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"Los misterios mas grandes del mundo" Parte

Info2/22/2010
Bueno esta es la parte 2 .
Aca les dejo el link de la parte 1:

El Dorado: la leyenda del hombre dorado


El Dorado. A lo largo de toda la historia, el hombre solo ha podido extraer de las entrañas de la tierra unas 500.000 toneladas de oro. El oro es un metal brillante, maleable y estable, lo que, añadiendo su belleza, le han convertido en unidad de valor desde hace milenios. El poeta griego Píndaro, aludiendo al efecto que en los hombres tiene este metal, escribió:
“El oro es hijo de Zeus. Ni la polilla ni el óxido lo devoran, mas él devora la mente humana”. Y este efecto devorador de la mente humana es la que ha provocado la gran cantidad de “fiebres de oro” que se han sucedido durante toda la historia. Son innumerables los delitos, guerras, genocidios y toda clase de barbaridades que se han cometido en su procura.
Son incontables las historias de personas que han dejado todo, inclusive su propia vida, en pos del sueño de poder tenerlo todo, de poder comprarlo todo. Los más grandes conquistadores de la historia iniciaron sus hazañas con esta finalidad.

El comienzo de la leyenda
Desde Cristóbal Colón en adelante, cada una de las sucesivas expediciones europeas tenían como finalidad el hallazgo del tan ansiado oro. No escaparon a esta fiebre ni siquiera los monarcas de la vieja Europa, los que financiaron la mayoría de las expediciones al Nuevo Mundo con esa finalidad. Los registros históricos demuestran que las coronas de España, Portugal, Francia e Inglaterra dieron especial importancia a aquella clase de expediciones.
Debido al enorme riesgo que significaba por aquellos días esa clase de viajes, es evidente que quienes los realizaban eran aventureros cuya única meta era la de enriquecerse fácilmente, y que no repararían en los medios para conseguirlo. Es de esta forma que comienza la exploración del nuevo continente.
En 1530, tan solo 38 años después del descubrimiento de América, las expediciones españolas se adentraron en territorio de la actual Colombia fundando poblaciones y sometiendo a las tribus locales. Gonzalo Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar, fundadores de la ciudad de Bogotá, se enteraron de una leyenda local en la que una antigua tribu, probablemente los Chibchas, ungían a su nuevo rey con una ceremonia especial.
Esta ceremonia consistía en revestir al heredero con polvo de oro habiendo revestido su cuerpo previamente con lodo, construir una gran balsa en la que se embarcaba el futuro rey con cuatro de sus principales jefes y una gran cantidad de ofrendas en oro en un lago profundo. Cuando el nuevo rey llegaba al centro del lago, arrojaba al fondo del mismo las ofrendas y se bañaba en él, de forma que el polvo de oro que revestía su cuerpo también fuera ofrendado.
Otra leyenda sobre El Dorado está relacionada con el imperio incaico, el más rico y mejor organizado de América del Sur. Cuando llegaron los conquistadores, ocuparon la capital y apresaron al Inca Atahualpa. Dice la leyenda que, cuando algunos súbditos del Inca se enteraron de la caída de su rey, tomaron la mayor parte del tesoro del imperio y lo arrojaron al fondo de un lago.La búsqueda
El relato de la ceremonia de asunción del nuevo rey habría sido recogido de primera mano, interrogando a indígenas que habrían visto la última ceremonia realizada, por un cronista español en 1536. A partir de allí, el mito indígena se fue transformando en su transmisión oral, hasta llegarse a decir que el rey ungido de esta forma era el gobernante de una ciudad donde todo, hasta los más elementales utensilios, eran fabricados en oro puro.
De allí en más, una gran cantidad de aventureros, acicateados por la sed de oro, se internaron en muchas regiones americanas en busca del mítico reino de oro, el país del Hombre de Oro. Muchos de estos hombres dejaros sus vidas y muchos se arruinaron en la busqueda.
El lago habría sido identificado como el lago Guatavita, un cráter profundo lleno de agua y rodeado de densa selva. En 1580, un comerciante de la recientemente fundada ciudad de Bogotá, habría intentado drenar el lago construyendo un canal con la mano de obra esclava de cientos de indígenas. El intento fracasó al derrumbarse el canal y costar la vida de cientos de trabajadores. De todas formas, algunos metros habrían sido restados a la profundidad del lago, dejando a la vista algunos tesoros, aunque no comparables con los tesoros míticos.

El Dorado incaico y su actual búsqueda
Mas realista y mejor documentada aparece la búsqueda de una ciudad Inca más rica que el propio Cuzco. Documentación recientemente hallada en los archivos del Vaticano hacen referencia a una solicitud hecha por los Jesuitas y aceptada por el Papa, de buscar y convertir a la Santa Fe a una ciudad escondida en la selva peruana llamada por los indígenas Paititi. Dicha ciudad habría sido fundada por Inkari, el mítico fundador del imperio Inca.
Muchos investigadores creen en la existencia de dicha ciudad. Muchos de los secretos incas permanecen ocultos, como Machu-Pichu estuvo oculta por siglos. La inaccesibilidad de la región, con una muy densa selva, llena de caudalosos e intransitables ríos, enormes precipicios e insondables pantanos.
Choquencacha es la última ciudad incaica hacia oriente. Es una ciudad que posee grandes ruinas del imperio de los Incas. Más al oriente de esta ciudad, se encontraría Paititi. Adentrándose en la selva, expedicionarios encontraron una serie de extrañas formaciones piramidales, a las que llamaron “pirámides de Paratoari”, pero no pudieron determinar si se trataba o no de formaciones naturales.
Aún hoy, nuevas expediciones arqueológicas continúan hallando ruinas en la selva que rodea al río Madre de Dios, lo que permite continuar alentando la posibilidad de que Paititi, posiblemente El Dorado, exista en algún rincón de la selva peruana. Algunos exploradores, empleando modernas técnicas, han informado que hallaron un lago con extrañas e intrincadas cavernas sumergidas, donde posiblemente se hallen los tesoros escondidos por los Incas. Pero su exploración es muy difícil, por lo que es posible que pasen varios años antes de que se puedan tener noticias acerca de este posible descubrimiento.
De todas formas, los modernos buscadores de El Dorado continúan la incesante búsqueda que lleva ya quinientos años.

