La maorí (Māori en idioma maorí) es una polinesia, autóctona de las islas de Nueva Zelanda, en el océano pacífico sur. Los maoríes, son el pueblo polinesio originario de Nueva Zelanda. La palabra maorí significa una persona normal, en la lengua maorí, y también en otros idiomas de la Polinesia. Maoli en la lengua de Hawaii quiere decir nativo, indígena, verdadero, real.
Un jefe Maorí del siglo XIX: "Honiana Te Puni-kokopu"
Población total 750.000
Idioma Inglés, maorí
Religión/Creencias Animismo (Ver abajo de Bandera), cristianismo
El animismo (del latín ánima, alma) es un concepto que engloba diversas creencias en las que tanto los objetos (útiles de uso cotidiano o bien aquellos reservados a ocasiones especiales) como cualquier elemento del mundo natural (montañas, ríos, el cielo, la tierra, determinados lugares característicos, rocas, plantas, animales, árboles, etc.) están dotados de alma y son venerados o tenidos como dioses.
Si bien dentro de esta concepción cabrían múltiples variantes del fenómeno, como la creencia en seres espirituales, incluidas las almas humanas, en la práctica la definición se extiende a que seres sobrenaturales personificados, dotados de razón, inteligencia y voluntad, habitan los objetos inanimados y gobiernan su existencia. Esto se puede expresar simplemente como que todo está vivo, es consciente o tiene un alma.
En África el animismo se encuentra en su versión más compleja y acabada, siendo así que incluye el concepto de magara o fuerza vital universal, que conecta a todos los seres animados, así como la creencia en una relación estrecha entre las almas de los vivos y los muertos. En otros lugares el animismo es en cambio la creencia en que los objetos (como animales, herramientas y fenómenos naturales) son o poseen expresiones de vida inteligente.
Los neopaganos a veces describen como animista a su sistema de creencias; un ejemplo de esta idea es que la Diosa madre y el Dios cornudo coexisten en todas las cosas. Asimismo, los panteístas igualan a Dios con la existencia.
El término también es el nombre de una teoría de la religión propuesta en 1871 por el antropólogo sir Edward Burnett Tylor en su libro Primitive Culture (Cultura primitiva).
Creencias del animismo
El principio general del animismo es la creencia en la existencia de una fuerza vital sustancial presente en todos los seres animados, y sostiene la interrelación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, reconociendo la existencia de multiples Dioses con los que se puede interactuar, o de un Dios único aunque inaccesible en una adaptacion moderna. Sus orígenes no son precisables al contrario que las religiones proféticas, siendo junto al chamanismo una de las más antiguas creencias de la Humanidad. Ya la religión del Antiguo Egipto está fundada sobre bases animistas.
Características generales
La vida de los ancestros continúa después de la muerte.
Se puede interactuar directamente con los espíritus.
Se reconoce la existencia de una gran variedad de espíritus y dioses.
El alma puede abandonar el cuerpo durante trances o sueños.
Se cree en la mediación de personas sagradas: chamanes, brujos.
Hay seres espirituales que viven en el alma o espíritu del ser humano.
Se fusionan conceptos: individuo-comunidad, presente-pasado, objeto-símbolo.
Se realizan ofrendas o sacrificios expiatorios.
En una adaptación moderna, se concibe un ser supremo aunque lejano.
Vida después de la muerte
La mayoría de los sistemas de creencias animistas sostienen que existe un alma que sobrevive a la muerte del cuerpo. Creen que el alma pasa a un mundo más cómodo, de abundantes juegos y cultivos agrícolas continuos. Otros sistemas, como el de los indios Navajo de América del Norte, aseguran que el alma permanece en la Tierra como fantasma, a veces malvado.
Otras culturas combinan estas dos creencias, y afirman que el alma debe escapar de este plano y no perderse en el camino, de lo contrario se volvería fantasma y vagaría durante mucho tiempo. Para el éxito en esta tarea los sobrevivientes del muerto consideran necesario realizar funerales de duelo y adoración a los ancestros. En las culturas animistas a veces los rituales no son realizados por los particulares sino por sacerdotes o chamanes que se supone poseen poderes espirituales más grandes o diferentes a la experiencia humana normal.
La práctica de reducción de cabezas que realizaban algunas culturas de América del Sur deriva de la creencia animista en que el alma del enemigo puede escapar si no se atrapa dentro de su cráneo. El enemigo entonces transmigraría al útero de una hembra de animal depredador, de donde nacería para vengarse del asesino.
Orígenes y ubicación geográfica
Se encuentran trazas de animismo en África al sur del Sáhara, Australia, Oceanía, sudeste y centro de Asia y en toda América. La arqueología y la antropología estudian el animismo actualmente presente en las culturas indígenas. Algunos conceptos antiguos acerca del alma se pueden analizar a partir de los términos con que ésta era denominada. Por ejemplo, los lectores de Dante conocen la idea de que los muertos no tienen sombra (ombra). Esto no fue una invención del poeta sino una noción que proviene del folclore anterior al cristianismo. En las Islas Canarias (España), los aborígenes guanches profesaban una religión animista (Mitología guanche).
Los basutos sostienen que una persona que camina por la orilla de un río puede perder la vida si su sombra toca el agua, ya que un cocodrilo podría engullirla y arrastrar a la persona dentro del agua. Y en algunas tribus de Norte y Suramérica, Tasmania y en la Europa clásica, se encuentra el concepto de que el alma —σκιά, skiá, umbra— se identifica con la sombra de una persona.
En cambio más familiar a la cultura occidental es la conexión entre el alma y la respiración. Esta identificación se encuentra tanto en los idiomas indoeuropeos como en las lenguas semíticas. Aire en latín se dice spíritus, en griego pneuma y en hebreo ruach. Esta idea se encuentra también en Australia, varios puntos de la América precolombina y Asia.
Para algunas culturas indígenas de América y en las primeras religiones romanas, la costumbre de recibir el último aliento de un moribundo no era sólo un deber piadoso sino el medio de asegurarse de que su alma se reencarnaría en el vientre de una nueva madre, y no quedaría como un fantasma errante. Otros conceptos conocidos identifican el [alma con el hígado, con el corazón, con la figura que se ve reflejada en la pupila del ojo y con la sangre.
Aunque a veces se distingue el alma o principio vital del cuerpo (que también poseerían los animales) como algo diferente del espíritu humano, hay casos en que un estado de inconsciencia se explica como debido a la ausencia de éste. Los indígenas del sur de Australia le dicen wilyamarraba (sin alma) a una persona desmayada.
También el trance autohipnótico de un chamán o de un profeta se cree que se debe a su visita al más allá, de donde trae profecías y noticias de personas muertas. La telepatía o la clarividencia, con o sin trance, se puede operar para producir la convicción de la naturaleza dual (material-espiritual) del ser humano, ya que hacía parecer posible que hechos desconocidos para el médium se pudieran descubrir por medio de una bola de cristal.
La enfermedad a menudo se explica como la ausencia del alma y a veces se toman determinadas medidas para atraer el alma errante de vuelta. En la tradición china, cuando una persona está al borde de la muerte y se cree que el alma ha dejado su cuerpo, el abrigo del paciente es sostenido en un largo poste de bambú mientras un sacerdote se esfuerza por devolver el espíritu al abrigo por medio de conjuros. Si el bambú comienza a girar en las manos del pariente que se ha dispuesto para sostenerlo, esto se considera como signo de que el alma del moribundo ha vuelto.
El animismo y el sueño
Los sueños son a veces explicados en pueblos como viajes realizados por el durmiente, o por animales u objetos de su entorno. Las alucinaciones, posiblemente deben haber contribuido a fortificar esta interpretación, así como la teoría animística en general. Más importante aún que todos estos fenómenos, ya que es más regular y normal, era el período diario de sueño con sus ideas e imágenes frecuentemente irregulares e incoherentes. La mera inmovilidad del cuerpo era suficiente para mostrar que su estado no era idéntico al de la vigilia. Cuando, además, el durmiente despertaba para dar razón de una serie de visitas a lugares lejanos, de los cuales, tal como sugieren las investigaciones psíquicas modernas, podía incluso arrojar o traer detalles verídicos, la conclusión irresistible debe haber sido que, en el sueño, algo que no era el cuerpo viajaba al más allá.
Si el fenómeno de los sueños fue de gran importancia en el desarrollo prehistórico del animismo, esta creencia debe haberse expandido rápidamente hasta convertirse en una filosofía de la naturaleza de la realidad. De la reaparición en sueños de personas muertas, el hombre primitivo fue inevitablemente llevado a la creencia de que existió una parte incorpórea del hombre, que sobrevivió a la disolución del cuerpo. El alma fue concebida para ser un facsímil, una especie de doble del cuerpo, a veces no menos material, a veces más sutil, a veces totalmente impalpable e intangible.
Como en los sueños no sólo se ven seres humanos sino también animales y objetos inanimados, la conclusión debe de haber sido que ellos también tenían espíritu, aunque las primeras religiones pueden haber llegado a esta conclusión mediante otra línea de argumentación.
