La Tendencia Revolucionaria estaba conformada por distintas agrupaciones identificadas con el peronismo revolucionario y el socialismo nacional como proyecto político: la Juventud Peronista Regionales (JPR); el Movimiento Villero Peronista (MVP); la Juventud Universitaria Peronista (JUP); la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP); la Unión de Estudiantes Secundarios (UES); y el Movimiento de Inquilinos Peronistas (MIP) -todas ellas organizaciones de superficie de Montoneros-, junto con otras agrupaciones menores como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y el Peronismo de Base (PB). Más allá de conformar una estructura de acción política, la Tendencia encarnó un conjunto de expectativas sociales que concitaron adhesiones desde distintos sectores, básicamente identificados con el peronismo.
Cronología de un derrumbe. Los hechos de 1974
En solo unos meses se derrumbaron todos los espacios políticos de poder que ocupaba la Tendencia Revolucionaria del peronismo. La renuncia de Cámpora inicia el repliegue inevitable, pero es en 1974 cuando ese repliegue se convierte en práctica disolución de una heterogénea corriente interna que supo atravesar al Movimiento Peronista con un discurso innovador y revolucionario, que había generado espacios multitudinarios de participación y que incluso pudo disputar porciones de poder al sindicalismo y el peronismo ortodoxo.
El 19 de enero de de 1974 el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores, ataca un cuartel militar en la localidad de Azul. El gobierno aprovecha la coyuntura y lanza una ofensiva general contra todos los funcionarios vinculados a la Tendencia Revolucionaria.
24 de enero de 1974: Entrevista de un grupo de diputados de la Tendencia con Perón en la Residencia de Olivos. Los diputados se oponían a dos artículos (referidos a la asociación ilícita).de la reforma al Código Penal propuesta por el Ejecutivo. Temían que fuera un artilugio legal para perseguir a las organizaciones armadas. Perón los conmina a abandonar el bloque: "El que no está de acuerdo se va". Ocho diputados nacionales de la Juventud Peronista renuncian a sus bancas, entre ellos Carlos Kunkel, Roberto Vidaña, Aníbal Iturrieta, Armando Croatto y Rodolfo Vittar. Desdpués de sancionada la ley el Consejo Superior Peronista expulsó del Partido Justicialista a los diputados renunciantes.
Es desplazado el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain (nacido, casualmente, en la ciudad de Azul, sede de la guarnición militar atacada por el ERP el 19 de enero de 1974), a quien el presidente Perón acusa directamente de "connivencia con la subversión". Es reemplazado por el vicegobernador Victorio Calabró, hombre de derecha apoyado por el sindicalismo ortodoxo, el empresariado (entonces llamado "la patronal) y la cúpula de la Iglesia católica.
En la Provincia de Córdoba, un mini-golpe de Estado a escala provincial conocido como "Navarrazo" (una insurrección de la policía provincial dirigida por el teniente coronel Navarro, con apoyo de la burocracia sindical, sectores militares, eclesiásticos y grupos nacionalistas de derecha), termina con el gobierno popular de Ricardo Obregón Cano y Atilio López entre la resignación generalizada de la población civil. Los sindicatos clasistas y combativos de Córdoba, (SMATA de René Salamanca y Luz y Fuerza de Agustín Tosco) no pueden evitar la caída del gobierno provincial. El mini golpe es avalado explícitamente por el gobierno nacional, quien envía una intervención para blanquear técnicamente la destitución del legítimo gobierno.
En Mendoza el gobernador Alberto Martínez Baca es forzado a abandonar su cargo.
Se consolida el poder de la derecha peronista: el comisario Alberto Villar se convierte en jefe de la Policía Federal y Luis Margaride asume al frente de la Superintendencia de Seguridad.
Se define tajantemente la "subversión" (figura no definida en el código penal) como el enemigo principal. Desde los inicios como Nación, pero especialmente en los gobiernos militares -acrecentándose durante la revolución fusiladora y Onganía- el término era sacado convenientemente de la galera discursiva militar, encuadrándolo en difusos señalamientos de "comunismo internacional", "comunismo apátrida", "marxismo foráneo", "enemigo interno" (Plan Conintes), etc. Ya la dictadura de Uriburu en 1930 lo había usado en la persecusión de anarquistas. Pero en su acepción cruda y orientada a la demonización específica de los actores armados (sobre todo ERP y Montoneros) el término paradigmático se consolida en el imaginario social en este período. La sociedad civil aceptó y acató este discurso hasta bien entrada la democracia (1983); por otro lado los grandes medios de comunicación prohijaron y/o colaboraron al asentamiento de la teoría de los dos demonios, aludiendo a una "subversión de izquierda" y otra "de derecha".
