GLENN MILLER.
EL DUEÑO DEL SWING
EL DUEÑO DEL SWING
“Nuestra banda hace énfasis en la armonía. Ocho bronces nos dan un montón de flexibilidad para poner en uso partituras de ideas que hemos tenido en mente por mucho tiempo. Los años de estudios serios que he tenido con profesores reconocidos, finalmente están siendo retribuidos permitiéndome escribir arreglos empleando inusuales y ricas armonías, muchas de ellas jamás usadas antes en las bandas de baile”.
Así definía Glenn Miller a su banda y a ese sonido característico que tanto la distinguía, donde la figura del solista dejaba lugar a la ingeniería de la orquesta. Se sabe que muchos aficionados al jazz no compartían su manera de tocar por ser tan metódica y estructurada, pero así y todo, su música quizá sea una de las más reconocidas y bailadas del planeta. De hecho, Serenata a la luz de la luna (Moonlight Serenade), es uno de los temas musicales más importantes y reproducidos en toda la historia de los Estados Unidos y el más representativo de Miller.
Una vida en pentagrama
Su nombre completo era Alton Glenn Miller y nació el 1 de marzo de 1904 en Clarinda, una pequeña localidad del estado de Iowa (Estados Unidos). Los años de la infancia los pasó en Nebraska y Oklahoma, hasta que su familia se instaló definitivamente en Colorado. Fue ahí cuando, con doce años, comenzó a estudiar el trombón para luego pasar a formar parte de la banda de su colegio.
En 1926 se unió a la big band del célebre baterista Ben Pollack, donde compartió el escenario con músicos como Benny Goodman – luego proclamado “rey del swing” - en clarinete, Jimmy McPartland en trompeta y Bud Freeman en saxo tenor.
Para 1935, la exitosa orquesta inglesa de Ray Noble resolvió ampliar su radio de acción en Norteamérica, pero por una ley del Sindicato Estadounidense de Músicos, Noble debía ceder la dirección de su conjunto a un profesional americano, por lo que eligió a Miller para tal función, quien durante dos años alternó la dirección de la muy eficiente orquesta británica con presentaciones en pequeños locales.
Luego de varios intentos fallidos, en 1937 el trombonista logró formar su propio conjunto y dos años después comenzaron a llegar los éxitos. Serenata a la luz de la luna, Little Brown Jug, In the Mood, Pennsylvania 65000, Chatanooga Choo-Choo, Patrulla americana y Kalamazoo, son sólo algunos de los títulos de sus grandes sucesos, que animaron las pistas de baile en momentos en que los Estados Unidos salía de la Gran Depresión y se sumía en la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces, la banda adquirió una popularidad importantísima gracias a sus actuaciones en radio, que eran emitidas de costa a costa y auspiciadas por la marca de cigarrillos Chesterfield.
El famoso “sonido Miller”
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[/align]Una de las virtudes de las orquestas formadas por Glenn Miller, era ese sonido distintivo que tanto las caracterizaba. Algo que al músico, de alguna manera, lo tenía obsesionado y que lo consiguió casi por azar en los años que dirigía la orquesta de Noble. Es que un buen día, la trompeta solista se lastimó un labio horas antes de una presentación, y Miller decidió reemplazarla por un clarinete. Se cuenta que pasó toda la noche en vela escribiendo el nuevo arreglo para poder llegar al show. Así se formó el famoso “sonido Miller”, que consiste en que el clarinete lleva la melodía mientras un saxo tenor toca la misma nota y otros tres saxofones hacen armonías sobre esa melodía.
Éxito y críticas
Cuando un artista o un grupo de artistas negros apelan a los auditorios blancos, a eso se lo considera, hoy por hoy, música crossover. En la década del ’20 y también en los años de apogeo de Miller, los artistas de color tenían su trabajo editado en grabaciones race (para negros) y no había, al menos “oficialmente”, un cruce al otro lado. En cambio, el destacado trombonista al frente de su orquesta, hizo cruzamiento estilístico por cuanto su banda apeló, tanto a los bailes de salón como a los auditorios. Y a medida que el éxito crecía - con los discos que se vendían de a miles - también aumentaban las críticas de los fanáticos del jazz que consideraban al músico como demasiado “comercial”.
“No tengo una gran banda de jazz y no quiero una. Nosotros, los líderes de orquesta, somos criticados por muchas cosas. Algunos críticos, Down Beta – revista dedicada al jazz – entre ellos, nos apuntan con el dedo y nos acusan de renunciar al verdadero jazz. Quizás sea así o quizás no. Todo está en lo que usted defina como ‘verdadero jazz’. Sucede que para mis oídos, las armonías llegan primero. Una docena de bandas negras tienen mejor ritmo que nosotros”. Así defendía el autor de In the Mood, las inclinaciones populares de su banda en una entrevista.
