hola amigos de taringa, hoy les traigo un poco de informacion sobre benito quinquela martin.
espero que les sirva
Benito Quinquela Martín (1 de marzo de 1890; 28 de enero de 1977), cuyo nombre de nacimiento fue Benito Juan Martín, fue un pintor argentino. Hijo de una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de los Expósitos, siete años después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería.
Quinquela Martín es considerado el pintor de puertos y es uno de los pintores más populares del país.
Sus pinturas portuarias muestran la actividad, vigor y rudeza de la vida diaria en la portuaria La Boca. Le tocó trabajar de niño cargando bolsas de carbón y dichas experiencias influenciaron la visión artística de sus obras.
Exhibió sus obras en varias exposiciones realizadas en el país y en el extranjero, logró vender varias de sus creaciones y otras tantas las donó. Con el beneficio económico obtenido por estas ventas realizó varias obras solidarias en su barrio, entre ellas una escuela-museo conocida como Escuela Pedro de Mendoza.
No tuvo una educación formal en artes sino que fue autodidacta, lo que ocasionó que la crítica no fuera siempre positiva. Usó como principal instrumento de trabajo la espátula en lugar del tradicional pincel.
Trayectoria
No ha podido determinarse con certeza su nacimiento porque fue abandonado el 20 de marzo de 1890 en la Casa de los Expósitos, un orfanato con una nota que decía "Este niño ha sido bautizado con el nombre de Benito Juan Martín". Se encontraba con ropas de buena calidad. Por su forma física, se dedujo que habría nacido 20 días antes, por lo que se fijó aquella fecha para su cumpleaños.
Hay otras versiones que afirman que esta nota nunca existió y que fueron las autoridades del orfanato quienes tomaron carta en el asunto. Lo que si es cierto es que la madre biológica nunca se presento para reclamarlo, dejo en el bebe como recuerdo un pañuelo cortado en diagonal adornado con una flor bordada. Podría haberse quedado con la otra mitad para intentar encontrarlo en alguna oportunidad cosa que nunca sucedió y nunca se encontró la otra mitad.
Sus primeros siete años los vivió en un asilo de San Isidro, el artista tenía escasos recuerdos de esa época y aparecía en su memoria como desdibujada y nebulosa. Vivió entre los delantales grises y hábitos negros de las Hermanas de Caridad careciendo de figuras paternas en una edad crítica para la formación psiquica. Fue una infancia triste y solitaria donde prevaleció el encierro. Su carácter no se vió alterado por estos hechos, siempre fue alegre y compasivo y sus actitudes eran agradables. A pesar de todo el asilo era amplio y limpio, la comida nunca faltaba.
La familia Chinchella
Con seis años, fue adoptado por Manuel Chinchella y Justina Molina, y él adoptó el apellido de su padrastro (que luego sería fonetizado como "suena" en el italiano, al castellano como Quinquela). “Mi vieja me conquistó en seguida –dicta Quinquela en su autobiografía recogida por Andrés Muñoz y publicada en 1963– y desde el primer momento encontró en mí un hijo y un aliado”.
Manuel, oriundo de Nervi, Italia, era un italiano de costumbres antiguas y que nunca se hubiese imaginado que iba a terminar educando a un artista plástico. Era robusto, de una gran fuerza muscular que había llegado a Argentina para mejorar su situación económica. Vivió un tiempo en Olavarría, por eso se lo apodó "El gaucho de Olavarría" y en ese momento vivía en La Boca y trabajaba descargando carbón en el puerto.
Una tarde de trabajo se cruzó con Juana, que sería su esposa, proveniente de Entre Ríos, de quien se enamoro a primera vista. Justina Molina tenía sangre india, venía de Gualeguaychú y era analfabeta, lo cual no le impedía atender la carbonería en el barrio porteño de la Boca con perfecta eficiencia: se acordaba mejor que nadie del estado de cuentas de cada cliente. Previamente había trabajado como sirvienta y en una fonda de la calle Pedro de Mendoza (donde hoy se encuentra el Museo Escuela Pedro de Mendoza donado por el pintor). Ese trabajo lo dejó porque a Manuel no le convencía la idea de que se ganara la vida sirviendo e instalaron juntos una carbonería en la calle Irala al 1500. Manuel Chinchella era un forzudo italiano que redondeaba los ingresos de la carbonería con trabajos en el puerto, donde cargaba de a dos las bolsas de 60 kg.
