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el bosque: los arboles son sagrados

Info6/7/2010

El Bosque: los Árboles son sagrados

el bosque: los arboles son sagrados


El bosque fue siempre el elemento más sagrado para los celtas y lugar de sus principales ceremonias.

La esencia de todos los elementos, de las auténticas fuerzas naturales, estaba en el bosque, sobre todo en los calveros o sotos del bosque a los que los celtas llamaban “nemeton”, que significa “santuario”. Eran lugares abiertos al cielo, calveros en el bosque en donde crecía determinado tipo de hierba o un roble solitario. Por ejemplo la concurrida fuente de Barenton, en las Galias, adoptaba el nombre de Belenton o Belnemeton por tratarse de un calvero dedicado al dios Belenos.
En cuanto a la fuerza del druída, nacía de su comunicación directa con el bosque. El era realmente “el hombre del roble”, teniendo al roble por el más sólido y fuerte de los árboles junto a los otros siete más sagrados en el soto irlandés: el aliso, el avellano, el sauce, el manzano, el abedul, el tejo y el acebo.

sauces


- El roble: El árbol del dios Dagda. Simboliza el poder y la fuerza de Hércules. Era el árbol real por excelencia y se empleaba como combustible en la cremación del cuerpo de los reyes, tras su muerte. Florecía en el solsticio estival y era símbolo de la resistencia y el triunfo. “Duir”, roble, significa “puerta” en irlandés, y los rituales relacionan el roble con el desmoche del muerdago, algo que tuvo un significado ceremonial muy importante en el mundo celta. El roble es el árbol-dios y el muérdago representaba el espíritu de ese dios. Era un vegetal que pendía entre el cielo y la tierra y al que se le llamaba “regalo del cielo”. Sobre roble y múerdago descendían permanentemente las energías de lo alto. El ritual del roble adquiría todo su significado si se realizaba el sexto día del creciente lunar, cuando la luna está más plena, y una vez reunida la asamblea bajo el roble, a ser posible en el centro de un “nemeton”. Se sacrificaban dos toros blancos que no hubieran sido nunca uncidos. El druída, con un atavío blanco, se encaramaba a las ramas más altas y cercanas al cielo y elegía una porción de muérdago parasitario del roble; lo cortaba con una hoz de oro y lo depositaba luego, con delicadeza, sobre un lienzo blanco. Si la planta llegaba a tomar contacto con la impureza del suelo, perdía su valor y contenido mágico-simbólico. En el País de Gales solían hacer el mismo ritual en el solsticio de junio.

- El avellano: era el árbol de la belleza y la sabiduría, por las flores y por sus frutos. Quien comía avellanas adquiría el pleno conocimiento de las artes y las ciencias y, con una rama bifurcada del avellano se confeccionaba el instrumento indispensable de los radiestesistas de la época que, como los de hoy en día, lo utilizaban para buscar agua.

- El abedul: Sus ramas se utilizaban para azotar a los delincuentes así como también para expulsar a los demonios y a los espíritus del año viejo. Era el árbol del comienzo, del inicio, el primero en cubrirse de hojas y que se encuentra relacionado con el ciclo menstrual femenino.

- El manzano: Era el árbol del más allá. Una misteriosa y sobrenatural dama entregó su fruto a Condle, hijo del rey Conn, y le sirvió para alimentarse de él indefinidamente. La misma entidad regaló a Bran, joven héroe celta, una rama de manzano antes de iniciar su viaje a lo desconocido. La versión irlandesa de “El jardín de las Hespérides” habla de este árbol, cuyo fruto nunca era consumido por completo y que, además, curaba todas las enfermedades. Era árbol mágico y oracular.

- El tejo: El árbol funerario por excelencia. Estaba consagrado a la diosa Hécate, a la que se sacrificaban toros negros con cuya sangre se alimentaban las almas de los difuntos. Los irlandeses se referían a él con un adjetivo muy peculiar: “el ataúd de la vid” pues los barriles que contenían y envejecían el vino se fabricaban con duelas de tejo. Una creencia popular británica, que se ha extendido por el norte español hasta el punto de que en Asturias también es una leyenda conocida es, y dado el gran número de tejos que pueden verse junto a ermitas y cementerios,- que las raíces del árbol buscan la boca de los cadáveres para alimentarse de ellos. Los guerreros astures y cántabros, en su guerra contra los romanos, perdida la batalla y antes de caer prisioneros, preferían suicidarse ingiriendo bayas de tejo, un veneno letal en dosis altas. Los druidas lo consideraban uno de los cinco vegetales mágicos.
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