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Historia del mundo de WarCraft PARTE 2

Info4/28/2010
El Árbol del mundo y el Sueño Esmeralda

Durante muchos años los elfos nocturnos trabajaron incansablemente para reconstruir lo que pudieran de su antigua tierra. Abandonaron sus antiguos templos y caminos y construyeron sus nuevos hogares en medio de verdes árboles y colinas en la base del monte Hyjal. Con el tiempo, los dragones que habían sobrevivido a la gran Separación salieron de sus guaridas secretas.
Alexstrasza el rojo, Ysera el verde, y Nozdormu el bronce descendieron sobre los pacíficos claros de los druidas y contemplaron los frutos del trabajo de los elfos. Malfurion, quien se había convertido en un druida de inmenso poder, saludó a los poderosos dragones y les contó sobre la creación del nuevo Pozo de la Eternidad. Los magnánimos dragones se alarmaron al escuchar las malas noticias, y pensaron que mientras el Pozo existiera, la Legión podía llegar a retornar para asediar nuevamente al mundo. Malfurion y los tres dragones hicieron un pacto para mantener la seguridad del Pozo y para asegurar que los agentes de la Legión Ardiente jamás encontraran el camino de retorno al mundo.
Alexstrasza, el Dador de Vida, ubicó una bellota encantada dentro del corazón del Pozo de la Eternidad. La bellota, activada por las potentes y mágicas aguas, creció hasta convertirse en un árbol colosal. Las poderosas raíces del árbol crecieron desde las aguas del Pozo hasta que su copa parecía arañar el cielo. El inmenso árbol funcionaría como un símbolo eterno del lazo de los elfos con la naturaleza, y sus energías dadoras de vida se extenderían para sanar al resto del mundo con el tiempo. Los elfos llamaron a su Árbol del Mundo ‘Nordrassil’, que significa ‘corona de los cielos’ en su lengua nativa.
Nozdormu, el Eterno, realizó un hechizo sobre el Árbol del Mundo para asegurarse de que mientras el gigantesco árbol estuviera en pie, los elfos nocturnos nunca envejecerían o serían presa de la enfermedad.
Ysera, el Soñador, también puso un encanto sobre el Árbol del Mundo al unirlo a su propio dominio, la eterna dimensión conocida como el Sueño Esmeralda. El Sueño Esmeralda, un vasto y cambiante espíritu del mundo, existe fuera de los límites del mundo físico. Desde el Sueño, Ysera regula el flujo y reflujo de la naturaleza y el camino evolutivo del mundo. Los druidas de los elfos nocturnos, incluyendo al mismísimo Malfurion, estaban unidos al Sueño a través del Árbol del Mundo. Como parte del pacto mítico los druidas acordaron dormir por centurias de manera que sus espíritus pudieran habitar lo infinitos caminos de los sueños de Ysera. Aunque los druidas no estaban contentos con la idea de tener que perder tantos años de sus vidas hibernando, ellos aceptaron cumplir generosamente con el trato con Ysera.
Exilio de los Elfos Nobles

A medida que las centurias pasaban, la sociedad de los elfos se fortalecía y expandía a través del bosque que luego fue llamado Ashenvale. Muchas de las criaturas y especies que abundaban antes de la Gran Separación, como los furbolgs y los quilboars, reaparecieron y florecieron en la tierra. Bajo el benevolente liderazgo de los druidas, los elfos nocturnos disfrutaron de una era de paz sin precedentes y tranquilidad bajo las estrellas.
Sin embargo, muchos de los Nobles sobrevivientes vivían sin paz. Al igual que Illidan antes que de ellos, se sentían víctimas del abandono que vino por la pérdida de su codiciada magia. Estuvieron tentados de tantear las energías del Pozo de la Eternidad y así recuperar sus prácticas mágicas. Dath’ Remar, el descarado, vocero líder de los Nobles, comenzó a burlarse de los druidas públicamente, llamándolos cobardes por negarse a ejercer la magia que era suya por derecho. Malfurion y los druidas rechazaron lo argumentos de Dath’Remar y advirtieron a los Nobles que cualquier uso de magia sería castigado con la muerte. Luego de un insolente y funesto intento de convencer a los druidas de rescindir su trato, Dath’Remar y sus seguidores desataron una terrible tormenta mágica sobre Ashenvale.
Los druidas no hubieran podido tolerar tanta muerte para los de su especie, por lo que decidieron exiliar a los soberbios Nobles de sus tierras. Dath’ Remar y sus seguidores, felices de haberse librado de sus primos conservadores de una vez por todas, abordaron varias naves especialmente construidas y salieron a navegar los mares. Aunque ninguno de ellos sabía qué podían llegar a encontrarse más allá de las aguas del Maelstrom, estaban ansiosos de establecer su propio hogar, donde pudieran practicar la magia con impunidad. Los Nobles, o Quel’dorei como los llamo Azshara en eras pasadas, eventualmente se establecieron sobre las tierras del este, llamadas por los hombres Lordaeron. Tenían planeado construir su propio reino mágico, Quel’Thalas, y rechazar los preceptos de los elfos sobre la adoración lunar y la actividad nocturna. De ahí en más, ellos adorarían al sol y serían conocidos como los ‘elfos superiores’.
