LIBEREN AL TÍBET... ¿DE QUIÉN?

Juan Miguel Zunzunegui
En marzo de 1959 el XIV Dalai Lama salió huyendo del Tíbet tras fracasar en la organización de una revuelta popular contra los chinos. Ningún evento ha servido más al líder religioso para la promoción de su fe desde la nueva capital del budismo: Nueva York. Ahora se conmemora el 50 aniversario de esa héjira. Es por eso que el gobierno chino canceló las visas para visitar Lhasa hasta nuevo aviso, ante la amenaza de ver a miles de occidentales en la capital budista luchando por causas que desconocen.
¡Liberen al Tíbet! Manifestantes de todas partes del mundo occidental gritan esta proclama, la ponen en calcomanías, carteles y camisetas; repiten la arenga sin conocer la historia. Hay grupos de jóvenes dedicados a esa causa, encantados, no con la cultura lamaísta, sino con la imagen que su jefe de relaciones públicas ha creado; la gente medita y va a retiros budistas. Todos piden la libertad del Tíbet, pero casi todos ignoran que Tíbet no es libre desde hace siglos y su pueblo vivía en el sometimiento cientos de años antes de la llegada de los chinos.
La inmensa mayoría de los “liberenaltibetenses” no son tibetanos y no viven en oriente. Occidente está encantado con la fantasía del Tíbet, pero es sólo eso, una fantasía; la idea de ese idílico lugar donde todo es paz y meditación, convivencia en armonía de una comunidad agraria en alineación con el cosmos y en busca de una elevación espiritual guiada por los lamas. Nada más lejos de la verdad, Tíbet ha sido una dictadura teocrática, totalitaria y abusadora desde hace unos 700 años.
Nuestro lado del mundo se enteró de la existencia de Tíbet cuando fue invadido por China en 1950 y todavía más cuando en 1959 el XIV Dalai Lama, el actual, salió huyendo de su país disfrazado de soldado británico del siglo XIX. En China había triunfado la revolución comunista de Mao y una de sus primeras acciones fue, recuperar (no anexar) el territorio de los lamas. Bajo el precepto de que la religión es el opio de los pueblos y que a lo largo de la historia ha servido para someter, el discurso maoísta señalaba que las tropas chinas ocupaban la zona para liberar al pueblo del sometimiento del los lamas; faltó agregar entre paréntesis: (y ponerlos bajo el nuestro).
Desde entonces el Dalai Lama ha hecho su campaña mundial de promoción del budismo tibetano y de la liberación de su territorio; el argumento es idéntico, liberar al pueblo del sometimiento de los chinos, le falta agregar sus paréntesis: (y ponerlo bajo el mío). Porque precisamente lo que ignoran todos los predicadores de la libertad tibetana, es que el sometimiento de ese pueblo surgió precisamente cuando comenzó la tradición de los Dalai Lamas. Así es que antes de seguir con el griterío libertario, conozcamos un poco de la historia.
Poco se sabe de la historia de Tíbet antes del siglo VII debido a su aislamiento en una meseta a más de 4 mil metros de altura y rodeada por montañas superiores a los 7 mil. Desde esa época el budismo era la religión y los monjes los amos; la tierra era poseída por los religiosos y nobles, por voluntad de Dios al estilo de la Europa medieval. Feudalismo servil, desde el siglo VII hasta 1930.
La corrupción del budismo
Sidarta Gautama, el original Buda, planteó sus enseñanzas 500 años antes de nuestra era; para ayudar a los seres humanos a eliminar los sufrimientos y alcanzar la felicidad. Es importante decir que su doctrina era ateísta y fue planteada en contra, específicamente del hinduismo y en términos generales, de los sistemas religiosos que servían para alienar y someter a las personas.
Buda predicó contra las religiones establecidas, los dogmas, la especulación metafísica, los misterios religiosos, las jerarquías y todo sistema de sumisión. Por encima de todo, dejó claro su carácter totalmente humano; no se consideraba una divinidad, sólo un maestro. No obstante, en el Tíbet tomó el poder una estructura religiosa budista que viola todos estos principios y hace todo lo que Sidarta criticaba: tienen una religión dogmática, especulativa, con misterios, jerarquías y que se convirtió en un sistema sometedor en manos de un dictador religioso: el Dalai Lama.
