William A. Hightower era un lunático.
El 2 de agosto de 1921 secuestró a un sacerdote, el padre Patrick E. Heslin, en su casa de las afueras de San Francisco; luego le aplastó el cráneo de un golpe y lo enterró cerca de la playa de Salada, al lado de una valla publicitaria en la que aparecía un hombre friendo tortitas.
Hightower renunció al rescate pero no a la recompensa ofrecida por brindar información acerca del paradero de Heslin. Nadie más idóneo que el mismo, se dijo. El 10 de agosto Hightower se personó en casa del arzobispo Hanna para informarle de que había topado con la bufanda de Heslin mientras buscaba en la arena algún preparado ilegal de bebidas. Lo más lógico, según Hightower, es que el cadáver estuviera allí; no sabía exactamento dónde, pero no podía estar lejos.
Hightower condujo a la policía hasta la bufanda de la playa, perorando durante todo el trayecto acerca de que había inventado la ametralladora e incluso había llegado a inventar un sucedáneo de la fruta confitada. Luego, prediciendo el sitio exacto en que debía de estar Heslin, Hightower cogió una pala y puso manos a la obra.
“Con cuidado -le advirtió el comisario O’Brien-, no vayamos a dañarle la cara.” Pero Hightower lo tranquilizó: “Descuide, jefe, he empezado a cavar por el lado de los pies”.
Fte:
http://exapamicron.wordpress.com/page/4/
El 2 de agosto de 1921 secuestró a un sacerdote, el padre Patrick E. Heslin, en su casa de las afueras de San Francisco; luego le aplastó el cráneo de un golpe y lo enterró cerca de la playa de Salada, al lado de una valla publicitaria en la que aparecía un hombre friendo tortitas.
Hightower renunció al rescate pero no a la recompensa ofrecida por brindar información acerca del paradero de Heslin. Nadie más idóneo que el mismo, se dijo. El 10 de agosto Hightower se personó en casa del arzobispo Hanna para informarle de que había topado con la bufanda de Heslin mientras buscaba en la arena algún preparado ilegal de bebidas. Lo más lógico, según Hightower, es que el cadáver estuviera allí; no sabía exactamento dónde, pero no podía estar lejos.

Hightower condujo a la policía hasta la bufanda de la playa, perorando durante todo el trayecto acerca de que había inventado la ametralladora e incluso había llegado a inventar un sucedáneo de la fruta confitada. Luego, prediciendo el sitio exacto en que debía de estar Heslin, Hightower cogió una pala y puso manos a la obra.
“Con cuidado -le advirtió el comisario O’Brien-, no vayamos a dañarle la cara.” Pero Hightower lo tranquilizó: “Descuide, jefe, he empezado a cavar por el lado de los pies”.

Fte:
http://exapamicron.wordpress.com/page/4/