Conoscamos la historia de nuestros mayores prroceres los grandes de la Argentina:
Que tal si empezamos con emmm...uno de los mas grandes
Jose de San Martin:
JOSE DE SAN MARTIN: Su vida, su obra, ostracismo, muerte y transfiguración han brindado material para que cuanto servidor de la colonia, macaneador a sueldo y maestro ciruela, lo convierta en Santo de la Espada. La biografía de San Martín escrita por lo liberales encierra uno de los capítulos más oprobiosos de la historia oficial. Si su grandeza no hubiera hecho trizas los infundios, el destino habría sido similar al de su respetado amigo Juan Manuel de Rosas. Es necesario indagar a quienes lo juzgan, bajo que prisma lo analizan y en que medida los comprenden las generales de la ley, en calidad de enemigos cautelosos, encubiertos o disimulados del poder.
El primero en el tiempo de sus notorios biógrafos fue Bartolomé Mitre, quien según Carlos Steffens Soler “no era hombre de olvidar que San Martín en carta a Rosas en 1839, aunque no dio los nombres de los felones, lo enumeró a El tácitamente”. A partir de la interpretación de Mitre comienza la mutilación de San Martín, destinada a su ingreso al procerato liberal... El primer intento de Mitre, de movida nomás con la falsedad de llamarlo “republicano”, cuando es evidente el monarquismo de San Martín. La obra del General poeta, historiador, bien documentada tiende a mostrar un crítico perfil militar en total desmedro de las ideas políticas del personaje, sazonado con abundantes acotaciones sobre los méritos morales. Una manera de suprimir o desvirtuar las discrepancias con Rivadavia y los unitarios y el premonitorio apoyo a Juan Manuel de Rosas. Mitre levanta su pluma al finalizar la campaña militar, guardando silencio sobre los 28 años que aún restan sobre la vida de San Martín, en los que cobra sentido público su acción en los campos de batalla. A pesar de la ardiente claúsula tercera del testamento de San Martín, atribuida por los fabuladores a senilidad y chochera, una vez muerto comienza la transfiguración. No tienen más remedio que aceptar su gloria, mas previamente lo desvirtúan adecuándolo a las exigencias de la política instaurada.
Resulta sugestivo comprobar que los cuatro visitantes que brindan la versión de las entrevistas, con el prócer radicado en Francia, son otros tantos felones, de acuerdo al juicio contenido en la carta a Rosas del 10 de junio de 1839, cuando escribe”...lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.
En 1843 Alberdi; en 1844 Florencio Varela; en 1846 Sarmiento y Felix Frías en 1850, haciendo gala de desfachatez, otro nombre no cabe, lo entrevistan. El cuarteto por un indigno espíritu de partido habíase unido al extranjero contra su patria. Los comentarios de Alberdi, Varela y Frías destilan su dosis de acíbar, soslayan el tema político, aunque Varela mienta afirmando que San Martín maldice la “tiranía de Rosas” y Frías brinde una semblanza hogareña. El testimonio de Sarmiento no merece la más mínima fe, a tal punto que afirma que San Martín ha cumplido setenta y cinco años cuando tiene en verdad 68. Fundado en tal embuste pretende achacar a su interlocutor decadencia senil por defender el gobierno de Rosas. “San Martín – escribe Sarmiento – era hombre viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades del espíritu adquiridas por la vejez...aquella mirada tan clara en otros tiempos, declina ahora...” Cabe preguntarse en que otro tiempo Sarmiento había sido testigo de esa mirada. A los 68 años San Martín posee la lucidez de su mocedad; a poco de la Vuelta de Obligado, el mismo año que lo visita Sarmiento, ha escrito al General Guido la briosa carta en la que acierta en definir el orgullo criollo con una frase epigramática: “...los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”.
A fines de 1845, la lúcida comunicación al cónsul argentino Dickson consiste en un modelo de sagaces observaciones sobre la imposibilidad de los agresores anglo franceses de conquistar nuestro país, que sirve en las cancillerías de ambos países y en los lugares donde se divulga, para desalentar otro intento agresor como el del 20 de noviembre del mismo año. Ya llegaremos a las cartas de la histórica amistad, pero vale la pena leer lo que en ese momento de “senilidad” San Martín opina sobre la Confederación y su heroico conductor (Juan Manuel de Rosas): “ A tal larga distancia – dice el prócer – y por tantos años alejados de la escena , no me es fácil saber la verdad; pero por lo ecos que aquí llegan , si bien no he conocido al General Rosas, me inclino a creer que los unitarios exageran y que sus enemigos lo pintan mas arbitrario de lo que sea. Sí, conocí en sus mocedades a los generales que han encabezado la cruzada unitaria: Paz, Lavalle el mas turbulento; Lamadrid, sino más valiente que éste, sin duda con menos cabeza; y si todos ellos y lo mejor del país como se pretende, auxiliados por los extranjeros, no logran desmoronar tan mal gobierno, sin duda es porque la mayoría está convencida de la necesidad de un gobierno fuerte y de mano firme, para que no vuelvan las bochornosas escenas del año 20 ni que el comandante de cualquier batallón se levante a fusilar por su orden al Jefe del Estado.(fusilamiento de Dorrego por Lavalle). Sobre todo tiene para mí el General Rosas que ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional. Por eso, después de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza en el cual, con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglo francesa que, pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia.” Insisto, ésta es una muestra de la “decadencia” señalada por Sarmiento.
Apenas un semestre después de su arribo, el 8 de octubre, las cosas se resuelven con un golpe militar que barre a los miembros del Triunvirato, y muy especialmente al “activo secretario”(Rivadavia). La logia, entre tironeos, impone a sus hombres. San Martín recibe el mando militar que sus antecedentes acreditan y Rivadavia desaparece con una inmerecida misión en Europa. Rivadavia no olvidó al recién venido Teniente Coronel, éste tuvo repetidas ocasiones de soportar el vengativo recuerdo del “activo secretario”.
Durante el periodo comprendido entre el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, hasta el abandono del poder en 1822, a pesar de las interferencias de los doctores y el atolondramiento de algunos oficiales, existe coherencia en el ejército ocupado en la absorbente tarea emancipadora. Recién al regresar de los campos de batalla operará en el ánimo de los desprevenidos soldados la “perniciosa confusión”. San Martín, que ha padecido los celos y las calumnias de los escribas roedores de su grandeza, , la mezquindad de los cagatintas unitarios, no caerá, ni alguno de sus colaboradores, en el supino error. El método encarado por los liberales para desvirtuar a San Martín, comenzó por ocultar aspectos fundamentales reveladores de su carácter y de sus ideas políticas, ofreciendo el escueto perfil de un militar constreñido por su oficio, sin otra preocupación que la de ganar batallas. Especie de noble espadón huero de opiniones y estrategias políticas.-
La falacia cobra especial importancia al convertirla en cimiento y clave de otras falsedades de ellas derivadas. Si la manganeta de ocultar su respeto y admiración por Rosas no resulta posible, siendo descubierta la cordial relación, se le quita importancia, rebájasela de categoría, imputándola a la ignorancia política del “milico”, ofuscado por un jingoísmo cerril, incapaz de justipreciar los otros factores en juego. Mitre es el primero en insistir en este embuste porque si Mitre era insufriblemente cursi, no era tan zonzo como creía Velez Sarfield. La indiscutible gloria de San Martín exigía elevarlo en su actividad castrense, para poder – respetuosa e insistentemente – cercenarle méritos políticos. En esas condiciones pone punto final a su voluminosa patraña. Cito palabras del último párrafo de la HISTORIA DE SAN MARTIN: “Con todas sus deficiencias intelectuales, y sus errores políticos, con su genio limitado y meramente concreto (sic); con su escuela militar más metódica que inspirada...etc.etc.” Así adobado por el elogio mezquino de Mitre, lo toman sus herederos en la falsificación, dispuestos a insistir en las enseñanzas del maestro. De ahí a convertirse en Santo de la Espada solo falta un tranco de chimango, como diría su amigo Don Juan Manuel. No sabemos si San Martín traía desde España ciertos puntos de vista y creencias políticas puesta de manifiesto en el curso de su estapa sudamericana. Sábese eso sí, que detesta el tumulto revolucionario, el retrato del Marqués del Socorro, General Solano, su Jefe en Andalucía, sacrificado por una exaltada multitud, lo acompaña el resto de su vida como un testimonio irrecusable contrario a las violencias tumultuarias.
La Logia inspirada en otras organizaciones similares, poseía el secreto y la organización gradual de las masónicas, aunque carecía de todo vínculo con ella, salvo el de algunos miembros pertenecientes a ambas, de acuerdo con el testimonio del General Zapiola, uno de los fundadores. Pero, casualmente, la mencionada circunstancia, la doble filiación de algunos miembros, provoca defecciones e interferencias cuyos efectos son apreciables al poco tiempo de su fundación. Los miembros pertenecientes a la masonería, como lo señala el honrado representante chileno en Buenos Aires, Zañartú, no dejan de hostigar por diferentes conductos, la obra emancipadora de San Martín. El personaje clave, ambicioso, corrompido, traicionero, es Carlos María de Alvear. Sus trapisondas le brindan el apoyo necesario para alcanzar grados superiores en el ejército y las altas jerarquías políticas. Es necesario señalar la constante inquina de este sujeto, aliado a cuanta maniobra desleal contra San Martín se urdiese, dictada por los celos y su índole corrompida. Lo que naturalmente, no es óbice para que posea en Buenos Aires el mas colosal de los monumentos consagratorios.
En realidad Alvear pertenece a un linaje de traidores; luego de ser depuesto de su cargo de Director Supremo, heredado de su tío Gervasio Posadas, en abril de 1815, se traslada a Río de Janeiro, donde, como un rasgo definitivo de su perfidia, renuncia a la nacionalidad, en una carta dirigida al gobierno español que por su abyección es comparable a los testimonios similares de Florencio Varela, Sarmiento o Alberdi. San Martín a pesar de que la historia oficial quiere encerrarlo en los estrechos límites del cuartel, no puede dejar de enterarse de la conducta de los porteños ensoberbecidos y de los traidores, comparándola con la de los caudillos acosados por la agresión directorial aliada al extranjero, sea éste inglés o portugués. El militar San Martín conoce su deber, organizando los ejércitos del norte y el proyecto cuyano, pero el político que hay en él, recoge los datos ofrecidos por la realidad otorgando a unos y a otros el verdadero valor.
Sus costumbres, su lenguaje, su acento, no debieron ser otros que las de un oficial español. Sin embargo, el contacto con la realidad local le permite, a pesar de los prejuicios de clase y profesión que lo rodean, comprender los acontecimientos, los protagonistas y las causas de los enfrentamientos entre los caudillos y los personeros de Buenos Aires. La aguda percepción de dichas causas explica, mejor que enredadas teorías, el itinerario del prócer y su conducta posterior en relación con los defensores de la soberanía nacional. Pero lo que no deja de llamar la atención, es el estilo y el lenguaje que utiliza al dirigirse a los caudillos. Adecuado, sin caer en plebeyismo chabacanos, a un modo de ser y de expresión.
El “gallego acriollado” conoce, como ninguno de los gobernantes de aquella década posterior a Mayo, el idioma y las afinidades de los conductores de los pueblos sublevados. Tampoco ignora la inmoralidad de quienes han gobernado las Provincias Unidas desde la Primera Junta de Mayo.
En Arequito las tropas del Ejército del Norte se sublevan, negándose a servir al directorio. San Martín repite la saludable desobediencia, decidido a cumplir su destino americano. En cartas a Estanislao López y otra a Artigas, revela la misma sutileza ya referida al lenguaje y al estilo criollo: “Paisano y Señor” y “Paisano y muy señor mío”, son el encabezamiento de cada carta, diferente al protocolar utilizado en otras ocasiones con diversos corresponsales. A ello debe agregarse el contenido, sin desplantes de Jefe ni de pueblero, plática coloquial entre vecinos aquerenciados a un pago. Como suele decirse en el campo “le busca el lado de las casas”. Conocedor del orgullo paisano de hombres de a caballo, al referirse a los españoles los llama maturrangos, un modo criollo de descalificarlos, “unámonos paisano mío, para batir a los maturrangos” le dice en otra a Estanislao López, y en otra “los maturrangos se aprovechan de las circunstancias” le dice a Artigas y agrega “unámonos contra los maturrangos bajo las bases que usted crea”. La correspondencia con Alejandro Heredia y Pancho Ramirez muestra idéntica cordialidad. Queda como garantía textual repetida a López y Artigas: “mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas” (saldrá le dice a López, se sacará a Artigas). Con Quemes, Quiroga y Bustos son otro de los tantos testimonios de amistosa correspondencia, mutua comprensión habida entre San Martín y la realidad. A idéntica tesitura moral pertenece la Proclama al Ejército de los Andes, dada en Mendoza en 1819: “Ya no puede dudarse – dice el prócer – de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos, si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajen nuestras mujeres y sinó andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y los trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos”. Aquí ya comienza a verse los problemas que debe sortear San Martín por haber desobedecido a las logias de Buenos Aires de continuar su empresa de libertar a los americanos, pues le mezquinan armamentos, ropas, dinero para pagar los sueldos, etc,etc.etc. La adecuada elección del lenguaje en relación con los caudillos criollos y con la tropa, consiste en otra irrefutable prueba de la capacidad política de San Martín, negada por el historicismo mitrista. Saberle hablar a la gente es el primer mandamiento de todo liderazgo. No hace falta excesiva perspicacia para discernir cuáles serían los enemigos coetáneos, y de la posteridad, al conocer el habla y el idioma de San Martín. Por mera afinidad de los enemigos comunes establecíanse corrientes de simpatía nacidas sin deliberada intención. Vale la pena preguntarse a que respondían las enemistades. El político San Martín conoce hasta donde llega la pertinacia liberal en perjuicio del plan del militar San Martín; la intención de los gobernantes, sin excepción, se dirige a poner al ejército de guardia pretoriana de sus intereses personales. Repetida intención a lo largo de nuestra historia: convertir al ejército libertador en policía defensora del poder legítimo.
