Segunda Parte de la biografia K, por PELOLACIO
Corto o largo es lo mismo lo importante es que sea lacio.jajaj
Basta PeloLacio estoy nervioso!
Parte 4
El acto de entrega del mando fue planificado como una continuidad de la campaña. “Hay que demostrar una forma de hacer y vivir la política”, decía Néstor Kirchner, la barrabrava estaba preparada para hacerse oír cuando el guión lo indicaba, y los invitados fueron seleccionados. Uno de ellos fue Jorge Cepernic, el gobernador de 1973, quien pagó con años de cárcel sus ideas. De Marcelo, su hijo, como intendente saliente, recibió Kirchner el mando comunal. Marcelo Cepernic, inteligente, introvertido, pasó por el municipio sin altisonancias pero con una obra recordada por su honestidad y el aporte a la infraestructura básica de servicios, extendidos al máximo posible. Él logró el convenio con las Fuerzas Armadas para la sesión de tierras que encorsetaban la ciudad y tuvo logros en materia de integración barrial y apoyo a la cultura. Cepernic provenía de las filas de Puricelli, hasta la construcción del MRP, en 1985, del que participó, y aquel acto, antes de escuchar a Kirchner, dejó en claro su beneplácito por entregar el cargo a otro peronista. La respuesta de Kirchner fue desencajada, atacó con dureza injustificada la gestión de Cepernic mientras los barrabravas presentes batían el parche de la vendetta contra quienes habían sido sus rivales domésticos. Juan Manuel Cepernic, hijo de Marcelo, recuerda aún hoy, con dolor, la angustia conque la familia retornó a su hogar aquella jornada. Kirchner se trepó, aquel día, a una frase que repetiría a lo largo del tiempo: “El Estado promotor debe suplir al Estado benefactor”. Los bombos hicieron vibrar el salón mientras Oscar Vázquez, alias Cacho, juraba como secretario de Gobierno; luego Ramón Alberto Lascano, alias Tito, en Obras Públicas y Ubanismo; Luis Salvidia, en Hacienda; y la más aplaudida de todos fue Alicia Kirchner, en la flamante Secretaría de Promoción Social. En tanto, el demócrata-cristiano Hugo Gárdes, asumió en la Secretaría General. Lupín se encargó de dejar en claro, a los integrantes del Frente Municipal, que el jefe era él; y luego inició su tarea preferida: cooptar cuadros ajenos. Para ello generó el Consejo de Planeamiento, Asesoramiento y Consulta, conducido por su esposa Cristina; y por el arquitecto Julio De Vido, y sólo para los considerandos, integró a las restantes fuerzas del Frente. Desde entonces –y se convirtió en una constante de la gestión de Kirchner- nunca una fuerza política dejó de perder hombres y mujeres a manos del irresistible manejo de “la cosa pública” que impuso K. Por ejemplo, con el Frente Municipal, perdieron su existencia en Gallegos como partidos, el Intransigente y la Democracia Cristiana. Kirchner comenzó ajustando las cuentas del municipio. Para esto eliminó alquileres que pagaba la intendencia, destruyó la red de centros de integración barrial de su antecesor, desarmó la estructura de Cultura –también obra de Cepernic-, y le pidió a Alicia que recreara todo eso pero con otra orientación, apuntalando así la estructura política propia. No había dinero en el tesoro municipal para hacer grandes anuncios; entonces, el 22 de diciembre de 1987 sacó a la calle a todo el personal a lavar las veredas de la calle Roca, el centro comercial de Gallegos. Se dice que en persona, escondido detrás de un tapial, controló la operación que marcaba su estilo a los empleados municipales. Ejecutó una gestión prolija, bien controlada por la mayoría UCR en el Concejo Deliberante y con una interesante tarea del Tribunal de Cuentas que le obligó a informar, regularmente, de los ingresos y egresos. Además, ejecutó pavimentación de calles, construcción de veredas, mejora de la iluminación de las calles y levantó varios gimnasios municipales en los barrios. En tanto, el gobierno provincial era caótico. Pero antes de cargar sobre Jaime Del Val, tendría que superar escollos internos. Los concejales Jorge Chávez, alias Negro –hombre de la “banda Cordobesa”- y Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka, de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, plantearon sus disidencias con el estilo personalista de Kirchner y crearon la COP (Corriente de Opinión Peronista). Lograron sumar a Mónica Kuney, Mario Metaza, Edgar Sánchez, Carlos Guardo (peronista muy a la derecha que participó del derrocamiento de Cepernic, en los ’70), y otros. La COP inició alianzas con otras agrupaciones peronistas. Una de ellas reunía a Olaf Aaset, alias Pilín, el chico que vió como Lupín se llevaba el televisor de su casa (ver Capítulo 1); Javier Pérez Gallart y Gabriel Pérez Rassetti, alias Pajarito; además de dirigente de ATE, como Jorge Rivolta; e históricos del PJ como Norberto Ferrantes, alias Madurga; y Pocho Manrique. Chávez llegó al Sur huyendo de los militares, y en 1980 ingresó como asesor legal en el Ministerio de Asuntos Sociales. En 1984 arribaría, siguiendo a la “banda Cordobesa” un camarada que lo había salvado de caer prisionero, Carlos Alberto Zannini, alias El Chino, quien sí había estado preso luego de que lo atraparan en la ex confitería El Molino. En 1987, Zannini llegó a la Secretaría de Gobierno municipal; aunque –dicen- coincidía con los planteos de Chávez. También dicen que intentó irse a vivir de su profesión en Comodoro Rivadavia, en El Chubut, pero los fracasos lo impulsaron a volver a Kirchner. # Carga sobre Del Val La gobernación de Jaime Del Val, poco a poco, se transformó en una corte donde política, sexo y poder eran fermentos del desastre anunciado. En 1989, Del Val sufrió una embolia cerebral y fue derivado a la Ciudad de Buenos Aires. Su vice, Ramón Granero, alias Bochi, intentó gobernar manteniendo la estructura que dejó Del Val, mientras la inflación hacía estragos en la coparticipación federal y el dólar escalaba las nubes, dificultándose afrontar la masa salarial de la sobrepoblada administración pública. El regreso de Del Val mostró a un hombre agobiado por la enfermedad, con parte de su cuerpo paralizado y dificultades en el habla, propia de una persona que no terminó su proceso de recuperación. Granero sabía que los votos ganados con su actuación como diputado provincial se diluían junto a Del Val. Las conspiraciones de Rafael Flores, por un lado, y de Néstor Kirchner, por el otro, comenzaron a resultarse simpáticas. En la Nación, la tormenta liberal exigía reordenar los estados provinciales y esto resultó terrible para Del Val, el único gobernador que se jugó por Carlos Menem en 1988, en un escenario de conflictividad social en aumento por el cerco financiero que se cerraba sobre Santa Cruz. “Del Val fue a la Casa Rosada a pedir plata y le entregaron balas de goma y un curso de capacitación de la policía provincial en la represión de motines”, me reveló un ministro del gobernador, que había ingresado a la Casa de Gobierno eludiendo manifestantes, todos de la Administración Pública. Señaló a los policías, que lucían chalecos antibalas nuevos, sobre gastados uniformes. También nuevos eran los cascos con visera y las cananas con cartuchos de balas de goma y granadas lacrimógenas. Con armamento reluciente y actitud de combate, los policías parecían distintos a los que se intuían cercanos a los manifestantes porque su salario se encontraba atado al éxito de la manifestación. Con los funcionarios escapándose hacia el patio de la vecina jefatura policial, donde a su vez había una puja interna, durante la tarde, y vía un memorando con una firma falsificada, se ordenó tirar. Hasta una embaraza sufrió los balazos de goma y los gases. La represión se terminó tan rápida como empezó, al llegar los diputados, en tropel, a la Legislatura. La policía se escudó en el memo falso y los funcionarios del gabinete provincial se refugiaron en Dolores Ávila, secretaria Legal del Ministerio Secretaría General, todos buscando un responsable para entregar a los diputados. Ávila, a quien llamaban “la Doctorcita”, era la "novia secreta” del gobernador enfermo; más adelante, cuando él se divorció, fue su esposa. Aquella tarde fue señalado como culpable José Tapia, alias Pepe, el único de quien nadie esperaba una orden de represión, aparente firmante del memorando represor. Ávila, Caíto Del Val –hijo del gobernador- los diputados UCR López y Quintar, junto a Kirchner, intentaron convencerlo a Tapia de que aceptara la culpa, prometiéndole una interpelación legislativa breve y sin problemas. Kirchner, quien preparaba el golpe institucional contra Del Val con la herramienta