El animismo en la actualidad
El animismo goza de una gran popularidad en la actualidad, en diversas regiones del mundo ya que creencia en la existencia del alma es algo que se presenta en las mas disímiles culturas a lo largo de la historia y del mundo.
Evolución del animismo al monoteísmo
Según la Biblia, a partir de la caída de Adán y Eva la religión original se corrompió. Cuando miles de años más tarde —después del Diluvio Universal— los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) y sus descendientes se esparcieron por la Tierra, llevaron con ellos su fe monoteísta, pero con el paso del tiempo se corrompió.
Sin embargo, pese a que muchas personas consideran a la percepción de la Biblia sobre el comienzo de la religión monoteíìsta desde el principio de la humanidad como verdadera, no es compartida por el mundo académico. La humanidad, en sus 150.000 años de haber evolucionado a Homo Sapiens vio las creencias en dioses hasta hace unos 30.000 años; siendo éstos politeístas. Según muchos eruditos, el monoteísmo evolucionó del politeísmo apenas cerca de unos 5.000 años.
Augusto Comte mostraba que la creencia del monoteísmo tuvo su evolución del politeísmo y éste a su vez evolucionó del fetichismo.
Alma en los objetos inanimados
Algunas culturas no hacen distinción entre los objetos animados e inanimados. Los fenómenos naturales, las características geográficas, los objetos cotidianos y los artículos manufacturados pueden estar también provistos de almas.
En el norte de Europa, en la antigua Grecia y en China, el espíritu del agua o del río es el caballo o una figura con forma de toro. El monstruo del agua que tiene forma de serpiente es más habitual, pero no se trata estrictamente del espíritu del agua. El sincretismo se manifiesta también en esta sección del animismo, cambiando el espíritu imanente por el Dios local de los últimos tiempos o aquel que esté vigente.
El animismo y la muerte
En muchas partes del mundo se sostiene que el cuerpo humano es el asiento de más de una alma. En la isla de Nías son distinguidas cuatro: la sombra y la inteligencia que se mueren con el cuerpo, un espíritu tutelar, y un segundo espíritu que se lleva en la cabeza. Se encuentran ideas similares entre los euahlayi del sudeste de Australia, los dakotas y muchas otras tribus. Así como en Europa el fantasma de una persona muerta suele frecuentar el cementerio o el lugar de muerte, otras culturas asignan moradas diferentes a las almas múltiples que ellos atribuyen al hombre. De las cuatro almas de una dakota, una se quedar con el cadáver, otra en el pueblo, una tercera se mezcla con el aire, mientras la cuarta va a la tierra de almas donde la parte que ocupa puede depender de su trayectoria en esta vida, su género, manera de morir o sepultura, en la observancia debida del ritual del entierro, o de muchos otros factores.
De la creencia en la supervivencia del muerto proviene la práctica de ofrecer comida, mientras se encienden fuegos, etc., en la tumba; al principio, quizá, como un acto de amistad o de piedad filial, después como un acto de culto hacia el antepasado. La simple ofrenda de comida o el derramamiento de sangre en la tumba evoluciona después en un sistema detallado de sacrificio. Incluso donde el culto al antepasado no existe, el deseo de proporcionar consuelo al muerto en la vida futura puede llevar al sacrificio de esposas, esclavos, animales, etc. Así, sucesivamente, hasta llegar a la ruptura o quema de objetos en la tumba, o a la provisión del peaje del barquero: una moneda puesta sobre la boca o los ojos del cadáver para pagar los gastos del viaje del alma. Pero todo no acaba con el pago del pasaje del alma a la tierra de los muertos. El alma puede volver para vengar su muerte ayudando a descubrir al asesino, o para descargar la venganza sobre este. Hay una creencia extendida que aquéllos que sufren una muerte violenta se convierten en espirítus malignos y ponen en peligro las vidas de aquéllos que vienen la mancha frecuentada casi. La mujer que se muere en el parto se vuelve un pontianak, y amenaza la vida de seres humanos. Las personas acuden a medios mágicos o religiosos para rechazar sus peligros espirituales.
Diferencias entre animismo y religión
Generalmente el animismo se describe como una religión. Según lo interpretan religiones modernas para intentar marcar una diferencia, muchos sistemas animistas de creencias no son en absoluto una religión, ya que ésta implica alguna forma de emoción. Pero en realidad, el animismo es una filosofía que permea múltiples religiones, que propone una explicación de fenómenos, que implica una actitud (y por tanto un conjunto de emociones) hacia la causa de tales fenómenos.
Sin embargo, el término se suele utilizar para describir una etapa primigenia de la religión, en la que las personas tratan de establecer una relación con poderes invisibles, concebidos como espíritus, y que pueden llegar a forman diversas jerarquías, como en los múltiples dioses del politeísmo.
El animismo y los orígenes de las religiones
Se conocen dos teorías que suponen que el animismo fue el origen de las religiones actuales. La primera, llamada teoría de los fantasmas, relaciona los comienzos de la religiones humanas con el culto a los muertos. Se la asocia principalmente con el nombre de Herbert Spencer, aunque también fue mantenida por Grant Allen.
La otra teoría, presentada por Edward Burnett Tylor, sostiene que la base de toda religión es animista, pero reconoce el carácter no humano de los dioses del politeísmo. Aunque la adoración a los antepasados o, más ampliamente hablando, el culto a los muertos, en algunos casos se superpuso a otros cultos o incluso los hizo desaparecer, no se puede asegurar su importancia, sino más bien lo contrario (otros cultos terminaron superponiéndose al culto a los antepasados). En la mayoría de los casos, el panteón de dioses está formado por una multitud de espíritus con forma a veces humana, a veces animal, que no tienen signos de haberse encarnado alguna vez. Los dioses del Sol y de la Luna, los dioses del fuego, del viento y del agua, los dioses oceánicos, y por encima de todos los dioses del cielo, no muestran signos de haber sido fantasmas en ningún período de su historia. Es verdad que algunos se pueden asociar con dioses fantasmas. Por ejemplo, algunos indígenas de Australia no dicen en ningún momento que los dioses son espíritus, y mucho menos espíritus de muertos; sus dioses son simplemente magos magnificados, super-hombres que nunca murieron. Se puede decir en general que en Australia nunca existieron la adoración a los antepasados ni el culto a los muertos.
El animismo en la filosofía
El término "animismo" ha sido aplicado a muchos sistemas filosóficos diferentes. Por ejemplo para describir la visión de Aristóteles de la relación entre el alma y el cuerpo, sostenida también por los estoicos y escolásticos. También la monadología de Leibniz ha sido designada como animista. El término ha sido aplicado más comúnmente al vitalismo, una postura principalmente asociada con Georg Ernst Stahl y revivida por F. Bouillier (1813-1899), que sostiene que la vida y la mente son los principios directrices de la evolución y el crecimiento, y que éstos no se originaron en procesos químicos o mecánicos, sino que hay una fuerza directriz que parece guiar a la energía sin alterar su cantidad. Otra clase completamente diferente de ideas, también denominadas animistas, es la creencia en el alma del mundo, sostenida por el griego Platón, el alemán Schelling y los partidarios de Gaia (el alma de la Tierra).
Orígenes de los maoríes
Nueva Zelanda fue uno de los últimos lugares de la Tierra en ser conquistado y colonizado. Nueva Zelanda, uno de los extremos de la gran área polinesia, estaba habitada antes de la llegada de los europeos por pueblos maoríes que, según la tradición, se establecieron allí en sucesivas migraciones iniciadas hacia el siglo X y concluidas en el siglo XIV procedentes de la Polinesia oriental (islas Cook o incluso Hawaii). Probablemente los maoríes llegaron entre los años 500 y 1300 a. C. Estos pueblos tuvieron que adaptar su economía y su organización social a las nuevas condiciones ambientales y, aislados del resto del mundo, crearon una cultura original.
Pruebas arqueológicas y lingüísticas (Sutton, 1994) sugieren que probablemente olas de migraciones vinieron del este de Polinesia hacia Nueva Zelanda entre 800 y 1300 a. C. La tradición oral maorí describe la llegada de antepasados provenientes de Hawaiki (un lugar legendario en la parte tropical de Polinesia) por grandes canoas que cruzaban los océanos (wakas).
No existe ninguna prueba de asentamiento humano en Nueva Zelanda antes de los viajeros maoríes; por otro lado, evidencias fuertes de arqueología, lingüística y antropología física indican que los primeros pobladores vinieron del este de Polinesia.
Según la mitología maorí, los ancestros de los maoríes serían originarios de una mítica tierra llamada Hawaiki, que estaría situada al oeste. Habría sido el lugar de partida desde donde migraron los polinesios hacia las diferentes islas. Según sus leyendas, los maoríes migraron desde Hawaiki a Aotearoa con siete barcas que fundaron las siete tribus originarias. Igualmente se dice que las almas de los muertos salen desde el cabo Renga, situado al extremo noroeste de la isla del Norte, hacia Hawaiki.