Los farsantes de la historiografía mitrista intentaron una suerte de alianza en las nubes entre el libertador San Martín y el liberal Rivadavia; el militar y el civil abrasados en la causa común coronada por la libertad, la democracia y las luces del entendimiento. Si Rosas y Rivadavia ocupan extremos irreconciliables, mas lejos aún estaban San Martín y Rivadavia, por algo San Martín apoyó a Rosas.
A San Martín se lo acusa de monárquico o se lo defiende de tal acusación. El tema no parece discutirse en tales términos, como si la monarquía significara un delirio o algo parecido. Quienes niegan el monarquismo del prócer, adoptan argumentos igualmente falsos. Lo cierto es que San Martín fue partidario de la monarquía y de los gobiernos fuertes. La monarquía proyectada por San Martín abarcaba el territorio de las Provincia Unidas, Chile y Perú, por lo menos, afirmándose sobre una corona unida de algún modo a la familia real española, previo y esencial reconocimiento de la independencia americana. El plan de San Martín consideraba a un gobierno monárquico semicontinental, tendiente a evitar la anarquía que en diferentes espacios ya asomaba. Inglaterra, observadora y atenta, a través de los numerosos espías con disfraz de colaboradores y comerciantes, ayudada por la masonería infiltrada en los ejércitos españoles y americanos, alentaba lo que parecía una paradoja al proyectar repúblicas numerosas y autónomas (divide y vencerás), el fin no era otro que el fácil dominio de aquel mosaico republicano, lo que no ocurriría con un gobierno fuerte y con amplia jurisdicción continental. En Buenos Aires, como en Lima, la influencia masónica cobraba invalorables piezas. Las cartas del patriota Miguel Zanartú revelan la conspiración masónica contra San Martín, en la que se encuentra complicado un individuo de su confianza como era el General Las Heras. Su actuación posterior así lo confirma. De todos modos las dos puntas son parte de la misma trenza. La masonería irá estrangulando con la colaboración de las luces y los principios de Buenos Aires, el original proyecto americano soñado por San Martín.
Las sinuosas respuestas de Rivadavia al pedido de ayuda de Tucumán para colaborar desde el Alto Perú con San Martín, son una prueba de la bajeza del sujeto. Es otra vez Zañartú el que interviene ante O`Higgins, pero Rivadavia frustra la ayuda (no parece hacerlo reflexionar la muerte de soldados argentinos por no enviar la ayuda solicitada por San Martín). Por un lado la actitud de las provincias, Urdinea, Bustos, López, Quiroga, el país de los caudillos ofrecía sus escasos recursos, Buenos Aires, donde reinaba el dúo Manuel García y Rivadavia, apoyado por Julián Segundo de Agüero, Valentín Gómez y el periodismo de El Centinela, de Ignacio Nuñez y Juan Cruz Varela, negaba toda ayuda. Más aún, García llegó a sostener que “al país era útil que permanecieran los enemigos en el Perú”. La criminal resolución provocaría, poco después, la pérdida del inmenso territorio altoperuano, constituido por Bolivar en la República de Bolivia. Lo cierto es la total falta de ayuda de los liberales encaramados en el gobierno porteño.
El, José de San Martín, no cree en gobiernos débiles, republicanos y democráticos, sus pasos siguientes lo demostrarán. <luego en una carta que es toda una definición dice “En París, donde los habitantes desean el gobierno del sable militar a caer en poder de los partidos socialistas…”Desde Bruselas, le escribe a Chilavert “establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza…corté toda comunicación…me proponía en mi atrincheramiento dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija ¡pero vanas esperanzas! En medio de esos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso Centinela principia a hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico destino”.Y finaliza con este comentario “…si tenemos juicio y si doce años de revolución nos han enseñado a obedecer, si señor, a obedecer, pues sin esta circunstancia no se puede saber mandar”. “Sería yo un loco si me mezclara con esos calaveras – le escribe a Iriarte – Entre ellos hay algunos, y el General Lavalle es uno de ellos a quien no he fusilado de lástima cuando estaba a mis órdenes…. Los autores del movimiento del 1 de diciembre de 1828 son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a esta país, sino al resto de América con su infernal conducta; si mi alma fuera tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado”. Al chileno Palazuelos: “Si yo viese a su afortunada patria dar oídos a visionarios y precipitar las reformas confieso a Usted que me alarmaría por su futura suerte; tenga usted presente la que se siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia, que empleó en solo madera para construir andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60 mil duros. Se gastaron ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia para la construcción de un canal de Mendoza a Buenos Aires…que gastó 100 mil pesos para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río…y todo esto se hacía cuando no había un muelle para embarcar y desembarcar y por el contrario deshizo destruyó el que había de piedra… Sería de no acabar si se enumerasen las locuras de aquel visionario y la admiración de un gran número de compatriotas creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con solo los decretos que diariamente llenaban lo que se llama archivo oficial”.
Taria para preguntar de que color es el caballo blanco de san martin xD
Sigamos:
Juan Manuel de Rosas:
San Martín y Rosas son los dos más respetables patriotas argentinos. Rosas fue un hombre de campo convertido en político, sus palabras fueron “es necesario ser como ellos, vivir como ellos, comportarse como ellos” en referencia al hombre de campo, al gaucho.En este sentido va la vida de Juan Manuel, en destacarse como hombre de campo, enlazador de primera, como el mejor pialador, el excelente maestro de campo, como lo demuestra sus instrucciones a los mayordomos de estancia. Esta fama va de boca en boca. Si Rosas consigue divulgar su prestigio, la causa no debe campearse en otros méritos que en los de su inequívoca condición de criollo, unida a la de patrón en la profunda acepción de la palabra, irremisiblemente vedada a los puebleros. Ambas cualidades, patrón y criollo, no fueron comunes a cada propietario de campo. El significado de criollo, grávido en su mas honda acepción, no encierra exclusivamente la mentada destreza y habilidad hispánica y caballeresca, olvidadas, cuando no ridiculizadas, por la ética protestante y iluminista de los leídos.
Rosas dentro de esta vida de campo adquirió una gran picardía para sacarse de encima a los avivados intelectuales de la ciudad. Esta habilidad fue puesta de manifiesto en resolver conflictos internacionales, haciendo hocicar a consumados diplomáticos, y esto fue consecuencia de aquellas lecciones aprendidas en las inmensas aulas de la pampa abierta. Si no todos los hombres de chaqueta larga son personeros de la extranjería, lo cierto es que conocen al país y a la gente por haberla estudiado; en cambio él ha vivido a la gente y al país. Dos formas opuestas de concebir el tema. Por un lado la perentoria necesidad de corregir esa realidad original, sin cabida en los proyectos elaborados en lejanas latitudes. Por otro encauzarla,...”hoy esta base, mañana la otra…”dice refiriéndose a la organización, en la carta de la Hacienda de Figueroa. Los hombres de las luces, los gringos, los puebleros, a palos, como aconsejaba Agüero. Apremian por meter al país en el articulado de las leyes. Rosas sabe que al país no lo arreglan los “doctores”, ni la engañosa “ciencia”. El posee un estilo y un método, cuya didáctica solo se encuentra en la experiencia dictada por el medio que los envuelve, sin oprimirlo, sin rechazarlo, porque pertenece a El. Es justamente la oposición entre la civilización y la sabiduría. A ésta la miopía liberal calificó de barbarie. En las instrucciones a los mayordomos, escritas como es sabido sin intención de publicarlas, Rosas desarrolla la primera de sus enseñanzas, la de hombre de campo, la de patrón y estanciero. Mansilla nos cuenta que su tío lucía en la frente, perpendicular hacia la nariz, una antigua cicatriz y el dedo anular de una de sus manos aparecía levemente tronchado en la primera falange, aclarando que al habérsele cortado el lazo pialando potros, se lesionó el dedo chicoteándole sobre el rostro. Lo que no dice Mansilla es a que mano pertenecía el dedo lesionado. Juan Carlos Neyra dice que “se atreve a asegurar que el dedo de Rosas, así se llama el artículo de Mansilla, era el de la mano derecha, porque Rosas no era “zurdo”. El criollismo no se reduce a meros desplantes de gaucho compadre en desprecio de los puebleros o de los gringos. Como ya se ha dicho, adquiere en el contacto con los hechos y con los hombres el carácter de una original concepción del mundo, que en Rosas, en diversas oportunidades no solo se repite sino que explícitamente el las expone como fundamento de sus negativas a ocupar cargos públicos. Rosas sabe que el país desde 1810 en adelante viene siendo gobernado por lo mas crudos representantes de lo gringo. Que ellos con razón o sin ella, se creen monopolizadores de las soluciones y sobre todo de las teorías, mas importantes para ellos que la cruda realidad. Fueron numerosas las tomadas de pelo del hombre de nuestro campos al pueblero, habitualmente preguntón e indiscreto, juego de palabras, metátesis intencionadas, combinaciones de nombres, cuentos fantasiosos dichos con la mayor seriedad entre quienes, por pertenecer al medio, participan regocijados de la broma. A esa especie pertenece la que en carta de abril de 1841, describe a Florencio Varela, Daniel Torres. En una comida cordial corolario del tratado Arana-Mackau , Rosas responde afirmativamente a una pregunta del diplomático francés sobre la existencia de caballos en la patagonia, haciendo la salvedad de la dificultad que les crea a los patagónicos el gran rabo que tienen, obligándolos a hacer un profundo agujero en la silla para introducirlo; este inconveniente, comenta Torres, está compensado por otras ventajas como la de poderse hacer fresco con la cola y espantarse las moscas. No es extraño que Rosas pensase que después de haberle hecho tragar a Mackau un tratado podría hacerle engullir lo de la cola. Entre tanto el almirante no comprende que ha sufrido una burla y un engaño. Del mismo modo o parecido tenor, son otras argucias que en el trato diario Rosas sabe dosificar adecuadamente. Como buen enlazador conoce en que momento debe dar lazo y cuando, sin correr ningún riesgo, aguantar el tirón. El patriotismo de Rosas, acaso en San Martín fuese similar, pertenece a una categoría diferente “el saber”. Don Juan Manuel fue un criollo.Llegó al poder exigido por las circunstancias desencadenadas por los disparates, coimas, agresiones y crímenes de los liberales y unitarios, sordos y ciegos ante la realidad del país y la maltrecha dignidad nacional. El desorden, los delirios y negociados Rivadavianos; la prepotencia liberal constitucionalista, empeñada en embretar al país en instituciones plagiadas del extranjero; militares acosados e instigados por la cobardía de los “doctorcitos”; la indignante muerte de Dorrego, fueron sumándose al prestigio creciente del sensato comandante de campaña, obligándolo a vencer sus reparos y falta de ambición política, con el fin de terminar con el caos. El asesinato de Dorrego en 1828 y del General Quiroga en 1835 fueron las dos muertes indignantes que vencieron la falta de vocación de Don Juan Manuel, convirtiéndolo en sabio y patriótico gobernante.
En el comentario que hace en una carta a Josefa Gomez, sobre el calumnioso libro de Bilbao escribe: “el error gravísimo de Lavalle…que causó indignación general, fue mandarlo a fusilar (a Dorrego)”. ¿Cómo gobernó? Como un criollo indignado. El hombre de 42 años que el 13 de abril de 1835 asume el gobierno con facultades extraordinarias y la suma del poder ha ido encontrando en la ignominia circundante el camino a si mismo. Sabe que los enemigos no se detienen ni en la traición a la patria cuando se trata de servir a sus propios intereses; comprende que no es posible pactar con ellos, que la única solución consiste en aniquilarlos, como había vaticinado una década atrás San Martín. Sobre tales premisas reconoce el error de haber pretendido colaborar con ellos “…y yo insensato que me metí con semejantes botarates…”. En síntesis, Rosas se convierte en el personaje que puso el sello a la historia argentina.
La muerte de Quiroga, seis años después de la de Dorrego, lo indigna, señalándole el destino irremediable: el de criollo indignado. En cada encrucijada política descubrirá la indignante felonía; la indignante traición a la patria; el indignante incumplimiento de la palabra (Paz,Lamadrid), la indignante traición de los amigos (conspiración de Maza); la indignante impudicia antinacional de los emigrados (Lavalle, Mitre, Sarmiento, Florencio Varela, y hasta el pretendido cambio de idioma por el francés de Alberdi, etc.etc.).Y al mismo tiempo se perfila la voluntad de no aflojar, de no recular un tranco de chimango, de las selectas mayorías criollas. Ido apoyo de inteligentes colaboradores ( De Angelis, Arana, Garrigó, Torres, Líate) y de eficientes soldados (Pacheco, Guido, Corvalán, antonino Reyes, Vicente Gonzalez, Mansilla) descansa el poder del Restaurador. Con tales partidarios y semejantes adversarios gobierna como un criollo indignado. ¿por que cayó? El instrumento fue la traición de Urquiza. La presión extranjera, asumida por Brasil, erigido en disimulado representante de los intereses europeos en general, pero muy especialmente por el temor que el imperio esclavista experimentaba ante el creciente poder del vecino. La guerra con el Brasil consistía en un peligro latente desde que Rosas decidiera concebir su estrategia rioplatense. Heredada de la política virreinal hispánica. No bien asciende al gobierno dicta la Ley de Aduana, otra de las causas de su caída. Dicha ley significaba proteger las incipientes industrias locales de la agresión exploradora de Francia, Inglaterra, principalmente, y los Estados Unidos; además resguardaba la producción agrícola con tarifas diferenciales favorables al Paraguay con respecto del Brasil. Su sanción se convierte en la Bomba de Tiempo a la espera del momento propicio para explotar. La política de Rosas resulta en un pésimo ejemplo, inadmisible para los países exportadores de manufacturas. Si las enseñanzas de esta gran patriota, cunden por América y el mundo, las dos potencias europeas corren el riesgo de perder los mercados semicoloniales que fructíferamente explotaban. Rosas tenía que caer; su destino, quizás el primer antecedente americano, será el de todo gobierno establecido en este continente de ideología nacionalista, que se empeña en defender el interés nacional. Los imperialismos de turno, siempre tendrán a mano el abogado defensor de la “libertad” o de los “principios de Mayo”, dispuesto a encubrir por una suma de oro la traición del político coimero, con pretextos morales, institucionales, universales.El nombre y la fecha es lo de menos, lo invariable es la nómina de los pretextos utilizados para voltear al patriota, colocando en su lugar al mal parido de turno.
