Marcos Mundstock (25 de mayo de 1942, Santa Fe, Argentina) es un integrante del grupo argentino de música y humor Les Luthiers. Locutor profesional, redactor publicitario y humorista. su apodo es "pelado".
Al comienzo de su participación en Les Luthiers realizó trabajos en radio y publicidad, aunque pronto pasó a dedicarse en exclusiva a las actuaciones del grupo. Junto con el fundador del conjunto, Gerardo Masana, creó el personaje del ficticio compositor Johann Sebastian Mastropiero, en cuya supuesta vida y obra se basan bastantes piezas musicales y los textos introductorios de las mismas.
Es el miembro de Les Luthiers con menores cualidades musicales, aunque en raras ocasiones toca algún instrumento, como el gom-horn. Una de sus mejores cualidades es su voz de barítono, con la que ha interpretado inolvidables canciones, y resulta perfectamente reconocible para cualquiera cuando se la escucha en cualquiera de las introducciones leídas. En cambio, su capacidad histriónica es más que notable, especialmente cuando se combina con la de Daniel Rabinovich, con quien interpreta a menudo diálogos disparatados de gran calidad.
En Mar del Plata, el 8 de febrero de 1971, sufrió una agresión por parte de Nacha Guevara después de un espectáculo donde actuaban juntos. Guevara fue sentenciada a dos meses de prisión, sentencia que quedó en suspenso por falta de antecedentes.
En los últimos años ha unido a algunas apariciones anteriores en televisión la interpretación de papeles secundarios en películas argentinas para cine (por ejemplo "No sos vos, soy yo" o "Roma", y en una española ("Torrente 3".
- otras biografias:
25 de Mayo de 1942 - Locutor profesional - Redactor publicitario - Humorista.
Nací en Santa Fe, no así en Buenos Aires, adonde me trajeron a los seis años. Quise ser abogado, ingeniero, aviador, cow-boy, benefactor de la humanidad, tenor de ópera, Tarzán, amante latino, futbolista y otras cosas más. Después le hice la corte a la ingeniería, novié con la redacción publicitaria, estuve casado con la radio y tuve algunas escapadas con el teatro. Vivo con Les Luthiers desde su prehistoria.
Con referencia a mí, Marcos, sólo daré algunos marcos de referencia. Amo los lirios por su pureza, todo mi amor es puro, de lirio... Me encanta Dora que es encantadora, o mi primorosa prima Rosa, me animaría con Ana María, pero sólo respondo a la voz de Laura, canejo.
¡Oh, Dios, odio los odios, aborrezco la borrasca, la bruma me abruma!. Cuando me siento así, por el piso, me siento en el piso a pensar: suelo hallar consuelo en el suelo. En las despedidas me emociono, hasta la vista se me nubla. ¡Adiós, se está nublando, hasta la vista.
Cuando en 1961 leyó en público por primera vez la biografía de Mastropiero -un personaje que había creado para entretener a amigos y conocidos del coro de la facultad de Ingeniería- Mundstock no sospechaba que estaba iniciando un ritual que se repetiría durante más de cuarenta años en los escenarios de 14 países.
Había llegado a Buenos Aires a los siete años desde Santa Fe, ciudad en la que sus padres, inmigrantes de la Galitzia polaca, se habían establecido. “Mis padres hablaban en yidish y yo fui varios años a un colegio yidish, el I. L. Peretz de la calle Boulogne Sur Mer. Allí, aparte de las clases, tuve varias hermosas experiencias como actor infantil”.
“A mi papá, que era relojero, le encantaba escuchar los programas de radio de la colectividad italiana. Así conocí a tenores famosos, como Beniamino Gigli y Tito Schipa”, dice. “Escuchábamos canciones napolitanas, arias de ópera y también cantantes litúrgicos judíos que tenían voces maravillosas.”
Al terminar el colegio secundario en Buenos Aires, comenzó la carrera de Ingeniería (que abandonaría en tercer año) y estudió locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). Simultáneamente, ingresó al coro de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los futuros integrantes de Les Luthiers.
