Por Seth Colter Walls
Todo cinéfilo sabe que, por lo menos, debe fingir que le gusta el primer largometraje de Jean-Luc Godard: “À bout de souffle” (“Sin aliento”), híbrido entre noir estadounidense y chic francés rodado en 1960 y aún considerado como una cinta obligada de cualquier colección de cine de arte. Por eso, este mes se lanzará una reedición que marca el aniversario número 50 de la película. Mientras Belmondo vuelve a imitar a Bogart con su cigarrillo; Seberg la emprende otra vez contra el New York Herald Tribune; y el director nos asalta con sus cortes y cambios de escena, reviviremos diversos elementos cinematográficos que jamás pasaron de moda. Sin embargo, aunque esta crítica podría costarme la expulsión del club de cineastas, tengo que decirlo: “Sin aliento” no es una de las creaciones más interesantes de Godard. “Vivir su vida”, “El desprecio” y los films más recientes del septuagenario director son muy superiores.
Por supuesto, “Sin aliento” conserva su encanto (amén de la moda y la característica ironía de la época), pero ¿por qué se piensa que Godard tenía la intención de encantar —como hicieron tantos otros— más que de aguijonear? “Socialismo”, la más reciente provocación del francés, fue estrenada en Cannes el mes pasado y logró lo que Godard hizo con sus trabajos desde “Week End” (1967): brindar un blanco fácil para atacar a un autor que no disimula su elitismo, sus ácidas críticas del papel de EE. UU. en el escenario mundial y, más recientemente, su displicencia para contar historias comprensibles. El hombre que, en la época de “Sin aliento”, reconoció que una película debía tener comienzo, cuerpo y final (aunque tal vez no en ese orden) hizo caso omiso de su máxima —excepto por lo de falta de secuencia— y así, las respuestas a “Socialismo” giran en torno de sus peculiaridades: niños que navegan mientras hablan en aforismos abstractos y tomas narradas por animales de zoológico. Y no obstante, Godard desafía el ridículo no porque sepa que su encumbramiento lo permite o porque sus tendencias de izquierda resulten anacrónicas. Lo hace porque cree en la cinematografía como argumento y en la producción fílmica como ensayo —tendencias que se oponen al cine como espectáculo—. Todo crítico digno de ese título lanzará aullidos de dolor ante el consumismo que infecta “Sex and the City 2”, pero pocos se percatarán de que la amarga cucharada de Godard es el antídoto perfecto. Dado que “Sin aliento” es más estilo que polémica, no es accidental que sigan remasterizándola, reeditándola y relanzándola —aunque semejante veneración es un insulto para un director que aún trabaja en los niveles más altos de la industria, produciendo obras como “Notre musique”, recién estrenada en el mercado estadounidense—. La película obedece a la estructura de “La divina comedia” de Dante, con segmentos para el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. “Infierno” es un montaje de cortos bélicos reales y escenificados; en “Purgatorio”, Godard aparece con otros panelistas perorando hasta el hastío (casi una hora) sobre la naturaleza del conflicto de Sarajevo; y el “Paraíso” es un idílico lago soleado donde hombres y mujeres corretean sin temor bajo la protección de la policía militar estadounidense. La crítica, sin embargo, tiene dos filos: el ya conocido sarcasmo de Godard hacia el poderío militar, y el reconocimiento tácito de que ese poder cumple un propósito. Tal vez, después de todo, no es que Godard perdió la agudeza, sino nosotros, que perdimos la capacidad para dejarnos impresionar por la genialidad.
Fuente: http://www.elargentino.com/nota-96789-Sin-aliento-cumple-50-anos.html
Todo cinéfilo sabe que, por lo menos, debe fingir que le gusta el primer largometraje de Jean-Luc Godard: “À bout de souffle” (“Sin aliento”), híbrido entre noir estadounidense y chic francés rodado en 1960 y aún considerado como una cinta obligada de cualquier colección de cine de arte. Por eso, este mes se lanzará una reedición que marca el aniversario número 50 de la película. Mientras Belmondo vuelve a imitar a Bogart con su cigarrillo; Seberg la emprende otra vez contra el New York Herald Tribune; y el director nos asalta con sus cortes y cambios de escena, reviviremos diversos elementos cinematográficos que jamás pasaron de moda. Sin embargo, aunque esta crítica podría costarme la expulsión del club de cineastas, tengo que decirlo: “Sin aliento” no es una de las creaciones más interesantes de Godard. “Vivir su vida”, “El desprecio” y los films más recientes del septuagenario director son muy superiores.
Por supuesto, “Sin aliento” conserva su encanto (amén de la moda y la característica ironía de la época), pero ¿por qué se piensa que Godard tenía la intención de encantar —como hicieron tantos otros— más que de aguijonear? “Socialismo”, la más reciente provocación del francés, fue estrenada en Cannes el mes pasado y logró lo que Godard hizo con sus trabajos desde “Week End” (1967): brindar un blanco fácil para atacar a un autor que no disimula su elitismo, sus ácidas críticas del papel de EE. UU. en el escenario mundial y, más recientemente, su displicencia para contar historias comprensibles. El hombre que, en la época de “Sin aliento”, reconoció que una película debía tener comienzo, cuerpo y final (aunque tal vez no en ese orden) hizo caso omiso de su máxima —excepto por lo de falta de secuencia— y así, las respuestas a “Socialismo” giran en torno de sus peculiaridades: niños que navegan mientras hablan en aforismos abstractos y tomas narradas por animales de zoológico. Y no obstante, Godard desafía el ridículo no porque sepa que su encumbramiento lo permite o porque sus tendencias de izquierda resulten anacrónicas. Lo hace porque cree en la cinematografía como argumento y en la producción fílmica como ensayo —tendencias que se oponen al cine como espectáculo—. Todo crítico digno de ese título lanzará aullidos de dolor ante el consumismo que infecta “Sex and the City 2”, pero pocos se percatarán de que la amarga cucharada de Godard es el antídoto perfecto. Dado que “Sin aliento” es más estilo que polémica, no es accidental que sigan remasterizándola, reeditándola y relanzándola —aunque semejante veneración es un insulto para un director que aún trabaja en los niveles más altos de la industria, produciendo obras como “Notre musique”, recién estrenada en el mercado estadounidense—. La película obedece a la estructura de “La divina comedia” de Dante, con segmentos para el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. “Infierno” es un montaje de cortos bélicos reales y escenificados; en “Purgatorio”, Godard aparece con otros panelistas perorando hasta el hastío (casi una hora) sobre la naturaleza del conflicto de Sarajevo; y el “Paraíso” es un idílico lago soleado donde hombres y mujeres corretean sin temor bajo la protección de la policía militar estadounidense. La crítica, sin embargo, tiene dos filos: el ya conocido sarcasmo de Godard hacia el poderío militar, y el reconocimiento tácito de que ese poder cumple un propósito. Tal vez, después de todo, no es que Godard perdió la agudeza, sino nosotros, que perdimos la capacidad para dejarnos impresionar por la genialidad.
Fuente: http://www.elargentino.com/nota-96789-Sin-aliento-cumple-50-anos.html