Toshitsugu Takamatsu
moko no tora: el tigre de mongolia
Toshitsugu Takamatsu nació en Kobe el 1 de marzo de 1888 (Meiji 22). Sus ancestros eran miembros un clan de los bosques de Takeo, situado en las zonas montañosas de la antigua provincia de Iga (actual prefectura de Mie).
Comenzó su entrenamiento a los nueve años por iniciativa de su padre, quien pensaba que Takamatsu era muy tímido, y en la escuela lo llamaban “el niño llorón”. Su primer maestro fue su abuelo, Shinryuken Masamitsu Toda, quien lo inició en Shinden Fudo Ryu. Generalmente Toda Sensei tenía un ayudante que les enseñaba a los principiantes, pero Toda Sensei le enseñó directamente a Takamatsu. En las lecciones, Takamatsu fue arrojado de un lado para otro durante un año. Después de ese tiempo Toda Sensei comenzó a enseñarle los waza.
A los 10 años tuvo la oportunidad de que en la escuela no lo llamaran más “el niño llorón”. Esto sucedió en una clase de Sumo, cuando su profesor le pidió que subiera al ring (Dohyo) a participar de una lucha. Takamatsu derribó fácilmente a 8 ó 9 oponentes. Después de este episodio la gente comenzó a tratarlo con respeto.
Luego de aprender Shinden Fudo Ryu, estudió Koto Ryu Koppo Jutsu. Su increíble habilidad lo hizo dominar estos dos estilos cuando tan solo tenía trece años de edad. Más tarde comenzó a estudiar Togakure Ryu Ninjutsu, como así también Takagi Yoshin Ryu en el Dojo de Tadafusa Misuta Yoshitaro.
Su peso a los 12 años había aumentado a 124 lbs ( 55 Kg.) debido a sus vigorosos entrenamientos. En el Dojo lo llamaban “Kotora” (pequeño tigre); allí encontró buenos amigos aunque tuvo alguno enfrentamientos con practicantes de otras escuelas, ya que en esos tiempos era costumbre probar las técnicas de una escuela contra otra.
En la fábrica de su padre estaba trabajando como hombre de seguridad Ishitani Matsutaro Takekage, quien descendía de una familia que colaboró en la zona de Iga con la familia Hattori. Se dice que utilizaba un bokken como bastón.
Ishitani fue maestro de Hon Tai Takagi Yoshin Ryu (no confundir con Takagi Yoshin Ryu) y Kukishinden Ryu; como es de suponer Takamatsu (17 años) estudió con él hasta sus últimos días ya que desgraciadamente, tras dos años de estar juntos, Ishitani falleció en su regazo (murió aprox; en 1907 ).
Entrenaba regularmente subiendo el monte Maya donde se encontraba la cascada de la tortuga (Kame no taki). A los 20 años estuvo viviendo en la montaña durante un año. En su estancia entrenó duramente su cuerpo y obtuvo gran fuerza física y espiritual; rompía piedras con su dedo meñique y también continuó entrenando los waza. Se dice que cuando alguien subía a la montaña podía predecir si era hombre o mujer.
Aproximadamente a los 21 años se marcho a China.
La China de aquellos tiempos se encontraba en medio de grandes trastornos, caía el Imperio y en 1912 se proclama la República, cuyo primer presidente fue Sun Yat Sen.
Desde esta fecha China conoció la mediatización de los Japoneses, las luchas entre los gobiernos del norte y el sur, con grandes injerencias Soviéticas y también las guerras locales entre grupos de bandidos. En Manchuria, los Japoneses crearon el estado llamado Manchukuo.
En 1931 comenzaron las dictaduras del Kuomintang. Había empezado la guerra contra los Japoneses, dirigidas por Chian Kai Shek. Esta guerra, enlazo con la segunda guerra Mundial, figurando China del lado de los vencedores, fue reconocida como una de las cinco grandes potencias.
Allí se convirtió (a los 26 años) en el presidente de la asociación Japonesa de jóvenes Artistas Marciales. También tuvo muchos alumnos; era considerado un Maestro de muy alto nivel no solo por su técnica sino más que nada por su fuerte espíritu y personalidad. Takamatsu tuvo contacto con el Emperador de Shinkoku y parece ser que participó en actividades políticas.