Luego de obtener su carnet de locutor, trabajó un tiempo en Radio Municipal. Tras el golpe militar de Onganía en 1966, se quedó sin trabajo. Al cobrar los meses que le adeudaban, se compró un piano y comenzó a tomar clases.
Poco después descubrió que no tenía la constancia y la paciencia necesarias para el piano. Decidió entonces seguir sólo con sus clases de canto.
El 2 de octubre de 1967, día del debut de Les Luthiers, se dio el gusto de imitar a los cantantes líricos que había admirado de chico al intepretar una versión libre de Mattinata, de Leoncavallo. De allí en más, intervendría en las parodias operísticas del conjunto.
En Les Luthiers pudo canalizar también su vocación por la escritura y el humor. Durante los primeros años del grupo escribió casi íntegramente los libretos de los espectáculos, y hasta el día de hoy las letras de muchas canciones y las historias de Johann Sebastian Mastropiero.
Como instrumentista ha tocado el gom-horn, una especie de trompeta hecha con una manguera y un embudo que intervino en varias obras musicales de Les Luthiers y en el hilarante y absurdo Recitado Gauchesco.
Paralelamente a Les Luthiers, trabajó como locutor de radio y comerciales de televisión y también de redactor publicitario. En 1974 hizo la voz en off de la película Quebracho, de Ricardo Wullicher.
En los años 90 incursionó en televisión. Interpretó a Dios y al Diablo en varios programas del capocómico Tato Bores y realizó una recordada serie de películas publicitarias para el diario La Nación.
Entre 2003 y 2005 participó como actor en cuatro películas: Roma, No sos vos, soy yo, Cama adentro, y Torrente III. También interpretó a un grotesco criminal internacional en el programa televisivo Mosca & Smith.
- una corta entrevista a marcos
—¿Cómo viste la reapertura como hecho histórico y la transmisión por tevé?
—Primero, por referencias y demás se nota que lo que han hecho está muy bien, ya que había muchas cosas que jamás habían sido arregladas o fueron mal reparadas. Luego, me pareció excelente el espectáculo sobre la 9 de Julio. Creo que se encontró el punto justo entre lo popular, algo hecho para enganchar a la gente que no es habitué, pero sin bajar el nivel. Y ahora, las malas noticias.
—Tiene que ver con la fiesta en sí, donde pasaron desde Fort hasta Cobos.
—No importan los nombres. El criterio de la inauguración no entiendo quién lo hizo. Entre eso y la transmisión de Canal 13 fue un espanto peor que otro. Invitaron a la platea y a los palcos con el criterio de una fiesta de Gente o de un balneario en Punta del Este auspiciado por una cerveza. Toda la gente de la cultura, de la música, los que tocan o bailan en el Colón; nosotros, que hemos trabajado en el teatro, nos mandaron a los pisos de arriba. Con lo cual, la transmisión del 13 fue una mierda, un bochorno. Salvo Catalina Dlugi, los presentadores eran una vergüenza. Más que acercarlo al pueblo, lo convirtieron en un evento más.
—Sí, como si fuera necesario un criterio acorde al rating.
—Como un rating berreta. Con gente que trabaja de famosa y glamorosa, pero que no lo es en realidad. Sólo trabajan de eso. Son descartables. Y a la pobre gente le hacen creer que eso es el gran mundo. Es un engaño. Eso más el criterio, qué sé yo, Tinelli. Eso no tiene nada que ver con el Colón. Estoy de acuerdo con que tiene que ser para todo el mundo y hay que facilitar el acceso a las maravillas que encierra a la mayor cantidad de gente. Por algún milagro, al genio que inventó el criterio le resultaba útil poner periodistas y algunas figuras como Mirtha o Susana, gente que me parece bien que haya estado. Mirtha sí va al Colón. Y aparte, ellas realmente son íconos populares consagrados.
—¿Pensás que la Presidenta tendría que haber ido?
—Esa es otra historia. Creo que ahí no sé quién metió más la pata. Macri metió la pata. No tendría que haber dicho lo que dijo. Y a la Presidenta le vino bien, para evitar los posibles momentos desagradables –o no– que podrían haber existido.
