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Joseph Mengele en la Argentina

Info11/16/2010

Mengele en Alemania.
04-11-2008 / Documentos reveladores de los contactos y los negocios del criminal nazi en el país. La complicidad del gobierno alemán y de sectores influyentes nacionales ayudó al paso del jerarca nazi por este país. Carlos De Nápoli, en su libro Los científicos nazis en la Argentina –Editorial Edhasa–, revela facetas desconocidas de este hecho histórico. Aquí, un adelanto en exclusiva del capítulo dedicado a Mengele y las dudas sobre su muerte en Brasil.



Por lo que se sabe, Mengele huyó de Auschwitz a finales de 1944, luego de los fuertes bombardeos sufridos por el campo de concentración y exterminio, y con bastante antelación a la llegada de los soviéticos. No hay al respecto documentos, sino testimonios bastante contradictorios.
De vuelta a Gunzburg, su padre, Karl Mengele, lo protegió sin más trámite. Dueño de una importante empresa fabricante de implementos agropecuarios, Karl Mengele arrendó o compró (no hay certeza al respecto) para su hijo Joseph una finca en las cercanías de la fábrica donde podía pasar desapercibido. Pero a medida que los juicios de Nuremberg y subsecuentes fueron avanzando, algunos testigos comenzaron a mencionar el apellido Mengele, con lo que la tranquilidad obtenida fue bastante fugaz. Hacia 1949 (no en 1952 como afirma Wiesenthal) Karl Mengele dispuso todo lo necesario para el traslado de su hijo a la República Argentina.

Con conexiones políticas afianzadas, consiguió pasaporte emitido por la Cruz Roja Internacional N° 100.501, a nombre de Helmut Gregor, junto a un cómodo pasaje en el vapor North King. Luego de eludir algunos controles en la frontera italiana, debidamente asesorado sobre la ubicación de estos, Karl Mengele dejó a Joseph en Génova en abril de 1949. Con permiso de desembarco en estricta regla, “el ángel de la muerte” arribó a Buenos Aires el 20 de junio de 1949. Cuando los inspectores de migraciones de la República Argentina revisaron la documentación notaron que el italiano Gregor, hijo de NN y de Berta Gregor, no hablaba el idioma materno. Según los datos aportados, había nacido en el pueblo de Tarmano, Trento, Italia, el 6 de agosto de 1911, afirmaba ser soltero y técnico mecánico de oficio. Cuando el avispado funcionario de migraciones intentó separarlo del grupo sospechando que algo raro había en el italiano que sólo hablaba alemán, un enviado del SS Carlos Fuldner, funcionario del gobierno de Juan Domingo Perón, lo interrumpió y en menos de un minuto debió disculparse por importunarlo.

A media tarde ya se encontraba cómodamente ubicado en lo que sería su primer domicilio transitorio, sito en la calle Arenales Nº 2460 de la localidad de Florida, provincia de Buenos Aires.
Para evitar toda sospecha no ejerció como médico en sus comienzos, sino como fabricante de tornillos de bronce en un taller montado con maquinaria alemana que su padre había enviado con anterioridad a la fuga.

Pronto el pequeño emprendimiento de la calle Constituyentes, a unas diez cuadras de la avenida General Paz, se transformó en una importante fuente de ingresos, pasando con parte de los mismos a formar otra sociedad dedicada al aserrado y estiba de madera ubicada en las cercanías del taller de tornillos. Para el 5 de febrero de 1954, estaba solicitando un certificado de buena conducta para presentar en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires con el objeto de obtener su registro de conductor. Por entonces, ya poseía otra propiedad en la calle Tacuarí 431 de Capital Federal. Uno de los testigos presentados en los diversos trámites iniciados fue Gerhard Malbranc, cédula de identidad Nº 2.022.111, casualmente domiciliado en Arenales 2460, su primer domicilio, mientras que el otro fue José Stroeher, domiciliado en José Ingenieros 790 de La Lucila.