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Atlantis:el imperio perdido

El mito del continente perdido de la Atlántida empieza hacia el año 355 a.C., cuando el filósofo Platón decidió escribir una trilogía de libros acerca de la naturaleza humana, la creación del mundo y la historia de la Atlántida, además de otros temas. Sin embargo, únicamente el primero de estos libros se finalizó, mientras que del segundo únicamente se escribió una parte y el tercero no se llegó tan siquiera a comenzar.
Platón empleó una serie de diálogos (de hecho se llamaron así, Diálogos) para expresar sus ideas, en los que las convicciones del autor se desgranaban en una serie de argumentos y debates entre los personajes que conformaban cada una de las historias. Generalmente, los personajes eran reales, si bien las palabras puestas en sus bocas eran propias del autor.
Uno de estos personajes era Critias, quien narra una historia que conocía su familia desde hacia generaciones. Era la historia de una fabulosa civilización que existió en tiempos remotos y que según el propio Critias – Platón, le fue narrada a un antepasado suyo, Solón, cuando visitó a un famoso sacerdote egipcio.
De acuerdo a los diálogos de Critias, existió un poderoso imperio localizado hacia el oeste, hacia las llamadas Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) en una isla que estaba ubicada, según parece, en el Océano Atlántico. Este lugar fue creado por Poseidón, dios griego del mar, quien engendró cinco pares de gemelos para que cada uno de ellos gobernara cada una de las diez partes en las que dividió la tierra atlante.
La capital de la Atlántida era una maravilla de la arquitectura y la ingeniería. La ciudad estaba compuesta por una serie de murallas y canales concéntricos y justo en su centro había una colina, en la cumbre de la cual se hallaba un templo dedicado a Poseidón. En el interior del templo había una estatua de oro macizo de Poseidón y sus seis caballos alados.
Pero unos 9000 años antes de la época en la que vivió Platón, cuando los habitantes de la Atlántida se volvieron corruptos y vanidosos, los dioses del Olimpo decidieron destruirlos: desataron un violento terremoto que produjo olas gigantescas que engulleron para siempre la isla.
Esta leyenda, narrada por Critias plantea una duda: ¿estaba Platón refiriéndose, de forma metafórica al auge y caída de alguna de las civilizaciones contemporáneas o bien realmente existió alguna vez un lugar como el que narró en sus Diálogos?


Busto de Platón, quien vivió entre el 427 - 347 a.C.


Recreación de cómo sería la Atlántida, en base a lo detallado por Platón en sus Diálogos (Ilustración de Lee Krystek, 2006).