Cultura
El Idioma maorí fue llevado a Nueva Zelanda por polinesios que se presume vivían en el área de Tahití,los cuales probablemente llegaron en canoas dobles. Hacia 2004, el uso de muchos de los dialectos menores habían disminuido casi hasta la extinción, los estudiantes más nuevos y los hablantes tradicionales utilizaban los estándares oficiales o el maorí de Televisión. Sin embargo, las variantes regionales están todavía presentes en difirentes sitios Web y hasta entre hablantes y subtituladores de la Televisión maorí.
El arribo a las islas significó un cambio cultural de pueblo marino del trópico a pueblo cazador de clima templado, con escasos recursos alimenticios: animales domésticos y cultivos tropicales, adaptables al nuevo clima. Antes de la llegada de las primeras personas, el 80% de la tierra estaba cubierto por bosques existiendo praderas y estepas de tipo tussok en el tercio occidental de la Isla Sur, más exactamente en las Planicies de Canterbury.
Es probable que los indígenas peruanos comerciaran con los polinesios de las Marquesas u otras islas, lo que puede explicar que el camote (Ipomoea batatas), planta americana, llegara tempranamente hasta Nueva Zelanda.
Las moas y otras aves autóctonas que eran cazadas por los maoríes, se extinguieron alrededor del año 1500 relativamente poco después de su llegada. Facilitó su extinción su baja reproducción, ya que no se dio una suficiente tasa de reposición ante el ritmo con el que eran cazados, sin embargo algunos opinan que existieron pequeños grupos de moas hasta fines del siglo XVIII o hasta inicios del siglo XIX. Se cuenta algún avistamiento por parte de marineros a las órdenes de James Cook y llaman la atención el estado de conservación de algunas plumas de estas aves. A partir de las premisas de un antiguo estilo de la Polinesia centro oriental, llegaron a las realizaciones ornamentales que caracterizan su arte. La escultura, su manifestación más representativa, comprende tres tipos de obras: estatuas de bulto redondo, frisos ornamentales, y proas y popas de piraguas talladas. Los temas preferidos son la figura humana estilizada y los motivos geométricos, es rara la representación de animales. Casi toda la escultura tiene valor funcional y decorativo, salvo algunas imágenes de significado religioso, como la de Marakihau, el mítico ser marino de rostro humano y lengua bífida que se representa esquemáticamente, con las manos abiertas sobre el vientre, labrado en relieve sobre una placa rectangular, a veces calada. El rasgo más característico es la tupida decoración incisa.
Hay estatuillas masculinas, con rostros y cuerpo cubierto de dibujos a modo de tatuajes y la cabeza adornada con cabello natural, semejantes en muchos aspectos a las halladas en Tonga, Cook y Hawaii. Quizás son las únicas imágenes objeto de culto.
En el relieve, el arte maorí hace gala de toda su habilidad técnica. La figura humana, aislada o en grupo, se destaca sobre un fondo de motivos geométricos calados, el rostro se caracterizaba por una gran boca, de la que suele salir una lengua triangular, con el labio superior muy arqueado, en forma de ocho. La decoración de motivos curvos y en espiral, junto con la figura humana, aparece en las partes talladas de las piraguas y en los tatuajes faciales o mokos.
Entre los mejores ejemplos del arte maorí se debe recordar los ornamentos pectorales de jade, labrados en forma del mítico hei-tiki, ser humano de cuerpo deforme, las mazas de guerra, hechas de madera o de hueso, y los grandes estuches de madera. En todos estos objetos la trama del dibujo se extiende en volutas y meandros de exquisitas elegancia y sensibilidad decorativa.
El análisis de la música maorí permite seguir la evolución de la música polinesia, pues parece que Nueva Zelanda ha conservado la más pura tradición. El canto épico conmemorativo y narrativo, y el canto que acompaña la danza son las dos principales manifestaciones de la música popular neozelandesa. Es pobre la tradición instrumental: se conocen algunos tipos de flauta, denominados putorino y koauau. Se emplean tambores, pero no para marcar el ritmo de la danza, sino como medio de comunicación entre lugares lejanos. El baile nacional, la haka, se marca con palmas y golpeando el suelo con los pies.
La antigua música popular de los maoríes se componía, casi por entero, de canciones, las waiata, divididas en varios grupos, según su estilo y su función ritual o social. En especial, la épica guerrera encuentra su expresión natural en las enfáticas y declamatorias figuras rítmicas de la haka: son gritos y golpes rítmicos que deben intimidar al adversario e infundir valor guerrero maorí. En la actualidad, esta danza se ejecuta en ceremonias de recepción a visitantes extranjeros.
Esta música maorí ha sobrevivido hasta hoy entre los grupos más primitivos, a través de un largo proceso de decadencia y corrupción. Los cantos presentan un ritmo muy controlado y limitadas variaciones melódicas. Las canciones épicas y narrativas evocan los acontecimientos de la historia y de la mitología nacional, y comprenden numerosos himnos celebrativos.
Mujer maorí de la tribu "Ngāti Mahuta
Pareja maorí, se distingue al varón guerrero por sus tatuajes
Jonah Lomu, jugador de rugby. Se pueden notar los rasgos maoríes.
Interacciones con Europa antes de 1840
La colonización europea de Nueva Zelanda fue relativamente reciente. El historiador neozelandés Michael King cuenta en The Penguin History Of New Zealand que los maoris son "la última comunidad humana en la Tierra intocada y no-afectada por el resto del mundo".
Los primeros exploradores europeos — incluyendo Abel Tasman (que llegó en 1642) y el capitán James Cook (que llegó por primera vez en 1769) — relatarán encuentros con maoris. Estos primeros relatos describían a los maoris como una raza de guerreros feroces y orgullosos. Guerras inter-tribales ocurrían frecuentemente durante este período, con los victoriosos esclavizando o eventualmente comiendo a los perdedores.
En el comienzo de los años 1780 los maoris tuvieron encuentros con marineros de balleneros; algunos además eran tripulantes de los navíos extranjeros. La corriente continua de presos que escapaban y de otros desertores en navíos de Australia, expone a la población indígena de Nueva Zelanda a influencias externas.
En 1830 se estimaba que el número de europeos viviendo entre los maoris era de cerca de 2.000. El estatus de los recién llegados variaba de esclavo a consejero de alto nível; de prisionero a otros que abandonaban la cultura europea y se indentificaban como maoris. Cuando Pomare comandó un destacamento de guerra contra Titore en 1838, tenía 132 mercenarios entre sus guerreros. Frederick Edward Maning, uno de los primeros colonos, escribió dos libros que se convertirán en clásicos de la literatura neozelandesa: Old New Zealand y la History of the War in the North of New Zealand against the Chief Heke.
Durante este período, la adquisición de mosquetes por las tribus en contacto con los europeos desestabilizaron el equilibrio de poder antes existente entre las tribus maoris, comenzando un período de guerrilla sangrienta inter-tribal, conocida como "Guerra de los Mosquetes", que terminó en el exterminio efectivo de varias tribus y la migración de varias otras fuera de sus territorios tradicionales.
Fuerzas europeas (ejército, colonos, marineros, fugitivos...) también mataran un gran número de maoris durante este período (el número exacto es desconocido, pero las estimativas varían entre 10% y 50%) además de la captura de esclavos y mujeres por parte de los blancos.
Ante la creciente actividad misionera europea y la colonización durante los años 1830s sumadas a la falta de leyes en la colonia, la corona inglesa, potencia mundial de la época, fue presionada para impedir el exterminio de los maoris.
A raíz de la intervención británica, Nueva Zelanda se convirtió en colonia británica mediante la firma del Tratado de Waitangi en 1840. Hasta el día de hoy, este tratado está siendo discutido y permanece como el origen de divisiones y resentimientos para muchos. En 1861, el descubrimiento de yacimientos auríferos en territorios que el tratado aceptaba como maoríes, significó una nuevo ataque a los derechos de los aborígenes, quienes respondieron con una heroica resistencia llamada Guerra Maorí.
La conquista europea redujo bastante la población nativa, si para 1840 se estimaba en 100.000 nativos y 2.000 blancos en las islas, en 1896 se contaron 42.000 nativos y más de 700.000 colonos.
La primera impresión de los europeos sobre los maorís, en "Murderers Bay".
Firma del tratado de Waitangi, 1840
Tradiciones y constumbres
A diferencia de los australianos, que por diversas razones han ido perdiendo las tradiciones de la madre patria, los neozelandeses han modificado muy poco sus costumbres de ingleses transplantados al hemisferio austral. Asimismo, a principios del siglo XX, se produjo un notable fenómeno de urbanización, se formaron muchas ciudades de tamaño mediano, pobladas por unos miles de habitantes, en las que la vida se centraba sobre una calle principal con grandes almacenes. Caracteres menos provincianos tienen las cuatro ciudades con funciones de polos regionales de ambas islas. Desde el punto de vista del urbanismo son semejantes a las ciudades europeas, sobre todo inglesas, con un centro directivo y comercial, formado por edificios de estilos diversos que albergan bancos, oficinas, comercios y salas de cine, en torno al cual se extienden los barrios residenciales, compuestos con frecuencia por casas de madera, cubiertas por planchas onduladas, y delante el pequeño jardín, repartidas por calles tranquilas y arboladas, donde la familia encuentra su intimidad. Los maoríes actuales, como la mayoría de pueblos polinesios en la actualidad, son cristianos de diferentes confesiones protestantes.
