
Pedro vivía en un departamento en pleno centro de Córdoba con su amiga Paola. Ambos eran estudiantes universitarios.
Ante los ojos de ambas familias, sólo compartían el departamento... y nadie podía comprobar otra cosa...
Un día, Pedro invita a su madre a cenar una noche a su departamento.
La madre, que vivía en los campos de las sierras, llegó con carnes, huevos, quesos, leche...y todo lo que las madres envían en tappers a sus hijos cuando dejan la casa paterna.
Mónica, la madre de Pedro, preparó una exquisita comida.
Durante la cena, no pudo quitar su atención de la provocadora y sensual hermosura de Paola, la compañera de departamento de su hijo. Se preguntó si estarían acostándose juntos, si compartían la cama de plaza y media de su hijo.
Leyendo a su madre el pensamiento, Pedro le dijo:
- Mamá, sé lo que estás pensando...pero te aseguro que Paola y yo sólo somos compañeros de departamento, muy buenos amigos y nada más... Además, ella no ha roto su relación con Mauricio y yo sigo con la idea de casarme con Brenda al finalizar la carrera...
Aproximadamente una semana después, Paola le comentó a Pedro que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande para servir las salsas, utensilio que necesitaba para servir los canelones de acelga que Mónica le había dejado.
Pedro le contestó que, conociendo a su madre, le escribiría un mail.
Querida Mamá:
Yo no digo que vos te llevaste un cucharón para servir salsas, pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras... El hecho es que el objeto ha desaparecido desde que viniste a cenar a mi departamento y ya no queda lugar donde buscarlo. Espero que me digas que se trata de una broma y no que te has vuelto cleptómana...
Con todo cariño, tu hijo Pedrito.
Unos días más tarde, Pedro recibe un mail de su madre diciendo:
Querido hijo:
Yo no digo que te acuestes con Paola, pero tampoco digo que no te acuestes con ella, pero el hecho es que si Paola se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas que yo puse bajo sus sábanas...y también es cierto que si usaras forros, habrías encontrado este mensaje, que dejé en la caja de los preservativos: "¿Vas a comer salsas? Cuidáte de no chorrear..."
Espero que me digas que, como siempre, tengo razón y no que te has vuelto mitómano...
Con todo cariño, tu mamá, la única mujer que puede amarte como ninguna otra pueda hacerlo.

Ante los ojos de ambas familias, sólo compartían el departamento... y nadie podía comprobar otra cosa...

Un día, Pedro invita a su madre a cenar una noche a su departamento.
La madre, que vivía en los campos de las sierras, llegó con carnes, huevos, quesos, leche...y todo lo que las madres envían en tappers a sus hijos cuando dejan la casa paterna.
Mónica, la madre de Pedro, preparó una exquisita comida.

Durante la cena, no pudo quitar su atención de la provocadora y sensual hermosura de Paola, la compañera de departamento de su hijo. Se preguntó si estarían acostándose juntos, si compartían la cama de plaza y media de su hijo.
Leyendo a su madre el pensamiento, Pedro le dijo:
- Mamá, sé lo que estás pensando...pero te aseguro que Paola y yo sólo somos compañeros de departamento, muy buenos amigos y nada más... Además, ella no ha roto su relación con Mauricio y yo sigo con la idea de casarme con Brenda al finalizar la carrera...

Aproximadamente una semana después, Paola le comentó a Pedro que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande para servir las salsas, utensilio que necesitaba para servir los canelones de acelga que Mónica le había dejado.

Pedro le contestó que, conociendo a su madre, le escribiría un mail.
Querida Mamá:
Yo no digo que vos te llevaste un cucharón para servir salsas, pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras... El hecho es que el objeto ha desaparecido desde que viniste a cenar a mi departamento y ya no queda lugar donde buscarlo. Espero que me digas que se trata de una broma y no que te has vuelto cleptómana...
Con todo cariño, tu hijo Pedrito.
Unos días más tarde, Pedro recibe un mail de su madre diciendo:
Querido hijo:
Yo no digo que te acuestes con Paola, pero tampoco digo que no te acuestes con ella, pero el hecho es que si Paola se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas que yo puse bajo sus sábanas...y también es cierto que si usaras forros, habrías encontrado este mensaje, que dejé en la caja de los preservativos: "¿Vas a comer salsas? Cuidáte de no chorrear..."
Espero que me digas que, como siempre, tengo razón y no que te has vuelto mitómano...
Con todo cariño, tu mamá, la única mujer que puede amarte como ninguna otra pueda hacerlo.