fueron fundadores de Tupamaros. Y también vienen de la Federación Anarquista Uruguaya, del Partido Socialista y del Movimiento Revolucionario Oriental.
Bautismo de fuego
"En septiembre de 1964 participé en la gran manifestación contra la decisión del gobierno uruguayo de romper relaciones con Cuba. Fue una tremenda refriega con la policía, desde el Palacio Estévez hasta la Universidad. Yo ya había participado en enfrentamientos con la policía, cuando las protestas contra el golpe de estado de ese año en Brasil, pero esta vez fue muy dura. Ocupamos la Universidad y durante tres días quedamos "sitiados" y fuimos violentamente reprimidos por los coraceros y los granaderos.
"Ese fue mi "bautismo de fuego". Desde la Universidad llamo por teléfono a Joe. Me pide que le describa la situación adentro y le cuento la dificultad que teníamos para aguantar el control de la puerta principal, donde los compañeros "anarcos" de Bellas Artes peleaban duramente. Entonces Joe me empieza a dar una serie de consejos, que van a cambiar el cauce de la refriega por el control de la entrada y por alejar a los milicos del cerco. Me dice que utilicemos el plomo de los cables de teléfonos como perdigones para las ondas de horqueta y los tubos de luz fría como proyectiles desde las azoteas, para que el vidrio lastime a los coraceros. También me indica que busque en el depósito de limpieza productos químicos para fabricar una receta sustitutiva a la del cóctel Molotov.
"Comunico todo esto a Marcelino Guerra y Jorge Errandonea, de Bellas Artes. Y montamos nuevos grupos en los techos y en la puerta principal. "El Cabeza" Ramírez dirige a nuestros arqueros de hondas, con munición de plomo en lugar de piedras y logran desalojar a los coraceros de la entrada. A la segunda noche, los menores de edad –que éramos siete– somos evacuados y fichados por la policía, acompañados por nuestras madres. Al tercer día, luego de una negociación entre la Federación de Estudiantes Universitarios y el ministro Tejera, se levanta el cerco y 300 estudiantes pueden abandonar la Universidad sin ser identificados.
"Así era la amistad con Joe. Muchas veces fui el hermano menor, que lo escuchaba. Luego vinieron otras grandes manifestaciones, con choques con la policía, como las protestas estudiantiles de 1965 contra la intervención norteamericana en Santo Domingo y las de solidaridad con Vietnam. Joe me aconsejaba como moverme adentro de las manifestaciones: ir bien vestido y con otro saco o impermeable en el brazo, para cambiar de aspecto una vez terminada la bronca.
"A ese señor no lo conozco"
"También íbamos mucho al cine. Recuerdo que vimos juntos "Lawrence de Arabia", "El Cid" y "Doctor Zhivago". Éramos muy compinches.
"La ultima vez que estuve con Joe en Uruguay, fue en mi casa el 23 de diciembre de 1966, al otro día de la muerte de Carlos Flores en un tiroteo con la policía. Fue el primer tupamaro muerto en combate. Joe cambió en nuestra última conversación en Montevideo. De manera solemne, pensando que ya no nos volveríamos a ver más, me anunció que los tiempos habían cambiado y que empezaba la lucha frontal con el imperialismo. Y se fue. Ninguno de los dos lo sabía, pero volveríamos a reencontrarnos en Cuba, en 1968, y en Chile, de 1972 al 73.
"Al día siguiente, 24 de diciembre, fuimos presos mamá, mi hermana y yo. El diariero de la esquina nos denunció a la policía porque había reconocido las fotos de Joe y los muchachos de Tacuara, además de Raúl Sendic, Jorge Manera Lluveras y otros.
"La casa de mi abuela, en la calle Río Branco, también fue visitada muchas veces por los servicios de inteligencia cuando en 1966 la policía buscaba a Joe. Una vez los policías de civil vinieron con una fotografía del gordo y la vieja, una napolitana pícara, les dijo que no podía reconocer la cara porque era una foto muy chica y ella no veía bien. Dos horas después volvieron con una foto enorme de Joe y ella la observó largo rato y les dijo que no conocía a "ese señor". Ella, que los domingos le cocinaba ravioles.
