El diablo en la religion cristiana
Diablo, en la mitología cristiana, es uno de los nombres del principal enemigo del Dios único Yahweh Elohim y de
Cristo; esto es así porque en el Libro de Apocalipsis se identifica como una sola persona; a Satanás del Libro de Job (Job 1:6-8), al Diablo del evangelio de Mateo (Mateo 4:8-10), la Serpiente Original de Génesis (Génesis 3:1-5) y al Gran Dragón del Apocalipsis, como un sólo personaje (Apocalipsis 12:9).
Algunas corrientes de brujería moderna consideran que la figura del Diablo se ha tomado de la figura del dios pagano de los brujos, asimilada a Satán en los primeros siglos del cristianismo. Pero son rigurosos al establecer que no existe ninguna relación fuera de la etimológica entre su Diablo -también llamado Divell- y el Diablo cristiano. Gerald B. Gardner, el fundador de la Wicca, hace mención de éste Divell convertido en Diablo en su libro Witchcraft Today (1951), como una forma mitológica del antiguo dios europeo de la Naturaleza.
Los origenes del diablo, segun la biblia
La caída del diablo según Gustave DoréEn el Nuevo Testamento se explica el origen del Diablo como uno de los ángeles de Yahweh que se hizo malvado (Juan 8:44). Se infiere que es una criatura espiritual de la familia angélica de Yahvé Dios (Job 1:6). Según manuscritos antiguos el nombre real de él en el cielo es Luzbel y al llegar al infierno él se cambió el nombre a Lucifer para estar en contra de Dios, a causa del deseo por la adoración que todas las criaturas inteligentes rendían al Creador Mateo 4:9. Según mitos no canónicos era el ángel que guardaba el trono del Dios Yahvé, pero por su orgullo de querer convertirse en otro dios fue arrojado del cielo junto a una tercera parte de los ángeles.
Según la Biblia
El texto de Isaías podría referirse a esta historia. Sin embargo el último versículo de este texto muestra que éste relato se aplica a un hombre . Aunque el relato habla de su ambición por llegar más allá de las estrellas de Dios, en la Biblia se suele referir como estrellas a los reyes de Israel (y posteriormente de Jerusalén) del linaje de David descendiente de Jacob.
Otro texto habla sobre éste tema, y se encuentra en Ezequiel 28:12-19, en donde se profesa una advertencia sobre el rey de Tiro; que describe muy bien el origen del Diablo o "Lucifer" (Lucero de la mañana). También habla que en un momento determinado de la historia, "para siempre dejará de ser", dando a entender la victoria entre Dios y el Diablo; entre el Bien y el Mal, para siempre.
Distintos nombres de el diablo
Sus nombres y representaciones Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia son: Satanás, Lucifer, Menem, Samael, Damian Jaldabaoth, «el dios de éste siglo» y «el padre de la mentira».
El número del diablo, considerado la Marca de la Bestia, es el seis seis seis (666).
En el judaísmo
Judaísmo En el Judaísmo no hay un concepto claro acerca de la personificación de éste personaje a diferencia de religiones como el Cristianismo o el Islam. En hebreo, la palabra bíblica ha-satan significa el adversario o el obstáculo, o también "el perseguidor" (reconociendo que Dios es visto como el Juez Último).
En el Libro de Job (Iyov), ha-satan es un título, no un nombre propio, de un ángel gobernado por Dios; él es el jefe perseguidor de la corte divina. En el Judaísmo ha-satan no hace mal, le indica a Dios las malas inclinaciones y acciones de la humanidad. En esencia, ha-satan no tiene poder hasta que los humanos no hagan cosas malas. Después de que Dios señala la piedad de Job, ha-satan le pide autorización para probar la piedad de Job. El hombre justo es afligido con la pérdida de su familia, propiedades, y más tarde, de su salud, mas él sigue siendo fiel a Dios. Como conclusión de éste libro, Dios aparece como un torbellino, explicándoles a los presentes que la justicia divina es inescrutable. En el epílogo, las posesiones de Job son restauradas y el obtiene una segunda familia para "reemplazar" la primera que murió.