Después de estar aproximadamente 9 años en China Takamatsu regresó a Japón en 1919. Muchas de las actividades en ese país son mantenidas en secreto por Massaki Hatsumi, pero se pueden percibir años muy intensos y peligrosos.
Toshitsugu Takamatsu heredó los siguientes Ryu ha.
Togakure Ryu Ninpo, Gyokko Ryu Kosshi Jutsu, Kotto Ryu Koppo Jutsu, Kumogakure Ryu Ninpo, Gyokushin Ryu Ninpo y Shinden Fudo Ryu Dakentai Justu y Gikan Ryu Koppo Jutsu de Shinryuken Masamitsu Toda (su abuelo).
Kukishinden Ryu Happo Biken y Hontai Takagi Yoshin Ryu de Ishitani Matsutaro Takekage.
Takagi Yoshin Ryu Jutai Jutsu de Mizuta Tadafusa Yoshitaro.
Takamatsu Toshitsugu, paso la herencia de los Ryuha a Massaki Hatsumi aproximadamente en 1968. Finalmente había logrado encontrar el heredero indicado para continuar con el legado de las antiguas escuelas de Iga.
Este es un poema escrito por Takamatsu Sensei luego del encuentro con Masaaki Hatsumi.
“Hace algún tiempo, era un completo guerrero
de la tradición Koppojutsu.
Yo era valiente y tan intenso como una llama,
incluso en la batalla contra violentos animales.
Tengo un corazón que es como las flores salvajes de la pradera,
recto y verdadero como el bambú.
Incluso diez mil enemigos no pueden causarme temor.
¿ Quién es en este mundo capaz de mantener viva esta voluntad del
corazón del guerrero ?.
Allí estas tú, enviado a mí por los Dioses Guerreros.
He estado esperando por ti a través de los años.”
Takamatsu tuvo muchos alumnos, pero su suseror directo fue solo Massaki Hatsumi, actual Soke (Jefe-Líder).
En aquellos tiempos solían entregarse Menkyo (autorización para la enseñanza), pero eso no significaba el legado directo, el cual figura en la genealogía de cada Ryu Ha.
Después de entregar su legado, Takamatsu se retiró a terminar en el estudio de la Naturaleza. Había encontrado el secreto de la invensibilidad, la máxima realización…
Moko no Tora encontró a su muerte física a los 84 años, el 2 de Abril de 1972. Su gran espíritu se mantiene vivo en la mente y el corazón del actual Sôke Masaaki Hatsumi.
El mismo cuenta que su entrenamiento con Takamatsu no ha finalizado, continúa un sus sueños; cuando en las clases transpira, el vapor sube hacia el cielo y por medio de éste se comunica con su Sensei para continuar la practica.
“He encontrado muchos maestros de varias artes marciales, pero encontrar a ese guerrero llamado Takamatsu fue una experiencia única. Incluso lo podía ver allí, pero era como si realmente no estuviese, como si existiese en otra dimensión. Escalofriante, tenebroso, esas son las únicas palabras que puedo utilizar para describirlo…”
Masaaki Hatsumi Soke.
