Tramos desconocidos de la historia que hoy recordamos
TODA SALTA DE FIESTA: con diversos actos, la ciudad celebra hoy sus 428 años
El 16 de abril de 1582, un lunes de Pascua, quedó fundada la Ciudad de Lerma en el Valle de Salta.
En 1563, la región conocida como “el Tucumán”, lo que hoy es Salta, dejó de depender de la intendencia de Chile y pasó a la Audiencia de Charcas, en la actual Sucre. Este cambio administrativo revela la necesidad de dirigir el comercio de Potosí y todo el Alto Perú hacia un puerto del Atlántico para permitir que los barcos llevaran los productos a la Metrópolis. Las rutas marítimas eran continuamente acosadas por bucaneros ingleses que bajo la protección de su reina le birlaban los tesoros a España.
El virrey Toledo reiteró al rey Felipe II la importancia de la fundación de una ciudad en el lugar donde se encuentra hoy Salta. En el actual Valle de Lerma, los indios constituían una amenaza estable y, a la vez, una potencial reserva de mano de obra esclava. La vida de los españoles en la región no iba a ser posible si no se los “pacificaba”, creían.
Con distintos actos oficiales será recordado hoy el 428º aniversario del acto realizado por Hernando de Lerma.
No fue fácil la empresa pobladora. Algunas rivalidades entre los conquistadores a veces reproducía antiguos pleitos nacidos en las comarcas de donde provenían. Es el caso de Salta y las disputas entre Jerónimo Luis de Cabrera, Gonzalo de Abreu y Hernando de Lerma, tres gobernadores señalados para fundarla y, a la sazón, del mismo pueblo los dos últimos.
Fundar, como sea
Lerma tenía 37 años cuando llegó a Santiago del Estero en 1581, con su designación como gobernador de Tucumán, directamente del rey Felipe II. Hasta entonces, en 1571 se había designado a Jerónimo Luis de Cabrera para concretar la fundación de la ciudad. Pero éste decidió cambiar la dirección de la empresa encomendada y se dirigió hacia el Sur, donde fundó Córdoba. En 1573 se lo reemplazó por Gonzalo de Abreu y Figueroa, a quien los indios y la distancia le destruyeron los dos caseríos que intentó establecer como futuras ciudades. De regreso a Santiago del Estero, Abreu tomó prisionero a Cabrera y lo ejecutó. El virrey Toledo nombró a otro militar, Pedro de Arana, para que por fin fundase la ciudad.
Lerma nació en 1545 en San Lúcar de Alpechín, Sevilla. Su padre, don Francisco de Lerma, era jurado en su comarca. Tuvo tres hermanos, uno de los cuales lo acompañó en la fundación y terminó acusado por la Inquisición. Apenas asumió el gobierno fue acosado por las denuncias de los vecinos contra el despotismo y la criminalidad de Abreu y sus parientes. Por su parte, el ex gobernador les recordó a todos el pasado judío del recién llegado.
Un destino aciago
Lerma mandó a aprender a Abreu en su estancia “Pampa Grande”, en Guachipas, echó a sus familiares y torturó a su antecesor, que murió al poco tiempo. Luego realizó un llamado a los vecinos para que aportaran a la empresa de fundar una nueva ciudad. Los aportes a veces se hacían voluntariamente, otras no.
El lunes de Pascua, 16 de abril de 1582, quedó fundada la Ciudad de Lerma en el Valle de Salta, a las orillas del río de los Sauces, hoy avenida San Martín, y del río Siancas.
No sospechaba don Hernando que avanzaba hacia la prisión donde moriría preso del escorbuto y la miseria. Ni que su ciudad, único acto por el que se le recordaría, sería atacada y asediada, primero por los indios, luego por los mismos españoles. Ni sospechaba siquiera que gobernaría su aldea sólo por dos años.
Después sería encarcelado por la Audiencia de Charcas y llevado a España para morir en la cárcel judicial de Madrid. Su cadáver se exhibiría en la puerta del Juzgado, para que los piadosos le arrojaran monedas y así costear su entierro.
Un “robo histórico”
Según afirman especialistas e historiadores, “nunca se archivó el acta fundacional de la ciudad de Salta” que, se especula, habría sido robada. Efectivamente, las transcripciones del acta fundacional de la ciudad con la rúbrica de Hernando de Lerma datan de 1800 y los transcriptores tampoco aseveran haber tenido en mano los documentos originales.