Se afianza la estructura organizativa y se incrementa el accionar de la banda criminal Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Dirigentes sindicales combativos, abogados defensores de presos políticos y militantes de organizaciones de izquierda, que incluso no solo no apoyaban sino que denostaban ideológicamente la lucha armada, son víctimas del terrorismo paraestatal ejercido por esta organización clandestina, creada a fines de 1973 y dirigida por José López Rega, ministro de Bienestar Social inamovible desde Cámpora a Isabel. El primer atentado de la Triple A se produjo el 21 de noviembre de 1973 cuando hicieron volar el auto del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, que salvó milagrosamente su vida, aunque sufrió severas consecuencias. A partir de allí, en pleno gobierno peronista (Perón hasta su muerte y luego Isabel) y hasta el golpe de marzo de 1976, la Triple A mató -entre otros- a Silvio Frondizi, hermano del ex presidente Arturo; Julio Troxler; Alfredo Curutchet; Rodolfo Ortega Peña; Atilio López y la bebé de 4 meses de Raúl Laguzzi. La CONADEP, puesta en marcha por el gobierno de Raúl Alfonsín, probó la intervención de la Triple A en 19 homicidios en 1973, 50 en 1974 y 359 en 1975. La dictadura genocida llevaría esta progresión al infinito.
Acto del 1º de Mayo: Momento álgido en el enfrentamiento entre Perón y la Tendencia Revolucionaria. Aunque es muy difícil erradicar del imaginario social la alusión a la "expulsión", la descalificación hacia los díscolos "imberbes" provoca que una tercera parte de la concurrencia abandone masivamente el acto convocado en Plaza de Mayo. (Ver discurso y video).
El 11 de mayo Carlos Mugica es asesinado por la Triple A cuando salía de oficiar misa.
El 1º de julio, a poco de iniciar su tercera presidencia, muere Juan Domingo Perón. Lo sucede María Estela Martínez de Perón. Se profundiza el proceso de desplazamiento de los sectores combativos del peronismo de los diferentes espacios institucionales que aún cubrían. López Rega se convierte en el hombre fuerte del gobierno. En agosto el ministro de Educación Taina es reemplazado por el derechista Oscar Ivanissevich. En la Universidad de Buenos Aires es designado como rector Alberto Ottalagano, del mismo signo ideológico que el anterior. Las organizaciones
estudiantiles comienzan a replegarse.
En septiembre la organización Montoneros pasa a la clandestinidad. El ERP instala una compañía de combate en los montes tucumanos.
En solo un año, 1974, la Tendencia Revolucionara perdió prácticamente todos los espacios de poder político que, obviamente, no le interesaban en absoluto. Mucha sangre, muchos muertos fueron necesarios para llegar al convencimiento que las instituciones del Estado de derecho y la democracia representativa son valores y espacios dignos de ocuparse y preservarse. En ese sentido la sangrienta bisagra del 76 cerró abruptamente un extenso período histórico (1930-1976) donde la alternancia entre gobiernos civiles y militares era considerada como natural y hasta necesaria, y los golpes militares como un simple trámite administrativo que la sociedad civil debía resignarse a soportar. La institucionalidad y la democracia lograron cristalizarse como valor solo después de un intenso y prolongado baño de sangre.
Legisladores y gobernadores de la Tendencia
En el terreno legislativo, la Tendencia contaría con ocho legisladores sobre una cámara de Diputados compuestas por 145 representantes del FREJULI: Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muñiz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar. Se calculaba que los funcionarios de la Tendencia en los gobiernos provinciales y las legislaturas locales llegarían a cincuenta. Además, estaban ligados a las gobernaciones de Oscar Bidegain en la provicia de Buenos Aires, a Jorge Cepernic en Santa Cruz; a Ricardo Obregón Cano en Córdoba; a Miguel Ragone en Salta y a Alberto Martínez Baca en Mendoza (en la imagen en este orden, de izquierda a derecha)
Los cinco gobernadores y las alternativas de la destitución
Buenos Aires - Oscar Bidegain (renuncia inducida por el presidente Perón después de los hechos de enero de 1974) 23/01/74
Córdoba - Ricardo Obregón Cano-Hipólito Atilio López (ambos destituidos por un golpe de Estado provincial (Navarrazo) y posterior intervención federal) 02/03/74
Mendoza - Alberto Martínez Baca. El junio de 1974 se le inició juicio político y posteriormente fue destituido por la Legislatura, lo sucedió el vicegobernador Carlos Mendoza hasta que la provincia fue finalmente intervenida en agosto de 1974.
Santa Cruz - Jorge Cepernic. Detenido despues del golpe de Estado y encarcelado sin causa por la dictadura durante 5 años en el penal de Magdalena.
Salta - Miguel Ragone. Decreto de intervención firmado por el Ministro del Interior, Alberto Rocamora, el 23/11/74. Ragone fue desparecido el 11/03/76.
"¡Perón, Mazorca, los zurdos a la horca!"