ahora para el que tenga ganas de leerla, les dejo una historia de su vida que la verdad esta muy buena
El nombre de Takamatsu sensei de niño era Jutaro. Jutaro, en marzo del trigésimo tercero año de su vida, retornó a su hogar en Japón. En su corazón anhelaba visitar la tumba de su novia Kogane, y también visitar a su abuela. Ella vivía en el distrito Higashi Shirikecho de la ciudad de Hyogo. Cuando ella vio su rostro, lloró de alegría. Él le contó la razón de su retorno a Japón. Desafortunadamente, no volvió para compartir el éxito sino que volvió al hogar para curar su enfermedad, beriberi. Dejó entrever que deseaba usar su casa para recuperarse. Ella le abrió su casa a él le dijo que descanse sin preocuparse por nada que no sea recuperarse. Pasó un mes cuando llegó un mensajero de su padre en Akashi. Dijo que si la abuela insistía en cuidar del joven Jutaro, el padre dejaría de enviarle la cuota mensual. La abuela replicó, “¿Quien cuidará de mi querido nieto en su enfermedad si yo no lo hago? Su padre me dice que no puedo cuidarlo – que dejará de enviarme la mensualidad. Déjelo dejar de enviarme su dinero! Yo cuidaré de mi nieto si tengo que trabajar a mi avanzada edad para hacerlo. Por favor relate lo que dije a mi hijo.” Mientras ella estaba echando al mensajero, Jutaro gateó fuera de su lecho de convalecencia y dijo al mensajero, “¡Gracias al cielo que has venido! Estaba planeando irme pronto. Estaré lo suficientemente bien en un par de días.” Su abuela sabía que él no solo estaba enfermo de beriberi sino que también tenía dañados los pulmones, por lo que ella dijo con lágrimas cayendo por sus mejillas, “Jutaro, no importa lo que tu padre diga, curaré tu enfermedad sin importar lo que tenga que hacer. Quédate aquí y descansa.” Jutaro no se permitiría a sí mismo causar algún inconveniente por su culpa. Aún si ello lo matara, no podía ir contra el camino del ninja. Recordaba el rostro sonriente de su maestro, Toda sensei, diciendo, “Aún cuando te enfrentes a una muerte certera, muere riendo.” Dos días después de que el mensajero se fuera, se decidió a partir. Pensó que cuanto mas pronto se fuera, menos inconvenientes le causará a su abuela. Esperó a que ella saliera de la casa y entonces partió sin nada más que las ropas que casualmente tenía puestas. Decidió que su destino sería la montaña Mayasan (Maya es la madre de Buda) fue hacia allí arrastrando sus pesadas piernas afligidas con beriberi e hinchadas del tamaño de un elefante. Era principios del verano. Jutaro miraba al cielo mientras subía el sendero de la montaña. A veces sus ojos se llenaban de lágrimas al hacer el gran esfuerzo de dar cada paso. “¡Kogane también murió! Yo moriré de todas formas, así que prefiero morir en soledad.” Se arrastró sobre sus manos y rodillas, pero finalmente llegó a Kamenotaki (Cascadas de la Tortuga). Jutaro sintió que recuperaba algo de fuerzas. La soledad vuelve frío al corazón de una persona, así que decidió encontrar algunos amigos. El viento y las aves lo llamaban. Los animales lo llamaban desde la distancia. Era inconveniente moverse sobre el rastro al anochecer ya que no había luces, pero Jutaro no tuvo dificultades ya que había dominaba con maestría la técnica ninpo de ver a través de la oscuridad. Una noche, Jutaro se despertó abruptamente cuando alguien gritó “¡Kaire!” (¡Vete a tu casa!). El ensordecedor grito le tocó las entrañas e interrumpió la oscura calma de la noche. Jutaro era valiente y volvió a dormirse. Más adelante descubrió que se trataba de un pájaro semi-despierto. Varios días mas tarde, un anciano vio a Jutaro bañándose bajo la cascada se le aproximó para hablarle. “Joven hombre, pareces estar practicando ascetismo, pero para qué oras?” Jutaro apenas podía hablar pero respondió, “Quiero curar mi enfermedad.” Los ojos del anciano emanaban una cálida luz. “Eso no debería ser una tarea tan difícil. Tienes beriberi, y tienes la lombriz solitaria en tu estómago. Yo puedo curarte. Liberémonos primero de la lombrices.” Plegó sus manos en una de las posiciones de manos kiji in – en in (sellos de la espada) – y con un grito, se lo clavó a Jutaro en la panza murmurando para sí. Trepó a una roca y se alejó pero parecía que sus pies no habían tocado el suelo. La lluvia paró y el sol empezó a brillar el tercer día después de que se fuera el anciano. Jutaro sintió un enorme dolor en su estómago y corrió detrás de la cabaña para