Los Centinelas y la Gran Vigilia

Con la partida de sus obstinados primos, los elfos nocturnos centraron su atención de nuevo en el cuidado y la seguridad de su hogar encantado. Los druidas, presintiendo que su tiempo de hibernación se acercaba, se prepararon para dormir y dejar a sus seres queridos y familias atrás. Tyrande, quien se había convertido en la Alta Sacerdotisa de Elune, le pidió a su enamorado, Malfurion, que no la dejara para irse al Sueño Esmeralda de Ysera. Pero Malfurion, cuyo honor lo obligaba a entrar en los cambiantes Senderos del Sueño, se despidió de la princesa y juró que nunca estarían separados mientras mantuvieran la verdad de su amor.
Tyrande quedó sola para proteger a Kalimdor de los peligros del nuevo mundo, por lo cual decidió reunir un poderoso ejército formado por sus hermanas elfas. Las valientes y hábiles guerreras se entregaron por completo a la defensa de Kalimdor y fueron conocidas como las Centinelas. Aunque preferían patrullar los sombríos bosques de Ashenvale por su cuenta, tenían muchos aliados a los que podían acudir en tiempos de urgencia.
El semidios Cenarius permaneció cerca de Moonglades, en el Monte Hyjal. Sus hijos, conocidos como los Guardianes de la Arboleda, vigilaban de cerca de los elfos nocturnos y ayudaban a las Centinelas a mantener la paz con regularidad. Incluso las tímidas hijas de Cenarius, las dríadas, aparecían en la superficie con bastante frecuencia.
La tarea de custodiar Ashenvale mantenía muy ocupada a Tyrande, pero sin Malfurion a su lado no era feliz. A medida que las largas centurias pasaban mientras los druidas dormían, sus miedos de una segunda invasión crecieron. No podía sacarse la sensación de que la Legión Ardiente posiblemente estaba allí fuera, más allá de la Gran Oscuridad del cielo, planeando su venganza sobre los elfos nocturnos y el mundo de Azeroth.
El hallazgo de Quel'Thalas

Los elfos superiores, liderados por Dath’Remar, dejaron Kalimdor detrás de ellos y se enfrentaron a las tormentas del Maelstrom. Sus flotas deambularon las ruinas del mundo durante muchos años, y descubrieron misterios y reinos perdidos durante su estadía. Dath’ Remar, que tomó el nombre de Sunstrider (o ‘aquel que camina sobre el día’), buscó lugares de poder considerable para construir un nuevo hogar para su pueblo.
Su flota finalmente desembarcó en las playas del reino que los hombres llamarían luego Lordaeron. Al adentrarse tierra adentro, los elfos superiores fundaron un establecimiento dentro del tranquilo bosque Tirisfal. Luego de algunos años, muchos de ellos comenzaron a enloquecer. Se creía que algún mal dormía bajo esa parte del mundo, pero los rumores nunca llegaban a ser probados. Los elfos superiores empacaron sus cosas y se mudaron hacia el norte, a otra tierra de energías poderosas.
A medida que los elfos superiores cruzaban el áspero terreno formado por las montañosas tierras de Lordaeron, su viaje se tornaba más peligroso. Como ya no poseían las energías del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos se sentían mal debido al clima frío, o morían de hambre. El cambio más desconcertante, sin embargo, era el hecho de que ya no eran inmortales ni inmunes a los elementos. También encogieron su tamaño, y su piel perdió su matiz violáceo. A pesar de sus obstáculos, pudieron descubrir muchas criaturas maravillosas que no eran conocidas en Kalimdor. También encontraron tribus de humanos primitivos que cazaban a través de los antiguos bosques. Sin embargo, la peor amenaza que enfrentaron fueron los voraces y astutos trolls de Zul’Aman.
Estos trolls podían regenerar miembros perdidos y sanar graves heridas físicas, pero eran una raza malvada y salvaje. El imperio Amani se extendía sobre la mayor parte de Lordaeron septentrional, y los trolls tenían dificultades para mantener fuera de sus tierras a los forasteros. Los elfos desarrollaron un profundo odio hacia los trolls, por lo cual los mataban cada vez que se encontraban con ellos.
Después de varios años, los elfos superiores finalmente encontraron una tierra parecida a Kalimdor. Bien adentro de los bosques del norte del continente encontraron el reino de Quel’Thalas, y juraron crear un poderoso imperio que opacaría al de sus primos Kaldorei. Desafortunadamente Quel’Thalas estaba fundada sobre una antigua ciudad troll que esta raza todavía consideraba sagrada. Casi de inmediato los trolls comenzaron el ataque a los establecimientos de los elfos.
Los obstinados elfos, negados a ceder su nueva tierra, utilizaron la magia que habían sacado del Pozo de la Eternidad y mantuvieron a raya a los salvajes trolls. Bajo el liderazgo de Dath’Remar, fueron capaces de derrotar a los ejércitos de Amani que los superaban numéricamente por mucho. Algunos elfos, concientes de las advertencias de los antiguos Kaldorei, creían que el uso de la magia podría llamar la atención de la Legión Ardiente. Por lo tanto decidieron asegurar sus tierras dentro de una barrera protectora que les permitiría seguir practicando sus hechizos. Construyeron una serie de monolitos de piedra en varios puntos alrededor de Quel’Thalas que marcaban los límites de la barrera mágica. Los monolitos no solo protegían la magia de los elfos de amenazas extra dimensionales, sino que también ayudaban a asustar a las supersticiosas bandas de trolls.
