ENTREVISTA A Armando Raúl Bazán
“No sólo San Martín es el padre de la Patria, también lo es Güemes”
Armando Raúl Bazán es profesor y licenciado en Historia. Docente de las universidades de Catamarca y de Cuyo, miembro de la carrera de investigador y director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Además es miembro de número y vicepresidente de la Academia Nacional de la Historia y de las Academias de Historia de España, Perú, Bolivia, Brasil, Puerto Rico, Guatemala y Colombia. Es autor de diversas publicaciones literarias.
Participó en Salta en la conferencia “La epopeya del general Güemes, un camino hacia la identidad nacional” y conversó con El Tribuno sobre la trascendencia del héroe gaucho salteño en la historia nacional. El especialista destacó como logro de Güemes la definición de la frontera geopolítica, criticó a la clase política que no lee historia como a los historiadores que no investigan. Sugirió la incorporación a los planes escolares la enseñanza de la historia regional.
aqui la entrevista
Según usted, ¿qué representa el general Güemes en la historia de la Argentina?
Güemes representa la etapa de la Argentina heroica, en la que había que poner la vida al servicio de la causa de la patria y sin duda ninguna Güemes, quien en algún momento fue relegado en la estigmación de los historiadores como un simple jefe de fronteras, lo hizo. Considero que territorialmente la Argentina que conocemos la definió Güemes, cuando sostuvo el territorio argentino desde Tarija hasta el río Pasaje.
La etapa de Güemes, fue una etapa en la historia argentina que va a concluir con la organización constitucional de la Nación. Después viene la etapa de la organización y de esa Argentina que Alberdi quería que fuera industriosa y próspera, porque él en su libro “Bases y puntos de partida para la organización política a República Argentina” dice que había pasado la etapa de la Argentina heroica de los hombres de la guerra, de la independencia, de las guerras civiles, en donde se destaca el perfil heroico de las individualidades y que había llegado el momento de construir un país prospero y por eso quiso traer inmigración.
¿Cuál es la relación que existe entre la identidad y la inmigración?
Alberdi tuvo poca fe en el hombre nativo y creyó que podía mejorar cuantitativamente y cualitativamente la escasa población de un gran país, de un gran territorio. Decía que el problema de la Argentina era el desierto y por eso quiso traer extranjeros. Pero pensó en otro tipo de inmigración, pensó en franceses, alemanes o ingleses; pero vinieron de patronos, no de trabajadores.
Cuando se hace el censo del año 1914, hay unas cifras muy reveladoras. Sobre 7 millones de argentinos, 1 millón eran italianos nativos y 800.000 españoles. De tal suerte que la política inmigratoria, eso de vengan todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino, fue muy generosa, abierta, pero no fue restrictiva como la de Chile. Los chilenos tuvieron una política restrictiva en materia de inmigración.Habría que preguntarse si los argentinos o la sociedad argentina tiene una identidad o hay un pluralismo étnico cultural. Es decir, la gente del noroeste tiene la misma identidad que el hombre del Litoral fluvial, donde la mayoría de la población es de origen extranjero o la Patagonia donde hay una cosa colectiva de distintos lugares , tanto de provincias como del exterior. Es una cuestión que hay que ponerse a afinar el lápiz para poder distinguir con propiedad cuál es la identidad nacional.
¿Güemes era sólo un caudillo del norte o tenía una visión latinoamericana en su lucha?
Güemes era un caudillo y un prócer de la independencia. Habría que preguntarse si en la Junta Provisional Gubernativa, constituida el 25 de mayo de 1810, estaba la Argentina definida. Eso no fue porque todavía estaban con la tesis del juntismo español que había que preservar los territorios para el amado monarca. No hay una explícita voluntad independentista y si la hubo era una intencionalidad que estaba encubierta.
Las directivas que Artigas le dio a los diputados que mandó a la Asamblea del año XIII, quienes no fueron aceptados, decían que se declare la independencia porque estaba embozado a una voluntad independentista que no se animaba a manifestar porque estaba la diplomacia inglesa condicionando. Inglaterra era aliado de España en la guerra contra Napoleón.
Si Güemes es un prócer de la independencia, ¿Por qué estuvo tanto tiempo relegado en la historia nacional?