Tanenui-a-rangi, un Wharenui moderno en el Campus de la Universidad de Auckland.
Tradiciones y organización social maoríes desaparecidas
Pueblo de guerreros con religiones animistas y chamanicas que practicaban el canibalismo, después de la llegada de los europeos, vieron restringirse su territorio hasta quedar concentrados en reservas como las de Te Ika, en Maui (isla del norte). Se han ido convirtiendo en campesinos y ganaderos, que viven como los europeos en pequeñas factorías madereras, con tendencia a desarrollar una economía de carácter individual, al contrario del sistema comunitario de otro tiempo. Sus esculturas tradicionales han desaparecido y su espíritu artístico parece haber muerto para siempre. La atracción de las ciudades es muy grande, por lo que muchos abandonan su tierra y su tribu para integrarse, incluso en condiciones poco favorables, en las grandes urbes.
La organización social maorí era aristocrática. La población se dividía en grandes tribus independientes entre sí, cuyos antepasados respectivos eran los míticos navegantes de la gran migración oceánica. Cada tribu -que llevaba el nombre de una de las canoas de la flota: arawa, aotea, matatua, tainui, etc- se dividía en tribus secundarias, a su vez repartidas en familias, hapu. Después de una primera etapa como cazadores de moas, hasta que acabaron con los recursos y la población de las islas se hizo demasiado grande para una sociedad cazadora recolectora, evolucionaron a formar una sociedad agricola con distintos poblados fortificados independientes entre sí.
El descendiente de una larga lista de nobles antepasados era el jefe de la tribu, el ariki rangi, es decir el representante del cielo (rangi). Su importancia y prestigio (mana) dependían de la antigüedad de su árbol genealógico. Después del ariki venían los tohunga, los sacerdotes, quienes por la cantidad de mansiones que les eran confiadas, se convertían en los personajes más influyentes de la sociedad. Les correspondía prever los destinos de la tribu, alejar los tapu (tabú), defender de los sortilegios, purificar a los niños, ocuparse de las honras fúnebres, además eran astrólogos, botánicos, poetas, historiadores y preceptores de los jóvenes jefes y de los hijos de la nga tangata rangatira, los nobles que formaban la clase media de los nga tutua, compuesta sobre todo por los guerreros. Por fin, últimos entre los últimos eran los esclavos, nga taure kareka, considerados como objetos de los que cada uno podía disponer a su capricho. A pesar de esta estructuración tan precisa de poderes y deberes, la autoridad de los jefes no era muy grande. En efecto, para asuntos importantes que afectaban a toda la tribu, el ariki debía ser consultado siempre, pero sus decisiones no eran observadas necesariamente. Sólo si poseía una fuerte personalidad, y si era apoyado por la influencia mística de algunos tohunga, un jefe lograba ejercer una auténtica aristocracia.
El nacimiento y el matrimonio tenían gran importancia entre los maoríes. Al recién nacido se le consideraba impuro, pues estaba poseído por el tapu de la madre, y sólo el tohunga podía liberarlo, volverlo noa, con una ceremonia en la que a veces se le imponía al mismo tiempo el nombre. Para casarse, los maoríes no hacían tanta ceremonia como para los motivos o celebraciones más simples, desde el momento en el que una mujer se quedaba a dormir una noche con el hombre de su gusto, la unión quedaba formalizada ante la tribu. No ocurría lo mismo si era el hombre el que iba a casa de la mujer.
Los maoríes eran guerreros en constante alerta, pues en las aldeas el estado de guerra no se interrumpía prácticamente y el factor sorpresa desempeñaba un papel importante en la victoria. Cuando una expedición iba al combate, el tohunga debía hacer sus presagios: plantaba en el suelo tantos palos como eran los jefes y los mejores guerreros, y, por el número de los abatidos por la brisa nocturna, se predecía la suerte de la expedición. Otra ceremonia previa al combate era el rapado de la cabeza. En cuanto al armamento, éste no podía ser más simple, pero al mismo tiempo perfecto en su funcionalidad mortífera. El instrumento de lucha más común era una especie de maza corta en forma de espátula, con los bordes y la punta muy afilados. La más apreciada era de jade verde y se llamaba meré, había otros tipos: de basalto (patu onewa), de hueso de ballena (patu paraoa) y de madera (tumera). Otra arma muy usada era el taiaha, o hani, una especie de venablo fabricado con madera dura y teniendo cerca de un metro y medio de longitud total.
En 1809, los 66 pasajeros y la tripulación del barco The Boyd fueron muertos y comidos por maoríes en la península de Whangaroa, en la isla Norte. Esto fue un utu (venganza) por el azotamiento con látigo de un Maorí que rehusó trabajar en el barco durante el viaje desde Australia. El hecho permance como la mayor matanza en la historia de Nueva Zelanda
Kupe Wheke tallado.
Moko
El moko es el tatuaje facial tradicional con el cual el maorí se distinguía y marcaba el clan al que pertenecía. El guerrero utilizaba el moko para contar su propia historia: Cada signo indica un logro distinto en su historia personal propia. La mujer portaba el signo tradicional sobre el menton para indicar que estaba ligada a un guerrero.
Tāmati Wāka Nene, con el tatuaje facial denominado Tā moko hacia 1870
Literatura y literatura maorí
La literatura actual maorí se enmarca hoy en día, en el contexto cultural de Nueva Zelanda. Poco después de la llegada de los europeos, la historia y leyendas maoríes de transmisión oral, se complementaron con los relatos escritos por los primeros viajeros, como los del capitán James Cook, quién visitó el país en 1769, en donde perdió algunos de sus hombres por una pelea con los Maoríes. Durante los cien primeros años de asentamientos europeos (de 1820 a 1920), los textos más importantes eran los correspondientes a los periódicos o relatos verídicos que hablaban de la vida de los pioneros, como lo es el caso del primer año del asentamiento de Canterbury (1863) del novelista inglés Samuel Butler. Sólo unos pocos colonos fueron capaces de plasmar con propia voz la preocupación general por la tradición cultural de la época. Entre ellos destacan los novelistas William Satchell y Jane Mander, y los poetas R.A.K. Manson y Blanche Edith Baughan, aunque fue Katherine Mansfield, coetánea a todos ellos, quién ganó la atención de los lectores sobre las peculiaridades de Nueva Zelanda.
La depresión económica de la década de 1930 y la II Guerra Mundial ayudaron a reforzar el creciente sentimiento de identidad nacional, que quedó expresado a partir de 1945 por una nueva generación de escritores poscoloniales. A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la poesía floreció de manos de Allen Curnow y James K. Baxter.
La figura más sobresaliente de la novela de ficción de posguerra fue Frank Sargeson, escritor de relatos cortos y novelista cuya obra perduró durante casi cinco décadas, hasta su muerte en 1982. Su plena dedicación a la escritura y a la búsqueda del lenguaje que expresará la voz de Nueva Zelanda sirvió de inspiración a muchos escritores posteriores. Entre sus protegidos están Maurice Duggan y Janet Frame. La primera obra de Frame se publicó en 1952, pero no fue hasta la década de 1980, con la publicación de su autobiografía en tres volúmenes, cuando alcanzó renombre internacional. Otros escritores importantes cuyas obras se publicaron a partir de la década de 1970 son Maurice Gee, Maurice Shadbolt y Keri Hulme (literatura maorí).
Literatura maorí
La mayor parte de la rica tradición oral del pueblo maorí la recogieron los eruditos europeos a finales del siglo XIX, conscientes de que este pueblo estaba abocado a la desaparición como resultado de las guerras y enfermedades traídas del exterior. Algunas de las leyendas más importantes fueron publicadas entonces, y de la misma forma se cuenta la historia de los maoríes en el dios hombre que pescó la isla Norte del mar, todas ellas entraron a formar parte de la consciencia nacional. Casi todo el material literario quedó agrupado en las bibliotecas y se consideró un emblema del archivo histórico.
La contribución maorí al desarrollo de la principal corriente literaria de la Nueva Zelanda poscolonial, no fue muy significativa hasta mediados de la década de 1960. Jaqueline Sturn, en 1966, fue la primera escritora maorí que apareció en la antología de escritores neozelandeses. Dos años antes, el gran poeta Hone Tuwhare había publicado su primera colección, Un sol poco común. El éxito de los novelistas Witi Ihimaera y Patricia Grace durante la década de 1970, fue la confirmación a lo que los escritores maoríes ya habían establecido por sí mismos en la línea del género literario moderno. Keri Hulmes fue probablemente el escritor maorí más conocido fuera del país. Su novela El pueblo hueso ganó el premio Booker de la Academia Británica de las Letras en 1985. Como la mayoría de documentos descriptivos del siglo XIX.
La música maorí
Hoy en día, la música maorí es principalmente vocal. Aparte de cantos de guerra también se cantan historias de amor y nanas. Los instrumentos están construidos con madera, hueso, piedra, conchas o caparazones de animales. Son principalmente de viento y de percusión. En la actualidad se han adoptado varios instrumentos modernos, como son la guitarra y el ukelele. Estos instrumentos provienen de la naturaleza y no han requerido mucha transformación por parte del ser humano.
