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Los Masones

Info4/30/2010
Los Mazones



Nadie conoce la verdadera historia de los masones, que está llena de especulaciones y sobre la que se ha escrito infinidad de títulos desde la aparición del fenómeno. Desde la humildad, mi libro aporta una serie de datos importantes y en algunos casos inéditos, gracias a la labor de investigación del periodista Jorge Blaschke, con quien he escrito el libro. La razón de esta búsqueda se resume así: en los últimos tiempos, han sido publicadas obras sobre la institución que responde a visiones distintas de lo que la masonería es en sí misma. Por ello, la institución pensó que algún hermano (en este caso, yo) debía elaborar un libro sencillo, humilde y ameno que transmitiera nuestra labor.

La masonería es, en fondo y forma, una iniciación espiritual por medio de símbolos. Esta definición proviene de la que los grandes maestros dieron en Suiza por los años cincuenta. Dice un apartado de un libro japonés del siglo XII que el pez vive muy feliz bajo el agua, y el pájaro muy feliz en el bosque; sin embargo, es necesario ser pez o pájaro para entender qué se siente. Igual sucede con la masonería; resulta complicado, y resbaladizo, transmitir el mundo iniciático. Sin caer en el sincretismo ni en la mezcla de opiniones, puede decirse que presocráticos como Anaxágoras, la masonería espiritual y el esoterismo cristiano dicen lo mismo y hablan el mismo idioma, sólo que de maneras distintas.

Soy católico practicante y masón de tendencia inglesa, como ha ocurrido tradicionalmente con la Gran Logia de España. Una de sus premisas es creer en el gran arquitecto del universo, algo que cada cual entiende como considera. Trabajamos con un libro sagrado que, en nuestro caso, es la Biblia, igual que nuestros hermanos árabes lo hacen con el Corán o los judíos con la Torah.

Jung dice que el símbolo se expresa en mil lenguas a la vez, penetra en el subconsciente colectivo y allí despierta arquetipos que provocan energías psíquicas. Al interpretar el símbolo debemos distinguir dos elementos: la explicación científica (el número cinco, por ejemplo, son cinco unidades) y la definición iniciática, más complicada. Nuestros símbolos son el triángulo, el compás, la escuadra y la acacia; todos ellos responden a tradiciones antiquísimas, algunas de las cuales, sin embargo, han sido superadas por la propia sociedad civil.

Los orígenes de la masonería son oscuros. Para intentar explicarlos, parto de dos premisas: la masonería operativa y la masonería especulativa. Por un lado nos encontramos con la masonería operativa, gremio de canteros que, sobre todo, construían catedrales góticas. Se trataba de un gremio muy cerrado, por los conocimientos que manejaba sobre el levantamiento de catedrales y por los códigos de comunicación que empleaban sus miembros. Hay que pensar que la construcción de una catedral era una labor larga que abarcaba varias generaciones. Los canteros vivían en las posadas de los pueblos, y en las horas de descanso se reunían en una choza -de donde proviene el término logia- para cambiar impresiones o comer. Con el devenir de los tiempos, estas construcciones góticas proporcionaron algún tipo de conocimiento iniciático. Un grupo así, que se mantiene tanto tiempo junto, termina derivando ineludiblemente hacia las inquietudes del ser humano.

En efecto, el ser humano -aunque sigue en evolución- se encuentra incompleto. Las explicaciones bíblicas no nos convencen. El ser humano había nacido con unas posibilidades muy concretas y se mecanizó, es decir, derivó hacia la especie incompleta que ahora somos. Es impensable que una especie con la capacidad cerebral que tiene se dedique a matar a su hermano por nada.

Por ello, la masonería intenta hacer evolucionar a la especie para que retome la forma que fue. Las religiones hacen lo mismo, salvo con una diferencia. La masonería llega hasta un punto en el que no tiene explicaciones. La fe puede llenar las grandes dudas que quedan por resolver, pero la masonería no las da: sólo intenta hacer evolucionar a la especie humana en sus reuniones, con el fin de que, mediante ella, pueda entender mejor la figura del gran arquitecto del universo.