En la Torá, Satanás o ha-satan es mencionado varias veces. Un momento importante se presenta en el incidente del becerro de oro. Satanás es el responsable por la inclinación al mal, o yetser harah, de todos los hombres. En la Torá, él es el responsable de que los Hebreos construyeran el ídolo (becerro de oro) mientras Moisés estaba arriba en el Monte Sinaí recibiendo la Torá de parte de Dios. En el Libro de las Crónicas, Satanás incita a David a hacer un censo ilegítimo. De hecho, los Libros de Isaías, Job, Eclesiastés y Deuteronomio, tienen pasajes en los que Dios es mostrado como el creador del bien y del mal en éste mundo.
El infierno de los budistas
Si bien los budistas no reconosen a el diablo como otro ente, hay algunas pinturas del infierno, en la tradición budista, que muestran ciertas similitudes con las del infierno cristiano de la Edad Media y los posmundos dolorosos de muchas otras culturas. Se muestra como un lugar de dolor y tormento intensos, donde se somete a sus víctimas a las torturas más penosas, las cuales son infligidas y presididas por demonios. Todo este mundo está lleno de llamas, por lo que es insoportablemente caliente, aunque abajo hay regiones que alcanzan un frío amargo que produce los peores sufrimientos. El infierno consiste de subplanos, y cada uno se especializa en un tipo particular de sufrimiento adecuado para cierto tipo de acción torpe. En el budismo popular, estos subplanos se describen con frecuencia con lujo de detalle. Hay, por ejemplo, el infierno de la inmundicia, en el que se revuelvan en el lodo los corruptores de inocentes, mientras que son devorados por monstruosos gusanos. Los torturadores y asesinos son atravesados con un pincho para ser asados, y sus intestinos son picoteados por pájaros con picos de acero.
Quizá debemos tener cuidado del literalismo de dichas historias, las que algunas veces no se concretan a nada más que una burda superstición. A pesar de que el budismo nunca ha descendido a la predicción de las llamas del infierno, algunas veces se ha dibujado la imagen en gran detalle. Dicho énfasis puede tener un efecto saludable, haciendo que alguna gente considere las consecuencias de sus acciones más cuidadosamente, sin embargo tan sólo puede inducir sentimientos de culpa y temor irracionales. En tanto que para el budismo la existencia de estados infernales es un hecho evidente e inevitable, nunca usa la imagen para manipular o inducir estados mentales nocivos de lobreguez, pesimismo y desesperación, que afectan a mucha de la gente que ha sido educada bajo la influencia de la Iglesia, donde se enfatiza detalladamente la existencia del infierno, aun entre los más jóvenes. Un sentido moral genuino proviene de la confianza en uno mismo y de la madurez, no del miedo.
No debemos tomar las representaciones tradicionales de una forma demasiado literal. Los rasgos básicos del infierno, son el sufrimiento constante y el dolor inexorable, impuesto por seres furiosos y vengativos. Este tipo de experiencia se puede encontrar incluso en la tierra, hay gente que ve el mundo de esta manera habitualmente. Todos los que se encuentran a su alrededor parecen estar tratando de hacerles una mala pasada y se sienten constantemente amenazados. Su motivación primaria es la de eliminar o evadir esta amenaza, y están en un estado de enemistad, ya sea abierta o cubierta, con casi todas las personas que conocen. Sufren agonías de inseguridad y sienten el dolor y la humillación de todo agravio, leve o imaginado. Ven este tormento como si les fuese impuesto por sus enemigos, quienes, ellos sienten, están tratando de menospreciarlos constantemente. En muchos casos, debido a la forma en que se comportan con otros, llevan a la existencia los enemigos que, inicialmente, eran tan sólo imaginarios. Dichas personas están dominadas por las raíces del estado mental del odio y ven al mundo entero a través del velo de sus sentimientos proyectados. Viven en un infierno terrenal y hacen un lugar de tormento para sí mismos en cada situación en la que se encuentran. El infierno no es más que el mismo estado mental que se manifiesta en todos sus dolorosos detalles después de la muerte.
