InicioInfoLa Noche de los Bastones Largos (II)




Sobre la alienación, el seguidismo y la imitación de nuestros jóvenes científicos... y de los no tan jóvenes

Poco a poco la Facultad se fue transformando en una sucursal de las universidades del Hemisferio Norte. En nuestros laboratorios trabajaba gente joven, muy capaz, becada al Hemisferio Norte apenas graduados, que habían recibido allí un tema de trabajo, y ahora de regreso en el país seguían con ese tema porque era lo único que sabían bien y lo único que les permitía seguir publicando; eran muy jóvenes, no tenían una experiencia amplia y no querían desperdiciar esa capacidad tan específica que habían adquirido. Se mantenían en contacto mucho más estrecho con las universidades del exterior que con las nuestras: todos sus canales de información estaban conectados hacía afuera. Y desgraciadamente dimos el ejemplo a las demás universidades e institutos científicos del país y llegamos a extremos escandalosos: una escuela de Física y un instituto de investigaciones sociológicas ubicados en los Andes patagónicos, una hermosa zona de turismo aislada del resto del país, pero adonde los profesores extranjeros iban encantados durante sus vacaciones de verano porque podían combinar ciencia con esquí.

Lo que obtuvimos, pues, fue una alienación, un extrañamiento de todos esos jóvenes que habíamos preparado con tanto cuidado, luchando durante años para conseguirles fondos, para crear el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas que dio y da becas, subsidios, complementos de sueldo con un criterio aún más cientificista que el nuestro. Toda esa gente, aun quedándose en el país, cortaba sus lazos con él y se vinculaba cada vez más al extranjero. Algunos terminaban yéndose al Hemisferio Norte definitivamente, pero ese no era el problema más grave. Más problema eran los que se quedaban pero se ocupaban sólo de temas que interesaban a los Estados Unidos o a Europa. Cuestiones de ciencia aplicada que interesaran al país no se investigaban. Problemas de ciencia pura que pudieran tener alguna ramificación beneficiosa para el país, no se veían. Que pudieran ser un aporte significativo para la ciencia universal, no aparecieron.

En cambio teníamos una especie de colonización científica; todos nuestros criterios, nuestras medidas de prestigio, los valores e ideales de nuestros muchachos más inteligentes, estaban dados por patrones exteriores, aceptados sin análisis, por puro seguidismo e imitación.

Sobre inesperados apoyos

Sin embargo, había algunos síntomas significativos. Empezamos a obtener apoyos inesperados e indeseados. Al comienzo, en el año 55, éramos todos considerados comunistas por la embajada norteamericana, pero esa actitud fue cambiando y nos encontramos recibiendo apoyo de las fundaciones -Ford, Rockefeller, Carnegie, todas- la National Academy of Science, el National Institute for Health; hasta recibimos un subsidio de la Fuerza Aérea norteamericana para hacer un estudio meteorológico. A algunos de nosotros esto nos obligó a pensar qué era lo que estaba sucediendo, por qué tanto interés, tanta amistad con nosotros de golpe. Y llegamos a la conclusión de que estábamos haciendo un buen negocio para ellos: que nuestra producción científica era tan parecida a la de ellos que les convenía apoyarnos.

Cuando nuestros radioquímicos completaron una serie de tablas con propiedades de los radioisótopos, no hicieron una obra científica original -no formularon ninguna idea nueva- pero hicieron un trabajo de rutina delicada, muy útil para la ciencia del Norte y recibieron por ello muchas palmadas de agradecimiento. Como ese hay otros muchos ejemplos, pero tal vez el máximo beneficio que el Hemisferio Norte saca de este apoyo al cientificismo es que nos hace depender culturalmente de ellos. Si los universitarios, la gente de la cual salen los cuadros dirigentes del país, se acostumbran a aceptar el liderazgo científico, y por lo tanto tecnológico del Norte, les será mucho más difícil rebelarse contra la dependencia económica y política. De ahí el interés de muchas entidades del Norte en apoyar nuestros esfuerzos en pro de la modernización de la enseñanza, y en contra de los profesores fósiles y los métodos anticuados.


Sobre la educación y la independencia cultural

(...) Si un país es algo diferente de los demás es porque tiene una cultura propia, es decir hábitos de vivir, de pensar, de trabajar, tradiciones y valores propios. Esa cultura se forma en gran parte a través de la educación, y por eso la educación es lo último que puede entregarse a otro país, cualquiera que sea. Si en nuestra vida cotidiana, en nuestra ciencia y nuestro arte imitamos a los EEUU, es inútil que tengamos un ejército propio y elecciones presidenciales: seremos igual una colonia, y con menos probabilidades de liberarnos que hace 150 años, porque estaremos satisfechos con nuestra manera de vivir. El colonialismo cultural es como un lavado de cerebro: más limpio y más eficaz que la violencia física.