La disputa por el poder en la provincia de Mendoza - La Lucha por el control de los Ministerios
Las relaciones de fuerzas después del 25 de mayo de 1973 se concentraron en la lucha por el control de los ministerios del Poder Ejecutivo. La legislatura era controlada por el sector político y sindical más ortodoxo, y sólo le correspondió a la JP un 25% de bancas. Con la legislatura en las manos, los sectores políticos y sindicales se unificaron para disputar los principales ministerios, cuestionando a los ministros designados.
Días antes de la asunción del Gobernador, los principales dirigentes sindicales le presentaron una lista de 19 personas que no debían formar parte del gobierno por ser sospechosos de marxismo y trotskismo, que podían "originar una situación de descontento y desconfianza" en los sectores gremiales. No obstante ello, el gabinete conformado por Martínez Baca distó de respetar las exigencias del sindicalismo. Por el contrario, incluyó a militantes de la Juventud Peronista y a personas vetadas por los sindicalistas.
Desde el 13 de julio, con la renuncia del Presidente Cámpora, Mendoza pasó a integrar la lista de las provincias cuestionadas. Desde entonces, la ofensiva lanzada por el sindicalismo local entró en una segunda etapa, profundizando el quiebre de relaciones entre el Gobernador y el Vice, este último acompañado por el sindicalismo, la estructura partidaria, diputados, concejales e Intendentes. Los emplazamientos al gobernador tuvieron un carácter cada vez más amenazante hasta el mes de noviembre, en que el mismo Perón intervino para sugerir cambios conciliatorios.
Con las instrucciones a los gobernadores a través de la "orden reservada" impartida por el Consejo Superior (1/10/74), por la cual se anunciaba el inicio de una guerra contra los elementos infiltrados en el movimiento, el sindicalismo mendocino contó con la herramienta necesaria para exigir la definitiva reestructuración del gabinete. Se aliaron en esta lucha el presidente provisional de la Cámara de Senadores y dirigente sindical Edgardo Boris, el Presidente de la Suprema de Justicia, y varios legisladores provinciales del peronismo quienes manifestaron la necesidad de que en Mendoza comenzara a gobernar el justicialismo.
En esta línea de acción, el Congreso Justicialista emplazó al Gobernador para que en 72 hs. procediera a modificar su gabinete y al equipo de colaboradores más inmediatos.
El Gobernador desconoció las exigencias advirtiendo que no se sometería al "capricho de ningún grupo o sector" y "los que dicen que hay marxismo, tendrían que señalármelos con nombre y apellido". El 22 de octubre estalló una bomba en el despacho privado del Gobernador y como muestra de apoyo la Juventud organizó un acto para defender al gobierno con la adhesión de 26 gremios.
La renuncia del Secretario General de la Gobernación, Horacio Martínez Baca –hijo del Gobernador-, la aceptación de las renuncias de cinco de los seis miembros de su gabinete, y la disposición de Martínez Baca para formar una "comisión mediadora" integrada por dirigentes y autoridades partidarias para constituir un nuevo gabinete, fueron los primeros pasos que se dieron a fin de encontrar una salida política a la crisis interna del peronismo local.
Sin embargo, la asunción de los nuevos ministros (2/11/73) fue nuevamente cuestionada por una Comisión del PJ, al extremos de acusar a Martínez Baca de inconducta, indisciplina, violación de los principios y de las resoluciones de los organismo partidarios".
Desde Buenos Aires, Benito Llambí, Ministro del Interior de la Nación, y José Martiarena, Secretario General del CSMNJ, exigieron resolver la situación y realizar un cambio completo de gabinete. El 6 de noviembre, nombró nuevos funcionarios del equipo gubernamental, del cual resultaron desplazados los ministros cuestionados, y con ellos, la JP perdió todos sus puestos en el gobierno provincial.
De la distensión al Juicio político
El pleito entre la CGT y el justicialismo mendocino con el gobernador encontró un principio de solución cuando el sector gremial dejó en libertad a Martínez Baca para cubrir el cargo del ministerio de Bienestar Social. Si bien se trató de una tregua, esto duró escasos días. Los nuevos objetivos ya no se concentraron solamente en cuestionar a los colaborados, sino, más aún, lograr la destitución del gobernador.
En los primeros días del mes de febrero de 1974 se realizó una asamblea a la que se llamó "Cabildo Abierto", una reunión plenaria convocada por E. Cardozo. Bajo el lema "¡Perón, Mazorca, los zurdos a la horca!", se presentó el proyecto por el que se exigía la separación de todos los funcionarios del Estado provincial que hubiesen sido cuestionados o identificados como infiltrados ideológicos por actuar al servicio del proyecto político de la autodenominada "Tendencia Revolucionaria", la renuncia a las bancas de todo legislador o concejal sancionado por el partido y exhortar a los ministros del Poder Ejecutivo a renunciar a sus cargos.
