Lo que no habrá esta vez es un Batista, porque no habrá necesidad de un 4 de septiembre, que destruyó la disciplina en las fuerzas armadas… habrá un código penal militar, donde los delitos contra los derechos humanos y contra la honradez y la moral que debe tener todo militar, serán castigados debidamente. Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959 Lo que no debemos olvidar - Batista no fue leal, ni sincero, ni honrado, ni caballero un solo minuto de su vida pública Así definía Fidel al dictador Fulgencio Batista durante su autodefensa en el juicio por los sucesos del Moncada, el 16 de octubre de 1953. Tal sentencia retrataba a un hombre que ansió el poder, y lo disfrutó adueñándose del Archipiélago y del destino de los cubanos. ¿Cómo llegó a general? En la noche del 8 de septiembre de 1933 Batista pasó, en virtud del Decreto 1538, de sargento de primera (taquígrafo) a coronel, grado máximo en el Ejército cubano de entonces... Con fecha 27 de enero de 1942 se promulga, bajo la presidencia del propio Batista, el Acuerdo-Ley Número 7, conocido también como Ley Orgánica del Ejército y la Marina de Guerra... En el cuerpo de ese Acuerdo-Ley, Batista hizo asentar una disposición que lo retrata. Dice: "El oficial superior en situación de retiro, que haya ocupado en propiedad la jefatura del Ejército y desempeñe o haya desempeñado la presidencia de la República, figurará en la relación o escalafón especial de oficiales de su misma situación, con el mayor grado o jerarquía reconocido por esta ley". Ese grado máximo era el de mayor general y Batista reunía los requisitos. No contento con el autoascenso, se propuso consolidar su posición. Para ello modificó la Ley de Retiro de las fuerzas armadas con la adición de un nuevo artículo, el 48, que expresa: "El militar en situación de retiro que ocupe la presidencia de la República no percibirá pensión alguna mientras desempeñe dicho cargo..." Las propiedades de Batista La historia precisa que a solo tres años de abandonar los grados de sargento y ocupar el poder se hacía de su primera propiedad: la Compañía de Inmuebles S.A., constituida en 1936. Luego vendrían muchas más, hasta convertirlo en uno de los hombres más ricos de Cuba. *Dueño de los centrales Washington, Constancia (Abel Santamaría) y Andorra (Abraham Lincoln)/b] *Propietario de firmas contratistas, tales como la Compañía Ingeniería del Golfo S.A. *Principal propietario de los Servicios Metropolitanos de Gas S.A. *El tercer mayor propietario, con 40 000 dólares, en acciones en las Industrias Siporex S.A. *Poseía entre un 10 y un 15% del capital de la Compañía Azucarera Atlántica del Golfo S.A., mayor consorcio azucarero norteamericano en Cuba. *Propietario único de Cuba Aeropostal, una línea aérea de carga, expreso y correo. *Propietario mayoritario de las Aerovías Q. *El principal entre los propietarios privados de la Compañía Cubana de Aviación S.A., de la que controlaba más de las dos terceras partes de su capital privado. *Propietario secreto de la Compañía Interamericana de Transporte por Carretera S.A., una firma monopólica del servicio de carga y expreso por camiones. *Propietario de la Compañía de Transporte Miller. *Propietario de la Compañía Naviera Isla del Tesoro S.A. *Propietario principal de Hoteles Isla del Tesoro S.A. *Propietario del 50% del capital de Playas del golfo S.A. *Propietario de la Compañía de Parquímetros Cubanos S.A., este fue uno de sus últimos escandalosos negocios. *Fulgencio Batista también fue propietario, siempre a través de terceros, de varias firmas en el sector de los medios de prensa. *Propietario del periódico vespertino Alerta *Propietario del Canal 12 S.A. *Propietario de Gente S.A., del semanario Gente *Propietario de RHC Cadena Azul de Cuba S.A. *Propietario de 326 000 dólares en acciones de Radio Siboney *Propietario de la Cadena Oriental de Radio *Propietario del Circuito Nacional Cubano