InicioInfoInmortalidad...realidad?

No voy a comenzar por los detalles técnicos sino por la magnitud, aunque vieja y simple, de esta magnífica idea.
Imaginemos que todos con un seguro de vida paguemos al momento de nuestra "muerte" un lugar para que se nos mantenga hasta el momento que la ciencia descubra el remedio para la causa nos hizo morir.
En muchos países hay demanda para este servicio. Como sociedad hemos perdido millones de personas y con el correr del tiempo se descubrió la cura para su causa de muerte. La muerte de alguien hoy, puede tener cura en 10 años.
Hoy día la ciencia implementa la conservación de óvulos con esta tecnología obteniendo fértiles resultados.

Los "pacientes", son llamados así porque justamente para estas compañías, no están muertos (si lo están clínicamente para la tecnología actual) son colocados cabeza abajo en nitrógeno liquido a -196 º grados centígrados para que si existe algún desperfecto técnico nunca afecte la cabeza del paciente. De todas maneras si por cualquier causa sufre un periodo largo (más de 6 meses) sin un control de rutina solo afectaría el 10% del tejido de las piernas. Pero estas compañías hacen control estricto de sus pacientes cada 12 horas.
Al momento de la muerte de un paciente se reemplaza la sangre por un tipo de glicerina que conserva las células.
No existe límite para la causa de muerte puesto que si alguien muere de viejo o en un accidente se congelara el cuerpo, nadie sabe a qué punto puede llegar la ciencia futura.
Cada vez hay más adeptos a esta manera de conservación pues lo único para perder que tienen es la vida y en teoría ya la perdieron.
El promedio de vida de los egipcios era de 30 años, en la actualidad (en los países desarrollados) es de 80 años y todo gracias a la medicina, de esta manera se fue postergando el momento de la muerte y quizá algun dia llegue a detenerse. Las personas nacen, crecen, trabajan la mejor etapa de su vida y cuando llegan al retiro con la experiencia de saber qué cosas disfruta, de conocerse uno mismo, en pocos años muere.

De plano esto es injusto.

Demás esta decir que en este punto la inmortalidad no es obligatoria y que los pacientes pueden elegir el momento para su muerte.
Además imaginemos que este tipo de conservación esté al alcance de todo el mundo, cuando muera un ser querido nos inundara el dolor pero comenzara la esperanza de volverse a ver.
Hasta inclusive, quizá "Dios" sea quien nos de la tecnología para cumplir su mandato.




Para los que siguen interesados

Inmortalidad
La criogenia no es una ciencia nueva. Su precursor, un físico de Michigan llamado Bob Ettinger, presentó las ideas básicas en los años sesenta en su libro Prospect of Immortality.

Ettinger sostenía que los científicos estaban a punto de descubrir un método para congelar cuerpos humanos sin destruir sus tejidos, y creía que quizá algún día se podría reparar y revivir neuronas muertas.

Varias empresas aceptaron el desafío de Ettinger en los años 70, entre ellas la Fundación Alcor, dirigida por Fred Chamberlain, ex ingeniero de la NASA, y su esposa, Linda.

El primer paso consiste en tramitar la entrega del cadáver a un director de pompas fúnebres que supervisará el proceso de extracción de la sangre y transfusión del crioprotector, una solución desarrollada por los científicos de Alcor para proteger a las células de los daños que causan las expansión de los tejidos durante la congelación.

Alcor ha equipado una ambulancia con bañeras especiales llenas de hielo para transportar los cadáveres hasta los quirófanos de Eastbourne, aunque acaba de adquirir seis bombas portátiles, de modo que, al menos en teoría, el proceso de transfusión de esta sustancia podría llevarse a cabo en cualquier lugar.

Al margen de lo que todavía se considera, al menos oficialmente, ciencia ficción, la medicina ha dado pasos reales en esta dirección.

Por ejemplo: el pasado febrero, una norteamericana de 44 años dio a luz un niño, en perfecto estado de salud, gestado a partir de un embrión congelado durante siete años y medio.
EASTBOURNE.- Michael Corbin abre las puertas de la sala de operaciones, señala a una bomba de aspecto desagradable, con tubos de goma flexibles, y comienza a describir el procedimiento para extraer la sangre de los cadáveres.

En la habitación hace frío y se respira un aire viciado. Mientras Corbin explica el proceso, realizado a través de una vena de la ingle, en el local contiguo, un proveedor de productos de saneamientos, suena una canción de Abba, «Waterloo», en la radio.