Fuente[/u]
http://es.wikipedia.org/wiki/Maor%C3%AD
Un jefe Maorí del siglo XIX: "Honiana Te Puni-kokopu"
Población total 750.000
Idioma Inglés, maorí
Religión/Creencias Animismo (Ver abajo de Bandera), cristianismo
El animismo (del latín ánima, alma) es un concepto que engloba diversas creencias en las que tanto los objetos (útiles de uso cotidiano o bien aquellos reservados a ocasiones especiales) como cualquier elemento del mundo natural (montañas, ríos, el cielo, la tierra, determinados lugares característicos, rocas, plantas, animales, árboles, etc.) están dotados de alma y son venerados o tenidos como dioses.
Si bien dentro de esta concepción cabrían múltiples variantes del fenómeno, como la creencia en seres espirituales, incluidas las almas humanas, en la práctica la definición se extiende a que seres sobrenaturales personificados, dotados de razón, inteligencia y voluntad, habitan los objetos inanimados y gobiernan su existencia. Esto se puede expresar simplemente como que todo está vivo, es consciente o tiene un alma.
En África el animismo se encuentra en su versión más compleja y acabada, siendo así que incluye el concepto de magara o fuerza vital universal, que conecta a todos los seres animados, así como la creencia en una relación estrecha entre las almas de los vivos y los muertos. En otros lugares el animismo es en cambio la creencia en que los objetos (como animales, herramientas y fenómenos naturales) son o poseen expresiones de vida inteligente.
Los neopaganos a veces describen como animista a su sistema de creencias; un ejemplo de esta idea es que la Diosa madre y el Dios cornudo coexisten en todas las cosas. Asimismo, los panteístas igualan a Dios con la existencia.
El término también es el nombre de una teoría de la religión propuesta en 1871 por el antropólogo sir Edward Burnett Tylor en su libro Primitive Culture (Cultura primitiva).
Creencias del animismo
El principio general del animismo es la creencia en la existencia de una fuerza vital sustancial presente en todos los seres animados, y sostiene la interrelación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, reconociendo la existencia de multiples Dioses con los que se puede interactuar, o de un Dios único aunque inaccesible en una adaptacion moderna. Sus orígenes no son precisables al contrario que las religiones proféticas, siendo junto al chamanismo una de las más antiguas creencias de la Humanidad. Ya la religión del Antiguo Egipto está fundada sobre bases animistas.
Características generales
La vida de los ancestros continúa después de la muerte.
Se puede interactuar directamente con los espíritus.
Se reconoce la existencia de una gran variedad de espíritus y dioses.
El alma puede abandonar el cuerpo durante trances o sueños.
Se cree en la mediación de personas sagradas: chamanes, brujos.
Hay seres espirituales que viven en el alma o espíritu del ser humano.
Se fusionan conceptos: individuo-comunidad, presente-pasado, objeto-símbolo.
Se realizan ofrendas o sacrificios expiatorios.
En una adaptación moderna, se concibe un ser supremo aunque lejano.
Vida después de la muerte
La mayoría de los sistemas de creencias animistas sostienen que existe un alma que sobrevive a la muerte del cuerpo. Creen que el alma pasa a un mundo más cómodo, de abundantes juegos y cultivos agrícolas continuos. Otros sistemas, como el de los indios Navajo de América del Norte, aseguran que el alma permanece en la Tierra como fantasma, a veces malvado.
Otras culturas combinan estas dos creencias, y afirman que el alma debe escapar de este plano y no perderse en el camino, de lo contrario se volvería fantasma y vagaría durante mucho tiempo. Para el éxito en esta tarea los sobrevivientes del muerto consideran necesario realizar funerales de duelo y adoración a los ancestros. En las culturas animistas a veces los rituales no son realizados por los particulares sino por sacerdotes o chamanes que se supone poseen poderes espirituales más grandes o diferentes a la experiencia humana normal.
La práctica de reducción de cabezas que realizaban algunas culturas de América del Sur deriva de la creencia animista en que el alma del enemigo puede escapar si no se atrapa dentro de su cráneo. El enemigo entonces transmigraría al útero de una hembra de animal depredador, de donde nacería para vengarse del asesino.
Orígenes y ubicación geográfica
Se encuentran trazas de animismo en África al sur del Sáhara, Australia, Oceanía, sudeste y centro de Asia y en toda América. La arqueología y la antropología estudian el animismo actualmente presente en las culturas indígenas. Algunos conceptos antiguos acerca del alma se pueden analizar a partir de los términos con que ésta era denominada. Por ejemplo, los lectores de Dante conocen la idea de que los muertos no tienen sombra (ombra). Esto no fue una invención del poeta sino una noción que proviene del folclore anterior al cristianismo. En las Islas Canarias (España), los aborígenes guanches profesaban una religión animista (Mitología guanche).
Los basutos sostienen que una persona que camina por la orilla de un río puede perder la vida si su sombra toca el agua, ya que un cocodrilo podría engullirla y arrastrar a la persona dentro del agua. Y en algunas tribus de Norte y Suramérica, Tasmania y en la Europa clásica, se encuentra el concepto de que el alma —σκιά, skiá, umbra— se identifica con la sombra de una persona.
En cambio más familiar a la cultura occidental es la conexión entre el alma y la respiración. Esta identificación se encuentra tanto en los idiomas indoeuropeos como en las lenguas semíticas. Aire en latín se dice spíritus, en griego pneuma y en hebreo ruach. Esta idea se encuentra también en Australia, varios puntos de la América precolombina y Asia.
Para algunas culturas indígenas de América y en las primeras religiones romanas, la costumbre de recibir el último aliento de un moribundo no era sólo un deber piadoso sino el medio de asegurarse de que su alma se reencarnaría en el vientre de una nueva madre, y no quedaría como un fantasma errante. Otros conceptos conocidos identifican el [alma con el hígado, con el corazón, con la figura que se ve reflejada en la pupila del ojo y con la sangre.
Aunque a veces se distingue el alma o principio vital del cuerpo (que también poseerían los animales) como algo diferente del espíritu humano, hay casos en que un estado de inconsciencia se explica como debido a la ausencia de éste. Los indígenas del sur de Australia le dicen wilyamarraba (sin alma) a una persona desmayada.
También el trance autohipnótico de un chamán o de un profeta se cree que se debe a su visita al más allá, de donde trae profecías y noticias de personas muertas. La telepatía o la clarividencia, con o sin trance, se puede operar para producir la convicción de la naturaleza dual (material-espiritual) del ser humano, ya que hacía parecer posible que hechos desconocidos para el médium se pudieran descubrir por medio de una bola de cristal.
La enfermedad a menudo se explica como la ausencia del alma y a veces se toman determinadas medidas para atraer el alma errante de vuelta. En la tradición china, cuando una persona está al borde de la muerte y se cree que el alma ha dejado su cuerpo, el abrigo del paciente es sostenido en un largo poste de bambú mientras un sacerdote se esfuerza por devolver el espíritu al abrigo por medio de conjuros. Si el bambú comienza a girar en las manos del pariente que se ha dispuesto para sostenerlo, esto se considera como signo de que el alma del moribundo ha vuelto.
El animismo y el sueño
Los sueños son a veces explicados en pueblos como viajes realizados por el durmiente, o por animales u objetos de su entorno. Las alucinaciones, posiblemente deben haber contribuido a fortificar esta interpretación, así como la teoría animística en general. Más importante aún que todos estos fenómenos, ya que es más regular y normal, era el período diario de sueño con sus ideas e imágenes frecuentemente irregulares e incoherentes. La mera inmovilidad del cuerpo era suficiente para mostrar que su estado no era idéntico al de la vigilia. Cuando, además, el durmiente despertaba para dar razón de una serie de visitas a lugares lejanos, de los cuales, tal como sugieren las investigaciones psíquicas modernas, podía incluso arrojar o traer detalles verídicos, la conclusión irresistible debe haber sido que, en el sueño, algo que no era el cuerpo viajaba al más allá.
Si el fenómeno de los sueños fue de gran importancia en el desarrollo prehistórico del animismo, esta creencia debe haberse expandido rápidamente hasta convertirse en una filosofía de la naturaleza de la realidad. De la reaparición en sueños de personas muertas, el hombre primitivo fue inevitablemente llevado a la creencia de que existió una parte incorpórea del hombre, que sobrevivió a la disolución del cuerpo. El alma fue concebida para ser un facsímil, una especie de doble del cuerpo, a veces no menos material, a veces más sutil, a veces totalmente impalpable e intangible.
Como en los sueños no sólo se ven seres humanos sino también animales y objetos inanimados, la conclusión debe de haber sido que ellos también tenían espíritu, aunque las primeras religiones pueden haber llegado a esta conclusión mediante otra línea de argumentación.
El animismo en la actualidad
El animismo goza de una gran popularidad en la actualidad, en diversas regiones del mundo ya que creencia en la existencia del alma es algo que se presenta en las mas disímiles culturas a lo largo de la historia y del mundo.
