InicioInfoLeyendas Mexicanas parte 2
Hola comunidad de T! Hoy les traigo las leyendas mexicanas parte 2, gracias a que me inspiro estas leyendas de mi pais... espero que les guste


El callejón del Muerto
En el año 1600 el español Tristán de Alzúcer, se estableció en la Ciudad de México para abrir una abarrotería, donde el arzobispo fray García de Santa María Mendoza solía frecuentarlo para conversar, ya que ambos eran originarios de la misma localidad.

Su abarrotería prosperó y Tristán de Alzúcer decidió ampliar la variedad de mercancías ofrecidas en la tienda, por lo que envió a su hijo a buscar mercaderías en la ciudad de Veracruz y en las costas del sureste. Lejos de su padre, el hijo contrajo una enfermedad mortal cuya gravedad le impedía regresar a la Ciudad de México. Tristán de Alzúcer le rogó a la Virgen por el retorno de su hijo vivo y le prometió que caminaría hasta el santuario del cerrito en agradecimiento. Unas semanas después su hijo regresó débil y convaleciente. Con el paso del tiempo, Tristán olvidó su promesa realizada hacia la Virgen por dedicarse a su próspero negocio y sentía remordimientos cuando se acordaba de que no la había cumplido.

Un día visitó a su amigo el arzobispo para comentarle sobre su remordimiento por no cumplir la promesa, aunque siempre agradecía a la Virgen en sus rezos. El arzobispo le afirmó que con un rezo bastaba, lo eximió de su promesa y Don Tristán aliviado la olvidó.

Cierto día por la mañana, el arzobispo se encontraba caminando por la Calle de La Misericordia cuando se topó con Don Tristán quien estaba famélico, vestido con un sudario blanco, portaba una vela encendida y le respondió con voz tenebrosa que estaba cumpliendo la promesa. Extrañado el arzobispo, fue por la noche a casa de Tristán para pedirle una explicación y encontró su cadáver velado por su hijo, el cual estaba con el mismo aspecto, vestuario y vela que él había visto esa mañana. El hijo le comentó que su padre había muerto al amanecer y había sido obligado a cumplir la promesa. El arzobispo dedujo que se había topado con el espíritu de su amigo, quien se manifestó para cumplir la promesa y sintió remordimientos por eximirlo de ella.

Después de varios años el alma de Tristán siguió deambulando por la calle de la Misericordia, desde el incidente del arzobispo el vulgo la llamó el callejón del Muerto y siglos después se le renombró calle República Dominicana.


El fantasma de la Monja
A mediados del siglo XVI vivió María de Ávila, una mujer bonita y joven , quién se enamoró de un humilde mestizo de apellido Arrutia quién quería casarse con ella para conseguir fortuna y linaje.

Al enterarse Omar y Alfonso, los hermanos de Doña María, se opusieron al romance. Alfonso le prohibió a Arrutia verla pero el mestizo se negó, los hermanos decidieron darle mucho dinero con la condición de que se fuera a vivir lejos de la ciudad y él aceptó sin molestarse en despedirse de la enamorada. Después de dos años Doña María seguía en depresión y sus hermanos acordaron enclaustrarla en el Antiguo Convento de la Concepción. Allí siguió deprimida por el mestizo y rezaba por él.

Una noche no soportó más la falta del mestizo y se ahorcó en un árbol de duraznos en el patio del convento. Ella fue enterrada ahí mismo en el cementerio del lugar. Un mes después, el fantasma de la ahorcada María acostumbró a aparecerse todas las noches reflejándose en las aguas de la fuente del convento cuando alguna novicia o monja se veía el rostro. Las madres superiores prohibieron la salida de las monjas a la huerta después de la puesta del sol. Estas apariciones se prolongaron por mucho tiempo después. Ni muerta soportó la ausencia de su amado y salió en busca de él, matándolo para, aunque sea, estar con él en la muerte ya que en vida se lo habían prohibido.