aliviarse. Encontró dos lombrices solitarias distintas. Después de un examen cuidadoso, vio que una lombriz tenía una línea vertical a lo largo de su lomo mientras que la otra tenía una línea horizontal. “¡Que extraño, en verdad!” “En verdad lo hizo. ¡Qué anciano más extraño!” Jutaro empezó a sentirse atraído por el misterioso poder del anciano. Alrededor de diez días más tarde, el anciano volvió a aparecer. “¿Como estás, muchacho? Creo que te has librado de las lombrices.” “Tienes mucho entrenamiento en las artes marciales. Tu mirada y movimientos agudos dejaron una impresión en mis intuitivos ojos.” “Hasta sabes que he practicado artes marciales,” replicó Jutaro. “Aún soy un principiante. Toda sensei muchas veces me dijo que uno no debería tener una postura o actitud que le permita a otros saber que uno practica artes marciales.” “Creo que está bien ya que eres tan joven. “Cuando comparo la verdad interior de las artes marciales y la religión, veo que son de naturaleza muy similar.” Un día vio el reflejo del rostro del anciano en el agua y no dudó en llamarlo “Sensei!” “Eres un buen muchacho. He decidido enseñarte las habilidades que poseo, empezando ahora.” El anciano decidió enseñarle a Jutaro las habilidades para predecir cuanto tiempo vivirá una persona, para ver en la oscuridad, y traer la libertad a los animales. Le había tomado una vida entera al anciano adquirir esas habilidades. También le pasó a Jutaro la manera de darse cuenta de los cambios en la naturaleza y como predecir las tristes calamidades antes de que ocurran. Jutaro comenzó a ver la luz cuando se dio cuenta que el ninjutsu y las habilidades de karate y jutaijutsu que dominaba con maestría hasta aquí eran habilidades de vida – para sobrevivir. Una sonrisa se cruzó por la cara de Jutaro. “He estado entrenando creyendo que las artes marciales proveen una técnica para vencer al enemigo, mientras que el ninpo era el arte del furtivismo, de la invisibilidad. Pero cuando pienso acerca de la dirección correcta de obtener la iluminación o la naturaleza de tales artes, todo se simplifica a estudiar las leyes de la naturaleza.” Jutaro decidió continuar su encuentro con la Madre Naturaleza por otros tres meses. Pasó sus días entrenando tanto su mente como su cuerpo. El motivo por el que eligió ese lapso, es que nueve es el mas fuerte de los números y diez simboliza hacer una promesa de cumplir algún deseo. Cuando pasaron noventa días, Jutaro le dijo adiós al gran sapo, la gran víbora, y al salto de la montaña, y a las rocas y árboles con que se había amigado durante su estadía en la montaña, y entonces descendió.
Esencia del Ninjutsu.
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moko no tora: el tigre de mongolia
Toshitsugu Takamatsu nació en Kobe el 1 de marzo de 1888 (Meiji 22). Sus ancestros eran miembros un clan de los bosques de Takeo, situado en las zonas montañosas de la antigua provincia de Iga (actual prefectura de Mie).
Comenzó su entrenamiento a los nueve años por iniciativa de su padre, quien pensaba que Takamatsu era muy tímido, y en la escuela lo llamaban “el niño llorón”. Su primer maestro fue su abuelo, Shinryuken Masamitsu Toda, quien lo inició en Shinden Fudo Ryu. Generalmente Toda Sensei tenía un ayudante que les enseñaba a los principiantes, pero Toda Sensei le enseñó directamente a Takamatsu. En las lecciones, Takamatsu fue arrojado de un lado para otro durante un año. Después de ese tiempo Toda Sensei comenzó a enseñarle los waza.
A los 10 años tuvo la oportunidad de que en la escuela no lo llamaran más “el niño llorón”. Esto sucedió en una clase de Sumo, cuando su profesor le pidió que subiera al ring (Dohyo) a participar de una lucha. Takamatsu derribó fácilmente a 8 ó 9 oponentes. Después de este episodio la gente comenzó a tratarlo con respeto.
Luego de aprender Shinden Fudo Ryu, estudió Koto Ryu Koppo Jutsu. Su increíble habilidad lo hizo dominar estos dos estilos cuando tan solo tenía trece años de edad. Más tarde comenzó a estudiar Togakure Ryu Ninjutsu, como así también Takagi Yoshin Ryu en el Dojo de Tadafusa Misuta Yoshitaro.
Su peso a los 12 años había aumentado a 124 lbs ( 55 Kg.) debido a sus vigorosos entrenamientos. En el Dojo lo llamaban “Kotora” (pequeño tigre); allí encontró buenos amigos aunque tuvo alguno enfrentamientos con practicantes de otras escuelas, ya que en esos tiempos era costumbre probar las técnicas de una escuela contra otra.