Evolución del animismo al monoteísmo
Según la Biblia, a partir de la caída de Adán y Eva la religión original se corrompió. Cuando miles de años más tarde —después del Diluvio Universal— los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) y sus descendientes se esparcieron por la Tierra, llevaron con ellos su fe monoteísta, pero con el paso del tiempo se corrompió.
Sin embargo, pese a que muchas personas consideran a la percepción de la Biblia sobre el comienzo de la religión monoteíìsta desde el principio de la humanidad como verdadera, no es compartida por el mundo académico. La humanidad, en sus 150.000 años de haber evolucionado a Homo Sapiens vio las creencias en dioses hasta hace unos 30.000 años; siendo éstos politeístas. Según muchos eruditos, el monoteísmo evolucionó del politeísmo apenas cerca de unos 5.000 años.
Augusto Comte mostraba que la creencia del monoteísmo tuvo su evolución del politeísmo y éste a su vez evolucionó del fetichismo.
Alma en los objetos inanimados
Algunas culturas no hacen distinción entre los objetos animados e inanimados. Los fenómenos naturales, las características geográficas, los objetos cotidianos y los artículos manufacturados pueden estar también provistos de almas.
En el norte de Europa, en la antigua Grecia y en China, el espíritu del agua o del río es el caballo o una figura con forma de toro. El monstruo del agua que tiene forma de serpiente es más habitual, pero no se trata estrictamente del espíritu del agua. El sincretismo se manifiesta también en esta sección del animismo, cambiando el espíritu imanente por el Dios local de los últimos tiempos o aquel que esté vigente.
El animismo y la muerte
En muchas partes del mundo se sostiene que el cuerpo humano es el asiento de más de una alma. En la isla de Nías son distinguidas cuatro: la sombra y la inteligencia que se mueren con el cuerpo, un espíritu tutelar, y un segundo espíritu que se lleva en la cabeza. Se encuentran ideas similares entre los euahlayi del sudeste de Australia, los dakotas y muchas otras tribus. Así como en Europa el fantasma de una persona muerta suele frecuentar el cementerio o el lugar de muerte, otras culturas asignan moradas diferentes a las almas múltiples que ellos atribuyen al hombre. De las cuatro almas de una dakota, una se quedar con el cadáver, otra en el pueblo, una tercera se mezcla con el aire, mientras la cuarta va a la tierra de almas donde la parte que ocupa puede depender de su trayectoria en esta vida, su género, manera de morir o sepultura, en la observancia debida del ritual del entierro, o de muchos otros factores.
De la creencia en la supervivencia del muerto proviene la práctica de ofrecer comida, mientras se encienden fuegos, etc., en la tumba; al principio, quizá, como un acto de amistad o de piedad filial, después como un acto de culto hacia el antepasado. La simple ofrenda de comida o el derramamiento de sangre en la tumba evoluciona después en un sistema detallado de sacrificio. Incluso donde el culto al antepasado no existe, el deseo de proporcionar consuelo al muerto en la vida futura puede llevar al sacrificio de esposas, esclavos, animales, etc. Así, sucesivamente, hasta llegar a la ruptura o quema de objetos en la tumba, o a la provisión del peaje del barquero: una moneda puesta sobre la boca o los ojos del cadáver para pagar los gastos del viaje del alma. Pero todo no acaba con el pago del pasaje del alma a la tierra de los muertos. El alma puede volver para vengar su muerte ayudando a descubrir al asesino, o para descargar la venganza sobre este. Hay una creencia extendida que aquéllos que sufren una muerte violenta se convierten en espirítus malignos y ponen en peligro las vidas de aquéllos que vienen la mancha frecuentada casi. La mujer que se muere en el parto se vuelve un pontianak, y amenaza la vida de seres humanos. Las personas acuden a medios mágicos o religiosos para rechazar sus peligros espirituales.
Diferencias entre animismo y religión
Generalmente el animismo se describe como una religión. Según lo interpretan religiones modernas para intentar marcar una diferencia, muchos sistemas animistas de creencias no son en absoluto una religión, ya que ésta implica alguna forma de emoción. Pero en realidad, el animismo es una filosofía que permea múltiples religiones, que propone una explicación de fenómenos, que implica una actitud (y por tanto un conjunto de emociones) hacia la causa de tales fenómenos.
Sin embargo, el término se suele utilizar para describir una etapa primigenia de la religión, en la que las personas tratan de establecer una relación con poderes invisibles, concebidos como espíritus, y que pueden llegar a forman diversas jerarquías, como en los múltiples dioses del politeísmo.
El animismo y los orígenes de las religiones
Se conocen dos teorías que suponen que el animismo fue el origen de las religiones actuales. La primera, llamada teoría de los fantasmas, relaciona los comienzos de la religiones humanas con el culto a los muertos. Se la asocia principalmente con el nombre de Herbert Spencer, aunque también fue mantenida por Grant Allen.
La otra teoría, presentada por Edward Burnett Tylor, sostiene que la base de toda religión es animista, pero reconoce el carácter no humano de los dioses del politeísmo. Aunque la adoración a los antepasados o, más ampliamente hablando, el culto a los muertos, en algunos casos se superpuso a otros cultos o incluso los hizo desaparecer, no se puede asegurar su importancia, sino más bien lo contrario (otros cultos terminaron superponiéndose al culto a los antepasados). En la mayoría de los casos, el panteón de dioses está formado por una multitud de espíritus con forma a veces humana, a veces animal, que no tienen signos de haberse encarnado alguna vez. Los dioses del Sol y de la Luna, los dioses del fuego, del viento y del agua, los dioses oceánicos, y por encima de todos los dioses del cielo, no muestran signos de haber sido fantasmas en ningún período de su historia. Es verdad que algunos se pueden asociar con dioses fantasmas. Por ejemplo, algunos indígenas de Australia no dicen en ningún momento que los dioses son espíritus, y mucho menos espíritus de muertos; sus dioses son simplemente magos magnificados, super-hombres que nunca murieron. Se puede decir en general que en Australia nunca existieron la adoración a los antepasados ni el culto a los muertos.
El animismo en la filosofía
El término "animismo" ha sido aplicado a muchos sistemas filosóficos diferentes. Por ejemplo para describir la visión de Aristóteles de la relación entre el alma y el cuerpo, sostenida también por los estoicos y escolásticos. También la monadología de Leibniz ha sido designada como animista. El término ha sido aplicado más comúnmente al vitalismo, una postura principalmente asociada con Georg Ernst Stahl y revivida por F. Bouillier (1813-1899), que sostiene que la vida y la mente son los principios directrices de la evolución y el crecimiento, y que éstos no se originaron en procesos químicos o mecánicos, sino que hay una fuerza directriz que parece guiar a la energía sin alterar su cantidad. Otra clase completamente diferente de ideas, también denominadas animistas, es la creencia en el alma del mundo, sostenida por el griego Platón, el alemán Schelling y los partidarios de Gaia (el alma de la Tierra).
Orígenes de los maoríes
Nueva Zelanda fue uno de los últimos lugares de la Tierra en ser conquistado y colonizado. Nueva Zelanda, uno de los extremos de la gran área polinesia, estaba habitada antes de la llegada de los europeos por pueblos maoríes que, según la tradición, se establecieron allí en sucesivas migraciones iniciadas hacia el siglo X y concluidas en el siglo XIV procedentes de la Polinesia oriental (islas Cook o incluso Hawaii). Probablemente los maoríes llegaron entre los años 500 y 1300 a. C. Estos pueblos tuvieron que adaptar su economía y su organización social a las nuevas condiciones ambientales y, aislados del resto del mundo, crearon una cultura original.
Pruebas arqueológicas y lingüísticas (Sutton, 1994) sugieren que probablemente olas de migraciones vinieron del este de Polinesia hacia Nueva Zelanda entre 800 y 1300 a. C. La tradición oral maorí describe la llegada de antepasados provenientes de Hawaiki (un lugar legendario en la parte tropical de Polinesia) por grandes canoas que cruzaban los océanos (wakas).
No existe ninguna prueba de asentamiento humano en Nueva Zelanda antes de los viajeros maoríes; por otro lado, evidencias fuertes de arqueología, lingüística y antropología física indican que los primeros pobladores vinieron del este de Polinesia.
Según la mitología maorí, los ancestros de los maoríes serían originarios de una mítica tierra llamada Hawaiki, que estaría situada al oeste. Habría sido el lugar de partida desde donde migraron los polinesios hacia las diferentes islas. Según sus leyendas, los maoríes migraron desde Hawaiki a Aotearoa con siete barcas que fundaron las siete tribus originarias. Igualmente se dice que las almas de los muertos salen desde el cabo Renga, situado al extremo noroeste de la isla del Norte, hacia Hawaiki.
Cultura
El Idioma maorí fue llevado a Nueva Zelanda por polinesios que se presume vivían en el área de Tahití,los cuales probablemente llegaron en canoas dobles. Hacia 2004, el uso de muchos de los dialectos menores habían disminuido casi hasta la extinción, los estudiantes más nuevos y los hablantes tradicionales utilizaban los estándares oficiales o el maorí de Televisión. Sin embargo, las variantes regionales están todavía presentes en difirentes sitios Web y hasta entre hablantes y subtituladores de la Televisión maorí.