Las diferentes Atlántidas.
En muchos puntos de los Diálogos, Platón insiste en afirmar que la historia que narra es genuina y podemos considerar que, el hecho de que se detalle de forma tan “fidedigna” como era la Atlántida no se corresponde a algo que hubiese de ser necesario si se trataba meramente de un recurso literario.
Por tanto, si consideramos como ciertas las afirmaciones de Platón, ¿a que lugar de más allá de las Columnas de Hércules se podría estar refiriendo?. Podríamos considerar como firmes candidatas las islas Azores (hay quien incluso ha sugerido que las Azores son los restos de los picos más altos que existían en la Atlántida, razón por la que no fueron anegados por el mar tras el cataclismo). Sin embargo, un proyecto científico al respecto ha demostrado que en el fondo marino de dichas islas atlánticas, la sedimentación corresponde a estratos que tienen millones de años, sin que hayan aparecido restos de una isla sumergida.
Pero, ¿existen otros lugares que hubieran podido ser el misterioso continente perdido?. Uno de los argumentos más convincentes proviene del doctor K.T. Frost, profesor de Historia Antigua en la Queen´s University de Belfast, que se vio reforzado por la posterior aportación del arqueólogo griego Spyridon Marinatos y el sismólogo A.G. Galanopoulos.
La teoría de Frost sugiere que en lugar de estar ubicada más allá del Estrecho de Gibraltar, la Atlántida puedo estar mucho más cerca, en el Mediterráneo y que la catástrofe no sobrevino 9000 años antes de que Platón elucubrara al respecto, sino 900 años antes. De hecho, la isla que se ha convertido en mito era conocida entonces y lo sigue siendo ahora: la isla de Creta.
En la actualidad Creta forma parte de Grecia y está ubicada justo en dirección sur desde Atenas, en medio del Mediterráneo. En el segundo milenio antes de Cristo, era la cuna de la más poderosa e influyente cultura mediterránea, la Minoica. Los minoicos dominaban toda la cuenca este del Mediterráneo, basando su hegemonía en una poderosa flota naval, gracias a la cual su civilización llegó a cotas sociales y culturales muy elevadas: la sofisticación de su arte, su arquitectura, la igualdad legal de hombres y mujeres, y los sistemas de regadío extensivos desarrollados por este pueblo aún hoy sorprenden a propios y extraños.
Sin embargo y prácticamente en un abrir y cerrar de ojos, toda esa sociedad desaparece, prácticamente sin dejar rastro. ¿Qué fue lo que pasó?
Estudios geológicos recientes han demostrado que en la actual isla de Santorini, llamada en la antigüedad Tera, situada 10 millas al norte de Creta, ocurrió un desastre de proporciones gigantescas y que posiblemente dio lugar al colapso de la civilización minoica.
Actualmente es un paraíso mediterráneo, consistente en diferentes islas situadas en forma de anillo. Pero a mediados del s. XVII a.C. era una única isla, bastante grande, que tenía un volcán en el centro de la misma de unos 1600 metros de altura.
El volcán, tranquilo y sereno durante muchos años empieza a salir de su letargo, causando el terror de los habitantes de la isla. Una serie de terremotos de cierta magnitud obligó a la gente a huir hacia islas vecinas. Por lo que se ha podido averiguar en base a las excavaciones arqueológicas de la isla, la marcha de sus habitantes se produjo de forma controlada. No se han encontrado restos de ganadería, joyas u objetos de valor (salvo en una pequeña zona al oeste de la isla), lo que hace pensar que a los teranos les dió tiempo de recoger todas sus pertenencias antes de abandonar Tera. La ceniza que desprendía el volcán hizo que se formara una pequeña capa de ésta en la ciudad pero poco más ocurrió.
Pasó el tiempo, sin que se sepa en la actualidad cuanto (si meses o años) y el volcán regreso a un estado de reposo. En vista a la nueva situación, algunos habitantes volvieron de nuevo a la islas (se han descubierto obras de reparación en ciertos lugares de la ciudad), pero llegó el otoño del 1628 a.C. (según datos del prestigioso arqueo-paleontólogo Charles Pellegrino) y el volcán despertó de nuevo, esta vez con muchísima más virulencia. La poca gente que había vuelto, escapó del lugar a toda prisa y el volcán comenzó a emanar tal cantidad de ceniza que ciertos lugares quedaron sepultados bajo más de 60 metros de ella: esta razón ha permitido que hayamos encontrado la ciudad hoy en día casi tal y como la dejaron los teranos hace más de 3500 años.
Pero lo peor aún estaba por llegar: en un instante el enorme volcán estalló de forma violentísima y el centro de la isla, donde se hallaba éste, desapareció en milésimas de segundo. En su lugar, donde antes había una montaña de 1600 metros de altura, ahora había un enorme hoyo de 125 km cúbicos con una profundidad de más de 1.5 km donde el agua del Mediterraneo comenzó a entrar formando una inmensa catarata.