En la fábrica de su padre estaba trabajando como hombre de seguridad Ishitani Matsutaro Takekage, quien descendía de una familia que colaboró en la zona de Iga con la familia Hattori. Se dice que utilizaba un bokken como bastón.
Ishitani fue maestro de Hon Tai Takagi Yoshin Ryu (no confundir con Takagi Yoshin Ryu) y Kukishinden Ryu; como es de suponer Takamatsu (17 años) estudió con él hasta sus últimos días ya que desgraciadamente, tras dos años de estar juntos, Ishitani falleció en su regazo (murió aprox; en 1907 ).
Entrenaba regularmente subiendo el monte Maya donde se encontraba la cascada de la tortuga (Kame no taki). A los 20 años estuvo viviendo en la montaña durante un año. En su estancia entrenó duramente su cuerpo y obtuvo gran fuerza física y espiritual; rompía piedras con su dedo meñique y también continuó entrenando los waza. Se dice que cuando alguien subía a la montaña podía predecir si era hombre o mujer.
Aproximadamente a los 21 años se marcho a China.
La China de aquellos tiempos se encontraba en medio de grandes trastornos, caía el Imperio y en 1912 se proclama la República, cuyo primer presidente fue Sun Yat Sen.
Desde esta fecha China conoció la mediatización de los Japoneses, las luchas entre los gobiernos del norte y el sur, con grandes injerencias Soviéticas y también las guerras locales entre grupos de bandidos. En Manchuria, los Japoneses crearon el estado llamado Manchukuo.
En 1931 comenzaron las dictaduras del Kuomintang. Había empezado la guerra contra los Japoneses, dirigidas por Chian Kai Shek. Esta guerra, enlazo con la segunda guerra Mundial, figurando China del lado de los vencedores, fue reconocida como una de las cinco grandes potencias.
Allí se convirtió (a los 26 años) en el presidente de la asociación Japonesa de jóvenes Artistas Marciales. También tuvo muchos alumnos; era considerado un Maestro de muy alto nivel no solo por su técnica sino más que nada por su fuerte espíritu y personalidad. Takamatsu tuvo contacto con el Emperador de Shinkoku y parece ser que participó en actividades políticas.
Después de estar aproximadamente 9 años en China Takamatsu regresó a Japón en 1919. Muchas de las actividades en ese país son mantenidas en secreto por Massaki Hatsumi, pero se pueden percibir años muy intensos y peligrosos.
Toshitsugu Takamatsu heredó los siguientes Ryu ha.
Togakure Ryu Ninpo, Gyokko Ryu Kosshi Jutsu, Kotto Ryu Koppo Jutsu, Kumogakure Ryu Ninpo, Gyokushin Ryu Ninpo y Shinden Fudo Ryu Dakentai Justu y Gikan Ryu Koppo Jutsu de Shinryuken Masamitsu Toda (su abuelo).
Kukishinden Ryu Happo Biken y Hontai Takagi Yoshin Ryu de Ishitani Matsutaro Takekage.
Takagi Yoshin Ryu Jutai Jutsu de Mizuta Tadafusa Yoshitaro.
Takamatsu Toshitsugu, paso la herencia de los Ryuha a Massaki Hatsumi aproximadamente en 1968. Finalmente había logrado encontrar el heredero indicado para continuar con el legado de las antiguas escuelas de Iga.
Este es un poema escrito por Takamatsu Sensei luego del encuentro con Masaaki Hatsumi.
“Hace algún tiempo, era un completo guerrero
de la tradición Koppojutsu.
Yo era valiente y tan intenso como una llama,
incluso en la batalla contra violentos animales.
Tengo un corazón que es como las flores salvajes de la pradera,
recto y verdadero como el bambú.
Incluso diez mil enemigos no pueden causarme temor.
¿ Quién es en este mundo capaz de mantener viva esta voluntad del
corazón del guerrero ?.
Allí estas tú, enviado a mí por los Dioses Guerreros.
He estado esperando por ti a través de los años.”
Takamatsu tuvo muchos alumnos, pero su suseror directo fue solo Massaki Hatsumi, actual Soke (Jefe-Líder).
En aquellos tiempos solían entregarse Menkyo (autorización para la enseñanza), pero eso no significaba el legado directo, el cual figura en la genealogía de cada Ryu Ha.