Los investigadores no dudan de que el acta existió y para corroborarlo señalan que figura en correspondencias de la época. Lo llamativo es que nadie puede asegurar haberla tenido en sus manos.
En el Archivo Histórico de la Provincia hay una “providencia”, una especie de acta que hacían los vecinos nombrados como cabildantes, actas capitulares del Cabildo y el documento más antiguo es una merced de tierras y solares que data de 1583 y que otorga los espacios con la rúbrica de Lerma.
Después hay que recordar que Lerma era gobernador de Tucumán y debía regresar a esa ciudad, por lo que deja a un teniente gobernador que es quien rubrica el resto de los documentos.
Otro referente con el que cuenta el Archivo es de Carolina Linares desde el Archivo de Indias, donde en 36 fotocopias se registran los preparativos que hizo Lerma para fundar la ciudad.
Hay que tener en cuenta que estos documentos se deterioran con el tiempo, pero desde hace algún tiempo los investigadores y conservacionistas pueden recurrir a métodos especiales para el mantenimiento de estos viejos documentos que guardan información completa de hechos históricos, siempre requeridos por los estudiosos.
Lo cierto es que, de acuerdo con las opiniones más calificadas, hubo un documento aquel 16 de abril, pero no hay registro de que alguien lo haya tenido en sus manos. Por eso, quizá, con insistencia se habla de el robo del acta fundacional.
Ramírez de Velazco, entre los indígenas y el miedo
Al encarcelar a Lerma, el gobierno interino de Salta estuvo a cargo del capitán Alonso de Cepeda, hasta la llegada del nuevo gobernador, don Juan Ramírez de Velasco. El primero llegaba precedido por una prosapia que lo emparentaba con los reyes de Navarra, un virrey de México, otro del Perú y con el marqués de Salinas. Su reputación como militar la había ganado en las guerras de Sena, Milán y Flandes, y sofocando las rebeliones de los moros en Granada. Esos treinta años de servicio a la Corona les fueron pagados con la Gobernación de Salta.
A poco de fundada, Salta fue visitada por San Francisco Solano, que venía evangelizando en la región. Entre los pueblos a los que pretendía evangelizar estaban los lules, cuya belicosidad había puesto en riesgo las fundaciones de esta zona del virreinato.
Hacia fines de 1586 llegó a Salta la Compañía de Jesús, a quienes Velasco recibió gustosamente, disponiendo que los indios mitayos y otros empleados dejaran sus labores para asistir a las prédicas jesuitas, medida que lo enfrentó con los encomenderos, que veían interrumpida la explotación de la mano de obra indígena.
Velasco debió enfrentar el levantamiento de los indómitos calchaquíes que, por aquellos años, se encontraban liderados por el cacique Silpitocle, de afamada habilidad guerrera entre aliados y enemigos.
La eficacia de la campaña de Velasco estuvo centrada en su sólida disciplina militar.
Concertada la paz con algunos pueblos, sirvieron de guía al ejército español para adentrarse en el territorio de Silpitocle, oportunidad que aprovecharon los aliados para atacar otras aldeas con las que guardaban viejas rencillas.
La campaña, que duró cinco meses y recorrió más de cuatrocientas leguas, concluyó con la detención de Silpitocle y otros caciques principales, que fueron llevados a la ciudad de Santiago, aunque rodeados de ciertos lujos que se confería a los enemigos con rango de nobleza.
A partir de entonces pudo comenzar la Compañía de Jesús la evangelización de los Valles Calchaquíes y la lenta y perdurable pacificación de esos pueblos.
En el gobierno de Ramírez de Velazco, que administró la región hasta 1596, fueron numerosos los funcionarios atacados por malestares mentales y nerviosos desconocidos por la medicina colonial. Por lo que fueron catalogados como “hechizos” o “encantamientos”. Con la suerte de sus tres predecesores, dos degollados y otro muerto en la cárcel, el ánimo de Ramírez de Velazco estaba imbuido de miedo. Y por temor a correr igual suerte se dedicó a combatir la brujería, y así consta en varios documentos de la época. Para realizar esos juicios consiguió autorización real para aplicar, además de los tormentos de uso corriente, la hoguera y el destierro perpetuo.
aqui algunas fotos de la provincia de "salta la linda"
vista aerea de la ciudad
Catedral Basilica, Santuario del Señor y Virgen del Milagro
el Señor y Virgen del Milagro, Patronos de la ciudad de Salta
tren a las nubes
el tribuno,
TODA SALTA DE FIESTA: con diversos actos, la ciudad celebra hoy sus 428 años
El 16 de abril de 1582, un lunes de Pascua, quedó fundada la Ciudad de Lerma en el Valle de Salta.