Por una razón que sigue teniendo gravitación mayor. La historia se hace y se escribe en la Plaza de Mayo y si no vea el mensaje que cotidianamente transmite la televisión a todo el país. Las provincias están ignoradas por los medios de comunicación metropolitanos, que en algún momento fueron nacionales. Aquí, cuando se hizo la Conferencia de Gobernadores de 1926, el gobernador Joaquín Corbalán y por iniciativa de Benjamín Villafañe, gobernador de Jujuy, La Nación, mandó a Alejandro Bunje como enviado especial y le dedicó una página a 8 columnas. Pero ahora, los corresponsales han sido suprimidos en algunas provincias. Cada vez se centraliza más la información.
¿Cuál fue la importancia de la lucha de Güemes en el norte?
De no haber sido por la acción de Güemes y del pueblo salto jujeño en la defensa de las invasiones realistas, San Martín no hubiera podido concretar la independencia de Chile con el Ejército de los Andes; hubiera tenido que salir a defender al gobierno de Buenos Aires. Merced a Güemes pudo ser la independencia de Chile y del Perú. Al no recibir Güemes apoyo para el Ejército de Observación, en el cual lo pone de jefe San Martín, fracasa la consumación de la guerra de independencia y tiene que entregarle a Bolívar el testimonio.
¿Cuál cree usted que fue uno de los logros que Güemes desarrolló con su lucha?
Definió sin proponérselo la frontera geopolítica. El ejercito auxiliar del Perú fracasa en las tres invasiones que realiza. Fracasan en junio de 1811, lo derrotan a Belgrano y lo derrotan definitivamente con el ejército a Sipe Sipe en 1915, donde se perdió el Alto Perú. Como resultado nos quedó el territorio de las actuales provincias del noroeste.
Este hombre que cumplió la estrategia sanmartiniana de defender el territorio desde Tarija hasta el río Pasaje en un frente de 400 kilómetros, sin proponérselo definió lo que es ahora territorialmente la Argentina en el norte. Fue una tarea decisiva.
El hecho de que San Martín pueda llevar el Ejército de los Andes a Chile y obtener en Maipú el triunfo decisivo que le permite declarar la independencia de Chile y luego con el apoyo de O‘Higgins ir a Perú a tomar Lima. Eso está diciendo que sin Güemes, San Martín no hubiera podido hacer lo que hizo. Es lo mismo decir que Bolívar sin Sucre hubiera terminado la guerra. Las batallas de Junín y Ayacucho no las ganó Bolívar , las ganó el mariscal Antonio José de Sucre.
Entonces, ¿Güemes, forma parte de las grandes figuras de la historia como San Martín y Belgrano?
Yo diría que hay un reduccionismo conceptual de los historiadores al decir que San Martín es el padre de la patria. Yo creo que no sólo San Martín es el padre de la patria, lo son también Belgrano y Güemes.
San Martín no es el que gana la batalla decisiva de Tucumán, sino la gana Belgrano con el apoyo de los pueblos del norte. En un sentido Mitre tuvo razón en decir que la vida de Belgrano y de la independencia Argentina no se la puede atribuir sólo a San Martín porque es un mérito de Belgrano y con una total abnegación.¿Existe otra figura que debemos tener presente los salteños?
Los salteños se olvidaron del primer independentista que hubo en la Argentina que fue José Moldes. Él era el hijo del comerciante más acaudalado de Salta. Estuvo en España formándose en la guardia del rey Carlos IV y allí tomó contacto con la logia independentista de Cádiz, donde estaba O‘Higgins, Alvear, San Martín y de ahí vino con la idea de la independencia. En su viaje de regreso estuvo trabajando por eso. En Córdoba exploró sin fruto con el con jefe de milicias Tomás Allende, en Santiago del Estero con Juan Francisco Borgues que fue el primer patriota santiagueño, en Tucumán con Nicolás Laguna a quien le gustaba la idea. En Salta había un grupo de abogados al que le gustaba la idea, con Blanco, Pedro Arias Velásquez, Mariano Boedo, quienes estaban conspirando contra el rey. Es decir que Salta había un grupo conspirativo, una logia que estaba trabajando por la independencia.
