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MANUAL PERONISTA O GUIÓN DE EL PADRINO

¿Kirchner o Michael Corleone?

Excelente analogía que propone Ernesto Tenembaum en su libro ¿Qué les pasó?

Kirchner

El director de cine Juan José Campanella sostiene que en toda gran película hay una escena -un instante fugaz- en la que el protagonista elige, imperceptiblemente, su destino. El ejemplo más citado por Campanella pertenece a la primera película de la saga El Padrino . El protagonista del film no es, como parece, Vito Corleone, el personaje de Marlon Brando, sino su hijo Michael, es decir, Al Pacino. El primero es el jefe y fundador de la familia mafiosa. Había tenido tres hijos varones. [...] Michael, el menor, era especial. Contra los deseos del padre, había decidido enrolarse en el Ejército para pelear en la Segunda Guerra Mundial. Había ido a la universidad. Estaba de novio con una maestra, Kay, una joven, bella e ingenua Diane Keaton, hija de un pastor protestante, totalmente ajena a la comunidad siciliana. Michael le explicaba a Kay: "Es mi familia. Yo no soy así". Pero las cosas cambian y empiezan los tiros con otras familias. Su padre cae abatido en un atentado. Michael lo va a visitar al hospital. Descubre que está solo, sin guardaespaldas, sin un solo policía que lo cuide. Está claro: lo van a matar. Y se aproxima el instante decisivo, aquel del que hablaba Campanella. En ese momento aparece en ese hospital vacío y oscuro, con un ramo de flores, Enzo, un panadero italiano que le debía un viejo favor al Padrino. Michael le pide que se vaya, le explica que algo grave va a pasar. Enzo insiste en que quiere ayudar.

Mario Puzo, el autor del libro en el que se basó la película, cuenta así la escena:

Estaba a punto de decirle nuevamente al joven que se marchara cuando cambió de idea y decidió dejar que se quede. Dos hombres en la puerta del hospital tal vez bastaran para desanimar a un posible atacante, mientras que uno solo sería insuficiente. Dio un cigarrillo a Enzo y se lo encendió. Ambos permanecieron bajo el farol en la fría noche de diciembre. [...] Casi habían terminado sus cigarrillos, cuando un enorme coche negro, procedente de la Novena Avenida, entró en la calle Treinta y se dirigió a toda velocidad hacia donde estaban ellos. El automóvil aminoró la marcha y Michael se esforzó por ver el rostro de sus ocupantes echando, como sin querer, el cuerpo hacia delante. Cuando parecía que iba a detenerse por completo, el coche salió disparado, alguien debía haberlo reconocido. Michael dio a Enzo otro cigarrillo y reparó en que las manos del panadero estaban temblando. Lo más sorprendente fue comprobar que las suyas seguían firmes.

En la película de Coppola se ve perfecto. Enzo tiembla, no para de temblar, apenas puede sostener el cigarrillo. En cambio, Michael tiene el pulso firme. El mismo se mira las manos, sorprendido.

Para Campanella, ése es el momento en que el personaje de Al Pacino decide su destino. De allí en más se transforma en el vengador de su padre, en un prófugo y luego en el sanguinario jefe de la familia, que asesina, entre otros, a su cuñado y a su propio hermano. [...] Ya camina distinto, mira distinto, es distinto. La mirada cristalina, el don de gente, es reemplazado por la frialdad y la distancia. [...]

Fue Cristina Fernández de Kirchner, en el lanzamiento de su campaña como candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, en 2005, quien citó aquella mítica película de Coppola. Cristina dijo: "Cuando a alguien se le interponen escollos, algunos dicen que es el típico libreto peronista. Yo digo que eso es guión y dirección de Francis Ford Coppola y no es un manual peronista sino el guión de la película El Padrino ".

Era una obvia referencia a Eduardo Duhalde, el ex presidente que había sido quien posibilitó la llegada de Kirchner al poder, y al que se acusaba de comandar una organización mafiosa en la provincia de Buenos Aires, cuyos lugartenientes eran los intendentes de los distritos más poderosos. El propio Kirchner, antes de cerrar la alianza con Duhalde, había hecho una referencia al "aparato cuasimafioso" del peronismo bonaerense. Y uno de los incondicionales del matrimonio, Luis D´Elía, en medio de aquella campaña de 2005, analizó:

"Dentro del Frente para la Victoria hay intendentes mafiosos. El 60 por ciento de esos intendentes se quedó con Duhalde y un grupo está con nosotros".

Quizá sea forzada la comparación entre la dirigencia política bonaerense y la mafia. Como mínimo, los niveles de violencia y delito son completamente otros. Pero eran ellos quienes la hacían. Y las declaraciones eran tan fuertes que resultaba imposible no escucharlas.

Es difícil saber si, en la vida real, hay también un instante en el cual alguien, un político, un presidente, define su destino.