A pesar de que las representaciones budistas tradicionales del infierno guardan un cercano parecido con aquellas del cristianismo, el concepto del infierno difiere de su equivalente cristiano en dos aspectos importantes. El infierno no es un castigo y su duración no es infinita. Cada mundo es la objetivización de la propia mente del individuo, de acuerdo con el funcionamiento natural del principio del karma; nadie juzga y nadie condena.
El ímpetu que hemos establecido determinará el tipo de mundo en el que renaceremos. El budismo no cuenta con una concepción de un ser creador o juez divino -esto se considera parte de nuestras propias proyecciones, con respecto a nuestras esperanzas y temores, que se encuentran basadas en nuestra necesidad por una figura paterna alentadora, que organice al cosmos-. El universo está hecho de procesos que contienen las leyes que gobiernan su funcionamiento propio. El principio del karma es la ley inherente en la conciencia individualizada y determina los efectos de las voliciones propias que experimentará.
Todo proceso es impermanente, y un estado particular continúa tan sólo en tanto que las condiciones que lo han traído se encuentren presentes. Las voliciones basadas en el odio llevan la experiencia del infierno a su existencia. Cuando han sido agotadas o contrarrestadas por voliciones perspicaces, entonces dejaremos el infierno y apareceremos en algún otro estado que se ajuste a nuestra nueva configuración kármica. Permaneceremos en el estado de tormento por tanto tiempo y como hayan energías kármicas sin descargar que nos mantengan allí. La tradición sostiene que una vida en el infierno puede extenderse al cabo de muchos eones... quizás esto corresponde con la bien conocida experiencia del tiempo corriendo lentamente cuando nos encontramos sufriendo.
Diferencias entre judaísmo, cristianismo e islamismo , sobre la creencia de Lucifer, Satan o Iblís.
La visión que tienen las tres religiones monoteístas de Lucifer varía tremendamente. Mientras que para los judíos Lucifer, Satán y Belcebú son tres entidades diferentes, Satanás es un miembro de la Corte Celestial que ejerce como Procurador o Fiscal del Cielo, que asesora a Dios como una especie de acusador y Belcebú un horrible demonio. Los cristianos ven en Lucifer, Belcebú y Satán a la misma entidad; un ser demoniaco, malvado, el Ángel Rebelde que inició una revolución contra Dios en aras de derrotarlo y no someterse a su voluntad; solo que con diferentes nombres, pero una misma entidad. Para los cristianos, el Diablo es la personificación de toda la maldad del Universo, el origen de todo mal. En el Islam, el Diablo (Iblís) es sencillamente un djinn o genio malévolo, un espíritu de fuego, pero no un ángel pues los ángeles son incapaces de rebelarse según el Corán. Incluso el nieto de Iblís se convirtió al Islam según un hadice.
Satanismo
El satanismo consta de un número de creencias relacionadas y fenómenos sociales. Comparten las características de simbolismo, veneración y admiración por Satán (o figuras similares). Satán apareció por primera vez en la Biblia Hebrea y era un ángel que desafiaba la fe de los humanos y la religión. En el Libro de Job se le denominaba «el Satán (que significa «el acusador» o "contra de, enemigo de" es una palabra mal traducida) y actuaba como el delator en el tribunal de Dios. Un personaje denominado «Satán» fue descrito dentro de los muchos evangelios de los primeros cristianos como el enemigo cósmico del Señor y el tentador de Jesús. Se desarrolló mucho más en amplitud y poder que el portador de Armagedón y Apocalipsis según está caracterizado dentro del Libro de la Revelación. Las religiones inspiradas por estos textos (judíos, cristianos y musulmanes) consideran a Satán tradicionalmente como un adversario o un enemigo; pero las extensas redacciones populares y las recomposiciones de cuentos bíblicos insertaron su presencia e influencia en cada aspecto del papel acusatorio remontándose a la Creación y a la Caída del Hombre. La figura de Satán fue tratada de manera diversa, especialmente por los cristianos y musulmanes, como un competidor rebelde o celoso de los seres humanos, de Jesús o del Señor, y caracterizado como un ángel caído o demonio dominando el infierno penitencial, encadenado a un profundo abismo, vagando por el planeta compitiendo por almas o proporcionando el ímpetu para todas las parodias mundanas. En algunos momentos durante el desarrollo de la religión cristiana, Satán empezó a convertirse en su enemigo directo, y esto sirvió a los intereses de todos aquellos que usarían esto para su beneficio, inclusive aquellos que crearon o recompusieron los mitos del satanismo. Además, particularmente después de la Ilustración Europea, algunas obras, tales como El paraíso perdido, fueron tomadas por los románticos y descritas como la presentación del Satán Bíblico, una alegoría que representa la crisis de fe, el individualismo, el libre albedrío, la sabiduría y el progresismo. Son pocas en número aquellas obras que en realidad mostraron a Satán como un personaje heroico pero sí que existen: George Bernard Shaw y Mark Twain son dos autores cuyas obras incluyen este precedente en el escrito que fue tomado por los religiosos satánicos.