En la denodada defensa de la soberanía ejercida por el Restaurador, habría que dedicarle un espacio necesariamente extenso a la conducta de los exiliados en Chile y Uruguay, miembros o no, de las respectivas comisiones argentinas. Neyra textualmente dice “Creo obviar, hasta cierto punto, la exposición de las infamias cometidas, con el justo nombre de traidores a la patria con que, desde el título a sus escuetas biografías, se los califica. No dejo de repetir que todos, absolutamente todos, los que encabezaron la lucha armada contra Rosas y los que lo apoyaron teórica, económicamente, prensa, o moralmente merecen el mismo nombre. Aclarando que a ellos pertenecen la mayoría, por no decir la totalidad de los próceres consagrados por las academias y honrados por los diferentes administradores de la semicolonia, desde 1852”.-En este año Urquiza aliado del Brasil invade la Argentina traicionando de esta manera a Rosas. En Caseros, el 3 de febrero de 1852 hechos y hombres parecen citarse convocados por la ignominia. Rosas cae y el país nunca mas recobrará la altivez y la riesgosa arrogancia nacional.
Siempre sobre Rosas se escribirán historias de fusilamientos, muertes en la oscuridad, etc.etc.- Pero de los veintitrés oficiales y cientos y tantos de soldados fusilados por orden del Gral. Paz después de la Tablada, no figuran en la antología de la infamia divulgada por Vicente Fidel López y Mitre, ni otras matanzas cometidas por los genocidas del Mitrismo, o de Urquiza, en cambio se inventan víctimas con tal de ensuciar a Rosas y a sus patrióticos aparceros en la defensa del país. La intachable administración del erario público, que en 17 años de investigaciones arteras, nunca pudo ser objetada por quienes lo sucedieron, jamás fueron comparadas con las trapisondas de Alvear, Pueyrredón, Lavalle, Rivadavia, Manuel J. García, Costa, etc.
Pero donde pareciera establecido un juicio definitivamente adverso es en el terreno de la cultura, siendo allí justamente donde se realizaron las más fructíferas publicaciones desde 1810 hasta su caída. El napolitano Pedro de Angelis, el hombre mas culto que habitó Buenos Aires hasta muy entrado el siglo XIX, fue el encargado de llevar adelante la mas trascendental tarea historiográfica conocida en el país. Pedro de Angelis publicó durante la época de Rosas un sinnúmero de libros, los médicos recibidos desde 1835 hasta 1852 fueron 173, los abogados 88. La contundencia de estas cifras, no alcanzará a los paniaguados de la historia oficial, ellos reciben su pitanza para demostrar lo contrario. Al año siguiente de la caída de Rosas, 1853, nadie se gradúa de médico. Siempre al periodo federal lo van a tildar como el periodo de la barbarie y la brutalidad.
Enormes cajas se llevó Rosas a su exilio, pensando sus enemigos que este se llevaba tesoros. Estos tesoros no eran ni mas ni menos papeles, documentos que a don Juan Manuel le servirían para desmentir todo lo que se habló de El. Juan Bautista Alberdi, arquitecto de la traición a la patria, teórico de nuestra sumisión colonial y feroz enemigo, quien tuvo la osadía de recomendar a Rosas el cambio del idioma español (gauchesco) por el francés, no tiene mas remedio que confesar, al cabo de una entrevista en 1857 con el Restaurador en Londres: “…tiene la fácil y suelta expresión del hombre acostumbrado a ver desde lo alto del mundo. Y sin embargo no es fanfarrón, ni arrogante…habla con moderación de sus adversarios, incluso de Alsina…Me dijo que no había sacado plata de Buenos Aires pero sí todos sus papeles históricos, en cuya autoridad descansaba”. De nuevo los papeles. También se queja de los Anchorena, aprovechados logreros de la fortuna debido a Rosas. Tomás, el respetable, había muerto. Será después un chileno de apellido Cobo, cargoso en su interés por visitarlo. Aunque su testimonio procure empequeñecerlo a su medida, el dicho Cobo no lo logra.
Rosas en su exilio no abandonará jamás sus costumbres criollas, dirá siempre que el mate y su ángel guardián son sus únicos compañeros.- Todo aquel que lo visitó siempre resaltó su vida austera, su energía para dedicarse al campito que había arrendado para poder subsistir, y su gran cantidad de documentos que el decía que ha su muerte lo rehabilitarán.
En 1873 Vicente Quesada acompañado por su hijo Ernesto, llega a Burgess Farm. De aquel encuentro quedan dos testimonios dispares, el padre, en su calidad de Ministro de Gobierno de Buenos Aires, prohíbe cuatro años después, con un decreto infame, la misa que los amigos pretenden oficiar al conocerse la muerte del prócer. El hijo por encargo del padre, redacta una memoria de la entrevista, publicada mucho después, que justifica la admiración de Ernesto por el ilustre entrevistado. En Vicente Quesada, sumiso habitante de Buenos Aires en tiempo de Rosas, subsiste el odio cobarde de los liberales cuando trepan al poder. Un sobrino de Rosas, Baldez Rosas, relata ya en 1873, las tres entrevistas con su tío, recuerda el regocijado encuentro, la alegría en la indigencia, describe la cantidad de libros, papeles y documentos que cubren la larga mesa; la chimenea y la imagen de Nuestra Señoras de las Mercedes.-
Domingo Faustino Sarmiento:
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO: Sarmiento es un digno alumno de su admirado Benjamín Franklin, personajes prácticos y servidores del comercio, por eso insiste: “Más que las lucubraciones de los sabios, mas que la libertad civil de algunos pueblos, el comercio sirviendo de vehículo por donde se han comunicado los pueblos, sus ideas, sus necesidades, sus luces, ha derramado la civilización por todas las extremidades de la tierra”. Con el mismo criterio de minorista de barrio, por no decir de irredimible bruto, comenta: “…..que los millones que puedan hoy gastarse en una empresa útil, sobrepasan con mucho a los que levantaron inútilmente las pirámides de Egipto”. En ese primer artículo se atreve a sugerir “ las ventajas que Chile reportaría si el estrecho de Magallanes pudiese ofrecer un tránsito sin los peligros y demoras que hacen embarazosa la vuelta del Cabo de Hornos”.
Mas adelante, en otro artículo, siempre después de largas consideraciones, escribe: “….y si a todo esto hubiese podido añadir la idea de la posibilidad y facilidad de establecer desde Chile una colonia en el Estrecho que asegurase con la presencia de hombres civilizados allí, las inmensas ventajas que los vapores puedan prestar”. En el penúltimo artículo sostiene: “El provenir de Chile está en el sur de su territorio que hasta hoy está sin demostrarse”.Finaliza la tediosa justificación teórica de su traición: “quedan dudas después de todo lo que hemos dicho sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del estrecho y de establecer allí poblaciones chilenas?...Creemos haber tocado cuanto estaba a nuestro alcance para ilustrar un asunto que de tanto interés nos parece para la prosperidad del país y su futuro engrandecimiento. Si no hemos logrado excitar el interés del público y de las autoridades acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. Nuestras intenciones servirán de disculpa…No será ésta la última vez que trataremos este asunto”. Dentro del mismo criterio apátrida, sostiene en el mismo diario EL PROGRESO, en relación con las Malvinas: “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. Seamos francos, su invasión es útil a la civilización y al progreso”. Tales consideraciones obligan a recordar, a todo argentino bien nacido, con peligrosa frecuencia a la madre de Sarmiento.
Rosas envía a Bernardo de Irigoyen a Mendoza donde publica una revista, La Ilustración Argentina, en ella, pro primera vez se lo llama traidor a la patria. Dentro del mismo concepto lacayuno con respecto a Chile y a la defensa mercenaria de sus intereses publica en La Crónica en el año 1849, una serie de artículos verdaderamente asqueantes contra su país. Sarmiento asimismo sostiene la idea de: “ un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de los dos estados a quien aproveche su ocupación…..ese principio seguido en todo tratado de demarcación de límites…tiene su completa aplicación en Magallanes. Este estrecho es una vía necesaria, indispensable de comunicación para Chile, es uno de los caminos para Europa que le conviene aclarar, asegurar y poblar, para su mejor comercio. Para Buenos Aires, el Estrecho es una posesión inútil…..Magallanes, pues, pertenece a Chile….Las Islas Malvinas le son disputadas a Buenos Aires, en nombre del derecho, cierto o no, del primer ocupante….Estos son derechos de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, amigo, hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar….de manera que una vez ocupado un punto que no lo había sido por otra nación las demás están obligadas a respetar este derecho”.
En otro escrito Sarmiento dice: “…el estrecho de Magallanes es inútil para el (Buenos Aires) y para sus gobernados….estos consejos de nuestra parte no son un entrometimiento ni un reproche. Es lo mismo que aconsejamos a Chile y a todos los estados sudamericanos. Comercio, industria, población, inmigración, educación, he aquí los verdaderos intereses de los pueblos y el blanco de una política sabia, justa y provechosa”.
Refiriéndose Sarmiento a sus campañas a favor de Chile dice: “…inicié la redacción en el progreso con una serie de estudios, que hoy, después de ocho años no son del todo estériles…No es un mérito que quiero atribuirme, es un simple antecedente que traigo a la memoria…De este modo la cuestión de Magallanes se convertía para mí en una cuestión personal, por simpatía, por actos anteriores y por delicadeza”. Luego se justifica diciendo que el propósito suyo había sido: “Defender la colonia a cuya conversión yo había contribuido con mis escritos…y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria”.
A los argumentos plañideros, con amenazas de renunciar a la presidencia, no se los puede tomar en cuenta, ni siquiera con beneficio de inventario. Sarmiento obedece a su índole. Por eso cuando los hermanos chilenos, por intermedio de Barros Arana, piden que se someta a arbitraje nada menos que Tierra del Fuego, el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, y el asunto al cabo de un tiempo, termina en un pacto desfavorable a nuestros intereses, él junto a otros botarates, en el senado, votan por la aprobación, aunque la mayoría lo rechaza. Después de la presidencia o antes de ella, Sarmiento cumple con su vocación de traidor a la patria, con la soltura de cuerpo y el cinismo alentado en aquellos años en que los asaltantes del poder después de Caseros pertenecían a la misma ralea. Por esa razón no es de extrañar que en carta a la Sra. Mann le anuncie su proyecto: “Con emigrados de California se formará en el Chaco una colonia norteamericana; puede ser el origen de un territorio y un día de un estado yanqui. Si conservan su tipo cuidaré que conserven su lengua”. Siempre fiel a dicha conducta, ofrece al hijo de la mencionada Señora de Mann el rectorado de una universidad yanqui en San Juan y la importación de maestras del mismo origen, bajo la superintendencia del hermano de la señora de Mann. En ese sentido me refiero a su absoluta falta de pudor nacional, las pruebas y los testimonios llenarían mas espacios que el necesario para demostrar el calibre de Sarmiento.
El trasfondo espiritual de Sarmiento, porque algún nombre hay que darle, es protestante o acaso deísta, por mas que pretenda proclamarse católico. En la biografía de Castro Barros, publicada en la crónica de Chile, ofrece una visión francamente atea de la muerte. En el mismo artículo, al criticar el vestido de las mujeres chilenas, con una serie de disparates antológicos, obliga a dudar no de su genio, sino de su inteligencia. En cuanto a sus ataques al catolicismo son múltiples y encuéntrense desparramados a lo largo de su extensa obra, con suficiente cantidad como para asegurar que Sarmiento unió a la eficiencia anglosajona que admiraba la religión que alentaba a aquellos piratas. El Doctor Rojas en un capítulo titulado Filosofía de la Historia, pretende describir el itinerario histórico-filosófico de Sarmiento, a partir de que : “ Estudió en su juventud Evidencia del Cristianismo y Teología Moral, por el protestante William Paley… A Darwin sobre transformismo, a Spencer sobre sociología, a Renán, sin que dichos autores, con los cuales simpatizó, le hicieran variar en sus creencias, aunque con ellos vigorizó su propia doctrina.
