Llegué a un nuevo país hace dos años. Recuerdo que no tenía mucho dinero y tuve que buscar una vivienda accesible. Encontré un conjunto de departamentos pequeños, construidos hace poco más de 30 años en una zona tranquila habitada solo por ancianos. El departamento que me ofrecían estaba deshabitado desde hace dos años.
Vi que solo tenía dos piezas separadas por una puerta corrediza de lo que era el baño y una mini-cocina y después ya estaba la puerta de entrada. No era muy grande pero para una o dos personas es más que suficiente, así que decidí rentarlo.
Lo primero que llamó mi atención fue aquel viejo aparato metálico, rectangular y un poco grande: era el calentador de agua. De él salían dos tuberías en la parte inferior y una más gruesa y corta de la parte superior, desembocando a una ventilación cuadrangular forrada también de aluminio. Me pareció algo extraño y peligroso tener un calentador de agua dentro de la vivienda en sí…Curiosamente el resto de los departamentos sí lo tenían afuera.
Me acostumbré a dormir en la pieza que estaba pegada a la cocina y el baño; solo me aseguraba de cerrar bien la puerta corrediza para que no se colara el viento desde la puerta principal. Pasó año y medio y estaba tranquilo y contento. Pero…
En octubre del 2010 comencé a tener insomnio, la última vez que lo tuve fue hace algunos años y ahora nuevamente, sin motivo aparente, no podía dormir. Pero lo realmente inquietante fue que empecé a sentirme observado, como si alguien me vigilara, no sabía de donde vendría aquella “mirada”, pero casi podría asegurar que alguien estaba ahí, conmigo.
Pasaron tres noches y entonces extrañamente tuve la certeza de que aquella “mirada” se colaba por una rendija a través de la puerta corrediza, como si alguien me vigilara desde la cocina. No me asusto fácilmente…pero desde ese día, la sensación de sentirme vigilado fue en aumento. Mi insomnio también empeoró y las dos o tres horas que lograba conciliar el sueño, tenía pesadillas. Al principio no lograba recordar el contenido de aquellas pesadillas, pero despertaba con una sensación de intenso temor. Gradualmente se hicieron cada vez más frecuentes: inicialmente una vez a la semana y después ya tres veces a la semana.
Una de esas noches, al sentirme observado, instintivamente voltee hacia la cocina y miré a través de la rendija de la puerta corrediza. Inicialmente solo vi oscuridad pero conforme pasaron varias noches, poco a poco pude ver que se asomaba algo: parecía una manta maltratada colgada de un perchero, me reí de mi “visión” al recordar que justo en ese lugar se encontraba el calentador de agua…Pero sentí la necesidad de seguir atento y entonces, después de un par de noches más, lo que vi me dejó perplejo: aquellas tuberías de la parte inferior finalmente tomaron la forma de algo parecido a unas piernas y a cada lado de lo que se suponía era el “cuerpo” del calentador, se asomaron un par de…brazos? Sí, todo aquello parecía un cuerpo colgado! Podía ahora ver entre la oscuridad que aquello ya no era el calentador de agua con sus tuberías sino que era el cuerpo de una mujer que colgaba de su cuello, vestida con algo parecido a una bata de hospital, la cabellera negra y larga, los brazos y piernas con un pálido tono azulado.
Conforme pasaron las noches mi insomnio era casi insoportable y las pesadillas aún más intensas pero desafortunadamente comencé a tener un recuerdo más vívido de lo que había soñado. En mi pesadilla volvía a revivir el descubrimiento gradual de aquel “cuerpo colgado” y después de varias pesadillas más, todo se concentró en la cabeza, veía cómo esa cabeza comenzaba a moverse lentamente de un lado a otro, balanceando su cabellera suavemente, como si aquella mujer se despertara!