Para entender el efecto de dicha explosión, los científicos la han comparado con la que se considera la más potente de las que se tiene registro científico hasta la fecha y que tuvo lugar en la isla de Krakatoa, situada entre Java y Sumatra (en Indonesia) en 1883: esta macro-explosión provocó un tsunami de unos 36 metros de altura que arrasó las islas vecinas a Krakatoa, matando a más de 36000 personas. Las cenizas expulsadas en la atmósfera oscurecieron el cielo en toda la Tierra durante tres días, cambiaron el patrón climático del año siguiente en todo el planeta y el sonido de la explosión se pudo escuchar a más de 2200 millas, que para que nos hagamos una idea, es donde está Madagascar.
El fin de una cultura excepcional.
Pues bien. Según estudios científicos al respecto, la explosión en la isla de Santorini fue cuatro veces más potente que la de Krakatoa. El tsunami que golpeó Creta se cree que llegó a cinco o seis kilómetros tierra adentro, destrozando todos los pueblos y ciudades costeras. Pero, ¿es esto motivo para que desaparezca toda una poderosa cultura?.
Para averiguarlo, nos iremos al verano del año 1932 d.C. El arqueólogo Spyridon Marinatos se hallaba trabajando en la costa septentrional de Creta (la costa norte, frente a Tera) en un lugar llamado Amnisos. Allí, en unas excavaciones, observó como unos muros de piedra se habían desplomado de un modo un tanto extraño. En una de las casas faltaba toda la parte superior de un bloque vertical y cual fue su sorpresa cuando el resto del bloque fue hallado a más de 100 metros, encajaba perfectamente y ¡pesaba media tonelada!.
Desde luego no cabe en la cabeza de nadie que alguno de los invasores posteriores de la isla pudo dedicarse a romper y trasladar un bloque de media tonelada a más de 100 metros sin ninguna reazón aparente: definitivamente ese bloque desplazado podría ser la prueba de que un gigantesco tsunami arrasó aquella zona.
Posteriores investigaciones han aportado pruebas acerca del tsunami que se originó tras la explosión de Tera. Por ejemplo, se sabe que en el golfo de Kerme, Turquia, a más de 200 km al este de Tera, la ola llegó con tal fuerza que gracias a la holografía del terreno, que actuó como cuña, ésta se elevó hasta los 250 metros de altura y penetró más de 50 km tierra adentro. Algo parecido ocurrió en el oeste, en el golfo de Nauplis (Grecia).
Es difícil imaginar lo devastadores efectos que tuvieron lugar en la costa septentrional de Creta a causa del tsunami: la ciudad de Cnosos (al norte de la isla) debió sucumbir ante la fuerza del agua y la mayor parte de la flota (por no decir toda) atracada en su puerto de Heraclión debió quedar reducida a astillas. Quizás, solo algunos barcos que se encontraban en ese instante en alta mar pudieron salvarse de la ola terana dado que el verdadero poder destructor de ésta reside al romper contra la costa.
En unos segundos la importante flota cretense quedó reducida a nada y lo que es peor, sin las infraestructuras necesarias para reconstruirla en poco tiempo. Con la isla prácticamente devastada, con el puerto y astilleros destruidos y sin apenas barcos, la situación era muy delicada: estaban indefensos y los griegos continentales se aprovecharon de ello invadiendo la isla. Los minoicos pasaron de controlar todo el Mediterráneo a estar subyugados al poder helenístico en apenas 50 años.
No se sabe muy bien que ocurrió con todos los supervivientes, especialmente con los maestros y expertos artesanos. Quizás algunos fueran seleccionados por los griegos y los más valiosos enviados a Grecia o Italia. Se cree que otra parte navegó hacia el sureste rumbo a Túnez. Otros fueron al sur, a Egipto, donde los más talentosos al parecer se convirtieron en un conjunto de nobles egipcios. Y quizás el resto viajaron hacia el este, llevando su particular arquitectura al país que denominaron Filistea o Palestina.
Pero claro, si la historia de lo que sucedió en Creta es la historia de la Atlántida, ¿cómo es posible que Platón confundiera la fecha y la localización del suceso?. Existen varias teorías al respecto. Una de ellas sugiere que hubo un error durante la traducción del texto de Platón y se añadió un cero de más, tanto en los años del suceso como en la distancia: esto significaría 900 años en lugar de 9000 y 250 millas en lugar de 2500, ya que de otro modo, Platón, que conocía la extensión del Mediterráneo, sabría que estaba situando la Atlántida en medio del Océano Atlántico y seguramente no era eso lo que quería referir.
A día de hoy y a falta de mejores argumentos al respecto, esta teoría sobre el volcán de la isla de Tera y la debacle de la civilización minoica son las comúnmente aceptadas por la comunidad científica internacional, y se cree, prácticamente de forma unánime, que la desaparecida civilización atlante se trata en realidad de un recuerdo que actualmente podemos asociar a la desgraciada civilización minoica.