La patria, el concepto ideológico de patria, vacío de contenido territorial y humano, encubre objetivos muy diferentes. El sujeto que brega a favor de los intereses chilenos contra su propio país, deformado por su admiración a lo foráneo, es consecuente consigo y con sus ideas cuando, en carta a Mitre del 20 de septiembre de 1862, escribe: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.O en otro lugar, siempre dirigiéndose a Mitre: “ Si Sandes va déjenlo ir, si mata gente cállense la boca, son animales bípedos de tan perversa condición que no se que se obtenga con tratarlos mejor”. Del cura apóstata Julián Segundo de Agüero, a las insultantes recomendaciones de Sarmiento solo los separan los años transcurridos. El instigador invariablemente es un cobarde. Sarmiento demostró serlo en diferentes oportunidades. Durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, huyó rumbo a Mercedes y a Chivilicoy. Los boletines de la época, editados con el propósito de ilustrar a la población se encargan de poner de manifiesto la flojedad del Presidente Sarmiento. “ Aún-dice uno de ellos- no se ha podido descubrir en ninguna de las listas de suscripción los nombres del Presidente Sarmiento y de sus Ministros” y agrega, con amarga ironía “Al que haga el descubrimiento se le dará una buena gratificación” En otro artículo titulado nuestro Presidente Sarmiento, luego de sensatas consideraciones sobre la indiferencia de la clase pudiente, se lee: “Por eso el que maneja las riendas del gobierno en una Nación, debe reunir a sus cualidades administrativas y políticas, un valor moral a toda prueba, y un corazón recto y accesible a todo sentimiento humano. En ese sentido no cabe nulidad mayor que la que reúne el hombre que tan contra el sentido común y las instituciones de esta nación, nos preside…¿Con que títulos cuenta para seguir ocupando la presidencia? ¿Qué se haría con el General que en el momento de comenzar la batalla diera la espalda al enemigo y dejara al ejército sin retirada imposible? Cualquier castigo que a este hombre se diera sería escaso, ante lo horrible y monstruoso de su crimen. Esta ni mas ni menos, ha sido la incalificable conducta del Señor Sarmiento”. El inspirador o autor de estos artículos, era uno de los que primero apoyaron la candidatura de Sarmiento a Presidente. Los cagatintas de la Academia de la historia, ofrecen una versión del episodio digna de ellos. Pero su cobardía no solo se refiere al momento de la epidemia. El mencionado cagatinta de la academia cuenta que Sarmiento “va a la casa de gobierno” en una carroza que escoltan soldados de gran estatura y algunas veces lo siguen dos cañones”. El General Wenceslao Paunero en carta a Mitre se queja de los desorbitados gastos de Sarmiento en procurarse, en un viaje al interior del país, una formidable escolta. Esto es para comparar la valentía de Sarmiento y la valentía de Quiroga, mientras uno gasta en escolta otro la deshecha.
Sarmiento fue una persona contradictoria, por la sencilla razón de que extrae ventajas y beneficios personales. Si tiene el desparpajo de reconocer en la dedicatoria al General Paz de su libro Facundo: “Lo he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo”, y por otro lado le recomendada a José María Ramos Mejía “…no reciba como moneda de buena Ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas”. En la ya citada carta del 20 de septiembre de 1862 le sigue escribiendo a Mitre “No deje cicatrizar la herida de Pavón, Urquiza debe desaparecer de la escena cueste lo que cueste. Southamton o la horca”.
En el boletín Num.4 (recordemos que Sarmiento era boletinero –periodista hoy día- del ejército grande del Salvaje, loco, inmundo unitario Urquiza –así lo describían los rosistas de la época, el capítulo titulado El Rosario la jugosa anécdota. Luego de extensas consideraciones previas, describe su belígero atuendo de este modo: “Nubes negras y atormentadas se iban esparciendo por el cielo. El General (Urquiza) me dijo va a llover, y con tono de burla, van a mojársele las plumas. Era el caso que yo era el único Oficial del Ejército Argentino que en campaña, ostentaba una severidad del tipo estrictamente europeo. Silla, espuelas, espada bruñida, levita abotonada, guantes, quepí francés, paletó en lugar de poncho, todo era yo una protesta contra el espíritu gauchesco, lo que al principio dio lugar a algunas pullas a que contestaba victoriosamente por la superioridad práctica de mis medios- “Quien tendrá fuego? Decía en la marcha un General, - Yo General, y sacaba una navaja de campo inglesa, con eslabón, lanceta para caballos y un almacén de herramientas.- Me muero de sed, decía alguno mirando mi caramañola de platina, colgada en el arzón de mi silla…”. Parece mentira, que un hombre de 41 años, con experiencia, que sería nuestro presidente, no advirtiera que el fuego pedido por el ignoto General, o la repentina sed de otro Oficial, respondían al carácter común entre nosotros, propenso a tomarle el pelo.
Sarmiento no pierde oportunidad para despreciar las costumbres criollas porque en otra oportunidad escribe: “…esto que parece una pequeñez – agrega - era una parte de mi plan de campaña contra Rosas y los caudillo seguidos al pie de la letra, y dispuesto a hacerlo triunfar sobre el chiripá si permanezco en el ejército. Mientras no se cambie el traje del soldado argentino, ha de haber caudillos. Mientras haya chiripá no habrá ciudadanos”. Mas adelante, en el boletín Num. 26, exhibe su asco a todo lo criollo, con la típica suficiencia del agringado por vocación. Decribe el ingreso de Urquiza a Buenos Aires, después de Caseros: “Entramos en la calle de la Florida….Iba el General en un magnifico caballo ensillado con recado, cuya carona de puntas tenía pinturas y adornos de mucho gusto, pero de mal género, como son todos estos arreos provincianos. El fiador, manea, pretal, caña de los estribos, espuelas, eran de plata recamada en oro con arte exquisito…llevaba sombrero de paisano con cinta un poco inclinado hacia delante”. Esta descripción de Sarmiento no es la misma en lo que refiere a los uruguayos : “…batallones, con pantalón, casaca y quepí manufacturados en París, de colores oscuros y con arreos de las tropas europeas…Venían al fin tropas decentes”.
Sarmiento en junio de 1879 publica con el título de LA MEMORIA DE MARINA un artículo en el que desprecia también a nuestros barcos y al sur argentino : “…ha llegado el caso de preguntarse si conviene a la seguridad de la República y a su progreso extender sus límites, sus poblaciones a las sierras desérticas y poco hospitalarias del sur de Río Negro… Al sur desde el Río de La Plata hasta Magallanes, no tiene territorios que por la opulencia y variedad de su vegetación, por la profundidad de sus ríos que desembocan en el océano, prometan a servir de asiento a grandes y florecientes ciudades. Habrán villorrios en puertos mal abrigados, y por tanto mal frecuentados…Nosotros necesitamos reconcentrar nuestras fuerzas en el Río de La Plata, a lo largo de sus afluentes, hacia arriba…No debemos, no hemos de ser nación marítima. Las costas del sur no valdrán nunca la pena de crear para ellas una marina…No: no hemos de ser una nación marítima, líbrenos Dios de ello y guardémonos nosotros de intentarlo…Las marinas son las manos de hierro con que las grandes naciones, nadie mas que ellas, extienden sus dominios a través de los mares. Cuando la Inglaterra tiene 300 acorazados o vapores de guerra y cañones de mil libras no es permitido a los débiles andar sin su permiso y su compasión en los mares…La navegación de los mares es un lujo que no se permiten sino los grandes de la tierra…Colonicemos ríos arriba…En el sur hemos de tener Chubuts y Mercedes y Carmen de Patagones, rudimentos de extranjeros rebeldes; y de miserables aldeas… Bahía Blanca será algún día algo; aunque nadie le ha impedido serle en tres siglos que está colonizada; pero no queremos ponerla en conservatorio, creando marina para ir a recoger algunos huevos y plumas de avestruces…Nada de mar, así que nos vemos libres de cuestiones con los que en el Pacífico tienen artos mares…”Este fue el pensamiento de Sarmiento con respecto a nuestro Sur. Nada que ver con el de Juan Manuel de Rosas, que se esforzó y hasta puso dinero, herramientas y ganado de su propiedad para colonizarlo y domesticar a los indios, facilitando con ello la creación de Bahía Blanca, Mercedes, 25 de Mayo, Tandil, etc.
El Capitán Luis Piedrabuena en una versión honrada de este patriota nos cuenta sobre Sarmiento: “Dijo que no teníamos marina, que costaba mucho mantener un buque de guerra,, que estábamos muy pobres, y que ese territorio era desierto; que debíamos concertarnos, porque ese territorio mas bien le correspondía a los chilenos por ser el paso hacia el Pacífico y que si poblaba con una guardia tendríamos que vivir como perros y garos con los chilenos, y por último que no tenía gente que darme. No me dijo que me fuera ni que me quedara, pero sí que procediera con prudencia con los chilenos”.Como siempre Sarmiento defendiendo los intereses chilenos.
A Sarmiento se le atribuye el gran fundador de escuelas. El mas serio de sus biógrafos brinda esta cifra sobre las escuelas fundadas en cuatro años al frente del departamento pertinente en la Provincia de Buenos Aires, textualmente dice : “Durante los cuatro años en que Sarmiento permanece como Director de Escuelas, el estado no funda ninguna”, mas adelante se pregunta “¿en que gasta? “, y se responde “En muebles”. Sarmiento confiesa que en ese dilatado lapso funda dos. El mencionado biógrafo demuestra además, la pavorosa disminución de alumnos en las escuelas. Otro dato que engaña a sarmientonas y sarmientudos como los llama Luis Alberto Murriay.
Al partir hacia la Argentina, de regreso de los Estados Unidos, deja un imborrable testimonio de su anticatolicismo con estas palabras: “…no hay otros Papas ni Cardenales no Obispos ni Tutti cuanti que los librepensadores lucero, Calvino, Aimé Martin, Rivadavia”. Sarmiento termina la presidencia bajo la acusación del fraude escandaloso cometido en beneficio de su ministro Avellaneda, en desmedro del hermano tres puntos Mitre. Cuando entrega el gobierno a su sucesor, no pierde la oportunidad de ratificar su conocida egolatría recomendando a Avellaneda cuidar el sillón “donde se sentaron Rivadavia y Sarmiento”. Hacía tres años que padecía una cómoda sordera, a pesar de la trompetilla que se veía obligado a usar. Designado Senador, no escucha, habla. Sarmiento en carta a Alberdi le dice “ “traición contra los Estados Unidos consiste en abrir guerra contra ellos o adherir a sus enemigos brindándoles ayuda”.
Sarmiento odiaba la pampa, el desierto, El sostenía, al igual que la generación del 37 que el mal radicaba en el desierto. Los hombres del 37 pensaban que uno de los peores males de la Argentina era el desierto, la tierra despoblada, baldía, que generaba según Sarmiento, el espíritu de montonera; esos aislamientos geográficos provocaban el atraso, el surgimiento de caudillos autónomos, amos y señores de sus territorios. Que el problema argentino radicaba en su extensión. No le gustaba como era su patria ni quienes la habitaban. En Argirópolis cuando propone mandar la capital a la Isla Martín García dice : “A nadie se le ocultan los defectos que nos ha inoculado el género de vida llevado en el continente, el rancho, el caballo, el ganado, la falta de utensillos, como la facilidad de suplirlos por medios atrasados”. El positivismo era la base ideológica de la mayor parte de los bien pensantes de aquel momento, la mayoría tenía ideas europeizantes, de desprecio por lo autóctono, por lo indígena, por lo criollo., el gaucho aparecía como un obstáculo civilizador. Sarmiento veía en lo nacional, en lo popular algo negativo. Estaba imbuido del espíritu de progreso que El situaba en Europa, particularmente en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos que era el país que mas admiraba. Sarmiento odiaba tanto al gaucho, al criollo, y a los indios, que vuelvo a repetir aquella famosa carta a Mitre en donde le dice “no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos” y de otros integrantes de la aplebe, los indios, escribirá: “Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tienen ya el odio instintivo al hombre civilizado”.Esto fue extraído del Diario El Nacional el 19 de mayo de 1857.
. El autor Jorge Newton en su biografía EL CHACHO Angel Vicente Peñaloza, pone en evidencia estas diferencias en varios partes, e inclusive deja entreveer que el Chacho ese día ya se hallaba muerto, habiendo sido asesinado unos días antes; a todo esto hay que agregarle que este asesinato, combate, o como quiera llamarsele fue narrado por Domingo Faustino Sarmiento, un hombre rápido con la pluma, y que como ya dije mostró la hilacha en su libro Facundo, que según sus dichos “un libro plagado de mentiras a veces a designo, pero es así como se hace historia”.-
Y si Ponemos Nuestros himnos ???
Imno Nacional argentino:
Letra:
La letra original de 1813 es mucho más larga, pero desde 1900 la versión oficial es la abreviada de este modo:
Oíd Mortales, el grito sagrado:
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
¡Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved del trono a la noble Igualdad!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud,
y los libres del mundo responden
¡Al gran Pueblo Argentino salud!
Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
Himno al San martin: no pude encontrar la historia
Himno al Libertador Gral. San Martín
Música: Arturo Luzzatt
Letra: Segundo M. Argarañaz
Yergue el Ande su cumbre más alta,
dé la mar el metal de su voz,
y entre cielos y nieves eternas
se alce el trono del Libertador.
Suenen claras trompetas de gloria
y levanten un himno triunfal,
que la luz de la historia agiganta
la figura del Gran Capitán.
¡ Padre augusto del pueblo argentino,
héroe magno de la libertad !
A su sombra la Patria se agranda
en virtud, en trabajo y en paz.
¡ San Martín ! ¡ San Martín ! Que tu nombre,
honra y prez de los pueblos del Sur,
asegure por siempre los rumbos
de la Patria que alumbra tu luz.
De las tierras del Plata a Mendoza,
de Santiago a la Lima gentil,
fue sembrando en la ruta laureles
a su paso triunfal San Martín.
San Martín, el señor en la guerra,
por secreto designio de Dios,
grande fue cuando el sol lo alumbraba,
y más grande en la puesta del Sol.
himno a Sarmiento:
Letra:
Fue la lucha tu vida y tu elemento;
la fatiga, tu descanso y calma;
la niñez, tu ilusión y tu contento,
la que al darle el saber le diste el alma.
Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tú luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
En su pecho, la niñez, de amor un templo
te ha levantado, y en él sigues viviendo.
Y al latir su corazón va repitiendo:
¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!
¡Honor y gratitud, y gratitud!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par
para el grande entre los grandes
Padre del aula, Sarmiento inmortal!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!
Viva la patria!!!!