¿Hay algo más que se deba resaltar?
Los pueblos. Sin el apoyo de los pueblos, los dirigentes no logran los objetivos. Esa era también la visión que tenía Belgrano.
¿Qué opinión le merece la historia que se escribe hoy?
La historia si está sólidamente sustentada en una documentación, inobjetable, es objetiva. Eso que hacen algunos sobre interpretación de bibliografía, desconfío. Hay señores que están de moda, que escriben y que que jamás, yo creo, sentaron el trasero en el archivo. Esa es la historia comercial, la historia del negocio, en la que hay que vender 60.000 ejemplares en tres meses.
¿El segmento político lee historia?
Al segmento político no le interesa la historia. Comenzando por los senadores nacionales, porque ellos tienen la responsabilidad de velar por la autonomía de las provincias, el federalismo y no lo hacen.
¿La sociedad argentina se interesa por la historia?
Yo creo que la sociedad sí, pero hay que incorporar en el sistema educativo la enseñanza de la historia y de la geografía regional. La historia comercial tal vez despertó adeptos, pero contando una historia distorsionada.
aqui si desean leer un poco de lo que fue la vida de este procer, hasta ahora no reconocido
SEMBLANZA DE MARTÍN MIGUEL DE GüEMES
Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas familiares. A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.
En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.
Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.
Luego del desastre de Huaqui, escoltó a Juan Martín de Pueyrredón a través de la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.
En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha. Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).
En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó "la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú" que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.
Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Baste citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1.817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres. Ninguno de ellos logró concretar el objetivo que los impulsaba: llegar a Buenos Aires y recuperar el dominio del ex Virreynato del Río de la Plata.
Por tan meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú. Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron. Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.
Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.
Rodeado de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años. Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.
Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta. Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.
La guerra Gaucha
“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”
Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.
¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.
Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.
Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:
-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? - le observan.
- Con las que les quitemos, pues!
Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.
En Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.
“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.
Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación. Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.
Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje. Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.
Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños... desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.
Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.
Las invasiones realistas
Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones al mando de destacados jefes. La primera fue la del experimentado mariscal De la Serna, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los coroneles Padilla y Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos (Salta) y Rosario de Lerma. Pero Güemes lo dejó incomunicado con sus bases ocupando Humahuaca, venció a uno de sus regimientos en San Pedrito, y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna tuvo que retirarse, hostigado todo el tiempo por las partidas gauchas.
Meses después, el general Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el general Fernández Campero, popularmente conocido como el Marqués de Yavi, jefe de la defensa de la Puna. Pero no pudo pasar más allá de Jujuy.
Hubo una nueva invasión en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra más en 1819, mandada por Olañeta. La más importante fue la mandó el segundo de De la Serna, general Juan Ramírez Orozco que en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.
Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban el Marqués de Yavi Juan José Feliciano Fernández Campero; el coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de Orán, y se conoció como Línea del Pasaje.
Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada.
El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca entraba en combate; nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por eso sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaron de cobarde. No era cobarde: era hemofílico. Cualquier herida le hubiera causado la muerte; de hecho, una herida sin importancia le causaría la muerte.
La Muerte de Martín de Güemes:
La muerte del Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones de los enemigos internos.
En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.
Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.
Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. ¡la llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores’.
Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.
A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.
El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo. Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.
El último año de Güemes
Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.
Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucumán. Pero éstas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.
A principios de 1821, el gobernador de Santiago, Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia (tucumano), fue derrotado por el tucumano al mando de Arias (que era salteño, extraña coincidencia).
El cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.
Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho” Valdez por un camino desierto de la Puna, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad, pero su herida, como cualquier herida profunda de un hemofílico, nunca cicatrizó.
Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a la intemperie, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, en la Cañada de la Horqueta (cerca de la ciudad de Salta). Tenía 36 años y fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.
La gloria póstuma
Monumento a Güemes en Salta.Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta; la guerra gaucha seguía funcionando. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes, aunque no llegó a verlo, finalmente venció a sus enemigos.
En Buenos Aires, la noticia del fallecimiento del general Güemes fue publicada bajo el título "Ya tenemos un cacique menos"; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas.