El Charro y la Partera
En cierta localidad a la parte norte del país solía cabalgar un misterioso charro que se aparecía repentinamente a los habitantes. Una noche allí llegó un charro a solicitar los servicios de una partera y la llevó a su jacal, donde la partera asistió a su mujer hasta que parió. El charro regresó al lugar y le pago con varias monedas de oro, pero le advirtió que guardara en secreto el parto o se moriría. Indignada y asustada por la advertencia la partera entró a su hogar y espero a que se retirara el charro. Como no escucho las pisadas de su caballo pensó que seguía fuera de su casa y se asomó a la ventana para descubrir asombrada que no había nadie.

Ella estuvo confundida y recelosa durante varios días por la advertencia y la silenciosa desaparición del charro. Durante varias semanas estuvo absorta en sus pensamientos, y miraba extrañada a sus conocidos. Cierto día le platicó todo lo sucedido a una vecina quien le aconsejó no contárselo a nadie más y dejar las monedas en la iglesia, así lo hizo la partera. Sin embargo, a la mañana siguiente la partera amaneció muerta, pero con el aspecto de seguir durmiendo y algunos rumoraron que escucharon cabalgar al charro cerca de ahí. Se cumplió la advertencia de aquel charro, aquellas monedas desaparecieron y se rumoró que el charro regresó a recogerlas.



El Señor del Rebozo
A mediados del Siglo XVI templo de Santa Catalina de la Siena, había un crucifijo con un Cristo de madera esculpido por un anónimo y colocado a la entrada.

Al convento dominicano adjunto que atendía el templo, ingresó una muchacha que luego se convirtió en la monja sor Severa de Santo Domingo. Al ver al Cristo, ella quedó tan conmovida de su mirada triste, pálidez y sus llagas que le rezó frecuentemente. Se volvió una costumbre que practicó diariamente por años y se hizo devota de aquel Cristo .

Después de 32 años, ella envejeció y enfermó, desde su celda rezaba a ese Cristo y lo llamaba. Una noche lluviosa ella tiritaba de frío por el viento que se colaba a su celda. Preocupada por el Cristo semidesnudo lo llamó para arroparlo del frío, además de verlo y adorarlo. De repente escuchó un suave golpe a su puerta. Ella se esforzó en levantarse y al abrir vio a un hombre semidesnudo parecido a ese Cristo. La monja le ofreció pan mojado en aceite y agua y le cubrió con un rebozo (chal) de lana. Inmediatamente después la monja falleció.

A la mañana siguiente encontraron su cadáver oloroso a rosas y sonriente, y al Cristo de aquel crucifijo cubierto con el chal. Desde entonces las monjas del convento bautizaron aquel crucifijo como el Señor del Rebozo que estuvo expuesto a los feligreses hasta la exclaustración de las monjas.
Imagen no encontrada, perdonen!!


Los campanazos de la antigua Basílica de Guadalupe
Hace muchos años en esta basílica, un capellán solía tocar las campanas puntual y diariamente. Un día enfermó gravemente de pulmonía, pero como era un hombre tan responsable no dejó de tocar las campanas aun enfermo y eso lo empeoró hasta que, finalmente murió.

Tiempo después de haber sido sepultado aún se escuchaban las campanas, sonando con la misma puntualidad, pese a que nadie las tocaba y así continuaron sonando mucho después de que se retiraron las cuerdas, como si manos invisibles las tocaran. Hasta el día de hoy, en algunas ocasiones es posible oír entre el viento su sonido. Nadie ha podido explicar la causa de este fenómeno, pero muchas personas creen que el fantasma del devoto capellán sigue cumpliendo sus obligaciones desde ultratumba.

(Imagen no encontrada, perdonen!!


La rata gigante de la Merced
Esta leyenda se ubica en uno de los mercados mas grandes y tradicionales del centro de la ciudad de México. Se dice que debido a al gran cantidad de basura y alimento disponible, las ratas se crían con gran facilidad, pero que después de un tiempo la población de ratas comenzó a disminuir.

