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PARTE 3


La Tierra, ¿es hueca? PARTE 3


¿Realmente se ha descubierto el polo norte?


ovnis


Al volver del Ártico en setiembre de 1909, el doctor Frederick A. Cook anunció que había llegado al Polo Norte el 21 de abril de 1908. Unos días después, el Contralmirante Robert E. Peary afirmó haber llegado al Polo Norte el 6 de abril de 1909. Cada uno de ellos lanzó acusaciones contra el otro, desautorizando mutuamente las afirmaciones hechas por ambos. Cook acusó a Peary de apropiarse de los informes que él había hecho a su regreso del Polo; sin embargo, no pudo procurar un informe escrito del viaje realizado, lo que echó sospechas sobre la veracidad de sus afirmaciones. Por lo tanto, a pesar de que Cook fue el primero en acreditarse el descubrimiento del Polo Norte, por lo general se le otorga ese crédito a Peary. Las afirmaciones de Cook fueron desacreditadas porque la altitud del sol era de unos pocos grados por encima del horizonte y estaba tan bajo en ese momento, que no tenían valor como prueba las observaciones de ese sol. Peary llegó, o afirmó llegar, al Polo Norte en abril, quince días antes de la estación y, por lo tanto, en condiciones solares más adversas. Sus cálculos están expuestos a mayor sospecha que los de Cook. Por otra parte, Cook no tenía testigos de que había hallado el Polo Norte, excepto esquimales. Lo mismo es cierto de Peary, quien no contó con testigos, por decisión propia. Ordenó a los hombres de la expedición que se quedaran atrás, mientras él iba con un solo acompañante esquimal al polo. La afirmación de Peary de haber viajado 24 kilómetros por día, provocó dudas, pero Cook decía que había viajado más de 32 kilómetros por día. La discusión de si Peary o Cook, o ninguno de los dos, descubrió el Polo Norte, aún no está terminada.
Existe un factor en el viaje de Peary al Polo Norte que provoca dudas sobre su afirmación de haber llegado: la increíble velocidad a la que sostiene haber viajado, o que hubiera tenido que lograr, para llegar y volver en el plazo que lo hizo. Al llegar al paralelo 88 grados de latitud norte, decidió hacer un último intento en cinco días. Viajó 40 kilómetros el primer día, 32 el día siguiente, 32 el tercer día, 40 el cuarto y 64 el último día. Su promedio para los cinco días fue de 41 kilómetros por día. ¿Puede un hombre caminar tan rápido en las condiciones increíblemente difíciles del área del Polo Norte, supuestamente un terreno de hielo según las descripciones de los hombres en el submarino atómico “Skate”? Sin embargo, más al sur, donde se supone que hay mejores condiciones para viajar, sólo podía viajar 32 kilómetros por día.