Otros de los motivos por los cuales las voces negativas se hicieron oír, tenían que ver con la sección de bronces que por momentos se ponían de pie mientras ondulaban en el aire sus sombreros derby, que se volvían a colocar cuando el baterista hacía su solo. Ni hablar de la intolerancia que provocó en los conservadores de siempre la utilización de luces para efectos especiales.
De esta manera, la big band de Glenn Miller de preguerra fue una de las más populares y aclamadas bandas de swing de la época, con un contrato importantísimo firmado con la RCA, mediante el cual, a lo largo de tres años y medio, grabó más de doscientos cincuenta temas. Una suma que no se extendió demasiado debido a una huelga en las grabaciones que decretó, en 1942, la Federación Americana de Músicos a todos los asociados. Su finalización, coincidió con el ingreso de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Pero ahí se abrió una nueva etapa en la vida personal y musical del exitoso Miller.
Guerra con swing
A pesar de no tener la obligación de hacerlo – por la edad - Glenn Miller decidió, voluntariamente, alistarse en el ejército para servir a su país. Se le otorgó el rango de Capitán, primero y Comandante, después. Una vez uniformado, logró introducir el swing en las marchas militares. Reunió a diferentes intérpretes y formó la Glenn Miller Army Air Force Band con la cual, hasta principios de 1944, realizó giras por los Estados Unidos para recolectar bonos de guerra y ayudar en el reclutamiento para el ejército.
Luego, ya a mediados de ese año, la banda fue enviada a Inglaterra. Los aliados estaban preparándose para invadir Europa y miles de enrolados necesitaban ser entretenidos. Miller cruzó el Atlántico con más de cuarenta músicos, cinco vocalistas y el anunciador de la banda, Paul Douglas, quien más tarde se convertiría en un exitoso actor hollywoodense.
El 1 de noviembre, mientras las tropas aliadas partían hacia Berlín, la orquesta dirigida por Miller comenzó, desde Inglaterra, una serie de programas semanales de radio que fueron lanzados hacia el enemigo con anuncios en alemán, cuya intención era la de persuadir a las tropas germanas de abandonar la lucha.
El 15 de diciembre de 1944 el músico, de eternos lentes sin montura y con 40 años, partió en un pequeño avión desde Londres para preparar un concierto con su banda en París, ciudad que ya se había liberado de los nazis. Viajaba con otros dos hombres en un aeroplano monomotor Noserman, pero el avión nunca llegó a destino. Desapareció. Desde entonces, no volvió a saberse nada de Glenn Miller.
De todas formas, su muerte no impidió que su orquesta siguiese tocando. Quien tomó las riendas primero fue el saxo tenor Tex Benecke, un músico que pretendió imponer sus ideas hasta que Hellen Miller, esposa del desaparecido trombonista y director, en desacuerdo con el rumbo que estaba tomando el estilo de la banda, echó a Benecke. La senda del swing se retomó con directores como Ray Anthony y Jerry Gray. Con ellos, la banda siguió sonando y grabando por varias décadas.
Una muerte con misterio
Así como ocurrió con el legendario Elvis Presley, la muerte de Glenn Miller, que se produjo 33 años antes que la del “rey del rock”, también generó miles de fantasías y leyendas que lo suponían vivo.
En 1985 se descubrió en las afueras de la costa norte de Francia un Noserman, similar al que se subió Miller aquel tormentoso 15 de diciembre, sin embargo no pudo verificarse la existencia de restos humanos en su interior.

Algunas teorías afirman que la malograda avioneta se cruzó con unos bombarderos ingleses que habían abortado una misión y volvían a su base, pero para poder aterrizar debieron descargar sus bombas en el Canal de la Mancha y, según se especula, una de esas bombas habría dado en el avión de Miller, que volaba en dirección contraria y a menos altura. Sin embargo, otras versiones, no menos insistentes, apuntan a que el músico habría muerto en un burdel de París, apuñalado por una prostituta.
Pero existe una tercera teoría, la que aportó Herb Miller, hermano menor del músico. “Glenn no murió en un accidente aéreo, sino de cáncer pulmonar en un hospital”. Con esta sorprendente declaración, Herb rompió, en 1983, un silencio de casi cuarenta años. Según aseguró, su hermano abordó el famoso Norseman pero cuando el avión aterrizó fue llevado de inmediato a un hospital militar donde murió al día siguiente. Herb Miller había apoyado la historia acerca del accidente porque su hermano quería morir como héroe y no “en una simple cama”.
Como sea, su muerte es un secreto más que dejó la Segunda Guerra Mundial y que no hizo otra cosa que agigantar, como suele suceder en estos casos, la figura del talentoso artista, dueño de un estilo único.
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"Chattanooga Choo Choo" - Película "Sun Valley Serenade" (1941)
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