Si un país sudamericano quiere ser realmente libre, y no un estado libre asociado, tiene que tener su propia política educativa, dirigida mal o bien por sus ciudadanos. Si son inteligentes tendrán grandes éxitos y serán admirados por el resto del mundo; si no, serán al menos lo que ellos han querido ser.

En resumen, la independencia cultural debe ser nuestro objetivo permanente, en todos los campos de la cultura, desde las series de TV hasta la ciencia pura.

Independencia cultural significa dos cosas: obligación de crear, y derecho a elegir. De lo que se hace en el Norte vamos a elegir lo que nos parezca conveniente; vamos a tomarnos esa gran responsabilidad. Y vamos a tratar de crear lo que falta.

Sobre la verdad, la universalidad y la importancia en la ciencia

Se nos dice que la ciencia debe interesarnos, porque la ciencia está formada por verdades, y lo que es verdad en Nueva York también es verdad en Caracas. Esto hay que aclararlo.

Lo que ocurre es que la verdad no es la única dimensión que cuenta: hay verdades que son triviales, hay verdades que son tontas, hay verdades que no interesan a nadie. "Una frase significa algo sí y sólo sí puede ser declarada verdadera o falsa", afirma una escuela filosófica muy en boga entre los científicos norteamericanos. Yo no creo eso: hay otra dimensión del significado que no puede ignorarse la importancia. Es cierto que un teorema demostrado en cualquier parte del mundo es válido en todas las demás, pero a lo mejor a nadie le importa. Eso me ha pasado a mí con muchos teoremas que yo he demostrado. Son verdaderos pero creo que el tiempo que gasté en demostrarlos lo pude haber aprovechado mejor. No significan nada.


Para eso hay una respuesta habitual: "no se sabe nunca; tal vez dentro de diez años ese teorema va a ser la piedra fundamental de una teoría más importante que la relatividad o la evolución". Bueno, sí, como posibilidad lógica no se puede descartar, pero ¿cuál es su probabilidad? Porque si es muy cercana a cero no vale la pena molestarse. Además, seamos realistas: si un teorema que yo descubro hoy y que nadie lee ni le importa, dentro de diez años resulta importante, es seguro que el científico que lo necesite para su teoría lo va a redescubrir por su cuenta, y recién mucho después algún historiador de la ciencia dirá "ya diez años antes un señor allá en Sudamérica había demostrado ese mismo teorema". No tiene mucha importancia eso para la ciencia universal. Ese valor potencial que tiene cualquier descubrimiento científico es el que tendría un ladrillo arrojado en cualquier lugar del país, si a alguno se le ocurriera construir allí una casa, por casualidad. Es posible, pero no se puede organizar una sociedad, ni la ciencia de un país con ese tipo de criterio. Hay que planificar las cosas. No todas las investigaciones tienen la misma prioridad; ellas no pueden elegirse al azar ni por criterios ajenos.

Sobre la originalidad en ciencia

Elegir en vez de aceptar no es fácil. Crear, mucho menos. La Ciencia parece a primera vista un cuerpo tan completo y perfecto que uno se descorazona fácilmente ante la tarea de innovar. Sin embargo, todos están de acuerdo en que dentro de un siglo la ciencia habrá descubierto campos, teorías y métodos totalmente nuevos. Eso significa que la ciencia de hoy no está cubriendo todos los campos posibles. Hay un horizonte inmenso de nuevas posibilidades.

(...) El deseo de crear, de ser originales, tropieza con dificultades cada vez mayores a medida que se trata de una ciencia más básica.

Pero la originalidad no puede ser el único criterio. Eso corresponde a la ideología de que la ciencia es un juego y que el científico puede elegir el tema que le divierta más, porque su recompensa es el placer que experimenta al dedicarse a ese juego. Esa ideología se lava las manos de los problemas sociales y por eso debemos rechazarla.

Intentemos por lo menos una respuesta tentativa a este problema de hacer ciencia autónoma pero con un contenido social.

Yo creo que lo que tiene que hacer un país subdesarrollado es integrar la actividad científica alrededor de algunos grandes problemas del país. Y la Facultad de Ciencias tiene que orientar su enseñanza para que eso sea posible. Afirmo que con ese método de trabajo se conseguirá que la Universidad contribuya mejor al desarrollo del país y que no se haga seguidismo científico.