A medida que el tiempo transcurría, Quel’Thalas se convirtió en un monumento resplandeciente de los esfuerzos y proezas mágicas de los elfos superiores. Sus bellos palacios fueron construidos en el mismo estilo arquitectónico del de los antiguos pasillos de Kalimdor, aunque estaban entretejidos con la topografía natural de la tierra. Quel’Thalas se convirtió en la joya que los elfos habían esperado tanto tiempo. La Convocatoria de Silvermoon fue la base del poder dominador sobre Quel’Thalas, aunque la dinastía Sunstrider mantuvo un ápice del poder político. Comprendido por siete de los lores elfos más grandes, la Convocatoria trabajó para asegurar la seguridad de las tierras de su pueblo.
Rodeados por su barrera protectora, los elfos superiores permanecieron insensibles a las viejas advertencias de los Kaldorei y continuaron usando la magia en casi todos los aspectos de sus vidas.
Por casi cuatrocientos años los elfos superiores vivieron pacíficamente dentro de la seguridad de su reino. Sin embargo, los vengativos trolls no eran tan fáciles de derrotar. Se complotaron y tramaron la venganza en las profundidades del bosque, donde esperaron que sus ejércitos crecieran en cantidad. Finalmente, una poderosa armada troll salió de los bosques y una vez más sembró el terror en las tierras de Quel’Thalas.
Arathor y las guerras de los trolls

Mientras los elfos superiores luchaban por sus vidas en la batalla contra los trolls, las dispersas tribus nómadas de los humanos de Lordaeron luchaban para consolidar sus propias tierras. Las tribus humanas se atacaron entre sí, sin tener en cuenta la posibilidad de unificación racial o de honor. Sin embargo, una tribu conocida como Arathi, comprendió que los trolls se estaban convirtiendo en una amenaza demasiado grande como para ignorar. Los Arathi deseaban unir a todas las tribus bajo su mando de manera que pudieran luchar juntos contra los ejércitos de los trolls.
En el curso de seis años, los astutos Arathi vencieron a las tribus rivales. Luego de cada victoria ellos ofrecían la paz y la igualdad a los pueblos conquistados; así, se ganaron la lealtad de aquellos que habían vencido. Eventualmente los Arathi llegaron a integrar muchas tribus dispares, y las filas de su ejército crecieron. Confiados en que podrían defenderse contra los ejércitos de los trolls e incluso contra los de los elfos si era necesario, los generales de los Arathi decidieron construir una poderosa fortaleza en las regiones meridionales de Lordaeron. La ciudad-estado, llamada Strom, se convirtió en la capital de la nación Arathi, Arathor.
A medida que Arathor prosperaba, los humanos de todo el vasto continente viajaban al sur, hacia la protección y seguridad de Strom. Unidos bajo un único estandarte, las tribus humanas desarrollaron una cultura fuerte y optimista. Thoradin, el rey de Arathor, sabía que los misteriosos elfos de las tierras del norte estaban bajo el constante asedio de los trolls, pero se negaban a arriesgar la seguridad de su pueblo en defensa de forasteros solitarios. Pasaron muchos meses mientras llegaban desde el norte rumores de la supuesta derrota de los elfos. Sólo cuando los agotados embajadores de Quel’Thalas llegaron a Strom, Thoradin comprendió cuán grande era la amenaza de los trolls.
Los elfos informaron a Thoradin que los ejércitos trolls eran enormes y que una vez que los trolls destruyeran Quel’Thalas, seguirían su ataque hacia las tierras del sur. Los desesperados elfos, en extrema necesidad de ayuda militar, aceptaron enseñar magia a algunos humanos seleccionados a cambio de su ayuda contra sus enemigos.
Thoradin, desconfiando de toda magia, aceptó ayudar a los elfos. Casi de inmediato, los hechiceros elfos llegaron a Arathor y comenzaron a instruir a un grupo de humanos en las artes mágicas.
Los elfos descubrieron que, aunque los humanos eran torpes por naturaleza en su manejo de la magia, poseían una afinidad natural para ella. Cien hombres aprendieron las bases de los secretos mágicos de los elfos: no más de lo que era necesario para combatir a los trolls. Convencidos de que sus estudiantes humanos estaban preparados para ayudar en la lucha, los elfos dejaron Strom y viajaron al norte junto con las poderosas armadas del rey Thoradin.
Los ejércitos de los elfos y humanos se enfrentaron contra las terribles armadas de los trolls al pie de las montañas Alterac. La batalla duró varios días, pero los incansables soldados de Arathor nunca se rindieron frente a los violentos ataques de los trolls. Los lores elfos estimaron que había llegado el momento de liberar el poder de su magia sobre el enemigo. Los cien magos humanos y una multitud de hechiceros elfos invocaron la ira de los cielos y arrasaron con los ejércitos de los trolls. Los fuegos elementales evitaron que los trolls pudieran regenerar sus heridas y quemaron sus formas golpeadas desde dentro hacia fuera.
Aunque los ejércitos de los trolls intentaron huir, las armadas de Thoradin los persiguieron hasta que matar a todos sus soldados. Los trolls nunca se recuperarían de su derrota, y la historia nunca más contemplaría su levantamiento como nación. Seguros de la seguridad de Quel’Thalas, los elfos hicieron un pacto de lealtad y amistad con la nación Arathor y con el linaje de su rey, Thoradin. Los elfos y los humanos guardarían relaciones amistosas durante las eras venideras.