Bamos Argentina!!!!
Que tal si empezamos con emmm...uno de los mas grandes
Jose de San Martin:
JOSE DE SAN MARTIN: Su vida, su obra, ostracismo, muerte y transfiguración han brindado material para que cuanto servidor de la colonia, macaneador a sueldo y maestro ciruela, lo convierta en Santo de la Espada. La biografía de San Martín escrita por lo liberales encierra uno de los capítulos más oprobiosos de la historia oficial. Si su grandeza no hubiera hecho trizas los infundios, el destino habría sido similar al de su respetado amigo Juan Manuel de Rosas. Es necesario indagar a quienes lo juzgan, bajo que prisma lo analizan y en que medida los comprenden las generales de la ley, en calidad de enemigos cautelosos, encubiertos o disimulados del poder.
El primero en el tiempo de sus notorios biógrafos fue Bartolomé Mitre, quien según Carlos Steffens Soler “no era hombre de olvidar que San Martín en carta a Rosas en 1839, aunque no dio los nombres de los felones, lo enumeró a El tácitamente”. A partir de la interpretación de Mitre comienza la mutilación de San Martín, destinada a su ingreso al procerato liberal... El primer intento de Mitre, de movida nomás con la falsedad de llamarlo “republicano”, cuando es evidente el monarquismo de San Martín. La obra del General poeta, historiador, bien documentada tiende a mostrar un crítico perfil militar en total desmedro de las ideas políticas del personaje, sazonado con abundantes acotaciones sobre los méritos morales. Una manera de suprimir o desvirtuar las discrepancias con Rivadavia y los unitarios y el premonitorio apoyo a Juan Manuel de Rosas. Mitre levanta su pluma al finalizar la campaña militar, guardando silencio sobre los 28 años que aún restan sobre la vida de San Martín, en los que cobra sentido público su acción en los campos de batalla. A pesar de la ardiente claúsula tercera del testamento de San Martín, atribuida por los fabuladores a senilidad y chochera, una vez muerto comienza la transfiguración. No tienen más remedio que aceptar su gloria, mas previamente lo desvirtúan adecuándolo a las exigencias de la política instaurada.
Resulta sugestivo comprobar que los cuatro visitantes que brindan la versión de las entrevistas, con el prócer radicado en Francia, son otros tantos felones, de acuerdo al juicio contenido en la carta a Rosas del 10 de junio de 1839, cuando escribe”...lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.
En 1843 Alberdi; en 1844 Florencio Varela; en 1846 Sarmiento y Felix Frías en 1850, haciendo gala de desfachatez, otro nombre no cabe, lo entrevistan. El cuarteto por un indigno espíritu de partido habíase unido al extranjero contra su patria. Los comentarios de Alberdi, Varela y Frías destilan su dosis de acíbar, soslayan el tema político, aunque Varela mienta afirmando que San Martín maldice la “tiranía de Rosas” y Frías brinde una semblanza hogareña. El testimonio de Sarmiento no merece la más mínima fe, a tal punto que afirma que San Martín ha cumplido setenta y cinco años cuando tiene en verdad 68. Fundado en tal embuste pretende achacar a su interlocutor decadencia senil por defender el gobierno de Rosas. “San Martín – escribe Sarmiento – era hombre viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades del espíritu adquiridas por la vejez...aquella mirada tan clara en otros tiempos, declina ahora...” Cabe preguntarse en que otro tiempo Sarmiento había sido testigo de esa mirada. A los 68 años San Martín posee la lucidez de su mocedad; a poco de la Vuelta de Obligado, el mismo año que lo visita Sarmiento, ha escrito al General Guido la briosa carta en la que acierta en definir el orgullo criollo con una frase epigramática: “...los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”.
A fines de 1845, la lúcida comunicación al cónsul argentino Dickson consiste en un modelo de sagaces observaciones sobre la imposibilidad de los agresores anglo franceses de conquistar nuestro país, que sirve en las cancillerías de ambos países y en los lugares donde se divulga, para desalentar otro intento agresor como el del 20 de noviembre del mismo año. Ya llegaremos a las cartas de la histórica amistad, pero vale la pena leer lo que en ese momento de “senilidad” San Martín opina sobre la Confederación y su heroico conductor (Juan Manuel de Rosas): “ A tal larga distancia – dice el prócer – y por tantos años alejados de la escena , no me es fácil saber la verdad; pero por lo ecos que aquí llegan , si bien no he conocido al General Rosas, me inclino a creer que los unitarios exageran y que sus enemigos lo pintan mas arbitrario de lo que sea. Sí, conocí en sus mocedades a los generales que han encabezado la cruzada unitaria: Paz, Lavalle el mas turbulento; Lamadrid, sino más valiente que éste, sin duda con menos cabeza; y si todos ellos y lo mejor del país como se pretende, auxiliados por los extranjeros, no logran desmoronar tan mal gobierno, sin duda es porque la mayoría está convencida de la necesidad de un gobierno fuerte y de mano firme, para que no vuelvan las bochornosas escenas del año 20 ni que el comandante de cualquier batallón se levante a fusilar por su orden al Jefe del Estado.(fusilamiento de Dorrego por Lavalle). Sobre todo tiene para mí el General Rosas que ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional. Por eso, después de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza en el cual, con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglo francesa que, pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia.” Insisto, ésta es una muestra de la “decadencia” señalada por Sarmiento.
Apenas un semestre después de su arribo, el 8 de octubre, las cosas se resuelven con un golpe militar que barre a los miembros del Triunvirato, y muy especialmente al “activo secretario”(Rivadavia). La logia, entre tironeos, impone a sus hombres. San Martín recibe el mando militar que sus antecedentes acreditan y Rivadavia desaparece con una inmerecida misión en Europa. Rivadavia no olvidó al recién venido Teniente Coronel, éste tuvo repetidas ocasiones de soportar el vengativo recuerdo del “activo secretario”.
Durante el periodo comprendido entre el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, hasta el abandono del poder en 1822, a pesar de las interferencias de los doctores y el atolondramiento de algunos oficiales, existe coherencia en el ejército ocupado en la absorbente tarea emancipadora. Recién al regresar de los campos de batalla operará en el ánimo de los desprevenidos soldados la “perniciosa confusión”. San Martín, que ha padecido los celos y las calumnias de los escribas roedores de su grandeza, , la mezquindad de los cagatintas unitarios, no caerá, ni alguno de sus colaboradores, en el supino error. El método encarado por los liberales para desvirtuar a San Martín, comenzó por ocultar aspectos fundamentales reveladores de su carácter y de sus ideas políticas, ofreciendo el escueto perfil de un militar constreñido por su oficio, sin otra preocupación que la de ganar batallas. Especie de noble espadón huero de opiniones y estrategias políticas.-
La falacia cobra especial importancia al convertirla en cimiento y clave de otras falsedades de ellas derivadas. Si la manganeta de ocultar su respeto y admiración por Rosas no resulta posible, siendo descubierta la cordial relación, se le quita importancia, rebájasela de categoría, imputándola a la ignorancia política del “milico”, ofuscado por un jingoísmo cerril, incapaz de justipreciar los otros factores en juego. Mitre es el primero en insistir en este embuste porque si Mitre era insufriblemente cursi, no era tan zonzo como creía Velez Sarfield. La indiscutible gloria de San Martín exigía elevarlo en su actividad castrense, para poder – respetuosa e insistentemente – cercenarle méritos políticos. En esas condiciones pone punto final a su voluminosa patraña. Cito palabras del último párrafo de la HISTORIA DE SAN MARTIN: “Con todas sus deficiencias intelectuales, y sus errores políticos, con su genio limitado y meramente concreto (sic); con su escuela militar más metódica que inspirada...etc.etc.” Así adobado por el elogio mezquino de Mitre, lo toman sus herederos en la falsificación, dispuestos a insistir en las enseñanzas del maestro. De ahí a convertirse en Santo de la Espada solo falta un tranco de chimango, como diría su amigo Don Juan Manuel. No sabemos si San Martín traía desde España ciertos puntos de vista y creencias políticas puesta de manifiesto en el curso de su estapa sudamericana. Sábese eso sí, que detesta el tumulto revolucionario, el retrato del Marqués del Socorro, General Solano, su Jefe en Andalucía, sacrificado por una exaltada multitud, lo acompaña el resto de su vida como un testimonio irrecusable contrario a las violencias tumultuarias.
La Logia inspirada en otras organizaciones similares, poseía el secreto y la organización gradual de las masónicas, aunque carecía de todo vínculo con ella, salvo el de algunos miembros pertenecientes a ambas, de acuerdo con el testimonio del General Zapiola, uno de los fundadores. Pero, casualmente, la mencionada circunstancia, la doble filiación de algunos miembros, provoca defecciones e interferencias cuyos efectos son apreciables al poco tiempo de su fundación. Los miembros pertenecientes a la masonería, como lo señala el honrado representante chileno en Buenos Aires, Zañartú, no dejan de hostigar por diferentes conductos, la obra emancipadora de San Martín. El personaje clave, ambicioso, corrompido, traicionero, es Carlos María de Alvear. Sus trapisondas le brindan el apoyo necesario para alcanzar grados superiores en el ejército y las altas jerarquías políticas. Es necesario señalar la constante inquina de este sujeto, aliado a cuanta maniobra desleal contra San Martín se urdiese, dictada por los celos y su índole corrompida. Lo que naturalmente, no es óbice para que posea en Buenos Aires el mas colosal de los monumentos consagratorios.
En realidad Alvear pertenece a un linaje de traidores; luego de ser depuesto de su cargo de Director Supremo, heredado de su tío Gervasio Posadas, en abril de 1815, se traslada a Río de Janeiro, donde, como un rasgo definitivo de su perfidia, renuncia a la nacionalidad, en una carta dirigida al gobierno español que por su abyección es comparable a los testimonios similares de Florencio Varela, Sarmiento o Alberdi. San Martín a pesar de que la historia oficial quiere encerrarlo en los estrechos límites del cuartel, no puede dejar de enterarse de la conducta de los porteños ensoberbecidos y de los traidores, comparándola con la de los caudillos acosados por la agresión directorial aliada al extranjero, sea éste inglés o portugués. El militar San Martín conoce su deber, organizando los ejércitos del norte y el proyecto cuyano, pero el político que hay en él, recoge los datos ofrecidos por la realidad otorgando a unos y a otros el verdadero valor.
Sus costumbres, su lenguaje, su acento, no debieron ser otros que las de un oficial español. Sin embargo, el contacto con la realidad local le permite, a pesar de los prejuicios de clase y profesión que lo rodean, comprender los acontecimientos, los protagonistas y las causas de los enfrentamientos entre los caudillos y los personeros de Buenos Aires. La aguda percepción de dichas causas explica, mejor que enredadas teorías, el itinerario del prócer y su conducta posterior en relación con los defensores de la soberanía nacional. Pero lo que no deja de llamar la atención, es el estilo y el lenguaje que utiliza al dirigirse a los caudillos. Adecuado, sin caer en plebeyismo chabacanos, a un modo de ser y de expresión.
El “gallego acriollado” conoce, como ninguno de los gobernantes de aquella década posterior a Mayo, el idioma y las afinidades de los conductores de los pueblos sublevados. Tampoco ignora la inmoralidad de quienes han gobernado las Provincias Unidas desde la Primera Junta de Mayo.
En Arequito las tropas del Ejército del Norte se sublevan, negándose a servir al directorio. San Martín repite la saludable desobediencia, decidido a cumplir su destino americano. En cartas a Estanislao López y otra a Artigas, revela la misma sutileza ya referida al lenguaje y al estilo criollo: “Paisano y Señor” y “Paisano y muy señor mío”, son el encabezamiento de cada carta, diferente al protocolar utilizado en otras ocasiones con diversos corresponsales. A ello debe agregarse el contenido, sin desplantes de Jefe ni de pueblero, plática coloquial entre vecinos aquerenciados a un pago. Como suele decirse en el campo “le busca el lado de las casas”. Conocedor del orgullo paisano de hombres de a caballo, al referirse a los españoles los llama maturrangos, un modo criollo de descalificarlos, “unámonos paisano mío, para batir a los maturrangos” le dice en otra a Estanislao López, y en otra “los maturrangos se aprovechan de las circunstancias” le dice a Artigas y agrega “unámonos contra los maturrangos bajo las bases que usted crea”. La correspondencia con Alejandro Heredia y Pancho Ramirez muestra idéntica cordialidad. Queda como garantía textual repetida a López y Artigas: “mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas” (saldrá le dice a López, se sacará a Artigas). Con Quemes, Quiroga y Bustos son otro de los tantos testimonios de amistosa correspondencia, mutua comprensión habida entre San Martín y la realidad. A idéntica tesitura moral pertenece la Proclama al Ejército de los Andes, dada en Mendoza en 1819: “Ya no puede dudarse – dice el prócer – de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos, si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajen nuestras mujeres y sinó andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales os daremos el ejemplo en las privaciones y los trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos”. Aquí ya comienza a verse los problemas que debe sortear San Martín por haber desobedecido a las logias de Buenos Aires de continuar su empresa de libertar a los americanos, pues le mezquinan armamentos, ropas, dinero para pagar los sueldos, etc,etc.etc. La adecuada elección del lenguaje en relación con los caudillos criollos y con la tropa, consiste en otra irrefutable prueba de la capacidad política de San Martín, negada por el historicismo mitrista. Saberle hablar a la gente es el primer mandamiento de todo liderazgo. No hace falta excesiva perspicacia para discernir cuáles serían los enemigos coetáneos, y de la posteridad, al conocer el habla y el idioma de San Martín. Por mera afinidad de los enemigos comunes establecíanse corrientes de simpatía nacidas sin deliberada intención. Vale la pena preguntarse a que respondían las enemistades. El político San Martín conoce hasta donde llega la pertinacia liberal en perjuicio del plan del militar San Martín; la intención de los gobernantes, sin excepción, se dirige a poner al ejército de guardia pretoriana de sus intereses personales. Repetida intención a lo largo de nuestra historia: convertir al ejército libertador en policía defensora del poder legítimo.
