He de confesar que no pude contenerme. Tras aconsejar a los lectores esperar una segunda o tercera generación del iPad, adquirí la primera que tuve al alcance de mi mano. Al cabo de varias semanas estoy encantado… y furioso.
Compré el modelo más barato: 500 dólares en EEUU. 16G de memoria. El que se conecta a la red mediante wifi. Las versiones 3G me parecen excesivamente caras ya que, además del precio, hay que pagar una suscripción mensual para recibir y mandar datos.
La pantalla es tan buena como me había parecido a primera vista. La gozo cada vez que miro fotos, mapas (los de Google o los del National Geographic) o videos.
Por comodidad personal leo libros comprados en Amazon.com gracias a la aplicación Kindle. Pero he de reconocer que después de leer en la pantalla del iPad no me imagino volviendo a la del Kindle. Mi equivocación fue total. La experiencia se asemeja a la que puede experimentarse frente a un televisor blanco y negro después de haber mirado la pantalla a color.
Para escribir uso el teclado bluetooth de Apple que me permite teclear a buena velocidad (imposible con el virtual que aparece en la pantalla) y utilizar el iPad en reuniones de trabajo o para preparar notas.
Aunque… el aparato no es de manejo muy cómodo (se resbala, es frágil), y me pasé una semana sin conexión wifi en casa: ocurre en ciertos puntos de acceso, como reconoció Apple.
Las baterías duran mucho: las diez horas prometidas… aunque no se nos informa que hace falta el mismo lapso o más para recargarlas. A veces la noche no basta. Algo verdaderamente engorroso.
Las aplicaciones de algunos periódicos son espléndidas, pero quienes suponen que el iPad puede salvar a la prensa están totalmente equivocados. Quien sea dueño de un iPad puede comprar una aplicación por un puñado de dólares, no obstante la suma por una suscripción mensual es mucho más elevada. El aparato no cambia en nada el asunto.
Es importante reconocer, como The Guardian, que los usuarios del iPad serán todavía una fracción de los lectores de periódicos y, sobre todo, que el iPad es un gadget "multiuso". La familia se lo va a pelear… para divertirse más que para leer el periódico. Y en todo caso, explica el analista Alan Mutter, los periódicos (USAToday o The New York Times) le están sacando menor provecho que los canales de televisión (France24 o BBC).
El éxito precoz del iPad es indudable. Bastaron 28 ideas para llegar al millón de ejemplares vendidos, la mitad de las que se valió el iPhone. Y ya se venden dos veces más iPad que Macs.
Tan impresionante penetración al mercado contribuyó a que el miércoles 26 de mayo, a las 14h30 locales, Wall Street registrara que el valor de Apple había rebasado el de Microsoft: 227 mil millones de dólares y 226, respectivamente.
Linda victoria para una empresa que, apenas hace diez años, valía 10 veces menos que su rival más conocida y que casi todo el mundo daba por muerta.
En los últimos años el valor de Apple no ha dejado de crecer y el de Microsoft de decrecer (en buena medida, por el avance de Google). Y la sociedad evoluciona a la par. Microsoft obtiene su mayor tajada de la suite Office, esencial para las empresas, y Apple cada vez más de iTunes, a tal punto que podría decirse que ha desplazado a Office (en términos simbólicos al menos) respecto de nuestra relación con las TIC. Los consumidores comienzan a pesar más que las empresas.
Debemos empezar a preocuparnos y, tal vez, a protestar. Apple nos ofrece máquinas y programas geniales, pero está construyendo, con éxito, un espacio cerrado que pone en peligro las TIC y la internet.
Microsoft tuvo, indudablemente, actitudes de monopolio abusivo, pero cualquiera puede siempre crear algo que no se le había ocurrido a nadie y agregarlo a su plataforma.
Google aspira a conocer toda la información disponible en el mundo, pero brinda buena parte de sus programas en Open Source a fin de que cualquiera pueda modificarlos a su antojo.
El iPhone y el iPad Apple constituyen un espacio cerrado que nadie puede alterar sin su autorización. Ofrece a cambio una zona ordenada y confortable a la cual es difícil resistirse.
El problema es que pone en peligro el sistema sobre el que descansa el avance de las TIC y de la web. A principios de los 90 Compuserve, AOL, Prodigy ofrecían protección y dominaban nuestro acceso a la información, al ocio y demás posibilidades. No pudieron renunciar al mundo abierto de la internet en el que buenos y malos circulan, se expresan, y la innovación prospera.
Jonathan Zittrain explica en su libro "El futuro de la internet y cómo detenerlo", que los iPads, iPhones, Xboxes y Tivos son "la primera ola de productos centrados en la internet que nadie puede modificar, salvo quienes los venden o algunos de sus socios". Podría marcar el fin de lo que denomina plataformas "generativas" sobre las que se crean ofertas y productos en los que nadie había pensado.
Steve Jobs me da productos geniales y alienta la innovación que le conviene, limitándola a su jardín. Castra la que se pueda dar afuera. Soy adicto a lo que vende pero, a la vez, me sabe mal el universo cerrado al cual me constriñe: vuelve amargo mi gusto... y dudo que vaya a soportarlo eternamente.