La masonería pretende trabajar en esencia, en el nivel primario. Siempre explicamos que, cuando el presidente de la I República, Manuel Azaña, se inició -de todos es conocida su vasta cultura-, el Venerable Maestro de la logia era un camarero de Madrid. Es posible que este camarero se moviera más en esencia que Azaña, cuya personalidad y conocimiento son reconocidos por todos. Eso es la masonería, y no otra cosa.

Entre 1050 y 1350, y al calor del fervor religioso de las Cruzadas, se construyeron alrededor de mil edificaciones en Francia, entre las cuales destacan unas noventa catedrales. La masonería, el gremio, creció; permanecía cerrado en sí mismo, se llamaban entre sí hermanos y no dejaban entrar a nadie ajeno. Hubo un momento en el que se dejaron de construir catedrales. El gremio empezó a decaer.

Llegamos así al verdadero origen de la masonería, fuera de cualquier especulación. En Inglaterra, un grupo de científicos de la Royal Society, institución dedicada a la investigación, se dio cuenta de que, a diferencia del oriental, el mundo occidental no tenía, más allá de las religiones, instituciones que abordaran los temas esotéricos e iniciáticos. No para competir con las instituciones del mundo oriental, sino para dotar al occidental de aquello de lo que se merecía, decidieron crear una institución en la que, independientemente de las religiones, nuestra especie humana pudiera desarrollarse.





Nosotros pensamos que Newton fue el padre de la masonería especulativa. El científico inglés es conocido por sus teorías sobre la gravitación y porque dirigía, como científico, la Casa de la Moneda de Inglaterra. Además, era un gran alquimista, saber que constituía su devoción. Pues bien, Newton, a través de otros miembros de la Royal Society, pensó en asumir la organización de las logias que quedaban y que se remontaban a los canteros (masonería operativa). Cuatro de estas logias se unieron el día de san Juan de 1717 en la Gran Logia de Inglaterra. El creador, evidentemente, nunca fue masón.

Esta sociedad comenzó a trabajar con un cierto éxito. El papa Clemente XII, y no por motivos de fe o religión, sino quizá de temporalidad, prohibió la masonería mediante una bula. Excomulgada y hereje, la propaganda fue tal que la masonería se expandió. Debo decir, por cierto, que ya no estamos excolmulgados, gracias a Juan XXIII.

En la institución empezaron a ingresar los restos de las sociedades iniciáticas que había por Europa: templarios, alquimistas, espiritistas, magos, etc. Todos ellos aportaron sus conocimientos, que quedaron reflejados en los rituales, como un cajón de sastre donde se han mezclado conocimientos diversos que están al alcance de quien desee estudiarlos.

Posteriormente ingresó la nobleza en la institución, así como más científicos. Los problemas llegaron cuando entraron los empresarios, quienes deseaban utilizar (no todos, desde luego) la institución para sus fines. Ahí empezó su desvirtuación.

Los requisitos para ser masón son muy sencillos: ser mayor de edad, libre (con todo lo que ello implica) y de buenas costumbres. Son precisos, además, ciertos conocimientos intelectuales para entender el mundo complicado que encierra.

Las diferencias entre los masones y las religiones son grandes. La célula madre de la masonería es la logia, reunión soberana de hermanos maestros (siete como mínimo) que se junta para trabajar. La obediencia del país correspondiente la reconoce, la logia tiene autonomía propia y las divergencias entre logias pueden ser grandes en cuanto a los conocimientos, algo que no sucede, en cambio, en la Iglesia. En efecto, la normativa aplicable a dos mil millones de personas debe ser homogénea para que a todos se les apliquen las mismas normas, algo que no sucede en la masonería. Hay logias cuya forma de trabajo y conocimiento avanza mucho, mientras que en otras no sucede así.

La relación de la masonería con algunos países es curiosa. Los ingleses se apoyaron en la masonería para sustentar la Commonwealth. Asimismo, la masonería funciona en Cuba, donde cuenta con unos cincuenta mil miembros. Cuando Fidel Castro se hizo con el poder, aparte de descubrir que José Martí y algunos de los que le habían ayudado eran masones, se dio cuenta de que la única organización viva en la isla eran las logias masónicas, por lo que le interesó su funcionamiento. Como se puede comprender, está domesticada por el régimen, y las actas de las reuniones son conocidas por el aparato castrista; no obstante, el día en que falte el dictador, es posible que se produzca una explosión de la masonería en Cuba.