del juicio político, temía que la dirigencia del sindicato de empleados públicos Apap, controlado por las asambleas donde la izquierda encontraba eco a su propuesta de movilización y lucha, aumentara la apuesta porque con más confrontación había peligro de intervención federal, donde suponía que se candidateaba Puricelli. Tapia se mantuvo firme y, entonces, Del Val lo culpó y lo echó del ministerio por “inútil”. Es curioso: Tapia siguió caminando, tranquilo, por las calles de Gallegos y nunca nadie le dijo nada porque nadie había creído en las imputaciones. Flores y Kirchner querían la caída de Del Val para eliminar a la estructura de Puricelli y a su cuñado, el senador nacional Pedro Molina; la fecha propicia parecía el mes del Mundial 1990, que se jugaría en Italia. El bloque UCR era liderado por Ernesto Cruz, alias Sinatra, según los columnistas políticos, quien se sumó a la propuesta de juicio político porque creía que todo el descalabro del PJ lo pondría a tiro de la Gobernación. Antes de avanzar con el juicio político, la nueva coalición le exigió integrar un gabinete con sus hombres, ejecutar algunos ajustes fiscales y, luego, que pidiera licencia. Del Val resistió, confiado en que Carlos y Eduardo Menem lo apoyarían en contra del quiebre institucional, pero no consiguió más que declaraciones de prensa. En la Cámara de Diputados provincial se reunieron pruebas, bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner, miles de fojas apuntalaron ocho cargos, maniobras en la Subsecretaría de Pesca, la enfermedad del gobernador y la utilización de medios provinciales para realizar mejoras en su estancia. Del Val, por consejo de Puricelli, disolvió por decreto la Legislatura y llevó la cuestión a la justicia. Pero la Cámara de Diputados había tomado sus previsiones, designando como camarista a una secretaria del Tribunal Superior de Justicia, Laura Patricia Ballester de Muratore. La camarista, por su antigüedad, subrogó en el Tribunal Superior de Justicia y cuando la nulidad llegó a esa instancia, su voto y el de la Dra. Clara Salazar, dejaron en minoría al Dr. Castro Dassen. El conflicto de poderes llevó al Ministerio del Interior a enviar a Jorge Díaz Martínez, un catamarqueño vinculado a los Saadi, como amigable componedor. Díaz Martínez descendió en Gallegos y se encontró con un amigo, Armando Mercado, alias Bombón, cuñado de Kirchner y aún hombre del Supe, quien no se despegó de la sombra de Díaz Martínez, quien de inmediato comprobó la soledad de Jaime Del Val, y decidió convencerlo que lo mejor era aceptar el juicio y entregar el poder a Ramón Granero. A los riojanos en el poder federal no pareció importarles qué ocurría en la lejana Patagonia. El mismo día en que los Granaderos a Caballo expulsaban a Zulema Yoma y a sus hijos de la Quinta de Olivos, Del Val reclamó en la Cámara de Diputados su derecho a defensa en juicio y denunció las presiones de Granero, Kirchner y Flores, y la falsificación de sus certificados de salud. El juicio político a Del Val tuvo todos los ingredientes de un show mediático que no conmovió demasiado a la población. Las intrigas, golpes de efecto y campañas de prensa se producían con un ojo puesto en el sillón de la Rosadita, y en la contienda electoral que se venía. Se acumularon miles de fojas, los abogados actuaban como tales y algunos cobraban con oportunas asesorías brindadas por el enjuiciado antes de que le suspendieran la firma. Los militantes de la alianza Kirchner-Flores-Granero vs. los de Del Val, colmaron las graderías mientras los funcionarios y ex funcionarios daban testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto físico ya mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban en el área: “Con algunos periodistas habría que hacer jabón”. Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel Coiffman, alias el Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las teletipos de agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media página y las organizaciones judías enviaron notas de queja. Del Val comenzó a asumir que se desbarrancaba, y el menemismo le retiró el salvavidas prometido y que aún no le había arrojado.
El juicio político terminó con la destitución de Del Val como gobernador de la provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo en siete cargos: 1. Ejecución con equipamiento oficial de una obra de aprovechamiento hidráulico en su estancia. 2. Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley Provincial de Pesca. 3. Incumplimiento de la Ley Provincial de Emergencia 2.077. 4. Extracción de fondos depositados a plazo fijo en violación a las normas vigentes y en función de hacer valor la influencia que el cargo le confiere, en el Banco de la Provincia. 5. Falta de cumplimiento en lo preceptuado en la Ley 2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7. Autorización de contraer un empréstito de US$ 430 millones. Por la negativa se votaron los restantes cargos: 1. Incapacidad física y mental. 2. Injustificable omisión en la cobertura de importantes cargos provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4. Situación de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo discrecional e irregularidades en la distribución del Bono Solidario. Con el vicegobernador Granero en el poder, la sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra. de la Cámara de Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El acuerdo Ramón Granero, alias Bochi, a cargo de la gobernación, designó, el 31 de mayo de 1990, ministro de Gobierno al abogado Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de Rafael Flores. Icazuriaga, apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque pronunció un discurso propio de alguien que llega para quedarse y no de alguien transitorio: “Mi agradecimiento al Sr. Gobernador y a todos aquellos que han entendido que, quien les habla, era la persona idónea para ocupar la cartera”.
En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30 días. La anécdota le dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de El Idóneo. En esos 30 días, el gabinete se fue conformando entre los tironeos de las facciones, cada líder quería ubicar a su gente en las áreas estratégicas. Abundaban las anécdotas de acuerdos que eran rotos cuando, a último momento, Kirchner solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La negociación se extendió más allá de la destitución de Del Val. Hacia el mes de julio, el MRP logró designar a Daniel Cámeron en el Ministerio de Economía; el Frente para la Victoria Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el Ministerio de Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la conducción de Vialidad Provincial, junto a Barletta, Palacios y Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del Legislativo y su embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de julio, cuando nació Florencia, su 2da. hija y la consentida de Kirchner. En la Secretaría General asumió Félix Ríquez, alias Puma; y en Educación, la dirigente del MID, Martha Crowe. Flores no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó a El Idóneo no asistir a la ceremonia. El gabinete nació mal pero las finanzas provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa Cruz ingresó a una virtual cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día que nació Florencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación convalidó el fallo del Tribunal Superior de Justicia santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del Val al gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario Aramburu. Varias agrupaciones justicialistas hicieron públicas sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de Unidad Peronista, las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación, Restauración Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex Corriente de Opinión, de Jorge Chávez. Puricelli seguía tejiendo contra la coalición Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de los Intendentes, presidida por Charo Sandoval, de la localidad de Los Antiguos. # Tiros en el Salón Blanco En septiembre de 1990, los sueldos eran una preocupación de trabajadores y funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas por la inflación. En la policía provincial, por más que hasta los suboficiales cobraban el 100% de su salario, se exigía una recomposición del 56%. Y lo hicieron saber a la plana mayor y al sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso representante en las negociaciones con el gobierno.