Los farsantes de la historiografía mitrista intentaron una suerte de alianza en las nubes entre el libertador San Martín y el liberal Rivadavia; el militar y el civil abrasados en la causa común coronada por la libertad, la democracia y las luces del entendimiento. Si Rosas y Rivadavia ocupan extremos irreconciliables, mas lejos aún estaban San Martín y Rivadavia, por algo San Martín apoyó a Rosas.
A San Martín se lo acusa de monárquico o se lo defiende de tal acusación. El tema no parece discutirse en tales términos, como si la monarquía significara un delirio o algo parecido. Quienes niegan el monarquismo del prócer, adoptan argumentos igualmente falsos. Lo cierto es que San Martín fue partidario de la monarquía y de los gobiernos fuertes. La monarquía proyectada por San Martín abarcaba el territorio de las Provincia Unidas, Chile y Perú, por lo menos, afirmándose sobre una corona unida de algún modo a la familia real española, previo y esencial reconocimiento de la independencia americana. El plan de San Martín consideraba a un gobierno monárquico semicontinental, tendiente a evitar la anarquía que en diferentes espacios ya asomaba. Inglaterra, observadora y atenta, a través de los numerosos espías con disfraz de colaboradores y comerciantes, ayudada por la masonería infiltrada en los ejércitos españoles y americanos, alentaba lo que parecía una paradoja al proyectar repúblicas numerosas y autónomas (divide y vencerás), el fin no era otro que el fácil dominio de aquel mosaico republicano, lo que no ocurriría con un gobierno fuerte y con amplia jurisdicción continental. En Buenos Aires, como en Lima, la influencia masónica cobraba invalorables piezas. Las cartas del patriota Miguel Zanartú revelan la conspiración masónica contra San Martín, en la que se encuentra complicado un individuo de su confianza como era el General Las Heras. Su actuación posterior así lo confirma. De todos modos las dos puntas son parte de la misma trenza. La masonería irá estrangulando con la colaboración de las luces y los principios de Buenos Aires, el original proyecto americano soñado por San Martín.
Las sinuosas respuestas de Rivadavia al pedido de ayuda de Tucumán para colaborar desde el Alto Perú con San Martín, son una prueba de la bajeza del sujeto. Es otra vez Zañartú el que interviene ante O`Higgins, pero Rivadavia frustra la ayuda (no parece hacerlo reflexionar la muerte de soldados argentinos por no enviar la ayuda solicitada por San Martín). Por un lado la actitud de las provincias, Urdinea, Bustos, López, Quiroga, el país de los caudillos ofrecía sus escasos recursos, Buenos Aires, donde reinaba el dúo Manuel García y Rivadavia, apoyado por Julián Segundo de Agüero, Valentín Gómez y el periodismo de El Centinela, de Ignacio Nuñez y Juan Cruz Varela, negaba toda ayuda. Más aún, García llegó a sostener que “al país era útil que permanecieran los enemigos en el Perú”. La criminal resolución provocaría, poco después, la pérdida del inmenso territorio altoperuano, constituido por Bolivar en la República de Bolivia. Lo cierto es la total falta de ayuda de los liberales encaramados en el gobierno porteño.
El, José de San Martín, no cree en gobiernos débiles, republicanos y democráticos, sus pasos siguientes lo demostrarán. <luego en una carta que es toda una definición dice “En París, donde los habitantes desean el gobierno del sable militar a caer en poder de los partidos socialistas…”Desde Bruselas, le escribe a Chilavert “establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza…corté toda comunicación…me proponía en mi atrincheramiento dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija ¡pero vanas esperanzas! En medio de esos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso Centinela principia a hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico destino”.Y finaliza con este comentario “…si tenemos juicio y si doce años de revolución nos han enseñado a obedecer, si señor, a obedecer, pues sin esta circunstancia no se puede saber mandar”. “Sería yo un loco si me mezclara con esos calaveras – le escribe a Iriarte – Entre ellos hay algunos, y el General Lavalle es uno de ellos a quien no he fusilado de lástima cuando estaba a mis órdenes…. Los autores del movimiento del 1 de diciembre de 1828 son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a esta país, sino al resto de América con su infernal conducta; si mi alma fuera tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado”. Al chileno Palazuelos: “Si yo viese a su afortunada patria dar oídos a visionarios y precipitar las reformas confieso a Usted que me alarmaría por su futura suerte; tenga usted presente la que se siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia, que empleó en solo madera para construir andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60 mil duros. Se gastaron ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia para la construcción de un canal de Mendoza a Buenos Aires…que gastó 100 mil pesos para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río…y todo esto se hacía cuando no había un muelle para embarcar y desembarcar y por el contrario deshizo destruyó el que había de piedra… Sería de no acabar si se enumerasen las locuras de aquel visionario y la admiración de un gran número de compatriotas creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con solo los decretos que diariamente llenaban lo que se llama archivo oficial”.
Taria para preguntar de que color es el caballo blanco de san martin xD
Sigamos:
Juan Manuel de Rosas:
San Martín y Rosas son los dos más respetables patriotas argentinos. Rosas fue un hombre de campo convertido en político, sus palabras fueron “es necesario ser como ellos, vivir como ellos, comportarse como ellos” en referencia al hombre de campo, al gaucho.En este sentido va la vida de Juan Manuel, en destacarse como hombre de campo, enlazador de primera, como el mejor pialador, el excelente maestro de campo, como lo demuestra sus instrucciones a los mayordomos de estancia. Esta fama va de boca en boca. Si Rosas consigue divulgar su prestigio, la causa no debe campearse en otros méritos que en los de su inequívoca condición de criollo, unida a la de patrón en la profunda acepción de la palabra, irremisiblemente vedada a los puebleros. Ambas cualidades, patrón y criollo, no fueron comunes a cada propietario de campo. El significado de criollo, grávido en su mas honda acepción, no encierra exclusivamente la mentada destreza y habilidad hispánica y caballeresca, olvidadas, cuando no ridiculizadas, por la ética protestante y iluminista de los leídos.
Rosas dentro de esta vida de campo adquirió una gran picardía para sacarse de encima a los avivados intelectuales de la ciudad. Esta habilidad fue puesta de manifiesto en resolver conflictos internacionales, haciendo hocicar a consumados diplomáticos, y esto fue consecuencia de aquellas lecciones aprendidas en las inmensas aulas de la pampa abierta. Si no todos los hombres de chaqueta larga son personeros de la extranjería, lo cierto es que conocen al país y a la gente por haberla estudiado; en cambio él ha vivido a la gente y al país. Dos formas opuestas de concebir el tema. Por un lado la perentoria necesidad de corregir esa realidad original, sin cabida en los proyectos elaborados en lejanas latitudes. Por otro encauzarla,...”hoy esta base, mañana la otra…”dice refiriéndose a la organización, en la carta de la Hacienda de Figueroa. Los hombres de las luces, los gringos, los puebleros, a palos, como aconsejaba Agüero. Apremian por meter al país en el articulado de las leyes. Rosas sabe que al país no lo arreglan los “doctores”, ni la engañosa “ciencia”. El posee un estilo y un método, cuya didáctica solo se encuentra en la experiencia dictada por el medio que los envuelve, sin oprimirlo, sin rechazarlo, porque pertenece a El. Es justamente la oposición entre la civilización y la sabiduría. A ésta la miopía liberal calificó de barbarie. En las instrucciones a los mayordomos, escritas como es sabido sin intención de publicarlas, Rosas desarrolla la primera de sus enseñanzas, la de hombre de campo, la de patrón y estanciero. Mansilla nos cuenta que su tío lucía en la frente, perpendicular hacia la nariz, una antigua cicatriz y el dedo anular de una de sus manos aparecía levemente tronchado en la primera falange, aclarando que al habérsele cortado el lazo pialando potros, se lesionó el dedo chicoteándole sobre el rostro. Lo que no dice Mansilla es a que mano pertenecía el dedo lesionado. Juan Carlos Neyra dice que “se atreve a asegurar que el dedo de Rosas, así se llama el artículo de Mansilla, era el de la mano derecha, porque Rosas no era “zurdo”. El criollismo no se reduce a meros desplantes de gaucho compadre en desprecio de los puebleros o de los gringos. Como ya se ha dicho, adquiere en el contacto con los hechos y con los hombres el carácter de una original concepción del mundo, que en Rosas, en diversas oportunidades no solo se repite sino que explícitamente el las expone como fundamento de sus negativas a ocupar cargos públicos. Rosas sabe que el país desde 1810 en adelante viene siendo gobernado por lo mas crudos representantes de lo gringo. Que ellos con razón o sin ella, se creen monopolizadores de las soluciones y sobre todo de las teorías, mas importantes para ellos que la cruda realidad. Fueron numerosas las tomadas de pelo del hombre de nuestro campos al pueblero, habitualmente preguntón e indiscreto, juego de palabras, metátesis intencionadas, combinaciones de nombres, cuentos fantasiosos dichos con la mayor seriedad entre quienes, por pertenecer al medio, participan regocijados de la broma. A esa especie pertenece la que en carta de abril de 1841, describe a Florencio Varela, Daniel Torres. En una comida cordial corolario del tratado Arana-Mackau , Rosas responde afirmativamente a una pregunta del diplomático francés sobre la existencia de caballos en la patagonia, haciendo la salvedad de la dificultad que les crea a los patagónicos el gran rabo que tienen, obligándolos a hacer un profundo agujero en la silla para introducirlo; este inconveniente, comenta Torres, está compensado por otras ventajas como la de poderse hacer fresco con la cola y espantarse las moscas. No es extraño que Rosas pensase que después de haberle hecho tragar a Mackau un tratado podría hacerle engullir lo de la cola. Entre tanto el almirante no comprende que ha sufrido una burla y un engaño. Del mismo modo o parecido tenor, son otras argucias que en el trato diario Rosas sabe dosificar adecuadamente. Como buen enlazador conoce en que momento debe dar lazo y cuando, sin correr ningún riesgo, aguantar el tirón. El patriotismo de Rosas, acaso en San Martín fuese similar, pertenece a una categoría diferente “el saber”. Don Juan Manuel fue un criollo.Llegó al poder exigido por las circunstancias desencadenadas por los disparates, coimas, agresiones y crímenes de los liberales y unitarios, sordos y ciegos ante la realidad del país y la maltrecha dignidad nacional. El desorden, los delirios y negociados Rivadavianos; la prepotencia liberal constitucionalista, empeñada en embretar al país en instituciones plagiadas del extranjero; militares acosados e instigados por la cobardía de los “doctorcitos”; la indignante muerte de Dorrego, fueron sumándose al prestigio creciente del sensato comandante de campaña, obligándolo a vencer sus reparos y falta de ambición política, con el fin de terminar con el caos. El asesinato de Dorrego en 1828 y del General Quiroga en 1835 fueron las dos muertes indignantes que vencieron la falta de vocación de Don Juan Manuel, convirtiéndolo en sabio y patriótico gobernante.
En el comentario que hace en una carta a Josefa Gomez, sobre el calumnioso libro de Bilbao escribe: “el error gravísimo de Lavalle…que causó indignación general, fue mandarlo a fusilar (a Dorrego)”. ¿Cómo gobernó? Como un criollo indignado. El hombre de 42 años que el 13 de abril de 1835 asume el gobierno con facultades extraordinarias y la suma del poder ha ido encontrando en la ignominia circundante el camino a si mismo. Sabe que los enemigos no se detienen ni en la traición a la patria cuando se trata de servir a sus propios intereses; comprende que no es posible pactar con ellos, que la única solución consiste en aniquilarlos, como había vaticinado una década atrás San Martín. Sobre tales premisas reconoce el error de haber pretendido colaborar con ellos “…y yo insensato que me metí con semejantes botarates…”. En síntesis, Rosas se convierte en el personaje que puso el sello a la historia argentina.
La muerte de Quiroga, seis años después de la de Dorrego, lo indigna, señalándole el destino irremediable: el de criollo indignado. En cada encrucijada política descubrirá la indignante felonía; la indignante traición a la patria; el indignante incumplimiento de la palabra (Paz,Lamadrid), la indignante traición de los amigos (conspiración de Maza); la indignante impudicia antinacional de los emigrados (Lavalle, Mitre, Sarmiento, Florencio Varela, y hasta el pretendido cambio de idioma por el francés de Alberdi, etc.etc.).Y al mismo tiempo se perfila la voluntad de no aflojar, de no recular un tranco de chimango, de las selectas mayorías criollas. Ido apoyo de inteligentes colaboradores ( De Angelis, Arana, Garrigó, Torres, Líate) y de eficientes soldados (Pacheco, Guido, Corvalán, antonino Reyes, Vicente Gonzalez, Mansilla) descansa el poder del Restaurador. Con tales partidarios y semejantes adversarios gobierna como un criollo indignado. ¿por que cayó? El instrumento fue la traición de Urquiza. La presión extranjera, asumida por Brasil, erigido en disimulado representante de los intereses europeos en general, pero muy especialmente por el temor que el imperio esclavista experimentaba ante el creciente poder del vecino. La guerra con el Brasil consistía en un peligro latente desde que Rosas decidiera concebir su estrategia rioplatense. Heredada de la política virreinal hispánica. No bien asciende al gobierno dicta la Ley de Aduana, otra de las causas de su caída. Dicha ley significaba proteger las incipientes industrias locales de la agresión exploradora de Francia, Inglaterra, principalmente, y los Estados Unidos; además resguardaba la producción agrícola con tarifas diferenciales favorables al Paraguay con respecto del Brasil. Su sanción se convierte en la Bomba de Tiempo a la espera del momento propicio para explotar. La política de Rosas resulta en un pésimo ejemplo, inadmisible para los países exportadores de manufacturas. Si las enseñanzas de esta gran patriota, cunden por América y el mundo, las dos potencias europeas corren el riesgo de perder los mercados semicoloniales que fructíferamente explotaban. Rosas tenía que caer; su destino, quizás el primer antecedente americano, será el de todo gobierno establecido en este continente de ideología nacionalista, que se empeña en defender el interés nacional. Los imperialismos de turno, siempre tendrán a mano el abogado defensor de la “libertad” o de los “principios de Mayo”, dispuesto a encubrir por una suma de oro la traición del político coimero, con pretextos morales, institucionales, universales.El nombre y la fecha es lo de menos, lo invariable es la nómina de los pretextos utilizados para voltear al patriota, colocando en su lugar al mal parido de turno.