Restos de las actuales excavaciones en el norte de Creta, cerca de Heraklion.


Detalle de la localización exacta de Tera y su orografía tras el cataclismo. La isla del centro, de forma redondeada es lo que quedó del volcán.

La leyenda del holandes errante

Las leyendas de barcos fantasmas siempre han estado presentes entre los mitos de los marineros. Adentrarse en el océano, o en peligrosos mares siempre ha causado temor al hombre. Los motivos son evidentes, el desconocimiento de un medio hostil y en muchas ocasiones con final indefinido, que la vida dependa de factores incontrolables, así como la conocida existencia de animales marinos que superaban en tamaño a todo lo conocido en tierra firme, provocaba que hasta el más audaz temiese por su vida cuando llevaba semanas o incluso meses a bordo de un barco sin más vista que el horizonte.Junto a los mitos sobre monstruos marinos o tormentas que destruían embarcaciones apareciendo de la nada, había un terror que parecía influir con mayor fuerza en la valentía de los marinos: los barcos fantasma. Buques sin otra tripulación que los fantasmas de los marineros que perecieron en el barco mientras navegaban, almas en pena destinadas a surcar los mares eternamente por haber osado enfrentarse con la fuerza de las aguas y subestimar su poder.
La historia del Holandés Errante es una de las más famosas y quizá de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace, por lo menos, 500 años. Su origen es incierto y guarda gran similitud con otros mitos que únicamente contienen algunas variantes lo que hace pensar que pueda ser incluso anterior a Cristo. Incluso antes de que inspirase a Wagner su ópera «Der Fliegende Holländer», la leyenda del Holandés Errante era conocida por innumerables generaciones de marinos de todo el mundo.
La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Van der Decken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Van der Decken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas. La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Van der Decken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios.
En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios. La figura se enfrentó con Van der Decken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija (lo cual parece muy injusto para el pobre grumete quien, hasta aquí, no había tenido ningún papel independiente en la historia y, presumiblemente, sentía tanto temor ante Van der Decken como el resto de la tripulación). Sin embargo, con estas palabras la visión desapareció, y con ella todos los pasajeros y tripulantes. Van der Decken y el grumete quedaron abandonados a su destino.
Ésta es la versión clásica de la historia del Holandés Errante. Puede ser que se base en hechos, pero no hay acuerdo acerca de cuáles pudieron ser esos hechos. Una versión afirma que la historia deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal.
Otros creen que la historia es más reciente y sugieren que se originó en las aventuras de Bartolomeu Dias (c. 1450-1500), navegante portugués que descubrió el cabo de Buena Esperanza en 1488 y cuyas proezas marítimas llegaron a parecer sobrehumanas, según la biografía que escribió sobre él Luis de Camoes.
En adelante se ha convertido en el nombre dado frecuentemente a un buque creado por la fantasía y el temor supersticioso de sucesivas generaciones de hombres de mar. El Holandés Errante es en realidad el nombre de un buque creado por la fantasía de varias generaciones de marineros. Alerta sobre el quebrantamiento de la festividad del Viernes Santo, día en que el Señor permaneció enterrado en el santo sepulcro. La leyenda circula desde la época de los primeros viajes de descubrimientos. Los marinos a menudo ven visiones y escuchan sonidos que no parecen de este mundo. Gran parte de estas extrañas apariciones pueden ser actualmente atribuidas a fenómenos físicos perfectamente demostrables.
Como buena leyenda, la historia ha sufrido tantas variaciones y modificaciones como marineros de distintas nacionalidades han sido protagonistas de situaciones similares o simplemente por la habitual deformación que estas historias sufren al pasar de boca en boca a lo largo de los años. Tanto es así que el oficialmente llamado capitán Van der Decken, fue originalmente Van Straaten, posteriormente Van der Dechen o Van der Decken, y el más extendido: Bernard Fokke.