El arribo a las islas significó un cambio cultural de pueblo marino del trópico a pueblo cazador de clima templado, con escasos recursos alimenticios: animales domésticos y cultivos tropicales, adaptables al nuevo clima. Antes de la llegada de las primeras personas, el 80% de la tierra estaba cubierto por bosques existiendo praderas y estepas de tipo tussok en el tercio occidental de la Isla Sur, más exactamente en las Planicies de Canterbury.
Es probable que los indígenas peruanos comerciaran con los polinesios de las Marquesas u otras islas, lo que puede explicar que el camote (Ipomoea batatas), planta americana, llegara tempranamente hasta Nueva Zelanda.
Las moas y otras aves autóctonas que eran cazadas por los maoríes, se extinguieron alrededor del año 1500 relativamente poco después de su llegada. Facilitó su extinción su baja reproducción, ya que no se dio una suficiente tasa de reposición ante el ritmo con el que eran cazados, sin embargo algunos opinan que existieron pequeños grupos de moas hasta fines del siglo XVIII o hasta inicios del siglo XIX. Se cuenta algún avistamiento por parte de marineros a las órdenes de James Cook y llaman la atención el estado de conservación de algunas plumas de estas aves. A partir de las premisas de un antiguo estilo de la Polinesia centro oriental, llegaron a las realizaciones ornamentales que caracterizan su arte. La escultura, su manifestación más representativa, comprende tres tipos de obras: estatuas de bulto redondo, frisos ornamentales, y proas y popas de piraguas talladas. Los temas preferidos son la figura humana estilizada y los motivos geométricos, es rara la representación de animales. Casi toda la escultura tiene valor funcional y decorativo, salvo algunas imágenes de significado religioso, como la de Marakihau, el mítico ser marino de rostro humano y lengua bífida que se representa esquemáticamente, con las manos abiertas sobre el vientre, labrado en relieve sobre una placa rectangular, a veces calada. El rasgo más característico es la tupida decoración incisa.
Hay estatuillas masculinas, con rostros y cuerpo cubierto de dibujos a modo de tatuajes y la cabeza adornada con cabello natural, semejantes en muchos aspectos a las halladas en Tonga, Cook y Hawaii. Quizás son las únicas imágenes objeto de culto.
En el relieve, el arte maorí hace gala de toda su habilidad técnica. La figura humana, aislada o en grupo, se destaca sobre un fondo de motivos geométricos calados, el rostro se caracterizaba por una gran boca, de la que suele salir una lengua triangular, con el labio superior muy arqueado, en forma de ocho. La decoración de motivos curvos y en espiral, junto con la figura humana, aparece en las partes talladas de las piraguas y en los tatuajes faciales o mokos.
Entre los mejores ejemplos del arte maorí se debe recordar los ornamentos pectorales de jade, labrados en forma del mítico hei-tiki, ser humano de cuerpo deforme, las mazas de guerra, hechas de madera o de hueso, y los grandes estuches de madera. En todos estos objetos la trama del dibujo se extiende en volutas y meandros de exquisitas elegancia y sensibilidad decorativa.
El análisis de la música maorí permite seguir la evolución de la música polinesia, pues parece que Nueva Zelanda ha conservado la más pura tradición. El canto épico conmemorativo y narrativo, y el canto que acompaña la danza son las dos principales manifestaciones de la música popular neozelandesa. Es pobre la tradición instrumental: se conocen algunos tipos de flauta, denominados putorino y koauau. Se emplean tambores, pero no para marcar el ritmo de la danza, sino como medio de comunicación entre lugares lejanos. El baile nacional, la haka, se marca con palmas y golpeando el suelo con los pies.
La antigua música popular de los maoríes se componía, casi por entero, de canciones, las waiata, divididas en varios grupos, según su estilo y su función ritual o social. En especial, la épica guerrera encuentra su expresión natural en las enfáticas y declamatorias figuras rítmicas de la haka: son gritos y golpes rítmicos que deben intimidar al adversario e infundir valor guerrero maorí. En la actualidad, esta danza se ejecuta en ceremonias de recepción a visitantes extranjeros.
Esta música maorí ha sobrevivido hasta hoy entre los grupos más primitivos, a través de un largo proceso de decadencia y corrupción. Los cantos presentan un ritmo muy controlado y limitadas variaciones melódicas. Las canciones épicas y narrativas evocan los acontecimientos de la historia y de la mitología nacional, y comprenden numerosos himnos celebrativos.
Mujer maorí de la tribu "Ngāti Mahuta
Pareja maorí, se distingue al varón guerrero por sus tatuajes
Jonah Lomu, jugador de rugby. Se pueden notar los rasgos maoríes.
Interacciones con Europa antes de 1840
La colonización europea de Nueva Zelanda fue relativamente reciente. El historiador neozelandés Michael King cuenta en The Penguin History Of New Zealand que los maoris son "la última comunidad humana en la Tierra intocada y no-afectada por el resto del mundo".
Los primeros exploradores europeos — incluyendo Abel Tasman (que llegó en 1642) y el capitán James Cook (que llegó por primera vez en 1769) — relatarán encuentros con maoris. Estos primeros relatos describían a los maoris como una raza de guerreros feroces y orgullosos. Guerras inter-tribales ocurrían frecuentemente durante este período, con los victoriosos esclavizando o eventualmente comiendo a los perdedores.
En el comienzo de los años 1780 los maoris tuvieron encuentros con marineros de balleneros; algunos además eran tripulantes de los navíos extranjeros. La corriente continua de presos que escapaban y de otros desertores en navíos de Australia, expone a la población indígena de Nueva Zelanda a influencias externas.
En 1830 se estimaba que el número de europeos viviendo entre los maoris era de cerca de 2.000. El estatus de los recién llegados variaba de esclavo a consejero de alto nível; de prisionero a otros que abandonaban la cultura europea y se indentificaban como maoris. Cuando Pomare comandó un destacamento de guerra contra Titore en 1838, tenía 132 mercenarios entre sus guerreros. Frederick Edward Maning, uno de los primeros colonos, escribió dos libros que se convertirán en clásicos de la literatura neozelandesa: Old New Zealand y la History of the War in the North of New Zealand against the Chief Heke.
Durante este período, la adquisición de mosquetes por las tribus en contacto con los europeos desestabilizaron el equilibrio de poder antes existente entre las tribus maoris, comenzando un período de guerrilla sangrienta inter-tribal, conocida como "Guerra de los Mosquetes", que terminó en el exterminio efectivo de varias tribus y la migración de varias otras fuera de sus territorios tradicionales.
Fuerzas europeas (ejército, colonos, marineros, fugitivos...) también mataran un gran número de maoris durante este período (el número exacto es desconocido, pero las estimativas varían entre 10% y 50%) además de la captura de esclavos y mujeres por parte de los blancos.
Ante la creciente actividad misionera europea y la colonización durante los años 1830s sumadas a la falta de leyes en la colonia, la corona inglesa, potencia mundial de la época, fue presionada para impedir el exterminio de los maoris.
A raíz de la intervención británica, Nueva Zelanda se convirtió en colonia británica mediante la firma del Tratado de Waitangi en 1840. Hasta el día de hoy, este tratado está siendo discutido y permanece como el origen de divisiones y resentimientos para muchos. En 1861, el descubrimiento de yacimientos auríferos en territorios que el tratado aceptaba como maoríes, significó una nuevo ataque a los derechos de los aborígenes, quienes respondieron con una heroica resistencia llamada Guerra Maorí.
La conquista europea redujo bastante la población nativa, si para 1840 se estimaba en 100.000 nativos y 2.000 blancos en las islas, en 1896 se contaron 42.000 nativos y más de 700.000 colonos.
La primera impresión de los europeos sobre los maorís, en "Murderers Bay".
Firma del tratado de Waitangi, 1840
Tradiciones y constumbres
A diferencia de los australianos, que por diversas razones han ido perdiendo las tradiciones de la madre patria, los neozelandeses han modificado muy poco sus costumbres de ingleses transplantados al hemisferio austral. Asimismo, a principios del siglo XX, se produjo un notable fenómeno de urbanización, se formaron muchas ciudades de tamaño mediano, pobladas por unos miles de habitantes, en las que la vida se centraba sobre una calle principal con grandes almacenes. Caracteres menos provincianos tienen las cuatro ciudades con funciones de polos regionales de ambas islas. Desde el punto de vista del urbanismo son semejantes a las ciudades europeas, sobre todo inglesas, con un centro directivo y comercial, formado por edificios de estilos diversos que albergan bancos, oficinas, comercios y salas de cine, en torno al cual se extienden los barrios residenciales, compuestos con frecuencia por casas de madera, cubiertas por planchas onduladas, y delante el pequeño jardín, repartidas por calles tranquilas y arboladas, donde la familia encuentra su intimidad. Los maoríes actuales, como la mayoría de pueblos polinesios en la actualidad, son cristianos de diferentes confesiones protestantes.
Tanenui-a-rangi, un Wharenui moderno en el Campus de la Universidad de Auckland.