En la denodada defensa de la soberanía ejercida por el Restaurador, habría que dedicarle un espacio necesariamente extenso a la conducta de los exiliados en Chile y Uruguay, miembros o no, de las respectivas comisiones argentinas. Neyra textualmente dice “Creo obviar, hasta cierto punto, la exposición de las infamias cometidas, con el justo nombre de traidores a la patria con que, desde el título a sus escuetas biografías, se los califica. No dejo de repetir que todos, absolutamente todos, los que encabezaron la lucha armada contra Rosas y los que lo apoyaron teórica, económicamente, prensa, o moralmente merecen el mismo nombre. Aclarando que a ellos pertenecen la mayoría, por no decir la totalidad de los próceres consagrados por las academias y honrados por los diferentes administradores de la semicolonia, desde 1852”.-En este año Urquiza aliado del Brasil invade la Argentina traicionando de esta manera a Rosas. En Caseros, el 3 de febrero de 1852 hechos y hombres parecen citarse convocados por la ignominia. Rosas cae y el país nunca mas recobrará la altivez y la riesgosa arrogancia nacional.
Siempre sobre Rosas se escribirán historias de fusilamientos, muertes en la oscuridad, etc.etc.- Pero de los veintitrés oficiales y cientos y tantos de soldados fusilados por orden del Gral. Paz después de la Tablada, no figuran en la antología de la infamia divulgada por Vicente Fidel López y Mitre, ni otras matanzas cometidas por los genocidas del Mitrismo, o de Urquiza, en cambio se inventan víctimas con tal de ensuciar a Rosas y a sus patrióticos aparceros en la defensa del país. La intachable administración del erario público, que en 17 años de investigaciones arteras, nunca pudo ser objetada por quienes lo sucedieron, jamás fueron comparadas con las trapisondas de Alvear, Pueyrredón, Lavalle, Rivadavia, Manuel J. García, Costa, etc.
Pero donde pareciera establecido un juicio definitivamente adverso es en el terreno de la cultura, siendo allí justamente donde se realizaron las más fructíferas publicaciones desde 1810 hasta su caída. El napolitano Pedro de Angelis, el hombre mas culto que habitó Buenos Aires hasta muy entrado el siglo XIX, fue el encargado de llevar adelante la mas trascendental tarea historiográfica conocida en el país. Pedro de Angelis publicó durante la época de Rosas un sinnúmero de libros, los médicos recibidos desde 1835 hasta 1852 fueron 173, los abogados 88. La contundencia de estas cifras, no alcanzará a los paniaguados de la historia oficial, ellos reciben su pitanza para demostrar lo contrario. Al año siguiente de la caída de Rosas, 1853, nadie se gradúa de médico. Siempre al periodo federal lo van a tildar como el periodo de la barbarie y la brutalidad.
Enormes cajas se llevó Rosas a su exilio, pensando sus enemigos que este se llevaba tesoros. Estos tesoros no eran ni mas ni menos papeles, documentos que a don Juan Manuel le servirían para desmentir todo lo que se habló de El. Juan Bautista Alberdi, arquitecto de la traición a la patria, teórico de nuestra sumisión colonial y feroz enemigo, quien tuvo la osadía de recomendar a Rosas el cambio del idioma español (gauchesco) por el francés, no tiene mas remedio que confesar, al cabo de una entrevista en 1857 con el Restaurador en Londres: “…tiene la fácil y suelta expresión del hombre acostumbrado a ver desde lo alto del mundo. Y sin embargo no es fanfarrón, ni arrogante…habla con moderación de sus adversarios, incluso de Alsina…Me dijo que no había sacado plata de Buenos Aires pero sí todos sus papeles históricos, en cuya autoridad descansaba”. De nuevo los papeles. También se queja de los Anchorena, aprovechados logreros de la fortuna debido a Rosas. Tomás, el respetable, había muerto. Será después un chileno de apellido Cobo, cargoso en su interés por visitarlo. Aunque su testimonio procure empequeñecerlo a su medida, el dicho Cobo no lo logra.
Rosas en su exilio no abandonará jamás sus costumbres criollas, dirá siempre que el mate y su ángel guardián son sus únicos compañeros.- Todo aquel que lo visitó siempre resaltó su vida austera, su energía para dedicarse al campito que había arrendado para poder subsistir, y su gran cantidad de documentos que el decía que ha su muerte lo rehabilitarán.
En 1873 Vicente Quesada acompañado por su hijo Ernesto, llega a Burgess Farm. De aquel encuentro quedan dos testimonios dispares, el padre, en su calidad de Ministro de Gobierno de Buenos Aires, prohíbe cuatro años después, con un decreto infame, la misa que los amigos pretenden oficiar al conocerse la muerte del prócer. El hijo por encargo del padre, redacta una memoria de la entrevista, publicada mucho después, que justifica la admiración de Ernesto por el ilustre entrevistado. En Vicente Quesada, sumiso habitante de Buenos Aires en tiempo de Rosas, subsiste el odio cobarde de los liberales cuando trepan al poder. Un sobrino de Rosas, Baldez Rosas, relata ya en 1873, las tres entrevistas con su tío, recuerda el regocijado encuentro, la alegría en la indigencia, describe la cantidad de libros, papeles y documentos que cubren la larga mesa; la chimenea y la imagen de Nuestra Señoras de las Mercedes.-
Domingo Faustino Sarmiento:
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO: Sarmiento es un digno alumno de su admirado Benjamín Franklin, personajes prácticos y servidores del comercio, por eso insiste: “Más que las lucubraciones de los sabios, mas que la libertad civil de algunos pueblos, el comercio sirviendo de vehículo por donde se han comunicado los pueblos, sus ideas, sus necesidades, sus luces, ha derramado la civilización por todas las extremidades de la tierra”. Con el mismo criterio de minorista de barrio, por no decir de irredimible bruto, comenta: “…..que los millones que puedan hoy gastarse en una empresa útil, sobrepasan con mucho a los que levantaron inútilmente las pirámides de Egipto”. En ese primer artículo se atreve a sugerir “ las ventajas que Chile reportaría si el estrecho de Magallanes pudiese ofrecer un tránsito sin los peligros y demoras que hacen embarazosa la vuelta del Cabo de Hornos”.
Mas adelante, en otro artículo, siempre después de largas consideraciones, escribe: “….y si a todo esto hubiese podido añadir la idea de la posibilidad y facilidad de establecer desde Chile una colonia en el Estrecho que asegurase con la presencia de hombres civilizados allí, las inmensas ventajas que los vapores puedan prestar”. En el penúltimo artículo sostiene: “El provenir de Chile está en el sur de su territorio que hasta hoy está sin demostrarse”.Finaliza la tediosa justificación teórica de su traición: “quedan dudas después de todo lo que hemos dicho sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del estrecho y de establecer allí poblaciones chilenas?...Creemos haber tocado cuanto estaba a nuestro alcance para ilustrar un asunto que de tanto interés nos parece para la prosperidad del país y su futuro engrandecimiento. Si no hemos logrado excitar el interés del público y de las autoridades acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. Nuestras intenciones servirán de disculpa…No será ésta la última vez que trataremos este asunto”. Dentro del mismo criterio apátrida, sostiene en el mismo diario EL PROGRESO, en relación con las Malvinas: “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. Seamos francos, su invasión es útil a la civilización y al progreso”. Tales consideraciones obligan a recordar, a todo argentino bien nacido, con peligrosa frecuencia a la madre de Sarmiento.
Rosas envía a Bernardo de Irigoyen a Mendoza donde publica una revista, La Ilustración Argentina, en ella, pro primera vez se lo llama traidor a la patria. Dentro del mismo concepto lacayuno con respecto a Chile y a la defensa mercenaria de sus intereses publica en La Crónica en el año 1849, una serie de artículos verdaderamente asqueantes contra su país. Sarmiento asimismo sostiene la idea de: “ un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de los dos estados a quien aproveche su ocupación…..ese principio seguido en todo tratado de demarcación de límites…tiene su completa aplicación en Magallanes. Este estrecho es una vía necesaria, indispensable de comunicación para Chile, es uno de los caminos para Europa que le conviene aclarar, asegurar y poblar, para su mejor comercio. Para Buenos Aires, el Estrecho es una posesión inútil…..Magallanes, pues, pertenece a Chile….Las Islas Malvinas le son disputadas a Buenos Aires, en nombre del derecho, cierto o no, del primer ocupante….Estos son derechos de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, amigo, hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar….de manera que una vez ocupado un punto que no lo había sido por otra nación las demás están obligadas a respetar este derecho”.
En otro escrito Sarmiento dice: “…el estrecho de Magallanes es inútil para el (Buenos Aires) y para sus gobernados….estos consejos de nuestra parte no son un entrometimiento ni un reproche. Es lo mismo que aconsejamos a Chile y a todos los estados sudamericanos. Comercio, industria, población, inmigración, educación, he aquí los verdaderos intereses de los pueblos y el blanco de una política sabia, justa y provechosa”.
Refiriéndose Sarmiento a sus campañas a favor de Chile dice: “…inicié la redacción en el progreso con una serie de estudios, que hoy, después de ocho años no son del todo estériles…No es un mérito que quiero atribuirme, es un simple antecedente que traigo a la memoria…De este modo la cuestión de Magallanes se convertía para mí en una cuestión personal, por simpatía, por actos anteriores y por delicadeza”. Luego se justifica diciendo que el propósito suyo había sido: “Defender la colonia a cuya conversión yo había contribuido con mis escritos…y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria”.
A los argumentos plañideros, con amenazas de renunciar a la presidencia, no se los puede tomar en cuenta, ni siquiera con beneficio de inventario. Sarmiento obedece a su índole. Por eso cuando los hermanos chilenos, por intermedio de Barros Arana, piden que se someta a arbitraje nada menos que Tierra del Fuego, el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, y el asunto al cabo de un tiempo, termina en un pacto desfavorable a nuestros intereses, él junto a otros botarates, en el senado, votan por la aprobación, aunque la mayoría lo rechaza. Después de la presidencia o antes de ella, Sarmiento cumple con su vocación de traidor a la patria, con la soltura de cuerpo y el cinismo alentado en aquellos años en que los asaltantes del poder después de Caseros pertenecían a la misma ralea. Por esa razón no es de extrañar que en carta a la Sra. Mann le anuncie su proyecto: “Con emigrados de California se formará en el Chaco una colonia norteamericana; puede ser el origen de un territorio y un día de un estado yanqui. Si conservan su tipo cuidaré que conserven su lengua”. Siempre fiel a dicha conducta, ofrece al hijo de la mencionada Señora de Mann el rectorado de una universidad yanqui en San Juan y la importación de maestras del mismo origen, bajo la superintendencia del hermano de la señora de Mann. En ese sentido me refiero a su absoluta falta de pudor nacional, las pruebas y los testimonios llenarían mas espacios que el necesario para demostrar el calibre de Sarmiento.
El trasfondo espiritual de Sarmiento, porque algún nombre hay que darle, es protestante o acaso deísta, por mas que pretenda proclamarse católico. En la biografía de Castro Barros, publicada en la crónica de Chile, ofrece una visión francamente atea de la muerte. En el mismo artículo, al criticar el vestido de las mujeres chilenas, con una serie de disparates antológicos, obliga a dudar no de su genio, sino de su inteligencia. En cuanto a sus ataques al catolicismo son múltiples y encuéntrense desparramados a lo largo de su extensa obra, con suficiente cantidad como para asegurar que Sarmiento unió a la eficiencia anglosajona que admiraba la religión que alentaba a aquellos piratas. El Doctor Rojas en un capítulo titulado Filosofía de la Historia, pretende describir el itinerario histórico-filosófico de Sarmiento, a partir de que : “ Estudió en su juventud Evidencia del Cristianismo y Teología Moral, por el protestante William Paley… A Darwin sobre transformismo, a Spencer sobre sociología, a Renán, sin que dichos autores, con los cuales simpatizó, le hicieran variar en sus creencias, aunque con ellos vigorizó su propia doctrina.