S.A. *Propietario de Unión Radio *Propietario de la Compañía Inversiones Radiales S.A. Para enmascarar sus intereses en tan increíble número de empresas, que se elevaban a unas 70, disponía de una tupida telaraña de testaferros, intermediarios, cómplices, socios y abogados. La dictadura batistiana sembró el terror, la pobreza y su secuela de hambre y miseria. Hasta en el momento de su huida al tirano lo que más le preocupó fue llevarse al avión varias maletas con dinero, para vivir la vida fácil a costa del pueblo de Cuba. La Cuba de antes de 1959 duele Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos - Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959 Esa Cuba humillada y triste que vio sus calles llenas de niños con caras sucias y vientres hinchados, no precisamente por la llenura de un banquete; esa que sufrió el llanto de muchos padres por no poder traer a casa un bocado de comida; esa que bajó la mirada ante la vergüenza del campesino ultrajado frente a su prole; esa que sonrojada compartió con sus mujeres la humillación de la inferioridad. De esa Cuba dio cuenta un censo realizado por una asociación católica en el año 1957, cuyos resultados publicó luego la entonces Revista Carteles: *El obrero agrícola cubano no disponía, como promedio, de 25 centavos diarios para comer, vestir y calzar. *El 60% de ellos vivía en bohíos de techo de guano y de piso de tierra, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua orriente. *El 85% de esas covachas —rezagos increíbles de la vivienda aborigen precolombina— solamente tenían una o dos piezas en las que debía hacinarse toda la familia para dormir. *El 85% carecía de servicio de agua corriente. *El 44% no asistió, no pudo asistir jamás, a una escuela. Daba cuenta además la revista que "cuando cae la tarde, en el 88 % de esos bohíos hay que encender el quinqué... cuando se dispone de luz brillante. Y de refrigerador o nevera ¿qué decir? Solamente el 3% de los hogares rurales cubanos disponía de alguno de estos artefactos. La conservación de los alimentos, pues, apenas se conoce". El alimento fundamental de esas familias era a base de arroz, frijoles y viandas. Solamente un 4% comía carne; un 2% consumía huevos; y un 11% tomaba leche. Su alimentación tenía un déficit de más de 1 000 calorías diarias, con ausencia de vitaminas y minerales fundamentales. A la desnutrición, la ignorancia y la insalubridad habría que añadir la enfermedad y el parasitismo. La encuesta mencionada probó que el 14% de los obreros agrícolas de este país padeció de tuberculosis; que el 13% sufrió la tifoidea. La capital, con el 22% de la población disponía del 65% de los médicos y el 62% de las camas hospitalarias. Resultaba paradójico que a pesar de ser Cuba un país de población mayoritariamente campesina, solamente había un hospital rural con 10 camas y sin ningún médico. La mortalidad infantil superaba los sesenta fallecidos por cada mil nacidos vivos, y la esperanza de vida apenas llegaba a los 58 años. El seguro de enfermedad nunca existió y sus instituciones tenían siempre un gran déficit financiero. Durante casi siete años, el régimen de Batista llegó a manipular más de tres mil millones de pesos obtenidos por la vía de las recaudaciones y las emisiones de valores públicos. Esta barbarie no volverá jamás Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, porque como dijo nuestro Apóstol: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” - Fidel en Santiago de Cuba 1ro. de Enero de 1959 De esta realidad habló Fidel en su histórico alegato La historia me absolverá: "El 90% de los niños del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos... Y cuando un padre de familia trabaja cuatro meses al año, ¿con qué puede comprar ropas y medicinas a sus hijos? Crecerán raquíticos, a los 30 años no tendrán una pieza sana en la boca, habrán oído diez millones de discursos, y morirán al final de miseria y decepción". En