El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos oficiales que se les habían quitado a otras reparticiones, en cumplimiento de medidas de ajuste. El Idóneo anunció que los porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial serían los mismos que recibirían todos los empleados públicos, muy por debajo del 56% solicitado por los uniformados. En ese contexto ocurrió la renuncia del comisario Gottfrid y su reemplazo por el comisario general Pedro Zerbo. Luego, en la madrugada del viernes 28, el Salón Blanco de la Casa de Gobierno fue baleado por un grupo de policías que irrumpió disparando. Cristina Fernández había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia 1ra. de la Cámara pero ante la ausencia de Granero, fue informada de los graves sucesos. Ella narró al semanario Para Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner, el intendente de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de Gobierno pero ella se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner insistió en que era una emergencia, y ella dijo que le respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la calle sin perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El sereno de la Casa de Gobierno estuvo a punto de ser baleado. Los policías se llevaron el retrato del abrazo de Puricelli y Del Val, que estaba en la galería de fotos de los gobernadores, simbolizando la única vez que un gobernador electo cedió a otro electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego, esos policías marcharon a reunirse con sus compañeros, quienes se autoacuartelaron en las comisarías y destacamentos. El comisario Zerbo renunció y en su reemplazo asumió el comisario mayor Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de Gendarmería, mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados, lo que ocurrió hasta el 1º de octubre, cuando se anunció un aumento del 21,6% y que casi no se investigaría lo ocurrido. Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón Blanco. La justicia frenó los paros docentes y, a pesar del descontento por el pago en cuotas de los salarios, la Apap comenzó a desnudar las contradicciones internas que sólo se resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien coincidía su secretario general, Rafael Agulló. En tanto, los hombres de Kirchner se preparaban para romper con Flores y Granero, y así llegar con el menor costo posible a los comicios de septiembre de 1991. A Kirchner le preocupaba no dejarle ningún margen a Bochi, no fuese que éste quisiera consolidar algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la UCR que balconeaba la situación que describía como el resultado de las internas peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi todos los proyectos que envió el Ejecutivo, y la realidad financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es recordado en la provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado por decreto. Con el Ministerio de Economía sin dinero y sin resultado en las negociaciones por las deudas que la Nación e YPF mantenían con la provincia de Santa Cruz por regalías de hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de éxito. Tampoco podía ajustar los gastos en personal porque eso le permitiría reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún esperaba una intervención federal. Así, Granero, un hombre que había sido felicitado por la Nación luego de liquidar el parque automotor mucho antes que Adolfo Rodríguez Saá hablara de ello, que había obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo provincial, y que fue invitado a sumarse al PJ y buscar un escaño nacional, pasó su gestión buscando dinero que... nunca consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el tradicional mensaje a la Cámara y, dos días después, renunció.
Parte 5
En Río Gallegos, al frente de su disciplinada tropa, en 1991, Néstor Carlos Kirchner se preocupaba por acordar candidaturas en el interior provincial. Kirchner se perfilaba como un férreo conductor político de un sector reducido en militantes, que se había engrosado con la gestión municipal. Con un Concejo Deliberante donde estaba en minoría, y ejerciendo control sobre sus actos de gobierno, Kirchner apareció prolijo y actuando con rapidez cuando alguno de sus muchachos “se excedía”. Así, Tito Lascano partió al exilio en Punta Arenas y el Pelado Varizat se alejó de su cargo cuando un edificio en construcción se derrumbó siendo él secretario de Obras Públicas, a la vez que Maestro Mayor de Obras del edificio en cuestión. Otra denuncia fue por la compra de estacas para forestación, que el concejal UCR Felipe Silva calificó como “muy caras”, unos $ 70.000 (US$ 70.000), compradas a quien no estaba en el padrón de proveedores del municipio. Además, las estacas estaban secas. Para Carlos Zannini, secretario de Gobierno, se trató de una denuncia política de un opositor. Para Cristina Fernández, un negocio donde no se podía sospechar de ella o su marido, ya que se trataba de una suma menor a la de los tapados de piel que tenía en su ropero. Con una capacidad de trabajo que superaba a la de sus militantes más aguerridos, Lupín se presentaba a informar a los jefes de Unidades Básicas y de agrupaciones, dos veces por semana acerca de los avances en el interior; luego, la cita obligada era en el café Caravelle, donde Kirchner le solicitaba que cada uno, mano a mano, le informara de la situación en cada sector, mientras bebía whisky Criadores, café cortado, y fumaba sin descanso. Uno de los mayores interrogantes era quién lo reemplazaría en la intendencia. Su hermana Alicia estaba entre sus anhelos, pero no crecía en las encuestas. Con mejores números aparecía el arquitecto Julio De Vido, reconocido por su breve gestión en Vialidad Provincial en los días del acuerdo político con Ramón Granero. El 12 de abril de 1991, se realizó un acto en el cine Carreras, la escenografía era celeste y blanca, y con grandes letras blancas se leía “1er. Congreso FVS-MRP-Grupos Independientes Kirchner Gobernador”. Rudy Ulloa y los punteros movilizaron más de 1.000 personas, muchos quedaron afuera porque las primeras filas se llenaron de funcionarios municipales y candidatos al hueso que se arrojara. Felipe Ludueña, un aliado de Kirchner, de la derecha peronista ortodoxa, amigo de Diego Ibáñez e impulsor de la intervención federal al gobierno de