Sobre la "ciencia del Norte"

Les recuerdo además una característica propia de la ciencia del norte, y es que allí es muy raro el trabajo en equipo, justamente porque la filosofía de la vida en Estados Unidos requiere una alta competitividad individual. Cada científico tiene que firmar él su paper, porque si no ha publicado tantos por año pierde su contrato en la Universidad a favor de otro que publicó más. Hay una resistencia muy grande a hacer un trabajo en el que haya cierta dosis de, digamos, generosidad colectiva con respecto a las ideas y a los papers. Es muy difícil plantear allá un trabajo grande, cuyos resultados pueden tardar 3, 4 ó más años en aparecer, y cuando aparezcan estarán firmados por muchas personas. Eso no sirve para hacer carrera científica en Estados Unidos, y no se hace salvo cuando no hay más remedio: cuando hay guerra, en las industrias de defensa, en la industria espacial. Allí sí; cuando hay que hacer la bomba atómica se reúnen todos los cráneos necesarios y se hace. Pero no es lo usual; ellos no están preparados ideológicamente para trabajar en equipo. Yo no sé si nosotros lo estamos, pero es un camino promisorio y deberíamos probarlo.

Sobre el tema científico que mayor importancia debiera tener

Es el estudio de la estrategia de desarrollo que más conviene al país. Partiendo de la situación actual objetiva, y de ciertas metas generales como eliminar la pobreza, la dependencia económica y cultural, etc., se debe investigar cómo efectuar ese cambio, pero analizando todos sus aspectos: con qué recursos naturales y humanos se cuenta, qué fuerzas internas o externas se oponen al cambio, qué instituciones se necesitan, qué fábricas son indispensables, cómo pueden continuar funcionando si hay un bloqueo comercial, etc., etc. Este es un problema que parece pertenecer a las ciencias sociales, pero si se plantea en todo su real tamaño requiere la colaboración esencial de las ciencias básicas, desde la discusión de los recursos naturales y los procesos tecnológicos de producción hasta los métodos matemáticos y estadísticos de analizar la enorme cantidad de factores que intervienen en el proceso simultáneamente.

E insisto en que aunque estos grandes proyectos parecen ser ciencia aplicada, en la realidad darán origen a muchos problemas de ciencia pura, y de manera funcional: no problemas teóricos cualesquiera, sino sugeridos por la necesidad de contestar a las preguntas planteadas en el proyecto y que la ciencia actual no alcanza a responder.

La famosa ciencia universal puede ganar mucho más de unas pocas ideas frescas, motivadas por problemas reales nuestros, que de nuestra incorporación pasiva a la gran competencia atlético-científica del Hemisferio Norte.

i bien las palabras de Varsavsky siguen muy vigentes, no podemos dejar de reconocer que hoy existen nuevos actores y otros compromisos en nuestro sistema de Ciencia y Tecnología. Actualmente, desde el sistema de Ciencia y Técnica se propone una visión "productivista" en donde la ciencia y la tecnología son tomadas sólo como creadoras de riquezas, como partes fundamentales de los procesos de producción, respondiendo a un pensamiento un tanto ingenuo y lineal, y en algún sentido, mágico (ciencia básica ? aplicada ? desarrollo tecnológico ? producción industrial).

No caben dudas que para lograr una corriente autosostenida de desarrollo tecnológico es imprescindible una fuerte interacción entre el Estado, el sistema productivo y el sistema científico-técnico, aunque la realidad es mucho más compleja que el conocido "triángulo de Sabato" (ver Ciencia y Tecnología en los países del sur, por Tomás Buch en Divulgón 2). No es raro escuchar en el discurso actual de científicos y tecnólogos hablar con ligereza de "empresas", "empresarios" e "impacto social de proyectos". Así vemos como, sin la seriedad que corresponde, se intentan construir incubadoras de empresas, polos tecnológicos y agencias de promoción científica.

Estos nuevos horizontes propuestos terminan formando parte del discurso justificatorio de proyectos de investigación y de pedidos de subsidios, en donde se retuercen las palabras para que aparezca el impacto social del proyecto, en una competencia económica o financiera, más que científica, tecnológica, o académica. Por todo esto, es importante tener en cuenta que en nuestro país todavía no hubo una reforma estructural del sistema de ciencia y tecnología, como tampoco existe un genuino corrimiento masivo de posiciones ideológicas de los investigadores y tecnólogos que lo conforman en pos de construir una mejor calidad de vida para la sociedad de la cual se nutren. Hoy, más que nunca, se nota la falta de intelectuales que posibiliten un análisis riguroso de estas nuevas alianzas, de estos nuevos horizontes, de esta "cosmética" del discurso, como lo hizo el Dr. Oscar Varsavsky a su tiempo y desde su tiempo.