También es interesante detenerse, aunque sea brevemente, en la relación de la masonería con las mujeres. La Gran Logia de Inglaterra no las admite, pero hay otras obediencias mixtas e, incluso, femeninas, en las cuales ha habido mujeres brillantísimas. Pienso, por ejemplo, en la arpista catalana Clotilde Cerdá, hija de Ildelfonso Cerdá, arquitecto del Ensanche barcelonés. Por cierto, en España jamás decimos, por prudencia, si alguien es masón, salvo que lo autorice. La Vanguardia ha publicado recientemente, por ejemplo, que Caterina Mieras, consejera de Cultura de la Generalitat, es masona.

La situación actual de la masonería española es diferente de la vivida en otros países cercanos. Tras la dictadura, no fuimos legalizados -como lo fue, por ejemplo, el Partido Comunista de España-. La petición fue denegada por Martín Villa. Ruiz Jiménez defendió nuestro caso, y el Tribunal Supremo nos dio, finalmente, la razón. En los últimos veintitrés años, la trayectoria es la siguiente. Inicialmente salimos "domesticados", y aquello fue un fracaso: éramos pobres, pocos y mal avenidos. Teníamos graves problemas, discusiones, hermanos mayores que habían regresado del exilio...; España había cambiado, las visiones eran diferentes y otros hermanos, como yo, nos habíamos iniciado en el exterior. Actualmente somos unos tres mil, cuando en un elemental examen prospectivo deberíamos llegar a los cincuenta mil para equipararnos con otros países. En los últimos años nos hemos centrado, y nos encontrado lentamente a nosotros mismos.

En España, la masonería entró en 1728, cuando en Madrid se creó una logia por los ingleses, concretamente por el duque de Wharton, enterrado en Poblet. Sus vicisitudes a lo largo de los años son conocidas. Con Carlos III y con Napoleón funcionó bien, pero fatal con Fernando VII. Las Cortes de Cádiz le fueron propicias, así como la I República (Figueras, Salmerón y Castelar eran masones). Nos fue achacada la pérdida de las colonias, cosa en la que no creo, y con Primo de Rivera fue tolerada. La II República supuso un momento importante, con ministros y diputados masones en las Cortes... En definitiva, cuando el sistema ha sido liberal, la masonería ha funcionado bien en España, pero, cuando ha sido cerrado y arcaico, no ha resultado así.

En cuanto a la situación actual, y a pesar del aletargamiento, hemos notado que en los dos últimos años se acerca a nosotros mucha gente; son números a los que no estamos acostumbrados. Desconocemos los motivos del fenómeno, por supuesto. Puede deberse a alguna novela histórica exitosa o, quizá, a una película taquillera. Desde luego, es indudable que la situación política nos es favorable (el presidente del Gobierno ha reconocido que su abuelo era masón); además, la juventud no encuentra dónde aparcar para decir algo.

En cuanto a nuestro patrimonio -y salvo el reconocimiento moral, realizado por el Parlamento de Cataluña hace unos años, de que la masonería había ayudado en el campo de las relaciones humanas-, no hemos recibido ningún desagravio moral ni económico. Cuando Felipe González ganó las elecciones, la masonería reclamó su patrimonio, pero nadie hizo caso. Hace más o menos un año, ERC (partido de tradición masona entre sus creadores) presentó una proposición no de ley a las Cortes para que se reconociera nuestro patrimonio. Dicha proposición fue transformada por este partido en de ley, junto con otras cuestiones, a nuestro juicio, quizá fuera de sitio. En el mes de febrero de este año debía votarse si este asunto se admitía a discusión en las Cortes. No se admitió, pero el PSOE se comprometió a presentar, antes de junio, este proyecto ante las Cortes.



Masones ¿Se relacionan con los Templarios?, pues parece que si, y también que se
dio el nombre de templarias a varias órdenes masónicas, como la Orden de Caballeros
Templarios incardinada dentro de la Gran Logia de Inglaterra u otras órdenes templariomasónicas
en Escocia, Irlanda y EE.UU. . No nos puede extrañar el enfrentamiento
ancestral con la Santa Sede, en la medida en que la masonería –como algunos
templarios también- se presentaban y se presentan siempre como enemigos declarados
de la Iglesia.