Imagen que representa al capitán Van der Decken, perteneciente a un sello emitido por el gobierno de Hitler en 1933.


Dibujo original de uno de los primeros libretos de la ópera de Wagner Der Fliegende Holländer, estrenada en febrero de 1843.

El 3 de agosto de 1942, el buque británico H.M.S. Jubileé se dirigía a su base en Simonstown, cerca de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) cuando sobre las 21:00h avistaron un antiguo buque de vela que parecía abandonado. El segundo oficial al mando ordenó al tercer oficial Nicholas Monsarrat realizar señales luminosas al buque, a fin de comprobar si alguien respondía. Pero nadie respondió.
A pesar de que el mar estaba en calma y de que no soplaba ningún tipo de brisa, el extraño buque de vela navegaba a todo trapo y además se dirigía hacia su posición. De hecho, se ordenó un cambio súbito de rumbo, puesto que la colisión entre ambos habría sido inevitable. Tras este breve encuentro, el buque desapareció.
El incidente fue recogido en el cuaderno de bitácora del Jubileé y el gobierno británico clasificó como secreto su contenido.
También en el bando germano se presenció lo que podrían haber sido encuentros con buques fantasma. Según el Almirante Karl Doenitz, algunas de las tripulaciones de sus U Boot habían avistado al famoso Holandés Errante precisamente muy cerca de Ciudad del Cabo. Ni que decir tiene que las infortunadas tripulaciones pensaban que tal avistamiento les proporcionaría mala suerte.
Sin embargo, el más famoso avistamiento del conocido buque fantasma se lo debemos al rey Jorge V de Gran Bretaña, quien en julio de 1881, mientras se encontraba a bordo del H.M.S. Bacchante pudo ver son sus propios ojos lo que anotó de su puño y letra en su propio diario:
”El día 11 de julio, a eso de las cuatro de la mañana, el Holandés Errante pasó por delante de nuestras narices. No tengo la menor duda de ello, puesto que el oficial de guardia en el puente de mando también fue consciente de que acabábamos de ver un buque fanstasma… […]
[...] Una extraña luz roja que se encontraba en lo alto del mástil, iluminándolo por completo, y el buque estaba tenuemente iluminado por candiles y linternas”.
Lo fascinante del asunto es que desde otros buques del escuadrón, como el H.M.S. Cleopatra y el H.M.S. Tourmaline, no menos de 30 tripulantes pudieron contemplar con estupor el fenómeno. Y algunos se preguntarán, ¿y cómo es posible que se haya tenido acceso al diario personal del rey Jorge?. Pues la respuesta es que con la ayuda del reverendo Neale Dalton, quien le instó a dar a conocer la historia que había vivido a través de una publicación titulada “El crucero del H.M.S Bacchante”, si bien antes de ponerse en circulación, las autoridades navales le echaron “un vistazo” para asegurarse de que no contenía errores.
Por supuesto existen otras historias de avistamientos, como por ejemplo una que nos narra el momento en que el conocido buque fantasma se adentró en Table Bay (Sudáfrica) y fue disparado [sic!] por el alguacil del pueblo, si bien no existe constancia escrita de ello. Otra historia nos narra el encuentro que mantuvieron en privado, en 1835, un tal R. Montgomery Martin y el mismísimo Van der Decken, para colmo a bordo mismo del buque fantasma….
Como ya se ha comentado, la historia habla de un duro e intrépido marino, que debido a su soberbia y desafío constante a las fuerzas de la Naturaleza, se ve obligado a pactar con el Diablo o simplemente es considerado un desafío inaceptable del poder religioso imperante, por lo que es condenado a vagar eternamente sobre la superficie del mar. Las leyendas sobre condenados a la vida eterna en el mar tienen su contrapartida en tierra en las leyendas del Judío Errante, Cartaphilus, Al Samiri (el hombre que hizo el becerro de oro), o la de Ashaver (el zapatero de Jerusalén).
La liturgia de Ashaver alimentó el mito en los países bañados por el Mar del Norte, donde surge la leyenda del castillo de Falkenberg, cercano a Alemania. En el viejo castillo de la provincia de Limburg, un espectro ronda por las noches y se oye una voz que grita entre las ruinas ¡Asesino, asesino! dirigiéndose al Norte, al Sur, al Este y al Oeste; y antes de que se escuchen los gritos, aparecen dos pequeñas llamas que le acompañan se gire hacia donde se gire. Hace seiscientos años que grita y durante todo ese tiempo las llamas le han acompañado.
El despechado de amor, Reginald, asesinó a su hermano y a su esposa y huyó al norte acompañado de una forma blanca a su derecha y una forma negra a su izquierda. Caminó hasta el límite de la tierra, y un barquero que luego desapareció, le condujo a bordo de un gran barco con las velas desplegadas. Seiscientos años lleva navegando esa nave sin timón ni timonel y durante todo ese tiempo han estado los dos espectros jugándose a los dados el alma de Reginald.
La versión alemana
Según una leyenda, El Holandés Errante se llamaba Bernard Fokke y era un marino que vivió en el siglo XVII, osado e inteligente, que fue capaz de vijar de Batavia a Holanda en noventa días. Se suponía que podía viajar tan rápido gracias a la ayuda del diablo y a los poderes mágicos del propio Fokke. Esta creencia se vio reforzada por el hecho de que Fokke era un hombre de constitución muy fuerte, muy feo y de carácter violento. Cierto día no regresó de uno de sus viajes y la gente dio en decir que el diablo había reclamado lo suyo. Se dijo que Fokke había sido condenado, por sus muchos pecados, a vagar eternamente en su barco desde el cabo de Buena Esperanza hasta el extremo sur de América. Todos los marinos del océano Indico aseguraban haberlo visto a él y a su tripulación, que consistía en tres ancianos de largas barbas. Tan pronto como alguien trataba de hablar con ellos, el barco desaparecía.
La versión francesa (s.XVIII)
El Voltigeur u Holandés Errante (La Volant Hollandais) envía borrascas, hunde barcos y hace perder el rumbo. Hay marinos que dicen que se atreve a visitar barcos que pasan cerca y que envía cartas que hacen volverse loco al capitán que las lea. Tiene el poder de elevar barcos y arrojarlos desde lo alto, así como de cambiar de aspecto a voluntad. Su tripulación está tan maldita como su capitán porque está formada por pecadores en grado extremo.
La ópera de Richard Wagner
Conocida también como El buque fantasma (Il vascello fantasma), el Holandés Errante (Der fliegende Holländer), es una ópera romántica en tres actos, libro y música de Richard Wagner compuesta entre 1840 y 1846. la primera representación se efectuó en Dresden en 1843, y en Italia se estrenó en Bolonia en 1877. El argumento es una leyenda nórdica transmitida por los pueblos marítimos del siglo XV, y transcrita en una balada de Heine, afín a la del Judío errante o al mito de Ulises.
Para su obra, Wagner adoptó la solución que a la leyenda dio H.Heine en 1834, y como ya resultaba casi obligado en una manifestación artística de tipo de ópera, se introdujo en el conjunto el tema del amor, como nervio y elemento central del asunto, hasta el punto de poder ser sintetizado el “granum salis” del desenlace de la opera en el sentido de tratarse de una relación de amor. Para la composición y para la necesaria ambientación, aprovechó Wagner su estancia en unos fiordos noruegos, lo que le deparó el conocimiento directo del mal tiempo en la mar y con ello el medio de poder combinar los meravillosos efectos musicales del temporal, que decrecen insensiblemente hasta quedar en la calma, al principio de la obra.
Una furiosa tempestad ha arrojado a una orilla rocosa al noruego Daland que regresaba a su patria. Y aparece otro buque, espectral y negro, con las velas sangrientas del cual desciende un negro piloto, el holandés; es ésta una de las treguas que tiene concedidas, cada siete años, a su condena de errar por el océano hasta que haya encontrado una mujer para siempre fiel; pero ahora ya está desesperado, y la tripulación con él, sólo invoca la paz de la muerte. compadecido y al mismo tiempo atraído por los tesoros de aquel desconocido, Daland le concede que le siga a su patria y se case con su dulce hija, de quién el holandés espera nueva salvación. en el segundo acto, las doncellas cantan hilando, en casa de Daland, pero su hija Senta , se queda absorta ante la imagen de un hombre pálido y tétrico.
Después, cantando la balada del holandés errante, se exalta hasta el punto de ofrecerse ella misma a redimir el condenado, sin escuchar los ruegos aterrorizados de su prometido Erik. Y cuando entra el holandés con Daland, como influida por mágico poder Senta lo reconoce y lo acoge, prometíendole fidelidad hasta la muerte. En el tercer acto, de noche en la rada, con la danza de la tripulación noruega contrasta con el lúgubre silencio y después el canto siniestro de los holandeses, en torno cuyo buque el mar y el viento se agitan tormentosamente. Cuando vuelve la calma, llega Senta seguida de Erik, que le recuerda su antigua promesa.
Pero el holandés le ha oído y para salvar a la joven de la condenación en que incurriría faltando al fatal juramento, se descubre a los presentes aterrorizados, salta al buque y se dirige hasta su irreparable condenación, mientras Senta le grita su fidelidad y se arroja desde una peña. El buque se hunde a lo lejos, y de las olas precipitadas se alzan Senta y el holandés transfigurados y salvados.