las escuelas públicas, de cada 100 niños que matriculaban solo 6 llegaban al sexto grado. El 23.6% de la población mayor de 10 años era analfabeta. Alrededor de 550 000 niños de 6 a 14 años no asistían al colegio, casi la mitad del total, de acuerdo con el censo efectuado en 1953. Paradójicamente, habían más de 10 000 maestros desempleados. Y remataba Fidel frente al tribunal que pretendía juzgarlo: "Lo inconcebible es que el 30% de nuestros campesinos no sepa firmar, y el 99% no sepa Historia de Cuba". Uno de los problemas más graves que cargaba la Isla era el desempleo. De una población que casi llegaba a los siete millones de habitantes, la tercera parte de la económicamente activa, unas 700 000 personas, estaban desempleadas; de ella el 45% correspondía al área rural. El censo de población realizado en 1953, aun cuando se hizo en el momento de mayor empleo cíclico (cosecha cañera), evidenció que solo el 51.5% de la población en edad activa tenía un puesto de trabajo. Los que quedaban sin empleo luego de la zafra emigraban —muchas veces con la familia— en busca de lugares más favorables donde en ocasiones trabajaban días enteros a cambio de una lata de harina con boniatos, garantía indispensable para que los suyos llegaran con vida hasta la otra zafra. Describía Bohemia, en el año 1956, que la miseria dormía y moría en los portales, en la intemperie de los parques, sobre sábanas de periódicos viejos. Y si de tristeza y humillación se habla no puede olvidarse el barrio de Las Yaguas donde vivían decenas de miles de personas sin luz eléctrica, agua corriente, ni alcantarillado. O la vergüenza en que hombres sin alma convirtieron el hospital de dementes de Mazorra. Fotos de la época dan cuenta del hacinamiento en pabellones inmundos donde los enfermos dormían sobre bastidores maltrechos, sin colchonetas, sábanas, ni frazadas, o tirados en el suelo, unos junto a otros para darse calor en las madrugadas heladas de Mazorra. El hospital de dementes que encontró la Revolución tenía entonces 2 000 camas, si es que así podía llamárseles, para más de 6 500 pacientes —es decir, más de tres pacientes por cama—, la mayoría sin identificar, desnudos, con insuficiente o ningún tratamiento que no fuera el de estar encadenados en una cama para soportar las crisis, el tratamiento por coma insulínico y el electroshock. Ni muertos ni olvidados Físicamente no están aquí Frank País, Josué País, ni tantos otros, pero están moralmente, están espiritualmente, y solo la satisfacción de saber que el sacrificio no ha sido en vano, compensa el inmenso vacío que dejaron en el camino. ¡Sus tumbas seguirán teniendo flores frescas! - Fidel en Santiago de Cuba, 1ro de Enero de 1959 Entre las brumas de la miseria y la desolación resplandecieron muchos hombres. Nombrarlos a todos resultaría imposible aun cuando el ejemplo de sus acciones aparece día a día en el recuerdo de quienes sobrevivieron a torturas y persecuciones para hacer valederas nuestras conquistas. Cada rincón de nuestra Cuba se convirtió en cómplice de la tristeza. Los cadáveres aparecían tirados cada vez en cifras más numerosas en campos desiertos, al borde de las carreteras, colgados de los árboles o sencillamente abandonados como sacos viejos. Cientos de cubanos fueron enterrados sin acta de defunción y con visibles huellas de las más atroces torturas; otros desaparecieron en las profundidades del mar. Así fue engrosándose la oscura lista de asesinatos, fundamentalmente con jóvenes en flor, esperanzas un día de la Patria cuyo único crimen fue tomar partido a favor de la justicia y la rebeldía para que la obra de la Revolución llegara a ser —como lo es hoy— orgullo de todos. Símbolos inocentes de una juventud asesinada Protegidos y ayudados por el pueblo, muchos de los jóvenes revolucionarios pudieron salvar sus vidas y continuar con las acciones clandestinas; sin embargo, ni siquiera la solidaridad de millones