Ateos militantes, son en su discurso filosófico: definitivo materialista, pues defienden
un mundo materialista y egocéntrico, nihilista, como narciso mirándose en el espejo y
ahogándose en su propia visión y en el que Dios no cabe, sino como el denominado
Gran Arquitecto, cosa que no pasa de de ser eso, “una cosa” más, que ayuda a entender
que ellos son sus propios dioses, y que no tienen más obediencia, que la diabólica. La
relación de algunos caballeros templarios con maestros albañiles escoceses del siglo
XIV resulta innegable. Que además formaran parte de la cadena de transmisión de los
secretos masónicos o que dieran lugar a obediencias masónicas, resulta ya un terreno
menos firme y poco confirmado.

En las Constituciones de Anderson se afirma tajantemente, que en el pasado, los
masones tenían el deber de adaptarse a la mayoría y que desde 1723, al menos se
esperaba que consideraran su vinculo con los otros hermanos de la logia, por encima de
cualquier otra consideración, incluso familiar o religiosa. “Un masón, dicen las
constituciones, es un sujeto pacífico sujeto a los poderes civiles” y” nunca se va a
implicar en conjuras o conspiraciones contra la paz y el bienestar de la nación”.

Sin embargo al mismo tiempo se indica que en caso de que un masón cometa un crimen,
los otros miembros de la masonería “no pueden expulsarle de la logia, y su relación
con ella permanecerá inalterable”.

Todas estas circunstancias, convierten en inverosímil la raíz de la tesis –tantas veces
comentada de forma aparentemente inocente-, de que la masonería es como un club
filantrópico cuya pertenencia no interfiere en nada el pensamiento de sus miembros. La
masonería busca una “religión universal” la New Age (Nueva Era), un gobierno único,
un nuevo orden mundial, etc., debe evitarse la discusión en la logia, de asuntos referidos

a la religión, la política estatal, la nación, la lengua y cuantos asuntos espinosos -al ser
discutidos-, vayan en contra del “bien de la logia”.

Sociedad secreta, esotérica, por encima de cualquier otro vínculo humano, incluidos los
familiares y nacionales. . .así quedaba definida la masonería en las Constituciones de
Anderson y así será a partir de aquella fecha 1.723, en los siglos venideros.

La masonería tuvo más éxito en la medida en que se entroncó con los personajes de su
época, nobleza, reyes, magistrados, etc., trató de integrar a las elites de cada lugar, sin
embargo esos deseos no pasaban de ser, solo eso, buenos deseos, pues a decir verdad en
el curso del Siglo XVIII la masonería tuvo una capacidad especial para acoger bajo sus
alas, a toda una caterva de estafadores, libertinos y vividores, a los que no solo no
expulsó de su seno, sino que no pocas veces, incluso ayudó a huir de la justicia.
Tampoco fue excepcional, que se convirtieran hechos delictivos, o estafas perpetradas
por estos hermanos de la logia, en normales e incorporadas al ideario de la misma
masonería como sí, en lugar de haber surgido de una mente calenturienta entregada al
fraude, poseyeran el marchamo de una autenticidad honorable.

El autor estudia detenidamente a los masones y nos habla de, Casanova que no solo fue
el Don Juan italiano sino también un masón acreditado, a quien su hermano masón el
rey Federico de Prusia apoyó en no pocas ocasiones, su iniciación dejaba sentado que
para ser iniciado no se pedía para nada “ser un varón de buenas costumbres” y también
de Cagliostro fundador de logias, creador de obediencias, como dos tipos diferentes de
típicos delincuentes y estafadores. Delincuentes comunes, que se contemplaban, y
contemplan hoy, no sin cierto aire de complicidad y con aire divertido.

Los masones participaron, incitaron y ayudaron, en y a la Revolución Francesa de
1.789. Uno de los primeros episodios relacionados con la participación –incluso
inspiración y dirección- de la masonería en movimientos subversivos es el de los
Illuminati.