A fines de febrero, Martínez Baca se reunió con Llambí y E. Cardozo (interventor del PJ) . Allí establecieron las bases para la solución del conflicto. Una de las cláusulas fue la eliminación del Cabildo Peronista. A su vez los mismos ministros debían realizar la depuración en sus propias carteras ministeriales, en consulta con el Consejo Provincial del movimiento. Es decir, la permanencia de Martínez Baca en el poder estuvo condicionada al alejamiento de todos sus principales colaboradores, a través de una operación de depuración ideológica intra-peronista e intra-gobierno. A principios de abril, la legislatura decidió dar el paso definitivo e impulsó el juicio político. Las argumentaciones se originaron a raíz de las investigaciones que el Senado hizo de la operaciones de la bodega estatal GIOL, en la cual se involucró al gobernador y a su hijo. El dictamen de la comisión del juicio político fue aprobado por mayoría, con el voto de radicales y demócratas.
El gobernador dirigió un último mensaje en ocasión del aniversario del 25 de mayo en el que formuló un enérgico llamado a la pacificación y unión de los sectores políticos "en contra de los enemigos comunes" exhortando enfáticamente: "¡Basta de invocar al General Perón falsamente!, ¡Basta de hacerse las víctimas y traten todos de cumplir con su deber!". 17 Días después fue suspendido y se hizo cargo del Poder Ejecutivo el vicegobernador, Carlos Mendoza.
Por cierto, la lucha política intraperonista se concentró en los cargos del Poder Ejecutivo, ya que prácticamente la legislatura era controlada por el sector sindical y político opositor al Gobernador. Martínez Baca contaba con el apoyo de la JP, algunos legisladores, 4 de los 18 intendentes, y unos pocos gremios; Carlos Mendoza, logró reunir en torno suyo la adhesión de las autoridades de la CGT, la mayoría de los legisladores, la estructura partidaria, intendentes y gran parte del gremialismo mendocino. Frente a este cuadro de situación ¿por qué la resolución del conflicto mendocino no concluyó con la intervención federal inmediata tal como lo solicitaban los sectores opositores, y en cambio, esta se demoró hasta agosto de 1974? Las alternativas para pensar una respuesta pueden ser las siguientes: -Martínez Baca tenía el respaldo del Secretario de la Presidencia, Vicente Solano Lima, quien le había aconsejado que se desprendiera de algunos de sus colaboradores para poder mantener su línea política.
-Igualmente, el Gobernador no era identificado como representante excluyente de la Tendencia Revolucionaria, ya que, en forma reiterada, diferentes sectores le exigían solamente la re-estructuración del gabinete.
*Los funcionarios cuestionados fueron: Ministro de Gobierno, Eduardo Zannoni, Cultura y Educación, Francisco Reig, Subsecretario de Gobierno y Municipalidades, Juan Carlos Cerutti, Secretaría General de la Gobernación, Horacio Martínez Baca, Secretaría Privada de la Gobernación, Hugo Mantovani, entre otros.
El gobierno de Perón
El General Perón llegaba al poder en el marco de una holgada victoria electoral,(257) en un contexto dificultoso, tal como comentáramos en páginas precedentes. El Pacto Social encontraría graves pujas de poder y Perón, pese a garantizar la unidad entre adversarios durante un tiempo, estaría lejos de ser garantía del orden político nacional. Los reclamos por aumento de precios de la CGE mostrarían a la burguesía argentina, con actitudes similares a las tomadas frente al segundo gobierno justicialista y los Congresos de la Productividad, que el modelo distribucionista del peronismo era cuestionado. La burguesía argentina, repitiendo un rasgo típico de los capitalistas del Tercermundo, preferiría ante las amenazas de los sindicatos, pactar con los militares y el capital trasnacional contra la CGT.
A costa de no claudicar parte de la rentabilidad de sus ganancias, la burguesía nacional sería su propia asesina, tal como quedaría expresado a través las medidas implementadas con posterioridad a la caída de Perón y con las políticas económicas de período que va de 1976 a 1990. Ahora bien, no todos los aumentos de precios eran simplemente parte de un cómodo acuerdo político, sino que expresarían además, los virajes de la economía internacional y el consecuente aumento de los insumos importados. El cuello de botella de la economía mundial, el aumento del precio del petróleo y el cierre del mercado europeo a la carne argentina, marcarían la imposibilidad de reconstruir el frente de 1945 y el pronóstico augurado por Cooke en los años anteriores, aparecería como una revelación a los ojos del tercer peronismo. Ahora bien, a diferencia de los planteos de Cooke, no estarían dadas las condiciones políticas y organizativas de los sectores populares para llevar la revolución hacia la izquierda y el gigante invertebrado no abandonaría su condición de ser el hecho maldito del país burgués: jamás sería su superación. La disputa contra los ajustes del imperialismo y la avanzada de la reacción interna, no atarían el destino de la Argentina al bloque Tercerista, ni la conducirían hacia el socialismo nacional como suponía Cooke, sino que los sectores dominantes terminarían aplastando la organización popular y situando a nuestro país como títere del bloque de los aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
La CGT podría acompañar las críticas de Perón y el sector lopezreguista a la Tendencia y a los programas de la izquierda peronista, pero dada su condición de ser representante gremial de los intereses de los trabajadores, bajar las banderas de la lucha en manos de los empresarios y de la derecha del Movimiento, le quitaría espacio en la arena política y perdería con eso su legitimidad ante los trabajadores. Estos últimos, pese a no acompañar el programa socialista de la Tendencia, no estarían dispuestos a modificar sus condiciones de vida producto de varias décadas de lucha. Ante los aumentos de precios, las huelgas y la disputa sindical contra la patronal, estarían al pie del cañón. Pese a estas internas entre la CGT, la CGE y la Tendencia, el verdadero enemigo del pueblo estaría al acecho y sería el garante de que los conflictos dentro del frente nacional se resolvieran sobre la espalda de los trabajadores, sobre la estructura de la industria y a través del quiebre de la cultura nacional. Las multinacionales, el capital financiero, los terratenientes y los importadores, serán los grandes operadores del imperialismo en tierras del sur americano.