La legislación antibrujería, como la Ley Británica Antibrujería de 1735 (Witchcraft Act 1735), no revocada hasta 1951, reflejó un fuerte sentimiento público en contra de la brujería y del satanismo. La religión satánica comenzó en 1966 con la fundación de la Iglesia de Satán.
Los grupos modernos satánicos (aquellos que aparecieron después de los sesenta) son muy diversos, pero hay dos tendencias muy importantes que se pueden ver como satanismo tradicional o teísta y satanismo ateísta. Los satánicos teístas veneran a Satán como un dios supernatural. Por el contrario, los satánicos ateos se consideran a sí mismos ateos y veneran a Satán simplemente como un símbolo de los rasgos de algunos humanos. Esta categorización del satanismo (que puede ser categorizado de otras formas, por ejemplo «tradicional» contra «moderno») no ha sido adoptada necesariamente por los satánicos en sí, quienes generalmente no especificarían a qué tipo de satánicos están adheridos. Algunos satánicos creen en Dios en el sentido de Fuerza Motriz, pero al igual que los satánicos ateos, todavía se adoran a sí mismos, debido a la creencia teísta de que Dios no juega ningún papel en las vidas mortales.
Cada «tipo» de satánico normalmente se referirá a sí mismo solo como «satánico» (salvo los seguidores del satanismo laveyano que se considerarán «satanistas»).
Mormones
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida como los Mormones, enseña que Dios el Padre era un hombre en otro planeta, que se convirtió en un Dios al seguir las leyes y las ordenanzas del Dios de ese planeta de donde supuestamente vino a la tierra. Que vino con su esposa; la cual también se convirtió en una diosa y que tuvieron descendencia en los cielos. Esta descendencia espiritual, incluye a Jesús, el diablo y a los humanos; todos hombres y mujeres nacidos en un existencia previa. Los espíritus pre existentes vinieron y habitaron en bebés al tiempo de su nacimiento y las memorias de su pre existencia se perdieron al momento de nacer.
Voodoo
En general, en el vudú se considera que existe una entidad sobrenatural última, llamada de diversas maneras, siendo las más habituales Bondye o Mawu (en ocasiones se hace referencia a una pareja, Mawu y Lisá), regente del mundo sobrenatural, pero ésta es inaccesible y permanece ajena al mundo de los humanos, por lo que la comunicación con ese mundo sobrenatural ha de llevarse a cabo a través de los numerosos loas (el Barón Samedi, la Maman Brigitte, Damballa, etc), entidades también sobrenaturales que actúan como deidades intermediarias y que conforman de hecho el eje central del vudú, teniendo cada uno de ellos una personalidad diferente y múltiples modos de ser alabados (por canciones, bailes, símbolos rituales y otros). Si bien no existe una estructura religiosa homogénea, un sacerdote vudú tiene la función de ponerse en contacto con los loas invocados, hablando el loa a través de él, por lo que se atribuye a los sacerdotes un gran poder, y recibe genéricamente el nombre de houngan, o si se trata de una mujer, mambo. El término bokor se reserva para un houngan que usa su poder para el mal, sería asimilable al vocablo "brujo".