En 1563, la región conocida como “el Tucumán”, lo que hoy es Salta, dejó de depender de la intendencia de Chile y pasó a la Audiencia de Charcas, en la actual Sucre. Este cambio administrativo revela la necesidad de dirigir el comercio de Potosí y todo el Alto Perú hacia un puerto del Atlántico para permitir que los barcos llevaran los productos a la Metrópolis. Las rutas marítimas eran continuamente acosadas por bucaneros ingleses que bajo la protección de su reina le birlaban los tesoros a España.
El virrey Toledo reiteró al rey Felipe II la importancia de la fundación de una ciudad en el lugar donde se encuentra hoy Salta. En el actual Valle de Lerma, los indios constituían una amenaza estable y, a la vez, una potencial reserva de mano de obra esclava. La vida de los españoles en la región no iba a ser posible si no se los “pacificaba”, creían.
Con distintos actos oficiales será recordado hoy el 428º aniversario del acto realizado por Hernando de Lerma.
No fue fácil la empresa pobladora. Algunas rivalidades entre los conquistadores a veces reproducía antiguos pleitos nacidos en las comarcas de donde provenían. Es el caso de Salta y las disputas entre Jerónimo Luis de Cabrera, Gonzalo de Abreu y Hernando de Lerma, tres gobernadores señalados para fundarla y, a la sazón, del mismo pueblo los dos últimos.
Fundar, como sea
Lerma tenía 37 años cuando llegó a Santiago del Estero en 1581, con su designación como gobernador de Tucumán, directamente del rey Felipe II. Hasta entonces, en 1571 se había designado a Jerónimo Luis de Cabrera para concretar la fundación de la ciudad. Pero éste decidió cambiar la dirección de la empresa encomendada y se dirigió hacia el Sur, donde fundó Córdoba. En 1573 se lo reemplazó por Gonzalo de Abreu y Figueroa, a quien los indios y la distancia le destruyeron los dos caseríos que intentó establecer como futuras ciudades. De regreso a Santiago del Estero, Abreu tomó prisionero a Cabrera y lo ejecutó. El virrey Toledo nombró a otro militar, Pedro de Arana, para que por fin fundase la ciudad.
Lerma nació en 1545 en San Lúcar de Alpechín, Sevilla. Su padre, don Francisco de Lerma, era jurado en su comarca. Tuvo tres hermanos, uno de los cuales lo acompañó en la fundación y terminó acusado por la Inquisición. Apenas asumió el gobierno fue acosado por las denuncias de los vecinos contra el despotismo y la criminalidad de Abreu y sus parientes. Por su parte, el ex gobernador les recordó a todos el pasado judío del recién llegado.
Un destino aciago
Lerma mandó a aprender a Abreu en su estancia “Pampa Grande”, en Guachipas, echó a sus familiares y torturó a su antecesor, que murió al poco tiempo. Luego realizó un llamado a los vecinos para que aportaran a la empresa de fundar una nueva ciudad. Los aportes a veces se hacían voluntariamente, otras no.
El lunes de Pascua, 16 de abril de 1582, quedó fundada la Ciudad de Lerma en el Valle de Salta, a las orillas del río de los Sauces, hoy avenida San Martín, y del río Siancas.
No sospechaba don Hernando que avanzaba hacia la prisión donde moriría preso del escorbuto y la miseria. Ni que su ciudad, único acto por el que se le recordaría, sería atacada y asediada, primero por los indios, luego por los mismos españoles. Ni sospechaba siquiera que gobernaría su aldea sólo por dos años.
Después sería encarcelado por la Audiencia de Charcas y llevado a España para morir en la cárcel judicial de Madrid. Su cadáver se exhibiría en la puerta del Juzgado, para que los piadosos le arrojaran monedas y así costear su entierro.
Un “robo histórico”
Según afirman especialistas e historiadores, “nunca se archivó el acta fundacional de la ciudad de Salta” que, se especula, habría sido robada. Efectivamente, las transcripciones del acta fundacional de la ciudad con la rúbrica de Hernando de Lerma datan de 1800 y los transcriptores tampoco aseveran haber tenido en mano los documentos originales.