Tradiciones y organización social maoríes desaparecidas
Pueblo de guerreros con religiones animistas y chamanicas que practicaban el canibalismo, después de la llegada de los europeos, vieron restringirse su territorio hasta quedar concentrados en reservas como las de Te Ika, en Maui (isla del norte). Se han ido convirtiendo en campesinos y ganaderos, que viven como los europeos en pequeñas factorías madereras, con tendencia a desarrollar una economía de carácter individual, al contrario del sistema comunitario de otro tiempo. Sus esculturas tradicionales han desaparecido y su espíritu artístico parece haber muerto para siempre. La atracción de las ciudades es muy grande, por lo que muchos abandonan su tierra y su tribu para integrarse, incluso en condiciones poco favorables, en las grandes urbes.
La organización social maorí era aristocrática. La población se dividía en grandes tribus independientes entre sí, cuyos antepasados respectivos eran los míticos navegantes de la gran migración oceánica. Cada tribu -que llevaba el nombre de una de las canoas de la flota: arawa, aotea, matatua, tainui, etc- se dividía en tribus secundarias, a su vez repartidas en familias, hapu. Después de una primera etapa como cazadores de moas, hasta que acabaron con los recursos y la población de las islas se hizo demasiado grande para una sociedad cazadora recolectora, evolucionaron a formar una sociedad agricola con distintos poblados fortificados independientes entre sí.
El descendiente de una larga lista de nobles antepasados era el jefe de la tribu, el ariki rangi, es decir el representante del cielo (rangi). Su importancia y prestigio (mana) dependían de la antigüedad de su árbol genealógico. Después del ariki venían los tohunga, los sacerdotes, quienes por la cantidad de mansiones que les eran confiadas, se convertían en los personajes más influyentes de la sociedad. Les correspondía prever los destinos de la tribu, alejar los tapu (tabú), defender de los sortilegios, purificar a los niños, ocuparse de las honras fúnebres, además eran astrólogos, botánicos, poetas, historiadores y preceptores de los jóvenes jefes y de los hijos de la nga tangata rangatira, los nobles que formaban la clase media de los nga tutua, compuesta sobre todo por los guerreros. Por fin, últimos entre los últimos eran los esclavos, nga taure kareka, considerados como objetos de los que cada uno podía disponer a su capricho. A pesar de esta estructuración tan precisa de poderes y deberes, la autoridad de los jefes no era muy grande. En efecto, para asuntos importantes que afectaban a toda la tribu, el ariki debía ser consultado siempre, pero sus decisiones no eran observadas necesariamente. Sólo si poseía una fuerte personalidad, y si era apoyado por la influencia mística de algunos tohunga, un jefe lograba ejercer una auténtica aristocracia.
El nacimiento y el matrimonio tenían gran importancia entre los maoríes. Al recién nacido se le consideraba impuro, pues estaba poseído por el tapu de la madre, y sólo el tohunga podía liberarlo, volverlo noa, con una ceremonia en la que a veces se le imponía al mismo tiempo el nombre. Para casarse, los maoríes no hacían tanta ceremonia como para los motivos o celebraciones más simples, desde el momento en el que una mujer se quedaba a dormir una noche con el hombre de su gusto, la unión quedaba formalizada ante la tribu. No ocurría lo mismo si era el hombre el que iba a casa de la mujer.
Los maoríes eran guerreros en constante alerta, pues en las aldeas el estado de guerra no se interrumpía prácticamente y el factor sorpresa desempeñaba un papel importante en la victoria. Cuando una expedición iba al combate, el tohunga debía hacer sus presagios: plantaba en el suelo tantos palos como eran los jefes y los mejores guerreros, y, por el número de los abatidos por la brisa nocturna, se predecía la suerte de la expedición. Otra ceremonia previa al combate era el rapado de la cabeza. En cuanto al armamento, éste no podía ser más simple, pero al mismo tiempo perfecto en su funcionalidad mortífera. El instrumento de lucha más común era una especie de maza corta en forma de espátula, con los bordes y la punta muy afilados. La más apreciada era de jade verde y se llamaba meré, había otros tipos: de basalto (patu onewa), de hueso de ballena (patu paraoa) y de madera (tumera). Otra arma muy usada era el taiaha, o hani, una especie de venablo fabricado con madera dura y teniendo cerca de un metro y medio de longitud total.
En 1809, los 66 pasajeros y la tripulación del barco The Boyd fueron muertos y comidos por maoríes en la península de Whangaroa, en la isla Norte. Esto fue un utu (venganza) por el azotamiento con látigo de un Maorí que rehusó trabajar en el barco durante el viaje desde Australia. El hecho permance como la mayor matanza en la historia de Nueva Zelanda
Kupe Wheke tallado.
Moko
El moko es el tatuaje facial tradicional con el cual el maorí se distinguía y marcaba el clan al que pertenecía. El guerrero utilizaba el moko para contar su propia historia: Cada signo indica un logro distinto en su historia personal propia. La mujer portaba el signo tradicional sobre el menton para indicar que estaba ligada a un guerrero.
Tāmati Wāka Nene, con el tatuaje facial denominado Tā moko hacia 1870
Literatura y literatura maorí
La literatura actual maorí se enmarca hoy en día, en el contexto cultural de Nueva Zelanda. Poco después de la llegada de los europeos, la historia y leyendas maoríes de transmisión oral, se complementaron con los relatos escritos por los primeros viajeros, como los del capitán James Cook, quién visitó el país en 1769, en donde perdió algunos de sus hombres por una pelea con los Maoríes. Durante los cien primeros años de asentamientos europeos (de 1820 a 1920), los textos más importantes eran los correspondientes a los periódicos o relatos verídicos que hablaban de la vida de los pioneros, como lo es el caso del primer año del asentamiento de Canterbury (1863) del novelista inglés Samuel Butler. Sólo unos pocos colonos fueron capaces de plasmar con propia voz la preocupación general por la tradición cultural de la época. Entre ellos destacan los novelistas William Satchell y Jane Mander, y los poetas R.A.K. Manson y Blanche Edith Baughan, aunque fue Katherine Mansfield, coetánea a todos ellos, quién ganó la atención de los lectores sobre las peculiaridades de Nueva Zelanda.
La depresión económica de la década de 1930 y la II Guerra Mundial ayudaron a reforzar el creciente sentimiento de identidad nacional, que quedó expresado a partir de 1945 por una nueva generación de escritores poscoloniales. A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la poesía floreció de manos de Allen Curnow y James K. Baxter.
La figura más sobresaliente de la novela de ficción de posguerra fue Frank Sargeson, escritor de relatos cortos y novelista cuya obra perduró durante casi cinco décadas, hasta su muerte en 1982. Su plena dedicación a la escritura y a la búsqueda del lenguaje que expresará la voz de Nueva Zelanda sirvió de inspiración a muchos escritores posteriores. Entre sus protegidos están Maurice Duggan y Janet Frame. La primera obra de Frame se publicó en 1952, pero no fue hasta la década de 1980, con la publicación de su autobiografía en tres volúmenes, cuando alcanzó renombre internacional. Otros escritores importantes cuyas obras se publicaron a partir de la década de 1970 son Maurice Gee, Maurice Shadbolt y Keri Hulme (literatura maorí).
Literatura maorí
La mayor parte de la rica tradición oral del pueblo maorí la recogieron los eruditos europeos a finales del siglo XIX, conscientes de que este pueblo estaba abocado a la desaparición como resultado de las guerras y enfermedades traídas del exterior. Algunas de las leyendas más importantes fueron publicadas entonces, y de la misma forma se cuenta la historia de los maoríes en el dios hombre que pescó la isla Norte del mar, todas ellas entraron a formar parte de la consciencia nacional. Casi todo el material literario quedó agrupado en las bibliotecas y se consideró un emblema del archivo histórico.
La contribución maorí al desarrollo de la principal corriente literaria de la Nueva Zelanda poscolonial, no fue muy significativa hasta mediados de la década de 1960. Jaqueline Sturn, en 1966, fue la primera escritora maorí que apareció en la antología de escritores neozelandeses. Dos años antes, el gran poeta Hone Tuwhare había publicado su primera colección, Un sol poco común. El éxito de los novelistas Witi Ihimaera y Patricia Grace durante la década de 1970, fue la confirmación a lo que los escritores maoríes ya habían establecido por sí mismos en la línea del género literario moderno. Keri Hulmes fue probablemente el escritor maorí más conocido fuera del país. Su novela El pueblo hueso ganó el premio Booker de la Academia Británica de las Letras en 1985. Como la mayoría de documentos descriptivos del siglo XIX.
La música maorí
Hoy en día, la música maorí es principalmente vocal. Aparte de cantos de guerra también se cantan historias de amor y nanas. Los instrumentos están construidos con madera, hueso, piedra, conchas o caparazones de animales. Son principalmente de viento y de percusión. En la actualidad se han adoptado varios instrumentos modernos, como son la guitarra y el ukelele. Estos instrumentos provienen de la naturaleza y no han requerido mucha transformación por parte del ser humano.
Fuente[/u]
http://es.wikipedia.org/wiki/Maor%C3%AD