A favor de sus mosquetes, caballos y armaduras, los españoles no repararon en medios para sojuzgar a los indígenas, aunque guardaran las formas. Fue así que en las ordenanzas reales preferían el término "pacificación" a conquista: "E mandamos q. estos asientos no se den con título e nombres de conquistas, pues aviendose de hazer con tanta paz o caridad como deseamos, no queremos q. el nombre dé ocasión no color para q. se pueda hazer fuerza ni agravio a los indios". La "pacificación" empezaba con un discurso dirigido a los indios. Juan de Oviedo, veedor de minas y fundiciones de oro, di una versión completa del documento que debió leer en su propia lengua castellana a los indios de Santa Marta, y que igualmente se habrá hecho en otros lugares de nuestro actual territorio. Es de imaginar lo que los indios comprenderían...: "De parte del muy alto e muy poderoso e muy católico defensor de la Iglesia, siempre vencedor y nunca vencido el Gran Rey Don Fernando (quinto de tal nombre), Rey de la España, de las dos Secilias e de Hierusalem, e de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, etc., domador de las gentes barbaras; e de la muy alta e muy poderosa señora la Reyna doña Johana, su muy cara e muy amada hija, nuestros señores: Yo, su criado, mensagero e capitan vos notifico e hago saber, como mejor puedo, que Dios, Nuestro Sñor, uno e trino, crió el cielo e la tierra, e un hombre e una muger, de quien vosotros e nosotros e todos los hombres del mundo fueron e son descendientes e procreados, e todos los que después de nos han de venir (...)". El amonestador sigue "explicando" a los indios el origen de la autoridad del Papa y de cómo éste le hizo donación al rey de España de las nuevas tierras descbiertas por Colón. Les ruega y requiere que apresten su pacífica obediencia a la Iglesia, al Papa y a ellos, comprometiéndoles, en cambio, todos los beneficios de su "buena voluntad". Si la sumisión exigida no fuese la respuesta, el documento no ahorraba la descripción de las consecuencias: "Si no, sabed que os haremos guerra y mataremos y captivaremos (...)". Si, excepcionalmente, los intérpretes facilitan la compresión a los indios, éstos, según el citado Oviedo, saben responder con burlas y amenazas a los términos del documento: "Respondiéronme que en lo que decía que no había sino un Dios y que este gobernaba el cielo e la tierra y que era señor de todo, que les parecía bien y que así debía ser, pero en lo que decía que el Papa era Señor de todo el universo en lugar de Dios, y que había hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla, dijeron que el Papa debiera estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo que no era suyo; y que el Rey que pedía y tomaba tal merced, debía ser algún loco, pues pedía lo que era de otros". Fuente - Bibliografía - Duviols, Pierre, La Destrucción de las religiones andinas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1997 - Fitte, Ernesto, Hambre y desnudeces en la conquista del Río de la Plata, Biblioteca de Historia Argentina y Americana, Buenos Aires, 1980 - Gandía, Enrique de, Francisco de Alfaro y la condición social de los indios, Río de la Plata, Paraguay, Tucumán y Perú. Siglos XVI y XVII, Centro Difusor del Libro, Buenos Aires, 1946 - Pacho O'Donnell, Los Héroes Malditos. La historia argentina que no nos contaron, Sudamericana, Buenos Aires, 2004, pag. 30,31
La Borrachera del Papa - La Historia que no nos Contaron
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