Justina no podía quedar embarazada pese a que ambos deseaban un hijo. Tomaron la decisión de adoptar uno y el 16 de noviembre de 1897 fueron a la Casa Cuna en busca de un varón crecidito que pudiera colaborar en la carbonería. Benito en ese momento tenía entre seis y ocho años, no se sabe exactamente la edad. El trato de su madre fue tierno sin escatimar en los abrazos mientras que el trato del padre con el niño era un poco distante, de ruda ternura, pero cada tanto una caricia cuando el padre llegaba del puerto le tiznaba la cara al "purrete" (niño).
Mientrás el padre trabajaba, la madre y el niño atendían la carbonería y hacían los quehaceres domésticos.
Ese mismo año comenzó su educación primaria en la escuela Berrutti de Australia al 1081, su maestra fue Margarita Erlin quien le enseño los conocimientos elementales: leer, escribir y nociones de matemáticas. Curso hasta tercer grado, la situación económica no dio para más y debió trabajar con el padre. Según Manuel los conocimientos adquiridos le permitían no ser estafado.
Entablo amistad con los mellizos García, conocidos por pendencieros pero inteligentes y capaces, ayudaron a Benito en sus tareas y cuando supieron que abandonaba sus estudios le enseñaron los conocimientos callejeros, a usar la honda, a tirar piedras con puntería certera y a robar alambres de las cercas para usarlos en defensa propia. En ese entonces se armaban peleas barriales, los de Barracas (descendientes de españoles) contra los de La Boca (italianos).
En 1904 la familia se muda a la calle Magallanes 970, una zona donde era popular la militancia social y la política parecía ser el camino para construir un futuro mejor. Nacían los sindicatos, los gremios y los centros educativos. Benito comenzó a participar de la campaña de Alfredo Palacios, candidato a diputado socialista. Aunque era menor de edad lo que aprendió en esos años de trabajo lo inclinaban hacia ese sector político. Colaboró repartiendo volantes y manifiestos izquierdistas y pegando carteles. Esa elección la ganó Palacios y Benito aprendió a luchar por lo que uno quiere, que la participación tiene su rédito.
Pero las cosas empeorarían al año siguiente en la parte económica y su padre pensó que si podía trabajar en política también lo podría hacer en el puerto. Su tarea era subir barco por barco con una bolsa vacía, llenarla con carbón hasta la parada de los compradores en los diques de Vuelta de Rocha. La paga era de cincuenta centavos cada veinticinco bolsas y el agregado de agudos dolores de espalda. Se destaco por su voluntad de hierro pese a su contextura física, era flaco, menudo, huesudo pero con una voluntad de hierro. Trabajaba desde las siete hasta las diecinueve horas. Lo apodaron "el mosquito" por el contraste entre su físico y la velocidad del trabajo.
su comienzo como pintor
Había empezado a dibujar inspirado en las escenas y colores que observó en el puerto, usaba técnicas intuitivas dado que ignoraba los más elementales conocimientos de dibujo, eran rudimentarios, torpes utilizando carbón y lienzos de madera como elemento de trabajo que posteriormente eliminaba para evitar las bromas de sus compañeros.
A los 14 iba a una escuela nocturna de pintura en la Sociedad Unión de La Boca, un centro cultural vecinal donde se reunían estudiantes y obreros para conversar. En esa academia se enseñaba casi de todo, desde música y canto, economía hogareña y otros cursos prácticos, mientras de día trabajaba en la carbonería familiar. Su maestro fue Alfredo Lazzari, pintor quien le dió sus primeros conocimientos técnicos sobre el arte. Como práctica le daba yesos donde reproducía dibujos en claroscuro y realizaron excursiones a la Isla Maciel los domingos por la tarde para entrenarse con el dibujo de las escena al natural. Continuo hasta los veintiún años con el curso. Con 17 años entra al Conservatorio Pezzini Stiatessi, donde estudia hasta 1920.