Los guardianes de Tirisfal

Con la ausencia de los trolls en las tierras del norte, los elfos de Quel’Thalas concentraron sus esfuerzos en la reconstrucción de su gloriosa tierra. Los ejércitos victoriosos de Arathor regresaron a su hogar en el sur de Strom. La sociedad humana de Arathor creció y prosperó, aunque Thoradin, temerosos de que su reino se dividiera si lo extendía demasiado, mantuvo a Strom como centro del imperio de su raza. Luego de varios años pacíficos de crecimiento y comercio, el poderoso Thoradin murió por su avanzada edad, dejándole a la generación siguiente de Arathor la libertad para expandir el imperio más allá de las tierras de Strom.
El centenar de magos originales, quienes aprendieron sus artes gracias a los elfos, expandieron sus poderes y estudiaron las disciplinas místicas de los hechizos con mayor detalle. Estos magos, inicialmente elegidos por sus fuertes voluntades y nobles espíritus, siempre practicaron su magia con cuidado y responsabilidad; sin embargo, pasaron sus secretos y poderes a una nueva generación que no tenía su mismo concepto sobre los rigores de la guerra o sobre la necesidad de autocontrol. Estos jóvenes magos comenzaron a practicar la magia para beneficio personal más que para ayudar a sus semejantes.
A medida que el imperio crecía y ganaba nuevas tierras, los nuevos magos también migraban hacia las tierras del sur. Por medio del ejercicio de sus poderes místicos, los magos protegían a sus hermanos de las criaturas salvajes de la tierra, y lograron que fuera posible la construcción de nuevas ciudades-estado en tierras salvajes. Sin embargo, a medida que sus poderes crecían, los magos se volvieron más engreídos y solitarios.
La segunda ciudad-estado de Arathon, Dalaran, fue fundada en las tierras del norte de Strom. Muchos magos abandonaron los confines restringidos de Strom y viajaron hacia Dalaran, donde esperaban poder usar sus poderes con mayor libertad. Estos hechiceros usaron sus habilidades para construir los capiteles encantados de Dalaran y revelaron los propósitos de sus estudios. Los ciudadanos de Dalaran toleraban las acciones de los magos, y crearon una economía muy activa bajo su protección. Sin embargo, mientras más y más magos practicaban sus artes, la estructura social de la realidad alrededor de Dalaran comenzaba a debilitarse.
Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido eliminados cuando el Pozo de la Eternidad colapsó, se introdujeron nuevamente en el mundo por los inconscientes hechizos de los magos de Dalaran. Aunque estos demonios relativamente débiles no destacaban por su fuerza, crearon mucho caos y confusión en las calles de la ciudad. Muchos de estos encuentros con los demonios eran episodios aislados, y los magos gobernantes se esforzaban por esconder estos incidentes al público. Los magos más poderosos fueron enviados a capturar a los escurridizos demonios, pero a menudo eran superados por los agentes de la poderosa Legión.
Después de uno pocos meses el supersticioso campesinado comenzó a sospechar que sus líderes estaban ocultándoles algo terrible. Empezaron a correr rumores de revolución en las calles de Dalaran a medida que la paranoia ciudadana cuestionaba los motivos y prácticas de los magos, antes admirados por ellas. Los magos, temiendo que los campesinos se rebelaran y que Strom tomara acciones contra ellos, acudieron al único grupo que ellos creían que podía entender su problema: los elfos.
Luego de escuchar las noticias de los magos sobre la actividad demoníaca en Dalaran, los elfos rápidamente despacharon a sus magos más poderosos hacia las tierras de los humanos. Los hechiceros estudiaron las corrientes de energías en Dalaran y realizaron informes detallados de la actividad demoníaca observada. Concluyeron que, aunque había sólo unos pocos demonios perdidos en el mundo, la Legión permanecería como una amenaza directa siempre que los humanos ejercieran las fuerzas de la magia.
El Consejo de Silvermoon, que gobernaba sobre los elfos de Quel’Thalas, entró en un pacto secreto con el lord de los magos de Dalaran. Los elfos le contaron a los magos sobre la historia del antiguo Kalimdor y sobre la Legión Ardiente, historia que todavía amenazaba al mundo. Ellos explicaron a los humanos que mientras usaran magia, necesitarían proteger a los ciudadanos de los maliciosos agentes de la Legión.
Ironforge: el despertar de los Enanos

En tiempos antiguos, luego de la partida de los titanes de Azeroth, sus hijos, conocidos como los terrenales, continuaron moldeando y cuidando los lugares más recónditos del mundo. Los terrenales no se preocuparon durante mucho tiempo por los asuntos de las razas de la superficie, y vivían sólo para sondear las oscuras profundidades de la tierra.
Cuando el mundo se dividió por la explosión del Pozo de la Eternidad, los terrenales fueron profundamente afectados. Sufriendo el mismo dolor que la tierra, los terrenales perdieron gran parte de su identidad y se encerraron en las recámaras de piedra donde habían sido creados. Uldaman, Uldum, Ulduar…estos eran los nombres de las antiguas ciudades titánicas donde los terrenales tomaron forma originalmente. Enterrados en las profundidades del mundo, los terrenales descansaron en paz durante casi ochocientos años.