Diablo, en la mitología cristiana, es uno de los nombres del principal enemigo del Dios único Yahweh Elohim y de
Cristo; esto es así porque en el Libro de Apocalipsis se identifica como una sola persona; a Satanás del Libro de Job (Job 1:6-8), al Diablo del evangelio de Mateo (Mateo 4:8-10), la Serpiente Original de Génesis (Génesis 3:1-5) y al Gran Dragón del Apocalipsis, como un sólo personaje (Apocalipsis 12:9).
Algunas corrientes de brujería moderna consideran que la figura del Diablo se ha tomado de la figura del dios pagano de los brujos, asimilada a Satán en los primeros siglos del cristianismo. Pero son rigurosos al establecer que no existe ninguna relación fuera de la etimológica entre su Diablo -también llamado Divell- y el Diablo cristiano. Gerald B. Gardner, el fundador de la Wicca, hace mención de éste Divell convertido en Diablo en su libro Witchcraft Today (1951), como una forma mitológica del antiguo dios europeo de la Naturaleza.
Los origenes del diablo, segun la biblia
La caída del diablo según Gustave DoréEn el Nuevo Testamento se explica el origen del Diablo como uno de los ángeles de Yahweh que se hizo malvado (Juan 8:44). Se infiere que es una criatura espiritual de la familia angélica de Yahvé Dios (Job 1:6). Según manuscritos antiguos el nombre real de él en el cielo es Luzbel y al llegar al infierno él se cambió el nombre a Lucifer para estar en contra de Dios, a causa del deseo por la adoración que todas las criaturas inteligentes rendían al Creador Mateo 4:9. Según mitos no canónicos era el ángel que guardaba el trono del Dios Yahvé, pero por su orgullo de querer convertirse en otro dios fue arrojado del cielo junto a una tercera parte de los ángeles.
Según la Biblia
El texto de Isaías podría referirse a esta historia. Sin embargo el último versículo de este texto muestra que éste relato se aplica a un hombre . Aunque el relato habla de su ambición por llegar más allá de las estrellas de Dios, en la Biblia se suele referir como estrellas a los reyes de Israel (y posteriormente de Jerusalén) del linaje de David descendiente de Jacob.
Otro texto habla sobre éste tema, y se encuentra en Ezequiel 28:12-19, en donde se profesa una advertencia sobre el rey de Tiro; que describe muy bien el origen del Diablo o "Lucifer" (Lucero de la mañana). También habla que en un momento determinado de la historia, "para siempre dejará de ser", dando a entender la victoria entre Dios y el Diablo; entre el Bien y el Mal, para siempre.
Distintos nombres de el diablo
Sus nombres y representaciones Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia son: Satanás, Lucifer, Menem, Samael, Damian Jaldabaoth, «el dios de éste siglo» y «el padre de la mentira».
El número del diablo, considerado la Marca de la Bestia, es el seis seis seis (666).
En el judaísmo
Judaísmo En el Judaísmo no hay un concepto claro acerca de la personificación de éste personaje a diferencia de religiones como el Cristianismo o el Islam. En hebreo, la palabra bíblica ha-satan significa el adversario o el obstáculo, o también "el perseguidor" (reconociendo que Dios es visto como el Juez Último).
En el Libro de Job (Iyov), ha-satan es un título, no un nombre propio, de un ángel gobernado por Dios; él es el jefe perseguidor de la corte divina. En el Judaísmo ha-satan no hace mal, le indica a Dios las malas inclinaciones y acciones de la humanidad. En esencia, ha-satan no tiene poder hasta que los humanos no hagan cosas malas. Después de que Dios señala la piedad de Job, ha-satan le pide autorización para probar la piedad de Job. El hombre justo es afligido con la pérdida de su familia, propiedades, y más tarde, de su salud, mas él sigue siendo fiel a Dios. Como conclusión de éste libro, Dios aparece como un torbellino, explicándoles a los presentes que la justicia divina es inescrutable. En el epílogo, las posesiones de Job son restauradas y el obtiene una segunda familia para "reemplazar" la primera que murió.
