
La universidad como espejo de la sociedad
La Reforma Universitaria de 1918 significó un cambio importante en cuanto a la organización de las universidades, principalmente en lo que respecta a los órganos constitutivos, en los que se instaura la participación del estudiantado.
Aquel movimiento reformista impulsado desde la Universidad de Córdoba tenía como uno de sus objetivos la democratización de los altos estudios permitiendo a los estudiantes involucrarse en su formación profesional.
90 años después de aquel renacer con consignas de participación, inspirado en el acceso de los hijos de inmigrantes a la universidad pública, en la actualidad el panorama es radicalmente distinto pero si se presta atención se pueden encontrar algunas similitudes y principalmente varias claudicaciones.
En una sociedad donde predominan los intereses individuales por sobre los colectivos, la falta de compromiso con el prójimo no escapa a la universidad (no debería sorprendernos), que no solo se encuentra desconectada de la realidad social en la que esta inserta, sino que esto se traduce y se puede apreciar tanto en los alumnos como en los profesores.
Lejos de los países y sociedades con educación planificada, donde se limitan los cupos por carrera con el fin de atender a las necesidades de la nación, en el presente la realidad muestra una falta de planificación, unida a un estudiantado que en su gran mayoría carece de conciencia de clase y busca en los títulos simplemente una herramienta para el ascenso social, que a diferencia de otras épocas es individual. Se busca el titulo para despegarse de la masa.
Poco parece importar el conocimiento que se adquiera ya que el fin es el titulo, y en el reposa la razón de ser del estudiantado actual. Un certificado de conocimiento avalado por el estado parece ser la meta de la mayoría. Estos motivos dan como resultado una falta de compromiso con la sociedad, que a través de sus impuestos mantiene las universidades, pues no se ve en al otro a un compañero sino a una posible amenaza, a un competidor.
Son también algunos de los motivos que impulsan a los estudiantes a transcurrir la mayor parte de la carrera “safando” en lugar de comprometerse para obtener conocimientos que los constituyan o den bases para un buen profesional.
Pero esto tiene su complemento en un gran número de profesores que retroalimentan este círculo vicioso, pues probablemente muchos de ellos fueron parte del mismo circulo.
Sin entrar en la discusión de los contenidos, podemos encontrar dos grandes ramas que obviamente no son las únicas. Por un lado los profesores del “anímense y vayan” que ya existían en el 18 y de ellos habla Jauretche; este estilo de profesor, al margen de las buenas o malas intenciones, pregona porque los alumnos sean los que vayan al frente en los reclamos, o dicho con otras palabras, que los jóvenes asomen la cabeza, cuestión de que si hay un garrotazo no se lo coman ellos. Basta corroborar la cantidad de alumnos inhabilitados para estudiar consecuencia de los reclamos del 18 en contraposición con la cantidad de profesores inhabilitados para ejercer la profesión.
Por otro lado están los profesores amorfos que tienen escaso o nulo compromiso no solo con la realidad que los rodea, sino también con las cátedras que les corresponden. En este grupo se encuentran desde aquellos que asumen cátedras simultáneas, pasando por quienes humillan a los estudiantes mediante modos prepotentes y soberbios (muy común en medicina), hasta los que se creen los dueños de la verdad, todos ellos basando sus discursos en falacias conceptuales.
A modo de ejemplo se podría pensar en una persona encargada de la cátedra de derecho de la carrera de comunicación, que en plena ebullición del nuevo proyecto de ley de radiodifusión, meses después de ser presentado, aun no lo haya leído. Sin lugar a dudas esto da pie a entender que algo esta fallando, y no es solo por parte de los estudiantes, que en muchos casos terminaran siendo profesores y probablemente reproducirán esta lógica, con tendencia a profundizarse en las generaciones futuras sino se interviene adecuadamente.
Se podría señalar el periodo que abarco entre la proscripción del peronismo y la última dictadura militar, como el periodo donde más compromiso con la sociedad se vio desde los estudiantes universitarios. La medicina social, la fuerte participación de los estudiantes en las luchas obreras (ej:”cordobazo”), etc. Posterior a la última dictadura, con el inicio del modelo neoliberal, con el hombre como sujeto aislado de su entorno, de sus pares, la universidad no fue ajena a esta regla. Las concepciones que de allí emergen impregnaron a la sociedad, que en la actualidad en su mayoría se considera apolítica, y desembarazaron completamente a los altos estudios de la realidad social que los circunscribe. Al fin y al cabo la universidad, en mayor o menor medida, reproduce movimientos y concepciones que se encuentran en el seno de la sociedad, pues es parte constitutiva de esta.
Damian Salerno es un estudiante universitario a punto de recibirse, con una mirada critica sobre la realidad.
Tambien es amigo mio y dada la pobreza del material periodístico que estuve leyendo últimamente, la opinión de Damian cobro profundidad por su contenido y enfoque. Asi que me parecio oportuno hacerles llegar su visión.