Jorge Cepernic, en los ’70, fue el orador inicial. Rafael Flores, luego, realizó un mea culpa del pasado inmediato. Rudy Ulloa Igor dirigía los cantos contra Arturo Puricelli y la UCR. Entre los presentes estaba Carlos Lemarchand, un intendente UCR que ese día cambió de bando, al frende de una nueva agrupación: Movimiento de Acción Piedrabuenense. Luego se nombró a Chiquito Arnold, el candidato a vicegobernador, y los aplausos fueron pocos. No muchos más recogió un nervioso De Vido cuando fue presentado como el candidato a intendente de Río Gallegos. Titubeante y con la voz nerviosa, su discurso nunca tomó vuelo. La barra no lo acompañó. Los motivos quedarían en evidencia algunos días después. En la noche siguiente, De Vido le entregó una plaqueta de la Municipalidad de Río Gallegos al boxeador Locomotora Castro, por su campaña personal, y los silbidos de la popular colmaron el Hispano Americano. Luego, la laguna María la Gorda se cubrió con los volantes de De Vido, en un repudio a su candidatura que encabezaba Rudy Ulloa Igor, chofer de Kirchner y quien ya manejaba los aparatos movilizadores del Frente para la Victoria. Detrás de Rudy se encolumnaron los militantes de mayor peso y la candidatura de De Vido fue reemplazada por la de Manolo López Lestón, un anciano peronista, tío de Kirchner, quien fue llevado, en un desgaste inútil, a una elección que se había dado por perdida. De Vido reunió a su escasa tropa y acusó a Kirchner de “autoritario y absolutista”, palabras que volaron hasta los oidos de Lupín, quien lo mantuvo bajo castigo hasta diciembre de aquel año. Kirchner había entendido que Julio De Vido no era representativo hacia adentro del PJ y que en Gallegos había nacido un nuevo fenómeno, que se paseaba en un automóvil antiguo, con una gran boina en el techo y enormes bigotes en su frente. Con escasos seguidores, un tipo bonachón, bigotudo y afable en serio, se convirtió, de la noche a la mañana, en el candidato de la gente: Alfredo Martínez, alias Freddy, sería el intendente de Gallegos por ocho años. # ¿Cómo hace De Vido las cuentas? El 2do. semestre de 1991 es imborrable para los santacruceños por varias razones. El conflicto con Chile, por Lago del Desierto y la poligonal, que dejaba en manos trasandinas una porción importante de territorio, se instaló definitivamente. Luego de unos titubeos frente al accionar de la Comisión 9 de Julio – Soberanía, a quienes veían como un grupo de nacionalistas trasnochados, Néstor Kirchner y Rafael Flores tomaron partido por hacer frente a las decisiones de Menem y de la Cancillería. Las expresiones de Bernardo Neustadt, en una entrevista a Patricio Aylwin, indignaron a todos los sureños: "(...) que por dos metros más o dos metros menos de tierra, nuestro país no sería más rico ni más pobre (...)”. Los Hielos Continentales se convirtieron meses después en una bandera para Kirchner, ya gobernador de la provincia de Santa Cruz. A instancias de su mujer, Cristina, aceptó que esta era la oportunidad de convertirse en una referencia nacional, al menos en los medios de comunicación. Cristina Fernández de Kirchner se encargó del trabajo mediático, y del legislativo –junto a Flores-, marcando uno de sus principales enfrentamientos con Menem, y el inicio de una estrategia de construcción de poder. Las privatizaciones y el sistema de reducción de puestos de trabajo, comenzaron a afectar al sector petrolero y al minero; Santa Cruz vio partir a más de 10.000 personas detrás de la zanahoria de elevados montos cobrados en concepto de retiros voluntarios. Menem avanzó en la reducción de cuarteles militares, y con los uniformados se marcharon sus familias, entre ellas numerosas trabajadoras docentes. Con la crisis financiera y económica instalada, en la madrugada del 13 de agosto de 1991, la erupción del volcán Hudson, del lado chileno de la Cordillera de los Andes, cubrió el 40% del territorio santacruceño con cenizas. El silicio tapó Los Antiguos y la mitad de sus pobladores debió ser evacuada, el resto optó por quedarse a resistir. Desde los Andes a la costa atlántica, la ceniza mató a 1,5 millón de ovejas y a las plantaciones de frutas finas; los ríos se quedaron sin peces, el agua potable que salía de los grifos era color marrón y las viviendas no resistieron el peso del polvo acumulado en sus techos. El viento llevó las cenizas hasta Río Gallegos y aún hasta la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, la ceniza atrajo la atención de las autoridades nacionales, que decidieron visitar la zona más afectada y concretar los acuerdos que trabajaron Pipeta Porto y Goyo Fernández, con el apoyo de Arturo Puricelli y el senador Pedro Molina, ya enrolados en el menemismo. El Acuerdo de Puerto Deseado no sólo alivió a las finanzas provinciales sino que marcó el futuro de los próximos mandatos y fue la base anhelada por el constructor del feudo.
El Acuerdo abarcó varias cuestiones: 1. Reconocimiento y cobro de regalías de petróleo mal liquidadas, que estaban en juicio desde el gobierno de Puricelli, por US$ 480 millones. 2. Entre del 10% sobre la venta de las áreas centrales en la provincia. 3. El compromiso de asignar US$ 32 millones para viviendas. 4. Aporte no reintegrable de US$ 10 millones para la asistencia a los productores agrícolas y ganaderos, como también de asistencia social a los afectados por el fenómeno del Hudson. 5. Convenio pre-acuerdo de la provincialización de los puertos. 6. Convenio de pesca. Además, se avanzó en preacuerdos globales para la compensación de deudas entre la Nación y la provincia, y entre el Banco Central y el Banco de la Provincia de Santa Cruz. Ya de regreso a su banca, luego de entregar el poder a Kirchner, el diputado provincial García, y sus ministros, publicaron el 30 de abril de 1992 una solicitada de una página en el diario La Opinión Austral, dando cuenta de sus actos de gobierno. La realidad demostró que entre el balance de situación que publicó el ministro Julio De Vido, con números a diciembre de 1991, y la solicitada de abril de 1992, no existían demasiadas contradicciones, sólo que el gobierno de Kirchner nunca más publicó los números de la provincia, y 10 años después mintió con grosería sobre estos datos, fundamentalmente en el rubro de las deudas que encontró al inicio de su gestión. Pero ya el diputado Chicho García no le refrescaría la memoria porque estaba de su lado, asesorando al bloque del oficialismo, y su ministro Tussi Peña ocupaba el sillón de secretario de Estado de Seguridad. La deuda publicada por De Vido alcanzó los US$ 380 millones, y se dedujo, del estado contable, que US$ 120 millones correspondían a compensación de deudas y créditos con el Estado Nacional, con una conclusión anticipada en el acuerdo, favorable a la provincia de Santa Cruz y con créditos en su favor que nunca fueron informados por Lupín Kirchner. Otros US$ 100 millones de deuda se trataban de financiación documentada de obras públicas, algunas con vencimiento a los cuatro años y con vías presupuestadas de aportes de fondos específicos para su pago. Las deudas del Banco de la Provincia de Santa Cruz con el Banco Central estaban en vías de condonarse a partir del pre-acuerdo por las cenizas del Hudson, y en el marco de la negociación global de los fondos por regalías mal liquidadas. La restante deuda –con proveedores, prestadores y trabajadores de salud- fue paralizada por la Ley de Emergencia de Kirchner, y cancelada en los dos primeros casos con bonos a 16 años. La deuda salarial nunca fue reconocida en su totalidad. Lo cierto es que, al momento de asumir Kirchner la Gobernación de Santa Cruz, los trabajadores cobraban en dos cuotas sus salarios, y la 1ra. medida que adoptó Kirchner fue el secuestro del medio aguinaldo y el sueldo de diciembre de 1991, medida que le permitió “hacer caja” y avanzar en una estrategia de sumisión de las estructuras que él denominaba “las corporaciones”. Lejos de las mentiras de los US$ 1.000 millones de deuda, cuatro meses de atraso en los salarios y dos aguinaldos, Kirchner encontró una provincia que se posicionó en más de $ 4 por cada $ 1 de deuda. A los $ 480 millones del acuerdo por regalías (US$ 480 millones), se les debía sumar $ 35 millones (US$ 35 millones) por la venta de las áreas centrales de petróleo y “otros $ 40 millones (US$ 40 millones) de otros créditos como los $ 12 millones (US$ 12 millones) de impuestos a los sellos que sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 27 de diciembre”.
CONTINUARA.......