De estos hechos, deducimos que ni Cook ni Peary llegaron al verdadero Polo Norte, ya que, de acuerdo a las teorías presentadas en este libro, el Polo Norte no existe. Peary y Cook probablemente hayan llegado al borde magnético de la abertura o depresión polar. Tal vez Peary haya viajado la distancia que calculó como correcta para llegar al Polo Norte, pero en realidad viajó alrededor o hacia adentro de la depresión existente en esta parte del mundo (en la que entró el Almirante Byrd). Si hubiera seguido más lejos, habría seguido entrando en la abertura, sin llegar nunca al verdadero Polo.
Las sociedades científicas que consideraron las afirmaciones de Cook y Peary de haber llegado al Polo Norte, alcanzaron la conclusión de que no se podía asegurar que ninguno de los dos lo haya logrado. Cook prometió procurar notas y observaciones matemáticas para probar su afirmación, pero nunca pudo presentar nada. Sostuvo que Peary hizo que parte de su material fuera enterrado, pero con el tiempo, la fe que despertaba se transformó en escepticismo, que las afirmaciones de Peary desencadenaron. Peary cuestionó las palabras de Cook porque éste no pudo presentar datos científicos adecuados. El Contralmirante Melville de la Armada de los Estados Unidos, un explorador de larga experiencia en aquel momento, dijo lo siguiente al respecto: “Eran los alocados mensajes que supuestamente emitió Cook sobre las condiciones reinantes, y otras cosas, que me hicieron dudar de que haya encontrado el polo”.
De acuerdo al doctor Tittman, Cook y Peary no pudieron haber viajado a pie sobre hielo sólido para llegar al Polo Norte, porque casi todos los científicos concuerdan en que el polo no es así. Algunos creen que hay mar abierto allí, y otros, que hay tierra fértil. Todos los exploradores que llegaron muy al norte, encontraron mar sin hielo. En cuanto a la presencia de tierra fértil, esto sólo resultaría posible de acuerdo a nuestra teoría de la abertura polar y un sol central, ya que según la teoría de la Tierra sólida, debería hacer más frío a medida que se avanza más y más hacia el norte. Sin embargo, los exploradores árticos experimentaron lo contrario: el clima era más templado cerca del polo que más al sur. Pero, aunque el frío del polo no fuera suficiente para congelar el mar, ¿cómo podía ser lo suficientemente cálido para permitir tierra fértil, a menos que nuestra teoría sea acertada? Dado que todos los exploradores están de acuerdo en que hay mar abierto en esta región —el orificio polar— pero que hay hielo más al sur, resulta claro que Cook no llegó tan al norte como creyó hacerlo.
Cuando la Swedish Academy of Sciences and University of Copenhagen examinaron las afirmaciones de Cook, decidieron que él no había probado haber llegado al polo. Peary hizo la siguiente declaración a la prensa: “Cook no estuvo en el Polo Norte el 21 de abril de 1908 ni en ningún otro momento. Su historia no se debe tomar demasiado en serio. Los dos esquimales que lo acompañaron dicen que no recorrió distancia hacia el norte y que no salió de la vista de tierra. Otros miembros de la tribu corroboran esta versión. Sólo engañó al público”.

Estoy convencido de que Peary no llegó al Polo Norte por dos razones: 1) A pesar de toda la habladuría que hubo sobre los datos científicos que trajo consigo y ofreció como evidencia, el hecho concreto es que lo único que respalda su afirmación es su palabra, nada más; 2) se probaron como falsas todas sus otras afirmaciones de descubrimientos en el Ártico. Entonces, ¿por qué debemos aceptar la declaración, sin sostén, de que llegó al Polo?
En una audiencia del Congreso, se le preguntó al señor Tittmann, Superintendente de la U. S. Coast Survey: “¿Qué evidencia existe de que este grupo compuesto por Peary y otros llegó al polo?”. El señor Tittmann respondió: “No tengo ninguna evidencia de ello, excepto los sonidos grabados bajo su firma. Peary no trajo nada más consigo: ni testigos, ni pruebas científicas valederas, nada, excepto su palabra, para apoyar la afirmación de haber descubierto el polo. Sin embargo, tomando en cuenta que su reputación está quebrada porque todas sus demás afirmaciones sobre descubrimientos fueron falsas, no existe nada que pueda demostrar que se haya acercado siquiera al polo en algún momento”.
Debido a la acción irregular de la brújula en la región polar y a que el sol apenas había salido del horizonte cuando los dos exploradores estuvieron allí, lo cual dificulta tomar medidas en una región donde resulta fácil perderse debido a la dificultad de ubicar la posición, es probable que ni Cook ni Peary hayan encontrado el Polo Norte, aunque hayan creído hacerlo. Esto se ve confirmado en que todos los exploradores árticos encontraron condiciones más cálidas y mar abierto muy al norte, mientras que ellos dos dijeron viajar sobre hielo. Ello indicaría que estaban más al sur. Si hubieran seguido hacia el norte, habrían hallado mar sin hielo. Con respecto a esto, Marshall B. Gardner escribe lo siguiente en A Journey to the Earth’s Interior or Haue the Potes Really Be-en Discovered?: “Si (Cook y Peary) hubieran ido más al norte, habrían hallado mar sin hielo y temperaturas en ascenso. Si hubieran dispuesto de botes, habrían podido navegar en ese mar y, habría quedado claro el camino a la meta y a la verdad. Habrían visto el sol central de la tierra brillando, inclusive en invierno, las veinticuatro horas del día. Habrían descubierto nuevos continentes y océanos, un nuevo mundo de tierra y agua y formas de vida, algunas que han desaparecido de la faz del globo. Sin embargo, no era el destino. El descubrimiento de aquella nueva tierra quedó para aquellos que. con la teoría expuesta en este libro y armados de medios seguros para viajar en el Ártico, como el aeroplano y dirigibles, volarán sobre la eterna barrera de hielo hasta un mar más cálido y más allá, hasta llegar a un dominio de sol perpetuo.”
El reclamo de Gardner fue confirmado por las dos expediciones del Almirante Byrd, quien viajó en aeroplano a través de las aberturas en los polos norte y sur y llegó a esta tierra cálida, donde vio nuevas y extrañas formas de vida animal, además de vegetación, montañas y lagos.