Juan Carlos Onganía (1914 - 1996)

Juan Carlos Onganía, el dictador que se proponía gobernar la Argentina por cuarenta años, nació en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires el 17 de marzo de 1914. Sus padres se dedicaban a las tareas agrícolas y atendían un pequeño almacen. Cursó la escuela primaria en colegios parroquiales. A los diecisiete años ingresó al Colegio Militar y a los veinte se graduó como teniente.
Fue ocupando diversos destinos y ascendiendo en la carrera militar hasta llegar en 1959, durante el gobierno de Frondizi, al grado de General de Brigada en el arma de caballería.

Atrajo la atención de los medios y la opinión pública en 1962 cuando encabezó el bando azul en los enfrentamientos internos que se produjeron durante el breve gobierno de Guido. La base de la oposición entre azules y colorados se hallaba en su concepción respecto del peronismo. Ambos sectores eran antiperonistas pero en distinta forma. Para los colorados, el peronismo era considerado un movimiento de clase sectario y violento que podría dar lugar al comunismo. Por el contrario, los azules consideraban que pesar de sus excesos y de sus abusos el peronismo era una fuerza nacional y cristiana que permitió a la clase obrera no volcarse hacia el comunismo.

El triunfo de los azules le valió a Onganía su promoción a Comandante en Jefe del Ejército. Políticamente se dió una situación paradójica. Debido a las presiones de los factores de poder, los azules, que acaudillados por Onganía ejercían de hecho el poder durante el débil gobierno de Guido, terminan imponiendo el proyecto de los colorados porque finalmente el gobierno de Guido con su ministro del Interior, el general Villegas - que era un militar azul - termina proscribiendo el peronismo en una situación que nadie esperaba.

En 1963 triunfó el Doctor Arturo Illia de la Unión Cívica Radical del Pueblo con el 25% de los votos en unas elecciones en las que el voto en blanco peronista fue masivo.

El 7 de agosto de 1964, el General Onganía pronuncia en la Academia Militar de West Point, Estados Unidos, durante la Quinta Conferencia de Ejércitos Americanos, un discurso que preanuncia la Doctrina de la seguridad nacional, según la cual, el enemigo estaba ahora fronteras adentro y se encarnaba a los opositores, al sistema de vida "occidental y cristiano", a los que se calificaba genéricamente como comunistas. Dijo en aquella ocasión: "El deber de obediencia al gobierno surgido de la soberanía popular habrá dejado de tener vigencia absoluta si se produce al amparo de ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento trastocamiento en el equilibrio e independencia de poderes. En emergencias de esta índole, las instituciones armadas, al servicio de la Constitución no podrán, ciertamente mantenerse impasibles, so color de una ciega sumisión al poder establecido, que las convertirían en instrumentos de una autoridad no legítima".

En Noviembre de 1965 Onganía decidió pasar a un segundo plano, según versiones, para planificar un futuro golpe de estado, y renuncia a la Comandancia del ejército y es reemplazado por el General Pistarini

Pese a sus logros, Illia estaba muy condicionado por los factores de poder que mantenían una rígida postura frente al peronismo y presionaban para que siguiera proscripto. Veían en la política social del gobierno radical rasgos populistas. Parte del empresariado entendía que el presidente se apartaba de las prácticas liberales tradicionales de reducción de la inversión en rubros como salud y educación y comenzaron a conspirar con los sectores golpistas del ejército a los que se sumaron sectores gremiales y la mayoría de la prensa.

Los dirigentes sindicales peronistas, encabezados por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, acosaron a Illia con paros y planes de lucha.

Los medios de prensa hicieron el resto para crear un clima de inconformidad y golpismo, insistieron con la supuesta lentitud del presidente y propusieron su reemplazo por un caudillo militar.

El 29 de mayo de 1966, día del ejército, el Gral Pistarini le puso plazo al golpe:30 días. El gobierno a pesar de las presiones insistió en legalizar al peronismo y permitió su participación en elecciones provinciales.

En este contexto fue enviado al Parlamento una novedoso proyecto de Ley de Medicamentos, que limitaba el accionar de los poderosos laboratorios multinacionales y les imponía controles sanitarios.

En las primeras horas del 28 de junio de 1966, cumpliendo su amenaza, las fuerzas armadas ingresan a la Casa Rosada. El General Julio Alsogaray, hermano del famoso economista, es el encargado de intimar al presidente. En esa circusntancias se produjo un recordado diálogo: Alsogaray- En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que anbandone este despacho.

Illia- Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como asaltantes nocturnos , que, como los bandidos aparecen de madrugada.

Alsogaray: Lo invito a retirarse. No me obligue a usar la violencia.