Durante la mayor parte del siglo XIX, tanto en Salta como en el resto de la Argentina, la figura de Güemes fue interpretada solamente como la de un caudillo, que había soliviantado a las masas campesinas contra las clases altas de la sociedad; esta "falta" era apenas disminuida por el patriotismo demostrado a lo largo de su carrera militar. Sólo a principios del siglo XX, esa imagen comenzó a cambiar, a través de su más conocido biógrafo, Bernardo Frías, que presentó la vida de un jefe militar y político patríotico y desinteresado, capaz de movilizar a la masas en contra del enemigo, aunque no intentó librarse de la visión elitista de la sociedad, que mostraba poco aprecio por sus gauchos. Sólo a partir de ese momento, Güemes comenzó a aparecer como el esforzado y heroico jefe de la frontera norte, héroe absoluto de la provincia de Salta.
Calle Gral. Martín Miguel de Güemes en la localidad bonaerense de Vicente López, en el partido homónimo.Su gesta militar fue recordada por el escritor Leopoldo Lugones como la Guerra Gaucha, nombre con que se la conoce desde entonces. Una de sus biografías más extensas es la de Atilio Cornejo, que sigue la línea tradicional, así como la monumental obra "Güemes documentado", de su descendiente Luis Güemes, en 13 tomos.
En el último tercio del siglo XX, comenzó también a verse a Güemes como un protector de los pobres de su provincia, coincidiendo con estudios similares respecto de los caudillos federales. Solamente a principios del siglo XXI comenzaron a ser estudiadas en profundidad las características políticas de su gobierno, la estructura de lealtades en que se apoyaba y las razones de sus enemigos internos.
Militarmente, la actuación de Güemes en la guerra de la Independencia argentina fue absolutamente crucial: sin su estrategia, no hubiera sido posible defender el norte del país después de tres derrotas, ni hubieran sido posibles las campañas de San Martín. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy y su campaña defendieron al resto de la Argentina sin ayuda exterior.
Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la catedral basílica de Salta.
hay una pelicula realizada que muestra de gran manera la vida de Guemes, la misma se titula la tierra en armas y si la encuentro la posteare para descargarla
y demas partes que encontre en tooooda la web
“No sólo San Martín es el padre de la Patria, también lo es Güemes”
Armando Raúl Bazán es profesor y licenciado en Historia. Docente de las universidades de Catamarca y de Cuyo, miembro de la carrera de investigador y director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Además es miembro de número y vicepresidente de la Academia Nacional de la Historia y de las Academias de Historia de España, Perú, Bolivia, Brasil, Puerto Rico, Guatemala y Colombia. Es autor de diversas publicaciones literarias.
Participó en Salta en la conferencia “La epopeya del general Güemes, un camino hacia la identidad nacional” y conversó con El Tribuno sobre la trascendencia del héroe gaucho salteño en la historia nacional. El especialista destacó como logro de Güemes la definición de la frontera geopolítica, criticó a la clase política que no lee historia como a los historiadores que no investigan. Sugirió la incorporación a los planes escolares la enseñanza de la historia regional.
aqui la entrevista
Según usted, ¿qué representa el general Güemes en la historia de la Argentina?
Güemes representa la etapa de la Argentina heroica, en la que había que poner la vida al servicio de la causa de la patria y sin duda ninguna Güemes, quien en algún momento fue relegado en la estigmación de los historiadores como un simple jefe de fronteras, lo hizo. Considero que territorialmente la Argentina que conocemos la definió Güemes, cuando sostuvo el territorio argentino desde Tarija hasta el río Pasaje.
La etapa de Güemes, fue una etapa en la historia argentina que va a concluir con la organización constitucional de la Nación. Después viene la etapa de la organización y de esa Argentina que Alberdi quería que fuera industriosa y próspera, porque él en su libro “Bases y puntos de partida para la organización política a República Argentina” dice que había pasado la etapa de la Argentina heroica de los hombres de la guerra, de la independencia, de las guerras civiles, en donde se destaca el perfil heroico de las individualidades y que había llegado el momento de construir un país prospero y por eso quiso traer inmigración.
¿Cuál es la relación que existe entre la identidad y la inmigración?