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Corto o largo es lo mismo lo importante es que sea lacio.jajaj
Basta PeloLacio estoy nervioso!
Cuando Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación
Parte 4
El acto de entrega del mando fue planificado como una continuidad de la campaña. “Hay que demostrar una forma de hacer y vivir la política”, decía Néstor Kirchner, la barrabrava estaba preparada para hacerse oír cuando el guión lo indicaba, y los invitados fueron seleccionados. Uno de ellos fue Jorge Cepernic, el gobernador de 1973, quien pagó con años de cárcel sus ideas. De Marcelo, su hijo, como intendente saliente, recibió Kirchner el mando comunal. Marcelo Cepernic, inteligente, introvertido, pasó por el municipio sin altisonancias pero con una obra recordada por su honestidad y el aporte a la infraestructura básica de servicios, extendidos al máximo posible. Él logró el convenio con las Fuerzas Armadas para la sesión de tierras que encorsetaban la ciudad y tuvo logros en materia de integración barrial y apoyo a la cultura. Cepernic provenía de las filas de Puricelli, hasta la construcción del MRP, en 1985, del que participó, y aquel acto, antes de escuchar a Kirchner, dejó en claro su beneplácito por entregar el cargo a otro peronista. La respuesta de Kirchner fue desencajada, atacó con dureza injustificada la gestión de Cepernic mientras los barrabravas presentes batían el parche de la vendetta contra quienes habían sido sus rivales domésticos. Juan Manuel Cepernic, hijo de Marcelo, recuerda aún hoy, con dolor, la angustia conque la familia retornó a su hogar aquella jornada. Kirchner se trepó, aquel día, a una frase que repetiría a lo largo del tiempo: “El Estado promotor debe suplir al Estado benefactor”. Los bombos hicieron vibrar el salón mientras Oscar Vázquez, alias Cacho, juraba como secretario de Gobierno; luego Ramón Alberto Lascano, alias Tito, en Obras Públicas y Ubanismo; Luis Salvidia, en Hacienda; y la más aplaudida de todos fue Alicia Kirchner, en la flamante Secretaría de Promoción Social. En tanto, el demócrata-cristiano Hugo Gárdes, asumió en la Secretaría General. Lupín se encargó de dejar en claro, a los integrantes del Frente Municipal, que el jefe era él; y luego inició su tarea preferida: cooptar cuadros ajenos. Para ello generó el Consejo de Planeamiento, Asesoramiento y Consulta, conducido por su esposa Cristina; y por el arquitecto Julio De Vido, y sólo para los considerandos, integró a las restantes fuerzas del Frente. Desde entonces –y se convirtió en una constante de la gestión de Kirchner- nunca una fuerza política dejó de perder hombres y mujeres a manos del irresistible manejo de “la cosa pública” que impuso K. Por ejemplo, con el Frente Municipal, perdieron su existencia en Gallegos como partidos, el Intransigente y la Democracia Cristiana. Kirchner comenzó ajustando las cuentas del municipio. Para esto eliminó alquileres que pagaba la intendencia, destruyó la red de centros de integración barrial de su antecesor, desarmó la estructura de Cultura –también obra de Cepernic-, y le pidió a Alicia que recreara todo eso pero con otra orientación, apuntalando así la estructura política propia. No había dinero en el tesoro municipal para hacer grandes anuncios; entonces, el 22 de diciembre de 1987 sacó a la calle a todo el personal a lavar las veredas de la calle Roca, el centro comercial de Gallegos. Se dice que en persona, escondido detrás de un tapial, controló la operación que marcaba su estilo a los empleados municipales. Ejecutó una gestión prolija, bien controlada por la mayoría UCR en el Concejo Deliberante y con una interesante tarea del Tribunal de Cuentas que le obligó a informar, regularmente, de los ingresos y egresos. Además, ejecutó pavimentación de calles, construcción de veredas, mejora de la iluminación de las calles y levantó varios gimnasios municipales en los barrios. En tanto, el gobierno provincial era caótico. Pero antes de cargar sobre Jaime Del Val, tendría que superar escollos internos. Los concejales Jorge Chávez, alias Negro –hombre de la “banda Cordobesa”- y Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka, de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, plantearon sus disidencias con el estilo personalista de Kirchner y crearon la COP (Corriente de Opinión Peronista). Lograron sumar a Mónica Kuney, Mario Metaza, Edgar Sánchez, Carlos Guardo (peronista muy a la derecha que participó del derrocamiento de Cepernic, en los ’70), y otros. La COP inició alianzas con otras agrupaciones peronistas. Una de ellas reunía a Olaf Aaset, alias Pilín, el chico que vió como Lupín se llevaba el televisor de su casa (ver Capítulo 1); Javier Pérez Gallart y Gabriel Pérez Rassetti, alias Pajarito; además de dirigente de ATE, como Jorge Rivolta; e históricos del PJ como Norberto Ferrantes, alias Madurga; y Pocho Manrique. Chávez llegó al Sur huyendo de los militares, y en 1980 ingresó como asesor legal en el Ministerio de Asuntos Sociales. En 1984 arribaría, siguiendo a la “banda Cordobesa” un camarada que lo había salvado de caer prisionero, Carlos Alberto Zannini, alias El Chino, quien sí había estado preso luego de que lo atraparan en la ex confitería El Molino. En 1987, Zannini llegó a la Secretaría de Gobierno municipal; aunque –dicen- coincidía con los planteos de Chávez. También dicen que intentó irse a vivir de su profesión en Comodoro Rivadavia, en El Chubut, pero los fracasos lo impulsaron a volver a Kirchner. # Carga sobre Del Val La gobernación de Jaime Del Val, poco a poco, se transformó en una corte donde política, sexo y poder eran fermentos del desastre anunciado. En 1989, Del Val sufrió una embolia cerebral y fue derivado a la Ciudad de Buenos Aires. Su vice, Ramón Granero, alias Bochi, intentó gobernar manteniendo la estructura que dejó Del Val, mientras la inflación hacía estragos en la coparticipación federal y el dólar escalaba las nubes, dificultándose afrontar la masa salarial de la sobrepoblada administración pública. El regreso de Del Val mostró a un hombre agobiado por la enfermedad, con parte de su cuerpo paralizado y dificultades en el habla, propia de una persona que no terminó su proceso de recuperación. Granero sabía que los votos ganados con su actuación como diputado provincial se diluían junto a Del Val. Las conspiraciones de Rafael Flores, por un lado, y de Néstor Kirchner, por el otro, comenzaron a resultarse simpáticas. En la Nación, la tormenta liberal exigía reordenar los estados provinciales y esto resultó terrible para Del Val, el único gobernador que se jugó por Carlos Menem en 1988, en un escenario de conflictividad social en aumento por el cerco financiero que se cerraba sobre Santa Cruz. “Del Val fue a la Casa Rosada a pedir plata y le entregaron balas de goma y un curso de capacitación de la policía provincial en la represión de motines”, me reveló un ministro del gobernador, que había ingresado a la Casa de Gobierno eludiendo manifestantes, todos de la Administración Pública. Señaló a los policías, que lucían chalecos antibalas nuevos, sobre gastados uniformes. También nuevos eran los cascos con visera y las cananas con cartuchos de balas de goma y granadas lacrimógenas. Con armamento reluciente y actitud de combate, los policías parecían distintos a los que se intuían cercanos a los manifestantes porque su salario se encontraba atado al éxito de la manifestación. Con los funcionarios escapándose hacia el patio de la vecina jefatura policial, donde a su vez había una puja interna, durante la tarde, y vía un memorando con una firma falsificada, se ordenó tirar. Hasta una embaraza sufrió los balazos de goma y los gases. La represión se terminó tan rápida como empezó, al llegar los diputados, en tropel, a la Legislatura. La policía se escudó en el memo falso y los funcionarios del gabinete provincial se refugiaron en Dolores Ávila, secretaria Legal del Ministerio Secretaría General, todos buscando un responsable para entregar a los diputados. Ávila, a quien llamaban “la Doctorcita”, era la "novia secreta” del gobernador enfermo; más adelante, cuando él se divorció, fue su esposa. Aquella tarde fue señalado como culpable José Tapia, alias Pepe, el único de quien nadie esperaba una orden de represión, aparente firmante del memorando represor. Ávila, Caíto Del Val –hijo del gobernador- los diputados UCR López y Quintar, junto a Kirchner, intentaron convencerlo a Tapia de que aceptara la culpa, prometiéndole una interpelación legislativa breve y sin problemas. Kirchner, quien preparaba el golpe institucional