En esa academia conoció a Juan de Dios Filiberto y otros colegas con quienes se relacionaría durante toda su vida. Como este ambiente era muy distinto al que estaba acostumbrado, lleno de carbón y alejado de los libros intentó incorporar todo el conocimiento de golpe, después del trabajo iba a alguna biblioteca para intentar cubrir la carencia de educación formal. De toda la literatura que leyó la que más le impactó fue El arte del escritor Augusto Rodin, fue la que le despertó su vocación. En ese texto Rodin dice que que el arte debe ser sencillo y natural para el artista, la obra que requiere esfuerzo no es personal ni valedera, conviene más pintar el propio ambiente que "quemarse las pestañas persiguiendo motivos ajenos", de esas enseñanzas Quinquela extrajó: "Pinta tu aldea y pintaras el mundo", nunca se apartó de este dicho. Su aldea sería el barrio de La Boca, sus vecinos y el puerto. Asistió además las tertulias que se realizaban en la peluquería de Nuncio Nuciforo en Olavarría al 500, donde se conversaba de política, de cultura, de técnicas pictóricas y otros temas, se compartían lecturas y sus preocupaciones.
En 1909 se enfermó de tuberculosis, en esa época la enfermedad causaba muertes. Sus padres lo mandaron a la casa de su tío, en Villa Dolores, Córdoba para que se cure con el aire serrano. Fueron seis meses de reposo que no solo le sirvieron para curarse sino también para relacionarse con otro pintor, Walter de Navazio, exponente de la pintura romántica que dibujaba los sauces y algarrobos que adornaban el paisaje. Pero este ambiente le hizo reforzar su idea de retratar solamente su propio mundo, el paisaje cordobés no lo inspiraba tanto como el puerto.
De regreso a su hogar, ya con la idea firme de continuar con su obra, monto un taller en los altos de la carbonería, donde recibió la visita de Montero, Stagnaro y la de Juan de Dios Filiberto que además fue modelo vivo. Más tarde además de visitantes se convirtieron en inquilinos del lugar. Esta situación, los óleos sobre el lugar, el constante paso de gente y las discusiones hasta altas horas de la madrugada dejo sorprendidos a los Chinchella. Además Benito usaba huesos humanos para estudiar su anatomía y se difundió el rumor que en el taller habitaban los fantasmas de los "dueños" de los esqueletos, se exageraba tanto que un día un amigo llevo todos los restos óseos al cementerio. Todo esto no contaba con la simpatía de Don Manuel, el padre, ni los fantasmas, ni los jóvenes ni la pintura. Y mucho menos que su hijo fuera un artista porque descuidaba su trabajo en el puerto. Un día a raíz de las fuertes discusiones y a pesar de que su madre lo apoyaba Benito abandono el hogar familiar, aunque siguió trabajando en el puerto para mantenerse le dedico más horas a la pintura debiendo alimentarse de mate y galletas marineras.
Su vida fue a partir de entonces muy parecida al vagabundeo, un tiempo vivió en la Isla Maciel donde se relaciono con ladrones y malandra lo que no lo incomodó. Llego a conocer una escuela de punguismo con base en esa zona y le ofrecieron ser parte de ella pero no le intereso la idea. Pinto muchas telas con imágenes del lugar y aprendió mucho de los punguistas, que además del robo disimulado tenían una serie de códigos de honor y hermandad que le interesó. Todos estos saberes abrieron su mente e hicieron más rica su pintura.
Monto sus talleres en distintos lugares, desde altillos hasta barcos (tuvo uno en el "Hercules", un navío anclado en el cementerio de embarcaciones de Vuelta de Rocha), sin embargo no duraría mucho con estas mudanzas, los ruegos de su madre de que regresara porque no vivía tranquila más el consejo que le dió: "Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno" lo hicieron retornar al hogar y conseguir un empleo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana en la Dársena Sur. Su nuevo empleo consistía en limpiar ventanas y cebar mate lo que le dejaba tiempo libre para pintar. Trabajo allí hasta que le solicitaron tareas de mensajero y traslado de caudales. Presento su renuncia indeclinable temeroso de lo que podía pasar si le robaban una encomienda, sabía mucho de punguismo.