A finales de noviembre, una noche desperté casi gritando: La cabeza de la mujer se había balanceado lentamente y al final, súbitamente la levantó!!…Fue horrible: Los ojos inyectados en sangre, los labios secos y con llagas, la piel con el mismo tinte azuloso y pálido a la vez, con una expresión de enojo incontenible!
Por aquellos días ya estaba yo bastante cansado y ojeroso. Uno de mis compañeros amablemente me invitó a visitar algunos templos sintoístas y fue ahí donde me atreví a platicarle de mi insomnio, mi sensación de ser vigilado, las pesadillas y lo que veía cada noche en mi cocina. Él solo me dijo: “Probablemente el insomnio te hace ver cosas porque tu mente está cansada…O crees que hay algo más?” No respondí nada porque no sabía qué decir. Transcurrió el día y traté de relajarme; Observé cuidadosamente cada uno de los amuletos que vendían en aquellos templos…pero no compré nada, no soy creyente de esas cosas. Ya casi al finalizar nuestra visita, mi compañero me extendió su mano al tiempo que me preguntó: “Los quieres?”.
En su mano tenía 3 papelitos rectangulares con algunas inscripciones negras y figuras rojas, no sabía que eran y al preguntarle por ellos solo me los dio diciendo: “Pégalos en tu casa: en las paredes y en la puerta de entrada”.
Esa noche, poco antes de acostarme, vi aquellos papelitos en mi escritorio y recordé las palabras de mi compañero. Sin saber exactamente la razón, simplemente decidí pegarlos como me lo indicó.
Pasaron varias noches y aunque el insomnio seguía, la sensación de ser vigilado había desaparecido. Y no solo eso: ahora aunque trataba de encontrar la figura de aquel cuerpo colgando en la cocina, lo único que lograba ver entre la oscuridad era el calentador de agua.
Hasta hace poco volví a ver a mi compañero y le dije:
-Recuerdas aquellos papelitos que me regalaste?
-Sí, los pegaste?
-Qué son?
-Amuletos. Un monje me los obsequió. Te sirvieron?
Al decirme esto, él me sonreía tranquilamente y sentí que no era necesario dar más detalles al respecto, así que solo correspondí la sonrisa y le dije:
-Gracias.
Vi que solo tenía dos piezas separadas por una puerta corrediza de lo que era el baño y una mini-cocina y después ya estaba la puerta de entrada. No era muy grande pero para una o dos personas es más que suficiente, así que decidí rentarlo.
Lo primero que llamó mi atención fue aquel viejo aparato metálico, rectangular y un poco grande: era el calentador de agua. De él salían dos tuberías en la parte inferior y una más gruesa y corta de la parte superior, desembocando a una ventilación cuadrangular forrada también de aluminio. Me pareció algo extraño y peligroso tener un calentador de agua dentro de la vivienda en sí…Curiosamente el resto de los departamentos sí lo tenían afuera.
Me acostumbré a dormir en la pieza que estaba pegada a la cocina y el baño; solo me aseguraba de cerrar bien la puerta corrediza para que no se colara el viento desde la puerta principal. Pasó año y medio y estaba tranquilo y contento. Pero…
En octubre del 2010 comencé a tener insomnio, la última vez que lo tuve fue hace algunos años y ahora nuevamente, sin motivo aparente, no podía dormir. Pero lo realmente inquietante fue que empecé a sentirme observado, como si alguien me vigilara, no sabía de donde vendría aquella “mirada”, pero casi podría asegurar que alguien estaba ahí, conmigo.
Pasaron tres noches y entonces extrañamente tuve la certeza de que aquella “mirada” se colaba por una rendija a través de la puerta corrediza, como si alguien me vigilara desde la cocina. No me asusto fácilmente…pero desde ese día, la sensación de sentirme vigilado fue en aumento. Mi insomnio también empeoró y las dos o tres horas que lograba conciliar el sueño, tenía pesadillas. Al principio no lograba recordar el contenido de aquellas pesadillas, pero despertaba con una sensación de intenso temor. Gradualmente se hicieron cada vez más frecuentes: inicialmente una vez a la semana y después ya tres veces a la semana.