Alberdi tuvo poca fe en el hombre nativo y creyó que podía mejorar cuantitativamente y cualitativamente la escasa población de un gran país, de un gran territorio. Decía que el problema de la Argentina era el desierto y por eso quiso traer extranjeros. Pero pensó en otro tipo de inmigración, pensó en franceses, alemanes o ingleses; pero vinieron de patronos, no de trabajadores.
Cuando se hace el censo del año 1914, hay unas cifras muy reveladoras. Sobre 7 millones de argentinos, 1 millón eran italianos nativos y 800.000 españoles. De tal suerte que la política inmigratoria, eso de vengan todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino, fue muy generosa, abierta, pero no fue restrictiva como la de Chile. Los chilenos tuvieron una política restrictiva en materia de inmigración.Habría que preguntarse si los argentinos o la sociedad argentina tiene una identidad o hay un pluralismo étnico cultural. Es decir, la gente del noroeste tiene la misma identidad que el hombre del Litoral fluvial, donde la mayoría de la población es de origen extranjero o la Patagonia donde hay una cosa colectiva de distintos lugares , tanto de provincias como del exterior. Es una cuestión que hay que ponerse a afinar el lápiz para poder distinguir con propiedad cuál es la identidad nacional.
¿Güemes era sólo un caudillo del norte o tenía una visión latinoamericana en su lucha?
Güemes era un caudillo y un prócer de la independencia. Habría que preguntarse si en la Junta Provisional Gubernativa, constituida el 25 de mayo de 1810, estaba la Argentina definida. Eso no fue porque todavía estaban con la tesis del juntismo español que había que preservar los territorios para el amado monarca. No hay una explícita voluntad independentista y si la hubo era una intencionalidad que estaba encubierta.
Las directivas que Artigas le dio a los diputados que mandó a la Asamblea del año XIII, quienes no fueron aceptados, decían que se declare la independencia porque estaba embozado a una voluntad independentista que no se animaba a manifestar porque estaba la diplomacia inglesa condicionando. Inglaterra era aliado de España en la guerra contra Napoleón.
Si Güemes es un prócer de la independencia, ¿Por qué estuvo tanto tiempo relegado en la historia nacional?
Por una razón que sigue teniendo gravitación mayor. La historia se hace y se escribe en la Plaza de Mayo y si no vea el mensaje que cotidianamente transmite la televisión a todo el país. Las provincias están ignoradas por los medios de comunicación metropolitanos, que en algún momento fueron nacionales. Aquí, cuando se hizo la Conferencia de Gobernadores de 1926, el gobernador Joaquín Corbalán y por iniciativa de Benjamín Villafañe, gobernador de Jujuy, La Nación, mandó a Alejandro Bunje como enviado especial y le dedicó una página a 8 columnas. Pero ahora, los corresponsales han sido suprimidos en algunas provincias. Cada vez se centraliza más la información.
¿Cuál fue la importancia de la lucha de Güemes en el norte?
De no haber sido por la acción de Güemes y del pueblo salto jujeño en la defensa de las invasiones realistas, San Martín no hubiera podido concretar la independencia de Chile con el Ejército de los Andes; hubiera tenido que salir a defender al gobierno de Buenos Aires. Merced a Güemes pudo ser la independencia de Chile y del Perú. Al no recibir Güemes apoyo para el Ejército de Observación, en el cual lo pone de jefe San Martín, fracasa la consumación de la guerra de independencia y tiene que entregarle a Bolívar el testimonio.
¿Cuál cree usted que fue uno de los logros que Güemes desarrolló con su lucha?
Definió sin proponérselo la frontera geopolítica. El ejercito auxiliar del Perú fracasa en las tres invasiones que realiza. Fracasan en junio de 1811, lo derrotan a Belgrano y lo derrotan definitivamente con el ejército a Sipe Sipe en 1915, donde se perdió el Alto Perú. Como resultado nos quedó el territorio de las actuales provincias del noroeste.
Este hombre que cumplió la estrategia sanmartiniana de defender el territorio desde Tarija hasta el río Pasaje en un frente de 400 kilómetros, sin proponérselo definió lo que es ahora territorialmente la Argentina en el norte. Fue una tarea decisiva.
