RETRATO DE UN PERSEVERANTE
La historia dice que este hombre fracasó en
los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue
derrotado para la Legislatura de 1832. Su pro-
metida murió en 1835. Sufrió un colapso ner-
vioso en 1836. Fue vencido en las elecciones de
1836 y en las parlamentarias de 1843,1846,
1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a
la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue de-
rrotado en las elecciones para el Senado.
Este hombre obstinado fue Abraham Lin-
coln, elegido presidente de Estados Unidos en
1860.
La lección es muy sencilla: sólo se fracasa cuan-
do se deja de intentar.
los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue
derrotado para la Legislatura de 1832. Su pro-
metida murió en 1835. Sufrió un colapso ner-
vioso en 1836. Fue vencido en las elecciones de
1836 y en las parlamentarias de 1843,1846,
1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a
la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue de-
rrotado en las elecciones para el Senado.
Este hombre obstinado fue Abraham Lin-
coln, elegido presidente de Estados Unidos en
1860.
La lección es muy sencilla: sólo se fracasa cuan-
do se deja de intentar.

EL E-MAIL
Un hombre pierde su trabajo. Luego de bus-
car varios meses, se entera de que en Microsoft
necesitan barrenderos. El gerente de relaciones
industriales le pregunta sus datos, lo observa
barrer, lo felicita y le dice: “El puesto es suyo.
Deme su e-mail, para informarle el día y la hora
en que deberá presentarse”.
El hombre, desconsolado, contesta que no
tiene e-mail, y el gerente de relaciones indus-
triales le dice que lo lamenta mucho pero que si
no tiene e-mail, virtualmente no existe, y que,
como no existe, no le puede dar el trabajo.
El hombre sale desesperado, no sabe qué
hacer y sólo tiene $250 en el bolsillo. Enton-
ces decide ir al mercado de abastecimiento de
frutas y verduras y compra un cajón de tomates
de 10 kg. Se va de casa en casa vendiendo
el kilo de tomates a $50. En menos de dos ho-
ras ha duplicado su dinero; repite la opera-
ción otras tres veces, cena en un pequeño res-
taurante y vuelve a casa con $150.
Se da cuenta de que de esa forma puede so-
brevivir, y cada día sale más temprano y vuelve
más tarde. Así duplica, triplica y hasta cuadri-
plica el dinero en un solo día. Con un poco de
suerte logra comprar una camioneta, que un año
después cambia por un camión; a los tres años,
ya tiene una pequeña flota de transporte.
Luego de cinco años, el buen hombre es
dueño de una de las principales distribuidoras
de alimentos del país. Entonces recibe a un
agente de seguros y, al terminar la conversa-
ción, este le pide al empresario que le dé su
dirección electrónica para enviarle la póliza. El
hombre contesta que no tiene e-mail, y el agente
le dice:
—Si usted no tiene e-mail y llegó a construir
este imperio, no quiero imaginarme lo que sería
si lo tuviera.
Y el buen hombre replica:
—Sería barrendero de Microsoft.
Moraleja 1. Internet no te soluciona la vida.
Moraleja 2. Si trabajas por tu cuenta y tienes
suerte, puedes ser millonario.
Moraleja 3. Si quieres ser barrendero de Mi-
crosoft, es mejor tener e-mail.
Corolario. Si este mensaje te llega por e-mail,
es muy probable que estés más cerca de ser barren-
dero de Microsoft que multimillonario.
car varios meses, se entera de que en Microsoft
necesitan barrenderos. El gerente de relaciones
industriales le pregunta sus datos, lo observa
barrer, lo felicita y le dice: “El puesto es suyo.
Deme su e-mail, para informarle el día y la hora
en que deberá presentarse”.
El hombre, desconsolado, contesta que no
tiene e-mail, y el gerente de relaciones indus-
triales le dice que lo lamenta mucho pero que si
no tiene e-mail, virtualmente no existe, y que,
como no existe, no le puede dar el trabajo.
