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carlos nuñez cortes (el "loco" de les luthiers)

Info8/23/2010
Carlos Núñez Cortés es un pianista, compositor y químico nacido en Buenos Aires, Argentina, el 15 de octubre de 1942. Es integrante del conjunto de instrumentos informales Les Luthiers, de música y humor. su apodo es "loco".



Es concertista de piano, compositor y arreglista. A su vez es Licenciado en química. Ha sido varias veces premiado por sus partituras para obras de teatro.

Porteño descendiente de españoles y de turcos sefarditas, se trata, tal vez, del luthier más puro del grupo, ya que aúna cualidades musicales (es concertista de piano y compositor), es un actor dotado de cualidades mímicas muy destacables y gran flexibilidad, y además el más comprometido con la construcción de los instrumentos informales de Les Luthiers que dan el nombre y la razón de ser del conjunto.

Es necesario además mencionar que se trata de un infatigable malacólogo (experto en caracoles marinos), con una colección personal que que se compone de nada menos que 4000 caracoles marinos. Ha publicado un libro sobre este tema: Cien caracoles argentinos, en colaboración con Tito Narosky.

Los aficionados le deben además gratitud por dos asuntos importantes: es él quien ha coordinado e impulsado la grabación en vídeo y DVD de la mayor parte de los espectáculos de Les Luthiers, y quien ha facilitado material y datos a los constructores de numerosas páginas web.

También ha escrito un libro llamado "Los juegos de mastropiero" que explica detalladamente juegos de palabras y demás cosas relacionadas con lengua y con Les Luthiers. Se caracteriza por la fluidez en que puede ser leído y por el humor con el que está escrito.




- otras biografias:





Doctor en Química. concertista de piano, compositor y arreglista. Varias veces premiado por partituras para obras de teatro.



Tenía 19 años y cursaba mi segundo año de facultad, cuando una vez frente a un intrincado enunciado de análisis matemático (esos descubiertos por sabios enemigos), pensé que lo recordaría con más facilidad si le acoplaba una melodía cantable. Así lo hice... y resultó! Claro que aquello sólo fue una pequeña trampita mnemotécnica. Pense entonces si no podía ponerle música a todo un problema matemático. A todo un teorema, digamos. Entonces fui a mi biblioteca, desempolvé el Repetto, Linskens y Fesquet, ubiqué el teorema de Thales y le puse música. Al día siguiente les canté mi teorema a un grupito de locos lindos del coro de Ingeniería. Me lo festejaron. Así entré en Les Luthiers.








“Un día, en una reunión, mis padres me vieron tocando el piano con cierta soltura y se quedaron pasmados. No estaban enterados ni se lo imaginaban. Yo tenía siete años”, recuerda Núñez Cortés.
Por aquel entonces vivía con su familia en Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones. Su padre era relojero, hijo de españoles, y su madre tenía ascendencia turca.
“Mi madre, si bien nunca había estudiado música, tenía un oído excepcional y cantaba como una soprano ligera. Recuerdo que de pequeños nos cantaba canciones sefaraditas en antiguo judeo español”, dice.
Cerca de su casa en Posadas, vivía un compañero de colegio cuya familia tenía un piano. “Cada vez que iba a su casa, me encantaba sentarme ante ese instrumento e improvisar las canciones de moda”, evoca. La hermana de su compañero, que era profesora de piano, le dio sus primeras lecciones. A partir de allí nunca dejó de aprender. A lo largo de los años realizó estudios sistemáticos con diferentes profesores particulares. Fue así como se transformó en concertista de piano.
De adolescente, se trasladó con su familia a Buenos Aires. Al terminar el colegio secundario, decidió estudiar ciencias químicas e ingresó a la universidad en 1960. Allí, se le ocurrió, junto con otros compañeros, formar un coro polifónico, lo que dio origen al coro de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, que dirigió el maestro Juan Schultis. Más adelante ingresó como tenor en el coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (1965).
Desde fines de ese mismo año pasó a formar parte del conjunto humorístico I Musicisti, y en 1969 –dos años después de recibirse de bioquímico- se sumó a Les Luthiers. Allí pudo canalizar no sólo su habilidad como pianista, sino también su talento compositivo. Fue el creador de varias obras emblemáticas del conjunto, como el Teorema de Thales y el Concerto grosso alla rustica. Este último sería interpretado por Les Luthiers junto con el Ensamble Buenos Aires (1972), la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón (1986), la Camerata Bariloche (2000) y la Orquesta Filarmónica de Madrid (2004).
En Les Luthiers pudo canalizar también sus habilidades actorales. Fuertemente influenciado por Charles Chaplin, encarnó a distintos personajes que deleitaron a la audiencia del conjunto y, curiosamente, tuvieron un gran impacto sobre el público infantil.
Desde un comienzo evidenció un gran interés en la construcción de instrumentos. A su propia autoría se deben el tubófono silicónico cromático, el narguilófono y el glamocot. En colaboración con Carlos Iraldi construyó varios de los instrumentos más espectaculares de Les Luthiers, como el órgano de campaña, la marimba de cocos, la gaita de cámara y la mandocleta.
Fuera del conjunto, se destacó como concertista de piano y arreglador. Compuso canciones para distintas obras de teatro (entre ellas Corazón de bizcochuelo, de Enrique Pinti, y El fantoche lusitano, de Peter Weiss).
Su pasión por la biología y el buceo lo llevaron a reunir una colección de caracoles marinos con más de 4.000 ejemplares de todos los mares del mundo. Junto con Tito Narosky, fue coautor del libro Cien caracoles argentinos (Editorial Albatros, 1997).
Los juegos de ingenio y los acertijos son otros de sus hobbies. Colaboró con distintas revistas de estas especialidades y periódicamente organiza entretenimientos para las listas de Internet de amigos y fans de Les Luthiers.