Tras los pasos del "Che"
"A principios de 1967, me integro al Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), que era una organización de origen blanco, nacionalista, de la izquierda revolucionaria. A fines de ese año sube al gobierno la ultraderecha en la figura de Pacheco Areco e ilegalizan los partidos de izquierda y clausuran sus medios de prensa en diciembre de 1967. En enero me detienen durante una pintada callejera cerca de la Facultad de Medicina. A pesar de ser menor de edad, me meten preso durante 20 días en el Cuartel de Piedras Blancas.
"Al salir, yo tenia 18 años de edad. Con otros 10 ó 15 militantes de la juventud del MRO, fundamos el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER). El 90 por ciento éramos de Pocitos y la mitad habíamos ido al liceo Joaquín Suárez Nº 7 de ese barrio.
"A finales del 1967, yo ya era un "guevarista" convencido, seguidor de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Fue entonces cuando me invitaron a participar con los que se prepararían para apoyar al "Che" en cualquier lugar del mundo. Y luego de algunas peripecias por Europa, que no vienen al caso, partí hacia Cuba, vía París, para integrarme a la vanguardia latinoamericana que crearía el "segundo Vietnam" en América Latina.
"Yo tenía 20 años. La mayoría de edad en Uruguay se otorgaba a los 21. Cuando fui a sacar el pasaporte, necesité la autorización de mi madre para viajar al exterior. Es decir, necesité el permiso de mi mamá para integrarme a la revolución continental. Y fue así que el 2 de enero de 1968 me encuentro en la Plaza de la Revolución de La Habana junto con un grupo selecto de compañeros uruguayos, brasileros, paraguayos y argentinos. Sólo nombraré a una compañera, que ya no está: Soledad Barret.
"Años mas tarde, Daniel Viglietti, le dedicó una canción. La vida de Soledad fue trágica. Secuestrada por un grupo de extrema derecha uruguaya, en 1962 o 1963 le dibujaron esvásticas en cada muslo. Vivió clandestina y a los saltos en varios países. Se entrenó con nosotros, con la fortaleza del mejor hombre del grupo. Y terminó asesinada en Río de Janeiro, en un allanamiento. La ametrallaron durante cinco minutos. Estaba embarazada: esperaba su primer hijo.
"En la cafetería del Hotel Habana Libre me encuentro por casualidad con compañeros de John William Cooke, que habían estado en mi casa de 26 de Marzo y Buxareo. También veo a una pareja de argentinos, García Elorrio y su compañera Casiana Ahumada, que eran de la revista "Cristianismo y revolución".
"Ellos me contactaron con Joe, que estaba instalado con Ruth, su compañera boliviana, en una casa de Miramar. Ruth había escrito un libro para Casa de las Américas sobre la Republica Dominicana. Y allí retomamos nuestra amistad como si nos hubiéramos separado ayer. En Cuba fui testigo del nacimiento de Mariana, la hija de ambos. La casa de ellos siempre estaba llena de gente. El gordo andaba vestido con el uniforme verdeolivo de oficial cubano y una pistola 45 en la cintura. Por las tardes, íbamos a la cinemateca del ICAIC y luego nos separábamos, cada uno a sus obligaciones.
"En 1969 regreso a Montevideo. El 17 de octubre, a los 21 años, caigo herido de bala. Voy preso en medio del estado de sitio, con una parálisis total de mi pie derecho. Me salvaron la femoral pero no el nervio ciático.
"Entre 1970 y 1972 siguen pasando por Montevideo argentinos de diferentes organizaciones políticas. Ya no venían a casa, pero llamaban por teléfono y les encontrábamos alojamiento. En particular, recuerdo a Gustavo Rearte, con quien conversamos mucho acerca del gordo Baxter.
Reencuentro en Chile
"En 1972, la policía allana mi casa y la de mi familia. Huyo a Buenos Aires con mi madre. Los ex tacuaras nos ayudan y consiguen casas para alojarnos. Poco a poco nos vamos para Santiago de Chile, donde nos reciben con cariño. En aquella época, entrar a Chile por Mendoza era emocionante.