El hombre sale desesperado, no sabe qué
hacer y sólo tiene $250 en el bolsillo. Enton-
ces decide ir al mercado de abastecimiento de
frutas y verduras y compra un cajón de tomates
de 10 kg. Se va de casa en casa vendiendo
el kilo de tomates a $50. En menos de dos ho-
ras ha duplicado su dinero; repite la opera-
ción otras tres veces, cena en un pequeño res-
taurante y vuelve a casa con $150.
Se da cuenta de que de esa forma puede so-
brevivir, y cada día sale más temprano y vuelve
más tarde. Así duplica, triplica y hasta cuadri-
plica el dinero en un solo día. Con un poco de
suerte logra comprar una camioneta, que un año
después cambia por un camión; a los tres años,
ya tiene una pequeña flota de transporte.
Luego de cinco años, el buen hombre es
dueño de una de las principales distribuidoras
de alimentos del país. Entonces recibe a un
agente de seguros y, al terminar la conversa-
ción, este le pide al empresario que le dé su
dirección electrónica para enviarle la póliza. El
hombre contesta que no tiene e-mail, y el agente
le dice:
—Si usted no tiene e-mail y llegó a construir
este imperio, no quiero imaginarme lo que sería
si lo tuviera.
Y el buen hombre replica:
—Sería barrendero de Microsoft.
Moraleja 1. Internet no te soluciona la vida.
Moraleja 2. Si trabajas por tu cuenta y tienes
suerte, puedes ser millonario.
Moraleja 3. Si quieres ser barrendero de Mi-
crosoft, es mejor tener e-mail.
Corolario. Si este mensaje te llega por e-mail,
es muy probable que estés más cerca de ser barren-
dero de Microsoft que multimillonario.
LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE*
En cierta ocasión, durante mi segundo semes-
tre en la escuela de enfermería, el profesor nos
hizo un examen sorpresa. Leí rápidamente todas
las preguntas, hasta llegar a la última: “¿Cómo se
llama la mujer que limpia la escuela?”
Seguramente era una broma. Yo había visto
muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Era alta, de cabello oscuro, unos 50 años, pero,
¿cómo iba a saber su nombre? Entregué el examen
sin contestar la última pregunta.
Antes de que terminara la clase, alguien le
preguntó al profesor si esa pregunta contaría
para la calificación. “Definitivamente —con-
testó. En sus carreras ustedes conocerán a
muchas personas. Todas son importantes. Ellas
merecen su atención y cuidado, aun si ustedes
sólo les sonríen y dicen: ¡Hola!”
Nunca olvidé esa lección, y supe luego que
su nombre era Dorothy. Todos somos impor-
tantes.
Este es un curso acelerado de relaciones
humanas en el trabajo. A propósito, ¿ya se hizo
la misma pregunta ?
tre en la escuela de enfermería, el profesor nos
hizo un examen sorpresa. Leí rápidamente todas
las preguntas, hasta llegar a la última: “¿Cómo se
llama la mujer que limpia la escuela?”
Seguramente era una broma. Yo había visto
muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Era alta, de cabello oscuro, unos 50 años, pero,
¿cómo iba a saber su nombre? Entregué el examen
sin contestar la última pregunta.
Antes de que terminara la clase, alguien le
preguntó al profesor si esa pregunta contaría
para la calificación. “Definitivamente —con-
testó. En sus carreras ustedes conocerán a
muchas personas. Todas son importantes. Ellas
merecen su atención y cuidado, aun si ustedes
sólo les sonríen y dicen: ¡Hola!”
Nunca olvidé esa lección, y supe luego que
su nombre era Dorothy. Todos somos impor-
tantes.
Este es un curso acelerado de relaciones
humanas en el trabajo. A propósito, ¿ya se hizo
la misma pregunta ?

LOS OBSTÁCULOS EN NUESTRO CAMINO*
Un rey puso una gran roca en medio del
camino, obstaculizando el paso. Luego se
escondió para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino
y algunos cortesanos que pasaron simplemen-
te rodearon la roca. Muchos culparon al rey de
no mantener los caminos despejados, pero
ninguno hizo algo para retirar el obstáculo.
