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De pactos con el diablo y otras cuestiones

Info•10/25/2010

¿Qué quieres de mí, espíritu maligno?
¿Tengo que escribir con buril, cincel, pluma?
Firmarás con una gotita de tu sangre.
Dialogo Fausto-Mefistófeles


A propósito de la parafernalia de estos días, provocada por el sincretismo cultural del día de muertos/halloween, pueden traerse a colación diversos aspectos de carácter jurídico que rondan al cine de horror, desde los abogados de corte satánico, los pactos sangrientos, las ventas de almas y sus correspondientes litigios, los juicios del fin del mundo, hasta las reglas (en algunos casos auténticas normas de derecho) que rigen al más allá y sus seres sobrenaturales. Amplios tópicos, pero por ahora hablemos aquí de un cliché en el cine de carácter netamente jurídico: los pactos con Lucifer.
Sin lugar a duda el personaje por antonomasia es Fausto, un mito construido en la edad media y hecho hito literario en el siglo XIX; en él se inspira una gran película del cine mudo de 1926 Fausto (en alemán Faust-Eine deutsche Volkssage) de F. W. Murnau (también director de la mítica Nosferatu de 1922). Este filme, excelso por sus increíbles y maravillosos efectos especiales, por lo impactante de su fotografía que utiliza a la perfección los claroscuros del cine en blanco y negro, por sus escenas terroríficamente impactantes (un demonio gigante esparciendo la peste en un pueblo) es probablemente el primer ejemplo cinematográfico de la firma de un contrato entre un ser humano y Satanás, el contenido del papiro, como en la novela, es signado con sangre del propio protagonista.
En el cine hollywoodense los ejemplos de esta naturaleza son clásicos. Ya sea en un cruce de caminos, bajo solemnes o sencillos ritos satánicos, a cambio de cualquier otra veleidad humana, siempre hay alguien dispuesto a una transacción con el más allá: desde Robert Johnson que la cambió por ser el mejor blusero (leyenda retomada en Croosroads, 1986; musicalizada por cierto por el genial Ry Cooder) la sed de venganza tanto del antihéroe de comic Spawn (1997) como del villano Freddy Krueger (la saga de A Nightmare on Elm Street) la ambición de la simple Al diablo con el diablo (2000) hasta la glotonería (¡cómo no mencionarlo aunque no sea cine!) de Homero Simpson que en Treehouse of Horror IV (1993) vende su alma a cambio de una rosquilla. En el cortometraje Beat de Devil (Tony Scott, 2002) patrocinado por la BMW, actúa el rey del Soul James Brown protagonizándose a sí mismo y retando a Belcebú a una carrera (obviamente en poderosos vehículos alemanes) para replantear su contrato; como dato curioso aparece Marilyn Manson en un divertido final.
En cuanto a México, sólo traigo a colación el cortometraje Encrucijada (2002) de Rigo Mora protagonizado por Rodrigo Murray en plan de un moderno y mexicano Luzbel en Jaguar de lujo, invocado por un desdichado y miserable obrero nacional que pretende hacerse rico, pero que termina engañado.
¿Por qué darle está connotación tan jurídica, tan de derecho civil, a estos pactos? En primer lugar por una cuestión de formalidad que el común de la gente identifica íntimamente asociada con la seguridad, al grado de que se llega a pensar que un acuerdo de voluntades sin firma no es válido, creencia popular contraria a la realidad del derecho. Luego entonces, un acto tan solemne como podría ser la enajenación de un espíritu, se concretará a través de una firma, pues esto además de evitar la imprecisión de las prestaciones pactadas, le da publicidad al acto frente a terceros y por ende constriñe al otorgante a su cumplimiento, como dice Fausto de Goethe al reclamar que no se confíe en su palabra “¡Dichoso aquel que mantiene pura la fe en su pecho! Ningún sacrificio le pesará jamás. Pero un pergamino, escrito y sellado, es un espantajo ante el cual todo el mundo se amedrenta”. El hecho de contar con cláusulas, permite a las historias jugar con la interpretación y dar múltiples salidas a su desenlace con desafortunadas consecuencias ya para la parte terrenal como para su contraparte ultramundana. En la serie de culto La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) hay dos ejemplos de ello, en Escape Clause (1959) una mala percepción de las prestaciones condenará a la eternidad en el infierno a un hipocondriaco que creía haberse vuelto inmortal; en Printer’s Devil (1963) el propietario de un periódico en la ruina, cede su alma a cambio del éxito editorial, cuando se percata de la seriedad del pacto, logra romper el compromiso haciendo una ingeniosa interpretación.
El papel del derecho en esta clase de cintas no sólo es una cuestión colateral, sino que llega a constituirse en leit motiv de la trama; como en la vida real, un acto jurídico (en este caso un pacto) puede derivar en funestas o felices consecuencias para su creador.


Fuente: http://lajornadaaguascalientes.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=17812:ruben-diaz-lopez&catid=45
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