contra Del Val con la herramienta del juicio político, temía que la dirigencia del sindicato de empleados públicos Apap, controlado por las asambleas donde la izquierda encontraba eco a su propuesta de movilización y lucha, aumentara la apuesta porque con más confrontación había peligro de intervención federal, donde suponía que se candidateaba Puricelli. Tapia se mantuvo firme y, entonces, Del Val lo culpó y lo echó del ministerio por “inútil”. Es curioso: Tapia siguió caminando, tranquilo, por las calles de Gallegos y nunca nadie le dijo nada porque nadie había creído en las imputaciones. Flores y Kirchner querían la caída de Del Val para eliminar a la estructura de Puricelli y a su cuñado, el senador nacional Pedro Molina; la fecha propicia parecía el mes del Mundial 1990, que se jugaría en Italia. El bloque UCR era liderado por Ernesto Cruz, alias Sinatra, según los columnistas políticos, quien se sumó a la propuesta de juicio político porque creía que todo el descalabro del PJ lo pondría a tiro de la Gobernación. Antes de avanzar con el juicio político, la nueva coalición le exigió integrar un gabinete con sus hombres, ejecutar algunos ajustes fiscales y, luego, que pidiera licencia. Del Val resistió, confiado en que Carlos y Eduardo Menem lo apoyarían en contra del quiebre institucional, pero no consiguió más que declaraciones de prensa. En la Cámara de Diputados provincial se reunieron pruebas, bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner, miles de fojas apuntalaron ocho cargos, maniobras en la Subsecretaría de Pesca, la enfermedad del gobernador y la utilización de medios provinciales para realizar mejoras en su estancia. Del Val, por consejo de Puricelli, disolvió por decreto la Legislatura y llevó la cuestión a la justicia. Pero la Cámara de Diputados había tomado sus previsiones, designando como camarista a una secretaria del Tribunal Superior de Justicia, Laura Patricia Ballester de Muratore. La camarista, por su antigüedad, subrogó en el Tribunal Superior de Justicia y cuando la nulidad llegó a esa instancia, su voto y el de la Dra. Clara Salazar, dejaron en minoría al Dr. Castro Dassen. El conflicto de poderes llevó al Ministerio del Interior a enviar a Jorge Díaz Martínez, un catamarqueño vinculado a los Saadi, como amigable componedor. Díaz Martínez descendió en Gallegos y se encontró con un amigo, Armando Mercado, alias Bombón, cuñado de Kirchner y aún hombre del Supe, quien no se despegó de la sombra de Díaz Martínez, quien de inmediato comprobó la soledad de Jaime Del Val, y decidió convencerlo que lo mejor era aceptar el juicio y entregar el poder a Ramón Granero. A los riojanos en el poder federal no pareció importarles qué ocurría en la lejana Patagonia. El mismo día en que los Granaderos a Caballo expulsaban a Zulema Yoma y a sus hijos de la Quinta de Olivos, Del Val reclamó en la Cámara de Diputados su derecho a defensa en juicio y denunció las presiones de Granero, Kirchner y Flores, y la falsificación de sus certificados de salud. El juicio político a Del Val tuvo todos los ingredientes de un show mediático que no conmovió demasiado a la población. Las intrigas, golpes de efecto y campañas de prensa se producían con un ojo puesto en el sillón de la Rosadita, y en la contienda electoral que se venía. Se acumularon miles de fojas, los abogados actuaban como tales y algunos cobraban con oportunas asesorías brindadas por el enjuiciado antes de que le suspendieran la firma. Los militantes de la alianza Kirchner-Flores-Granero vs. los de Del Val, colmaron las graderías mientras los funcionarios y ex funcionarios daban testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto físico ya mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban en el área: “Con algunos periodistas habría que hacer jabón”. Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel Coiffman, alias el Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las teletipos de agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media página y las organizaciones judías enviaron notas de queja. Del Val comenzó a asumir que se desbarrancaba, y el menemismo le retiró el salvavidas prometido y que aún no le había arrojado.
El juicio político terminó con la destitución de Del Val como gobernador de la provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo en siete cargos: 1. Ejecución con equipamiento oficial de una obra de aprovechamiento hidráulico en su estancia. 2. Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley Provincial de Pesca. 3. Incumplimiento de la Ley Provincial de Emergencia 2.077. 4. Extracción de fondos depositados a plazo fijo en violación a las normas vigentes y en función de hacer valor la influencia que el cargo le confiere, en el Banco de la Provincia. 5. Falta de cumplimiento en lo preceptuado en la Ley 2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7. Autorización de contraer un empréstito de US$ 430 millones. Por la negativa se votaron los restantes cargos: 1. Incapacidad física y mental. 2. Injustificable omisión en la cobertura de importantes cargos provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4. Situación de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo discrecional e irregularidades en la distribución del Bono Solidario. Con el vicegobernador Granero en el poder, la sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra. de la Cámara de Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El acuerdo Ramón Granero, alias Bochi, a cargo de la gobernación, designó, el 31 de mayo de 1990, ministro de Gobierno al abogado Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de Rafael Flores. Icazuriaga, apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque pronunció un discurso propio de alguien que llega para quedarse y no de alguien transitorio: “Mi agradecimiento al Sr. Gobernador y a todos aquellos que han entendido que, quien les habla, era la persona idónea para ocupar la cartera”.
En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30 días. La anécdota le dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de El Idóneo. En esos 30 días, el gabinete se fue conformando entre los tironeos de las facciones, cada líder quería ubicar a su gente en las áreas estratégicas. Abundaban las anécdotas de acuerdos que eran rotos cuando, a último momento, Kirchner solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La negociación se extendió más allá de la destitución de Del Val. Hacia el mes de julio, el MRP logró designar a Daniel Cámeron en el Ministerio de Economía; el Frente para la Victoria Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el Ministerio de Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la conducción de Vialidad Provincial, junto a Barletta, Palacios y Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del Legislativo y su embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de julio, cuando nació Florencia, su 2da. hija y la consentida de Kirchner. En la Secretaría General asumió Félix Ríquez, alias Puma; y en Educación, la dirigente del MID, Martha Crowe. Flores no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó a El Idóneo no asistir a la ceremonia. El gabinete nació mal pero las finanzas provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa Cruz ingresó a una virtual cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día que nació Florencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación convalidó el fallo del Tribunal Superior de Justicia santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del Val al gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario Aramburu. Varias agrupaciones justicialistas hicieron públicas sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de Unidad Peronista, las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación, Restauración Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex Corriente de Opinión, de Jorge Chávez. Puricelli seguía tejiendo contra la coalición Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de los Intendentes, presidida por Charo Sandoval, de la localidad de Los Antiguos. # Tiros en el Salón Blanco En septiembre de 1990, los sueldos eran una preocupación de trabajadores y funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas por la inflación. En la policía provincial, por más que hasta los suboficiales cobraban el 100% de su salario, se exigía una recomposición del 56%. Y lo hicieron saber a la plana mayor y al sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso representante en las negociaciones con el gobierno.