Entonces llegó un campesino que llevaba
una carga de verduras. La dejó en el piso y
trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo lo-
gró. Mientras recogía su carga, encontró una
cartera en el piso, justo donde había estado la
roca. Contenía muchas monedas de oro y una nota del rey,
indicando que esa era la recom-
pensa para quien despejara el camino.
El campesino aprendió lo que los otros nun-
ca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad
para mejorar la propia condición. ¡Si alguna
vez cae, levántese y siga adelante!
camino, obstaculizando el paso. Luego se
escondió para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino
y algunos cortesanos que pasaron simplemen-
te rodearon la roca. Muchos culparon al rey de
no mantener los caminos despejados, pero
ninguno hizo algo para retirar el obstáculo.
Entonces llegó un campesino que llevaba
una carga de verduras. La dejó en el piso y
trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo lo-
gró. Mientras recogía su carga, encontró una
cartera en el piso, justo donde había estado la
roca. Contenía muchas monedas de oro y una nota del rey,
indicando que esa era la recom-
pensa para quien despejara el camino.
El campesino aprendió lo que los otros nun-
ca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad
para mejorar la propia condición. ¡Si alguna
vez cae, levántese y siga adelante!

DAR Y PERDER LA VIDA* (MI FAVORITA)
Hace muchos años, cuando trabajaba como
voluntario en un hospital de Stanford, conocí
a una niñita llamada Liz, que sufría de una
extraña enfermedad. Su única oportunidad de
recuperarse era una transfusión de sangre de
su hermano de 5 años, quien había sobrevivi-
do a la misma enfermedad y había desarrolla-
do los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano
de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a
darle su sangre. Yo lo vi dudar por un mo-
mento antes de tomar un gran suspiro y decir:
“Sí, lo haré si eso salva a Liz”.
Mientras la transfusión se hacía, él estaba
acostado en una cama al lado de la de su her-
mana, muy sonriente, mientras nosotros los
asistíamos y veíamos regresar el color a las me-
jillas de la niña. De pronto el pequeño se puso
pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor
y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora
empezaré a morir?”
No había comprendido al doctor: pensaba
que tendría que darle toda su sangre a su her-
mana. Y aun así había aceptado.
Da todo por quienes amas. Ama como nunca
lo has hecho. No desprecies la amistad de tus
amigos. Vive cada día con fe, amor y paz.
voluntario en un hospital de Stanford, conocí
a una niñita llamada Liz, que sufría de una
extraña enfermedad. Su única oportunidad de
recuperarse era una transfusión de sangre de
su hermano de 5 años, quien había sobrevivi-
do a la misma enfermedad y había desarrolla-
do los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano
de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a
darle su sangre. Yo lo vi dudar por un mo-
mento antes de tomar un gran suspiro y decir:
“Sí, lo haré si eso salva a Liz”.
Mientras la transfusión se hacía, él estaba
acostado en una cama al lado de la de su her-
mana, muy sonriente, mientras nosotros los
asistíamos y veíamos regresar el color a las me-
jillas de la niña. De pronto el pequeño se puso
pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor
y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora
empezaré a morir?”
No había comprendido al doctor: pensaba
que tendría que darle toda su sangre a su her-
mana. Y aun así había aceptado.
Da todo por quienes amas. Ama como nunca
lo has hecho. No desprecies la amistad de tus
amigos. Vive cada día con fe, amor y paz.

"
ESO ES TODO ESPERO LES HAYA GUSTADO.
Y RECUERDEN VIVIR EL HOY COMO SI FUERA
EL ULTIMO DIA"
Y RECUERDEN VIVIR EL HOY COMO SI FUERA
EL ULTIMO DIA"
*COMENTAR ES AGRADECER*
Libro la culpa es de la vaca. Jaime Lopera 2002