También participaron en la Revolución Americana pero con un peso menor al que
tuvieron en la francesa de 1.789 y en la española de 1.931-36 en los que el peso de la
masonería fue extraordinario, esta no se hubiera desarrollado a no ser por la decisiva
participación de la masonería véase así los capítulos V y VI del libro por ser muy difícil
de sintetizar por expresivo. La logia de las Nueve Hermanas, Siéyes con su libro ¿El
Tercer Estado? Era dinamita subversiva total. Robespierre. Marat, Dantón, Mirabeau
todos ellos masones y personajes tétricos ¿podemos llamarles asesinos sin temor a
equivocarnos?, del Terror francés de la Revolución.

La Revolución francesa dejó de manifiesto el papel nada despreciable de la masonería
como elemento de erosión de cualquier poder constituido, por ir a su asalto de todas las
formas posibles, legales o ilegales.
Napoleón Bonaparte utilizó políticamente y controló desde el primer momento, a toda la
masonería:

1. En su favor la que estaba dentro de los países invadidos y la de su país para
que le ayudaran a controlar todo lo que fuera en su favor. y

2. También en su favor los países de ultramar, desde donde podía minar la
confianza en si mismos de los gobernantes y ciudadanos de la metrópoli, en el
caso de los españoles e Iberoamérica. Inicio los movimientos separatistas
alentando a los hispanos a luchar por su emancipación de la metrópoli. Los
masones siempre han ido contra España de forma habitual y en su propio favor e interés.
También contra otros países pero eso nos interesa menos.

No podemos decir que Bonaparte fuera un defensor de la libertad, pero sí era consciente
de la utilidad de la masonería. Le permitía –como señaló en su memorial de Santa
Elena-, contar con un ejército que luchaba “contra el Papa”, sujetaba con vigor a las
fuerzas armadas y a la policía en sus manos, y de manera muy especial, le
proporcionaba un instrumento flexible y aparentemente gratuito –aunque carísimocomo
instrumento de captación y propaganda favorable al dominio francés en Europa.

La francmasonería, siempre ha sido así, con la ayuda de los afrancesados de los otros
países colaboracionistas de la banda de los “hijos de la viuda”, los primeros masones en
España se inician en Francia (afrancesados), los franceses a pesar de todo, invadieron el
territorio español so pretexto de invadir y conquistar Portugal de cuya ayuda íbamos a
recibir compensaciones, y solo recibimos engaños, oprobio y matanzas, nos situaron al
hermano de Napoleón -el despreciable Pepe Botella como reyezuelo de trapo impuesto,
y nunca aceptado por el pueblo-, en el trono español. Los franceses hablaban de que
bajo sus águilas se cobijaban el progreso y la libertad, pero lo que los españoles
veíamos eran:

a. iglesias profanadas destrozadas y quemadas;

b. saqueaban, despreciaban, hogares y propiedades privadas.

c. mataban y asesinaban a todos los que ofrecían la más mínima resistencia

d. y el resultado final fue el de que un pueblo como el español no tolera el
dominio exterior, por ello fueron expulsados con ignominia y derrota del territorio
español.

Son por tanto, los franchutes o franceses -por guardar un mínimo respeto del que no
fueron merecedores en ningún momento los del ejército invasor-, los que iniciaron la
masonería en España ¡vaya invento!, el de los gabachos francmasones, vaya semilla
dejaron en el suelo español.

La masonería, podía entonces presentarse como un canal de libertad al que
significativamente se unieron no pocos españoles de pro y eclesiásticos, a pesar de
seguir vigentes, entonces como hoy, las condenas de siempre y es, que la mentira es
diabólica y engaña solo a los que se quieren dejar engañar, como siempre: la masonería
está condenada.

Napoleón fue derrotado por un veterano masón -que perdió voluntariamente esa
condición pues no quería ser manipulado-, inglés, el duque de Wellington en la batalla
de Waterloo y recluido de nuevo en la Isla de Santa Elena. En 1.851 Wellington debía
sentir una verdadera repulsión hacía la masonería. Como dice Vidal, quizá no resulte tan
extraño si se tiene en cuenta que en algo más de tres décadas, la sociedad secreta había
estado implicada de manera activa en prácticamente cada uno de los movimientos
subversivos que habían sembrado de violencia, sangre y lágrimas a Europa y América.