El castillo de Falkenberg, en el land de Bavaria (Alemania), construido en 1154 y origen de una leyenda similar a la del Holandés Errante.


Richard Wagner, muy influenciado por el mundo germánico, sobre todo por el mítico y legendario, tan importante en la tradición cultural alemana, crea la ópera el Holandés Errante, bsándose en la leyenda alemana del mismo.

El mapa de Piri Reis



El que se ha denominado Mapa de Piri Reis, es una carta náutica que fue confeccionada por el almirante turco homónimo en el año 1513, siendo esta la fecha comúnmente aceptada por los expertos, como parte de su obra Bahriye (Sobre la navegación). La particularidad de este mapa y lo que le ha convertido en mundialmente famoso, reside en el hecho de que contiene representaciones detalladas de lugares del planeta que se presuponen totalmente desconocidos en aquellos momentos y la afirmación, del puño y letra del marino turco, de que sus fuentes habían sido “los antiguos Reyes del Mar” e incluso que se basó, en su preparación, en 20 viejos mapas y 8 mapamundis confeccionados en la época de Alejandro Magno, que al parecer, ya entonces mostraban la totalidad del mundo habitado. Algo, si cabe, más increíble aún.
Obviamente, tales afirmaciones y el hecho de que gran parte de la “terra incognita” tuviera perfil e incluso accidentes geográficos como montañas o ríos en un mapa de la época, plantea una serie de preguntas, que cuanto menos nos hacen cuestionarnos cómo es posible que se obtuviera tal información.
Pero empecemos por el principio y conozcamos el origen del marino turco y del mapa que le ha hecho famoso.
El poder marítimo del Imperio Otomano de los S.XV y S.XVI.
Corría noviembre del año 1929 y en el palacio de Topkapi, en Estambul (que se estaba reconvirtiendo en museo), situado en uno de los más bellos lugares de la ciudad turca, llamado Sarayburnu, el director del los Museos Nacionales, Halil Edhem, se dispone a realizar la tediosa tarea de clasificar numerosos objetos que permanecen aún en el anonimato de la Historia. Entre estos, descubre el que parece ser un mapa muy antiguo, dibujado sobre piel de gacela, que le hace sospechar, de ser auténtico, que un marino turco contemporáneo de Cristóbal Colón, ya conocía la práctica totalidad del Mundo.
Pero, ¿quién era el creador del fabuloso mapa? ¿Cómo pudo dibujar todo el Mundo en aquella época?
En el S.XV y tras la conquista de Estambul, los otomanos se convirtieron en un verdadero imperio. Para afianzar la dominación turca, tenían que controlar tanto el Mar Negro como el Mediterráneo, y el medio para ello sería una poderosa fuerza naval. Esta fue la clave de que el imperio otomano se expandiera de forma prodigiosa, llegando hasta las puertas de Viena en el oeste, al Caúcaso, Irán, Irak y Arabia en el Oriente y Siria, Egipto, Túnez y Argelia en el Medio Oriente.
En aquellos momentos, tanto el Mar Negro, como el Mediterráneo, incluyendo las costas adriáticas, estaban bajo el casi total dominio turco, gracias a la aportación en su armada de grandes almirantes como Piri Reis, Burak Reis, Kemal Reis, Muslahiddin Reis, Barbaros Hayrettin o Killic Ah
El Almirante Piri Reis (¿1470? – 1554), del que se desconoce su fecha exacta de nacimiento, vino al Mundo en Gelibolu (o Gallipoli), una ciudad de la costa del Mar de Mármara, que era una de las bases navales más destacadas del Imperio Otomano. Se le llamó Muhiddin Piri y su padre, Haci Mehmet y su tío, el almirante Kemal Reis, eran muy conocidos en aquellos momentos dentro del Imperio. El historiador turco Ibni Kemal, refiere a la infancia y adolescencia del joven Piri: “Los chicos de Gelibolu crecen en el agua, como los cocodrilos. Sus cunas son los barcos y están acostumbrados a dormirse acunados por los vaivenes del mar”. Queda claro, según esta afirmación, que los oriundos del lugar, estaban muy relacionados con el medio acuático.
El muchacho pasó los primeros once años de su vida en su pueblo natal y como otros chicos de su edad, adquirió sus primeras nociones sobre el mundo que le rodeaba, de las ideas que le imbuían sus círculos más cercanos, como su familia, amigos o la escuela a la que asistía. A los doce años, se embarca como parte de la tripulación de su tío Kemal Reis y a partir de entonces dejaría de ser un anónimo muchacho turco para convertirse en toda una leyenda.
Los primeros pasos de su carrera naval, fueron vigilados de cerca por su tío, quien le obliga a realizar toda clase de tareas navales durante catorce años seguidos, navegando ambos como piratas, tal y como era costumbre en la época. Su tío se gana el respeto y admiración de amigos y enemigos y se forja un nombre, debido a sus esfuerzos personales. Por ello, en 1494, Kemal Reis acepta el reconocimiento oficial que el gobierno otomano le muestran a él y a toda su experimentada tripulación. El joven Piri, recoge todas sus vivencias de estos años en un diario que posteriormente se convertiría en el libro Bahriye (Sobre la navegación), donde se van desgranando sus experiencias de aquellos lugares que iba visitando con su tío y los hechos históricos más significativos del momento que le tocó vivir.
Con la solicitud de ayuda de la población musulmana de Granada a los tunecinos, egipcios y otomanos, ante el avance imparable que daría como resultado la expulsión de los musulmanes en España, Kemal Reis es enviado a la zona para liderar una partida pirata que se encarga de trasladar a esos musulmanes a las costas de África. Desde 1487 hasta 1493, Piri participa en aquella zona en numerosas actividades navales, piratas, por su puesto. De ese período se ha obtenido una gran información de la costa oeste del Mediterráneo y las islas del lugar, tal y como comenta de Minorea (Menorca) en las Balearie (Baleares): “Llaman al puerto de la isla Portulano. Lo cierto es que es un buen puerto y tan pronto lo dejas y viras navegando a lo largo de la costa este en dirección al norte, llegas a un manantial que emerge de debajo de una higuera, sobre la que existe una fortaleza. Alrededor del manantial, puedes estar seguro que siempre encontrarás barcos árabes y turcos que se encuentran recogiendo agua en el lugar”. (Bahriye, pag 532).