Aunque no es claro qué fue lo que los despertó, el encierro de los terrenales dentro de Uldaman eventualmente surgió de su sueño impuesto por ellos mismos. Estos terrenales descubrieron que habían cambiado significativamente durante su hibernación. Su piel rocosa se suavizó, y sus poderes sobre la piedra y la tierra se debilitaron. Se habían convertido en criaturas mortales.
Llamándose a sí mismos ‘enanos’ (dwarves), el último de los terrenales abandonó los pasillos de Uldaman y se aventuró al mundo. Todavía atraídos por la seguridad y las maravillas de los lugares profundos, fundaron un vasto reino bajo la montaña más alta de la tierra. Llamaron a su tierra Khaz Modan, o ‘Montaña de Khaz’, en honor del Titán moldeador, Khaz’goroth. Al construir un altar para su Titán fundador, los enanos crearon una poderosa forja dentro del corazón de la montaña. Así, la ciudad que creció alrededor de la forja sería luego llamada Ironforge.
Los enanos, fascinados por naturaleza con las gemas y las piedras, se dedicaron a minar las montañas circundantes para buscar riquezas y minerales preciosos. Satisfechos con sus labores bajo el mundo, los enanos permanecieron aislados de los asuntos de sus vecinos de la superficie.
Los siete reinos
Strom continuó siendo el punto central de Arathor, pero al igual que con Dalaran, muchas ciudades-estado nuevas surgieron a lo largo de Lordaeron. Gilenas, Alterac, y Kul Tiras fueron las primeras ciudades-estado en surgir, y aunque cada una tenía sus propios negocios y redes comerciales, todas respondían a la autoridad unificadora de Strom.
Bajo el vigilante ojo de la Orden de Tirisfal, Dalaran se convirtió en el centro principal de los aprendices de magos de toda la tierra. Los magos que gobernaban Dalaran fundaron Kirin Tor, una secta especializada que estaba encargada de catalogar e investigar cada hechizo, artefacto, y objeto mágico conocido por la humanidad hasta el momento.
Gilneas y Alterac se convirtieron en los apoyos más fuertes de Strom y desarrollaron poderosos ejércitos que exploraban las tierras montañosas de Khaz Modan. Fue durante este período que los humanos encontraron por primera vez a la antigua raza de los enanos y viajaron a sus cavernas subterráneas de Ironforge. Los humanos y los enanos compartían varios secretos sobre herrería e ingeniería, y descubrieron un interés en común por las batallas y el relato de historias.
La ciudad-estado de Kul Tiras fundada sobre una gran isla al sur de Lordaeron, desarrolló una próspera economía basada en la pesca y los viajes. Con el tiempo, Kul Tiras construyó una poderosa flota de buques mercantes que navegaban a través de las tierras conocidas en busca de mercaderías exóticas para comerciar y vender. Sin embargo, a medida que la economía de Arathor florecía, sus elementos más fuertes comenzaron a desintegrarse.
Con el tiempo, los lores de Strom buscaron mover sus estados a las exuberantes tierras del norte de Lordaeron, y dejar las áridas tierras del sur. Los herederos del rey Thoradin, los últimos descendientes del linaje Arathi, explicaron que Strom no debía ser abandonada, y así produjeron el disgusto de la mayoría de los ciudadanos, ansiosos por partir. Los lores de Strom, buscando encontrar pureza e iluminación en el norte incontaminado, decidieron abandonar su antigua ciudad. Muy al norte de Dalaran, los lores de Strom construyeron una nueva ciudad-estado que llamaron Lordaeron. Todo el continente tomaría ese nombre luego. Lordaeron se convirtió en la meca de los viajeros religiosos, y de todos aquellos que buscaban paz interior y seguridad.
Los descendientes de los Arathi, abandonados entre las ruinas de la antigua Strom, decidieron viajar al sur pasando las montañas rocosas de Khaz Modan. Su viaje finalmente terminó luego de varias estaciones, y se establecieron en la región norte del continente, llamada Azeroth. Fundaron el reino de Stormwind en un fértil valle, que rápidamente ganó el poder de la autonomía por derecho propio.
Los pocos guerreros que todavía seguían en Strom decidieron permanecer para cuidar los antiguos cimientos de su ciudad. Strom no era más el centro del imperio, pero se desarrolló como una nueva nación conocida como Stormgarde. Aunque cada una de las ciudades-estado prosperó por propio derecho, el imperio de Arathor se había desintegrado totalmente. A medida que cada nación desarrollaba sus propias costumbres y creencias, cada vez se separaban más entre sí. La visión del rey Thoradin de una humanidad unificada había caído al final.
Aegwynn y la cacería del dragón
Mientras la política y las rivalidades de las siete naciones humanas decaían cada vez más, el linaje de los Guardianes mantenía su constante vigilia contra el caos. Hubo muchos guardianes a través de los años, pero sólo uno conservó los poderes mágicos de Tirisfal. Uno de los últimos guardianes de la era se distinguía por ser una poderosa guerrera contra las sombras. Aegwynn, una valiente mujer humana, ganó la aprobación de la Orden y recibió el manto de la Guardia.