- videos:
comenta y deja puntos. esto es groso!!!!!!!! y de paso entra al post de nuñez:
Al comienzo de su participación en Les Luthiers realizó trabajos en radio y publicidad, aunque pronto pasó a dedicarse en exclusiva a las actuaciones del grupo. Junto con el fundador del conjunto, Gerardo Masana, creó el personaje del ficticio compositor Johann Sebastian Mastropiero, en cuya supuesta vida y obra se basan bastantes piezas musicales y los textos introductorios de las mismas.
Es el miembro de Les Luthiers con menores cualidades musicales, aunque en raras ocasiones toca algún instrumento, como el gom-horn. Una de sus mejores cualidades es su voz de barítono, con la que ha interpretado inolvidables canciones, y resulta perfectamente reconocible para cualquiera cuando se la escucha en cualquiera de las introducciones leídas. En cambio, su capacidad histriónica es más que notable, especialmente cuando se combina con la de Daniel Rabinovich, con quien interpreta a menudo diálogos disparatados de gran calidad.
En Mar del Plata, el 8 de febrero de 1971, sufrió una agresión por parte de Nacha Guevara después de un espectáculo donde actuaban juntos. Guevara fue sentenciada a dos meses de prisión, sentencia que quedó en suspenso por falta de antecedentes.
En los últimos años ha unido a algunas apariciones anteriores en televisión la interpretación de papeles secundarios en películas argentinas para cine (por ejemplo "No sos vos, soy yo" o "Roma", y en una española ("Torrente 3".
- otras biografias:
25 de Mayo de 1942 - Locutor profesional - Redactor publicitario - Humorista.
Nací en Santa Fe, no así en Buenos Aires, adonde me trajeron a los seis años. Quise ser abogado, ingeniero, aviador, cow-boy, benefactor de la humanidad, tenor de ópera, Tarzán, amante latino, futbolista y otras cosas más. Después le hice la corte a la ingeniería, novié con la redacción publicitaria, estuve casado con la radio y tuve algunas escapadas con el teatro. Vivo con Les Luthiers desde su prehistoria.
Con referencia a mí, Marcos, sólo daré algunos marcos de referencia. Amo los lirios por su pureza, todo mi amor es puro, de lirio... Me encanta Dora que es encantadora, o mi primorosa prima Rosa, me animaría con Ana María, pero sólo respondo a la voz de Laura, canejo.
¡Oh, Dios, odio los odios, aborrezco la borrasca, la bruma me abruma!. Cuando me siento así, por el piso, me siento en el piso a pensar: suelo hallar consuelo en el suelo. En las despedidas me emociono, hasta la vista se me nubla. ¡Adiós, se está nublando, hasta la vista.
Cuando en 1961 leyó en público por primera vez la biografía de Mastropiero -un personaje que había creado para entretener a amigos y conocidos del coro de la facultad de Ingeniería- Mundstock no sospechaba que estaba iniciando un ritual que se repetiría durante más de cuarenta años en los escenarios de 14 países.
Había llegado a Buenos Aires a los siete años desde Santa Fe, ciudad en la que sus padres, inmigrantes de la Galitzia polaca, se habían establecido. “Mis padres hablaban en yidish y yo fui varios años a un colegio yidish, el I. L. Peretz de la calle Boulogne Sur Mer. Allí, aparte de las clases, tuve varias hermosas experiencias como actor infantil”.
“A mi papá, que era relojero, le encantaba escuchar los programas de radio de la colectividad italiana. Así conocí a tenores famosos, como Beniamino Gigli y Tito Schipa”, dice. “Escuchábamos canciones napolitanas, arias de ópera y también cantantes litúrgicos judíos que tenían voces maravillosas.”
Al terminar el colegio secundario en Buenos Aires, comenzó la carrera de Ingeniería (que abandonaría en tercer año) y estudió locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). Simultáneamente, ingresó al coro de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los futuros integrantes de Les Luthiers.
