El penal de Ushuaia
El penal de Ushuaia fue una cárcel que funcionó en la localidad argentina de Ushuaia entre 1904 y 1947; la dureza de las condiciones climáticas y el aislamiento geográfico de la ciudad más austral del mundo reforzaban la seguridad del presidio, destinado a delincuentes comunes de la más alta peligrosidad, y empleado también con frecuencia para detenidos políticos.
Cuando en 1884 se construyó en la fueguina Isla de los Estados el faro de San Juan de Salvamento (apodado el Faro del Fin del Mundo), en la misma bahía se levantó una cárcel militar. Trasladada luego a Puerto Cook, dentro de la misma isla, en marzo de 1899 se juzgó conveniente reubicar el presidio en la Isla Grande de Tierra del Fuego, para prevenir las enfermedades causadas por la extrema humedad y frío de la isla. Además, la falta de infraestructura para el trabajo de los prisioneros hacía improductiva su prisión; la mejor dotada Isla Grande permitiría destinarlos a cumplir tareas de forestación y minería.
El 30 de noviembre de 1902 36 de los prisioneros fueron llevados a la Isla Grande, con la mayor parte de las instalaciones, para preparar el edificio definitivo del penal. Los acompañaba el jefe del presidio, y quince soldados destinados a su custodia. Una semana más tarde, los 83 presos que permanecían en Cook se amotinaron, y 51 de ellos escaparon en los pequeños navíos disponibles en la isla. El motín de Puerto Cook acabaría en desastre para los huidos: siete de ellos murieron, y 39 fueron apresados por Enrique Fliess, el teniente de fragata encargado de la base militar, o por Horacio Balivé, que capitaneaba el ARA Azopardo, un buque de la Armada que llevaba material para el nuevo faro en construcción en la Isla de Año Nuevo. Capturados y juzgados nuevamente, fueron finalmente trasladados a Ushuaia.
El Presidio
Construido paulatinamente en la zona este de la ciudad de Ushuaia, el penal alcanzó a tener cinco pabellones principales, alojando más de 540 presidiarios; carecía de muro de circunvalación, estando éste suplido por alambrado. Unas 250 personas, entre guardiacárceles y celadores, custodiaban a los penados. Los pabellones estaban dispuestos en estrella, alrededor de un vestíbulo central; cada uno de ellos contaba con dos pisos, en los que se alineaban a ambos lados celdas de unos tres metros cuadrados. Cuando la población del penal excedía su capacidad, las caballerizas se transformaban en improvisadas celdas comunes, alojando cada una unos 40 o 50 reclusos.
Entre el Pabellón 1 o "Histórico" y el Pabellón 2 se levantó la cocina y entre el 1 y el 5 la panadería. Al frente de la bahía se levantó la administración. Los talleres fueron colocados en construcciones separadas. Recién en 1943 se inauguró un moderno hospital que luego fue el hospital de la Base Naval y por mucho tiempo el único hospital de la zona.
Los presos eran trasladados hasta allí en las bodegas de distintos buques. Durante el viaje, que duraba un mes, iban con los pies engrillados y sólo tenían un recipiente para hacer sus necesidades. El humo del carbón de los motores hacía que llegaran a destino cubiertos de tizne y tosiendo negro. Así llegaron a Ushuaia asesinos como "El Petiso Orejudo", Simón Radowitzky y Mateo Banks
Al llegar, los penados eran bañados y afeitados. Sólo los condenados por delitos leves estaban autorizados a llevar bigote. Enseguida se les entregaba las que serían sus únicas pertenencias durante el encierro: traje a rayas negras y amarillas para trabajar, traje para días feriados, colchón con 10 kilos de lana lavada, cubiertos, cuatro sábanas, dos calzoncillos, útiles de escuela y un metro.
A los reclusos se les proporcionaba educación primaria, en caso de no tenerla, y una retribución por los trabajos realizados. Existían rudimentarios talleres de carpintería, herrería, imprenta, mecánica y zapatería; otros reclusos trabajaban cubriendo las necesidades de la propia población del presidio. Los que se consideraban de buena conducta trabajaban en la tala de árboles para leña, y en las últimas etapas de su funcionamiento en obra pública para la ciudad. Un pequeño tren que conducía hasta la actual ubicación del Parque Nacional Tierra del Fuego transportaba a los reclusos. En él, los presos partían cada mañana hacia el Monte Susana, donde aserraban leña para la calefacción del presidio y para realizar obras públicas.
Estaban obligados a mantener el muelle de la ciudad, a hacer el tendido de calles y de la red de agua pública. Y también a divertir al pueblo: la banda de música del penal, formada por presos como "El Petiso Orejudo" —asesino serial; tocaba el bombo—, desfilaba cada fin de semana por Ushuaia. Hacia 1919, ése era el único pasatiempo que tenían los 500 habitantes de la ciudad y los 550 detenidos.
La mayoría de los presos rogaba que le asignaran una tarea. Cualquier cosa era mejor a quedarse en las celdas, muertos de frío y de aburrimiento. De hecho, uno de los castigos que se aplicaban era la prohibición de trabajar. El penado quedaba todo el día encerrado en su celda, a pan y agua, con las ventanas tapadas. Muchas veces los mojaban y los encerraban en la oscuridad. O los hacían desfilar a medianoche entre dos hileras de guardias armados con cachiporras y palos, recorrido del que sólo se salía muerto o desmayado.
Para 1930, una o dos veces por semana los vecinos de Ushuaia veían un ataúd atravesando la ciudad rumbo al cementerio. El 54 por ciento de los presos estaba enfermo. Una simple caries terminaba en una boca desdentada. Un par de años en el penal marcaba los rostros de los presos como si se tratara de décadas. Fue el comienzo de una década de terror, dominada por un alcaide de apellido Faggioli, que recién terminó cuando llegaron los primeros presos políticos y denunciaron lo que pasaba. "Aquí, si no anda el garrote, no es posible mantener la disciplina. Así se mueren más rápido. ¡Para la falta que hacen!", se justificaba el jefe del penal.
El penal se mantuvo en funcionamiento asta marzo de 1947, cuando Juan Domingo Perón decretó su cierre por razones humanitarias, la cárcel protagonizó una doble historia. Por un lado, presos que morían aislados. Por el otro, un pueblo que vivía de ellos.
Las instalaciones fueron empleadas por la Armada Argentina como sede de su base naval durante un tiempo. Abandonadas luego, desde 1994 aloja el Museo Marítimo de Ushuaia.
Fuentes: www.aike.com.ar/articulo66
es.wikipedia.org/wiki/Penal_de_Ushuaia
Diario Clarin
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