Se hablaba que la gente veía un animal mas grande que un conejo e incluso que algunos gatos que vivía en las partes mas viejas del mercado. Con el tiempo se hicieron exterminaciones y el problema se controlo pero que de nuevo comenzaban a desaparecer algunos otros animales y productos de los comercios. La gente decía que la responsable era una rata enorme que se dice que incluso come gatos y perros pequeños y que aseguran ser muchos los testigos de haberla visto correr en las calles aledañas.


El Penitente
Una leyenda de taxistas. Se dice que algún taxista al finalizar su turno, encuentra a una anciana que le hace la parada. El hombre compadecido por la hora y la situación de la señora, accede a llevarla a su destino.

La señora solicita que la lleve a distintas iglesias de la ciudad por que tiene que hacer unas mandas. El taxista la llevaba a los lugares indicados hasta que por fin llegan a su casa y la señora le dice que espere para pagarle. Después de haber transcurrido varios minutos sin que aparezca la señora el taxista decide tocar en la puerta. Cuando le abre una persona el explica su situación, le dicen que esa persona ya ha fallecido tiempo atrás.



La leyenda del boy Scout
Se dice que en el Estado México hay una zona para camping que utilizan mucho los scouts.

Esa zona esta bordeada por la pared de de una montaña donde se dice que scouts mayores engañaron a un recluta para que acampara en la orilla del precipicio como broma. Lo que no contaron es que el chico era sonámbulo y se despeño durante la madrugada, a la mañana siguiente encontraron el cuerpo destrozado en las peñas.

Por lo mismo se prohibió hacer camping cerca de esa zona y ahora se hace en una superficie baja y alejada. Pero tiempo después los scouts comenzaron a ver una luz en la peña y decían que era el alma del chico que buscaba que alguien lo ayudara a salir.

Cuentan que por las noches los scouts que acampan en el valle ven la luz de la lampara del chico que espera que lo rescaten.



El carro rojo
En la carretera antigua México-Cuernavaca cuentan que después de las 12 de la noche un carro deportivo de lujo de color rojo hace un recorrido por la zona de Tres Marias. Se dice que el carro es ocupado por 5 bellas mujeres que les gusta la vida nocturna y que en su camino a la Ciudad de México les gustaba acompañarse por hombres.

Lo malo es que cuentan que todo aquel se sube con ellas aparece muerto a la mañana siguiente o simplemente nadie mas lo vuelve a ver ya que las mujeres en realidad son demonios que buscan almas incautas para el infierno.



La niña fantasma de Gabriel Mancera
La leyenda que a continuación os voy a contar, ha circulado de boca en boca por los habitantes de las colonias del Valle, Narvarte y aledañas por igual. La ubicación exacta de ésta, toma forma exactamente en el cruce del Eje Vial Número 5, mejor conocido como Eugenia, y el Eje Vial Número 2, también conocido como Gabriel Mancera.

Alrededor de las 2 a.m., se cuenta, una chiquilla se dirigía caminando hacia la farmacia para comprar las medicinas que su madre enferma requería, hecho por el que se vió forzada a salir a esas altas horas de la madrugada.

La niña, consciente de la hora, prudentemente respetaba los semáforos y señalamientos antes de cruzar las calles hasta llegar a su destino, y así lo hizo también en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera.

Al ponerse la luz roja para los vehículos que transitaban sobre Eje 5, la chica se dispuso a caminar, de esquina a esquina, para cruzar dicho Eje, pero, a diferencia de la gallina, nunca llegó al otro lado del camino, ya que un coche que iba a exceso de velocidad decidió ignorar la luz roja y cruzar, sin tomar precaución alguna sobre otros automóviles o transeúntes cruzando. Golpeó mortalmente a la niña, dejándola medio viva y medio muerta en el arroyo del tránsito. El automovilista responsable nunca se bajó del vehículo… es más, nunca se detuvo para saber si la niña vivía o moría y nunca fue para pedir asistencia médica a nadie ni por nada. Siguió su camino, sin más.