El origen subterraneo de los OVNIS




La concepción presentada en este libro, de que la tierra es hueca, conforma la teoría más razonable acerca del origen de los platillos voladores, mucho más lógica que creer en el origen interplanetario. Por esta razón los expertos más destacados en platillos voladores, como Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucera, y Gray Barker, un conocido escritor del tema, han aceptado la teoría del origen subterráneo contra la idea de que provienen de otros planetas. Esta teoría se originó en Brasil y luego la aceptaron expertos estadounidenses en platillos voladores.
En 1957, mientras revisaba material en una librería en Sao Paulo, Brasil, este autor encontró un libro de O. C. Huguenin, que le llamó la atención. Se llama From the Súbterranean World to the Sky: Flying Saucers. La tesis del libro sostiene que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino que son de origen terrestre y provienen de una raza subterránea que habita el interior de la Tierra. En un principio este autor no pudo aceptar esta extraña y poco ortodoxa teoría con respecto al origen de los platillos voladores. Parecía improbable e imposible, y que requeriría la existencia de una cavidad de increíble tamaño dentro de la tierra, donde pudieran volar a una impresionante velocidad. Es más, esta cavidad debería ser tan grande como para hacer que la tierra fuera una esfera hueca. En ese momento, este autor aún no había tomado contacto con los increíbles libros de William Reed y Marshall B. Gardner, que se basan en la evidencia de los exploradores árticos para probar que la tierra es hueca con aberturas en los polos y un diámetro de 9.350 kilómetros en el interior, lo suficientemente grande para que los platillos voladores puedan volar allí.
Sin embargo, la teoría de Huguénin sobre el origen subterráneo de los platillos voladores no era original. El primero en manifestar esta idea fue el profesor Henrique José de Souza, presidente de la Sociedad Teosófica de Brasil, con oficina central en Sao Lourenco en el estado de Minas Gerais. Allí, hay un enorme templo de estilo griego, dedicado a “Agharta”, la palabra budista para ‘mundo subterráneo’. Entre los alumnos del profesor en Sao Lourenco, estaba el señor Huguénin y el Comandante Paulo Justino Strauss, oficial de la Armada brasileña y miembro de la Sociedad Teosófica de Brasil. Se enteraron, por él, del mundo subterráneo y tomaron contacto con la idea de que aquel es el origen de los platillos voladores. Por esta razón, el señor Huguénin dedicó su libro al profesor Souza y su esposa, D. Helena Jefferson de Souza.

En el libro, Huguenin presenta los puntos de vista de Strauss sobre el origen subterráneo de los platillos voladores, en oposición a que provienen de otros planetas, de la siguiente manera: “La hipótesis del origen extraterrestre de los platillos voladores no parece aceptable. Otra posibilidad es que sean naves militares, pertenecientes a alguna nación existente en la tierra. Sin embargo, esta hipótesis queda descartada por los siguientes argumentos:

1. Si los Estados Unidos y Rusia poseyeran platillos voladores, no dejarían de anunciarlo por su valor como arma psicológica, para asegurar ventajas en el campo diplomático. Además, los fabricarían y utilizarían para propósitos militares dada su rapidez y potencia, que dejaría al enemigo casi indefenso.
2. Los Estados Unidos y la Unión Soviética no seguirían gastando grandes cantidades de dinero en la manufactura de aeroplanos comunes si tuvieran en su poder el secreto de cómo producir platillos voladores.”
Luego de presentar el argumento de que los platillos voladores no provienen de una nación existente y su opinión de que no son de origen interplanetario, Huguenin cita a Strauss en cuanto al origen de un mundo subterráneo. Escribe lo siguiente: “Por último, debemos considerar la teoría más reciente e interesante para explicar el origen de los platillos voladores: la existencia de un gran mundo subterráneo con innumerables ciudades, donde viven millones de habitantes. Esta otra humanidad debe haber llegado a un grado muy avanzado de civilización, organización económica y social y desarrollo cultural y espiritual, junto con un progreso científico extraordinario. En comparación con ella, la humanidad que vive en la superficie de la Tierra puede parecer una raza de bárbaros. La idea de la existencia de un mundo subterráneo puede alarmar a muchos. Para otros, puede sonar absurda e imposible; dicen: ‘pues, si existiera, ya habría sido descubierto hace tiempo’. Muchos otros críticos señalan que la existencia de un mundo habitado dentro de la tierra resultaría imposible debido a la creencia de que la temperatura aumenta en razón directa de la profundidad y, por ende, que el centro de la tierra es una masa de fuego. Sin embargo, este aumento de temperatura no significa que el centro de la tierra sea de fuego, ya que puede ser de una extensión limitada y surgir de las cavidades subterráneas, como los volcanes y arroyos calientes, situados en determinados niveles. Debajo de éstos, la temperatura vuelve a bajar a medida que se desciende más. La hipótesis de que la temperatura aumenta con el descenso en la corteza terrestre sostiene que esto ocurre hasta una profundidad de ochenta kilómetros (en la capa superficial de la tierra).”

Luego Huguenin pregunta cómo habrán surgido estas maravillosas ciudades subterráneas y la civilización avanzada. Responde que los constructores y la mayoría de los habitantes del mundo subterráneo son miembros de una raza antediluviana, proveniente de los continentes prehistóricos, sumergidos, Lemuria y Atlántida, que se refugiaron allí de la inundación que destruyó sus tierras de origen. (Lemuria se hundió en el océano Pacífico hace 2500 años; Atlántida se sumergió debido a una serie de inundaciones. De acuerdo a los escritos de Platón, derivados de los antiguos registros egipcios, la última ocurrió hace 11.500 años. Egipto era una colonia de Atlántida, ubicado en el este, así como lo eran en el oeste los imperios azteca, maya e inca.)
Huguenin sostiene que los habitantes de Atlántida, mucho más avanzados que nosotros en desarrollo científico, volaron en aeronaves con el uso de una forma de energía directamente obtenida de la atmósfera, conocida como “vimanas”, idénticas a lo que conocemos como platillos voladores. Antes de la catástrofe que destruyó Atlántida, sus habitantes hallaron refugio en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. Llegaron hasta allí con sus “vimanas”, o platillos voladores, por medio de las aberturas polares. Desde entonces, esos platillos voladores han estado en la atmósfera interior de la tierra y han sido utilizados como medio de transporte de un punto a otro del cóncavo mundo interior. En aquel mundo dentro de la corteza terrestre, una línea aérea recta es la distancia más corta entre dos puntos, sin importar a qué distancia estén. Después de la explosión atómica de Hiroshima, estas aeronaves salieron a la superficie por primera vez. Se las denominó platillos voladores. Como ya señalamos, se trató de un acto de defensa personal, para impedir la contaminación radioactiva del aire que reciben de afuera.
Huguenin está convencido de que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino aeronaves de la Atlántida. A lo largo de la historia, en especial en épocas de la antigüedad, estas aeronaves surgieron en forma ocasional, y algunas figuras históricas anduvieron en ellas. De ese modo, en la épica hindú, en el Ramayana, hay una descripción de un coche celestial de Rama, el gran maestro de la India védica, conocido como vimana, un vehículo aéreo controlado. Podía volar grandes distancias. La mayor velocidad que alcanzó fue en un viaje relámpago de Ceylán al monte Kailas en el Tíbet. El Mahabharata habla de que los enemigos de Khrishna construyeron un carro aéreo con costados de hierro y con alas. El Smranagana Sutrahara dice que los seres humanos pueden volar por el aire y los “seres celestiales” bajarán a la tierra por medio de naves aéreas.