Aegwynn trabajó vigorosamente para cazar y erradicar a los demonios dondequiera que los encontraba, pero a menudo cuestionaba la autoridad masculina dominante del Consejo de Tirisfal. Ella creía que los antiguos elfos y humanos que presidían el consejo eran demasiado rígidos en su pensamiento, y no veían suficientemente adelante como para tomar una decisión que terminara el conflicto contra el caos. Impaciente con los discursos y el debate, ella anhelaba probar su valor frente a sus semejantes y superiores, y por eso generalmente elegía la valentía sobre la sabiduría en situaciones cruciales.
A medida que crecía su manejo sobre el poder cósmico de Tirisfal, Aegwynn avistó un número de poderosos demonios que asediaban el continente helado Northrend. Al viajar al distante norte, Aegwynn rastreó a los demonios hasta las montañas. Allí, encontró que los demonios estaban cazando a uno de los últimos dragones voladores para quitarle la magia innata de estas ancestrales criaturas. Los poderosos dragones, que habían huido del constante avance de las sociedades mortales, se dieron cuenta de que estaban en igualdad de condiciones contra las artes oscuras de la Legión. Aegwynn confrontó a los demonios, y con ayuda de los nobles dragones, los erradicaron. Sin embargo, cuando el último demonio desapareció del mundo mortal, una gran tormenta surgió en todo el norte. Sargeras, el rey demonio y lord de la Legión Ardiente, compareció frente a Aegwynn y enfureció con energía infernal. Le informó a la joven guardiana que el tiempo de Tirisfal estaba por llegar a su fin, y que el mundo pronto caería bajo la Legión.
La orgullosa Aegwynn, creyendo que era oponente suficiente para el amenazante dios, lanzó sus poderes sobre Sargeras. Con sorprendente facilidad, Aegwynn dañó al demonio con sus poderes y logró matar su caparazón físico. Temiendo que el espíritu de Sargeras sobreviviera, la ingenua Aegwynn encerró la cáscara arruinada de su cuerpo dentro de uno de los pasillos de Kalimdor que se había sumergido en el fondo del océano cuando el Pozo de la Eternidad colapsó. Aegwynn nunca se enteraría de que ella había hecho exactamente lo que Sargeras esperaba. Inadvertidamente selló el destino del mundo mortal, ya que Sargeras, en el momento de su muerte física, había transferido su espíritu al debilitado cuerpo de Aegwynn. Aunque era desconocido por la joven guardiana, Sargeras permanecería encerrado dentro de los lugares más recónditos de su alma por muchos años.
La guerra de los tres martillos
Los enanos de Ironforge vivieron en paz por muchas centurias. Sin embargo, su sociedad había crecido entre los confines de sus montañosas ciudades. Mientras el poderoso Alto Rey Enano, Modimus Anvilmar, regía sobre los enanos con justicia y visión, tres poderosas facciones se fortalecieron sobre la sociedad enana.
El Clan Bronzebeard, regido por el Rey Madoran Bronzebearb, muy cercano al Alto Rey y tradicionalmente defensores de Ironforge. El Clan Wildhammer, regido por el Rey Khardros Wildhammer, habitaba los fuertes y minas cercanos a la base de la montaña y ganaba cada vez más control sobre la ciudad. La tercera facción, el Clan Dark Iron, estaba regido por el rey-hechicero Thaurissan. Los enanos de este clan habitaban las profundas sombras dentro de la montaña y conspiraban contra los Bronzebeards y Wildhammers.
Por un tiempo las tres facciones mantuvieron la paz, pero las tensiones estallaron cuando el Alto Rey Anvilmar murió de avanzada edad. Los tres clanes en pugna estallaron en una guerra por el control de Ironforge. La guerra civil enana rugió bajo la tierra por muchos años. Eventualmente los Bronzebeards, con un ejército más grande y fuerte, expulsaron a los Dark Iron y a los Wiildhammers fuera de la montaña.
Khardros y sus Wildhammers viajaron hacia el norte a través de las puertas de Dun Algaz, y fundaron su propio Reino en el distante pico de GRIM BATOL. Allí, los Wildhammers cavaron y reconstruyeron sus perdidos tesoros. Thaurissan y sus Dark Iron no tuvieron tanta suerte. Humillados y encolerizados por su derrota, deseaban venganza contra Ironforge. Guiando a su gente hacia el sur, Thaurissan fundó una ciudad (que llamó como el mismo) bajo las bellas Montañas Redridge. Prosperidad y el paso de los años no disminuyeron el rencor de los Dark Iron contra sus primos. Thaurissan y su esposa hechicera, Modgud, lanzaron dos prolongados asaltos contra Ironforge y Grim Batol. Los Dark Irons reclamaban Khaz´Modan para ellos solos.
El ejército Dark Iron atacó los fuertes de sus primos y estuvieron cerca de tomar ambos reinos. Sin embargo, Madoran Bronzebearb lideró a su clan a la decisiva victoria sobre el ejército de brujos de Thaurissan. Este y sus sirvientes se retiraron a la seguridad de la ciudad, sin conocer la suerte del ejército de Modgud contra Khardros y sus guerreros Wildhammer.
