La tribu sin religión que descubrió la felicidad
De esas lecturas para enmarcar, es un reportaje del New Yorker sobre la tribu amazónica pirahãs que nos cuenta las investigaciones de los lingüistas sobre una lengua única y curiosa.

A través de este reportaje, uno extrae la impresión de un pueblo que carece de interés en otra culturas, muy etnocéntrico y con poca proyección en el pasado o el futuro. Quizás un ejemplo único de seres humanos que viven básicamente el presente, cualidad que ha afectado a una lengua que parece carecer de una propiedad denominada recursividad, es decir, la capacidad de poder introducir oraciones dentro de oraciones.

Parecen además prescindir de la religión --lo que de alguna manera contradice a los que quieren ver en el fenómeno religioso una característica vinculada necesariamente a la naturaleza del ser humano--. Pero lo que más me ha llamado la atención --quizás con algo de envidia-- es la aparente inexistencia del reloj. Pescan y plantan para la subsistencia de unos pocos días y es frecuente que hablen y rían toda la noche sin preocupaciones para el día siguiente. Quizás sea el grupo de humanos más inteligente que habita este planeta y por eso no tengan ningún interés en nuestras majaderías.

Tal es la fuerza que despierta su modo de vida, que el misionero y profesor de lingüística Dan Everett pretendió un día leerles la biblia sin resultados y entendió que el problema no estaba tanto en que no entendieran las historias, como en que simplemente no les interesaban o lo hacían a un nivel de lo cotidiano y no de la abstracción que pretendía trasmitir. El mensaje de dios no llegaba. El resultado fue que Everett perdió su fe religiosa, mientras que su ex-esposa optó por la teoría de que no habían aprendido su lengua con suficiente profundidad y que se les escapaba algo.

La ausencia de religión y una vida al día con lo mínimo para la subsistencia podría ser verdadero secreto de la felicidad. Algo que parece inalcanzable en la complejidad de nuestras vidas actuales.
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