En estos seis años de piratería, Kemal Reis y su sobrino Piri, encontraron su hogar a lo largo de la costa africana, fuera en Argelia, Túnez o Egipto, estableciendo estrechas relaciones con los lugareños. Por otro lado, participaron en la campaña por Sicilia, Cerdeña y Córcega, entre 1490 y 1491. En 1495, con la llegada al poder del sultán Bayezid II, que decidió reforzar aún más su poder naval, Kemal Reis recibió el reconocimiento a su carrera y se le llamó a unirse a la flota imperial. Su sobrino estaba, por supuesto, también convocado.
Mediante la intercesión de su tío Kemal, en aquellos momentos comandante en jefe de la flota, Piri obtuvo el mando de algunos buques de guerra. Participó activamente, entre 1500 y 1502, en la guerra contra los venecianos, siendo reconocido por su bravura y destreza en combate. Tras esta confrontación, se le asciende a almirante de la flota, pero el fallecimiento de su tío en combate, le priva de su mayor protector, si bien él mismo se había forjado ya un nombre y una posición social envidiables.
Tras el fallecimiento de su tío, deja la mar y empieza a trabajar en su primer mapa del Mundo, en su ciudad natal, Gelibolu. La sección del mapa de que se dispone actualmente, corresponde a una parte de éste. Fue durante el esbozo de este mapa, cuando inició la recomposición (reordenación) de su diario, que posteriormente se convertiría en el libro Bahriye, que como se ha mencionado, se convirtió en una especie de guía – memoria de viajes y navegación.
En 1516 ó 1517, se le otorga de nuevo la responsabilidad de comandar una escuadra de galeras que participarán en una campaña otomana contra Egipto y en la que, al mando de Cafer Bey, tomará Alejadría. Piri, junto con una parte de su flota, navegó hacia El Cairo, a través del Nilo, experiencia de la que se extrajo un detallado mapa y abundante e interesante información del área.
Tras su periplo egipcio y ya bajo el reinado de Suleyman El Magnífico, que llegó al poder en 1520, Piri toma parte en la época más gloriosa de la flota turca, donde cada batalla se contaba por victoria, como la campaña de Rodas de 1523. El propio Suleyman le insta a ser el guía del Gran Visir Pargall Ibrahim Pasa durante esta campaña, a fin de que compruebe con sus propios ojos la grandeza de su armada.
Fue tras esta campaña que Ibrahim Pasa se da cuenta de la importancia del Bahriye y le pide a Piri convertir sus notas en un libro, a fin de que se puedan hacer copias y editarlo. Sin dudarlo, Piri regresa a Gelibou y se pone manos a la obra. Con la ayuda de Ibrahim, se lo regala al sultán, quien se queda maravillado. Corría el año cristiano de 1526 (el árabe de 923).
Desde ese mismo año y en adelante, su biografía es fácilmente rastreable y sabemos que Piri se convirtió en almirante de los buques de la flota de los mares del sur, que corresponde a la zona del Océano Índico, el Mar Rojo y el Mar de Arabia. Tras un largo servicio al sultanato, falleció en 1584, a la edad de 84 años, con lo que desapareció uno de los navegantes, prácticamente desconocidos, que más aportó a la ciencia de la navegación.
El Bahriye.
El joven pero experimentado Piri, a lo largo de sus viajes por el Mediterráneo, tuvo la oportunidad de conocer y estudiar diferentes puertos españoles, tunecinos, franceses y adriáticos. A pesar de que se empapó de cualquier referencia contemporánea a los lugares que visitaba, enriquecía con sus propias observaciones aquello que leía en otros libros o fuentes, formando de este modo, la rica base cultural de su libro Bahriye. En él, podemos encontrar una fiel descripción de pueblos y ciudades mediterráneas, mapas, cartas de navegación y dibujos de todo aquello que visitaba.
Básicamente, el libro es una suerte de guía naval de viaje, en el que Piri reunió toda la información previa de la que disponía con los conocimientos necesarios para que los navegantes pudieran conocer las más importantes rutas costeras y puntos a tener en cuenta. En este sentido, el libro constituye no sólo una mera guía de navegación, sino uno de los más importantes portulanos (mapa o carta que muestra la posición de los puertos basándose en la idea de que la Tierra es plana) de la época. De hecho, uno de los aspectos más significativos de los mapas que aparecen en el libro, es de su propia invención: para hacer más accesible a sus lectores toda la información contenida en los mapas, estos eran de tamaño grande y estaban complementados con índices, que permitían la fácil ubicación de cualquier punto.
Existen un total de 29 versiones del libro, algunas de las cuales datan de 1520 y una de ellas, sita en el Museo de Santa Sofía de Estambul, tiene un total de 858 páginas. La parte inicial del libro se divide en 21 capítulos de 1107 versos, que es como redactó estas observaciones, ya que pensó que sería un estilo fácil de recordar y memorizar.
En los Capítulos I y II, se detalla los pormenores que le llevaron a redactarlo y su vida con Kemal Reis. En los Capítulos III al V, da información sobre las tormentas, los vientos y el compás. En el Capítulos del VI y VII, nos detalla cómo interpretar los mapas y los signos más emblemáticos que se hallan en ellos. En el Capítulo VIII, algo curioso, nos cuenta que uno de los cuatro mares que cubren la Tierra, tiene varios continentes, a los que le pone nombre. Además menciona los nombres de los siete mares que se conocían. El Capítulo IX está dedicado a los descubrimientos geográficos de los portugueses, y el Capítulo X es una divagación sobre el hecho de que Abisinia (actual región de Etiopía) se extiende hasta el Cabo de Buena Esperanza.


Representación del aspecto que tenía el famoso almirante turco Piri Reis.


Este es el único retazo que se conserva del mapa de Piri Reis (pulsar para ampliar).


Dibujo de Venecia, tal y como la representó en el Bahriye Piri Reis


Se presume que el mapa original de Piri Reis se conformaba de cuatro partes (señaladas) y contenía la práctica totalidad del saber cartográfico de su época. En sombreado, la única parte que aún se conserva y en puntos, la parte correspondiente al segundo mapa que dibujó el almirante turco.
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