Muestra de la inserción en la comunidad local alemana de Mengele (todavía corno Helmut Gregor) resulta ser la cantidad de personas que aportaba corno testigos ante cualquier contingencia. En septiembre de 1955 solicitó autorización para viajar a Suiza, la que le es concedida. El testigo presentado, en este caso, fue Kurt Fries, con domicilio en 25 de Mayo 140 de Capital Federal y el ya mencionado Stroeher que figura en algunos documentos como Stroehr.

Vislumbrando que los vientos de la autodenominada Revolución Libertadora no lo afectaban demasiado, el doctor Mengele solicitó pasaporte de “No argentino” en noviembre de 1955, agregando que trabajaba en Orbis - Roberto Mertig, de avenida Callao 66 de Capital Federal.

Una peligrosa cuestión de faldas. El doctor Joseph Mengele se casó en 1939 con Irene Schonbein,
quien en algún momento de 1943, viajó hacia Auschwitz, manteniendo relaciones, ya que el 16 de marzo de 1944 nacería en Alemania Rolf, el único hijo conocido de Mengele.

Para tales encuentros amorosos y esparcimiento general los oficiales nazis de las SS así como los médicos y otros capitostes tenían a su disposición un spa conocido como Solahuette, ubicado en las afueras de Auschwitz.

Sin embargo, luego del pedido de extradición, el gobierno de la RFA presenta un documento a las autoridades argentinas, N° 16/61, el cual afirma:

“La Embajada de la República Federal de Alemania saluda muy atentamente al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y tiene el honor de referirse a la Nota de ese Ministerio N° 1731 - Expte. E.E. 28.521/959-, del 25 de Octubre de 1960.

“Según se ha informado a las Autoridades alemanas, el señor José Mengele estuvo casado en primeras nupcias con Irene Schonbein, y en segundas nupcias con Marta María Will. Dícese que ambas cónyuges han vivido con Mengele en la Argentina.

“Dícese también que su hijo Carlos Enrique Mengele, nacido el 15 de mayo de 1944 en Günsburg, Alemania, vivía últimamente con la señora Marta María Will de Mengele en Vicente López, calle 5 de Julio 1074.

“Dado que la confirmación de estos datos podría resultar de importancia para la búsqueda del Dr. Mengele, agradecería la Embajada si ese Ministerio tuviera a bien recabar de las Autoridades competentes una información sobre la exactitud de los datos arriba indicados. Buenos Aires, 1 de febrero de 1961”.

En realidad, todos sabían que el hijo de Mengele se llamaba Rolf, excepto el gobierno alemán, que con los datos que aportaba sólo contribuía a confundir a los investigadores.

Algunos documentos publicados por la DAIA en su Proyecto Testimonio servirán para aclarar las cosas.

En un documento viciado de errores, la Embajada de la República Federal de Alemania en Buenos Aires pide la captura del criminal Joseph Mengele para su extradición el 30 de septiembre de 1959.
El 17 de noviembre del mismo año, Ramón Lascano, Procurador General de la Nación Argentina, solicita ampliar la documentación ya que la misma carecía de todo requisito indispensable, teniendo en cuenta, además, que no existía tratado de extradición entre estas naciones.

Recién con fecha 22 de abril de 1960 los alemanes, al parecer sin demasiada urgencia, cumplimentan el pedido. Puede verse que la indispensable traducción llegó a la Argentina casi seis meses más tarde, agregando la dirección actualizada de Mengele. Dice el documento sin demasiado detalle, calle Vértiz 968, Olivos, FNGBM.

Contrariamente a lo que se afirma sobre el encubrimiento de Mengele por el gobierno de la Argentina, una vez recibido lo mínimo indispensable, el 24 de junio de 1960, el procurador Lascano dio curso favorable a la solicitud, en acta refrendada por el presidente Guido por decreto N° 7247 - M 377 del 28 de junio de 1960. A nivel mundial, se generó la impresión de que la Argentina lo había protegido, pero en este caso todo resulta falso. La justicia local, caso extraño, actuó con presteza.

La causa se remite el 30 de junio de 1960 al juez Ríos Centeno, quien se declara incompetente y remite las actuaciones al doctor Jorge Luque, a cargo del Juzgado Federal N° 3 de San Martín. Comienzan luego las actuaciones policiales de búsqueda y captura, vanas, ya que como se verá Mengele había viajado hacia Alemania casi seis meses antes de la llegada del pedido de extradición, en febrero de 1959.