Conforme enfrentaba a sus enemigos, Modgud usaba sus poderes para sumir en miedo sus corazones. Las Sombras se movían a su mandato, y criaturas tenebrosas brotaban de la tierra para atacar a los Wildhammers en sus propios salones de Grim Batol. Eventualmente Modgud rompió las puertas de la ciudad y empezó el asedio del fuerte principal. Los Wildhammers pelearon desesperadamente, Khardros mismo tomó sus mazas y mató a la reina-bruja. Con su reina muerta, los Dark Irons sufrieron la furia de los Wildhammers, huyeron hacia la fortaleza de su rey, solamente para toparse con los ejércitos de Ironforge, que habían acudido en ayuda de Grim Batol. Atrapados entre los dos ejércitos, los últimos Dark Iron fueron destruidos.
Los ejércitos unificados de Ironforge y Grim Batol se dirigieron al sur para destruir a Thaurissan y sus Dark Irons de una vez por todas. Este, desesperado en su furia, invocó un hechizo de proporciones cataclísmicas. Tratando de invocar un ser sobrenatural que le asegurara la victoria, Thaurissan convocó antiguos poderes durmientes bajo el mundo. En su estado de shock, y para su perdición, la criatura que emergió no podía ser más terrible que cualquier pesadilla que se pudo imaginar.
Ragnaros el Señor del Fuego, el inmortal señor de los fuegos elementales, derrotado por los Titanes cuando el mundo era joven, emergió entre potentes llamaradas. Liberado por el llamado de Thaurissan, Ragnaros erupcionó de nuevo a la superficie. El renacimiento apocalíptico de Ragnaros en Azeroth resquebrajó las Montañas Redridge y creó un furioso e inmenso volcán en el centro de la devastación. El volcán, llamado Blackrock Spire, estaba limitado por la Costa Rugiente al norte, y las Estepas Ardientes al sur. Muerto Thaurissan por las fuerzas que el mismo liberó, sus hermanos sobrevivientes fueron esclavizados por Ragnaros y sus elementales de fuego. Él domina Blackrock Spire hasta el día de hoy.
Observando la horrorifica devastación y los fuegos de las montañas del sur, los reyes Madoran y Khardros levantaron sus ejércitos y retornaron a la seguridad de sus reinos, eludiendo dar la cara a la ira de Ragnaros.
Los Bronzebeards volvieron a Ironforge y reconstruyeron su gloriosa ciudad. Los Wildhammers retornaron a Grim Batol. Sin embargo, la muerte de Modgud había dejado en un terrible estado el fuerte, y los Wildhammers lo encontraron inhabitable. El Rey Bronzebearb ofreció a los Wildhammers un lugar para vivir dentro de las fronteras de Ironforge, pero los Wildhammers lo rechazaron. Khardros tomó a su pueblo y lo llevó hacia el norte, hacia las tierras de Lordaeron. Ingresando en los frondosos bosques de Hinterland, los Wildhammers construyeron una ciudad en Aerie Peak, donde los Wildhammers estuvieran en contacto con la naturaleza y eventualmente domaron a los grifos del área.
Tratando de mantener relaciones de comercio con sus primos, los enanos de Ironforge construyeron dos grandes arcos, los Thandol Span, un puente entre Khaz Modan y Lordaeron. Interesados en el comercio mutuo, ambos reinos prosperaron. Luego de la muerte de los reyes Madoran y Khardros, sus hijos construyeron dos grandes estatuas en honor a sus padres. Las dos estatuas montan guardia sobre el paso de las tierras sureñas, que se volvieron volcánicas por la presencia de Ragnaros. Ellas servirían como advertencia a todo el que quisiera atacar los reinos enanos, y como un recuerdo del precio que los Dark Iron pagaron por sus crímenes
Los dos reinos permanecieron aislados por algunos años, pero los Wildhammer cambiaron mucho por los horrores vividos en Grim Batol. Tomaron la decisión de de permanecer en la superficie, sobre las rocas de Aerie Peak, en lugar de cavar un vasto reino bajo la montaña. Las diferencias ideológicas entre ambos reinos enanos eventualmente los condujeron por caminos distintos.
El último Guardián
La guardiana Aegwynn creció en poder a través de los años, y usó las energías de Tirisfal para extender su vida. Creyendo neciamente que había vencido a Sargeras, ella continuó cuidando el bienestar del mundo de los súbditos de los reyes demoníacos durante novecientos años. Sin embargo, el Consejo de Tirisfal finalmente decretó que su labor debía llegar a su fin. El Consejo ordenó a Aegwynn que volviera a Dalaran para que ellos pudieran elegir un nuevo sucesor para el poder de la Guardia. Pero Aegwynn, siempre desconfiada del Consejo, decidió elegir a su propio sucesor.
La orgullosa Aegwynn planeó concebir a un Hijo al cual le otorgaría su poder. No pensaba dejar que la Orden de Tirisfal manipulara a su sucesor como la habían manipulado a ella. Viajó al sur de la nación y encontró al hombre perfecto para que fuera el Padre de su Hijo: un habilidoso mago humano llamado Nielas Aran. Aran era el mago de la corte y el consejero del rey de Azeroth. Aegwynn sedujo al mago y concibió a un Hijo.
La afinidad natural de Nielas por la magia pasaría a la sangre de su Hijo y definiría sus trágicos pasos. El poder de Tirisfal fue implantado en el niño, aunque no surgiría hasta que llegara a la madurez física.