Fue en el siglo XVI cuando se inventó la leyenda del Dalai Lama, el poder recaía ya entonces en un líder budista, Sonan Gyatso, quien pretendía ser la tercera reencarnación de Gendun Drupa; una maestro iluminado del siglo anterior, quien liberado de la rueda de la reencarnación, decidió volver voluntariamente para permanecer con su pueblo. Él fue el primero en ostentar el título de Dalai Lama (océano inmenso de sabiduría), pero se consideró como el tercero para respetar a las dos reencarnaciones anteriores.
Desde ese momento la religión se convirtió en instrumento de opresión sobre un pueblo campesino y pobre que trabajaba la tierra, propiedad de los lamas, y vivían en el nivel mínimo de subsistencia. La admirada ciudad prohibida de Lhasa y su gran palacio de Potala fueron construidos por un pueblo prácticamente esclavo, que subsistía a base de arroz mientras sus líderes espirituales vivían en el para entonces, y tal vez hasta ahora, palacio más grande del mundo. La única imagen que los libertarios suelen conocer de Lhasa es precisamente esa, todo lo demás eran chozas y sembradíos.
Desde el siglo XIX la zona estuvo en disputa entre mongoles, rusos, británicos y chinos. Desde 1906 un acuerdo multinacional aceptó la soberanía de China sobre Tíbet, mucho antes de la aparición de Mao, y en 1911 el XIII Dalai Lama huyó a Mongolia. Ese mismo año comenzó en China una etapa de guerras civiles, revoluciones e invasiones japonesas que no cesaron hasta 1949, con el triunfo de Mao y su revolución; durante ese periodo el Tíbet gozó en la práctica de un autogobierno; pero una vez estable, el gobierno comunista decidió recuperar el territorio.
El XIV Dalai Lama asumió el poder en 1950, justo cuando llegaron las tropas de ocupación chinas; en 1951, representantes de su gobierno firmaron un acuerdo con el gobierno comunista para la administración conjunta del Tíbet. Este sistema, donde los lamas seguían ejerciendo la autoridad, duró hasta que en 1959 el Dalai Lama huyó a India, donde solicitó permiso de establecer un gobierno en el exilio y comenzó su campaña de rebelión contra China . La parte interesante: detrás de esto estaba la CIA, con su obstinado interés de evitar la expansión del comunismo.
Los tibetanos de hoy tienen representación política en la Asamblea Nacional Popular de China , agua potable y drenaje; luz, teléfono, gas, carreteras y próximamente un tren bala que unirá Lhasa y Beijing en 3 horas. Tienen casas, educación y salud; nada de eso poseían bajo el régimen lamaísta. La principal razón que tiene el Dalai Lama de oponerse al sometimiento de China sobre el Tíbet, es que el país debería estar sometido por él, como venía sucediendo desde el siglo XVI.
Hoy, la región autónoma tiene derecho incluso a profesar su fe, y seguir sus tradiciones; los lamas se pueden dedicar a sus oraciones, la única condición es que produzcan; pero como lo que ellos producen son oraciones; el pueblo debe trabajar más para cubrir la parte de sus guías espirituales. Los tibetanos de hoy viven bajo el poder comunista chino, pero no por ello dejan de tener el sometimiento religioso lamaísta.
El movimiento de liberación del Tíbet comenzó desde la huída de su líder y hoy publirrelacionista el Dalai Lama. Nadie reconoció entonces a Tíbet y ninguna nación reconoce hoy a su gobierno exiliado; no fue noticia importante entonces y no lo era hasta las olimpiadas de Beijing. Siempre se ha sabido la situación de Tíbet, sólo ahora que hay imágenes le importa a los medios. Cuando deje de producir raitting la noticia desaparecerá. No puedo estar más de acuerdo en una cosa; ¡Liberen al Tíbet!, libérenlo de los chinos si se quiere, pero libérenlo también de sus dictadores ancestrales: los lamas.
http://cavernadezunzu.tripod.com/id182.html

Juan Miguel Zunzunegui
En marzo de 1959 el XIV Dalai Lama salió huyendo del Tíbet tras fracasar en la organización de una revuelta popular contra los chinos. Ningún evento ha servido más al líder religioso para la promoción de su fe desde la nueva capital del budismo: Nueva York. Ahora se conmemora el 50 aniversario de esa héjira. Es por eso que el gobierno chino canceló las visas para visitar Lhasa hasta nuevo aviso, ante la amenaza de ver a miles de occidentales en la capital budista luchando por causas que desconocen.