El hecho de que San Martín pueda llevar el Ejército de los Andes a Chile y obtener en Maipú el triunfo decisivo que le permite declarar la independencia de Chile y luego con el apoyo de O‘Higgins ir a Perú a tomar Lima. Eso está diciendo que sin Güemes, San Martín no hubiera podido hacer lo que hizo. Es lo mismo decir que Bolívar sin Sucre hubiera terminado la guerra. Las batallas de Junín y Ayacucho no las ganó Bolívar , las ganó el mariscal Antonio José de Sucre.
Entonces, ¿Güemes, forma parte de las grandes figuras de la historia como San Martín y Belgrano?
Yo diría que hay un reduccionismo conceptual de los historiadores al decir que San Martín es el padre de la patria. Yo creo que no sólo San Martín es el padre de la patria, lo son también Belgrano y Güemes.
San Martín no es el que gana la batalla decisiva de Tucumán, sino la gana Belgrano con el apoyo de los pueblos del norte. En un sentido Mitre tuvo razón en decir que la vida de Belgrano y de la independencia Argentina no se la puede atribuir sólo a San Martín porque es un mérito de Belgrano y con una total abnegación.¿Existe otra figura que debemos tener presente los salteños?
Los salteños se olvidaron del primer independentista que hubo en la Argentina que fue José Moldes. Él era el hijo del comerciante más acaudalado de Salta. Estuvo en España formándose en la guardia del rey Carlos IV y allí tomó contacto con la logia independentista de Cádiz, donde estaba O‘Higgins, Alvear, San Martín y de ahí vino con la idea de la independencia. En su viaje de regreso estuvo trabajando por eso. En Córdoba exploró sin fruto con el con jefe de milicias Tomás Allende, en Santiago del Estero con Juan Francisco Borgues que fue el primer patriota santiagueño, en Tucumán con Nicolás Laguna a quien le gustaba la idea. En Salta había un grupo de abogados al que le gustaba la idea, con Blanco, Pedro Arias Velásquez, Mariano Boedo, quienes estaban conspirando contra el rey. Es decir que Salta había un grupo conspirativo, una logia que estaba trabajando por la independencia.
¿Hay algo más que se deba resaltar?
Los pueblos. Sin el apoyo de los pueblos, los dirigentes no logran los objetivos. Esa era también la visión que tenía Belgrano.
¿Qué opinión le merece la historia que se escribe hoy?
La historia si está sólidamente sustentada en una documentación, inobjetable, es objetiva. Eso que hacen algunos sobre interpretación de bibliografía, desconfío. Hay señores que están de moda, que escriben y que que jamás, yo creo, sentaron el trasero en el archivo. Esa es la historia comercial, la historia del negocio, en la que hay que vender 60.000 ejemplares en tres meses.
¿El segmento político lee historia?
Al segmento político no le interesa la historia. Comenzando por los senadores nacionales, porque ellos tienen la responsabilidad de velar por la autonomía de las provincias, el federalismo y no lo hacen.
¿La sociedad argentina se interesa por la historia?
Yo creo que la sociedad sí, pero hay que incorporar en el sistema educativo la enseñanza de la historia y de la geografía regional. La historia comercial tal vez despertó adeptos, pero contando una historia distorsionada.
aqui si desean leer un poco de lo que fue la vida de este procer, hasta ahora no reconocido
SEMBLANZA DE MARTÍN MIGUEL DE GüEMES
Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas familiares. A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.
En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.
Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.
Luego del desastre de Huaqui, escoltó a Juan Martín de Pueyrredón a través de la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.
En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha. Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).
En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó "la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú" que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.
Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Baste citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1.817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres. Ninguno de ellos logró concretar el objetivo que los impulsaba: llegar a Buenos Aires y recuperar el dominio del ex Virreynato del Río de la Plata.
Por tan meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú. Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron. Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.
Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.
Rodeado de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años. Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.
Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta. Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.
La guerra Gaucha
“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”
Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.
¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.
Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.
Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:
-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? - le observan.
- Con las que les quitemos, pues!
Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.
En Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.
“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.
Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación. Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.
Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje. Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.
Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños... desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.
Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.