- una increible entrevista a nuñez

(Por Alejo Santander)

A.S.:
-Qué opinión te merece el humor que se está haciendo actualmente en Argentina?

C.N.C.:
-Uh... bueno... ese es un tema espinoso, porque la respuesta es que no me gusta. No me gusta prácticamente ning ún humor de los que se están haciendo en Argentina. Si nos atenemos a lo que se ve en televisión abierta, que es digamos lo que más o menos está asequible a la gente, es lamentable. No me gusta nada de nada, me parece un humor zafio, grosero, que apela a las cosas más desagradables, más tristes del ser humano.

A.S.:
-Y cómo es el humor que hace Les Luthiers?

C.N.C.:
-Nosotros de vez en cuando decimos que es un humor inteligente. Más que inteligente diría que es un humor logrado, por elementos inteligentes o con elementos puros. Jugamos mucho con el idioma, por ejemplo nos encantan los juegos de palabras, los retruécanos, los dobles sentidos, todo aquello que te da la ambiguedad de la lengua castellana. Nosotros allí encontramos un fabuloso terreno, un patio para jugar con el idioma y con las palabras. A eso le agregamos la música y las parodias musicales, más o menos ahí esta dada la combinación, la fórmula del humor de Les Luthiers, un humor inteligente donde jugamos con el idioma y además usamos la música.

A.S.:
-¿Cómo es la repercusión de Les Luthiers en otros países?

C.N.C.:
-Te digo que es tanto o mayor que en Argentina. Por ejemplo en España casi te diría que nos va mejor, con lo que eso significa. Imaginate que nosotros estamos llenando todas las noches el teatro Gran Rex, que es el teatro más grande que hay aquí y en España también lo hacemos.

A.S.:
-¿Participás activamente en la producción de instrumentos, no es cierto?

C.N.C.:
-Sí, participo en la construcción de los instrumentos, digamos que soy el responsable del grupo en el departamento de instrumentos informales.Toda la vida lo he hecho, inclusive construí instrumentos yo solito, y muchos, la mayor parte de ellos. Siempre colaboré con Carlos Iraldi, nuestro primer luthier, que falleció hace algunos años. Ahora estoy trabajando con Hugo Domínguez en la construcción, claro que Hugo también trabaja solo.

A.S.:
-Carlos, remontando un poco en el tiempo, ¿cómo vivió Les Luthiers la época de la dictadura militar, un período donde estaban pasando por un buen momento como grupo, pero en el país sucedía todo lo contrario?.

C.N.C.:
-Bueno, a nosotros nos tocó como le tocó a todo el mundo, nos agarró justo, porque en esos años estábamos despegando, pero mágicamente no se metieron con nosotros, salvo algún que otro apriete, alguna invasión por parte de la policía en la casa de uno, que empieza a revolver todo para ver si encontraban algo. Se estilaba mucho en esa época meterse de golpe en tu casa, ponerla patas para arriba para buscar cosas. Salvo eso, tuvimos suerte de que no se metieron con nosotros. Hubo algunos tirones de oreja con respecto a algunas obras que habíamos escrito que eran medio "pecaditos de juventud", como La Fuga del Subsecretario del Cabo 1ro López y qué sé yo, que nos dijeron "no jodan con eso", pero tuvimos suerte, además nos cuidamos mucho.

A.S.:
-Corregime si me equivoco: el general Videla asistía a sus shows?

C.N.C.:
-Sí, siempre venía, si, y además lo duro era que después nos quería ver y saludar y tomar un café con nosotros y demás, y había que prestarse a esto.

A.S.:
-¿Y cómo les caía eso a ustedes?

C.N.C.:
-El tipo venía muy respetuosamente con toda su familia sus hijos, sus yernos, yernas, etc., al Coliseo cuando estábamos y venía a los camarines y nos saludaba, era fanático, le gustaba ir a ver a Les Luthiers, pero claro, nosotros no éramos fanáticos de él.

A.S.:
-Qué cosas le agradeces a Les Luthiers y de qué cosas por ahí sentís que te privó, si es que te privó de algo?

C.N.C.:
-Me priv. de algunas cositas, por supuesto, por ejemplo la maravilla de poder decidir lo que se me antoje, en Les Luthiers no se puede hacer eso. Somos un grupo de 5 muy democrático, donde todas las cosas son colegiadas, se vota, hay mayoría. Pero Les Luthiers me ayudó muchísimo en mi carrera profesional. Una de ellas es tocar el piano, que siempre me gustó. Me dio la oportunidad de subir a un escenario y hacer reír a 3.000 personas con mis morisquetas, eso te da una satisfacción increíble. Y de la última cosa que también le estoy agradecido es que la gente me conoce, me reconoce y me agradece. Esa devolución del público es muy linda, aumenta tu autoestima, te reconcilia con la vida. Yo creo que estoy haciendo una labor que a mucha gente le viene bien, la hace feliz y me lo devuelve.



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