pudo salvar a muchos que fueron detenidos y cruelmente asesinados en los más disímiles lugares del territorio cubano. El descuaje de raíces jóvenes no quedó en pocos saldos. La lista es interminable, a ella se suman los inolvidables Frank y Josué País, Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada, Gerardo Abreu (Fontán), Lidia Doce y Clodomira Acosta; las hermanas Cristina Alicia y María de Lourdes Giralt... Juan Mora Artimes. Salvador Sánchez Céspedes. José Méndez García. Zoilo Durán Rodríguez. René Fraga Moreno. Alfredo Gutiérrez Lugones. Aleida Fernández Chardiet... A la hora de las noticias de aquel Sábado Santo, Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carbó Serbiá, Joe Westbrook Rosales y José Machado Rodríguez, para la tiranía eran solo cadáveres; para el pueblo de Cuba pasaron a ser Los Mártires de Humboldt 7. "Las circunstancias los han convertido en símbolos, y como mártires pasarán a la historia", escribía Raúl Roa en carta dirigida a la madre de los hermanos casi adolescentes Luis y Sergio Saíz, también cruelmente asesinados. Son estos nombres comunes, pero mujeres y hombres insustituibles, solo una pequeña muestra de los tantos que cayeron víctimas de la represión y el crimen; a muchos otros ni siquiera fue posible identificarlos por las atroces torturas y la falta de documentos pertinentes, aun así, todos y cada uno de ellos tendrán siempre un lugar privilegiado en la historia Patria. Por eso el homenaje a los que en actitud consecuente con la palabra empeñada y en complicidad con sus verdaderos sentimientos, cayeron víctimas de un régimen que desató una avalancha de asesinatos y torturas contra nuestros mejores hijos, aquellos a quienes no pudieron vendarles los ojos para hacerlos desentenderse de por qué era necesaria una Revolución cubana. Galería de asesinos on el odio despertado allí contra la fuerza pública, por los inenarrables horrores de Ventura y de Pilar García, la caída de Batista iba a producir una desorganización en la ciudadanía - Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959 Faltarían muchos nombres de asesinos como Alberto del Río Chaviano, Rolando Masferrer, Manuel Ugalde Carrillo, Fermín Cowley, Jesús Sosa Blanco, Orlando Piedra, José Eleuterio Pedraza, Alejandro García Playón, Hernando Hernández, los hermanos Rafael y Juan Salas Cañizares y muchos más que hicieron del luto la cotidianidad de nuestra dolida Patria de entonces. Esta es solo una muestra de esos bárbaros, muchos, además, huyeron junto a su tirano jefe el 1ro. de enero de 1959 para ser recibidos por sus amos imperiales. José María Salas Cañizares Teniente coronel del ejército batistiano. Sus crímenes más horrendos los cometió en Santiago de Cuba, como aquel que segó la vida del joven Frank País García, a quien su propia madre, le contó y taponeó 36 perforaciones en el cuerpo "no seguí porque me parecía que le dolía", dijo doña Rosario. Como baldón de ignominia, le apodaron "Massacre". Huyó cobardemente cuando triunfó la Revolución, a la guarida de otro asesino, Leónidas Trujillo, en República Dominicana. Esteban Ventura Novo Teniente coronel. Organizó y dirigió las más grandes matanzas de jóvenes que recuerda la historia de la capital cubana, entre ellas la que acabó con las vidas de Juan Pedro Carbó Serviá, Joe Westbrook, Fructuoso Rodríguez y José Machado, el 20 de abril de 1957; el 12 de septiembre de 1958 acribilló a balazos a Alberto Álvarez, Reinaldo Cruz, Maño Valdés, Onelio Dampiel, Lidia Doce y Clodomira Acosta. Y el 8 de noviembre del propio año a Ángel Ameijeiras (Machaco), Pedro Gutiérrez y Rogelio Perea. Fue llamado el Monstruo de la Quinta Estación o el Sicario de traje blanco. Conrado Carratalá Ugalde Su sed de sangre no tenía límites y lo llevó de vigilante a Coronel de la policía. A fines de 1956 arrestó al Padre Ramón O’ Farril, acusado de ocultar a ocho jóvenes revolucionarios en el templo a su