Eventualmente, la niña falleció en agonía y sola, nadie la ayudó. Desde entonces, y es aquí donde uno debe espantarse, alrededor de las 2 a.m., en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera, el espíritu de la niña se aparece a los automóviles que circulan a esa hora a exceso de velocidad. Ella cruza la calle como aquella fatídica noche cuando perdió la vida, provocando así que los autos se vuelquen por tratar de esquivarla cuando la ven, quedando literalmente “patas arriba”. Una vez que provocado el accidente, se va, dejando a los pasajeros sin asistencia de ningún tipo para morir solos, tal cual a ella le sucedió.



Los niños del terremoto
Durante el sismos del 1985 muchas de las victimas fueron niños en edad escolar ya que el sismo ocurrió entre las 7 y 7:30 am cuando muchos plantes de distintos niveles de educación abrían sus puertas o comenzaban las clases.

Muchas de estos centro educativos resultaron dañados parcial o totalmente con la consabida perdida de vidas. Después de la reconstrucción de algunos de ellos, comenzaron los fenómenos extraños.

Algunas personas comenzaban a reportar que se veían niños jugar, se escuchaban conversaciones o incluso áreas de juegos infantiles presentaban actividad. Este fenómeno se extendió en gran parte de los centros educativos que tuvieron alguna tragedia durante los sismos y aun en día hay persona que dicen observar dichos eventos aunque algunos lugares hace tiempo que dejaron de ser centros educativos.


La Calle De Don Juan Manuel.
Hace muchos años – cuenta la tradición – que vivía en esta Calle un hombre muy rico, cuya casa quedaba precisamente detrás del Convento de San Bernardo. Este hombre se llamaba Don Juan Manuel y se hallaba casado con una mujer tan virtuosa como bella. Pero aquel hombre, en medio de sus riquezas y al lado de una esposa que poseía prendas tan raras, no se sentía feliz a causa de no haber tenido sucesión.

La tristeza lo consumía, el fastidio lo exasperaba y para hallar algún consuelo, resolvió consagrarse a las prácticas religiosas, pero tanto, que no conforme con asistir casi todo el día a las iglesias, intentó separarse de su esposa y entrar fraile a San Francisco. Con este objeto, envió por un sobrino que residía en España, para que administrase sus negocios. Llegó a poco el pariente y pronto también concibió D. Juan Manuel celos terribles, tan terribles que una noche invocó al diablo y le prometió entregarle su alma, si le proporcionaba el medio de descubrir al que creía lo estaba deshonrando. El diablo acudió solícito, y le ordenó que saliera de su casa a las once de esa misma noche y matara al primero que encontrase. Así lo hizo D. Juan, y al día siguiente, cuando creyendo estar vengado, se encontraba satisfecho, el demonio se le volvió a presentar y le dijo que aquel individuo que había asesinado era inocente pero que siguiera saliendo todas las noches y continuara matando hasta que él se le apareciera junto al cadáver del culpable.

D. Juan obedeció sin replicar. Noche con noche salía de su casa: bajaba las escaleras, atravesaba el patio, abría el postigo del zaguán, se recargaba en el muro, y envuelto en su ancha capa, esperaba tranquilo a la víctima. Entonces no había alumbrado y en medio de la obscuridad y del silencio de la noche, se oían lejanos pasos, cada vez más perceptibles: después aparecía el bulto de un transeúnte, a quien, acercándose D. Juan, le preguntaba:

- Perdone usarcé, ¿qué horas son?
- Las once.
- ¡Dichoso usarcé, que sabe la hora en que muere!

Brillaba el puñal en las tinieblas, se escuchaba un grito sofocado, el golpe de un cuerpo que caía, y el asesino, mudo, impasible, volvía a abrir el postigo, atravesando de nuevo el patio de la casa, subía las escaleras y se recogía en su habitación.

La ciudad amanecía consternada. Todas las mañanas, en dicha calle, recogía la ronda un cadáver, y nadie podía explicarse el misterio de aquellos asesinatos tan espantosos como frecuentes.

En uno de tantos días muy temprano, condujo la ronda un cadáver a la casa de D. Juan Manuel, y éste contempló y reconoció a su sobrino, al que tanto quería y al que debía la conservación de su fortuna.