En la Torá, Satanás o ha-satan es mencionado varias veces. Un momento importante se presenta en el incidente del becerro de oro. Satanás es el responsable por la inclinación al mal, o yetser harah, de todos los hombres. En la Torá, él es el responsable de que los Hebreos construyeran el ídolo (becerro de oro) mientras Moisés estaba arriba en el Monte Sinaí recibiendo la Torá de parte de Dios. En el Libro de las Crónicas, Satanás incita a David a hacer un censo ilegítimo. De hecho, los Libros de Isaías, Job, Eclesiastés y Deuteronomio, tienen pasajes en los que Dios es mostrado como el creador del bien y del mal en éste mundo.
El infierno de los budistas
Si bien los budistas no reconosen a el diablo como otro ente, hay algunas pinturas del infierno, en la tradición budista, que muestran ciertas similitudes con las del infierno cristiano de la Edad Media y los posmundos dolorosos de muchas otras culturas. Se muestra como un lugar de dolor y tormento intensos, donde se somete a sus víctimas a las torturas más penosas, las cuales son infligidas y presididas por demonios. Todo este mundo está lleno de llamas, por lo que es insoportablemente caliente, aunque abajo hay regiones que alcanzan un frío amargo que produce los peores sufrimientos. El infierno consiste de subplanos, y cada uno se especializa en un tipo particular de sufrimiento adecuado para cierto tipo de acción torpe. En el budismo popular, estos subplanos se describen con frecuencia con lujo de detalle. Hay, por ejemplo, el infierno de la inmundicia, en el que se revuelvan en el lodo los corruptores de inocentes, mientras que son devorados por monstruosos gusanos. Los torturadores y asesinos son atravesados con un pincho para ser asados, y sus intestinos son picoteados por pájaros con picos de acero.
Quizá debemos tener cuidado del literalismo de dichas historias, las que algunas veces no se concretan a nada más que una burda superstición. A pesar de que el budismo nunca ha descendido a la predicción de las llamas del infierno, algunas veces se ha dibujado la imagen en gran detalle. Dicho énfasis puede tener un efecto saludable, haciendo que alguna gente considere las consecuencias de sus acciones más cuidadosamente, sin embargo tan sólo puede inducir sentimientos de culpa y temor irracionales. En tanto que para el budismo la existencia de estados infernales es un hecho evidente e inevitable, nunca usa la imagen para manipular o inducir estados mentales nocivos de lobreguez, pesimismo y desesperación, que afectan a mucha de la gente que ha sido educada bajo la influencia de la Iglesia, donde se enfatiza detalladamente la existencia del infierno, aun entre los más jóvenes. Un sentido moral genuino proviene de la confianza en uno mismo y de la madurez, no del miedo.
No debemos tomar las representaciones tradicionales de una forma demasiado literal. Los rasgos básicos del infierno, son el sufrimiento constante y el dolor inexorable, impuesto por seres furiosos y vengativos. Este tipo de experiencia se puede encontrar incluso en la tierra, hay gente que ve el mundo de esta manera habitualmente. Todos los que se encuentran a su alrededor parecen estar tratando de hacerles una mala pasada y se sienten constantemente amenazados. Su motivación primaria es la de eliminar o evadir esta amenaza, y están en un estado de enemistad, ya sea abierta o cubierta, con casi todas las personas que conocen. Sufren agonías de inseguridad y sienten el dolor y la humillación de todo agravio, leve o imaginado. Ven este tormento como si les fuese impuesto por sus enemigos, quienes, ellos sienten, están tratando de menospreciarlos constantemente. En muchos casos, debido a la forma en que se comportan con otros, llevan a la existencia los enemigos que, inicialmente, eran tan sólo imaginarios. Dichas personas están dominadas por las raíces del estado mental del odio y ven al mundo entero a través del velo de sus sentimientos proyectados. Viven en un infierno terrenal y hacen un lugar de tormento para sí mismos en cada situación en la que se encuentran. El infierno no es más que el mismo estado mental que se manifiesta en todos sus dolorosos detalles después de la muerte.