Después de entregar su legado, Takamatsu se retiró a terminar en el estudio de la Naturaleza. Había encontrado el secreto de la invensibilidad, la máxima realización…
Moko no Tora encontró a su muerte física a los 84 años, el 2 de Abril de 1972. Su gran espíritu se mantiene vivo en la mente y el corazón del actual Sôke Masaaki Hatsumi.
El mismo cuenta que su entrenamiento con Takamatsu no ha finalizado, continúa un sus sueños; cuando en las clases transpira, el vapor sube hacia el cielo y por medio de éste se comunica con su Sensei para continuar la practica.
“He encontrado muchos maestros de varias artes marciales, pero encontrar a ese guerrero llamado Takamatsu fue una experiencia única. Incluso lo podía ver allí, pero era como si realmente no estuviese, como si existiese en otra dimensión. Escalofriante, tenebroso, esas son las únicas palabras que puedo utilizar para describirlo…”
Masaaki Hatsumi Soke.
ahora para el que tenga ganas de leerla, les dejo una historia de su vida que la verdad esta muy buena
El nombre de Takamatsu sensei de niño era Jutaro. Jutaro, en marzo del trigésimo tercero año de su vida, retornó a su hogar en Japón. En su corazón anhelaba visitar la tumba de su novia Kogane, y también visitar a su abuela. Ella vivía en el distrito Higashi Shirikecho de la ciudad de Hyogo. Cuando ella vio su rostro, lloró de alegría. Él le contó la razón de su retorno a Japón. Desafortunadamente, no volvió para compartir el éxito sino que volvió al hogar para curar su enfermedad, beriberi. Dejó entrever que deseaba usar su casa para recuperarse. Ella le abrió su casa a él le dijo que descanse sin preocuparse por nada que no sea recuperarse. Pasó un mes cuando llegó un mensajero de su padre en Akashi. Dijo que si la abuela insistía en cuidar del joven Jutaro, el padre dejaría de enviarle la cuota mensual. La abuela replicó, “¿Quien cuidará de mi querido nieto en su enfermedad si yo no lo hago? Su padre me dice que no puedo cuidarlo – que dejará de enviarme la mensualidad. Déjelo dejar de enviarme su dinero! Yo cuidaré de mi nieto si tengo que trabajar a mi avanzada edad para hacerlo. Por favor relate lo que dije a mi hijo.” Mientras ella estaba echando al mensajero, Jutaro gateó fuera de su lecho de convalecencia y dijo al mensajero, “¡Gracias al cielo que has venido! Estaba planeando irme pronto. Estaré lo suficientemente bien en un par de días.” Su abuela sabía que él no solo estaba enfermo de beriberi sino que también tenía dañados los pulmones, por lo que ella dijo con lágrimas cayendo por sus mejillas, “Jutaro, no importa lo que tu padre diga, curaré tu enfermedad sin importar lo que tenga que hacer. Quédate aquí y descansa.” Jutaro no se permitiría a sí mismo causar algún inconveniente por su culpa. Aún si ello lo matara, no podía ir contra el camino del ninja. Recordaba el rostro sonriente de su maestro, Toda sensei, diciendo, “Aún cuando te enfrentes a una muerte certera, muere riendo.” Dos días después de que el mensajero se fuera, se decidió a partir. Pensó que cuanto mas pronto se fuera, menos inconvenientes le causará a su abuela. Esperó a que ella saliera de la casa y entonces partió sin nada más que las ropas que casualmente tenía puestas. Decidió que su destino sería la montaña Mayasan (Maya es la madre de Buda) fue hacia allí arrastrando sus pesadas piernas afligidas con beriberi e hinchadas del tamaño de un elefante. Era principios del verano. Jutaro miraba al cielo mientras subía el sendero de la montaña. A veces sus ojos se llenaban de lágrimas al hacer el gran esfuerzo de dar cada paso. “¡Kogane también murió! Yo moriré de todas formas, así que prefiero morir en soledad.” Se arrastró sobre sus manos y rodillas, pero finalmente llegó a Kamenotaki (Cascadas de la Tortuga). Jutaro sintió que recuperaba algo de fuerzas. La soledad vuelve frío al corazón de una persona, así que decidió encontrar algunos amigos. El viento y las aves lo llamaban. Los animales lo llamaban desde la distancia. Era inconveniente moverse sobre el rastro al anochecer ya que no había luces, pero Jutaro no tuvo dificultades ya que había dominaba con maestría la técnica ninpo de ver a través de la oscuridad. Una noche, Jutaro se despertó abruptamente cuando alguien gritó “¡Kaire!” (¡Vete a tu casa!). El ensordecedor grito le tocó las entrañas e interrumpió la oscura calma de la noche. Jutaro era valiente y volvió a dormirse. Más adelante descubrió que se trataba de un pájaro semi-despierto. Varios días mas tarde, un anciano vio a Jutaro bañándose bajo la cascada se le aproximó para hablarle. “Joven hombre, pareces estar practicando ascetismo, pero para qué oras?” Jutaro apenas podía hablar pero respondió, “Quiero curar mi enfermedad.” Los ojos del anciano emanaban una cálida luz. “Eso no debería ser una tarea tan difícil. Tienes beriberi, y tienes la lombriz solitaria en tu estómago. Yo puedo curarte. Liberémonos primero de la lombrices.” Plegó sus manos en una de las posiciones de manos kiji in – en in (sellos de la espada) – y con un grito, se lo clavó a Jutaro en la panza murmurando para sí. Trepó a una roca y se alejó pero parecía que sus pies no habían tocado el suelo. La lluvia paró y el sol empezó a brillar el tercer día después de que se fuera el anciano. Jutaro sintió un enorme dolor en su estómago y corrió detrás de la cabaña para aliviarse. Encontró dos lombrices solitarias distintas. Después de un examen cuidadoso, vio que una lombriz tenía una línea vertical a lo largo de su lomo mientras que la otra tenía una línea horizontal. “¡Que extraño, en verdad!” “En verdad lo hizo. ¡Qué anciano más extraño!” Jutaro empezó a sentirse atraído por el misterioso poder del anciano. Alrededor de diez días más tarde, el anciano volvió a aparecer. “¿Como estás, muchacho? Creo que te has librado de las lombrices.” “Tienes mucho entrenamiento en las artes marciales. Tu mirada y movimientos agudos dejaron una impresión en mis intuitivos ojos.” “Hasta sabes que he practicado artes marciales,” replicó Jutaro. “Aún soy un principiante. Toda sensei muchas veces me dijo que uno no debería tener una postura o actitud que le permita a otros saber que uno practica artes marciales.” “Creo que está bien ya que eres tan joven. “Cuando comparo la verdad interior de las artes marciales y la religión, veo que son de naturaleza muy similar.” Un día vio el reflejo del rostro del anciano en el agua y no dudó en llamarlo “Sensei!” “Eres un buen muchacho. He decidido enseñarte las habilidades que poseo, empezando ahora.” El anciano decidió enseñarle a Jutaro las habilidades para predecir cuanto tiempo vivirá una persona, para ver en la oscuridad, y traer la libertad a los animales. Le había tomado una vida entera al anciano adquirir esas habilidades. También le pasó a Jutaro la manera de darse cuenta de los cambios en la naturaleza y como predecir las tristes calamidades antes de que ocurran. Jutaro comenzó a ver la luz cuando se dio cuenta que el ninjutsu y las habilidades de karate y jutaijutsu que dominaba con maestría hasta aquí eran habilidades de vida – para sobrevivir. Una sonrisa se cruzó por la cara de Jutaro. “He estado entrenando creyendo que las artes marciales proveen una técnica para vencer al enemigo, mientras que el ninpo era el arte del furtivismo, de la invisibilidad. Pero cuando pienso acerca de la dirección correcta de obtener la iluminación o la naturaleza de tales artes, todo se simplifica a estudiar las leyes de la naturaleza.” Jutaro decidió continuar su encuentro con la Madre Naturaleza por otros tres meses. Pasó sus días entrenando tanto su mente como su cuerpo. El motivo por el que eligió ese lapso, es que nueve es el mas fuerte de los números y diez simboliza hacer una promesa de cumplir algún deseo. Cuando pasaron noventa días, Jutaro le dijo adiós al gran sapo, la gran víbora, y al salto de la montaña, y a las rocas y árboles con que se había amigado durante su estadía en la montaña, y entonces descendió.
Esencia del Ninjutsu.
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