Fuente:
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Compré el modelo más barato: 500 dólares en EEUU. 16G de memoria. El que se conecta a la red mediante wifi. Las versiones 3G me parecen excesivamente caras ya que, además del precio, hay que pagar una suscripción mensual para recibir y mandar datos.
La pantalla es tan buena como me había parecido a primera vista. La gozo cada vez que miro fotos, mapas (los de Google o los del National Geographic) o videos.
Por comodidad personal leo libros comprados en Amazon.com gracias a la aplicación Kindle. Pero he de reconocer que después de leer en la pantalla del iPad no me imagino volviendo a la del Kindle. Mi equivocación fue total. La experiencia se asemeja a la que puede experimentarse frente a un televisor blanco y negro después de haber mirado la pantalla a color.
Para escribir uso el teclado bluetooth de Apple que me permite teclear a buena velocidad (imposible con el virtual que aparece en la pantalla) y utilizar el iPad en reuniones de trabajo o para preparar notas.
Aunque… el aparato no es de manejo muy cómodo (se resbala, es frágil), y me pasé una semana sin conexión wifi en casa: ocurre en ciertos puntos de acceso, como reconoció Apple.
Las baterías duran mucho: las diez horas prometidas… aunque no se nos informa que hace falta el mismo lapso o más para recargarlas. A veces la noche no basta. Algo verdaderamente engorroso.
Las aplicaciones de algunos periódicos son espléndidas, pero quienes suponen que el iPad puede salvar a la prensa están totalmente equivocados. Quien sea dueño de un iPad puede comprar una aplicación por un puñado de dólares, no obstante la suma por una suscripción mensual es mucho más elevada. El aparato no cambia en nada el asunto.
Es importante reconocer, como The Guardian, que los usuarios del iPad serán todavía una fracción de los lectores de periódicos y, sobre todo, que el iPad es un gadget "multiuso". La familia se lo va a pelear… para divertirse más que para leer el periódico. Y en todo caso, explica el analista Alan Mutter, los periódicos (USAToday o The New York Times) le están sacando menor provecho que los canales de televisión (France24 o BBC).
El éxito precoz del iPad es indudable. Bastaron 28 ideas para llegar al millón de ejemplares vendidos, la mitad de las que se valió el iPhone. Y ya se venden dos veces más iPad que Macs.
Tan impresionante penetración al mercado contribuyó a que el miércoles 26 de mayo, a las 14h30 locales, Wall Street registrara que el valor de Apple había rebasado el de Microsoft: 227 mil millones de dólares y 226, respectivamente.
Linda victoria para una empresa que, apenas hace diez años, valía 10 veces menos que su rival más conocida y que casi todo el mundo daba por muerta.
En los últimos años el valor de Apple no ha dejado de crecer y el de Microsoft de decrecer (en buena medida, por el avance de Google). Y la sociedad evoluciona a la par. Microsoft obtiene su mayor tajada de la suite Office, esencial para las empresas, y Apple cada vez más de iTunes, a tal punto que podría decirse que ha desplazado a Office (en términos simbólicos al menos) respecto de nuestra relación con las TIC. Los consumidores comienzan a pesar más que las empresas.
Debemos empezar a preocuparnos y, tal vez, a protestar. Apple nos ofrece máquinas y programas geniales, pero está construyendo, con éxito, un espacio cerrado que pone en peligro las TIC y la internet.
Microsoft tuvo, indudablemente, actitudes de monopolio abusivo, pero cualquiera puede siempre crear algo que no se le había ocurrido a nadie y agregarlo a su plataforma.
Google aspira a conocer toda la información disponible en el mundo, pero brinda buena parte de sus programas en Open Source a fin de que cualquiera pueda modificarlos a su antojo.
El iPhone y el iPad Apple constituyen un espacio cerrado que nadie puede alterar sin su autorización. Ofrece a cambio una zona ordenada y confortable a la cual es difícil resistirse.
El problema es que pone en peligro el sistema sobre el que descansa el avance de las TIC y de la web. A principios de los 90 Compuserve, AOL, Prodigy ofrecían protección y dominaban nuestro acceso a la información, al ocio y demás posibilidades. No pudieron renunciar al mundo abierto de la internet en el que buenos y malos circulan, se expresan, y la innovación prospera.
Jonathan Zittrain explica en su libro "El futuro de la internet y cómo detenerlo", que los iPads, iPhones, Xboxes y Tivos son "la primera ola de productos centrados en la internet que nadie puede modificar, salvo quienes los venden o algunos de sus socios". Podría marcar el fin de lo que denomina plataformas "generativas" sobre las que se crean ofertas y productos en los que nadie había pensado.
Steve Jobs me da productos geniales y alienta la innovación que le conviene, limitándola a su jardín. Castra la que se pueda dar afuera. Soy adicto a lo que vende pero, a la vez, me sabe mal el universo cerrado al cual me constriñe: vuelve amargo mi gusto... y dudo que vaya a soportarlo eternamente.
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