El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos oficiales que se les habían quitado a otras reparticiones, en cumplimiento de medidas de ajuste. El Idóneo anunció que los porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial serían los mismos que recibirían todos los empleados públicos, muy por debajo del 56% solicitado por los uniformados. En ese contexto ocurrió la renuncia del comisario Gottfrid y su reemplazo por el comisario general Pedro Zerbo. Luego, en la madrugada del viernes 28, el Salón Blanco de la Casa de Gobierno fue baleado por un grupo de policías que irrumpió disparando. Cristina Fernández había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia 1ra. de la Cámara pero ante la ausencia de Granero, fue informada de los graves sucesos. Ella narró al semanario Para Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner, el intendente de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de Gobierno pero ella se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner insistió en que era una emergencia, y ella dijo que le respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la calle sin perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El sereno de la Casa de Gobierno estuvo a punto de ser baleado. Los policías se llevaron el retrato del abrazo de Puricelli y Del Val, que estaba en la galería de fotos de los gobernadores, simbolizando la única vez que un gobernador electo cedió a otro electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego, esos policías marcharon a reunirse con sus compañeros, quienes se autoacuartelaron en las comisarías y destacamentos. El comisario Zerbo renunció y en su reemplazo asumió el comisario mayor Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de Gendarmería, mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados, lo que ocurrió hasta el 1º de octubre, cuando se anunció un aumento del 21,6% y que casi no se investigaría lo ocurrido. Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón Blanco. La justicia frenó los paros docentes y, a pesar del descontento por el pago en cuotas de los salarios, la Apap comenzó a desnudar las contradicciones internas que sólo se resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien coincidía su secretario general, Rafael Agulló. En tanto, los hombres de Kirchner se preparaban para romper con Flores y Granero, y así llegar con el menor costo posible a los comicios de septiembre de 1991. A Kirchner le preocupaba no dejarle ningún margen a Bochi, no fuese que éste quisiera consolidar algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la UCR que balconeaba la situación que describía como el resultado de las internas peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi todos los proyectos que envió el Ejecutivo, y la realidad financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es recordado en la provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado por decreto. Con el Ministerio de Economía sin dinero y sin resultado en las negociaciones por las deudas que la Nación e YPF mantenían con la provincia de Santa Cruz por regalías de hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de éxito. Tampoco podía ajustar los gastos en personal porque eso le permitiría reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún esperaba una intervención federal. Así, Granero, un hombre que había sido felicitado por la Nación luego de liquidar el parque automotor mucho antes que Adolfo Rodríguez Saá hablara de ello, que había obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo provincial, y que fue invitado a sumarse al PJ y buscar un escaño nacional, pasó su gestión buscando dinero que... nunca consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el tradicional mensaje a la Cámara y, dos días después, renunció.
Un día, Julio De Vido se enojó con Néstor Kirchner
Parte 5
En Río Gallegos, al frente de su disciplinada tropa, en 1991, Néstor Carlos Kirchner se preocupaba por acordar candidaturas en el interior provincial. Kirchner se perfilaba como un férreo conductor político de un sector reducido en militantes, que se había engrosado con la gestión municipal. Con un Concejo Deliberante donde estaba en minoría, y ejerciendo control sobre sus actos de gobierno, Kirchner apareció prolijo y actuando con rapidez cuando alguno de sus muchachos “se excedía”. Así, Tito Lascano partió al exilio en Punta Arenas y el Pelado Varizat se alejó de su cargo cuando un edificio en construcción se derrumbó siendo él secretario de Obras Públicas, a la vez que Maestro Mayor de Obras del edificio en cuestión. Otra denuncia fue por la compra de estacas para forestación, que el concejal UCR Felipe Silva calificó como “muy caras”, unos $ 70.000 (US$ 70.000), compradas a quien no estaba en el padrón de proveedores del municipio. Además, las estacas estaban secas. Para Carlos Zannini, secretario de Gobierno, se trató de una denuncia política de un opositor. Para Cristina Fernández, un negocio donde no se podía sospechar de ella o su marido, ya que se trataba de una suma menor a la de los tapados de piel que tenía en su ropero. Con una capacidad de trabajo que superaba a la de sus militantes más aguerridos, Lupín se presentaba a informar a los jefes de Unidades Básicas y de agrupaciones, dos veces por semana acerca de los avances en el interior; luego, la cita obligada era en el café Caravelle, donde Kirchner le solicitaba que cada uno, mano a mano, le informara de la situación en cada sector, mientras bebía whisky Criadores, café cortado, y fumaba sin descanso. Uno de los mayores interrogantes era quién lo reemplazaría en la intendencia. Su hermana Alicia estaba entre sus anhelos, pero no crecía en las encuestas. Con mejores números aparecía el arquitecto Julio De Vido, reconocido por su breve gestión en Vialidad Provincial en los días del acuerdo político con Ramón Granero. El 12 de abril de 1991, se realizó un acto en el cine Carreras, la escenografía era celeste y blanca, y con grandes letras blancas se leía “1er. Congreso FVS-MRP-Grupos Independientes Kirchner Gobernador”. Rudy Ulloa y los punteros movilizaron más de 1.000 personas, muchos quedaron afuera porque las primeras filas se llenaron de funcionarios municipales y candidatos al hueso que se arrojara. Felipe Ludueña, un aliado de Kirchner, de la derecha peronista ortodoxa, amigo de Diego Ibáñez e impulsor de la intervención federal al gobierno de