Las invasiones realistas
Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones al mando de destacados jefes. La primera fue la del experimentado mariscal De la Serna, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los coroneles Padilla y Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos (Salta) y Rosario de Lerma. Pero Güemes lo dejó incomunicado con sus bases ocupando Humahuaca, venció a uno de sus regimientos en San Pedrito, y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna tuvo que retirarse, hostigado todo el tiempo por las partidas gauchas.
Meses después, el general Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el general Fernández Campero, popularmente conocido como el Marqués de Yavi, jefe de la defensa de la Puna. Pero no pudo pasar más allá de Jujuy.
Hubo una nueva invasión en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra más en 1819, mandada por Olañeta. La más importante fue la mandó el segundo de De la Serna, general Juan Ramírez Orozco que en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.
Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban el Marqués de Yavi Juan José Feliciano Fernández Campero; el coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de Orán, y se conoció como Línea del Pasaje.
Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada.
El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca entraba en combate; nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por eso sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaron de cobarde. No era cobarde: era hemofílico. Cualquier herida le hubiera causado la muerte; de hecho, una herida sin importancia le causaría la muerte.
La Muerte de Martín de Güemes:
La muerte del Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones de los enemigos internos.
En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.
Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.
Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. ¡la llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores’.
Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.
A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.
El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo. Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.
El último año de Güemes
Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.
Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucumán. Pero éstas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.
A principios de 1821, el gobernador de Santiago, Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia (tucumano), fue derrotado por el tucumano al mando de Arias (que era salteño, extraña coincidencia).
El cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.
Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho” Valdez por un camino desierto de la Puna, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad, pero su herida, como cualquier herida profunda de un hemofílico, nunca cicatrizó.
Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a la intemperie, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, en la Cañada de la Horqueta (cerca de la ciudad de Salta). Tenía 36 años y fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.
La gloria póstuma
Monumento a Güemes en Salta.Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta; la guerra gaucha seguía funcionando. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes, aunque no llegó a verlo, finalmente venció a sus enemigos.
En Buenos Aires, la noticia del fallecimiento del general Güemes fue publicada bajo el título "Ya tenemos un cacique menos"; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas.
Durante la mayor parte del siglo XIX, tanto en Salta como en el resto de la Argentina, la figura de Güemes fue interpretada solamente como la de un caudillo, que había soliviantado a las masas campesinas contra las clases altas de la sociedad; esta "falta" era apenas disminuida por el patriotismo demostrado a lo largo de su carrera militar. Sólo a principios del siglo XX, esa imagen comenzó a cambiar, a través de su más conocido biógrafo, Bernardo Frías, que presentó la vida de un jefe militar y político patríotico y desinteresado, capaz de movilizar a la masas en contra del enemigo, aunque no intentó librarse de la visión elitista de la sociedad, que mostraba poco aprecio por sus gauchos. Sólo a partir de ese momento, Güemes comenzó a aparecer como el esforzado y heroico jefe de la frontera norte, héroe absoluto de la provincia de Salta.
Calle Gral. Martín Miguel de Güemes en la localidad bonaerense de Vicente López, en el partido homónimo.Su gesta militar fue recordada por el escritor Leopoldo Lugones como la Guerra Gaucha, nombre con que se la conoce desde entonces. Una de sus biografías más extensas es la de Atilio Cornejo, que sigue la línea tradicional, así como la monumental obra "Güemes documentado", de su descendiente Luis Güemes, en 13 tomos.
En el último tercio del siglo XX, comenzó también a verse a Güemes como un protector de los pobres de su provincia, coincidiendo con estudios similares respecto de los caudillos federales. Solamente a principios del siglo XXI comenzaron a ser estudiadas en profundidad las características políticas de su gobierno, la estructura de lealtades en que se apoyaba y las razones de sus enemigos internos.
Militarmente, la actuación de Güemes en la guerra de la Independencia argentina fue absolutamente crucial: sin su estrategia, no hubiera sido posible defender el norte del país después de tres derrotas, ni hubieran sido posibles las campañas de San Martín. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy y su campaña defendieron al resto de la Argentina sin ayuda exterior.
Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la catedral basílica de Salta.
hay una pelicula realizada que muestra de gran manera la vida de Guemes, la misma se titula la tierra en armas y si la encuentro la posteare para descargarla
y demas partes que encontre en tooooda la web