"La Unidad Popular nos da casas y nos ayuda a encontrar trabajo. Y allí vuelvo a reencontrar a Joe. Me cuenta que ha roto con el PRT-ERP y me habla de la Cuarta internacional. Veo que nuevamente su cabeza funciona a cien kilómetros por hora. Voy a su oficina en Santiago y conozco sus nuevos compañeros. Viene el "tancazo" de junio del 73 contra Salvador Allende. Salimos todos a la calle. Yo iba arriba de un tractor y saludo a Joe, que camina rápido por la Alameda. Todo se acelera de nuevo. El gordo me dice: "Nos la van a dar con todo". Seguimos viéndonos y me cuenta que ha decidido irse de Chile. Cuando llega el día, como tantas veces en Uruguay, lo llevo al aeropuerto. Nos despedimos con un abrazo de hermanos el 10 de julio de 1973.
"Al día siguiente, el avión en que Joe viajaría de París a Bruselas para ver a Ernst Mandel se estrelló en el aeropuerto de Orly.
Protagonismo, ética y acción
"Joe viajaba con pasaportes falsos desde hacia 10 años. Tenía un récord de supervivencia en la clandestinidad. Vivió la historia latinoamericana de aquella época en carne propia, en cuerpo y alma a la vez, como un "sufista". Es decir, lo que existía era lo aparente y lo aparente era lo que no existía. La ideología era para él como una nave para viajar a la acción. El protagonismo, al estilo de Malraux o Lawrence de Arabia, era su arma de combate. Para muchos, su evolución ideológica fue muy heteróclita. Hoy lo critican algunos "puristas" que han olvidado sus propios orígenes y no se avergüenzan de sus actuales posturas.
"El gordo tenía una ética revolucionaria propia. La acciones deben ser "limpias", decía. "No deben morir ni soldados, ni policías, ni compañeros". En aquella época, sólo los tupamaros y el MIR de Chile lograron respetar esa moralidad en el combate, y únicamente al principio, en los primeros años de los operativos iniciales, al estilo Robin Hood. Hoy el subcomandante Marcos, en México, hace de ese principio su doctrina.
"Así, a los 25 años de edad perdí a mi hermano mayor, de 33. Joe nunca supo que dos meses después Salvador Allende moría un 11 de septiembre, casi como murió Baltasar Brum en la calle Río Branco, enfrentando a los golpistas con honor. Brum y Allende fueron masones. Cuando en 1963 Joe vivió en casa de mi abuela, dormía en la habitación que había sido el despacho de Brum en 1933. Son 40 años de una habitación que unió sin querer a dos hombres tan diferentes.
"Hoy, Joe descansa por fin en el cementerio británico de Buenos Aires. Quizás alguien depositó una flor el 11 de julio.
"Mi madre, que siempre recibió el reconocimiento de los muchachos de Tacuara, cumplió 80 años en abril. En la cómoda de su dormitorio está la cápsula del proyectil de mortero que Joe nos trajo de Vietnam. Yo sé que dentro de ese casquillo –que vino de tan lejos traído por un argentino- el 11 de julio ella colocó una rosa roja".
El antisemitismo en la Tacuara
Se ha discutido sobre el origen del antisemitismo de la Tacuara. Algunos lo han atribuido a la influencia del Padre Meinvielle y otros a la de los exiliados alemanes hitlerianos que llegaron a Argentina después de la II Guerra Mundial. Lo sorprendente es que ambas influencias eran excluyentes y que Meinvielle acusaba a los nazis de naturalismo y paganismo... pero, sea como fuere, el antisemitismo es, prácticamente hasta el final de la Tacuara, una de las características más sorprendentes de esta formación política.
1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara
A principios de 1959 se produjeron las profanaciones de tumbas judías en el cementerio de la Tablada, apareciendo svásticas en algunas lápidas. Los tacuaras jamás reconocieron esta acción como propia y acusaron a los medios judíos de haber realizado la provocación. A partir de 1960, cuando se produjo el secuestro en Argentina de Adolf Eichmann, los Tacuara sostuvieron que era intolerable que agentes clandestinos judíos operasen en el país, con la complicidad de medios izquierdistas, así mismo judíos. Sea por este prurito nacionalista o acaso por que los exiliados fascistas y hitlerianos en el país se habían fijado en Tacuara, el caso es que, a partir de ese momento, el movimiento multiplica sus acciones antisemitas. El 17 de agosto de 1960, al producirse el acto de homenaje a San Martín, el grupo de militantes de la Tacuara del Colegio Nacional Sarmiento se enfrentaron con los judíos del mismo centro, produciéndose un enfrentamiento a tiros que causó la muerte de Edgardo Trilnik, de apenas 15 años. A este episodios seguirán varios meses de atentados contra sinagogas, centros judíos, colegios judíos, miles de pintadas y decenas de miles de panfletos aireando consignas antisemitas. La Guardia Restauradora Nacional que, desde 1960 e había escindido de la Tacuara, siguió por esos mismos pasos, compitiendo con ella en antisemitismo.