La masonería y las revoluciones

La masonería estuvo involucrada en todas las revoluciones desde 1.700 a nuestros días,
pasando como veremos por la española de 1.931 a 36-39 capítulos XVII a XX. Siempre
han creído en la libertad, pero en la que el Poder estuviera en manos de unos pocos, por
lo que siempre han conspirado para lograr ese objetivo en todas partes y momentos de la
historia.

Estuvieron cerca de y con Luis XVIII y a su muerte, estuvieron con su sucesor Carlos X
su hermano el Conde de Artois y masón declarado, este último comprobó como los
masones le minaban su legal autoridad, pues en las jornadas de 25 a 27 de julio de
1.830 grupos de jóvenes pertenecientes a la masonería provocaron un estallido de la
violencia, derivado de esa violencia tuvo que huir Carlos X y la Gran Logia no dudo en
aclamar a los masones que habían participado en las jornadas revolucionarias de julio
como héroes de la libertad. Nuevamente la delincuencia convertida en virtud por la
logia, como siempre.

“Los héroes de la libertad” nuevamente instalados en el Terror, no tenían intención de
proclamar la república como cabría esperar, ni hicieron ningún esfuerzo
democratizador. Por el contrario, solo creían en un régimen establecido por ellos en el
que sí existiera esa cierta libertad, pero como hemos dicho, con el Poder en sus manos –
en manos de unos pocos de su élite-, o sea de una “camarilla” selecta, o sea “más de lo
mismo”. Era una sociedad en la que encajaba la “cosmovisión masónica” y no resulta
nada extraño que para reinar sobre ella se llamara a otro masón confeso: Luis Felipe de
Orleáns hijo del masón Felipe Igualdad-Duque de Orleans, que era hermano de Luis
XVI a quién denunció, ordeno asesinar, murió guillotinado en su presencia y la de la
plebe, y a quién sucedió en el trono tras un comportamiento indigno no solo de un
hermano del Rey de Francia, sino como uno de los más puercos e indignos de los
personajes de la historia, además de masón.

En ese tiempo la masonería estuvo dentro del movimiento Jacobino, como
cuasifundadora. A la masonería, como ya hemos leído, se le adjudicó en pleno Terror la
puesta en marcha y control de la Revolución francesa, en el libro de Le Franc “El
secreto de la Revolución revelado con la ayuda de la francmasonería” en el que
achacaba todo el mérito a la masonería francesa, y en un libro del abad Barruel
“Memorias dedicadas a la Historia del Jacobinismo” hubo muchos otros autores, libros
y conocimientos transmitidos en ese mismo sentido.

La masonería es una organización que manipula hasta lograr instalar su propia
cosmovisión. Cosa que no solo en 1789, sino también en 2005 están aun muy lejos de
lograr, tal es el miedo al terror que les tenemos todos los ciudadanos del mundo,
especialmente los pobres y los bienaventurados de espíritu a los que, si logran sus
planes de un Nuevo Orden Mundial, con ejercito y policía única, Tribunal Penal
Internacional, ONU etc. dirigido por ellos -ya que si no, no jugarán-, no les dejarán dar
ni una patadita al balón, pues la “camarilla” que llegaría a gobernar el Mundo serían de
cuidado, logia y mandil revolucionario hasta llegar ellos. Dictadura después o a partir
de instalarse cuidadosamente en el Poder con todas las riquezas en sus manos, dueños
de vidas y haciendas, delincuentes.

Los masones son racistas, por lo menos lo fueron aunque supongo que no todos, pero el
Ku Kux Klan es una de sus gloriosas fundaciones, nacida en el sur de los EE.UU. lo
mismo que los mormones y otras sectas. Fueron los masones los que trataron y lograron
descomponer-destruir el Imperio español por pura envidia; construyeron todas las
Leyendas Negras contra España, sus Reyes y la Iglesia Católica al amparo del
secretismo y de la mentira, que es la forma más sutil y vil a la que han estado ligados
siempre, ¿no es el diablo, el mismo Padre de la Mentira?