A los pocos meses, en el año 1910, se presento en una exposición, una muestra de todos los alumnos del taller de Lazzari en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca con motivo del veinticinco aniversario de esta sociedad. Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo todos ellos principiantes y aficionados. Era el debut de Quinquela que expuso cinco obras: el óleo Vista de Venecia, dos dibujos realizados a pluma Vista de Venecia y dos paisajes confeccionados con témpera. Estas obras, que no se conservan actualmente excepto los dibujos en pluma y no es posible recuperarla, eran algo torpe, no tenía la habilidad suficiente en sus manos aún adquirida.
Benito deseaba crecer y sabía que debía mejorar su técnica para lograrlo, el maestro Pompeyo Boggio le enseño técnicas de dibujo natural. Junto a el estudiaron con Boggio Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hébecquer, José Arato y Abraham Vigo, todos ellos se inspiraban en los problemas sociales del país según afirma el crítico Jorge López Anaya. Formaron el denominado "Grupo de los Cinco" o "Artistas del Pueblo". También escribieron artículos en el diario La Montaña de Leopoldo Lugones.
Ninguno de estos pintores eran aceptados en el Salón Nacional, la principal galería que tenía la ciudad y quedaban dando vueltas en galerías menores. A partir de una idea de no se sabe quien crearon el Primer Salón de los Recusados dedicados a los artistas no admitidos en el Salón Nacional. Fue creado en la avenida Corrientes 655 en un local cedido por la Cooperativa Artística. Allí Benito expuso Quinta en la Isla Maciel y Rincón del Arroyo Maciel, obtuvo críticas divididas, positiva del diario La Nación y de Crítica y negativa considerada un desacato por parte de los jóvenes pintores por el diario La Prensa, el semanario Fray Mocho y José Gabriel de la revista Nosotros. Lo significante es que la prensa, mal o bien, se había empezado a fijar en sus trabajos.
Se anoto como profesor de Dibujo en la escuela Fray Justo Santa María de Oro, dependiente del Consejo General de Educación. En horario vespertino los obreros adultos concurrían a completar sus estudios secundarios. Quinquela les enseñaba los secretos del dibujo ornamental con el fin de aplicar el arte a la industria. La idea concebida junto al maestro Santiago Stagnaro era acercar el arte a la clase obrera.
Nota en Fray Mocho
bueno, este post ya termino
espero que les halla gustado nos vemos la proxima
NO SE OLVIDEN DE COMENTAR
espero que les sirva
Benito Quinquela Martín

Benito Quinquela Martín (1 de marzo de 1890; 28 de enero de 1977), cuyo nombre de nacimiento fue Benito Juan Martín, fue un pintor argentino. Hijo de una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de los Expósitos, siete años después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería.
Quinquela Martín es considerado el pintor de puertos y es uno de los pintores más populares del país.
Sus pinturas portuarias muestran la actividad, vigor y rudeza de la vida diaria en la portuaria La Boca. Le tocó trabajar de niño cargando bolsas de carbón y dichas experiencias influenciaron la visión artística de sus obras.
Exhibió sus obras en varias exposiciones realizadas en el país y en el extranjero, logró vender varias de sus creaciones y otras tantas las donó. Con el beneficio económico obtenido por estas ventas realizó varias obras solidarias en su barrio, entre ellas una escuela-museo conocida como Escuela Pedro de Mendoza.
No tuvo una educación formal en artes sino que fue autodidacta, lo que ocasionó que la crítica no fuera siempre positiva. Usó como principal instrumento de trabajo la espátula en lugar del tradicional pincel.
Trayectoria
No ha podido determinarse con certeza su nacimiento porque fue abandonado el 20 de marzo de 1890 en la Casa de los Expósitos, un orfanato con una nota que decía "Este niño ha sido bautizado con el nombre de Benito Juan Martín". Se encontraba con ropas de buena calidad. Por su forma física, se dedujo que habría nacido 20 días antes, por lo que se fijó aquella fecha para su cumpleaños.
Hay otras versiones que afirman que esta nota nunca existió y que fueron las autoridades del orfanato quienes tomaron carta en el asunto. Lo que si es cierto es que la madre biológica nunca se presento para reclamarlo, dejo en el bebe como recuerdo un pañuelo cortado en diagonal adornado con una flor bordada. Podría haberse quedado con la otra mitad para intentar encontrarlo en alguna oportunidad cosa que nunca sucedió y nunca se encontró la otra mitad.