¡Liberen al Tíbet! Manifestantes de todas partes del mundo occidental gritan esta proclama, la ponen en calcomanías, carteles y camisetas; repiten la arenga sin conocer la historia. Hay grupos de jóvenes dedicados a esa causa, encantados, no con la cultura lamaísta, sino con la imagen que su jefe de relaciones públicas ha creado; la gente medita y va a retiros budistas. Todos piden la libertad del Tíbet, pero casi todos ignoran que Tíbet no es libre desde hace siglos y su pueblo vivía en el sometimiento cientos de años antes de la llegada de los chinos.
La inmensa mayoría de los “liberenaltibetenses” no son tibetanos y no viven en oriente. Occidente está encantado con la fantasía del Tíbet, pero es sólo eso, una fantasía; la idea de ese idílico lugar donde todo es paz y meditación, convivencia en armonía de una comunidad agraria en alineación con el cosmos y en busca de una elevación espiritual guiada por los lamas. Nada más lejos de la verdad, Tíbet ha sido una dictadura teocrática, totalitaria y abusadora desde hace unos 700 años.
Nuestro lado del mundo se enteró de la existencia de Tíbet cuando fue invadido por China en 1950 y todavía más cuando en 1959 el XIV Dalai Lama, el actual, salió huyendo de su país disfrazado de soldado británico del siglo XIX. En China había triunfado la revolución comunista de Mao y una de sus primeras acciones fue, recuperar (no anexar) el territorio de los lamas. Bajo el precepto de que la religión es el opio de los pueblos y que a lo largo de la historia ha servido para someter, el discurso maoísta señalaba que las tropas chinas ocupaban la zona para liberar al pueblo del sometimiento del los lamas; faltó agregar entre paréntesis: (y ponerlos bajo el nuestro).
Desde entonces el Dalai Lama ha hecho su campaña mundial de promoción del budismo tibetano y de la liberación de su territorio; el argumento es idéntico, liberar al pueblo del sometimiento de los chinos, le falta agregar sus paréntesis: (y ponerlo bajo el mío). Porque precisamente lo que ignoran todos los predicadores de la libertad tibetana, es que el sometimiento de ese pueblo surgió precisamente cuando comenzó la tradición de los Dalai Lamas. Así es que antes de seguir con el griterío libertario, conozcamos un poco de la historia.
Poco se sabe de la historia de Tíbet antes del siglo VII debido a su aislamiento en una meseta a más de 4 mil metros de altura y rodeada por montañas superiores a los 7 mil. Desde esa época el budismo era la religión y los monjes los amos; la tierra era poseída por los religiosos y nobles, por voluntad de Dios al estilo de la Europa medieval. Feudalismo servil, desde el siglo VII hasta 1930.
La corrupción del budismo
Sidarta Gautama, el original Buda, planteó sus enseñanzas 500 años antes de nuestra era; para ayudar a los seres humanos a eliminar los sufrimientos y alcanzar la felicidad. Es importante decir que su doctrina era ateísta y fue planteada en contra, específicamente del hinduismo y en términos generales, de los sistemas religiosos que servían para alienar y someter a las personas.
Buda predicó contra las religiones establecidas, los dogmas, la especulación metafísica, los misterios religiosos, las jerarquías y todo sistema de sumisión. Por encima de todo, dejó claro su carácter totalmente humano; no se consideraba una divinidad, sólo un maestro. No obstante, en el Tíbet tomó el poder una estructura religiosa budista que viola todos estos principios y hace todo lo que Sidarta criticaba: tienen una religión dogmática, especulativa, con misterios, jerarquías y que se convirtió en un sistema sometedor en manos de un dictador religioso: el Dalai Lama.