Una de esas noches, al sentirme observado, instintivamente voltee hacia la cocina y miré a través de la rendija de la puerta corrediza. Inicialmente solo vi oscuridad pero conforme pasaron varias noches, poco a poco pude ver que se asomaba algo: parecía una manta maltratada colgada de un perchero, me reí de mi “visión” al recordar que justo en ese lugar se encontraba el calentador de agua…Pero sentí la necesidad de seguir atento y entonces, después de un par de noches más, lo que vi me dejó perplejo: aquellas tuberías de la parte inferior finalmente tomaron la forma de algo parecido a unas piernas y a cada lado de lo que se suponía era el “cuerpo” del calentador, se asomaron un par de…brazos? Sí, todo aquello parecía un cuerpo colgado! Podía ahora ver entre la oscuridad que aquello ya no era el calentador de agua con sus tuberías sino que era el cuerpo de una mujer que colgaba de su cuello, vestida con algo parecido a una bata de hospital, la cabellera negra y larga, los brazos y piernas con un pálido tono azulado.
Conforme pasaron las noches mi insomnio era casi insoportable y las pesadillas aún más intensas pero desafortunadamente comencé a tener un recuerdo más vívido de lo que había soñado. En mi pesadilla volvía a revivir el descubrimiento gradual de aquel “cuerpo colgado” y después de varias pesadillas más, todo se concentró en la cabeza, veía cómo esa cabeza comenzaba a moverse lentamente de un lado a otro, balanceando su cabellera suavemente, como si aquella mujer se despertara!
A finales de noviembre, una noche desperté casi gritando: La cabeza de la mujer se había balanceado lentamente y al final, súbitamente la levantó!!…Fue horrible: Los ojos inyectados en sangre, los labios secos y con llagas, la piel con el mismo tinte azuloso y pálido a la vez, con una expresión de enojo incontenible!
Por aquellos días ya estaba yo bastante cansado y ojeroso. Uno de mis compañeros amablemente me invitó a visitar algunos templos sintoístas y fue ahí donde me atreví a platicarle de mi insomnio, mi sensación de ser vigilado, las pesadillas y lo que veía cada noche en mi cocina. Él solo me dijo: “Probablemente el insomnio te hace ver cosas porque tu mente está cansada…O crees que hay algo más?” No respondí nada porque no sabía qué decir. Transcurrió el día y traté de relajarme; Observé cuidadosamente cada uno de los amuletos que vendían en aquellos templos…pero no compré nada, no soy creyente de esas cosas. Ya casi al finalizar nuestra visita, mi compañero me extendió su mano al tiempo que me preguntó: “Los quieres?”.
En su mano tenía 3 papelitos rectangulares con algunas inscripciones negras y figuras rojas, no sabía que eran y al preguntarle por ellos solo me los dio diciendo: “Pégalos en tu casa: en las paredes y en la puerta de entrada”.
Esa noche, poco antes de acostarme, vi aquellos papelitos en mi escritorio y recordé las palabras de mi compañero. Sin saber exactamente la razón, simplemente decidí pegarlos como me lo indicó.
Pasaron varias noches y aunque el insomnio seguía, la sensación de ser vigilado había desaparecido. Y no solo eso: ahora aunque trataba de encontrar la figura de aquel cuerpo colgando en la cocina, lo único que lograba ver entre la oscuridad era el calentador de agua.
Hasta hace poco volví a ver a mi compañero y le dije:
-Recuerdas aquellos papelitos que me regalaste?
-Sí, los pegaste?
-Qué son?
-Amuletos. Un monje me los obsequió. Te sirvieron?
Al decirme esto, él me sonreía tranquilamente y sentí que no era necesario dar más detalles al respecto, así que solo correspondí la sonrisa y le dije:
-Gracias.