Berlín _ 1.944:
Un agente un tanto inexperto de E.E.U.U. logra infiltrarse en un círculo privado de oficiales nazis de alto rango. Debe cumplir una misión tal como se le pidió. Por el honor, la valentía y por la libertad, para enorgullecer a su país y al mundo. Debe ignorar todo lo ocurrido tras cumplir su misión. Como los nazis, este agente tiene una cápsula de cianuro en una de sus muelas, en caso de que la misión falle. Comienza su trabajo.
La noche de un viernes se daría inicio a una reunión de oficiales cercanos al führer en el Piaf Plaza. El agente ingresa vestido como un sargento con una notable medalla de reconocimiento militar por su desempeño en combate (obviamente falsa). Entra y se sienta en su mesa, como debía hacerlo.
En su mesa hay tres oficiales. Barkanhem, Sulsch y Paf. Ellos deberían de quedarse hasta que todos se fueran del recinto. Todo marcha como lo estipulado: la comida, el anecdotario militar, antisemitismo y todo lo relacionado se trató en la mesa.
Pero algo pasó por la mente del agente:
-Hum... no me acuerdo a quien tenía que arrestar - piensa el agente - si a Sulsch, o... a él debería matarlo... y a Barkanhem debía obligarlo a delatar... no me acuerdo...
Esto coloca al agente en una posición incómoda para consigo, porque debía actuar rápido. Pero de repente recordó lo que le había dicho su jefe:
-Barkanhem sabe lo de tu desprecio al reich. Esa cena del viernes va a ser una trampa para asesinarte... la señal que dará para que disparen será cuando se rasque la nariz.
El agente espera y observa. Los cuatro hombres están callados, y están por desatar algo ¨gordo¨, por así llamarle. Barkanhem lo observa y, entre una sonrisa falsa y otra, se rasca la nariz.
Es la señal - pensó el agente - ... reaccionaré! PUM!
Un hombre despierta en su cama de dos plazas y observa el menudo chancletazo que había atinado en el rostro de su suegra (en un acto de reflejos dormido), quien entraba a despertarlo.
Su esposa entra con dos bolsas de compras y sus hijos, vociferando:
-Todavía estás acostado? Te dije que te levantaras tal como te lo pedí, por tu familia, por tu salud... y no... el señor duerme...
Prosigue:
-Y te dije que fueras a buscar a las nenas a la escuela y al jardín, y no fuiste. Tuve que ir yo con las bolsas encima hasta allá.
-Hum... no me acuerdo a quién tenía que pasar a buscar por la escuela - piensa - si a Melanie, o... no, ella salía más tarde... y a Natalia por el jardín... no me acuerdo.
Mientras, todos se habían olvidado de la suegra, quien se encontraba inconsciente en el suelo con la chancleta aún en la cara.
Parecía desesperado... pero recordó lo que le dijo su padre:
-Si tu mujer te rompe mucho las pelotas, cortala.
Entonces el hombre agarra su chancleta restante, se la arroja en la cara a su mujer, y se va, diciendo:
-Al final con los militares estábamos mejor.
FIN
Espero no haber ofendido a nadie con este cuento, y que, además, sea de su agrado. Es un cuento viejo y precario que escribí hace mucho. Saludos!
Un agente un tanto inexperto de E.E.U.U. logra infiltrarse en un círculo privado de oficiales nazis de alto rango. Debe cumplir una misión tal como se le pidió. Por el honor, la valentía y por la libertad, para enorgullecer a su país y al mundo. Debe ignorar todo lo ocurrido tras cumplir su misión. Como los nazis, este agente tiene una cápsula de cianuro en una de sus muelas, en caso de que la misión falle. Comienza su trabajo.
La noche de un viernes se daría inicio a una reunión de oficiales cercanos al führer en el Piaf Plaza. El agente ingresa vestido como un sargento con una notable medalla de reconocimiento militar por su desempeño en combate (obviamente falsa). Entra y se sienta en su mesa, como debía hacerlo.
En su mesa hay tres oficiales. Barkanhem, Sulsch y Paf. Ellos deberían de quedarse hasta que todos se fueran del recinto. Todo marcha como lo estipulado: la comida, el anecdotario militar, antisemitismo y todo lo relacionado se trató en la mesa.
Pero algo pasó por la mente del agente:
-Hum... no me acuerdo a quien tenía que arrestar - piensa el agente - si a Sulsch, o... a él debería matarlo... y a Barkanhem debía obligarlo a delatar... no me acuerdo...
Esto coloca al agente en una posición incómoda para consigo, porque debía actuar rápido. Pero de repente recordó lo que le había dicho su jefe:
-Barkanhem sabe lo de tu desprecio al reich. Esa cena del viernes va a ser una trampa para asesinarte... la señal que dará para que disparen será cuando se rasque la nariz.
El agente espera y observa. Los cuatro hombres están callados, y están por desatar algo ¨gordo¨, por así llamarle. Barkanhem lo observa y, entre una sonrisa falsa y otra, se rasca la nariz.
Es la señal - pensó el agente - ... reaccionaré! PUM!
Un hombre despierta en su cama de dos plazas y observa el menudo chancletazo que había atinado en el rostro de su suegra (en un acto de reflejos dormido), quien entraba a despertarlo.
Su esposa entra con dos bolsas de compras y sus hijos, vociferando:
-Todavía estás acostado? Te dije que te levantaras tal como te lo pedí, por tu familia, por tu salud... y no... el señor duerme...
Prosigue:
-Y te dije que fueras a buscar a las nenas a la escuela y al jardín, y no fuiste. Tuve que ir yo con las bolsas encima hasta allá.
-Hum... no me acuerdo a quién tenía que pasar a buscar por la escuela - piensa - si a Melanie, o... no, ella salía más tarde... y a Natalia por el jardín... no me acuerdo.
Mientras, todos se habían olvidado de la suegra, quien se encontraba inconsciente en el suelo con la chancleta aún en la cara.
Parecía desesperado... pero recordó lo que le dijo su padre:
-Si tu mujer te rompe mucho las pelotas, cortala.
Entonces el hombre agarra su chancleta restante, se la arroja en la cara a su mujer, y se va, diciendo:
-Al final con los militares estábamos mejor.
FIN
Espero no haber ofendido a nadie con este cuento, y que, además, sea de su agrado. Es un cuento viejo y precario que escribí hace mucho. Saludos!