D. Juan al verlo, trató de disimular; pero un terrible remordimiento conmovio todo su ser, y pálido, tembloroso, arrepentido, fue al convento de San Francisco, entró a la celda de un sabio y santo religioso, y arrojándose a sus pies, y abrazándose a sus rodillas, le confesó uno a uno todos sus pecados, todos sus crímenes, engendrados por el espíritu de Lucifer, a quien había prometido entregar su ánima.

El reverendo lo escuchó con la tranquilidad del juez y con la serenidad del justo, y luego que hubo concluido D. Juan, le mandó por penitencia que durante tres noches consecutivas fuera a las once en punto a rezar un rosario al pie de la horca, en descargo de sus faltas y para poder absolverlo de sus culpas.

Intentó cumplir D. Juan; pero no había aún recorrido las cuentas todas de su rosario, la primera noche, cuando percibió una voz sepulcral que imploraba en tono dolorido:

- ¡Un Padre Nuestro y un Ave María por el alma de D. Juan Manuel!

Quedóse múdo, se repuso enseguida, fue a su casa, y sin cerrar un minuto los ojos, esperó el alba para ir a comunicar al confesor lo que había escuchado.

- Vuelva esta misma noche – le dijo el religioso – considere que esto ha sido dispuesto por el que todo lo sabe para salvar su ánima y refexione que el miedo se lo ha inspirado el demonio como un ardid para apartarlo del buen camino, y haga la señal de la cruz cuando sienta espanto.

Humilde, sumiso y obediente, D. Juan estuvo a las once en punto en la horca; pero aún no había comenzado a rezar, cuando vió un cortejo de fantasmas, que con cirios encendidos conducían su propio cadáver en una ataúd.

Más muerto que vivo, tembloroso y desencajado, se presentó al otro día en el convento de San Francisco.

- ¡Padre – le dijo – por Dios, por su santa y bendita madre, antes de morirme concédame la absolución!

El religioso se hallaba conmovido, y juzgando que hasta sería falta de caridad el retardar más el perdón, le absolvió al fin, exigiéndole por última vez, que esa misma noche fuera a rezar el rosario que le faltaba.

Que fue del penitente, lo dice la leyenda. ¿Que paso allí? Nadie lo sabe, y sólo agrega la tradición que al amanecer se encontraba colgado de la horca pública un cadáver erá del muy rico Sr. D. Juan Manuel de Solórzano, privado que había sido del Marqués de Cadereita.

El pueblo dijo desde entonces que a D. Juan Manuel lo habían colgado los ángeles, y la tradición lo repite y lo seguirá repitiendo por los siglos de los siglos.
Imagen no encontrada, perdonen!!!




Leyendas con nombres extraños :S ( nose si son de mexico )

El trabajador de coca-cola
Se supone que en la planta embotelladora de Coca Cola de Naucalpan, cada determinado tiempo (6 meses creo que dice) se lavan totalmente los tanques donde se mezclan los ingredientes del refresco La leyenda dice que haciendo esa limpieza encontraron en el fondo de uno de esos tanques el cuerpo de un trabajador que habían reportado como desaparecido desde hacia meses. En algunas variantes de la leyenda agregan que el trabajador estaba infectado de SIDA.

Gusanos en los Gansitos y Twinkies.
Los Gansitos y Twikies son de las golosinas mas conocidas en el medio mexicano, ya que son pastelitos rellenos de mermelada cubiertos de chocolate mientras que el twinkie es mas conocido. Duratne los 80´s corrió la leyenda que algunos niños al abrir algunos de estos panecillos descubrieron en su interior gusanos o lombrices por lo que los productos fueron retirados de inmediato y las familias indemnizadas.

Sopas Maruchan
Se cuenta que en 2003 varias de estas sopas instantáneas provocaron heridas o la muerte a las personas que las consumieron debido a en su interior fueron halladas agujas dentro de la pasta. La otra versión mas reciente y que últimamente hasta en las noticias ha salido es que la sopa maruchan esta hecha de una especie de polímero, por lo cual al consumirla uno se siente satisfecho y que uno tarda mas de 4 de días en digerirla completamente.


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