Pero, como se mencionó, los antecedentes de la Argentina como receptora de nazis pesaron y a la prensa mundial no le costó demasiado endilgar la morosidad alemana a nuestro país.

Los documentos hallados en el Archivo General de la Nación permiten, sin embargo, confirmar que el viaje de Karl Mengele junto a su hijo Joseph hacia la Argentina fue efectivamente realizado. Surge de las declaraciones de Roberto Mertig, dueño de la fábrica de cocinas Orbis, ante la Policía Federal en documento oficial.

Roberto Mertig cuenta cómo conoció a Karl Mengele en la Argentina, junto a un señor que hablaba castellano, que más tarde se enteraría era su hijo Joseph Mengele. Había llegado al país con la intención de vender sus productos. Mertig viajó luego a Alemania y se encontró con Karl Mengele. Este le propuso hacer algunos negocios en la Argentina, a lo que Mertig ofreció sus “buenos oficios”. Karl Mengele le solicitó también que atendiera a su nuera María Marta Will, viuda de Mengele, y a su nieto Karl Heinz, quienes viajarían hacia la Argentina. En la declaración de Mertig puede vislumbrarse claramente que todos los Mengele se desplazaban por el mundo sin problemas y viajando casi siempre por medios que podrían llamarse en extremo lujosos. Pero todos los sucesos toman su debida dimensión cuando se ordenan bajo cronología histórica.

Encuentro en Vicente López. Ahora bien, la mencionada metalúrgica Efeve es en realidad la conocida grifería FV, cuyo dueño era por entonces el alemán Viegener. En el año 1949 llega de Alemania junto a nuestros personajes Franz Josef Viegener, de donde deriva el logotipo FV, asumiendo en la Argentina la dirección técnica de la compañía. Por supuesto, no significa esto que Viegener fuera nazi o mucho menos, pero sirve destacar que bajo el código nazi <edo>, figura formando parte de la maquinaria de guerra de Hitler la empresa Franz Viegener II KG, de Attendorn, Alemania. Es necesario recordar al lector que las empresas que formaban parte del esfuerzo de guerra estaban codificadas con tres letras.

Según los vecinos, Mengele fabricaba vástagos de bronce para canillas, además de tornillos. Lo cierto es que en Vicente López llegaron a vivir y trabajar, en determinados momentos, gran cantidad de nazis y criminales de guerra. Es de hacer notar que la empresa FV donde trabajaba Adolf Eichmann tiene domicilio actual en Bernardo de Irigoyen 1053, Florida, es decir en la misma manzana señalada por Jackisch (calle Santa Rosa 3366) en su estudio sobre Eichmann. Joseph Mengele una vez por semana llevaba en su coche varias cajas con sus productos a FV, donde Eichmann los recibía. Este último era un obrero más de la fábrica. No ocupó cargos de jerarquía. Según un vecino, esporádicamente se reunía en el bar de Constituyentes y Campos, junto a otros alemanes de la zona.

En septiembre de 1955, con la Revolución Libertadora en marcha, mientras Jorge Antonio comenzaba un largo y cruel paseo por cárceles de todo tipo a raíz de su amistad personal con el depuesto presidente Perón, Joseph Mengele viajaba hacia Suiza y Alemania, solicitando los permisos respectivos a la Policía Federal, presentando como testigo a un tal Kurt Fries con domicilio en 25 de Mayo 140. A finales de 1955 solicitó más documentación agregando que trabajaba en Orbis, de Roberto Mertig, sita en Callao 66, Capital.

La “Revolución Libertadora” y los nazis. En septiembre de 1955 un golpe de Estado derrocó al presidente Perón. Pronto, las contradicciones existentes en el seno de los golpistas produjeron sus primeras bajas. El general Eduardo Lonardi, autor de la frase “ni vencedores ni vencidos”, fue derrocado y asumió el control de la “revolución” el general Pedro Eugenio Aramburu con Isaac Rojas como vicepresidente. Estos personajes, entre las miles de irregularidades que le atribuían a Perón, señalaban la entrada de nazis al país. Algo por cierto innegable.