Contra el imperialismo económico a la vuelta de la esquina, el peronismo desarrollaría el programa de la independencia económica. La política económica del tercer peronismo sería nacional, industrial, popular y antiimperialista como en sus dos primeros gobiernos y esta vez, estaría en manos del ex delegado de la CGE, José Ber Gelbard, lo mismo que durante el período de Cámpora y de Lastiri. El rumbo de la economía sería uno de los puntos inmodificables del tercer gobierno peronista y se mantendría inquebrantable mientras el General permaneció con vida. La fórmula económica del tercer gobierno, sería similar a la primera presidencia en lo que respecta al rol que deberían jugar los terratenientes: como proveedores de los alimentos a buen precio para mantener bajo el costo del salario de la industria y como dotadores de divisas para la importación de maquinaria industrial. Para garantizar este último punto y de manera similar al Segundo Plan Quinquenal, Gelbard intentaría que el campo aumentara la productividad. La fórmula esta vez, estaría dada por la expansión de la explotación de tierras más allá del corazón de la Sociedad Rural Argentina centrado en la Pampa Húmeda: un proyecto de una nueva Ley Agraria establecía un impuesto a la renta potencial de la tierra. El proyecto nunca dejaría de ser tal y la ley no sería sancionada en el Parlamento. Este esquema de proyecto de ley se complementaría con un sistema de retenciones a las exportaciones. La hegemonía de los programas de la CGE sobre las multinacionales y el capital financiero, obligaría a la banca a ponerse al servicio de la producción nacional bajo la tutela del Estado, que con estas medidas, intentaría cerrar el grifo de la especulación financiera. Se nacionalizarían los depósitos bancarios y se generarían líneas de crédito especiales para la industria nacional.
Los gobiernos del lobby de las grandes multinacionales y los banqueros extranjeros, base del endeudamiento y el derroche del trabajo nacional expresado en fuga de capitales y especulación financiera, tendrían un tope con el gobierno popular. Las multinacionales verían reducido su espacio en la mesa de toma de decisiones del Ministerio de Economía, tal 259 como habían sido tiempo atrás beneficiadas por Vasena. Con ello, las empresas extranjeras perderían el privilegio de tener la prioridad para acceder al ahorro nacional y a los créditos de los organismos internacionales y deberían someterse a la regulación bancaria, a la ley de precios máximos y al tutelaje del Estado nacional y popular.
Enfrentamiento entre Perón y la Tendencia
Perón regresaría al país para ocupar el lugar de Cámpora, pero esta vez y a diferencia de la coyuntura del desembarco del "Tío", no sería necesario hacerlo a través de las Formaciones Especiales, ni de la lucha armada, sino que el método sería el clásico: elecciones y reconstrucción del movimiento nacional pautado bajo el mando del líder, en pos de reconstruir el programa de la Comunidad Organizada. La izquierda peronista debería sumarse al esquema frentista en los términos planteados por Perón o en su defecto, como mostró la dinámica de la política nacional, la disputa dentro del Movimiento llevaría a que el General moviera el péndulo hacia la derecha: en un marco de desconfianza hacia los militares, la derecha política del tercer peronismo sería ocupada por grupos clandestinos y por sectores de la Policía Federal manejada por el equipo de López Rega, nombrado por Perón. Villar, Osinde y López Rega operarían haciendo uso de la violencia terrorista sobre la Tendencia. Más que organizar el terrorismo de las tres A, Perón se relacionaría con ellas dándole su aprobación con la omisión a los reclamos de los familiares de los caídos. Los actos de terrorismo de las AAA para desarticular a la izquierda del Movimiento, serían acompañados, además, por una táctica de desplazamiento político de dirigentes de la Tendencia, ante la mirada y la boca muda de Perón. La historia argentina en un juego circular de repeticiones regresaría sangrientamente: en su momento, Perón no intervendría ni pondría freno al pedido de Lanusse de terminar con la violencia y la acción de las Formaciones Especiales sobre los objetivos militares y tampoco lo haría esta vez y a sugerencia de la Tendencia, para terminar con la violencia de la AAA. El General, sería nuevamente el árbitro de la partida, pero a diferencia de 1971, en este juego de guerra de posiciones, el viento soplaría y llevaría la pólvora hacia la derecha de la política nacional.