Sus primeros siete años los vivió en un asilo de San Isidro, el artista tenía escasos recuerdos de esa época y aparecía en su memoria como desdibujada y nebulosa. Vivió entre los delantales grises y hábitos negros de las Hermanas de Caridad careciendo de figuras paternas en una edad crítica para la formación psiquica. Fue una infancia triste y solitaria donde prevaleció el encierro. Su carácter no se vió alterado por estos hechos, siempre fue alegre y compasivo y sus actitudes eran agradables. A pesar de todo el asilo era amplio y limpio, la comida nunca faltaba.
La familia Chinchella
Con seis años, fue adoptado por Manuel Chinchella y Justina Molina, y él adoptó el apellido de su padrastro (que luego sería fonetizado como "suena" en el italiano, al castellano como Quinquela). “Mi vieja me conquistó en seguida –dicta Quinquela en su autobiografía recogida por Andrés Muñoz y publicada en 1963– y desde el primer momento encontró en mí un hijo y un aliado”.
Manuel, oriundo de Nervi, Italia, era un italiano de costumbres antiguas y que nunca se hubiese imaginado que iba a terminar educando a un artista plástico. Era robusto, de una gran fuerza muscular que había llegado a Argentina para mejorar su situación económica. Vivió un tiempo en Olavarría, por eso se lo apodó "El gaucho de Olavarría" y en ese momento vivía en La Boca y trabajaba descargando carbón en el puerto.
Una tarde de trabajo se cruzó con Juana, que sería su esposa, proveniente de Entre Ríos, de quien se enamoro a primera vista. Justina Molina tenía sangre india, venía de Gualeguaychú y era analfabeta, lo cual no le impedía atender la carbonería en el barrio porteño de la Boca con perfecta eficiencia: se acordaba mejor que nadie del estado de cuentas de cada cliente. Previamente había trabajado como sirvienta y en una fonda de la calle Pedro de Mendoza (donde hoy se encuentra el Museo Escuela Pedro de Mendoza donado por el pintor). Ese trabajo lo dejó porque a Manuel no le convencía la idea de que se ganara la vida sirviendo e instalaron juntos una carbonería en la calle Irala al 1500. Manuel Chinchella era un forzudo italiano que redondeaba los ingresos de la carbonería con trabajos en el puerto, donde cargaba de a dos las bolsas de 60 kg.
Justina no podía quedar embarazada pese a que ambos deseaban un hijo. Tomaron la decisión de adoptar uno y el 16 de noviembre de 1897 fueron a la Casa Cuna en busca de un varón crecidito que pudiera colaborar en la carbonería. Benito en ese momento tenía entre seis y ocho años, no se sabe exactamente la edad. El trato de su madre fue tierno sin escatimar en los abrazos mientras que el trato del padre con el niño era un poco distante, de ruda ternura, pero cada tanto una caricia cuando el padre llegaba del puerto le tiznaba la cara al "purrete" (niño).
Mientrás el padre trabajaba, la madre y el niño atendían la carbonería y hacían los quehaceres domésticos.
Ese mismo año comenzó su educación primaria en la escuela Berrutti de Australia al 1081, su maestra fue Margarita Erlin quien le enseño los conocimientos elementales: leer, escribir y nociones de matemáticas. Curso hasta tercer grado, la situación económica no dio para más y debió trabajar con el padre. Según Manuel los conocimientos adquiridos le permitían no ser estafado.
Entablo amistad con los mellizos García, conocidos por pendencieros pero inteligentes y capaces, ayudaron a Benito en sus tareas y cuando supieron que abandonaba sus estudios le enseñaron los conocimientos callejeros, a usar la honda, a tirar piedras con puntería certera y a robar alambres de las cercas para usarlos en defensa propia. En ese entonces se armaban peleas barriales, los de Barracas (descendientes de españoles) contra los de La Boca (italianos).
En 1904 la familia se muda a la calle Magallanes 970, una zona donde era popular la militancia social y la política parecía ser el camino para construir un futuro mejor. Nacían los sindicatos, los gremios y los centros educativos. Benito comenzó a participar de la campaña de Alfredo Palacios, candidato a diputado socialista. Aunque era menor de edad lo que aprendió en esos años de trabajo lo inclinaban hacia ese sector político. Colaboró repartiendo volantes y manifiestos izquierdistas y pegando carteles. Esa elección la ganó Palacios y Benito aprendió a luchar por lo que uno quiere, que la participación tiene su rédito.