A pesar de que las representaciones budistas tradicionales del infierno guardan un cercano parecido con aquellas del cristianismo, el concepto del infierno difiere de su equivalente cristiano en dos aspectos importantes. El infierno no es un castigo y su duración no es infinita. Cada mundo es la objetivización de la propia mente del individuo, de acuerdo con el funcionamiento natural del principio del karma; nadie juzga y nadie condena.
El ímpetu que hemos establecido determinará el tipo de mundo en el que renaceremos. El budismo no cuenta con una concepción de un ser creador o juez divino -esto se considera parte de nuestras propias proyecciones, con respecto a nuestras esperanzas y temores, que se encuentran basadas en nuestra necesidad por una figura paterna alentadora, que organice al cosmos-. El universo está hecho de procesos que contienen las leyes que gobiernan su funcionamiento propio. El principio del karma es la ley inherente en la conciencia individualizada y determina los efectos de las voliciones propias que experimentará.
Todo proceso es impermanente, y un estado particular continúa tan sólo en tanto que las condiciones que lo han traído se encuentren presentes. Las voliciones basadas en el odio llevan la experiencia del infierno a su existencia. Cuando han sido agotadas o contrarrestadas por voliciones perspicaces, entonces dejaremos el infierno y apareceremos en algún otro estado que se ajuste a nuestra nueva configuración kármica. Permaneceremos en el estado de tormento por tanto tiempo y como hayan energías kármicas sin descargar que nos mantengan allí. La tradición sostiene que una vida en el infierno puede extenderse al cabo de muchos eones... quizás esto corresponde con la bien conocida experiencia del tiempo corriendo lentamente cuando nos encontramos sufriendo.
Diferencias entre judaísmo, cristianismo e islamismo , sobre la creencia de Lucifer, Satan o Iblís.
La visión que tienen las tres religiones monoteístas de Lucifer varía tremendamente. Mientras que para los judíos Lucifer, Satán y Belcebú son tres entidades diferentes, Satanás es un miembro de la Corte Celestial que ejerce como Procurador o Fiscal del Cielo, que asesora a Dios como una especie de acusador y Belcebú un horrible demonio. Los cristianos ven en Lucifer, Belcebú y Satán a la misma entidad; un ser demoniaco, malvado, el Ángel Rebelde que inició una revolución contra Dios en aras de derrotarlo y no someterse a su voluntad; solo que con diferentes nombres, pero una misma entidad. Para los cristianos, el Diablo es la personificación de toda la maldad del Universo, el origen de todo mal. En el Islam, el Diablo (Iblís) es sencillamente un djinn o genio malévolo, un espíritu de fuego, pero no un ángel pues los ángeles son incapaces de rebelarse según el Corán. Incluso el nieto de Iblís se convirtió al Islam según un hadice.
Satanismo
El satanismo consta de un número de creencias relacionadas y fenómenos sociales. Comparten las características de simbolismo, veneración y admiración por Satán (o figuras similares). Satán apareció por primera vez en la Biblia Hebrea y era un ángel que desafiaba la fe de los humanos y la religión. En el Libro de Job se le denominaba «el Satán (que significa «el acusador» o "contra de, enemigo de" es una palabra mal traducida) y actuaba como el delator en el tribunal de Dios. Un personaje denominado «Satán» fue descrito dentro de los muchos evangelios de los primeros cristianos como el enemigo cósmico del Señor y el tentador de Jesús. Se desarrolló mucho más en amplitud y poder que el portador de Armagedón y Apocalipsis según está caracterizado dentro del Libro de la Revelación. Las religiones inspiradas por estos textos (judíos, cristianos y musulmanes) consideran a Satán tradicionalmente como un adversario o un enemigo; pero las extensas redacciones populares y las recomposiciones de cuentos bíblicos insertaron su presencia e influencia en cada aspecto del papel acusatorio remontándose a la Creación y a la Caída del Hombre. La figura de Satán fue tratada de manera diversa, especialmente por los cristianos y musulmanes, como un competidor rebelde o celoso de los seres humanos, de Jesús o del Señor, y caracterizado como un ángel caído o demonio dominando el infierno penitencial, encadenado a un profundo abismo, vagando por el planeta compitiendo por almas o proporcionando el ímpetu para todas las parodias mundanas. En algunos momentos durante el desarrollo de la religión cristiana, Satán empezó a convertirse en su enemigo directo, y esto sirvió a los intereses de todos aquellos que usarían esto para su beneficio, inclusive aquellos que crearon o recompusieron los mitos del satanismo. Además, particularmente después de la Ilustración Europea, algunas obras, tales como El paraíso perdido, fueron tomadas por los románticos y descritas como la presentación del Satán Bíblico, una alegoría que representa la crisis de fe, el individualismo, el libre albedrío, la sabiduría y el progresismo. Son pocas en número aquellas obras que en realidad mostraron a Satán como un personaje heroico pero sí que existen: George Bernard Shaw y Mark Twain son dos autores cuyas obras incluyen este precedente en el escrito que fue tomado por los religiosos satánicos.