Con anterioridad a la llegada de Perón al país, éste ya había tenido sus primeros desencuentros con la Tendencia tal como comentamos precedentemente, en su encuentro con FAR-Montoneros. Asimismo, quedarían formulados en la decisión de Perón de situar a la juventud en el diseño de la Comunidad Organizada o en su defecto, dejarla relegada del esquema de toma de decisiones del Movimiento: Perón desde Puerta de Hierro y ante la llegada de comentarios sobre el intento de Galimberti de formar milicias armadas, destituiría al representante de la Juventud Peronista del Consejo Superior Justicialista. Este castigo al "exceso" del representante de la Tendencia, sería visto con buenos ojos por los militares argentinos y por los sectores sindicales y del Partido Justicialista. El peronismo sería peronista o no sería nada, indicaría el General, mientras caían los dirigentes de la JP.
Posteriormente, bajo la conducción de Perón en la Argentina, se reuniría el Congreso General Justicialista, que a diferencia del período camporista, no contaría con la "Rama Juvenil" expulsada del Partido en junio de 1974. En este marco, la Tendencia agudizaría la disputa con Perón en una contienda política que terminaría en un suma cero para el movimiento popular de nuestro país, ante el avance de la derecha y del capital trasnacional.
La violencia de las Formaciones Especiales y el llamado de Perón al desarme
Las Formaciones Especiales tendrían una función clara hasta el año 1973, que marca el regreso del General Perón al país luego de 18 años de lucha. A partir de aquí, se abriría para las organizaciones populares y para el pueblo argentino, una etapa política signada por la ausencia de proscripciones. Sería el momento de desarrollar la inserción política de las masas: éste fue el mensaje de Perón a la juventud, en su llamado a abandonar la lucha armada y a reconstruir la Comunidad Organizada y el capitalismo nacional. Para muchas organizaciones, el proyecto de Perón estaría lejos de su programa y expectativas: ya sea el de Socialismo Nacional de Montoneros o el de Socialismo Marxista del PRT-ERP. Ahora bien, pese a las diferencias de proyectos, lo que muchas organizaciones de la Tendencia y la izquierda marxista no supieron ver, fue que tras años de lucha, se daban las condiciones irrepetibles hasta el día de la fecha, para construir una política en los frentes de masas. Esta política sería la única posibilidad para garantizar el triunfo popular en una sociedad atravesada por instituciones formadoras de subjetividad y artífices de la colonización pedagógica: partidos, prensa, Iglesias, sindicatos, fundaciones y universidades. La disputa por la hegemonía en una sociedad como la nuestra, estaría y está dada aún, por la capacidad de las organizaciones de llevar adelante un proyecto sobre las instituciones formadoras de ideología y de los programas de gobierno. Esta actividad implicaba superar la mera disputa en el terreno militar y las acciones ejemplificadoras como elementos de concientización. Al militarizar la disputa política, los sectores de la Tendencia y de la izquierda marxista, permitieron al enemigo jugar en un terreno en el cual tenía claras ventajas comparativas.
Muchas organizaciones no estarían dispuestas a desensillar la marcha para abandonar la disputa militar y construir política desde el llano: el ERP el 25 de marzo de 1973 tomaría las instalaciones de Atucha, en abril del mismo año secuestraría al Almirante Francisco 261 Aleman, en septiembre de 1973 asaltaría el Comando de Sanidad del Ejército, en enero de 1974, atacaría el Regimiento X Húsares de Pueyrredón en Azul, una fábrica de explosivos en Córdoba, entre otras acciones. Los Montoneros entendieron la importancia de la llegada del gobierno popular y la oportunidad irrepetible que se abría para construir un frente de masas y por breve período de tiempo, abandonaron la lucha armada y se sumaron a la campaña del General Perón. No fue la misma actitud que tendría el ERP y las FAP que seguirían generando operativos militares enfrentando a Perón y con eso y pese a sus intenciones, separando a las masas de los grupos guerrilleros. El uso de la violencia política tras 1973 con el regreso del gobierno popular al poder, a diferencia de lo que suponían las organizaciones armadas, tendría un significado diferente para los obreros. La guerrilla transitaba hacia al lugar en donde las FFAA armadas demostrarían ser más efectivas y en el plano del enfrentamiento directo, el pueblo no se movilizaría para respaldar a los combatientes populares. En el plano militar y a lo largo del desarrollo de la lucha guerrillera en Argentina, las posibilidades de derrotar a los ejércitos regulares serían ilusorias y ante el alejamiento de las masas, los guerrilleros serían diezmados por el aparato represivo, primero parapolicial y luego, militar de la dictadura de 1976.