Jorge Cepernic, en los ’70, fue el orador inicial. Rafael Flores, luego, realizó un mea culpa del pasado inmediato. Rudy Ulloa Igor dirigía los cantos contra Arturo Puricelli y la UCR. Entre los presentes estaba Carlos Lemarchand, un intendente UCR que ese día cambió de bando, al frende de una nueva agrupación: Movimiento de Acción Piedrabuenense. Luego se nombró a Chiquito Arnold, el candidato a vicegobernador, y los aplausos fueron pocos. No muchos más recogió un nervioso De Vido cuando fue presentado como el candidato a intendente de Río Gallegos. Titubeante y con la voz nerviosa, su discurso nunca tomó vuelo. La barra no lo acompañó. Los motivos quedarían en evidencia algunos días después. En la noche siguiente, De Vido le entregó una plaqueta de la Municipalidad de Río Gallegos al boxeador Locomotora Castro, por su campaña personal, y los silbidos de la popular colmaron el Hispano Americano. Luego, la laguna María la Gorda se cubrió con los volantes de De Vido, en un repudio a su candidatura que encabezaba Rudy Ulloa Igor, chofer de Kirchner y quien ya manejaba los aparatos movilizadores del Frente para la Victoria. Detrás de Rudy se encolumnaron los militantes de mayor peso y la candidatura de De Vido fue reemplazada por la de Manolo López Lestón, un anciano peronista, tío de Kirchner, quien fue llevado, en un desgaste inútil, a una elección que se había dado por perdida. De Vido reunió a su escasa tropa y acusó a Kirchner de “autoritario y absolutista”, palabras que volaron hasta los oidos de Lupín, quien lo mantuvo bajo castigo hasta diciembre de aquel año. Kirchner había entendido que Julio De Vido no era representativo hacia adentro del PJ y que en Gallegos había nacido un nuevo fenómeno, que se paseaba en un automóvil antiguo, con una gran boina en el techo y enormes bigotes en su frente. Con escasos seguidores, un tipo bonachón, bigotudo y afable en serio, se convirtió, de la noche a la mañana, en el candidato de la gente: Alfredo Martínez, alias Freddy, sería el intendente de Gallegos por ocho años. # ¿Cómo hace De Vido las cuentas? El 2do. semestre de 1991 es imborrable para los santacruceños por varias razones. El conflicto con Chile, por Lago del Desierto y la poligonal, que dejaba en manos trasandinas una porción importante de territorio, se instaló definitivamente. Luego de unos titubeos frente al accionar de la Comisión 9 de Julio – Soberanía, a quienes veían como un grupo de nacionalistas trasnochados, Néstor Kirchner y Rafael Flores tomaron partido por hacer frente a las decisiones de Menem y de la Cancillería. Las expresiones de Bernardo Neustadt, en una entrevista a Patricio Aylwin, indignaron a todos los sureños: "(...) que por dos metros más o dos metros menos de tierra, nuestro país no sería más rico ni más pobre (...)”. Los Hielos Continentales se convirtieron meses después en una bandera para Kirchner, ya gobernador de la provincia de Santa Cruz. A instancias de su mujer, Cristina, aceptó que esta era la oportunidad de convertirse en una referencia nacional, al menos en los medios de comunicación. Cristina Fernández de Kirchner se encargó del trabajo mediático, y del legislativo –junto a Flores-, marcando uno de sus principales enfrentamientos con Menem, y el inicio de una estrategia de construcción de poder. Las privatizaciones y el sistema de reducción de puestos de trabajo, comenzaron a afectar al sector petrolero y al minero; Santa Cruz vio partir a más de 10.000 personas detrás de la zanahoria de elevados montos cobrados en concepto de retiros voluntarios. Menem avanzó en la reducción de cuarteles militares, y con los uniformados se marcharon sus familias, entre ellas numerosas trabajadoras docentes. Con la crisis financiera y económica instalada, en la madrugada del 13 de agosto de 1991, la erupción del volcán Hudson, del lado chileno de la Cordillera de los Andes, cubrió el 40% del territorio santacruceño con cenizas. El silicio tapó Los Antiguos y la mitad de sus pobladores debió ser evacuada, el resto optó por quedarse a resistir. Desde los Andes a la costa atlántica, la ceniza mató a 1,5 millón de ovejas y a las plantaciones de frutas finas; los ríos se quedaron sin peces, el agua potable que salía de los grifos era color marrón y las viviendas no resistieron el peso del polvo acumulado en sus techos. El viento llevó las cenizas hasta Río Gallegos y aún hasta la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, la ceniza atrajo la atención de las autoridades nacionales, que decidieron visitar la zona más afectada y concretar los acuerdos que trabajaron Pipeta Porto y Goyo Fernández, con el apoyo de Arturo Puricelli y el senador Pedro Molina, ya enrolados en el menemismo. El Acuerdo de Puerto Deseado no sólo alivió a las finanzas provinciales sino que marcó el futuro de los próximos mandatos y fue la base anhelada por el constructor del feudo.
El Acuerdo abarcó varias cuestiones: 1. Reconocimiento y cobro de regalías de petróleo mal liquidadas, que estaban en juicio desde el gobierno de Puricelli, por US$ 480 millones. 2. Entre del 10% sobre la venta de las áreas centrales en la provincia. 3. El compromiso de asignar US$ 32 millones para viviendas. 4. Aporte no reintegrable de US$ 10 millones para la asistencia a los productores agrícolas y ganaderos, como también de asistencia social a los afectados por el fenómeno del Hudson. 5. Convenio pre-acuerdo de la provincialización de los puertos. 6. Convenio de pesca. Además, se avanzó en preacuerdos globales para la compensación de deudas entre la Nación y la provincia, y entre el Banco Central y el Banco de la Provincia de Santa Cruz. Ya de regreso a su banca, luego de entregar el poder a Kirchner, el diputado provincial García, y sus ministros, publicaron el 30 de abril de 1992 una solicitada de una página en el diario La Opinión Austral, dando cuenta de sus actos de gobierno. La realidad demostró que entre el balance de situación que publicó el ministro Julio De Vido, con números a diciembre de 1991, y la solicitada de abril de 1992, no existían demasiadas contradicciones, sólo que el gobierno de Kirchner nunca más publicó los números de la provincia, y 10 años después mintió con grosería sobre estos datos, fundamentalmente en el rubro de las deudas que encontró al inicio de su gestión. Pero ya el diputado Chicho García no le refrescaría la memoria porque estaba de su lado, asesorando al bloque del oficialismo, y su ministro Tussi Peña ocupaba el sillón de secretario de Estado de Seguridad. La deuda publicada por De Vido alcanzó los US$ 380 millones, y se dedujo, del estado contable, que US$ 120 millones correspondían a compensación de deudas y créditos con el Estado Nacional, con una conclusión anticipada en el acuerdo, favorable a la provincia de Santa Cruz y con créditos en su favor que nunca fueron informados por Lupín Kirchner. Otros US$ 100 millones de deuda se trataban de financiación documentada de obras públicas, algunas con vencimiento a los cuatro años y con vías presupuestadas de aportes de fondos específicos para su pago. Las deudas del Banco de la Provincia de Santa Cruz con el Banco Central estaban en vías de condonarse a partir del pre-acuerdo por las cenizas del Hudson, y en el marco de la negociación global de los fondos por regalías mal liquidadas. La restante deuda –con proveedores, prestadores y trabajadores de salud- fue paralizada por la Ley de Emergencia de Kirchner, y cancelada en los dos primeros casos con bonos a 16 años. La deuda salarial nunca fue reconocida en su totalidad. Lo cierto es que, al momento de asumir Kirchner la Gobernación de Santa Cruz, los trabajadores cobraban en dos cuotas sus salarios, y la 1ra. medida que adoptó Kirchner fue el secuestro del medio aguinaldo y el sueldo de diciembre de 1991, medida que le permitió “hacer caja” y avanzar en una estrategia de sumisión de las estructuras que él denominaba “las corporaciones”. Lejos de las mentiras de los US$ 1.000 millones de deuda, cuatro meses de atraso en los salarios y dos aguinaldos, Kirchner encontró una provincia que se posicionó en más de $ 4 por cada $ 1 de deuda. A los $ 480 millones del acuerdo por regalías (US$ 480 millones), se les debía sumar $ 35 millones (US$ 35 millones) por la venta de las áreas centrales de petróleo y “otros $ 40 millones (US$ 40 millones) de otros créditos como los $ 12 millones (US$ 12 millones) de impuestos a los sellos que sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 27 de diciembre”.
CONTINUARA.......
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