Sin embargo, la protección hacia los mismos desde la Libertadora se amplió en extraño contubernio.
En noviembre de 1956 se presentó Joseph Mengele en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 9, solicitando realizar un cambio de nombre. Afirmaba en el juicio sumario haber entrado al país como Helmut Gregor cuando en realidad era Joseph Mengele. Para este trámite, presentó su partida de nacimiento debidamente legalizada y certificada por la Embajada en nuestro país de la República Federal de Alemania.

En ese expediente comienza a acumularse documentación sobre Mengele, quedando así probado con documentos que desde esa fecha, el gobierno de la República Federal de Alemania sabía todo sobre el criminal Joseph Mengele, desde su presencia en la Argentina hasta sus amigos, testigos y domicilios. Recién en 1959, cuando ya había huido, presentan un pedido totalmente informal de extradición.

Mengele obtuvo con su nuevo nombre cédula de identidad emitida por la Policía Federal Argentina Nº 3.940.484 y sin perder tiempo, solicitó en enero de 1957 certificado de buena conducta para viajar hacia Chile. Tres meses antes, tal como había comentado Roberto Mertig, llegó al país Marta María Will de Mengele, su cuñada. No llegó por supuesto escondida ni en viaje perturbador, sino viajando en primera clase en el transatlántico Giulio Cesare junto a su hijo Karl Heinz, con pasaporte alemán emitido en Gunzburg Nº 7.707/122/56, solicitando el mismo día que su hasta entonces cuñado, permiso para viajar también a Chile.

Tal viaje debió resultar placentero para los cuñados Mengele-Will, ya que un año después, en 1958 se casaron en Colonia, Uruguay.

Pero Joseph Mengele no estaba contento con su vida de pequeño industrial metalúrgico. Compró el 50% del laboratorio Fadrofarm SCA, situado en Carapachay, a sus socios Timmermann y Trumppel. Estos importaban vacunas y drogas desde diversos países para fraccionarlas, venderlas y en el caso de las antituberculosas, fabricarlas. Según declaraciones de sus socios ante la Policía Federal, Mengele se encargaba de traducir los prospectos. Nunca ofició aquí como doctor (...).

Resentimiento. Una mujer despechada. Pero las cosas no eran sencillas. Por un lado quedaba Irene totalmente resentida junto a su hijo Rolf, viviendo en Freiburg (Breisgau), desde donde enviaba hacia las fiscalías todo tipo de información inherente a su ex marido.

Las que llegaron a la Universidad Goethe causaron problemas graves a Mengele.
Resultó ser que por diversas denuncias la Universidad Johann-Wolfgang Goethe de Francfort/Main le había retirado a Mengele su título de doctor, debido a su actividad criminal en Auschwitz. Enterado del evento, Mengele concurrió a la embajada de Alemania en Buenos Aires para solicitar se enviara hacia Alemania una serie de documentos necesarios para iniciar una demanda contra la Universidad por el desposeimiento que consideraba indebido. Todo lo necesario para su defensa había sido registrado por actuación del escribano Dr. Jorge H. Guerrico, figurando como testigos de los dichos de Mengele un tal Guillermo Peña y un señor Carlos N. Port.

Vale mencionar que esta documentación, generada en 1958, no fue entregada a la Policía Federal y mucho menos a juez alguno. Resulta que el gobierno alemán no había solicitado contra Mengele medida alguna.

Como un hecho menor y sin importancia, la Embajada alemana presentó estos documentos generados en 1957/58 al Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Argentina en mayo de 1963.

Los preparativos. Según el empresario Jorge Antonio, la cuestión que se planteaba entonces era la de la herencia del imperio fundado por Karl Mengele. Los bienes serían heredados por Walburga Hupfauer, madre de Mengele, y por el propio Joseph. Sin embargo, hay un dato que altera esta idea: Walburga, la madre de Joseph Mengele, había muerto en 1946.

Entonces se realizaron todo tipo de movimientos accionarios y patrimoniales para que todo quedara en manos de personas no comprometidas directamente con los crímenes, y así evitar acciones civiles por parte de los damnificados por el accionar del criminal Joseph Mengele, o por parte de mujeres despechadas. Y se actuó en consecuencia.