Al margen de contar con la presencia de Perón en el país luego de 18 años de resistencia obrera y de protagonismo juvenil, el llamado a la tregua para bajar las armas e iniciar el tiempo de la política de masas hecho por el General, no se cumplió. Esta medida fue desconocida no sólo por la izquierda marxista, sino además, por sectores de la Tendencia y por las Formaciones Especiales: el 25 de septiembre de 1973 Rucci, Secretario General de la CGT y uno de los pilares del Pacto Social y del tercer gobierno de Perón, fue ejecutado.
Aunque no declarado públicamente por la Tendencia, Perón se lo adjudicaría a Montoneros y, con posterioridad al hecho difundiría en la conducción del Movimiento un "Documento Reservado" en donde declararía la guerra a la subversión marxista y a los infiltrados en el Movimiento. En esta línea de militarización de la disputa política dentro del Movimiento morirían el 22 de marzo, Rogelio Coria, ex dirigente de la UOCRA; el 1º de julio de 1974 Félix Navarro, guardaespaldas de la UOCRA; el 15 de julio de 1974 Arturo Mor Roig, Ministro del Interior de Lanusse, el 17 de julio de 1974, David Kraiselburd, propietario del diario El Día.258 Ante la imposibilidad en el mediano plazo de garantizar el cese del fuego, tanto del ERP, como de Montoneros o de las FAP, Perón reforzaría la legislación para reprimir a "los infiltrados del Movimiento" y en enero de 1974, sancionaría una reforma del 262 Código Penal que castigaba duramente las actividades guerrilleras y la tenencia de armas. El debate sobre la aprobación de esta reforma terminó con la renuncia de los ocho Diputados de la izquierda peronista el 24 de enero de 1974. Detrás de las acciones guerrilleras caerían los políticos de la Tendencia, generando el pretexto necesario y dando lugar, al avance de la derecha bajo la aprobación de Perón: detrás de Rucci se irían los diputados peronistas de la Tendencia; detrás del copamiento del Regimiento en Azul, sería destituido Bidegain de la gobernación de Buenos Aires y la lista es extensa. El enfrentamiento entre Perón y la juventud tendría su corolario en la conmemoración del 1º de mayo de 1974. En esta fecha, pese a la prohibición por parte del General, la inmensa columna de la Tendencia ingresaría a la plaza tras las banderas de Montoneros y de la JP. Las provocaciones de la juventud hacia el resto del Movimiento no se harían esperar y las columnas de la Tendencia ingresarían a la plaza entonando los cánticos "Si Evita viviera, sería Montonera", "No queremos carnaval, Asamblea popular", "¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?" El desafío al sindicalismo y a las corrientes de centro del Movimiento, implicaría una ofensa y un enfrentamiento con las decisiones de Perón, que abandonaría su posición conciliadora típica de la Comunidad Organizada e increparía duramente a la Tendencia, caratulando de imberbes e infiltrados a sus componentes. La extensa columna de Montoneros se retiraría de la plaza cantando "Rucci traidor, saludos a Vandor" y detrás de ellos, gran cantidad de militantes llevarían su desasosiego hacia las afueras de la Plaza y lo que sería aun más grave, más tarde, hacia los márgenes del Movimiento Justicialista.
Perón moriría el 1º de julio de 1974 y la hegemonía del sector lopezreguista se haría sentir por algún tiempo desde la acción de las AAA, CNU y el Comando de Organización.
El enfrentamiento directo de la juventud al gobierno de Isabel, la militarización de Montoneros y su pase a la clandestinidad, estarían a la vuelta de la esquina y tendrían fuerte repercusión sobre el programa de la universidad.
La Universidad
"La universidad representa todavía al colonialismo, pero ya el estudiantado pertenece al país." Juan José Hernández Arregui (259).