Illia: ¿De qué violencia me habla? La violencia la acaban de desatar ustedes. El país les recriminará siempre esta usurpación

Finalmente el presidente Illia fue sacado por la fuerza de la casa de gobierno y los militares se hicieron cargo del poder. El día 30, asumió el nuevo presidente, Juan Carlos Onganía jurando sobre los Estatutos de la autodenominada "Revolución Argentina". En la ceremonia están presentes notorios dirigentes sindicales peronistas como el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

Perón desde Madrid declaró: "Los gobernantes surgidos del golpe de Estado del 28 de junio han expresado propósitos acordes con los principios del movimiento peronista; si ellos cumplen, los peronistas estamos obligados a apoyarlo"

A poco de asumir y en la seguridad de que las universidades eran un reducto opositor, el gobierno decidió intervenirlas quitándoles la Autonomía y el Cogobierno, conquistas logradas con la reforma de 1918.

Cuando docentes y alumnos quisieron defender sus conquistas, se produjo uno de los hechos más lamentables de la Historia Cultural argentina: la Noche de los Bastones Largos.

Ese 28 de Julio de 1966, la Guardia de Infantería, armada con pistolas lanzagases y largos bastones, golpeó y detuvo a docentes y estudiantes de varias facultades de Buenos Aires. La consecuencia fue el despido y la renuncia de más de 700 docentes que abandonan el país para continuar sus brillantes carreras en el exterior.

El Ministro de Economía que se desempeñó durante el mayor tiempo de la gestión de Onganía, Adalbert Krieger Vasena El ministro de economía Adalbert Krieger Vasena logra controlar la inflación congelando los salarios. Una receta muy conocida. Tras una devaluación del peso del, 40% el dólar permaneció estable por casi dos años. El gobierno encaró obras públicas y creció la actividad industrial cada vez más vinculada a las empresas multinacionales.

Los principales beneficiarios del programa económico fueron los grandes empresarios y las más importantes empresas industriales, muchas de ellas multinacionales. El agro pampeano fue perjudicado por la devaluación de la moneda en un 40% y por el aumento de los porcentajes de retención a las exportaciones agropecuarias. La supresión de medidas proteccionistas perjudicó a productores regionales del Chaco, Tucumán y Misiones.

Onganía implantó una rígida censura que alcanzó a toda la prensa y a todas las manifestaciones culturales como el cine, el teatro y hasta la lírica, como en el caso de la ópera "Bomarzo" de Manuel Mujica Lainez y Alberto Ginastera.

El agitado clima gremial de los años anteriores a 1966 llevaron a los representantes del capital internacional y al mismo gobierno a pensar en medidas que impusiesen la disciplina sindical y laboral. En 1967 el gobierno emitió un decreto ley contra el comunismo que en realidad estaba destinado a todo el arco opositor. El gobierno de Onganía ganó una dura batalla en el campo sindical al constituirse la Comisión de los Veinticinco, encargada de preparar el proceso electoral en los sindicatos que llevó a la división del movimiento obrero a mediados de 1968 en dos centrales sindicales: la CGT de Azopardo, de buen diálogo con el gobierno; y la CGT de los Argentinos combativa y opositora.

Todo parecía estar bien para Onganía que soñaba con una dictadura al estilo Franco, sin plazos, convencido de que la gente no tenía por qué preocuparse y estaba feliz con el gobierno.

Pero la oposición existía y el descontento también. Fundamentalmente en las fábricas y en las Universidades.

En mayo de 1969 comenzaron a evidenciarse los síntomas de un descontento que venía creciendo entre distintos sectores de la población debido al cierre de los canales de participación política, la política educativa, social y económica del gobierno.

El 15 de mayo la policía reprimió violentamente una manifestación de estudiantes en Corrientes. Allí murió el estudiante de medicina Juan José Cabral . Dos días después, en Rosario estudiantes que se movilizaban para repudiar el crimen de Cabral fueron enfrentados por la policía. Uno de los uniformados, el oficial Juan Agustín Lezcano extrajo su arma y asesinó al estudiante Adolfo Bello de 22 años. El hecho produjo la indignación de los rosarinos que se manifestaron masivamente en una "marcha del silencio". El 21 de mayo la policía volvió a reprimir y a cobrarse una nueva víctima, el aprendiz metalúrgico Luis Norberto Blanco de 15 años. La situación se agravó y las calles de Rosario fueron ocupadas por obreros y estudiantes que levantaron barricadas y encendieron fogatas para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos alimentadas con mesas, sillas, cajones, cartones y papeles arrojadas por los vecinos desde sus balcones para colaborar con los manifestantes. Era el "Rosariazo", el primer estallido de una larga lista que expresaba el descontento popular con la dictadura de Onganía quien decretó la ocupación militar de Rosario y varios puntos de la provincia de Santa Fe.