La patria, el concepto ideológico de patria, vacío de contenido territorial y humano, encubre objetivos muy diferentes. El sujeto que brega a favor de los intereses chilenos contra su propio país, deformado por su admiración a lo foráneo, es consecuente consigo y con sus ideas cuando, en carta a Mitre del 20 de septiembre de 1862, escribe: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.O en otro lugar, siempre dirigiéndose a Mitre: “ Si Sandes va déjenlo ir, si mata gente cállense la boca, son animales bípedos de tan perversa condición que no se que se obtenga con tratarlos mejor”. Del cura apóstata Julián Segundo de Agüero, a las insultantes recomendaciones de Sarmiento solo los separan los años transcurridos. El instigador invariablemente es un cobarde. Sarmiento demostró serlo en diferentes oportunidades. Durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, huyó rumbo a Mercedes y a Chivilicoy. Los boletines de la época, editados con el propósito de ilustrar a la población se encargan de poner de manifiesto la flojedad del Presidente Sarmiento. “ Aún-dice uno de ellos- no se ha podido descubrir en ninguna de las listas de suscripción los nombres del Presidente Sarmiento y de sus Ministros” y agrega, con amarga ironía “Al que haga el descubrimiento se le dará una buena gratificación” En otro artículo titulado nuestro Presidente Sarmiento, luego de sensatas consideraciones sobre la indiferencia de la clase pudiente, se lee: “Por eso el que maneja las riendas del gobierno en una Nación, debe reunir a sus cualidades administrativas y políticas, un valor moral a toda prueba, y un corazón recto y accesible a todo sentimiento humano. En ese sentido no cabe nulidad mayor que la que reúne el hombre que tan contra el sentido común y las instituciones de esta nación, nos preside…¿Con que títulos cuenta para seguir ocupando la presidencia? ¿Qué se haría con el General que en el momento de comenzar la batalla diera la espalda al enemigo y dejara al ejército sin retirada imposible? Cualquier castigo que a este hombre se diera sería escaso, ante lo horrible y monstruoso de su crimen. Esta ni mas ni menos, ha sido la incalificable conducta del Señor Sarmiento”. El inspirador o autor de estos artículos, era uno de los que primero apoyaron la candidatura de Sarmiento a Presidente. Los cagatintas de la Academia de la historia, ofrecen una versión del episodio digna de ellos. Pero su cobardía no solo se refiere al momento de la epidemia. El mencionado cagatinta de la academia cuenta que Sarmiento “va a la casa de gobierno” en una carroza que escoltan soldados de gran estatura y algunas veces lo siguen dos cañones”. El General Wenceslao Paunero en carta a Mitre se queja de los desorbitados gastos de Sarmiento en procurarse, en un viaje al interior del país, una formidable escolta. Esto es para comparar la valentía de Sarmiento y la valentía de Quiroga, mientras uno gasta en escolta otro la deshecha.
Sarmiento fue una persona contradictoria, por la sencilla razón de que extrae ventajas y beneficios personales. Si tiene el desparpajo de reconocer en la dedicatoria al General Paz de su libro Facundo: “Lo he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo”, y por otro lado le recomendada a José María Ramos Mejía “…no reciba como moneda de buena Ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas”. En la ya citada carta del 20 de septiembre de 1862 le sigue escribiendo a Mitre “No deje cicatrizar la herida de Pavón, Urquiza debe desaparecer de la escena cueste lo que cueste. Southamton o la horca”.
En el boletín Num.4 (recordemos que Sarmiento era boletinero –periodista hoy día- del ejército grande del Salvaje, loco, inmundo unitario Urquiza –así lo describían los rosistas de la época, el capítulo titulado El Rosario la jugosa anécdota. Luego de extensas consideraciones previas, describe su belígero atuendo de este modo: “Nubes negras y atormentadas se iban esparciendo por el cielo. El General (Urquiza) me dijo va a llover, y con tono de burla, van a mojársele las plumas. Era el caso que yo era el único Oficial del Ejército Argentino que en campaña, ostentaba una severidad del tipo estrictamente europeo. Silla, espuelas, espada bruñida, levita abotonada, guantes, quepí francés, paletó en lugar de poncho, todo era yo una protesta contra el espíritu gauchesco, lo que al principio dio lugar a algunas pullas a que contestaba victoriosamente por la superioridad práctica de mis medios- “Quien tendrá fuego? Decía en la marcha un General, - Yo General, y sacaba una navaja de campo inglesa, con eslabón, lanceta para caballos y un almacén de herramientas.- Me muero de sed, decía alguno mirando mi caramañola de platina, colgada en el arzón de mi silla…”. Parece mentira, que un hombre de 41 años, con experiencia, que sería nuestro presidente, no advirtiera que el fuego pedido por el ignoto General, o la repentina sed de otro Oficial, respondían al carácter común entre nosotros, propenso a tomarle el pelo.
Sarmiento no pierde oportunidad para despreciar las costumbres criollas porque en otra oportunidad escribe: “…esto que parece una pequeñez – agrega - era una parte de mi plan de campaña contra Rosas y los caudillo seguidos al pie de la letra, y dispuesto a hacerlo triunfar sobre el chiripá si permanezco en el ejército. Mientras no se cambie el traje del soldado argentino, ha de haber caudillos. Mientras haya chiripá no habrá ciudadanos”. Mas adelante, en el boletín Num. 26, exhibe su asco a todo lo criollo, con la típica suficiencia del agringado por vocación. Decribe el ingreso de Urquiza a Buenos Aires, después de Caseros: “Entramos en la calle de la Florida….Iba el General en un magnifico caballo ensillado con recado, cuya carona de puntas tenía pinturas y adornos de mucho gusto, pero de mal género, como son todos estos arreos provincianos. El fiador, manea, pretal, caña de los estribos, espuelas, eran de plata recamada en oro con arte exquisito…llevaba sombrero de paisano con cinta un poco inclinado hacia delante”. Esta descripción de Sarmiento no es la misma en lo que refiere a los uruguayos : “…batallones, con pantalón, casaca y quepí manufacturados en París, de colores oscuros y con arreos de las tropas europeas…Venían al fin tropas decentes”.
Sarmiento en junio de 1879 publica con el título de LA MEMORIA DE MARINA un artículo en el que desprecia también a nuestros barcos y al sur argentino : “…ha llegado el caso de preguntarse si conviene a la seguridad de la República y a su progreso extender sus límites, sus poblaciones a las sierras desérticas y poco hospitalarias del sur de Río Negro… Al sur desde el Río de La Plata hasta Magallanes, no tiene territorios que por la opulencia y variedad de su vegetación, por la profundidad de sus ríos que desembocan en el océano, prometan a servir de asiento a grandes y florecientes ciudades. Habrán villorrios en puertos mal abrigados, y por tanto mal frecuentados…Nosotros necesitamos reconcentrar nuestras fuerzas en el Río de La Plata, a lo largo de sus afluentes, hacia arriba…No debemos, no hemos de ser nación marítima. Las costas del sur no valdrán nunca la pena de crear para ellas una marina…No: no hemos de ser una nación marítima, líbrenos Dios de ello y guardémonos nosotros de intentarlo…Las marinas son las manos de hierro con que las grandes naciones, nadie mas que ellas, extienden sus dominios a través de los mares. Cuando la Inglaterra tiene 300 acorazados o vapores de guerra y cañones de mil libras no es permitido a los débiles andar sin su permiso y su compasión en los mares…La navegación de los mares es un lujo que no se permiten sino los grandes de la tierra…Colonicemos ríos arriba…En el sur hemos de tener Chubuts y Mercedes y Carmen de Patagones, rudimentos de extranjeros rebeldes; y de miserables aldeas… Bahía Blanca será algún día algo; aunque nadie le ha impedido serle en tres siglos que está colonizada; pero no queremos ponerla en conservatorio, creando marina para ir a recoger algunos huevos y plumas de avestruces…Nada de mar, así que nos vemos libres de cuestiones con los que en el Pacífico tienen artos mares…”Este fue el pensamiento de Sarmiento con respecto a nuestro Sur. Nada que ver con el de Juan Manuel de Rosas, que se esforzó y hasta puso dinero, herramientas y ganado de su propiedad para colonizarlo y domesticar a los indios, facilitando con ello la creación de Bahía Blanca, Mercedes, 25 de Mayo, Tandil, etc.
El Capitán Luis Piedrabuena en una versión honrada de este patriota nos cuenta sobre Sarmiento: “Dijo que no teníamos marina, que costaba mucho mantener un buque de guerra,, que estábamos muy pobres, y que ese territorio era desierto; que debíamos concertarnos, porque ese territorio mas bien le correspondía a los chilenos por ser el paso hacia el Pacífico y que si poblaba con una guardia tendríamos que vivir como perros y garos con los chilenos, y por último que no tenía gente que darme. No me dijo que me fuera ni que me quedara, pero sí que procediera con prudencia con los chilenos”.Como siempre Sarmiento defendiendo los intereses chilenos.
A Sarmiento se le atribuye el gran fundador de escuelas. El mas serio de sus biógrafos brinda esta cifra sobre las escuelas fundadas en cuatro años al frente del departamento pertinente en la Provincia de Buenos Aires, textualmente dice : “Durante los cuatro años en que Sarmiento permanece como Director de Escuelas, el estado no funda ninguna”, mas adelante se pregunta “¿en que gasta? “, y se responde “En muebles”. Sarmiento confiesa que en ese dilatado lapso funda dos. El mencionado biógrafo demuestra además, la pavorosa disminución de alumnos en las escuelas. Otro dato que engaña a sarmientonas y sarmientudos como los llama Luis Alberto Murriay.
Al partir hacia la Argentina, de regreso de los Estados Unidos, deja un imborrable testimonio de su anticatolicismo con estas palabras: “…no hay otros Papas ni Cardenales no Obispos ni Tutti cuanti que los librepensadores lucero, Calvino, Aimé Martin, Rivadavia”. Sarmiento termina la presidencia bajo la acusación del fraude escandaloso cometido en beneficio de su ministro Avellaneda, en desmedro del hermano tres puntos Mitre. Cuando entrega el gobierno a su sucesor, no pierde la oportunidad de ratificar su conocida egolatría recomendando a Avellaneda cuidar el sillón “donde se sentaron Rivadavia y Sarmiento”. Hacía tres años que padecía una cómoda sordera, a pesar de la trompetilla que se veía obligado a usar. Designado Senador, no escucha, habla. Sarmiento en carta a Alberdi le dice “ “traición contra los Estados Unidos consiste en abrir guerra contra ellos o adherir a sus enemigos brindándoles ayuda”.
Sarmiento odiaba la pampa, el desierto, El sostenía, al igual que la generación del 37 que el mal radicaba en el desierto. Los hombres del 37 pensaban que uno de los peores males de la Argentina era el desierto, la tierra despoblada, baldía, que generaba según Sarmiento, el espíritu de montonera; esos aislamientos geográficos provocaban el atraso, el surgimiento de caudillos autónomos, amos y señores de sus territorios. Que el problema argentino radicaba en su extensión. No le gustaba como era su patria ni quienes la habitaban. En Argirópolis cuando propone mandar la capital a la Isla Martín García dice : “A nadie se le ocultan los defectos que nos ha inoculado el género de vida llevado en el continente, el rancho, el caballo, el ganado, la falta de utensillos, como la facilidad de suplirlos por medios atrasados”. El positivismo era la base ideológica de la mayor parte de los bien pensantes de aquel momento, la mayoría tenía ideas europeizantes, de desprecio por lo autóctono, por lo indígena, por lo criollo., el gaucho aparecía como un obstáculo civilizador. Sarmiento veía en lo nacional, en lo popular algo negativo. Estaba imbuido del espíritu de progreso que El situaba en Europa, particularmente en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos que era el país que mas admiraba. Sarmiento odiaba tanto al gaucho, al criollo, y a los indios, que vuelvo a repetir aquella famosa carta a Mitre en donde le dice “no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos” y de otros integrantes de la aplebe, los indios, escribirá: “Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tienen ya el odio instintivo al hombre civilizado”.Esto fue extraído del Diario El Nacional el 19 de mayo de 1857.
. El autor Jorge Newton en su biografía EL CHACHO Angel Vicente Peñaloza, pone en evidencia estas diferencias en varios partes, e inclusive deja entreveer que el Chacho ese día ya se hallaba muerto, habiendo sido asesinado unos días antes; a todo esto hay que agregarle que este asesinato, combate, o como quiera llamarsele fue narrado por Domingo Faustino Sarmiento, un hombre rápido con la pluma, y que como ya dije mostró la hilacha en su libro Facundo, que según sus dichos “un libro plagado de mentiras a veces a designo, pero es así como se hace historia”.-
Y si Ponemos Nuestros himnos ???
Imno Nacional argentino:
Letra:
La letra original de 1813 es mucho más larga, pero desde 1900 la versión oficial es la abreviada de este modo:
Oíd Mortales, el grito sagrado:
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
¡Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved del trono a la noble Igualdad!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud,
y los libres del mundo responden
¡Al gran Pueblo Argentino salud!
Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
Himno al San martin: no pude encontrar la historia
Himno al Libertador Gral. San Martín
Música: Arturo Luzzatt
Letra: Segundo M. Argarañaz
Yergue el Ande su cumbre más alta,
dé la mar el metal de su voz,
y entre cielos y nieves eternas
se alce el trono del Libertador.
Suenen claras trompetas de gloria
y levanten un himno triunfal,
que la luz de la historia agiganta
la figura del Gran Capitán.
¡ Padre augusto del pueblo argentino,
héroe magno de la libertad !
A su sombra la Patria se agranda
en virtud, en trabajo y en paz.
¡ San Martín ! ¡ San Martín ! Que tu nombre,
honra y prez de los pueblos del Sur,
asegure por siempre los rumbos
de la Patria que alumbra tu luz.
De las tierras del Plata a Mendoza,
de Santiago a la Lima gentil,
fue sembrando en la ruta laureles
a su paso triunfal San Martín.
San Martín, el señor en la guerra,
por secreto designio de Dios,
grande fue cuando el sol lo alumbraba,
y más grande en la puesta del Sol.
himno a Sarmiento:
Letra:
Fue la lucha tu vida y tu elemento;
la fatiga, tu descanso y calma;
la niñez, tu ilusión y tu contento,
la que al darle el saber le diste el alma.
Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tú luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
En su pecho, la niñez, de amor un templo
te ha levantado, y en él sigues viviendo.
Y al latir su corazón va repitiendo:
¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!
¡Honor y gratitud, y gratitud!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par
para el grande entre los grandes
Padre del aula, Sarmiento inmortal!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!
Viva la patria!!!!
Bamos Argentina!!!!