El proyecto aprobado por la familia era sencillo. Joseph Mengele se iría a vivir a Alemania, Suiza o
Italia con nombre supuesto, desde donde vigilaría por cercanía geográfica sus intereses, cuya magnitud conocemos hoy sólo parcialmente. En forma preventiva, todo estaría a nombre de Marta María Will de Mengele y de Alois. Se simularía a todos los efectos que Joseph Mengele estaba en Paraguay para, en el momento preciso, informar su deceso y terminar con los fantasmas.

Lo cierto es que Joseph Mengele viajó hacia Paraguay, realizando allí todo tipo de acciones destinadas a crear la impresión de que estaba ya instalado. Al respecto Simón Wiesenthal afirma en su libro que incluso obtuvo la ciudadanía paraguaya. Lo interesante es que existe constancia en los documentos ahora hallados por este autor, de este viaje a Paraguay, pero contrariamente a todo lo afirmado hasta ahora, también del regreso a la República Argentina proviniendo de Asunción.
Más allá de esto, hizo todo lo posible para dejar la sensación de que se había radicado en una finca algo alejada de Asunción.

A su llegada, a comienzos de 1959, se registra la solicitud de viaje hacia Alemania ante la Policía Federal junto a los permisos de aduana necesarios para el traslado de los enseres personales.
Pero mientras Mengele huía hacia Alemania, su “abnegada” nueva esposa se quedaba en la Argentina liquidando lo que quedaba de las inversiones de su marido. Interrogada sobre el destino de su marido por la Policía Federal, aporta una carta tratando de inducir a la policía a creer que Mengele efectivamente se encontraba en Paraguay o, eventualmente, en Venezuela. Sin embargo, el policía sumariante informa a sus superiores que la carta tenía matasellos de Capital Federal, es decir que había sido autoenviada con fines de distraer la atención y simular una estancia en el país limítrofe. Por otra parte, el mismo policía informó que no tenía duda alguna al respecto de que la interrogada sabía dónde estaba Mengele y que además poseía contacto con él, seguramente, por vía telefónica o de interpósita persona.

En esa circunstancia, cuando Marta María Will de Mengele dejó el Departamento de Policía, fue seguida secretamente mediante un amplio operativo. Marta percibió esto y tomó el subterráneo, donde se perdió su rastro. Este es luego recuperado, siendo la señora Will vista subiendo a un auto que es identificado por su patente Nº 324.246 como perteneciente a Gustavo Heriberto Paesch, domiciliado en la calle Callao Nº 53, de Capital Federal. Luego se comprobó que se trata de una propiedad del dueño de Orbis, Roberto Mertig. Vale mencionar que los oficiales actuantes en este operativo fueron el subcomisario José María Frontera y el oficial Jorge Coudannes.

Los documentos oficiales encontrados prueban que Joseph Mengele estaba viajando hacia Alemania a principios de 1959. Esta es la última información oficial cierta que se conoce del criminal de guerra.

Todos los inventos destinados a justificar su muerte en Brasil resultan otra maniobra de los alemanes para sacarlo de la escena. Había vivido como un millonario con pocas limitaciones y de pronto, según la “historia oficial” montada por los germanos, pasa a ser un pordiosero, un vagabundo mendicante en una favela de San Pablo. Algo inadmisible.

Subyace en la novela creada por los familiares y el gobierno alemán la necesidad de mostrarlo como un carenciado para evitar juicios de quienes habían sido sus victimas o por parte de los descendientes de las mismas. A su vez, nadie en el gobierno de la Republica Federal de Alemania deseaba que diera explicaciones públicas sobre su especialidad, las experiencias realizadas con seres humanos para el beneficio de los laboratorios. Los documentos encontrados prueban que viajó hacia Alemania, que realizó todo tipo de inversiones en la Republica Argentina y que lejos de ser un pordiosero que hacía abortos en condiciones antihigiénicas, gastaba fortunas cuyo derroche prueba de forma segura su dudoso origen. Parte provenía de Karl Mengele y parte del oro rapiñado a judíos y otros desgraciados que cayeron en sus manos.

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