Luego de demostrar que los platillos voladores no provienen de una nación existente ni de otro planeta, Palmer, la mayor autoridad de los Estados Unidos sobre platillos voladores, concluye —en concordancia con el comandante Strauss y Huguenin— que provienen del interior hueco de la tierra y salen por las aberturas polares. Escribe lo siguiente: “En la opinión de los editores de Flying Saucers, el origen polar de los platillos voladores sólo podrá ser refutado con hechos. Cualquier negación debe acompañarse de pruebas concretas. La revista sugiere que no se puede procurar tales pruebas. Flying Saucers cree que todos los grupos de trabajo sobre platillos voladores deben estudiar el tema desde el planteo de la tierra hueca, agrupar la evidencia disponible de los últimos dos siglos y buscar con dedicación evidencia en contra. Ya hemos deducido el origen más lógico —en el que hemos insistido debía existir, por los incontables obstáculos para creer en el origen interestelar, que exige factores que superan la capacidad de la imaginación— ahora, debemos probarlo o refutarlo de alguna manera. ¿Por qué? Porque si el interior de la Tierra está poblado por una raza de elevada capacidad científica, debemos hacer contacto provechoso con ella; y si son poderosos en su ciencia, que incluye la de la guerra, no debemos enemistarnos con ellos; y si la intención de nuestros gobiernos es considerar el interior de la Tierra como ‘territorio virgen’, comparable con el de los indígenas americanos cuando llegaron los colonizadores europeos para quitárselo a sus verdaderos dueños, el pueblo tiene derecho a conocer esa intención y a expresar sus deseos en la materia. El platillo volador es el hecho más importante de la historia. Las preguntas planteadas en este artículo deben hallar respuesta. El Almirante Byrd descubrió una tierra misteriosa, ‘el centro del gran desconocido’, y la revelación más importante de todas las épocas. Lo sabemos por las palabras de un hombre de integridad irreprochable y mente brillante. ¡Dejad que aquellos que desean llamarlo mentiroso den un paso hacia adelante para probarlo! Los platillos voladores vienen de la Tierra”, es el párrafo final del maravilloso artículo de Ray Palmer.
La última frase creó sensación. Las agencias gubernamentales tuvieron que confiscar la revista y detener su distribución, para que no llegara a los 5000 suscriptores. ¿Por qué? Resulta obvio que fue porque el gobierno estaba convencido de que aquel vasto territorio desconocido, más grande que toda la superficie terrestre, existe, y deseaban mantenerlo en secreto, para que ninguna otra nación se enterara o llegara allí antes para apropiárselo. Era importante que los rusos no se enteraran; por eso, se decidió suprimir la edición de diciembre de 1959 de Flying Saucers. Se sacó de circulación en forma misteriosa. Es evidente que la información que contenía con respecto a que los platillos voladores provienen del interior hueco de la Tierra y salen por las aberturas polares, como las noticias sobre los vuelos del Almirante Byrd más allá de los polos al nuevo territorio desconocido, eran considerados temas peligrosos para el conocimiento público y, por ende, suprimidos secretamente por las autoridades gubernamentales.

Otra autoridad estadounidense sobre platillos voladores es Gray Barker. Un mes después de que Palmer publicó el sensacional artículo que expresaba su creencia en que los platillos voladores no provienen del espacio exterior sino del interior de la tierra, Barker escribió lo siguiente enThe Saucerian Bulletin del 15 de enero de 1960: “En la edición de diciembre de 1959 de Flyíng Saucers, Ray Palmer reveló sus descubrimientos. La teoría fue desarrollada muchos años antes en un libro titulado A Joumey to the Earth’s interior or Have the Poles Really Been Discovered? Este libro está agotado y es muy raro. Antes de que los platillos voladores fueran de conocimiento público, muchos estudiosos de lo oculto creían que vivía gente dentro de la tierra, que emergía y reingresaba a través de aberturas secretas en los Polos Norte y Sur.”
Palmer presentó sólo la primera parte de su evidencia en la edición de diciembre. Consistía en una revisión de notas radiales y periodísticas del vuelo al Polo Norte del Almirante Richard E. Byrd en 1947.
En febrero de ese año, Byrd despegó de una base ártica y se dirigió hacia el Polo Norte. Voló continuamente hacia el norte, más allá del polo, y se sorprendió al descubrir tierras y lagos sin hielo, montañas cubiertas de árboles e inclusive, ¡un animal monstruoso que se movía en la maleza debajo de él! El avión voló casi 2.740 kilómetros sobre territorio de montañas, árboles, lagos y ríos. Después de estos kilómetros, se vio obligado a retornar por la limitación de combustible. Volvió por la misma ruta hasta llegar a la base ártica. No se pensó mucho sobre ese vuelo poco común en ese momento.
Luego, Palmer instruye al lector para que mire el globo terráqueo. De acuerdo a la ruta de vuelo de Byrd, él tendría que haber visto solamente el océano cubierto de hielo o parcialmente abierto. Sin embargo, Byrd vio árboles. De acuerdo al mapa, no hay una tierra semejante allí.
A continuación, Palmer habla sobre discrepancias geográficas similares en el Polo Sur y llega a una increíble conclusión: “LA TIERRA NO ES UNA ESFERA, SINO COMO UNA ROSCA, aunque tal vez no tan chata. Hay una inmensa abertura en cada polo, tan grande, que cuando se viaja ‘más allá’ del polo, se pasa el borde del agujero central de ‘la rosca’. Si un hombre viajara lo suficientemente lejos, entraría por ese agujero y saldría por el del otro polo”. Palmer continúa y sugiere que vive gente en el interior de la tierra, la que emerge de los polos en platillos voladores. Promete presentar más adelante los restos de las pruebas. Pero en este número de la revista las opiniones vertidas son muy llamativas con respecto a los siguientes puntos:

1- Las medidas de las áreas en los Polos Norte y Sur son mayores que el espacio que un mapa o globo terráqueo permiten mostrar. Esto nos lleva a la conclusión de que tales áreas se extienden hacia adentro de ‘la rosca’.

2- Algunos animales, en especial el toro almizcleño, emigra al norte desde el Círculo Ártico en el invierno. Al norte del paralelo 80, se encuentran zorros camino al norte, que parecen bien alimentados en un área donde no hay alimentos disponibles. (Van hacia el norte porque es más cálido y hay vida animal y vegetal cuando se traspasa la abertura polar. El autor.)

3- Los exploradores árticos concuerdan en que el clima se hace cada vez más cálido camino al norte (a una distancia lo suficientemente cercana al Polo Norte).

4- En el Ártico, troncos de coniferas flotan a lo largo de la costa, provenientes del norte. Las mariposas y las abejas se hallan en el lejano norte, pero nunca cientos de millas más al sur.

5- Restos de mamuts, en perfecto estado de conservación aparecieron en Siberia, con escaso alimento de la región subártica en el estómago. El animal no pudo subsistir con esa clase de alimento: debió venir de la ‘tierra más allá de los polos’, postula Palmer.

6- Los problemas con los satélites enviados a zonas que cubren el Polo Sur confirman la teoría de que las tierras no han sido medidas con precisión o que ‘alguien’ los obstaculiza.”


Conclusiones


1. No existen el Polo Norte ni Sur. Donde se supone que existen, hay aberturas grandes que dan al interior hueco de la tierra.
2. Los platillos voladores vienen del interior hueco de la tierra a través de estas aberturas polares.
3. El interior hueco de la tierra, que el sol central calienta —origen de la aurora boreal— tiene un clima ideal, subtropical, de alrededor de 24 grados de temperatura, ni demasiado calor ni demasiado frío.
4. Los exploradores árticos descubrieron que la temperatura se eleva a medida que se viaja hacia el norte lejano; hallaron océanos más abiertos (sin hielo); vieron animales que viajaban al norte en invierno, en busca de comida y calor, cuando deberían viajar hacia el sur; encontraron que la aguja de la brújula toma una posición vertical en vez de horizontal y actúa en forma extraña; descubrieron que hay aves tropicales y más vida animal, cuanto más al norte se va; hallaron mariposas, mosquitos y otros insectos en el lejano norte, cuando deja de verse más al sur, como en Alaska o Canadá; vieron que la nieve está coloreada a causa de polen de color y polvo negro, lo que es más frecuente cuanto más al norte se va. La única explicación es que este polvo venga de volcanes activos en las aberturas polares.
5. Existe una gran población que habita la superficie de la concavidad interna de la corteza terrestre, que conforma una civilización mucho más avanzada que la nuestra en cuanto a logros científicos. Es probable que desciendan de los continentes sumergidos de Lemuria y la Atlántida. Los platillos voladores son sólo uno de sus muchos logros. Sería ventajoso para nosotros comunicarnos con estos Hermanos Mayores de la raza humana, aprender de ellos y recibir sus consejos y ayuda.
6. Es probable que la Armada de los Estados Unidos conozca la existencia de una abertura polar y una tierra más allá de los polos. El Almirante Byrd realizó sus dos vuelos empleado por la Armada, que probablemente lo conserve como secreto de Estado.

DOCUMENTAL


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