Los investigadores no dudan de que el acta existió y para corroborarlo señalan que figura en correspondencias de la época. Lo llamativo es que nadie puede asegurar haberla tenido en sus manos.
En el Archivo Histórico de la Provincia hay una “providencia”, una especie de acta que hacían los vecinos nombrados como cabildantes, actas capitulares del Cabildo y el documento más antiguo es una merced de tierras y solares que data de 1583 y que otorga los espacios con la rúbrica de Lerma.
Después hay que recordar que Lerma era gobernador de Tucumán y debía regresar a esa ciudad, por lo que deja a un teniente gobernador que es quien rubrica el resto de los documentos.
Otro referente con el que cuenta el Archivo es de Carolina Linares desde el Archivo de Indias, donde en 36 fotocopias se registran los preparativos que hizo Lerma para fundar la ciudad.
Hay que tener en cuenta que estos documentos se deterioran con el tiempo, pero desde hace algún tiempo los investigadores y conservacionistas pueden recurrir a métodos especiales para el mantenimiento de estos viejos documentos que guardan información completa de hechos históricos, siempre requeridos por los estudiosos.
Lo cierto es que, de acuerdo con las opiniones más calificadas, hubo un documento aquel 16 de abril, pero no hay registro de que alguien lo haya tenido en sus manos. Por eso, quizá, con insistencia se habla de el robo del acta fundacional.
Ramírez de Velazco, entre los indígenas y el miedo
Al encarcelar a Lerma, el gobierno interino de Salta estuvo a cargo del capitán Alonso de Cepeda, hasta la llegada del nuevo gobernador, don Juan Ramírez de Velasco. El primero llegaba precedido por una prosapia que lo emparentaba con los reyes de Navarra, un virrey de México, otro del Perú y con el marqués de Salinas. Su reputación como militar la había ganado en las guerras de Sena, Milán y Flandes, y sofocando las rebeliones de los moros en Granada. Esos treinta años de servicio a la Corona les fueron pagados con la Gobernación de Salta.
A poco de fundada, Salta fue visitada por San Francisco Solano, que venía evangelizando en la región. Entre los pueblos a los que pretendía evangelizar estaban los lules, cuya belicosidad había puesto en riesgo las fundaciones de esta zona del virreinato.
Hacia fines de 1586 llegó a Salta la Compañía de Jesús, a quienes Velasco recibió gustosamente, disponiendo que los indios mitayos y otros empleados dejaran sus labores para asistir a las prédicas jesuitas, medida que lo enfrentó con los encomenderos, que veían interrumpida la explotación de la mano de obra indígena.
Velasco debió enfrentar el levantamiento de los indómitos calchaquíes que, por aquellos años, se encontraban liderados por el cacique Silpitocle, de afamada habilidad guerrera entre aliados y enemigos.
La eficacia de la campaña de Velasco estuvo centrada en su sólida disciplina militar.
Concertada la paz con algunos pueblos, sirvieron de guía al ejército español para adentrarse en el territorio de Silpitocle, oportunidad que aprovecharon los aliados para atacar otras aldeas con las que guardaban viejas rencillas.
La campaña, que duró cinco meses y recorrió más de cuatrocientas leguas, concluyó con la detención de Silpitocle y otros caciques principales, que fueron llevados a la ciudad de Santiago, aunque rodeados de ciertos lujos que se confería a los enemigos con rango de nobleza.
A partir de entonces pudo comenzar la Compañía de Jesús la evangelización de los Valles Calchaquíes y la lenta y perdurable pacificación de esos pueblos.
En el gobierno de Ramírez de Velazco, que administró la región hasta 1596, fueron numerosos los funcionarios atacados por malestares mentales y nerviosos desconocidos por la medicina colonial. Por lo que fueron catalogados como “hechizos” o “encantamientos”. Con la suerte de sus tres predecesores, dos degollados y otro muerto en la cárcel, el ánimo de Ramírez de Velazco estaba imbuido de miedo. Y por temor a correr igual suerte se dedicó a combatir la brujería, y así consta en varios documentos de la época. Para realizar esos juicios consiguió autorización real para aplicar, además de los tormentos de uso corriente, la hoguera y el destierro perpetuo.
aqui algunas fotos de la provincia de "salta la linda"
vista aerea de la ciudad
Catedral Basilica, Santuario del Señor y Virgen del Milagro
el Señor y Virgen del Milagro, Patronos de la ciudad de Salta
tren a las nubes
el tribuno,