Fue en el siglo XVI cuando se inventó la leyenda del Dalai Lama, el poder recaía ya entonces en un líder budista, Sonan Gyatso, quien pretendía ser la tercera reencarnación de Gendun Drupa; una maestro iluminado del siglo anterior, quien liberado de la rueda de la reencarnación, decidió volver voluntariamente para permanecer con su pueblo. Él fue el primero en ostentar el título de Dalai Lama (océano inmenso de sabiduría), pero se consideró como el tercero para respetar a las dos reencarnaciones anteriores.
Desde ese momento la religión se convirtió en instrumento de opresión sobre un pueblo campesino y pobre que trabajaba la tierra, propiedad de los lamas, y vivían en el nivel mínimo de subsistencia. La admirada ciudad prohibida de Lhasa y su gran palacio de Potala fueron construidos por un pueblo prácticamente esclavo, que subsistía a base de arroz mientras sus líderes espirituales vivían en el para entonces, y tal vez hasta ahora, palacio más grande del mundo. La única imagen que los libertarios suelen conocer de Lhasa es precisamente esa, todo lo demás eran chozas y sembradíos.
Desde el siglo XIX la zona estuvo en disputa entre mongoles, rusos, británicos y chinos. Desde 1906 un acuerdo multinacional aceptó la soberanía de China sobre Tíbet, mucho antes de la aparición de Mao, y en 1911 el XIII Dalai Lama huyó a Mongolia. Ese mismo año comenzó en China una etapa de guerras civiles, revoluciones e invasiones japonesas que no cesaron hasta 1949, con el triunfo de Mao y su revolución; durante ese periodo el Tíbet gozó en la práctica de un autogobierno; pero una vez estable, el gobierno comunista decidió recuperar el territorio.
El XIV Dalai Lama asumió el poder en 1950, justo cuando llegaron las tropas de ocupación chinas; en 1951, representantes de su gobierno firmaron un acuerdo con el gobierno comunista para la administración conjunta del Tíbet. Este sistema, donde los lamas seguían ejerciendo la autoridad, duró hasta que en 1959 el Dalai Lama huyó a India, donde solicitó permiso de establecer un gobierno en el exilio y comenzó su campaña de rebelión contra China . La parte interesante: detrás de esto estaba la CIA, con su obstinado interés de evitar la expansión del comunismo.
Los tibetanos de hoy tienen representación política en la Asamblea Nacional Popular de China , agua potable y drenaje; luz, teléfono, gas, carreteras y próximamente un tren bala que unirá Lhasa y Beijing en 3 horas. Tienen casas, educación y salud; nada de eso poseían bajo el régimen lamaísta. La principal razón que tiene el Dalai Lama de oponerse al sometimiento de China sobre el Tíbet, es que el país debería estar sometido por él, como venía sucediendo desde el siglo XVI.
Hoy, la región autónoma tiene derecho incluso a profesar su fe, y seguir sus tradiciones; los lamas se pueden dedicar a sus oraciones, la única condición es que produzcan; pero como lo que ellos producen son oraciones; el pueblo debe trabajar más para cubrir la parte de sus guías espirituales. Los tibetanos de hoy viven bajo el poder comunista chino, pero no por ello dejan de tener el sometimiento religioso lamaísta.
El movimiento de liberación del Tíbet comenzó desde la huída de su líder y hoy publirrelacionista el Dalai Lama. Nadie reconoció entonces a Tíbet y ninguna nación reconoce hoy a su gobierno exiliado; no fue noticia importante entonces y no lo era hasta las olimpiadas de Beijing. Siempre se ha sabido la situación de Tíbet, sólo ahora que hay imágenes le importa a los medios. Cuando deje de producir raitting la noticia desaparecerá. No puedo estar más de acuerdo en una cosa; ¡Liberen al Tíbet!, libérenlo de los chinos si se quiere, pero libérenlo también de sus dictadores ancestrales: los lamas.
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