cargo. Le exigió la delación. Su negativa determinó cuatro días de torturas. El sacerdote terminó con los oídos sangrantes, las costillas fracturadas y ultrajada su dignidad. Torturó al joven Sergio González "El Curita", a quien le extirparon sus partes y luego fue vilmente asesinado. Participó en la masacre del penitenciario Castillo del Príncipe, disparando la ametralladora a mansalva contra 500 presos políticos. Pilar García Pilar García: nombre de mujer y alma de asesino. Estaba retirado y volvió a las filas del ejército para deshonrar el uniforme. En Matanzas escribió páginas de terror e implantó lo que se llamó descocadamente "método García", que era simple y llanamente el asesinato por la espalda y desató una carnicería contra los asaltantes del cuartel Goicuría. Colocado en la jefatura de la policía nacional aterrorizó a La Habana, y en los días de la frustrada huelga general dictaba órdenes que crispaban a sus propios hombres. "No me consulten nada... "M", "M" y repetía sin cesar la inicial fatal que significaba que debían ultimar a los prisioneros hechos por los carros perseguidores. Agustín Lavastida Agustín Lavastida fue jefe del SIR en Holguín de donde se le trasladó a Santiago en las horas más angustiosas de la ciudad heroica. Coincidió allí con José María Salas Cañizares (Massacre) y así, mientras Rodríguez Ávila y Cruz Vidal eran jefes del regimiento, la pareja compuesta por Salas Cañízares y Lavastida tenían la ciudad en un puño, un puño tinto en sangre. Después cuando "Massacre" fue trasladado a Holguín, Lavastida volvió a unírsele y ellos recordaron a los holguineros que si Cowley había muerto, ellos dos seguían vivos y preocupados por continuar abriendo fosas en la necrópolis de la ciudad de la Periquera. Irenaldo García Irenaldo García Báez ascendió vertiginosamente después del 10 de marzo. De teniente que era, agregó una palabra más a su rango y se convirtió en teniente coronel. Había dos razones para ello: era hijo de Pilar y tenía alma de criminal. Se le nombró segundo jefe del SIM y son muchos los cubanos que pueden contar historias en las que IGB figura como el verdugo mayor, este hombre joven se entregaba en cuerpo y alma a la nefasta tarea de ahogar en sangre todo intento de libertad. Utilizando el slogan de una firma cigarrera bien podía decir. "De mi padre lo aprendí". Julio Laurent En el desfile de asesinos del régimen, la Marina de Guerra tiene su más alto representante en Julio Laurent, oficial del Servicio de Inteligencia Naval. Entre sus numerosas víctimas se encuentra el capitán Jorge Agostini al que puede agregarse una lista que llevaría páginas. Enviado a operaciones en tierras de Oriente, ultimó a prisioneros indefensos y sembró el terror y la muerte. Su centro de operaciones lo tenía últimamente en el Castillo de la Chorrera adonde llevaba a sus víctimas. Lutgardo Martín Pérez Lutgardo Martín Pérez, tenía físicamente el tipo de matón a sueldo. Y lo es también de sentimientos. Comenzó su carrera al lado de otro criminal de guerra, de Rolando Masferrer. Así se ganó los ascensos, desde sargento que era hasta ostentar las estrellas de teniente coronel que, como las de ventura chorreaban sangre de inocentes. Hombre vasto, sin preparación y sin cultura, no entendía más idioma que el de la fuerza. Y abusó de ella mientras la tuvo a su disposición. De espaldas al drama cubano Decía —y quedó sin concluir aquella idea— que habría justicia y que era lamentable que hubiesen escapado los grandes culpables, por culpa de quienes ya sabemos, porque el pueblo sabe quién tiene la culpa de que se hayan escapado - Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959 "De continuarse la presente política norteamericana con respecto a Cuba, los Estados Unidos se quedarán con solo un amigo: el dictador Fulgencio Batista". Así escribía el 23 de marzo de 1958 la periodista Homer Bigart en The New York Times. Tales aseveraciones estaban