Pero las cosas empeorarían al año siguiente en la parte económica y su padre pensó que si podía trabajar en política también lo podría hacer en el puerto. Su tarea era subir barco por barco con una bolsa vacía, llenarla con carbón hasta la parada de los compradores en los diques de Vuelta de Rocha. La paga era de cincuenta centavos cada veinticinco bolsas y el agregado de agudos dolores de espalda. Se destaco por su voluntad de hierro pese a su contextura física, era flaco, menudo, huesudo pero con una voluntad de hierro. Trabajaba desde las siete hasta las diecinueve horas. Lo apodaron "el mosquito" por el contraste entre su físico y la velocidad del trabajo.
su comienzo como pintor
Había empezado a dibujar inspirado en las escenas y colores que observó en el puerto, usaba técnicas intuitivas dado que ignoraba los más elementales conocimientos de dibujo, eran rudimentarios, torpes utilizando carbón y lienzos de madera como elemento de trabajo que posteriormente eliminaba para evitar las bromas de sus compañeros.
A los 14 iba a una escuela nocturna de pintura en la Sociedad Unión de La Boca, un centro cultural vecinal donde se reunían estudiantes y obreros para conversar. En esa academia se enseñaba casi de todo, desde música y canto, economía hogareña y otros cursos prácticos, mientras de día trabajaba en la carbonería familiar. Su maestro fue Alfredo Lazzari, pintor quien le dió sus primeros conocimientos técnicos sobre el arte. Como práctica le daba yesos donde reproducía dibujos en claroscuro y realizaron excursiones a la Isla Maciel los domingos por la tarde para entrenarse con el dibujo de las escena al natural. Continuo hasta los veintiún años con el curso. Con 17 años entra al Conservatorio Pezzini Stiatessi, donde estudia hasta 1920.
En esa academia conoció a Juan de Dios Filiberto y otros colegas con quienes se relacionaría durante toda su vida. Como este ambiente era muy distinto al que estaba acostumbrado, lleno de carbón y alejado de los libros intentó incorporar todo el conocimiento de golpe, después del trabajo iba a alguna biblioteca para intentar cubrir la carencia de educación formal. De toda la literatura que leyó la que más le impactó fue El arte del escritor Augusto Rodin, fue la que le despertó su vocación. En ese texto Rodin dice que que el arte debe ser sencillo y natural para el artista, la obra que requiere esfuerzo no es personal ni valedera, conviene más pintar el propio ambiente que "quemarse las pestañas persiguiendo motivos ajenos", de esas enseñanzas Quinquela extrajó: "Pinta tu aldea y pintaras el mundo", nunca se apartó de este dicho. Su aldea sería el barrio de La Boca, sus vecinos y el puerto. Asistió además las tertulias que se realizaban en la peluquería de Nuncio Nuciforo en Olavarría al 500, donde se conversaba de política, de cultura, de técnicas pictóricas y otros temas, se compartían lecturas y sus preocupaciones.
En 1909 se enfermó de tuberculosis, en esa época la enfermedad causaba muertes. Sus padres lo mandaron a la casa de su tío, en Villa Dolores, Córdoba para que se cure con el aire serrano. Fueron seis meses de reposo que no solo le sirvieron para curarse sino también para relacionarse con otro pintor, Walter de Navazio, exponente de la pintura romántica que dibujaba los sauces y algarrobos que adornaban el paisaje. Pero este ambiente le hizo reforzar su idea de retratar solamente su propio mundo, el paisaje cordobés no lo inspiraba tanto como el puerto.
De regreso a su hogar, ya con la idea firme de continuar con su obra, monto un taller en los altos de la carbonería, donde recibió la visita de Montero, Stagnaro y la de Juan de Dios Filiberto que además fue modelo vivo. Más tarde además de visitantes se convirtieron en inquilinos del lugar. Esta situación, los óleos sobre el lugar, el constante paso de gente y las discusiones hasta altas horas de la madrugada dejo sorprendidos a los Chinchella. Además Benito usaba huesos humanos para estudiar su anatomía y se difundió el rumor que en el taller habitaban los fantasmas de los "dueños" de los esqueletos, se exageraba tanto que un día un amigo llevo todos los restos óseos al cementerio. Todo esto no contaba con la simpatía de Don Manuel, el padre, ni los fantasmas, ni los jóvenes ni la pintura. Y mucho menos que su hijo fuera un artista porque descuidaba su trabajo en el puerto. Un día a raíz de las fuertes discusiones y a pesar de que su madre lo apoyaba Benito abandono el hogar familiar, aunque siguió trabajando en el puerto para mantenerse le dedico más horas a la pintura debiendo alimentarse de mate y galletas marineras.