Luego de obtener su carnet de locutor, trabajó un tiempo en Radio Municipal. Tras el golpe militar de Onganía en 1966, se quedó sin trabajo. Al cobrar los meses que le adeudaban, se compró un piano y comenzó a tomar clases.
Poco después descubrió que no tenía la constancia y la paciencia necesarias para el piano. Decidió entonces seguir sólo con sus clases de canto.
El 2 de octubre de 1967, día del debut de Les Luthiers, se dio el gusto de imitar a los cantantes líricos que había admirado de chico al intepretar una versión libre de Mattinata, de Leoncavallo. De allí en más, intervendría en las parodias operísticas del conjunto.
En Les Luthiers pudo canalizar también su vocación por la escritura y el humor. Durante los primeros años del grupo escribió casi íntegramente los libretos de los espectáculos, y hasta el día de hoy las letras de muchas canciones y las historias de Johann Sebastian Mastropiero.
Como instrumentista ha tocado el gom-horn, una especie de trompeta hecha con una manguera y un embudo que intervino en varias obras musicales de Les Luthiers y en el hilarante y absurdo Recitado Gauchesco.
Paralelamente a Les Luthiers, trabajó como locutor de radio y comerciales de televisión y también de redactor publicitario. En 1974 hizo la voz en off de la película Quebracho, de Ricardo Wullicher.
En los años 90 incursionó en televisión. Interpretó a Dios y al Diablo en varios programas del capocómico Tato Bores y realizó una recordada serie de películas publicitarias para el diario La Nación.
Entre 2003 y 2005 participó como actor en cuatro películas: Roma, No sos vos, soy yo, Cama adentro, y Torrente III. También interpretó a un grotesco criminal internacional en el programa televisivo Mosca & Smith.
- una corta entrevista a marcos
—¿Cómo viste la reapertura como hecho histórico y la transmisión por tevé?
—Primero, por referencias y demás se nota que lo que han hecho está muy bien, ya que había muchas cosas que jamás habían sido arregladas o fueron mal reparadas. Luego, me pareció excelente el espectáculo sobre la 9 de Julio. Creo que se encontró el punto justo entre lo popular, algo hecho para enganchar a la gente que no es habitué, pero sin bajar el nivel. Y ahora, las malas noticias.
—Tiene que ver con la fiesta en sí, donde pasaron desde Fort hasta Cobos.
—No importan los nombres. El criterio de la inauguración no entiendo quién lo hizo. Entre eso y la transmisión de Canal 13 fue un espanto peor que otro. Invitaron a la platea y a los palcos con el criterio de una fiesta de Gente o de un balneario en Punta del Este auspiciado por una cerveza. Toda la gente de la cultura, de la música, los que tocan o bailan en el Colón; nosotros, que hemos trabajado en el teatro, nos mandaron a los pisos de arriba. Con lo cual, la transmisión del 13 fue una mierda, un bochorno. Salvo Catalina Dlugi, los presentadores eran una vergüenza. Más que acercarlo al pueblo, lo convirtieron en un evento más.
—Sí, como si fuera necesario un criterio acorde al rating.
—Como un rating berreta. Con gente que trabaja de famosa y glamorosa, pero que no lo es en realidad. Sólo trabajan de eso. Son descartables. Y a la pobre gente le hacen creer que eso es el gran mundo. Es un engaño. Eso más el criterio, qué sé yo, Tinelli. Eso no tiene nada que ver con el Colón. Estoy de acuerdo con que tiene que ser para todo el mundo y hay que facilitar el acceso a las maravillas que encierra a la mayor cantidad de gente. Por algún milagro, al genio que inventó el criterio le resultaba útil poner periodistas y algunas figuras como Mirtha o Susana, gente que me parece bien que haya estado. Mirtha sí va al Colón. Y aparte, ellas realmente son íconos populares consagrados.
—¿Pensás que la Presidenta tendría que haber ido?
—Esa es otra historia. Creo que ahí no sé quién metió más la pata. Macri metió la pata. No tendría que haber dicho lo que dijo. Y a la Presidenta le vino bien, para evitar los posibles momentos desagradables –o no– que podrían haber existido.
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