Pasado el tiempo, Aegwynn dio a luz a su Hijo en una arboleda solitaria. Llamó al niño Medivh, que significa ‘guardián de secretos’ en la lengua de los elfos superiores, y esperaba que fuera su sucesor. Desafortunadamente el maligno espíritu de Sargeras, que había estado escondido dentro de ella, había poseído al indefenso niño cuando todavía estaba en su vientre. Aegwynn no tenía idea de que el nuevo guardián del mundo ya estaba poseído por su gran enemigo.
Segura de que el bebé estaba sano, Aegwynn mandó al joven Medivh a la corte de Azeroth y lo dejó allí para que fuera educado por su Padre mortal y su pueblo. Luego se adentró en el bosque y se preparó para pasar a otra vida. Medivh creció fuerte y sin tener idea del poder potencial que tenía adentro.
Sargeras esperó hasta que se manifestaron los primeros poderes del niño. Para el momento en que Medivh había llegado a sus años adolescentes, había ganado mucha popularidad en Azeroth por sus poderes mágicos y a menudo salía a buscar aventuras con sus dos amigos: Llane, la el príncipe de Azeroth, y Anduin Lotear, uno de los últimos descendientes del linaje Arathi. Los tres jóvenes cometían travesuras constantemente en el reino, pero eran queridos por los ciudadanos.
Cuando Medivh llegó a los catorce años de edad, el poder cósmico en su interior despertó y coincidió con el perverso espíritu de Sargeras que merodeaba dentro de su alma. Medivh cayó en estado de coma que duró muchos años. Cuando despertó, descubrió que había llegado a la adultez y que sus amigos Llane y Anduin habían llegado a ser regentes de Azeroth. Aunque deseaba usar sus increíbles poderes para proteger a su tierra, el oscuro espíritu de Sargeras pervirtió sus pensamientos y emociones y lo llevó a un horroroso final.
Sargeras se reveló dentro de la oscuridad del corazón de Medivh, ya que sabía que sus planes para una segunda invasión del mundo estaban cerca de ser completados, y que el último de los Guardianes del mundo lo ayudaría a llevarlo a cabo.
Kil'jaeden y el Pacto de Sombra
Cerca del nacimiento de Medivh en Azeroth, Kil’jaeden el Engañador se sentó a meditar junto a sus seguidores en Twisting Nether. El astuto lord, siguiendo órdenes de su amo Sargeras, estaba planeando la segunda invasión de la Legión Ardiente en Azeroth. Esta vez no permitiría ningún error. Kil’jaeden pensó que necesitaría una nueva fuerza para debilitar a las fuerzas de las defensas de Azeroth antes de que la Legión pusiera un pie en el mundo. Si las razas mortales, como los elfos nocturnos y los dragones, se encontraban forzados a enfrentarse con una nueva amenaza, estarían demasiado débiles para oponer resistencia cuando la legión los invadiera.
Fue en ese momento cuando Kil’jaeden descubrió al exuberante mundo de Draenor flotando apaciblemente dentro de la Gran Oscuridad. Hogar de los orcos-chamanes y de los pacíficos Draenei, Draenor era un lugar tan idílico como vasto. Los clanes orcos vagaban por las praderas abiertas y jugaban deportes, mientras que los inquisitivos draenei construían ciudades dentro de los altísimos picos y acantilados de allí. Kil’jaeden sabía que los habitantes de Draenor poseían un gran potencial para servir a la Legión Ardiente si recibían la instrucción apropiada.
De las dos razas, Kil’jaeden observó que los guerreros orcos eran más susceptibles de ser corrompidos por la Legión. Entonces llamó la atención del chamán orco más anciano, Ner’zhul, de la misma manera que Sargeras lo había hecho con la Reina Azshara en tiempos pasados. Usando al astuto chamán como conducto, el demonio esparció el ansia de guerra y el salvajismo a través de los orcos. Al poco tiempo la raza se convirtió en un pueblo sediento de sangre. Kil’jaeden luego motivó a Ner’zhul y su gente para cumplir con el último paso: sacrificarse a sí mismos por entero a la persecución de la muerte y la guerra. Sin embargo, el viejo chamán, presintiendo que su pueblo resultaría esclavo del odio para siempre, logró resistirse a las órdenes del demonio.
Frustrado por la resistencia de Ner’zhul, Kil’jaeden buscó otro orco que entregara a su gente a las garras de la Legión. El astuto lord finalmente encontró al discípulo obediente que buscaba en el aprendiz de Ner’zhul, Gul’dan. Kil’jaeden prometió a Gul’dan poder infinito a cambio de su completa obediencia. El joven orco se transformó en un estudiante ávido de poderes demoníacos y se convirtió en el hechicero mortal más poderoso de la historia. Enseñó a otros jóvenes orcos las artes antiguas, y luchó por erradicar las tradiciones chamanísticas de los orcos. Gul’dan introdujo a su raza en una nueva rama de la magia, un terrible poder que llevaría a la perdición.
Kil’jaeden, buscando consolidar su control sobre los orcos, ayudó a Gul’dan a encontrar al Consejo de la Sombra, una secta secreta que manipulaba a los clanes y propagaba el uso de la magia a través de Draenor. A medida que más y más orcos comenzaban a manejar la hechicería, los suaves campos y ríos de Draenor comenzaron a desaparecer. Con el tiempo, las vastas praderas que los orcos habían llamado hogar durante generaciones se marchitaron, dejando en su lugar un baldío de tierra colorada. Las energías demoníacas estaban acabando con el mundo lentamente.
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