Su vida fue a partir de entonces muy parecida al vagabundeo, un tiempo vivió en la Isla Maciel donde se relaciono con ladrones y malandra lo que no lo incomodó. Llego a conocer una escuela de punguismo con base en esa zona y le ofrecieron ser parte de ella pero no le intereso la idea. Pinto muchas telas con imágenes del lugar y aprendió mucho de los punguistas, que además del robo disimulado tenían una serie de códigos de honor y hermandad que le interesó. Todos estos saberes abrieron su mente e hicieron más rica su pintura.
Monto sus talleres en distintos lugares, desde altillos hasta barcos (tuvo uno en el "Hercules", un navío anclado en el cementerio de embarcaciones de Vuelta de Rocha), sin embargo no duraría mucho con estas mudanzas, los ruegos de su madre de que regresara porque no vivía tranquila más el consejo que le dió: "Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno" lo hicieron retornar al hogar y conseguir un empleo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana en la Dársena Sur. Su nuevo empleo consistía en limpiar ventanas y cebar mate lo que le dejaba tiempo libre para pintar. Trabajo allí hasta que le solicitaron tareas de mensajero y traslado de caudales. Presento su renuncia indeclinable temeroso de lo que podía pasar si le robaban una encomienda, sabía mucho de punguismo.
A los pocos meses, en el año 1910, se presento en una exposición, una muestra de todos los alumnos del taller de Lazzari en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca con motivo del veinticinco aniversario de esta sociedad. Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo todos ellos principiantes y aficionados. Era el debut de Quinquela que expuso cinco obras: el óleo Vista de Venecia, dos dibujos realizados a pluma Vista de Venecia y dos paisajes confeccionados con témpera. Estas obras, que no se conservan actualmente excepto los dibujos en pluma y no es posible recuperarla, eran algo torpe, no tenía la habilidad suficiente en sus manos aún adquirida.
Benito deseaba crecer y sabía que debía mejorar su técnica para lograrlo, el maestro Pompeyo Boggio le enseño técnicas de dibujo natural. Junto a el estudiaron con Boggio Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hébecquer, José Arato y Abraham Vigo, todos ellos se inspiraban en los problemas sociales del país según afirma el crítico Jorge López Anaya. Formaron el denominado "Grupo de los Cinco" o "Artistas del Pueblo". También escribieron artículos en el diario La Montaña de Leopoldo Lugones.
Ninguno de estos pintores eran aceptados en el Salón Nacional, la principal galería que tenía la ciudad y quedaban dando vueltas en galerías menores. A partir de una idea de no se sabe quien crearon el Primer Salón de los Recusados dedicados a los artistas no admitidos en el Salón Nacional. Fue creado en la avenida Corrientes 655 en un local cedido por la Cooperativa Artística. Allí Benito expuso Quinta en la Isla Maciel y Rincón del Arroyo Maciel, obtuvo críticas divididas, positiva del diario La Nación y de Crítica y negativa considerada un desacato por parte de los jóvenes pintores por el diario La Prensa, el semanario Fray Mocho y José Gabriel de la revista Nosotros. Lo significante es que la prensa, mal o bien, se había empezado a fijar en sus trabajos.
Se anoto como profesor de Dibujo en la escuela Fray Justo Santa María de Oro, dependiente del Consejo General de Educación. En horario vespertino los obreros adultos concurrían a completar sus estudios secundarios. Quinquela les enseñaba los secretos del dibujo ornamental con el fin de aplicar el arte a la industria. La idea concebida junto al maestro Santiago Stagnaro era acercar el arte a la clase obrera.
Nota en Fray Mocho
bueno, este post ya termino
espero que les halla gustado nos vemos la proxima
NO SE OLVIDEN DE COMENTAR