sustentadas en las más disímiles acciones llevadas a cabo por el gobierno norteamericano de entonces para fortalecer y apoyar al régimen de Batista. No había simulacros en las decisiones o palabras, la administración estadounidense jamás disimuló su respaldo; una que otra vez se abroqueló en un oportuno neutralismo cuando se hacía mención a la violación de los derechos humanos por parte de Batista, pero de ahí no pasó. Su postura era invariable. Existieron voces aisladas de protesta, pero ninguna expresión oficial de condena para la política de sangre y muerte entronizada por los secuaces del régimen; por el contrario, el apoyo llegaba en las más variadas formas. Las visitas de cortesía de altos oficiales norteamericanos eran comunes en Cuba, como la del coronel Charles W. Cowley, jefe de la misión naval norteamericana en La Habana, al jefe de la Policía Nacional, brigadier general Rafael Salas Cañizares, uno de los más temidos y conocidos esbirros del régimen. Comprometido con la tiranía, a quien quería salvar de todas maneras, el embajador de Estados Unidos en Cuba, Earl T. Smith, se prestó para las patrañas policíacas contra el Movimiento 26 de Julio. Temeroso tanto como la tiranía de las campañas periodísticas en los Estados Unidos y con aparente desconocimiento de las realidades del minuto, el embajador Smith invitó, la tarde del 9 de abril de 1958, a los corresponsales norteamericanos a un cocktail en su casa del Country Club con unos hombres de negocio. Tema principal: las bondades del régimen de Batista para los inversionistas. El camarógrafo Hoffman, de la CBS, de los tres únicos periodistas que asistieron al acto en momentos en que había decenas de muertos en las calles habaneras, contó más tarde: "salí apenado de esa gente y como norteamericano, abochornado de nuestro embajador en Cuba". Los ejemplos se volverían interminables, baste señalar algunos que patentizan una vez más las verdaderas intenciones norteamericanas. El gobierno de los Estados Unidos realizó grandes entregas de armas a la dictadura; el coronel Harold Issacson, jefe de la División Militar yanki en Cuba, firmó personalmente el documento oficial en presencia de Batista. El coronel Issacson también inspeccionó en reiteradas ocasiones centros militares y armamentos de los cuales disponía el régimen batistiano, numerosas fotografías conservan las imágenes de esos hechos. Perseguidoras, aviones, bombas, ametralladoras y más, pasaron a engrosar los medios de represión empleados para someter al pueblo cubano que no en balde se sublevaba ya contra los abominables crímenes rompiendo el silencio de espantos en que pretendía sumirlos la dictadura batistiana con el inviolable apoyo de sus "compinches" norteamericanos. Herederos del horror Los dejaron escapar con los 300 o 400 millones de pesos que se han robado y ¡muy caro nos va a costar eso!, porque ahora van a estar desde otros países haciendo propaganda contra la Revolución, fraguando todo el daño posible contra nuestra causa, y durante muchos años los vamos a tener ahí amenazando a nuestro pueblo - Fidel en Santiago de Cuba, 1ro. de Enero de 1959 La mancillada herencia de Fulgencio Batista aún pulula en las calles de Miami y su estela de horror todavía cuenta con adeptos sin escrúpulos. Cientos de políticos, connotados esbirros, asesinos y oficiales del ejército batistiano se reúnen periódicamente para realizar diversas actividades, de la misma manera que integran las principales organizaciones contrarrevolucionarias, al amparo de las autoridades norteamericanas. Hoy, es imposible criticar a Batista en los medios masivos miamenses, en poder de no pocos batistianos y descendientes de estos, los cuales celebran fechas que han enlutado por décadas a nuestro pueblo, incluso, el 14 de enero del 2001 convocaron una misa en la iglesia San Juan Bosco, de Miami, para honrar al tirano en el centenario de su nacimiento. Lincoln y Mario