Vida en un fortín

Hacia comienzos de 1800 los indios atacaban las estancias y poblaciones (en una forma de ataque llamada "malón" que se iban instalando en la inmensa llanura de lo que hoy es la provincia de Buenos Aires (Argentina), llevándose las haciendas y como un gran trofeo cautivando mujeres y niños.
Estos actos fueron los que dieron origen a una línea de frontera con el indio, tomando como referencia el río Salado, instalándose fuertes y fortines que les permitían protegerse.
La vida en la frontera con el "desierto" (así se llamaba en esos tiempos a las tierras habitadas por los indios) era muy dura, y llena de penalidades.

Entre la literatura del siglo XIX hubo autores que supieron transmitir la trastienda de distintos sucesos: las guerras sangrientas, las fraticidas luchas civiles y ese enorme capítulo compuesto por las luchas contra el indio.
Dentro de esta última categoría se puede ubicar al libro "La guerra al Malón", escrito por el comandante Manuel Prado (1963-1932), que fue publicado en 1907. Considerado como uno de los grandes clásicos de aquel tiempo, es un fiel testimonio de una época, el relato de la vida de los campamentos, la guerra y los retratos de los soldados e indios nos transporta a una época fundamental de la historia argentina.

Él cuenta en dicho libro sobre su llegada a uno de estos fortines de frontera:
Ya no hay memoria de aquellas viejas defensas que protegían la pampa, y ya ni el recuerdo existe de los individuos que las ocupaban.
Era la primera fuerza militar que veía yo en el servicio de frontera, y confieso que aquello me aterró.
La impresión del fortín, grosero montículo de tierra rodeado por un enorme foso, me dio frío. Al aproximarnos vi salir de unos ranchos, que más parecían cuevas de zorro que vivienda humana, a cuatro o cinco milicos desgreñados, vestidos de chiripá todos ellos; con alpargatas unos; con botas de potro los demás; con el pelo largo, las barbas crecidas, la miseria en todo el cuerpo y la bravura en los ojos.
El comandante del puesto -el teniente Arturo Turdera-, un distinguido oficial y un cumplido caballero, estaba allí, en medio de su tropa, como ella harapiento, como ella destruido y agobiado por aquella vida de hambre, de fatigas y de peligros.
Hacía ocho meses que se encontraba destacado y durante ese tiempo no había recibido una libra de carne ni una onza de galleta. El comisario les había pagado dos meses de sueldo, a cuenta de treinta y siete que les debían; ¡pero de qué les valía la plata sin tener dónde gastarla!
Las carretas del proveedor hacía la mar de tiempo que debían llegar y no llegaban; las reses vacunas no podían traerse porque era imposible custodiarlas, toda vez que la gente estaba ocupada en cosas más necesarias y precisas.
En el campamento, la tropa comía yeguas y en los fortines los pocos avestruces que podían bolear los milicos en los mancarrones extenuados y flacos. En el fortín, no había en aquel momento, ni con qué dar de comer a un mosquito. El día anterior se había boleado una gama y encontrado dos piches, pero la escolta del comisario lo había tragado todo. Los milicos iban a salir al campo, y acaso por la tarde habría como churrasquear. Teníamos que conformarnos con lo único disponible: té, pampa y... buena voluntad.
Línea de frontera en la campaña bonaerense hacia 1779. Se puede observar la ubicación de fuertes y fortines que darán origen a varios pueblos de la actual provincia de Buenos Aires
Arriba a la derecha versa: Plano que manifiesta la Frontera de las Pampas de Buenos Ayres, que se reconoció por Orden del Exmo. Señor Dn Juan Joseph de Vertiz Virrey y Cap. General de estas Provincias.
El libro puede leerse completamente gratis en esta web.
Se pueden encontrar descripciones de muchos fortines en esta web de EducAr.
Fuentes:
http://www.iccc.es/2008/01/vida-en-un-fortin/
http://www.conozcabuenosaires.com.ar/estancias.htm