La legislación antibrujería, como la Ley Británica Antibrujería de 1735 (Witchcraft Act 1735), no revocada hasta 1951, reflejó un fuerte sentimiento público en contra de la brujería y del satanismo. La religión satánica comenzó en 1966 con la fundación de la Iglesia de Satán.
Los grupos modernos satánicos (aquellos que aparecieron después de los sesenta) son muy diversos, pero hay dos tendencias muy importantes que se pueden ver como satanismo tradicional o teísta y satanismo ateísta. Los satánicos teístas veneran a Satán como un dios supernatural. Por el contrario, los satánicos ateos se consideran a sí mismos ateos y veneran a Satán simplemente como un símbolo de los rasgos de algunos humanos. Esta categorización del satanismo (que puede ser categorizado de otras formas, por ejemplo «tradicional» contra «moderno») no ha sido adoptada necesariamente por los satánicos en sí, quienes generalmente no especificarían a qué tipo de satánicos están adheridos. Algunos satánicos creen en Dios en el sentido de Fuerza Motriz, pero al igual que los satánicos ateos, todavía se adoran a sí mismos, debido a la creencia teísta de que Dios no juega ningún papel en las vidas mortales.
Cada «tipo» de satánico normalmente se referirá a sí mismo solo como «satánico» (salvo los seguidores del satanismo laveyano que se considerarán «satanistas»).
Mormones
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida como los Mormones, enseña que Dios el Padre era un hombre en otro planeta, que se convirtió en un Dios al seguir las leyes y las ordenanzas del Dios de ese planeta de donde supuestamente vino a la tierra. Que vino con su esposa; la cual también se convirtió en una diosa y que tuvieron descendencia en los cielos. Esta descendencia espiritual, incluye a Jesús, el diablo y a los humanos; todos hombres y mujeres nacidos en un existencia previa. Los espíritus pre existentes vinieron y habitaron en bebés al tiempo de su nacimiento y las memorias de su pre existencia se perdieron al momento de nacer.
Voodoo
En general, en el vudú se considera que existe una entidad sobrenatural última, llamada de diversas maneras, siendo las más habituales Bondye o Mawu (en ocasiones se hace referencia a una pareja, Mawu y Lisá), regente del mundo sobrenatural, pero ésta es inaccesible y permanece ajena al mundo de los humanos, por lo que la comunicación con ese mundo sobrenatural ha de llevarse a cabo a través de los numerosos loas (el Barón Samedi, la Maman Brigitte, Damballa, etc), entidades también sobrenaturales que actúan como deidades intermediarias y que conforman de hecho el eje central del vudú, teniendo cada uno de ellos una personalidad diferente y múltiples modos de ser alabados (por canciones, bailes, símbolos rituales y otros). Si bien no existe una estructura religiosa homogénea, un sacerdote vudú tiene la función de ponerse en contacto con los loas invocados, hablando el loa a través de él, por lo que se atribuye a los sacerdotes un gran poder, y recibe genéricamente el nombre de houngan, o si se trata de una mujer, mambo. El término bokor se reserva para un houngan que usa su poder para el mal, sería asimilable al vocablo "brujo".