Díaz-Balart, dos de los actuales legisladores de la ultraderecha de la Florida, quienes controlan el poder mediático y auspician el terrorismo contra Cuba, no se esconden para elogiar al que fuera "uno de los dictadores más sangrientos de América". Y la influencia les llegó de muy cerca. Su padre, Rafael Díaz-Balart, es por muchos conceptos, una figura despreciable dentro del cuadro arbitrario y fangoso de la tiranía vencida, quien para forjarse una imagen pública no desperdiciaba oportunidad de retratarse al lado del tirano y de los jefes policiales más sanguinarios del régimen. Como tantos otros, coreó infatigablemente las consignas que llegaban desde los altoparlantes del dictador, participó en la maquinaria dolosa y deshonró a la juventud cubana. Este exponente del servilismo ocupó la primera fila de los alabarderos de oficio, siempre listo a vocear ante las candilejas del despotismo. Sus hijos, seguidores de un legado de barbaries, no ocultan que Fulgencio Batista, padrino de bautizo del congresista republicano por la Florida, Lincoln Díaz-Balart, es para la familia como una especie de "personaje inolvidable". Los que alaban un pasado de sufrimiento y miseria son los mismos que pretenden regresar a Cuba y adueñarse del poder, pero eso es algo que la Revolución no permitirá jamás. ¡Jamás defraudaremos a nuestro pueblo! La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Fidel, a su llegada a La Habana, en Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959 En el informe al Primer Congreso del Partido, en 1975, Fidel explicaba: Sabíamos que se iniciaba una etapa enteramente nueva en la historia de la patria, que el camino sería largo y duro, pero que unidos estrechamente al pueblo, marcharíamos adelante. Llegaba el momento de cumplir las promesas del Moncada. Una de las primeras medidas de la Revolución fue castigar ejemplarmente a los principales responsables de los crímenes cometidos por la tiranía batistiana. Los torturadores y asesinos, victimarios de incontables patriotas a lo largo de nuestra historia, jamás habían tenido que rendir cuenta de sus hechos. Este elemental acto de justicia, que reclamaba unánimemente nuestro pueblo, dio lugar a una feroz campaña de la prensa imperialista contra la Revolución. En Estados Unidos, sin embargo, decenas de criminales lograron refugiarse y recibieron protección y asilo llevando sobre sus conciencias el asesinato de miles de cubanos. De igual modo se procedió a la confiscación inmediata de todos los bienes mal habidos por los funcionarios del sangriento régimen. Esto también ocurría por primera vez en nuestra historia. El viejo ejército que había reprimido cruelmente al pueblo fue totalmente disuelto, asumiendo la función correspondiente a las Fuerzas Armadas el glorioso Ejército Rebelde, que como dijo Camilo: "era el pueblo uniformado". La administración pública fue saneada de elementos que habían sido cómplices de la tiranía. La malversación de fondos públicos, las prebendas y la funesta práctica del cobro de sueldos sin desempeñar el cargo, fueron erradicadas de inmediato. Los partidos políticos que habían servido a la opresión quedaron disueltos. La dirección corrompida y entreguista de los sindicatos fue barrida restableciéndose los derechos a los trabajadores. Los obreros despedidos de su centro de trabajo bajo la tiranía, fueron reintegrados a sus cargos. Cesaron en el acto los desalojos campesinos. El 3 de marzo de 1959 se dispone la intervención de la Compañía Cubana de Teléfonos, monopolio yanki implicado en turbios negocios con la tiranía contra los intereses del pueblo. El 6 de marzo se dictó una ley que rebajaba hasta el 50 por ciento los onerosos alquileres que pagaba el pueblo, medida que despertó gran entusiasmo en la población urbana y suscitó verdadera conmoción en los medios burgueses. El 21 de abril se declaran de uso público todas las playas del país, suprimiendo el exclusivismo