En Argentina existía una antigua y arraigada tradición antisemita que se reforzó en los años 30 con la irrupción del nacional-socialismo en Alemania. Leopoldo Lugones o el prolífico novelista Hugo Wast (director de la Biblioteca Nacional desde 1931 a 1955) hasta Enrique Larreta, José María Rosa, Carlos Ibarguren, Jordán Bruno Genta, habían sido exponentes, junto a Julio Meinvielle, del antisemitismo argentino que, se expresaba a través de los periódicos "Bandera argentina", "Nuevo Orden" y "Pampero".
La comunidad judía respondió constituyendo la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina. La DAIA, fundada el 5 de octubre de 1935 por 28 organizaciones judías de centro y derecha pertenecientes a todos los gruos étnicos y tendencias de la sinagoga; por su parte, los judíos vinculados a la izquierda se agruparon en el Comité Popular contra el Antisemitismo. En 1937, la DAIA constituyó el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo integrado entre otros por Arturo Illia y Arturo Frondizi... que luego gobernarían la Argentina post-peronista.
Durante la II Guerra Mundial, la DAIA se preocupó particularmente de ayudar a los judíos que huían de Europa, pero tras la guerra, con la llegada de Perón al poder, las organizaciones de defensa de la comunidad judía retrocedieron. Como se sabe, Perón favoreció la llegada de ingentes grupos de antiguos fascistas y nacional-socialistas a Argentina que fueron, en buena medida, incorporados como cuadros del nuevo régimen. Con la caída de Perón pareció que todo este entramado perdía fuerza y así fue, efectivamente, pero entonces la comunidad judía debió de afrontar un antisemitismo popular protagonizado por la Tacuara e inspirado en los escritos del padre Julio Meinvielle.
Una década después cuando se produjo el golpe militar del General Videla ese antisemitismo recrudeció. En la obra "La dimensión judía de la represión durante el gobierno militar (1976-1983)," (Informe Co.So.Fam, Barcelona, marzo de 1999) se rememora el aprecio que tuvo la Junta Militar por las obras de Meinvielle: "En febrero de 1979 el Ministerio de Educación y Cultura [de Argentina] instrumenta un decreto por el cual se establece la obligación de estudios confesionales católicos en la asignatura de Instrucción Moral y Cívica que afectó la libertad de cultos y el laicismo en la enseñanza. En la bibliografía recomendada se encontraban autores notoriamente antisemitas como el Rvdo. Julio Meinvielle y el profesor Bruno Genta".
Meinvielle, en su obra "El Judío plantea": "Ser grande en la grandeza carnal de Babilonia podrán serlo, si, pero como sirvientes del Judaísmo. Porque los judíos dominan en lo carnal....[de ahí] que la grandeza del capitalismo inglés y americano no es mas que una creación judaica...". En esta frase pueden apreciarse los lugares comunes de todo antisemitismo. En síntesis, la idea del Padre Meinvielle era que los judíos controlaban la economía argentina y, a través de sus peones políticos y culturales alentaban la disolución de la sociedad argentina, atentando contra los tres elementos sobre los que Meinvielle consideraba que constituían su pilar: la Patria, la Religión y la Familia (o, como solía decir, el "Hogar". No duda en que la única posibilidad de afrontar estos riesgos es mediante una limitación de las libertades civiles y la aplicación de una política de "mano dura". Su modelo de baluarte y defensa contra estos riesgos era la Inquisición Española. La primera institución a defender, por encima de cualquier otra, era la Iglesia, pues de ella dependía la salud espiritual de la Nación. Había escrito: "Sinagoga y masonería son los agentes, encarnaciones del diablo, que movilizan el combate de la Contra-Iglesia a base de mentira y crimen...".