También, aunque más lejos, los generales San Martín y Simón Bolívar fueron masones,
pero muy activo en eso San Martín (existen textos suyos de encendido anticlericalismo)
en contra de la imagen católica que nos ha llegado. No obstante Bolívar –se separo
claramente de los masones- y publicó un decreto prohibiendo las sociedades secretas
pues el sueño del Poder en manos de los masones se estaba convirtiendo para Simón
Bolívar en una inmanejable pesadilla.

En España el escritor historiador Benito Pérez Galdós tiene una amplia obra en sus
“Episodios Nacionales” y sobre todo en su libro “El Gran Oriente” que deja claramente
dibujada cual era la situación real de estos personajillos del tres al cuarto, tahúres,
ventajistas y busca bullas: ¿”organizaciones filosóficas” las llaman ahora en 2005 en el
artículo I.52, 2 de la pretendida Constitución europea redactada por Giscard D´Estaígne
grado 33 de la masonería?

El siglo XIX fue de crecimiento para la masonería y de conexión con el ocultismo y la
trampa, por eso su relación con Joseph Smith el fundador del movimiento mormón es
estrecho con la masonería y fue iniciado en sus secretos masónicos. No resulta extraño
que el señor Joseph Smith enseñara a sus adeptos que practicaran el robo, el saqueo y el
asesinato de aquellos que se les enfrentaban, esta conducta anticristiana, tiene paralelos
con procesos impulsados directamente por la masonería, y era etiquetada con el nombre
eufemístico de “despojar a los gentiles”. Como ha reconocido el mormón Leland
Gentry, pues se consideraba que “había llegado el tiempo en el que las riquezas de los
gentiles debían ser consagradas a los santos”, se trata de una impostura enorme y
pecaminosa en su origen y esencia, que deriva como todo esto, del mismísimo diablo
Satanás padre de la impostura y de la Mentira, dominador del lado oscuro. El 24 de
junio de 1.847 la primera caravana de mormones llegó a Salt Lake City y más del 70%
de los que llegaban en alguna de aquellas caravanas eran masones, pronto tendrían la
propiedad de todo el territorio, entre ellos, toda la jerarquía de la secta. Los rituales del
templo mormón de Salt Lake fueron tomados de los libros masónicos.

El Adventismo creado por William Miller o el fin del mundo está cerca y la Iglesia de la
Ciencia cristiana sincrética por Mary Baker Eddy fueron otras tantas sectas
que han llegado también a nuestros días y cuya creación es reveladora de las estafas del
pensamiento pretendidamente religioso de esta gente que tanto daño ha hecho al mundo
trascendente. Los mismos Testigos de Jehová fueron creados por Charles Taze Russell
masón y presbiteriano.

Por cierto que negar la existencia del diablo es propiamente diabólico, pues es de lo que
más gusta el mismo demonio Satanás: que los demás –sus discípulos-, le oculten y le
permitan pasar desapercibido. Esta es una pretensión masónica desde los tiempos más
antiguos. Algunos autores también cristianos han caído en esa tentación diabólica. Pues
bien Bafomet es el mismo diablo y es citado en muchos lugares básicamente masones, y
de nuevo se trata de un hecho incómodo para no pocos masones de la actualidad, pero
que ha sido reconocido por otros, de manera abierta.

Habrá que leer los Protocolos de los hijos de Sión que el mismo Vidal considera, todo
hay que decirlo, no válidos. Pero si leemos por lo menos sus páginas (de este libro que
comentamos) 208 a 215 conoceremos mejor la opinión de su autor sobre este asunto,
que mezcla lo masón con lo sionista, una mezcla no ajena a la realidad final. Cuando
decimos sionistas, no queremos decir judíos creyentes en un solo Dios, Yahvé, sino
materialistas incrédulos, ateos militantes, similares a los masones, a los que Dios no les
importa, ni poco ni mucho, ni un pimiento, pero tratan de manipular los sentimientos de
las personas desde siempre, aludiendo vergonzosa y vilmente al mismo Dios, toda una
bajeza de los diosecillos -del diablo Satanás-, masónicos-sionistas.



aca les dejo unos videos explicativos:


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=nJMOGmq4y5g


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Tbfh1cVcvWY

Bueno eso es una parte de los que es la mosoneria ahora tu decides o te vas a ver television o exparciras el tema????????
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