Es posible que dentro de un par de siglos los científicos recuerden con admiración esta escena macabra que se produce en la Unidad 18 del recinto industrial de Pot Marsh, situado a las afueras de Eastbourne, East Sussex. De momento no parece el escenario adecuado para lanzar un desafío al poder de la naturaleza.

Sin embargo, es precisamente en este lugar donde Corbin y otros 24 británicos intentarán burlar a los dioses y convertirse en seres inmortales.

Después de morir, los cuerpos, y en algunos casos sólo la cabeza, recibirán una transfusión de protector criogénico, una substancia a base de glicerina, y a continuación serán sumergidos en nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero. Y así permanecerán hasta que exista la tecnología que permita la descongelación y resucitación de los cadáveres.

Al menos es lo que se pretende.

En Estados Unidos las empresas que ofrecen este tipo de servicios han congelado a más de 100 personas, entre las cuales hay ingenieros y empresarios millonarios, y han recibido solicitudes provenientes de 26 países.

Etica y religión

No obstante, estas compañías han sido objeto de burlas por parte de muchos expertos en el campo de la ciencia y la medicina, para quienes la idea de congelar un organismo sin causar daños a los tejidos y luego resucitarlo no es más que una fantasía de ciencia ficción.

«Lo que esta gente intenta hacer no tiene ningún fundamento científico», opina David Pegg, biólogo de la Universidad de Nueva York. «Sabemos que es posible congelar cierto tipo de células, pero se trata de células sanas».

El procedimiento, cuyo costo asciende a 65.000 libras esterlinas (15,3 millones de pesetas), también plantea ciertas cuestiones éticas y religiosas.

Sin embargo, el debate aún no ha comenzado en el Reino Unido, probablemente porque la mayoría de la gente considera la idea tan descabellada y las personas involucradas tan excéntricas, que no les han prestado atención.

La criogenia no es una ciencia nueva. Su precursor, un físico de Michigan llamado Bob Ettinger, presentó las ideas básicas en los años sesenta en su libro Prospect of Immortality.

María Camacho, de 44 años, profesora de idiomas de Londres, paga 35 libras esterlinas al mes para poder algún día ser congelada en nitrógeno líquido. «Ahora estoy más segura de que el proceso dará resultado», dice. Camacho está interesada en la astrología, lee a Arthur C. Clarke, y tiene planes de viajar a otros planetas del sistema solar en cuanto la resuciten.

María confiesa que sus parientes y amigos pensaban que estaba totalmente loca y que tiraba el dinero. «Mi padre era médico. Antes de morir me dijo que estaba loca. Entiendo por qué la gente piensa eso de mí. Sin embargo, yo creo que nací en la época equivocada. Cuando muera no habré visto todas las maravillas de nuestra galaxia. Pero ahora hay cierta probabilidad de que pueda hacerlo»».

En cualquier caso, lo más probable es que María Camacho no sea la primera británica que utilice los servicios de Alcor. Uno de los abonados de mayor edad padece un cáncer de huesos, y el equipo ha comenzado a ensayar con el paciente todo el proceso de congelación al que será sometido cuando muera.

«Es sumamente importante enfriar el cuerpo lo antes posible», explica Corbin, quien ha preferido emplear de momento un nombre falso para evitarle disgustos a su anciana madre.

A continuación, el cadáver se introduce en una bolsa de plástico, se cubre de hielo seco y se coloca en un contenedor de metal que será transportado en avión hasta las instalaciones de Alcor en Estados Unidos.

«Es allí donde quedará sumergido en nitrógeno líquido, quizá durante varias décadas», explica Corbin.

La industria criogénica ha sido objeto de algunos escándalos. Una empresa norteamericana quebró, y al no poder reponer el nitrógeno líquido que se evaporaba varios cadáveres se descongelaron.

«Una situación indecorosa» opina Corbin. «Sin embargo, Alcor recuperó a algunos pacientes, entre ellos un hombre que había permanecido 30 años congelado».

Los abonados de Alcor, en cualquier caso, sueñan con la vida que les espera en el futuro. Gary Meade, quien acaba de ser nombrado a la junta directiva de la empresa, ingresó en Alcor para poder superar una tragedia. Su esposa falleció en 1992, y fue congelada posteriormente.

«La criopreservación es la única oportunidad que tengo para poder algún día reunirme otra vez con mi amor», dice.

Corbin, por su parte, hace otro tipo de reflexiones: «Prefiero que me congelen a tener que pudrirme en una caja de madera o consumirme en las llamas. ¡Qué demonios!... merece la pena intentarlo».

www.elmundo.es/1998/12/30/sociedad/30N0052.html

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