Pero algo pasó en ese segundo semestre de 2005. Por entonces, Néstor Kirchner decidía enfrentar a Duhalde, esto es, desembarazarse de él. Tenía todo a favor. Las encuestas reflejaban que la gente consideraba a Duhalde un hombre del pasado y el abrumador consenso que, en cambio, mimaba a Kirchner. El aparato del Estado nacional estaba en sus manos, y también el del Estado provincial, cuyo gobernador Felipe Solá había saltado del duhaldismo al kirchnerismo. Sin embargo, los viejos intendentes del conurbano, los lugartenientes del hombre al que Cristina llamaba "El Padrino", seguían, mayoritariamente, leales a su antiguo jefe.

En las elecciones de 2005, Cristina triunfó en todos los distritos del conurbano bonaerense. Ganó en aquellos lugares donde la apoyaron los intendentes "mafiosos" y en aquellos donde se le opusieron. Estaba claro, entonces, que no eran imprescindibles para que ella ganara. En ese momento, el discurso cambió. Ya no eran la mafia. Eran compañeros. Kirchner dejó de ser una amenaza para ellos. Desaparecido el jefe anterior, Kirchner pasó a ser el nuevo jefe. [...]Pero Kirchner abandonó, allí, para siempre, la idea de la nueva política. "En ese momento, los intendentes hicieron fila, desnudos y de rodillas, para entregar su rendición en la Casa Rosada", contó, años después, el propio Solá.

Hubo un momento en el que Kirchner tuvo que decidir: ¿iba a ser el renovador de la política, utilizaría su poder para confrontar con el estilo tradicional de conducir las cosas en el conurbano, jugaría a fondo para que cambie el estilo de administración del Estado en la zona más castigada, pobre y violenta del país? ¿O se transformaría en un nuevo jefe de la vieja estructura, ocuparía el rol de conductor de ese aparato al que él mismo había calificado de cuasimafioso, les entregaría sus feudos y millones y millones para obra pública, a cambio del apoyo político?

Cierto día, la sociedad, Diane Keaton, se dio cuenta de que la habían engañado o -como mínimo- vio cómo Michael se convertía en otra persona.

No lo dejó de amar de un día para el otro. Pero se le heló el alma. Algo se había quebrado. Kirchner se sometería, lentamente, a las nuevas reglas que había aceptado.

A fines de 2005, luego de haberlo votado porque combatía al Padrino, millones de argentinos fueron testigos del surgimiento de un nuevo padrino. No era que Kirchner había llegado para combatir a las estructuras políticas tradicionales.

No. Las agredía como un método para cooptarlas. Y eso es lo que se dedicó a hacer desde que ganó las elecciones: el nuevo jefe del aparato político más poderoso del país.

Los intendentes, inmediatamente, lo aceptaron y reconocieron.

Quienes ya simpatizaban con Kirchner -sea por buenas o por malas razones- explicaban el giro como un paso táctico necesario en el camino hacia alguna utopía de tantas que se imaginan, otros aclaraban que la política necesariamente era así, otros sostenían que todo gobierno tiene luces y sombras y que había más de las primeras que de las segundas, otros, que los enemigos eran tanto más horribles que mejor no batir el parche con estas cosas. [...]

Las personas que miraban a la clase política, con razón, como una de los grandes responsables del desastre argentino, y que se habían acercado a Kirchner justamente porque confrontaba con su pasado, veían ahora que el mismo hombre consolidaba y relegitimaba aquel aparato tan temido y tan dañino.[...]

En el período que comienza el 10 de diciembre de 2005 se daba un diagnóstico muy curioso. Kirchner había logrado consenso por la confrontación consigo mismo. Gracias a eso, la estructura política -el poder político- se le disciplinó. Ahora iría, en cambio, por el camino inverso: apostaría al aparato partidario -que tantos réditos le había dado como enemigo-, pero esta vez como aliado. No es una cuestión moral sino meramente práctica: ¿por qué abandonó la exitosa estrategia anterior para asumir la contraria? ¿Le dio miedo? ¿Le pareció que no iba a tener ningún costo el viraje?

En otras palabras, la organización supuestamente mafiosa era recibida en la Casa Rosada.

Difícil que Diane Keaton siguiera enamorada por mucho tiempo.

O quizá seguiría enamorada, pero ya no creería tanto en Michael, que la había engañado tan fulero.

O conviviría por un tiempo, pero él tendría que darle alguna garantía. Si después empezaban los tiros o si ella lo descubría en nuevas mentiras, las cosas no iban a terminar bien.

Por lo pronto, Néstor Kirchner era el nuevo jefe.

Manual Peronista o guión de la película El Padrino , el bueno de Michael había abandonado su mirada tierna, transparente y soñadora. Ya sabía que debía generar temor.

Confía en mí. Sólo eso puedo decirte de mi negocio.

Así son los jefes, así es el poder, decían en la Casa Rosada.

¿Habrá habido algún momento, un instante fugaz, en el que Kirchner se dio cuenta de que no le temblaba el pulso?

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