La denominada "universidad peronista" a la cual nos vamos a circunscribir en este apartado, refiere al período iniciado por la intervención el 29 de mayo del año 1973 que se extiende hasta el 17 de septiembre del año 1974. En ese período se desempeñaron como Rectores interventores de la UBA, Rodolfo Puiggrós, Alberto Banfi, Ernesto Villanueva, Vicente Solano Lima y Raúl Laguzzi. El Ministro de Educación durante este breve proceso sería el Dr. Jorge Taiana. En el contexto de la llegada de Cámpora al gobierno, la universidad, como la sociedad en su conjunto, era un hervidero político. Como consecuencia de las sucesivas intervenciones militares, que habían disuelto gobiernos, reprimido a estudiantes, expulsado docentes y reformado planes de estudio, los movimientos estudiantiles habían crecido enormemente al calor de la lucha y tomaban las riendas de la batalla política e ideológica en el interior de la institución. Amplias franjas de estudiantes y de docentes avanzaban hacia una visión nacional y popular de la realidad argentina, lo cual encontraría una férrea oposición en gran parte de las autoridades de una universidad ligada al país de los años que van de 1955 a 1973. La nacionalización de la universidad implicaba la reformulación y la crítica de la historia oficial, tanto de derechas, como de izquierdas. Las historias de sangre y luchas de nuestro país estaban latentes y formaban parte de los debates por la liberación nacional. Comenzaba a comprenderse que la lucha de clases en Argentina debía mirarse desde la óptica nacional y que, en nuestra condición de país latinoamericano del Tercer mundo, la confrontación implicaba una batalla entre el programa de liberación y el esquema histórico de la dependencia. Resulta importante reforzar la idea de que hacia 1973, la universidad sería uno de los pocos terrenos que Montoneros ocuparía sin discusión en el reparto de los espacios de influencia en el Estado. Además, la JUP en estrecha relación con Montoneros, había ganado nueve de los trece centros de estudiantes de la UBA, hecho que nunca volvió a repetirse en la historia argentina. La relación de la Tendencia con múltiples funcionarios universitarios era estrecha. Por ejemplo, el rector de la Universidad sería Rodolfo Puiggrós,260 historiador que había militado en el Partido Comunista hasta mediados de 1940, cuando se pasó al incipiente peronismo y que hacia 1970, será apoyado por la Tendencia. En el plano ideológico, Puiggrós perteneció a las nuevas corrientes de intelectuales que empezaron a concebir la escritura de la historia desde un revisionismo nacionalista vinculado con el marxismo. Las modificaciones de la universidad no eran únicamente propias de la UBA, sino que formaban parte de un proceso nacional. Por ejemplo y por citar un caso, en la Universidad de La Plata, sería nombrado Rector Rodolfo Agoglia, peronista de la primera época, que ya había sido Decano de la Facultad de Humanidades en los períodos 1953-55 y 1969-70; y en la Universidad del Sur, sería designado Víctor Bennano, antiguo miembro de la vieja Confederación General Universitaria(261). El equipo de conducción de la UBA en este período quedó establecido de la siguiente forma (262):
Secretario General: Ernesto Villanueva.
Secretario de Planeamiento: Jorge Carpio.
Secretario de Asuntos Académicos y Estudiantiles: Leonardo Rabinovich.
Secretaría Operativa: Fidel Albertoni.
Decanos: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales: Mario Kestelboim.
Facultad de Medicina: Mario Testa; 5/74 Ricardo Saiegh.
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales: Miguel A. Virasoro; 12/73 Roberto Lugo; 04/74 Manuel Sadosky; 4/74 Gustavo Dussel.
Facultad de Filosofía y Letras: Justino O´Farrell; 4/74 Adriana Puiggrós.
Facultad de Agronomía: Horacio Pericoli.
Facultad de Veterinaria: Francisco Rossi; 4/74 Hugo Olais.
Facultad de Ciencias Económicas: Oscar Sbarra Mitre.
Facultad de Odontología: Alberto Banfi; 12/73 Manuel Rey Millares.
Facultad de Arquitectura: Alfredo Ibarlucía.
Facultad de Ingeniería: Enrique Martínez: 4/74 Jorge Roullet.
Facultad de Farmacia: Marcelo Cereijido; 8/73 Raúl Laguzzi.
Los Directores de Carreras de la UBA también estarían estrechamente ligados a la Tendencia, entre ellos y por citar algunos, en Historia se encontraba Rodolfo Ortega Peña, en Sociología, Pablo Franco y en Letras, Francisco Urondo. El hecho de que gran parte de las autoridades perteneciera a los sectores más dinámicos del peronismo, dio lugar para la implementación de nuevos esquemas de intervención pedagógica y permitió el desarrollo de otro tipo de vinculación de la universidad con la sociedad circundante. La gran cantidad de experiencias políticas previas, tanto docentes, como estudiantiles, que comentamos en los capítulos anteriores, oficiarían como marco conceptual para transformar la universidad.
Reiteramos también, que en 1973 la JUP había resultado vencedora en las elecciones tras décadas de proscripción peronista. El marco universitario general de operaciones de la JUP contaría con los niveles de participación estudiantil más altos que haya conocido la universidad, que durante el período de referencia, perduraría en un estado "virtual de asamblea permanente." En este contexto, se conformaría posteriormente la FULNBA (Federación Universitaria de Liberación Nacional de Buenos Aires) presidida por Miguel Talento. Los claustros docente, estudiantil y no docente, llegarían en el año 1973 a las puertas de la universidad bajo el apoyo de los funcionarios nacionales, como era el dado por el presidente electo Cámpora y el Ministro de Educación, Jorge Taiana. En este momento, dentro de la universidad, en las puertas de la caja de cristal de la clase media antinacional y cuestionando los programas de los intelectuales al servicio de la ciencia "independiente", el pueblo se haría presencia. La historia viva de las luchas de liberación nacional ingresaba y sacudía las bases de una institución, que una vez apagados sus anhelos de progreso con posterioridad a la reforma de 1918, estaría controlada durante décadas por sectores políticos ajenos al movimiento y a la lucha de las masas del pueblo argentino.
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