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Flashforward: Un reto al destino

Info2/28/2010
Un reto al destino




"Flashforward" se perfila como la verdadera sustituta de "Lost"


Más cercana a la serie Héroes que a Lost, Flashforward fue creada por dos chicos cuarentones de nombre Brannon Braga y David S. Goyer, amantes de la ciencia ficción, adoradores de las novelas de Isaac Asimov, y fieles seguidores de literatura de Arthur C. Clarke (2001: Odisea del espacio), amén de colaboradores activos de sagas como Star Trek (el primero) y de Batman Begins y El caballero de la noche (el segundo).

Dos completos freaks que aseguran haber experimentado una revelación divina tras leer novela Flashforward, del escritor canadiense Robert J. Sawyer, la cual decidieron convertir, con la ayuda de Mark Guggenheim (cuyos créditos incluyen Eli Stone), al formato de teleserie con el aval económico de ABC justo cuando se comenzaba a pensar que nada podría superar el éxito de Lost.

¿El resultado? Un interesante tratado filosófico acerca del destino, ananké para los griegos, fatum para los romanos, revestido con las técnicas más elementales del género policial, y perfectamente empaquetado para la pantalla chica por este trío de geniecillos de la nueva ciencia ficción que logró convencer a ABC de gastar siete millones de dólares en el primer capítulo la serie, No More Good Days, esto es, casi el doble de lo que costó el primer capítulo de Lost.



Ni tanto dinero para quienes comenzaron a medir los primeros resultados con números de audiencia: 12,5 millones de personas se quedaron literalmente pegados al televisor con la espeluznante catástrofe que se desata cuando todos los habitantes del planeta experimentan la pérdida del conocimiento durante 2 minutos y 17 segundos (en el libro original son tan solo 1 minuto y 43 segundos).

Un catastrófico apagón mental que, además de arrojar un saldo de 25 millones de personas fallecidas en accidentes aéreos, desastres automovilísticos y tragedias de trenes sólo comparable a las tragedias ocasionadas por Roland Emmerich en Día de independencia y 2012; desata una reflexión globalizada de los sobrevivientes acerca del destino.

¿Existe el destino? ¿acaso nacemos con una historia de vida escrita con caligrafía Palmer? ¿venimos al mundo para cumplir una misión? Son algunas de las interrogantes que se harán los personajes tras experimentar, en esos mismos 2 minutos y 17 segundos, algunas visiones -flashforwards en lenguaje cinematográfico- de lo que será el futuro seis meses más tarde (en el libro son 21 años después).



Es en esos 2 minutos que el agente del FBI de Los Ángeles Mark Benford (Joseph Fiennes) descubre que su misión a futuro es investigar las causas del apagón y llegar a la conclusión junto con su equipo de que se trata de una conspiración iniciada por tres premios nobeles de física. Mientras que su esposa, la doctora Olivia Benford (Sonya Walger) se vislumbra a sí misma casada con el doctor en Física Lloyd Simcoe (Jack Davenport).

Es en esos 2 minutos y 17 segundos que el doctor Bryce Varle (Zachary Knighton), a punto de suicidarse cuando ocurre la tragedia, descubre que le quedan muchos años de vida pese su cáncer terminal. Mientras que la agente Janis Hawk (Christine Woods), soltera y homosexual, recibe la noticia de que está embarazada.

Visiones que todos comenzarán a compartir en una suerte de Facebook global creado por el FBI para dar con los responsables del apagón, y alimentado por la mayoría para consumar así su destino.

Pero hay un detalle importante que le aporta matices a la reflexión acerca del destino: no todos tienen visiones. Es el caso del agente especial Demetri Noh (John Choo), compañero de Benford, quien comienza a sospechar entonces que la falta de flashforwards no significa otra cosa que su vida terminará en cualquier momento.

Mientras que otros, como el agente Al Gough (Lee Thompson Young), se niegan a creer que exista un sino, así que decide tentarlo lanzándose desde la azotea de un edificio.



Es vértigo lo que comenzarán a sentir todos frente a lo que tienen por delante. Y al igual que sucedió con Lost, el misterio queda sembrado en los primeros capítulos.

Y los productores se han encargado de alimentarlo con excentricidades del tipo: todos los guiones vienen acompañados con sellos de agua, así que si van a parar a manos extrañas es fácil determinar quién lo puso a rodar; y los actores no tienen ni idea de cuál será el desenlace de la serie, ya que apenas reciben sus parlamentos un día antes de grabar.

Pero no todas son buenas noticias. A medida que Flashforward comenzó a subir su audiencia, se iniciaron los problemas. Primero renunció David S. Goyer para encargarse de la nueva entrega de Batman. Y le siguió Guggenheim. Así que ABC se vio obligada a detener la serie. O al menos hasta encontrar un nuevo equipo.

Y aunque lo logró con la ayuda de los guionistas de CSI New York y Criminal Intent, hay quienes ponen en duda el futuro de la serie. Será el destino el que diga la última palabra.







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