Estas noticias tuvieron gran repercusión en Córdoba, donde existïa una estrecha relación entre los estudiantes y los obreros de las grandes fábricas instaladas en el cordón industrial, ya que muchos trabajadores estudiaban en la Universidad de Córdoba. Este hecho, sumado a la constitución de un movimiento obrero muy combativo, surgido con posterioridad al peronismo, al calor de las corrientes de ideas revolucionarias de los años 60, llevaron a que el proceso de politización creciera notablemente tanto en las fábricas como en las facultades.

Mientras en Buenos Aires las autoridades celebran el día del ejército, obreros y estudiantes se apoderan de la Ciudad de Córdoba para hacerse oír.

Es el 29 de mayo de 1969 y el hecho quedará en la memoria como el Cordobazo. La Policía es desbordada y debe retirarse.

Finalmente el ejército controlará la situación en la ciudad, pero en el país la cosa parece incontrolable.

Onganía desconcertado declaró pocos días después: "Cuando en paz y en optimismo la República marchaba hacia sus mejores realizaciones, la subversión, en la emboscada, preparaba su golpe. Los trágicos hechos de Córdoba responden al accionar de una fuerza extremista organizada para producir una insurrección urbana. La consigna era paralizar a un pueblo pujante que busca su destino"

Los hechos de Córdoba abrieron el paso a la violencia como forma de hacer política. El cierre de los canales tradicionales de participación, como los partidos políticos y la represión de la actividad gremial en las universidades llevaron a muchos jóvenes a canalizar su protesta a través de la guerrilla.

Desde los hechos de Córdoba, el ejército a través de su jefe, el General Alejandro Agustín Lanusse, venía presionando a Onganía para que compartiera las decisiones políticas con las Fuerzas Armadas y tomara conciencia de la gravedad de la situación nacional en la que ya no cabía su proyecto de una dictadura autoritaria y paternalista sin plazos, que tomaba como modelo al régimen instaurado por Franco en España. El secuestro y asesinato del General Aramburu llevado a cabo por los Montoneros, y la incapacidad del gobierno para esclarecer el hecho, fueron el detonante para un nuevo golpe interno. El desprestigio que involucró al ejército, cuyo líder indiscutido, el General Lanusse, optó por permanecer en en segundo plano y preservar su figura derrocando a Onganía el 7 de junio de 1970 y designando como presidente a Roberto Marcelo Levingston, un General que cumplía funciones como agregado militar en Washington.

Tras su derrocamiento y su posterior pase a retiro Juan Carlos Onganía adoptó un perfil bajo. Se lo vió intermitentemente en los palcos colmados de generales que acompañaban los actos de la dictadura militar desde marzo de 1976.

En 1995 reaparecio en los medios lanzado su candidatura a presidente. Se lo escuchó reivindicar su obra de gobierno y denunciar la decadencia moral del menemismo. Por faltas de apoyos debió retirar la candidatura. Pocos meses después, a mediados de 1996 moría Juan Carlos Onganía. Habían pasado 40 años de aquel golpe militar que según su protagonista se prolongaría por ese lapso de tiempo.

La del '69: la promo olvidada

El 17 de diciembre a las 19.30 horas —ni un minuto antes ni un minuto después— los supérstites de la Promoción ´69 recibiremos nuestros diplomas de bachiller

Y nunca mejor usado el cultismo para llamarnos sobrevivientes, a nosotros que a punto de entrar en el 2000 unidos o dominados, fuimos testigos, protagonistas, víctimas y hoy quizá nostalgiosos de La náusea de Sartre, los cuentos de Cortázar, el Che Guevara, las nuevas carreras de psicología y sociología en la Universidad de Buenos Aires, la explosión editorial con la aparición de Eudeba, Jorge Alvarez, De la Flor, la doctrina del compromiso artístico, el psicoanálisis que invadió los hogares de las capas medias, Mariano Grondona que ya entonces pontificaba "las fuerzas armadas constituyen una instancia de reserva de todo sistema", los nuevos semanarios con su ímpetu modernizador al estilo europeo o norteamericano como Primera Plana de lectura ineludible, Borges y Marechal, el boom de la literatura latinoamericana con García Márquez, Vargas Llosa y Alejo Carpentier a la cabeza, el cine Lorraine con sus ciclos de Bergman, Antonioni o la nouvelle vague, los Beatles, Bobby Solo, Richard Anthony, la presencia patente de Perón desde el exilio moviendo los piolines, el estructuralismo, el teatro de Halac, Cossa y Gambaro con su polémica de realistas versus absurdistas, Santo Domingo, Vietnam, el Instituto Di Tella, Marta Minujín, el Club del Clan, Racing, Estudiantes y Nicolino Locche campeones del mundo.

Esa atmósfera cultural que conociera toda la fascinante ambigüedad de las pasiones ideológicas —conjunción de política y cultura—, fue barrida por el golpe de estado de 1966 con su exégesis de la "Noche de los bastones largos". Quedaron huellas, sin embargo, de aquello que pudo haber sido.