Pero las tareas represivas o de contención no serán nunca eficaces del todo, si no se apoyan sobre un renacimiento cultural de los valores que hasta ese momento han sido específicamente argentinos. Meinvielle está en contacto con el clero tradicionalista español de los años 50 y 60. En aquel momento, ese clero goza en España de todas las facilidades que le da el hacer causa común con el franquismo. Lo que propone Meinvielle es un "renacimiento cultural Hispanoamericano" (no latinoamericano, el matiz es importante por que Meinvielle se identifica con la forma "hispana" de catolicismo, más rigorista, combativo, "íntegro" sino integrista, y misional que el Italiano o cualquier otro). La idea "Hispanoamericana" sería la única con energía y vigor suficiente para enfrentarse al "panamericanismo" de los EEUU (también es significativo que Meinvielle jamás aluda el "imperialismo" norteamericano, sin duda, por identificar este concepto con la izquierda.
El antisemitismo de Meinvielle es completamente diferente al nacional-socialista. Si en este el antisemitismo arraigaba en las diferencias raciales, en Meinvielle la raza apenas tiene sino un papel secundario. El padre Meinvielle ancla su antisemitismo en el hecho bíblico (los judíos, a la postre, crucifican a Cristo y, por tanto, Israel es culpable); había escrito: "¿Quiénes son los agentes que el diablo utiliza para la realización de sus maquinaciones? En la providencia actual, el cristianismo tiene un enemigo primero y natural que es el judío. No en vano el Señor los acusa de "hijos del diablo" (Jn 8,44). En segundo lugar los paganos. En la crucifixión los judíos actúan como verdaderos instigadores y responsables, mientras que los gentiles se desempeñan como ejecutores. De aquí que los enemigos del cristianismo sean los judíos, masones y comunistas". Es evidente que la matriz del antisemitismo hitleriano es completamente diferente. De hecho, el Padre Meinvielle hacia 1937 tiene palabras muy duras hacia el régimen hitleriano, en el que ve una forma de paganismo naturalista. Percibía, además, que, a diferencia de otros regímenes fascistas europeos (Franco, Pavelic, Tiso, Salazar, Mussolini o Dulfuss), el nacional-socialismo no había concedido privilegios a la Iglesia Católica.
Además, tampoco se sentía –a diferencia de Perón- identificado con la forma política de esos regímenes. Si bien era partidario de un "gobierno fuerte", más o menos similar a una dictadura, no era eso lo que sostenía Meinvielle, sino más bien un gobierno teocrático de estilo medieval. Años después, el Centro de Estudios Evolianos de Buenos Aires, definió a esta corriente como "guelfismo", y, seguramente es el apelativo que mejor le cuadra. Meinvielle sostenía la necesidad de que el poder político estuviera bajo la férula del poder religioso. Así se evitarían abusos: lo que en la concepción democrática supone el equilibrio de poderes, en la guelfa es sustituida por la subordinación del poder político al religioso considerado como emanación de la divinidad. Dios nunca haría nada injusto contra su grey. Eso facilitaría el advenimiento de la "Ciudad de Dios", concepto tomista que tuvo su momento álgido en el siglo XIII, con Hildebrando elevado al papado con el nombre de Inocencio III. Por lo demás, el Padre Meinvielle tenía en alta estima al pensamiento nacionalista francés de Charles Maurras, hasta el punto que el secretario de éste, luego catedrático en la Sorbona consideraba al Padre Meinvielle como una "inteligencia francesa".
El Padre Meinvielle no fue una excepción en su generación. En aquellos años apareció toda una cohorte de intelectuales nacionalistas –algunos como sus discípulos y otros como sus compañeros de generación- de envergadura, los curas Castellani, Octavio Derisi, Sánchez Abelenda, Juan Sepich y los laicos Sacheri (asesinado por el ERP-22 de Agosto), Tomas Casares, Cesar Pico, Nimio de Anquin y Jordán Bruno Genta (asesinado por Montoneros). Aún hoy el legado de Meinvielle y de toda esta generación de intelectuales nacionalistas católicos, sigue presente en la sociedad argentina a través de la veterana revista "Cabildo", dirigida por Antonio Caponetto y que mantiene un sitio en Internet donde puede percibirse lo esencial de su doctrina, incluido el antisemitismo.
FUENTE:

