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Mario Roberto Santucho y el erp (IV)

Info7/19/2010
Mario Roberto Santucho y el erp (IV)

"El error del ERP fue continuar la lucha armada luego de las elecciones de 1973"

Julio Carreras (h) es más conocido como escritor y periodista que como militante político. Sin embargo estuvo preso 7 años durante la dictadura militar argentina, debido a su militancia en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) una organización que impulsaba la lucha armada para obtener el socialismo. Pese a que la mayor parte de su militancia se desarrolló en Córdoba, como periodista en diarios y revistas de Izquierda, hemos enfocado las preguntas principalmente sobre una realidad que también el escritor conocía mucho: la de Santiago del Estero, poco analizada hasta hoy.

Pregunta: ¿Cómo fue tu juventud en Santiago y por ende, tus inicios hacia la política?

Respuesta: Mis comienzos han estado relacionados con las ideas revolucionarias del peronismo puesto que, tanto mi abuelo como mi padre han sido militantes peronistas y la conciencia política, de alguna manera vaga para mí, comienza alrededor de los cinco años, en 1955, cuando sucede el golpe en contra del gobierno de Perón. Allí lo veo a mi tío, un militante peronista que andaba escondido. A él le llevaba la comida que mi abuela le mandaba a una casa dónde estaba escondido. Me acuerdo claramente como me impresiona mi tío, uno de ésos días, cuando al dejarle la comida tenía un revolver sobre la mesa, una pistola calibre 38 largo, era imponente. Sin embargo, mi tío después niega que estuviera armado en la actualidad. Yo creo que eso forma parte del miedo retrospectivo que nos lleva a negar nuestra propia militancia o como sería el caso de Uriondo también, quién le negó una entrevista a un amigo mío, a Juan Manuel Aragón. Se escondió y nunca le pudo preguntar sobre su participación en los Uturuncos; Uriondo niega su participación en los Uturuncos porque ahora es un hombre del sistema y sin embargo para mí, que era un chico de 6 o 7 años, Uriondo era como un ejemplo, un personaje heroico, yo lo recuerdo claramente; a lo mejor es un poco exagerado por la imaginación, yo lo recuerdo porque mi tío y todos los peronistas de aquellos tiempos como López Bustos, Abdulajad y mi viejo también, anduvieron tratando de conseguir la libertad de los Uturuncos que estaban presos, y en el ámbito familiar hablando bien de la guerrilla peronista como los llamaban ellos. Así que éstos son los primeros esbozos de conciencia política que hacia la adolescencia se fue perfilando más bien como un nacionalismo de derecha porque mi abuelo era un hombre con ideas conservadoras -no en el sentido liberal sino en el sentido de ser un patriota cuyo libro de cabecera era el Martín Fierro, cuya raza privilegiada era el gaucho, mezcla de hispano con aborigen y que hacía un culto al amor por la patria. Admiraba al nazismo, por ejemplo, o al fascismo pero principalmente al nazismo nada más porque había sido un aliado del país en contra de los intereses norteamericanos e ingleses. O sea que no lo veía con un sentido de movimiento antisionista o imperialista, como en realidad fue el nazismo sino como el aliado natural que tuvieron los movimientos nacionalistas e independentistas latinoamericanos en contra de su principal opresor, y así por eso también, después mis tíos veían a la U.R.S.S. con simpatía no porque fueran comunistas sino porque era un aliado en contra de los norteamericanos. El verdadero peronista que en ése tiempo existía y que todavía existe, nada más que ahora mienten mucho, dirigentes peronistas que se han transformado o aggiornado, el verdadero peronista, digo, era un hombre nacionalista y socialista al mismo tiempo, un tipo de socialismo dentro de un capitalismo moderado y esto era lo que sustentaba aproximadamente mi familia. Nunca habían sido ni marxistas ni un socialistas, pero no hace falta ser un marxista para ser un revolucionario. Por entonces López Bustos junto con Abdulajad eran los que mantenían viva la llama del peronismo en Santiago, cuando muchos otros que después han sido funcionarios y gobernantes estaban con duda o directamente se habían borrado de la militancia . En esa infancia y adolescencia yo conocí a todos lo dirigentes peronistas de Santiago y de otras provincias, conocí también a José Alonso, a Vandor si bien no hablé con ellos -yo era un niño-, fui a las movilizaciones donde mis tíos me llevaban y hablaban ellos. Sobre todo, cuando hubo conflictos, aquí en Santiago, con los maestros que hacían movilizaciones en contra del plan CONINTES en la época de Frondizi. Esa fue la raíz de mi pensamiento político.
Preg.: En ese momento Carlos A. Juárez qué papel jugaba si es que jugaba realmente y qué posición empezó a adoptar...
Resp.: Yo recuerdo vagamente -vale repetir que era casi un niño, tenía 12 años cuando los milicos lo voltearon también a Frondizi, en 1962-pero lo que tengo en claro es que Juárez intentó hacer un movimiento por fuera de la línea del peronismo siguiendo la línea de Vandor, él fue uno de los dirigentes peronistas que quiso presentarse a las elecciones de 1963. Intentó con Sapag, Bittel y Vandor hacer un peronismo sin Perón; eso le costó que muchas organizaciones como la 62 organizaciones lo declararan persona no grata y se alejaran de él (esto me lo contó Cárdenas, un dirigente sindical que luego fue vicegobernador de Juárez). Con mucha habilidad y con inteligencia también, me parece que logró reinsertarse en la sociedad porque en los 70 ya estaba de nuevo integrado, aunque después fue por líneas separadas con el peronismo institucional y las organizaciones revolucionarias. En las elecciones del regreso de Perón, Juárez fue a elecciones con el lema de la Democracia Cristiana, aliada con el Partido Comunista, en contra del peronismo, y ganó. Por eso es que Cerro fue senador, o diputado, no recuerdo bien, ese fue el negocio de Cerro, alquilarle el partido a Juárez a cambio de algunos puestos -porque si iban solos la Democracia Cristiana y el Partido Comunista juntos no sacaban ni para un concejal.

Preg. : Cómo se vivían las luchas de los estudiantes en el 69 y 71, en Santiago...

Resp.: En Santiago no tenían gran repercusión; aquí había entrado la provincia en una etapa de cierta anestesia política. Yo era un chico de clase media que quería ser un niño bien argentino, un chico de aquellos que se peinaban a la gomina, que admiraban al gaucho porque era una onda sustentada por una parte de las clases dominantes en la Argentina, también porque cultivaba un antiimperialismo más bien de derecha en lo que se refiere a las costumbres, por lo tanto era un anticomunista. Para mí el comunismo era una fuerza oscura, rara, de individuos complejos y exóticos, que fumaban en pipa y asumían actitudes presuntuosas. Así me parecían los pocos miembros del Partido Comunista que había llegado a conocer algo porque eran amigos de mi papá. Entonces cuando surge el gobierno de Onganía creo que a todos los que tenemos una raíz nacionalista nos pasa lo mismo, mi padre por ejemplo en la época de Onganía -que aquí ponen como gobernador a un general, Uriondo, pariente del otro Uriondo que fue Uturunco, ponen como ministro de gobierno a un Tte. Coronel Cáceres que era amigo de mi papá, a éste lo designan funcionario del gobierno; ellos hacen una hábil diplomacia política con respecto al peronismo prometiéndole participación y prácticamente en Santiago lo neutralizan por completo. Los sectores de izquierda por entonces eran muy pequeños -aunque en un par de años crecerían como hongos-; los únicos que se solidarizaban y lograban algún tipo de apoyo en conjunto con los movimientos estudiantiles eran estos sectores de izquierda; pero eran muy pequeños, así que desde el punto de vista colectivo pasaban casi desapercibidas aquí las movilizaciones nacionales y más aún otras como las del Mayo Francés. No para mí, a mí me impactó mucho El Cordobazo, por ejemplo, y me hizo pensar. Porque yo venía ya desde los 16 0 17 años en un proceso de reflexión, empezando por la guerra de Biafra que se da en el año 1967 aproximadamente, lo que se estaba empezando a conocer sobre la guerra de Vietnam todo eso va haciéndome reflexionar y ya venía con una creciente radicalización aunque era muy suave. Como te digo mi padre leía mucho, tenía amigos de gran nivel intelectual, como el Dr. Acuña, el Lic. Pedro Luna o el gran pintor Alfredo Gogna, con ellos discutía con frecuencia sobre política y yo escuchaba. También por esos tiempos salió la revista Planeta -que aunque con cierta pereza empecé a leer cada vez más. Era una revista hecha por un marxista y un católico franceses, los mismos autores de El Retorno de los Brujos. Allí se abría un panorama muy amplio donde se incluía por cierto las movilizaciones juveniles, los grandes movimientos culturales de ruptura que se iniciaban, Vietnam...

Preg.: Digamos que los hechos internacionales tienen mucho que ver en el pensamiento de una generación, puesto que como vos dices Vietnam, Biafra, el Mayo Francés son de alguna manera los referentes a nivel internacional con los cuales la juventud va tener como hitos. Ahora bien, tu decisión hacia la militancia política a qué se debe y cuándo se produce, porque tengamos en cuenta también que durante ése período, finales de los 60 y principios de los 70, otra parte de la juventud estuvo volcada al rock; porque recordemos que desde 1966 al 1970 se dio en EE.UU. todo un movimiento social que fue el movimiento Hippie, que indudablemente no pasó desapercibido en ésta parte del continente, incluso aquí dicho movimiento tuvo sus adherentes. Entonces podemos encontrar a dos tipos de adolescentes que enfocan o que tratan de dar respuestas de diferentes ángulos. Uno desde la vertiente de la cultura y el otro desde lo político. Cómo ves vos el tema de los adolescentes y por ende cuándo fue el momento en el que optaste por la vertiente política.

Resp.: Bueno a mí se me dio una situación privilegiada porque cuando aparecen los Beatles yo tenía 14 años más o menos, vivía como te digo en el seno de una familia que tenía una militancia política pero también leía mucho. Mi padre compraba todas, aunque suene exagerado, todas las publicaciones que salían. Esto te da una idea del poder adquisitivo, puesto que él era un empleado público que tenía dos puestos, pero con sueldos normales. Trabajaba en ese tiempo en Salud Pública como simple oficinista y por la tarde, trabajaba en la casa Spaini llevando la contabilidad; con eso mi padre pudo comprar todas las revistas del momento, incluso brasileñas, como una que recuerdo bien: O´Cruzeiro. Que tenía un página de chistes, muy simpática y bien hecha, perdoná la digresión, que se llamaba "El amigo de la onÇa", muy graciosa y bien dibujada (también yo dibujaba historietas). Así es que tenía acceso a un material de primera mano. Por otra parte, cuando tenía 14 años, también estaba en la vertiente del rock puesto que tocaba la guitarra eléctrica. Yo desde los 14 años empecé a trabajar como músico, no a tocar por Hobbie sino ganar plata con la música. La escuela me parecía estúpida y estéril, incluso mi propio padre, tiene parte de culpa en eso, porque él vivía diciendo que los sistemas educacionales eran caducos, que no se enseñaba nada, que aparte todo era mentira, tanto desde el punto de vista histórico como de la supuesta democracia que proclamaban los radicales de Illia, ya que en un país donde estaba proscrito el movimiento mayoritario era absurdo hablar de democracia. La politización para mí vino en tres etapas. El primer golpe fuerte que recibí fue a los 18 años cuando en la TV, que era nueva en Santiago, en un noticiero, vi la guerra de Biafra, vi la miseria en que vivían los pueblos africanos. Recuerdo claramente esa noche. De repente en el televisor apareció un niño que era imposible, no podía haber en el mundo alguien tan desnutrido, con tanta desolación en los ojos, con la pancita hinchada por el hambre, y el cuerpo arrugado como el de un viejo, a pesar que no debía de tener más de siete u ocho años. Entonces eso me chocó muchísimo, y yo que era un chango gordo, lleno de comodidades, repantigado en un cómodo sillón frente al televisor me puse a llorar, me salieron las lágrimas solas y me sentí lleno de vergüenza y dije "yo tengo que hacer algo". No sabía entonces qué, pero me dije no puedo ir a las reuniones de la acción católica y misas todos los días solamente para encontrarme con los boludos y las minitas del centro, aquí hay problemas más importantes para un cristiano. Y empecé a tomar conciencia de la pobreza en mi propia provincia por lo tanto pensé que mi ubicación debía estar al lado de ésa gente como cristiano, aunque por esos tiempos aún no se me presentaba muy claramente la noción de la lucha armada. Es cierto que había ocurrido la muerte del Ché en Bolivia, y me había conmovido mucho eso. Recuerdo que yo pensé en el acto, cuando lo vi al Ché tendido con los ojos abiertos, luego de ser asesinado, pensé "pero es la misma cara que tenía Jesús" (en un cuadro del Tintoretto, creo). Eso y que el Ché era argentino. Me sentía muy orgulloso de que alguien tan generoso y grande fuera argentino. El segundo choque fue el cordobazo, cuyas imágenes las ví por TV y me dio otra opción, si bien no lo procesé en el acto pero me quedó grabado en la mente y después cuando entré al servicio militar actuó como el segundo de dos factores. Yo por una cuestión familiar tenía mucha simpatía por lo militar. Un oficial del ejército que me probó verdugueándome mucho y era evidente que me observaba desde que entré a la colimba, un día al ver mi resistencia física y agilidad mental me dijo que yo tenía "madera de militar", así me dijo, que termine el bachillerato -pues no lo había terminado-y siguiera la carrera de oficial. Ese militar era un Tte. Coronel al cual habían dado de baja por peronista y después dieron trabajo de nuevo, yo me hice amigo de él, lo visitaba aún luego de terminar el servicio militar, lo visitaba con mi novia, Clara, quien era una chica muy hermosa y sensible, junto con quien andábamos buscando la manera de hacer algo muy grande por nuestra patria, a la que sentíamos tan intensamente dentro de nosotros. Conversábamos bastante sobre política con este militar, pero yo ya me estaba yendo hacia la izquierda y a él lo asustaba esa posición mía. Una de las cosas que me contó, durante una de estas visitas con Clara, fue su nuevo alejamiento del ejército porque no lo había querido torturar a Robi Santucho cuando lo detuvieron, aquí en Santiago. Paradójicamente mi posición definitiva hacia finales del año 71 vino a través de la admiración que empecé a sentir hacia los revolucionarios negros de los EE.UU. y por la lectura de un libro que llegó a ser la piedra angular de mi ideología: el libro se llamaba Alma encadenada de Eldridge Cleaver. Este era un dirigente político negro que en la cárcel había conocido a los seguidores de Malcom X y a través de sus seguidores, cuando salió de la cárcel junto con otros compañeros de militancia musulmana, orgullosos de su raza, fundó el partido "Pantera Negra". Para entonces Eldridge Cleaver ya había leído Lenin y al Ché Guevara, entonces el partido fue revolucionario y propenso a la lucha armada. Este partido fue una respuesta, porque ellos planteaban que la única forma de luchar a favor de los oprimidos, que eran los negros, era a través del marxismo-leninismo que indicaba un camino correcto para la organización de la sociedad y la resistencia. Con esto ya se perfilaba emocionalmente cual iba a ser mi decisión.

Preg.: Para el año 71 las organizaciones armadas ya habían salido a la luz, en Santiago cual de las dos tuvo más peso, teniendo en cuenta que Santucho era el fundador de una de ellas.

Resp.: Aquí en Santiago hay dos aspectos de la cuestión: desde el punto de vista de lo que es una organización armada el ERP era mucho más poderoso que Montoneros...

Reconstrucción del discurso de Daniel De Santis

Hace exactamente 28 años, a esta misma hora, en este mismo lugar, alrededor de doscientos combatientes del Batallón Urbano General San Martín del Ejército Revolucionario del Pueblo iniciaban, no sólo la mayor batalla de la guerrilla sino, la mayor batalla en la lucha de clases en la Argentina.

¿Quiénes se enfrentaron en esa batalla?

De un lado estaba la gran burguesía nativa, aliada y socia menor del imperialismo, con sus instituciones de poder: El sistema parlamentario, los medios de comunicación de masas, la jerarquía de la iglesia y las fuerzas armadas y policiales.

Del otro el pueblo argentino, la clase obrera, el campesinado pobre, los estudiantes e intelectuales revolucionarios, la clase media urbana y rural, quienes de lo pequeño a lo grande, de lo simple a lo complejo, de la filosofía a la acción política, había ido construyendo, también, sus organizaciones de poder: las organizaciones políticas revolucionarias, el sindicalismo clasista, las coordinadoras de gremios en lucha, las ligas agrarias, el movimiento de sacerdotes para el tercer mundo, los cristianos por el socialismo, las fuerzas armadas de la revolución, sus organizaciones guerrillera y en particular el Partido Revolucionario de los Trabajadores dirección política y militar del Ejército Revolucionario del Pueblo.

Porqué, en la actualidad, la burguesía y los reformistas tratan de ocultar al ERP, porqué tratan de que no quede siquiera su recuerdo, igual que como hicieron con la sublevación de los esclavos en el imperio Romano, en el siglo II antes de Cristo, quienes durante años mantuvieron la lucha contra los esclavistas, y cuando estos lograron derrotarlos el emperador de Roma ordenó que fueran destruidas todas las construcciones que habían levantado los esclavos, que no quedara de ellas piedra sobre piedra, para que no dejar ningún rastro de esa ejemplar lucha por la libertad, pero aunque no quedó nada material no pudieron ocultarla, durante dos mil años el nombre de Espartaco fue levantado por las clases oprimidas cada vez que la idea de la libertad se afirmó en la conciencia de los pueblos. Del mismo modo las clases dominantes han intentado enterrar la historia del PRT y del ERP y en particular de su acción más audaz, más decidida, más emblemática en la lucha por el poder y por la construcción del socialismo en la Argentina. Que no se hable de su grandeza, que no recordemos la pujanza de aquellos combatientes, que no relatemos el desinterés y el altruismo de aquellos jóvenes patriotas, que no veneremos a nuestros héroes y mártires. Y si ello no fuera posible, al menos, que nos avergoncemos ante nuestros hijos y ante nuestro pueblo de haber luchado, de haber tenido la valentía de disputarle el poder al amo imperialista.

Pero cómo se explica que los trabajadores y la juventud argentina hayan hecho una gesta tan gloriosa, que para encontrar otras de tamaña magnitud tengamos que remontarnos a las batallas fundadoras de nuestra nacionalidad en la guerra por la independencia de Argentina y América Latina. Cómo se explica que en una misma jornada se dieran cita jóvenes heroicos como el tambor de Tacuarí y las niñas de Ayohuma, aguerridos soldados como los infernales gauchos de Güemes, y oficiales revolucionarios como la Capitana Juana Azurduy o el Sargento Cabral.

A fines de la década de 1960 la acumulación de fuerzas y experiencias desde el golpe gorila de 1955, con el consiguiente debilitamiento de la alternativa parlamentaria como forma de dominación burguesa, y del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, con sus vientos de renacer revolucionario, comenzaban a dar sus frutos organizativos y a extender la conciencia socialista en miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo. Es así que el pueblo de Córdoba a fines del julio de 1969 y el de Rosario en setiembre del mismo año se levantaron en contra de la dictadura de Onganía y dieron curso al nacimiento de poderosas fuerzas revolucionarias en nuestra patria.

Derrotada la dictadura militar, por el pueblo movilizado, retrocede y llama a elecciones para desviar y contener el torrente revolucionario, favoreciendo la extensión en la conciencia del socialismo y la consolidación de una vanguardia combatiente. Pero no todas las fuerzas populares tuvieron cabal comprensión de la situación histórica y muchas apoyaron la alternativa burguesa encabezada por Perón. El PRT intentó responder, también, en el terreno de lucha que proponía la burguesía, organizando un partido electoral y disputar en ese terreno, también, la conciencia de las masas populares. No lo logró por sus propias limitaciones y porque estuvo casi sólo en esta batalla contra la burguesía argentina que se unían ante el terror a la Revolución Social.

Este momento histórico fue rico en enseñanzas para los militantes populares. Allí vimos cómo la clase dominante que hasta poco antes estaba acorralada por las masas logró rehacerse y sobretodo cooptar, para su política, a miles y miles de militantes populares. Este escenario fue propicio para que la derecha, hasta ayer acorralada, iniciara su contraofensiva con la masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973.

Pero la pujanza del movimiento de masas era tan grande que un puñado de militantes revolucionario, destacados de su seno fundamentalmente por la clase obrera industrial dieran batalla, encabezaran la mayor y más profunda contienda de clases en nuestra patria, la que por primera vez en nuestra historia puso frente a frente a las dos clases extremas: a la gran burguesía y al proletariado industrial, en disputa por la conciencia y la voluntad de las demás clases y sectores intermedios.

En el marco de esta cruenta lucha por el poder el PRT, como dirección política y militar del ERP, decidió intentar la toma del Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo, con el objeto de apropiarse de 20 toneladas de armamento para dar un vuelco en la relación de fuerzas político militares y demorar la consumación de un nuevo golpe militar que ya estaba en preparación.

Ese día a las 19:45 hs. se iniciaban las acciones con el corte de los nueve puentes que unen la Capital y el Oeste con el Sur del gran Buenos Aires, se hostigaba al Regimiento 7 de La Plata y las brigadas de la policía provincial de Quilmes, Avellaneda y Lomas de Zamora, se interrumpía el tránsito en los dos caminos que unen La Plata con el Sur de Gran Buenos y se tendían dos anillos de contención alrededor del cuartel de Monte Chingolo.

El combate fue encarnizado en muchos de esos puntos, algunos con particular éxito como el de la Avenida Pasco y en el puente de la Noria. En nuestro caso nos tocó cortar el puente del camino de Cintura sobre el río Matanza. Allí una escuadra del ERP, mal armada, cruzó muchos automóviles particulares y un gran camión tanque y derramó el gasoil que contenía, provocando con él un enorme incendio. A las 19:15 hs. Una columna de camiones y carrier del Regimiento 3 de La Tablada rompió la contención y se dirigió hacia Lanús. La enorme diferencia de fuerzas evitó que entráramos en combate.

Recuerdo que en la contención de la calle Montevideo estaba un compañero del Secretariado de la Regional Sur al que le decíamos Juancito, ese nombre se lo habíamos puesto porque era muy delgado, blanquito, casi trasparente. Alejandro Bulit, que así se llamaba Juancito, intentó tirar una granada de fabricación casera -la granada había sido alterada en su funcionamiento correcto por un agente enemigo infiltrado en nuestras filas-, entonces Alejandro acciona el encendido de la granada y aparentemente este no funciona, Alejandro mira el mecanismo y en ese momento explota la granada destrozándole el rostro y una mano. Debido a una reciente investigación sabemos que sus compañeros, dándolo por muerto e inmersos en el combate, lo dejaron allí. Luego el enemigo lo recogió moribundo y lo tiró al Riachuelo para que se ahogara, Alejandro reaccionó con el agua y, pese a su estado, comenzó a nadar. Le tiraron varias ráfagas acribillándolo a balazos. Alejandro Bulit o Juancito era un muchacho de 25 años que no aparentaba gran fuerza muscular, parecía debilucho, pero una vez más demostró que su fortaleza provenía de su mente, de su ideología, de su convicción en la revolución y del amor a su pueblo.

A esa misma hora 70 aguerridos combatientes al mando del Capitán del ERP Abigail Attademo iniciaban el asalto al cuartel. Ni bien entraron se encontraron con nutrido fuego de ametralladoras antiaéreas y fusilería desde varios puntos, haciendo evidente la preparación previa y con ella la pérdida del factor sorpresa. De todas maneras el empuje de los asaltantes era tan grande que tomaron parcialmente el cuartel, la guardia central, varios puestos de la guardia y la compañía Servicios. Era tal el empuje de los combatientes del pueblo que las fuerzas del ejercito burgués, que los doblaban en número y multiplicaban varias veces su poder de fuego, sintieron que perdían el control de la situación y que el Cuartel caería en las manos insurgentes. Ello no se pudo concretar por la llegada de los refuerzos del Regimiento 3 de La Tablada y el Regimiento de Infantería 1 de Palermo. Pese a la enorme superioridad del ejercito opresor los combatientes del pueblo se reorganizaron y provocaron un contraataque para favorecer su propia retirada.

Cómo se explica tanto coraje, tanto heroísmo, tanto despliegue de preparación combativa y combatividad. Cómo explicar que habría que remontarse a las batallas de la guerra de nuestra primera independencia contra el colonialismo español para encontrar hechos que se le puedan comparar. La única explicación es que los combatientes revolucionarios del ERP estaban conscientes de ser protagonistas de una batalla decisiva por la segunda independencia nacional, esta vez en contra del imperialismo norteamericano, principal enemigo de la humanidad y de los pueblos argentino y de toda América Latina.

Compañeros, ¿Yo les estoy proponiendo que vayamos a tomar un cuartel? ¿Yo les estoy proponiendo que es la hora de tomar las armas? No. Yo les estoy diciendo que es la hora de organizarnos, de prepararnos para reiniciar la lucha por el poder con la misma determinación que lo hicieron nuestros hermanos hace 28 años. Pero para lograr nuestros objetivos tenemos que ser millones, no alcanza con la bronca de algunos cientos o de varios miles.

Entonces a todas las tareas de organización tenemos que agregarle una muy importante, aprender a disputarle la conciencia de los hombres y mujeres del pueblo a la burguesía, esa es la lucha fundamental en este momento. Hoy aquí somos trescientos compañeros, cada uno de nosotros debe acercarse a su vecino, a su compañero de trabajo o de estudio, a su amigo y convencerlo de lo que nosotros ya estamos convencidos, y para lograrlo tenemos que partir de su nivel de conciencia y no de nuestro estado de ánimo, porque nosotros ya estamos convencidos y si vamos con toda la bronca que tenemos por todas las injusticias quizás el compañero no nos comprenda y no nos acompañe. Entonces tenemos que aprender a ser maestros de nuestros compañeros, y para eso es bueno no olvidarse de cómo pensábamos nosotros antes de estar concientizados de la necesidad de la revolución. Entonces así encontraremos la paciencia necesaria, las palabras adecuadas, las propuestas justas y mañana seremos miles y esos miles serán nuevos educadores de su pueblo para pasar a ser cientos de miles y, luego, millones. Nuestras propuestas, nuestras ideas deben lograr enderezar la voluntad del 75 o quizás del 80 % de la población detrás del objetivo revolucionario.

Nuestra lucha no debe ser sólo por objetivos aislados: un bolsón de comida, un plan trabajar, un puesto de trabajo, un salario justo, o una salita y una calle de asfalto, o agua potable y cloacas para el barrio. Tenemos que pelear por eso y por mucho más. Pero además nos tenemos que preparar para ser poder, para saber y poder gobernar este país. Tenemos que prepararnos para dirigir la economía, la salud y la educación, para organizar al pueblo en su participación en una democracia directa, tenemos que aprender a defender ese poder conquistado. En síntesis, tenemos que prepararnos para sustituir el poder de la burguesía y el imperialismo por el poder del pueblo revolucionario.

La disputa de la conciencia de las masas es una lucha ideológica, pero en cierto punto comienza a ser una lucha política, es parte de la lucha política. Entonces tenemos que aprender a hacer política, de la buena, la nuestra, una política revolucionaria. En la izquierda argentina no sabemos hacer política, pasamos de la lucha reivindicativa a la lucha ideológica y nos salteamos, porque no sabemos y porque no tenemos fuerza suficiente, la lucha política.

Y, ¿qué es la lucha política? Es saber valorar las relaciones de fuerza entre las clases enfrentadas y de acuerdo a esas relaciones de fuerza dirigir nuestras acciones para que después de cada una de ellas nuestras fuerzas sean mayores y las del enemigo de clase menores. Pero para hacer política es necesario tener fuerza, si no tenemos fuerza lo que hacemos es ideología, que está bien que la hagamos porque es parte de nuestra lucha, pero no alcanza. Es por esto que la política es lo que más nos cuesta aprender a las fuerzas revolucionarias porque para hacerla hay que tener fuerza, es como el problema del huevo y la gallina y allí radica, hoy, la sabiduría de los militantes revolucionarios, resolver ese "misterio", ¿cómo comenzar, con las pocas fuerzas que contamos, a hacer política revolucionaria.

Nuestros compañeros, a quiénes hoy estamos recordando, estaban aprendiendo a hacer política a disputarles espacios de poder a la burguesía. Eso también hemos perdido en estos años y tenemos que recuperarlo. Y la política no se hace siempre en el terreno que nosotros elijamos. El terreno de la lucha política, las más de las veces, lo elige el que tiene más poder, en este caso la burguesía, si no aceptamos esta parte de la verdad no aprenderemos a desarrollar la lucha política de la clase obrera y del pueblo. A veces podremos, con inteligencia y audacia, determinar el terreno de esa lucha, pero, repito, las más de las veces el más fuerte elige el terreno de la lucha, es por ello que las fuerzas revolucionarias deben desarrollar la astucia.

Nos han arrebatado la idea de que nosotros, el pueblo, los que trabajamos con nuestras manos, los que hacemos todos los bienes que se ven sobre la tierra, los que hemos sido empujados a la pobreza, a todos nosotros nos han arrebatado la idea de que tenemos derecho al disfrute de los avances de la técnica, a la idea de ser feliz en nuestra vida cotidiana. Compañeros nosotros también tenemos derechos, nuestros chicos también tienen derecho a jugar en libertad, a tener algo más que un plato de comida, tenemos que soñar con un mundo en el que el pueblo alcance la felicidad colectiva y ese mundo hasta ahora se llamó un mundo socialista, un mundo constituido y construido por hombres y mujeres con una nueva consciencia solidaria y socialista. Ese mundo es por el que lucharon y murieron nuestros compañeros. Desde aquí les decimos una vez más:

¡Gloria eterna para los héroes de Monte Chingolo!

Testimonio: Una revisión necesaria

...Los Santucho son por lo general parcos, reflexivos, metódicos. Roby era brillante, hiperactivo, apasionado: estas características lo convirtieron en el "niño mimado" de la familia. Francisco René era parco, metódico... y extremadamente generoso, humilde, autocrítico. Tengo para mí que fue cediendo palmo a palmo ante su fogoso hermano como lo puede hacer un padre amante ante un hijo pródigo y talentoso (aunque en el fondo no esté de acuerdo con elementos esenciales de algunos de sus actos). Pero eso no se manifestó en la vida pública de ambos (es decir, el funcionamiento interno del Partido) donde todos los Santucho que militaron acataban a rajatabla la disciplina militar de la Organización.

...Lo que sí percibí, por el diálogo, el afecto, la solidaridad personal que me unía con FR, es un sentimiento de congoja, desazón, un poco de cansancio, por lo que interpreté (yo interpreté, no me lo dijo él) que su relegación a tareas relativamente secundarias era algo muy injusto que a la vez lo deprimía. También es cierto que Francisco René se ocupaba de muchísimas tareas en la ciudad de Tucumán, pues en aquél tiempo ningún militante (menos los de dirección) efectuaba únicamente tareas específicas, sino debía ser al mismo tiempo un obrero, un agitador barrial, así como ocuparse de las tareas del hogar y si tenía compañera cocinar, lavar platos, lavar pañales, pues se consideraba eso parte de la disciplina antimachista y revolucionaria que debíamos efectuar para construir "hombres nuevos", comenzando por nosotros mismos. El Negro (FR) no tenía a su compañera consigo, pero estoy seguro que vivía "en equipo" (en ese tiempo todos vivíamos así) con otros compañeros y compañeras, por lo cual estoy seguro de que también emprendía tales tareas.

...Sin duda Francisco René estaba entre los mejores marxistas leninistas que había en el Partido, pues evidentemente él cuando emprendía algo buscaba llevarlo hasta la máxima perfección y compromiso con lo que decidía hacer. Todos aceptábamos el marxismo leninismo -incluyéndome, como lo sigo haciendo hoy: no he dicho para nada que repudie al marxismo leninismo, por el contrario. Para ilustrar esto puedo esgrimir varios artículos publicados en diferentes medios, pero sólo transcribiré fragmentos de uno más o menos reciente, publicado en el periódico La Verdad (de las Madres del Dolor):

[...]"La primera vez que Lenin subió a un improvisado palco para dirigirse a la inmensa multitud que había tomado Rusia, aquello debe de haberle parecido un hermoso sueño. Hasta algunas horas atrás, era un pobre desterrado; su vida con su familia había transcurrido subsistiendo en miserables pensiones europeas, con el riesgo de ser asesinado en cualquier momento por la pervertida policía secreta del imperio. Un hombre para el cual desde el espantoso linchamiento de su querido hermano, presenciado siendo un niño, casi todo había sido sufrimiento, privaciones económicas, zozobra espiritual. Decidido a tomar la antorcha de ese hermano amado, en quien los asesinos habían castigado su militancia socialista, Lenin adoptó la lucha por esa utopía como la razón de su vida. Y fue premiado con el maravilloso triunfo que convirtió a su país en la primera nación socialista del mundo."

[...]"La monstruosa estampida, planificada hasta en sus últimos detalles por el imperialismo capitalista, levantó como uno de sus sonsonetes más caros el supuesto "arcaísmo" de las ideas socialistas, "demostrada" según sus ideólogos por «el fracaso de la Unión Soviética».

"Que esta es una rústica mentira queda en evidencia sólo con mirar las estadísticas del producto interno del inmenso territorio ruso durante el zarismo junto a las de ese mismo país en los años 50. O comparar la realidad miserable de los millones de andrajosos habitantes de principios de siglo, con la ordenada participación en los miles de obreros en las gigantescas estructuras productivas gestionadas colectivamente en las ciudades y el campo. Gracias al socialismo -aún imperfecto- la Unión Soviética había logrado convertirse en la segunda potencia mundial, muy adelante de Japón, Inglaterra, Canadá o Alemania. Sólo EEUU estaba delante de ella, en los años 50... debido a los incalificables crímenes cometidos sobre Japón con sus bombas infernales y a su manipulación infrahumana de la guerra, permitiendo que Europa cayera en la peor carnicería para convertir a sus países en rehenes de la banca sionista norteamericana.

"Decir hoy que el socialismo "ha demostrado su fracaso" porque una burocracia corrupta lo haya malogrado en Rusia, es como sostener que el matrimonio se convirtió en una institución inviable porque algún esquizofrénico haya asesinado a su esposa y sus hijos."

[...](Subtítulo)"Nuestros niños vivirán un mundo mejor

"Cuba es hoy el país más avanzado del mundo. Su sistema es un faro para la humanidad, como lo fue desde que a mediados del siglo XX tomaran el poder ese puñado de gloriosos idealistas conducidos por Fidel Castro y nuestro querido hermano Ernesto Ché Guevara.

"Las estupideces intentando probar que Cuba es un fracaso, señalando su humildad económica, son tan válidas como decir que Soros es para la humanidad un modelo mejor que San Francisco de Asís.

"La espantosa calamidad que agitan sobre el mundo los salvajes -quienes llevan como mascarón horrendo a George W. Bush- es el resultado de haberse convertido el capitalismo en un cáncer. Como tal debe ser extirpado en un periodo próximo, so pena de convertirse de otro modo en el destructor del planeta.

"Muerto a finales del siglo XIX, este sistema superado por sus propios mecanismos sociales, ha logrado mantenerse en vigencia sólo por el perverso ejercicio del crimen, la estafa, la mentira convertida en razón de estado. Inyectándole elementos artificiales, han convertido al cadáver putrefacto del capitalismo en una horrenda anomalía gobernante, igual que los tom-tom macutes del macumbero haitiano Duvalier.

"El socialismo ha resucitado en el inconsciente colectivo de toda la humanidad, hoy. Con Cuba llevando su luminosa bandera a la vanguardia, es la única posibilidad sensata para que nuestra especie siga evolucionando, hacia realidades cada vez superiores y más felices... como lo ha venido haciendo, hasta ahora, desde sus orígenes." (Fin de la cita)*

Entonces, el marxismo sigue siendo para mi criterio la herramienta más eficaz que existe para analizar la realidad, en sus aspectos social e histórico. Lejos de mis intenciones está el intentar desautorizarlo. Sí digo que muchos convierten al marxismo (siempre incomprendido por ellos) en un resumen sectario que termina por aislarlos de la realidad que dicen interpretar.

Es cierto que lo mismo sucede con los cristianos (generalmente con peores consecuencias). ¿Por qué me atribuyes el no repudiarlo? Por el contrario, los repudio en primer lugar, porque la mayor parte de esos "cristianos" (en realidad no lo son, como los fanaticos fundamentalistas tampoco son verdaderos marxistas), esos pseudocristianos suelen disponer de grandes segmentos de poder (a veces de todo el poder, como el generalísimo Francisco Franco). Repudio en primer lugar las acciones del papa Juan Pablo II, a quien jamás consideré un lider cristiano, sino un vil agente del imperialismo internacional. Lo hice también por medio de artículos publicados, por ejemplo, "Carta abierta a la iglesia argentina"...


Ni golpe ni elección
Vamos ahora a la etapa que considero clave para el problema que discutimos. La del interregno democrático del presidente Cámpora, y los meses inmediatamente previos y posteriores. Cuando nos preparábamos para las elecciones yo era militante de base del ERP en Santiago del Estero, en un equipo integrado por Mario Giribaldi, Juan Mignani, la compañera de Mario (una chica de La Banda, excelente compañera, cuyo nombre no recuerdo) y María Rosa Di Chiara. Mario era responsable político, yo militar. La dirección del Partido bajó instrucciones precisas que para la "farsa burguesa" que se avecinaba, nuestra consigna debía ser "Ni golpe ni elección: Revolución". Tomando para esta circunstancia una consigna ultraizquierdista de los grupos más sectarios y pequeños de la Universidad, como Espartaco o el FAUDI, de raíz trotskista (que compartíamos por entonces, ya que el PRT formaba parte de la IV Internacional).

Pronto -hacia enero de 1973- empezó a cambiar la postura partidaria, lo cual se comunicaba en Boletines Internos (BI) y los editoriales de El Combatiente, así como en la "prensa legal" (Posición y Nuevo Hombre). Pues se analizaba la posibilidad de un frente amplio (es decir, entre sectores revolucionarios) para participar de las elecciones, pues era impresionante el crecimiento de nuestro partido entre el pueblo, al punto de que cada semana se verificaban nuevas incorporaciones o sectores políticos interesados en aliarse con el PRT, especialmente en las regionales Córdoba, Tucumán y Buenos Aires. Había mucho entusiasmo entre los compañeros. Extraoficialmente, se conversaba de que el Partido le había propuesto a Agustín Tosco la candidatura a presidente, llevando como vicepresidente a Armando Jaime, un peronista revolucionario de Salta. Esta propuesta evoluciona y desde el Partido se lanza una orden general que lleva a extraordinarios esfuerzos para conformar un Frente Popular con miras a participar en las elecciones: ya es demasiado tarde, estamos en febrero, faltan menos de 30 días para la votación. No se logran acuerdos de importancia con otros sectores, Tosco prefiere no comprometerse con algo que parece muy improvisado... a la postre, el Partido termina dejando a sus militantes en libertad para votar a conciencia, por quien le parezca mejor. Pero reparte unas calcomanías -del ERP- y unos volantecitos a color, con la bandera del ERP y algunas consignas. Se instruye en los equipos para que pongamos esos volantecitos en el sobre y los depositemos en las urnas, a manera de "encuesta", para ver cuántos están dispuestos a votar al ERP.

El 11 de marzo de 1973 voté a Cámpora. "Que me perdonen los compañeros" -pensé- pero yo era la primera vez que votaba (me había criado prácticamente bajo dictaduras militares) y no iba a tirar, a los 22 años, mi voto poniendo estampitas en las urnas, aunque fuesen de una estrella roja.

La situación general desató intensas discusiones en el Partido, que además sufría otros profundos desgarramientos, como su separación de la IV Internacional bajo durísimas acusaciones mutuas, y la escisión del ERP 22 de Agosto, grupo de compañeros conducidos por cuadros del PRT, como el Gallego Fernández Palmeiro o Vicente Zito Lema, que consideraban lo correcto aliarse con el peronismo, en esta circunstancia, y votar a Cámpora. **

Nosotros estábamos indecisos (me refiero a uno u otro compañero o compañera que conversábamos amigablemente aquí o allá, sin atrevernos a plantear nuestras dudas abiertamente, pues nos considerábamos "perejiles" o cuadros menores). Ya en el periodo democrático se produce el desastre del Comando Sanidad (junio de 1973) y el inesperado copamiento del Regimiento de Azul, enero de 1974, que agudizan las contradicciones tanto en el seno de la sociedad como entre nosotros mismos. Quien era mi novia en ese entonces fue luego mi esposa y sigue siéndolo hasta hoy; me acompañó en la cárcel y la posterior continuidad de una vida en común. Es una cordobesa, con quien discutíamos este asunto: ella puede testimoniar la furia con que recibí ambas acciones del ERP, diciéndole "Estos estúpidos -aunque sean nuestros compañeros- ¿No se dan cuenta que estamos creciendo extraordinariamente entre las masas, y con eso le dan argumentos al enemigo para que nos aniquilen?". Pues bien, para ir al tema central del debate, mencionaré una conversación a solas con Francisco René Santucho, una noche de Enero de 1974, en una plazoleta que hay al lado de la Terminal de Córdoba, en un banco de cemento, a las once menos diez, mientras lo acompañaba a esperar el colectivo que debía llevarlo de regreso a Tucumán. Allí fue donde expuse mi profunda disconformidad con la línea partidaria que impulsaba acciones armadas de gran envergadura y alto riesgo, cuando el momento político que vivíamos, a todas luces, alentaba a poner todos los esfuerzos en el desarrollo y consolidación de una estructura de masas (el "agua" de los vietnamitas) que nos permitiera volver, cuando fuese necesario, a combatir en la clandestinidad pero con gran inserción nacional en todos los sectores de nuestro pueblo, lo cual dotaría al Partido de infinitos recursos para tener éxito en su lucha revolucionaria. El me dijo coincidir con ese análisis. Entonces le pregunté, respetuosamente, dado su lugar en la Dirección del Partido, por qué no planteaba él esos cuestionamientos. Textualmente me contestó: "No nos van a dar bola. Estamos en minoría".
No puedo decir más que eso. Fue la última vez que lo vi. La guerra se intensificaba. En mayo de 1974 allanaron la revista Posición, donde trabajaba, y nos detuvieron por 48 horas a Rodolfo Mattarollo, Nelso del Vechio y a mí. En agosto de 1974, mi concuñado, José Luis Boscarol, médico y uno de los jefes del ERP en Córdoba, murió en combate con una patrulla policial, poco después de copar el cuartel militar de Villa María. Su esposa -hermana de Gloria, mi compañera- obviamente no podía retirar el cadáver, por lo cual decidimos ir nosotros a hacerlo. De nuevo nos meten presos. Increíblemente (Córdoba era un batifondo tremendo, había combates a cada rato), nos sueltan dos días después, pero una semana más tarde lanzan el pedido de captura para ambos. Desde entonces no podemos detenernos mucho en ningún lugar, y luego de pasar por varias casas de Córdoba y Santiago, debimos alejarnos lo más que pudiéramos de esos lugares donde nos buscaban para liquidarnos. 1975 me tomó en San Francisco de Córdoba, donde trabajé primero como albañil, luego como encargado de personal en una gran fábrica metalúrgica, efectuando las agotadoras tareas del Partido y el ERP además, hasta que nos capturaron -a mi esposa, mi hijita Anahí de 5 meses y a mí-, el 13 de enero de 1976.

En el invierno de 1977 llevaron a Sierra Chica un compañero del ERP que había sido responsable militar de una zona de Tucumán. Le pregunté si sabía algo de mi amigo. Me miró en silencio por un instante. ¿No te habías enterado? Me dijo. No, contesté. Lo han secuestrado. Algunos compañeros dicen que lo han visto con vida, por última vez, en "La Escuelita" de Famaillá. Estaba muy torturado.

Hablábamos de Francisco René (el Negro) Santucho, fundador del FRIP y por entonces -según me dijo el compañero- Responsable del Area Legal del PRT en la ciudad de Tucumán.

No había experiencia ni voluntad de acción política pública

Volviendo al periodo peronista antes del golpe, el crecimiento del PRT y sus simpatizantes, que se canalizaba a través del FAS, sigue de un modo extraordinario. En todos los barrios -especialmente los más humildes- se movilizaban cantidades de gente en acciones solidarias, cooperativas, asociaciones vecinales, etcétera, liderados por compañeros. Pero también seguían los combates y acciones militares de gran envergadura, algunos muy exitosos como el de Villa María, otros desafortunados, como el de Catamarca. Aunque sin que haya una relación directa, pero en tal contexto se incrementan de un modo brutal las acciones de represalia por parte de las "Tripe A" y el "Comando Libertadores de América" (su versión cordobesa). Recuerdo no sin espanto que una mañana me levanté, salí de la pensión donde por entonces nos alojábamos con mi esposa, en un barrio de Córdoba (era un viernes), y en la portada de los diarios vi: 44 muertos durante esta semana. ¡44 muertos en manos de los parapoliciales! Y, ¿quiénes eran sus víctimas? Esos dirigentes vecinales, sindicales, villeros, que nosotros estábamos reclutando para la actividad política legal de nuestro partido. Estaban a mano, pues a diferencia de nosotros, no poseían armamento ni instrucción militar, ni sistemas de comunicación rápida que les permitiera eludir las acciones depredadoras repentinas del enemigo. Esto me desasosegaba (creo que a todos) cada vez más. No tenía mucho tiempo para pensarlo, sin embargo. Muy pronto, a principios de 1975, el PRT decretó nuevamente el abandono virtual del trabajo político público, y se concentró estrictamente en el fortalecimiento del aparato interno. Ello a través de Escuelas de Cuadros, prácticas clandestinas, etcétera.
De tal manera nos deslizamos con gran sigilo durante meses muy intensos, hasta que... de repente, hacia fines de 1975... ¡otra vez salió una orden de la dirección invitando a una "tregua" a las fuerzas enemigas, y llamando a los militantes para establecer vínculos democráticos con todos los sectores políticos!... Debíamos esforzarnos en realizar reuniones con "todos los sectores democráticos", para "solicitar al gobierno una Asamblea Constituyente". Esta decisión (que según mi criterio se debía a que nos estaban diezmando aceleradamente) no tuvo gran eco. Me recuerdo haciendo el ridículo durante una reunión efectuada en San Francisco de Córdoba (cabecera del departamento San Justo) en el sindicato de la Sanidad, a la hora de la siesta, con un calor de 40 º... todos encapuchados... habíamos puesto como condición que los otros sindicalistas (de la UOM, UOCRA, etcétera, y miembros de la UCR, PC, Partido Socialista, etcétera), con quienes queríamos iniciar un "diálogo político" estuvieran encapuchados también, pues era demasiado peligroso que conocieran las caras de los militantes de un movimiento perseguido a muerte como lo éramos en ese momento. ¿Cómo podríamos llegar a acuerdos políticos profundos en esas condiciones? Fue la primera y última reunión que hicimos, creo que muchos de los dirigentes legales que aceptaron participar lo hicieron únicamente por curiosidad.

Los jóvenes del PRT

No quiero alejarme de los ejes que marcas en tu nota, por ello expresaré lo que creo respecto de dos último puntos:

a) la resposabilidad de Roby Santucho en el desastre de Monte Chingolo.

b) Los militantes marxistas leninistas del PRT y su comparación con los militantes cristianos.
Respecto de si Roby sabía o no que el combate de Monte Chingolo estuvo entregado, no caben dudas. Existen abundantes testimonios documentales sobre ello. No hace mucho la revista Estrella Roja -editada por uno de los grupos que pretende continuar al PRT en la actualidad- publicó la copia de un BI de aquella época, donde se expresa claramente que el Comandante Roby ordenó continuar con los planes previstos, pese a conocer que había grandes riesgos de que el enemigo los conociera, dado que había sido descubierto un infiltrado policial, quien fuera juzgado por un Tribunal Revolucionario y ejecutado en esos días. Hay varios compañeros que ocupaban puestos de dirección y ellos podrían dar testimonio irrefutable en tal sentido hoy. Me limitaré a citar textualmente un fragmento del excelente libro de Luis Mattini *** sobre este asunto:
(luego del descubrimiento del infiltrado policial)"...Por una elemental regla de seguridad Santucho y el Buró Político deberían haber "levantado" la acción planeada y el no haberlo hecho no tiene la más mínima justificación. Sólo se explica entendiendo que a esta altura estaban perdiendo totalmente la conciencia, la iniciativa y entraban en la desesperación.

"En sesión del Buró Político, Santucho afirmó que había hecho "un examen minucioso de los hechos [...] y del mismo se desprendía que la operación no estaría detectada". Por lo tanto insistió en llevarla a cabo para lo cual era necesario reemplazar al jefe caído (Juan Ledesma y gran parte del aparato logístico del ERP, entregados por el parapolicial). Esta cuestión no era fácil, el ERP no tenía demasiados jefes militares capaces de encarar operaciones de esa envergadura. Finalmente optó por Benito Urteaga. El personal que se emplearía serían las compañías de las regionales del Gran Buenos Aires reforzadas por un numeroso grupo que estaba acuartelado esperando para marchar al monte. Asimismo militantes del PRT que no revistaban como guerrilleros del ERP en Buenos Aires deberían colaborar para bloquear los posibles accesos a la zona del arsenal por las fuerzas represivas."

c) Durante la militancia en Santiago del Estero y en Córdoba conocí a muchas de las mejores personas que hubiese tratado en mi vida. Compañeros extraordinarios, sigo considerando hasta el día de hoy que eran lo mejor de la juventud de entonces, por talento, capacidad de trabajo, inteligencia, generosidad, imaginación. Todos ellos eran marxistas leninistas, y apenas uno o dos cristianos. De estos últimos, el que más recuerdo era un sacerdote católico, a quien llamábamos "Cura Gringo" (no podíamos conocer nuestros nombres verdaderos). Me contaron que su último destino fue en los cerros tucumanos, donde los militares de Bussi lo capturaron y, sabiendo que era cura, lo clavaron en una cruz, cabeza abajo, y lo torturaron salvajemente hasta que expiró. Eso cuando aún mi esposa Gloria y yo estábamos en libertad.

Más tarde, en la cárcel, nos separaron, pues las mujeres -luego de un período terrible de aniquilamiento en el Campo de Concentración de la UP1, en Córdoba y otras- fueron a parar todas a Villa Devoto. Mientras los varones fuimos depositados finalmente en Rawson, Sierra Chica y La Plata. A mí me tocó habitar las dos últimas.

Durante los siete años (menos dos meses) que me tocó estar en prisión, conocí a los mejores compañeros que tuve oportunidad de tratar en mi vida entera. Y los mejores de los mejores, eran los del PRT. Entre nosotros hubo un porcentaje tan mínimo de traiciones, que no sé si llegan a los dedos de las manos para contarlos entre cerca de unos dos mil compañeros del PRT presos durante ese periodo. Mientras no podemos decir lo mismo de otras organizaciones, de donde se desprendían pelotones enteros para ofrecer mayor o menor grado de colaboración a un enemigo que ya parecía omnipotente.

Mi conocimiento de la vida partidaria interna se acrecentó enormemente, y pude reconstruir grandes huecos oscuros que tenía sobre la historia del PRT, gracias al diálogo con numerosos compañeros provinientes de las diferentes regionales. Así como otros que militaron en el ERP, en la Compañía del Monte (donde estuvo también la hermana de mi esposa) en los sindicatos del Cordón Industrial de Buenos Aires, etcétera. Quiero decir con todo esto que nada me separó ni me separa de los compañeros marxistas leninistas auténticos con quienes guardé y guardo un compañerismo y afecto fraternos. Mi convicción es que tanto se puede ser marxista como cristiano, lo que importa es ser alguien que aspira a ser bueno y por lo tanto, buen revolucionario. Lo demás, se va solucionando en la práctica común, como lo hicimos entonces y ahora, durante el desarrollo de la militancia en el seno mismo de los sectores trabajadores, de los más humildes y necesitados...

Julio Carreras (h)

FUENTE:
Santucho
Guerrilla
erp
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