y la odiosa discriminación establecidos por la burguesía en muchos de estos centros. El 17 de mayo se dictó la primera Ley de Reforma Agraria. Este paso resuelto, necesario y justo nos enfrentó directamente no solo a la oligarquía nacional, sino también al imperialismo, pues muchas empresas norteamericanas poseían considerables extensiones de las tierras más fértiles del país dedicadas, sobre todo, a plantaciones cañeras. Aunque el límite máximo establecido de 30 caballerías, equivalente a 402 hectáreas, era todavía relativamente amplio, había empresas norteamericanas que poseían hasta 17 mil caballerías, es decir, 227 mil hectáreas, con relación a las cuales la ley era profundamente radical. El 20 de agosto de 1959 son rebajadas las tarifas eléctricas, poniendo fin a los abusos de otro poderoso monopolio imperialista. Aparte de las medidas señaladas que se aplicaron en el corto espacio de unos meses, la Revolución desde los primeros instantes dio pasos para enfrentar el terrible azote del desempleo, y prestó especial atención a la lucha por mejorar las pésimas condiciones de la educación y la salud pública. Miles de maestros fueron enviados a las zonas rurales y numerosos hospitales comenzaron a ser construidos en los más apartados rincones de nuestros campos. El juego, el tráfico de drogas y el contrabando fueron suprimidos radicalmente, a lo que más tarde seguirían los pasos necesarios para eliminar la prostitución, que tan humillante destino imponía a tantas mujeres humildes del pueblo, mediante medidas humanas y justas que incluían educación y empleo para sus decenas de miles de víctimas. En relativamente poco tiempo se comenzó a trabajar con éxito en la erradicación de los barrios de indigentes, que tanto abundan en las grandes ciudades de América Latina. Poco a poco desapareció la mendicidad y no fue visto más el espectáculo de niños abandonados y descalzos pidiendo limosnas por las calles. El país, sin embargo, se encontraba en apretadas condiciones económicas: el precio del azúcar estaba deprimido y las reservas de divisas del país habían sido saqueadas por la tiranía. Como este programa de realizaciones era seguido con hostilidad creciente por el imperialismo yanki, los créditos comerciales de Estados Unidos fueron suprimidos y las importaciones necesarias al país se vieron considerablemente afectadas. Esto obligó a la Revolución a adoptar severas medidas de austeridad. Pero no lo hizo a costa de los sectores humildes del pueblo, como suele ocurrir en el mundo capitalista. Se suprimieron las importaciones de bienes superfluos y se estableció una distribución igualitaria de los productos esenciales que, sin lugar a dudas, fue una de las medidas más justas, radicales y necesarias implantada por la Revolución, que habría de enfrentar en los años futuros una lucha desesperada por la supervivencia. Pero el imperialismo no estaba dispuesto a permitir tranquilamente el desarrollo de una revolución en Cuba. Fracasados sus planes de impedir el triunfo con un golpe de Estado militar al final de la guerra, victorioso y armado el pueblo, ensayó fórmulas diplomáticas; reconoció al Gobierno Revolucionario y envió a su embajador, quien recibido con extraordinario despliegue de publicidad por la prensa burguesa, asumió de inmediato las habituales actitudes de procónsul, que caracterizaban a estos funcionarios yankis en Cuba, a fin de presionar, frenar y domesticar la Revolución. El esfuerzo era, sin embargo, inútil. Por primera vez se encontraban en Cuba con un pueblo sobre las armas y un gobierno revolucionario en el poder. Este resumen ha sido elaborado por la Redacción Nacional a partir de las informaciones del libro ¿Por qué la Revolución Cubana? La verdadera historia de la dictadura de Fulgencio Batista, de la editorial Capitán San Luis y el Centro de Documentación del diario Granma. FUENTE:
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