Conservamos de aquellas épocas un cúmulo de actitudes muy vinculadas con la democracia y la tolerancia, con la aspiración de una sociedad digna de ser vivida , de un mundo más justo y con mayor solidaridad.

Como tantas cosas se hacen en nombre de este fin de milenio, no estaría mal intentar alguna reflexión después de los treinta años que vivimos sin diplomas. Hemos tenido muertos y desaparecidos. Sufrimos exilios externos e internos. No recibimos los diplomas por esos seis años de estudio —que nos marcaron a fuego y nos impulsaron como hombres y mujeres por los caminos y profesiones más diversos— y, al momento de hacer pesar nuestros valores, sólo pudimos exhibir "un certificado analítico", pasaron treinta años y ¿ninguno de nosotros reclamó?

Creo, entonces, que el alerta debe estar puesto en el valor y en el respeto de nuestras instituciones, incompletas, subdesarrolladas, con aspectos por momentos grotescos, perfectibles, pero únicas garantes de que no se repitan las alternativas que —como a muchas otras— le tocaron vivir a esta zarandeada pero íntegra Promoción 1969.

Para festejar su 30º aniversario y la entrega de papiros, además de decir todo lo que tiene adentro y de recordar a los ausentes, la Promoción ´69 organizó para el 17 de diciembre un gran encuentro con discursos, lunch, música y baile (pero sin "lentos": asignaturas pendientes, abstenerse).


Aclara la Promoción '69

El 4 de noviembre pasado La Nación publicó un extenso artículo titulado "Recibirán diplomas con 30 años de retraso. Inexplicable olvido en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Como secuela de la Noche de los bastones largos, 268 egresados de 1969 no tuvieron su graduación". El mentor y autor intelectual de la gacetilla fue nuestro compañero Rubén Furman, que tuvo la idea –y lo logró- de hacer un poco de ruido y convocar a la Promoción.

Hubo en la nota dos incorrecciones, ambas involuntarias. Al referirse a nuestro entrañable compañero Marcelo Vázquez —alumno brillante y mejor amigo a quien, sin duda, le esperaba como físico y como ciudadano un futuro espectacular, pero que por esas cosas que sólo Dios sabe tomó con su vida una decisión para todos inexplicable—, se lo mencionó como abanderado. ¡Cómo puede alguien ignorar que la abanderada de nuestra promoción fue la querida Gloria Tabachnik! Fue Gloria también quien, entre gallos y medianoche, privada de la presencia de sus compañeros y en medio de otras promociones —por esas cosas de "la época"—, recibió numerosos premios por sus "10 absoluto" en varias materias como el "Rector Uballes", "Juan Sauberan", "A. César Silvetti", "Embajada de Francia".

La otra inexactitud tuvo un final muy feliz . En la nota se citan dos de los numerosos compañeros desaparecidos: el querido Claudio "turco" Adur y Mario Zejan. Por un llamado de su hermano, nos enteramos de que Mario está vivo, reside en Suecia y su madre va a recibir el diploma por él.

Anales de la Ciencia Argentina

Los Anales de la Ciencia Argentina, todavía no publicados, y ni siquiera escritos por el aún no nacido Robert Bresson –que no casualmente llevará el mismo apellido del famoso director francés (Un condenado a muerte se escapa, Pickpocket o Mouchette)–, contienen observaciones que pueden sonar extrañas (y hasta irritantes) a los argentinos de principios del siglo XXI, a pesar de lo cual ha de ser una excelente crónica, y un buen punto de partida para la reflexión, si es que uno está dispuesto a dejar de lado ciertas exigencias de la corrección política del momento, siempre tan mudable y efímero.
Así, en la entrada correspondiente a "Sadosky, Manuel", se lee:

"n. 13/abril/1914, f. 18/julio/2005, dist. mat., func. pub., c. c/Cora Ratto, una hija, C. Sadosky, s. nup. Katun Troise. La crónica que sigue –continúa Bresson– se construyó a partir de un artículo publicado el día siguiente al de su muerte –19/6/2005–, por Página/12, periódico de la época, de orientación intelectual, frecuentado por los sectores progresistas, y de fuentes dispersas y fragmentarias. Manuel Sadosky falleció en una madrugada desapacible, de diversas complicaciones derivadas de su edad, 91 años, muy avanzada según los cánones de la época. La vida de Sadosky reflejó adecuadamente la historia del país en el que le tocó actuar. A principios del siglo XX, la Argentina recibió un gran torrente inmigratorio, en el que se enmarcó la llegada de los padres de Sadosky, judíos rusos que huían del antisemitismo. La Argentina era entonces una tierra de promisión, propensa al ascenso económico y cultural por vía de la estructura educativa sarmientina (por Sarmiento, aparentemente un caudillo que alcanzó la presidencia de la República en el siglo XIX) orientada por la noción y la ideología del progreso y las concepciones de la Ilustración.
"Manuel Sadosky fue un perfecto exponente de la eficacia educativa de aquel sistema: su padre era zapatero; su madre era analfabeta, y tanto él como sus hermanos terminaron los estudios universitarios. En 1940 se doctoró en ciencias físicas y matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a Cora Ratto, su primera esposa. Ejerció la docencia y se perfeccionó en Francia (Instituto Henri Poincaré de París) e Italia (Instituto del Cálculo, en Roma), donde se orientó hacia la matemática aplicada, que lo llevaría más tarde a ser un pionero de la informática en la Argentina. Cuando regresó, fue perseguido por el gobierno peronista (ver ‘primer peronismo, ciencia del’) y recién a la caída del régimen pudo volver a la facultad en 1956, de la cual fue vicedecano mientras el meteorólogo Rolando García (ver ‘García, Rolando’) ejercía el decanato. Desde ese cargo, compró la primera computadora científica que tuvo la Argentina, a la que se llamó ‘Clementina’ siguiendo la costumbre de aquellas épocas en que las computadoras eran objetos verdaderamente raros.

"Se iniciaba entonces un período fructífero que hoy la historia de la ciencia califica como ‘década de oro’, que fuera elogiada –dice Bre-sson– en el magnífico libro de Asytuzi (Nota: no hemos podido averiguar nada sobre él, porque aún no se publicó) y que quedó fijada en el imaginario científico argentino como un paraíso perdido, mediante el empuje de una generación entera de científicos como Zadunaisky, Klimovsky, Gutiérrez Burzaco (s/d), Oscar Varsavsky, Calderón, Giambiaggi, Bollini (s/d), Rebeca Guber, David Jacovkis, que más tarde sería decano de la facultad (Nota: aquí Bresson comete un error. Seguramente confunde a David Jacovkis, con su hijo Pablo Miguel, que sí fue decano).
"Campeaba en aquella década el ‘espíritu jacobino de los enciclopedistas’, con fuerte influencia francesa, barrido más tarde ya sea por el oscurantismo facistoide de Onganía (un miserable general de despreciable recuerdo), la ciencia ‘nack & pop’ (nacional y popular) de la frustrante experiencia de 1973 (no hemos podido averiguar –admite Bresson– en qué consistía tal "ciencia nacional y popular" inmediatamente seguido por la intervención, esta vez abiertamente fascista, de un tal Ottalagano (s/d) dispuesta por el gobierno peronista (1974-76), y el control asesino, ya institucional de la dictadura (1976-83), que terminó con la espectacular derrota del Ejército Argentino en la aventura de la invasión a las islas Malvinas (para los ingleses de entonces Falklands), dirigida por un general del que sólo sabemos hoy que era un alcohólico consuetudinario y responsable de multitud de asesinatos. Más tarde, Sadosky fue secretario de Ciencia y Técnica del país, apenas restaurada la democracia, desde donde creó la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (Eslai) –sobre la cual nada hemos podido averiguar, excepto que se trataba de una institución de primer nivel–, y que se extinguió bajo la gestión reaccionaria y oscurantista del sucesor de Sadosky, Raúl Matera, cirujano neurólogo y uno de los introductores de la lobotomía en la Argentina (ver ‘Matera, Raúl’).
"Sadosky se transformó en un símbolo: tanto sus contemporáneos como las sucesivas generaciones que lo recordaron y evocaron lo hicieron no como el gran científico que descubre nuevos resultados para su ciencia, sino como la figura que permite que muchos científicos lo hagan. Como sostienen Claudio Armenster y Amadeo Pérez Ranuk (no hemos podido averiguar a quiénes corresponden estos nombres), encarnó la tradición de la ciencia iluminista, la ciencia como liberadora de la condición humana, la ciencia como el combate contra el oscurantismo, la reacción y la barbarie, a través de épocas muy propensas, precisamente al oscurantismo, y en la que incluso algunas corrientes llegaron a renegar de la palabra ‘científico’, a la que colgaron el mote de ‘cientificismo’, que se usaba como un insulto."

El artículo de Bresson sigue adelante, señalando la importancia del Instituto de Altos Estudios Manuel Sadosky, frente al cual se erigió una estatua del científico, con su clásico sombrero, que lo protegió de los salvajes palazos de Onganía la Noche de los bastones largos. Es bueno escribir estas notas, y estas contratapas, sabiendo que alguna vez serán una de las fuentes mediante las cuales algunos maestros, como lo fue don Manuel, serán recordados.

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